Hola a todos, no quiero que esto suene a disculpa ni nada menos pero no en realidad no pude escribir antes porque estaba muy ocupada. Haber, primero fueron las vacaciones…. Luego el reintegro al trabajo donde cual fue mi sorpresa estaba patas arriba…. Para no alargar el asunto me vi en la obligación de renunciar. Después me dedique a conseguir trabajo… obviamente algo difícil. Me fue imposible conseguir uno tan bueno como el anterior, sobre todo porque yo era jefe de planta y tenía un maravilloso sueldo…. Ahora estoy voy a dar clases en una universidad, no me quejo, tengo un buen sueldo pero también es mucha responsabilidad, preparar clases, ir de un lado para otro…. Es otra clase de estrés….
En fin. Escribí este capi, bien largo para tratar de congraciarme con ustedes. Todos sabemos que no actualizo muy seguido pero nunca me había demorado tanto. Mil disculpas.
Por otra parte quiero agradecer a: jos Black, eterna-romantica03, Mia Letters, Sealiah, Atenea92, Patricillita21, petalo-VJ, fantyhp, Giselle Lestrange , Elleanor, Yuffie Haruhi Granger, yelen, , Zareth Malfoy, Michelle , Rosana, MALFOYTEAMO, Tailesin , Catuhh, , Cirene, Saku_Malfoy,
RociRadcliffe, pytufa1622 , pao2093, la princessita de dios, sugeisy, Ariadi Potter, yuli moore y muchas gracias a kary24 por que tu comentario me ha animado mucho no dudes que espero tus próximos comentarios o tu opinión más profunda. Bienvenida a la historia y Diana, si estas por ahí un saludo enorme.
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Capitulo 10. Besos Perfectos
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No había notado que sus piernas temblaban hasta que hubo cerrado tras de si la puerta de su habitación. Se había obligado a permanecer serena e impertérrita frente a Blaise, pero ahora en la intimidad de su dormitorio no había ninguna necesidad de disfrazar sus emociones.
Se dejó caer sobre la cama como si de un peso muerto se tratase. Con sus manos se limpió el sudor de su frente y notó que las yemas de sus dedos estaban heladas. Pansy se llevó una mano al corazón, las rápidas pulsaciones eran signo inequívoco de la conmoción de sus sentidos……
-¡Oh, Dios bendito! – Murmuró rozando sus labios con los dedos - ¡Oh, Dios! ¿Qué hecho?
Cerró los ojos y contuvo la respiración cuando su traicionera mente revivió las sensaciones que hasta hace apenas unos segundos había estado experimentado. ¿Que había hecho? ¿Por qué había correspondido a aquel beso?
Se sentía confundida. Realmente confundida. Nunca, ni en sus mejores sueños imaginó que pudiese sentir tan intensas sensaciones por un beso y mucho menos por uno dado por uno de sus mejores amigos.
Aspiró hondamente deseando que el frió de la habitación le calentara la sangre que parecía bullir en su interior. No pudo evitarlo, con sus dedos acarició nuevamente sus labios que aun hormigueaban al recordar el contacto de los labios de Blaise.
¡Que sensación……….…. ¡Merlín, que sensación!, Era como algodón……….…no, no era como terciopelo, no…..…… Quizás seda.
Cerró los ojos y sonrió.
Si, definitivamente parecía seda…
Los labios de Blaise la habían acariciado y podría jurar sobre la tumba de sus padres que nunca había sentido una suavidad tan increíblemente cautivante.
Fue perfecto… No podía encontrar otra palabra para describirlo, de hecho no estaba segura que Perfecto lo describiera con eficiencia. Y es que aquel beso había dejado Pansy sin la capacidad para hablar, para pensar e incluso para respirar. Debería haberse alejado ¡Buen Dios! Eso lo sabía y no había transcurrido un solo segundo desde el incidente que no se lo repitiera. Pero algo, no sabía exactamente qué, la había dejado anclada en el lugar. Para ser precisa, la había dejado anclada entre los brazos de Blaise.
No lo había visto venir. De un momento a otro se encontró sentada en su regazo y en el siguiente lo besaba. No se movió, no protestó, solo se dejó llevar…… Se mojó los labios con la punta de su lengua…. Hacia mucho tiempo que un beso no la perturbaba de aquella manera. Con Paul había sido magnifico pero la sombra de su animadversión hacia su mundo siempre había ensombrecido los retazos de felicidad…..Y ahora Blaise….le había hecho sentir tantas cosas. Cosas que pensó haber olvidado.
Blaise le había tocado el mentón mientras la besaba y levantado ligeramente el rostro de una forma que la hizo sentir anhelada. El besó fue suave y embriagador…. Sentía ternura y también deseo era exactamente el tipo de beso que seduce con sutileza, que le produjo sensaciones en todo el cuerpo haciéndola desesperar por más.
En algún oscuro y oculto rincón de su mente sabía que eso estaba mal, que era mucho más que incorrecto, que era una locura. Pero no podría haberse apartado ni aunque las llamas del infierno amenazaran con abrazarla. Estaba atontada y perturbada ante la caricia. No se habría atrevido a hacer ningún movimiento, no sabia exactamente que esperar, no sabia que iba a suceder después y aquello la aterrorizaba. Pero era conciente que tampoco había hecho ningún intento de romper el contacto.
Simplemente se entregó a las sensaciones, con el aire atrapado en sus pulmones y la expectativa danzando a su alrededor, de un momento a otro sus terminaciones nerviosas había adquirido una fuerza avasallante. Y de pronto…. Él hizo algo más. Pansy no pudo evitar que un gemido escapara de su garganta al recordarlo. Blaise había deslizado su mano por toda la longitud de su espalda, acariciando…. explorando. Su tentadora mano terminó por posarse en su cintura, emitiendo un penetrante calor que atravesaba la tela de su vestido y se internaba en los poros de su piel…… la estaba quemando…. la estaba quemando solo con su mano…. Y sus labios.
La atrajo hacia sí, estrechándola con ardor y posesión, le permitió disminuir el espacio entre ellos hasta que sintió el roce de sus ropas. Y sintió mucho más ardor… sus propios labios se movieron traviesos y vigorosos exigiendo más y él correspondió su deseo. Abrieron los labios y se exploraron mutuamente.
Blaise introdujo su lengua y la movió con pericia dentro de su boca, tentándola, seduciéndola, avivando su deseo hasta que Pansy sintió que no podría sostenerse por si misma y tuvo que cogerse de sus brazos, aferrarse a él, acariciarlo también, reconociendo que también estaba disfrutando de ese beso…… realmente lo estaba disfrutando.
Él musitó algo que ella no pudo entender con la voz ronca por el deseo. La apretó más y Pansy pudo sentir su necesidad abultada bajo el pantalón. Gimió. Ella no pudo hacer otra cosa que aferrarse más, dejarse besar y…. seguir correspondiendo el beso. Subió la mano hasta su cuello, disfrutando del suave calor de su piel y de la sedosidad de sus cabellos. Él deslizó nuevamente la mano por su espalda y ella sintió nuevamente el calor abrasador que la quemaba. Recorrió su hombro, acariciándolo, luego el brazo y después con mucha suavidad movió su mano hasta detenerla sobre su pecho. Pansy se quedó inmóvil y paralizada. Pero Blaise pareció no haberlo notado de tan inmerso que estaba en el beso, ahuecó el pecho en su mano y lo apretó suavemente, emitiendo un rudo gemido.
-No - musitó ella tratando de liberarse. Eso era demasiado… no podían llegar tan lejos…. No debían. Era demasiado… debía parar - Blaise.
-Luna - susurró él mientras trazaba una estela de besos que recorría la piel de su mejilla hasta la oreja.
Pansy sintió que el mundo se le venía encima ¿Había dicho Luna? ¡Oh, Merlín! ¿En que rayos estaba pensando? - No - repitió ella ahora molesta. Esta vez se apartó y se libró de sus brazos. No quería mirarlo. Debía admitir que su orgullo se había sentido herido pero además…. No sabia como reaccionar ahora que sus sentidos parecían volver a su cause normal. ¿Cómo podría mirarlo ahora?
-No podemos hacer esto.
Él no dijo nada y ella lo prefirió así
-Será mejor que hablemos mañana ¿Te parece?
Blaise tenia la cabeza gacha, se había puesto en pie y había cruzado la habitación hasta el extremo opuesto. Pansy casi pudo sentir la tortura a la que se estaba sometiendo.
-No debes preocuparte por lo que ha pasado – dijo en tono conciliador, pero era claro en su propio interior también se desataba una tormenta.
Si Blaise la escuchó, no dio señales de haberlo hecho. Pansy también guardó silencio mientras observaba su ancha espalda. Estaba rígido…. Podía notarlo desde la distancia…. Sus músculos parecían tiesos, lo supo sin tocarlo…. Lo conocía y lamentaba no haber pensado antes de actuar, la amistad de Blaise era una de las cosas más valiosas que poseía en su vida y por nada en el mundo quería echarla a perder…… ni siquiera por el mejor beso que le hubieran dado jamás.
-Voy a dormir – dijo – Talvez tu deberías hacer lo mismo.
Esperó unos segundos…. Pero era evidente que la tensión rasgaba el ambiente y el seguía sin decir nada…. Entonces… huyó hacia su habitación. Aseguró la puerta. Se dejó caer en la cama. Cerró los ojos y…… no pudo sacar aquel beso de su mente en toda la noche…. Ni el fuego interior que parecía haber avivado en ella.
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Hermione bajó a desayunar un poco tarde esa mañana. No era su costumbre, pero había adquirido esa maña en los pocos días de su estadía en ese lugar. Se preguntó que otro hábito adquiriría antes de por fin librarse de esa pesadilla.
Suspiró de alivió cuando llegó al comedor y se fijó que Malfoy no lo ocupaba. Tomó asiento donde habitualmente lo hacia, es decir, el más alejado del asiento de Malfoy, y rápidamente aparecieron sobre la mesa un suculento plato de huevos con tocino, beicon y jugo de calabaza…. Un desayuno típico. Sonrió. Al menos su apetito no parecía sufrir contratiempos.
Comió con tranquilidad. No tenia ni la más remota idea de donde se había metido Malfoy, podría estar muy cerca de ella, podría aparecer en cualquier momento…. y eso la inquietaba. Hermione sabia que Malfoy había empezado a influir directamente sobre su estado de ánimo. Pero decidió no pensar en ello, no iba a permitir que su ausencia le perturbara, al menos esta era mucho más llevadera que su sola presencia.
Se limpió con la servilleta y apuró el último trago de jugo de calabaza. Si Malfoy estaba fuera de la casa, podría aprovechar para dar un vistazo a esa esplendorosa biblioteca. Tomar prestado un libro y encerrarse en su habitación hasta la hora de la comida. ¡Ah! la visión se le tornó tan placentera. Un día sin ver la horrorosa cara de Malfoy. Bueno, no era horrorosa pero si muy molesta.
Hermione era conciente que de tanto en tanto, había comenzado a perturbarla. Malfoy tenia una forma particular de observarla, una manera que hacia que los bellos del cuello se le erizaran. A veces, sus ojos grises brillaban con un destello ardiente que la hacia temblar, no sabia porque, pero tampoco podía evitarlo.
Otros tanto Hermione podía ver en su rostro una expresión fría y flemática. Entonces debía admitir que esa le gustaba aun menos, porque ante ella no sabía como debía reaccionar. Se enojaba ante sus asedios, se molestaba e irritaba ante sus comentarios sarcásticos y provocadores…. Pero ante su falta de expresión se sentía como un pequeño gato tratando de protegerse del frió…. Y eso la indignaba aun más. ¿Desde cuando Malfoy tenia algún poder sobre su estado de animo?
Bufó. Casi desde que lo conoció, se respondió. Siempre había logrado exasperarla, enojarla, enrabiarla, insultarla y hacerla sentir poca cosa. La perturbaba casi tanto como Ron, claro que en modos diferentes. ¡Merlín! ¿Por qué no podría ignorarlo y ya? Es lo que se hace con las cosas molestas que flotan a tu alrededor y que simplemente no puedes manejar… las ignoras, las evitas y finalmente terminas por olvidarte y cansarte de ellas…. Hasta que un día descubres que ya no te molestan más ¿Por qué no podía hacer lo mismo con el pesado de Malfoy?
Y ahora…. Esa estupida condición que le había impuesto para obtener las calificaciones reales de Neville. Besarlo…. el solo pensarlo le causaba retorcijones de estomago porque no solo era besarlo y ya, debía disfrutarlo para que así el también pudiese disfrutarlo…. Lo cual era lógicamente imposible. Ella no podría disfrutar besando a Malfoy ni aunque su vida dependiese de ello. Simplemente no podría.
Revisó las estanterías de la pared derecha. Algo de historia de la magia, aritmancia y…. ¿Herbólogia? Interesante sin duda… pero no era lo que buscaba. Caminó hacia la pared izquierda y repasó los títulos. Tratados sobre encantamientos, medimagia y…. ¿Cuidado de criaturas mágicas? Hermione enarcó una ceja ¿Por qué tendría Malfoy en su biblioteca libros sobre temas que siempre despreció? Recordó que la casa antes había pertenecido a la familia de Astoria…. Quizás los libros ya estaban allí antes que Malfoy la ocupara. Miró la estantería que estaba frente a ella, después de darle una rápida ojeada decidió que sin duda era la más interesante. Astronomía, Transformaciones, Pociones y…. Artes oscuras, la mayoría de los libros trataban sobre el tema o si bien una combinación con alguno de los anteriores. Como el que en ese momento tenia entre manos…. Efectos de las pociones más mortíferas y sus hechizos equivalentes. Sin duda ese era el estante favorito de Malfoy, la mayoría de los libros parecían al menos haber sido ojeados una vez.
Un molesto picoteo sobre el cristal de la ventana la hizo desviar su mirada del estante. Una lechuza y una muy bonita, se había posado sobre el alfeizar y llamaba insistentemente. Hermione corrió a abrirle la ventana. La majestuosa ave batió sus alas un par de veces atravesando la amplia instancia hasta que finalmente se posó sobre el espaldar de un sillón muy cercano a Hermione.
-Hola – dijo ella observando con sumo interés la hermosa ave parda - Creo que la persona a quien va destinada la carta no esta aquí y dudo mucho que me permitas recibirla ¿No es así?
El ave dio unos cuanto chillidos y batió sus alas para darle equilibrio a su cuerpo y así poder extender la pata donde tendía atada la misiva.
-¿Es para mi? – preguntó Hermione conciente que el ave jamás le respondería – No puede ser, nadie sabe donde estoy – musito extrañada.
El ave ululó nuevamente y esta vez con un poco de fuerza como queriéndole decir que tomara la nota de una buena vez. Hermione no quiso esperar temerosa a que el ave le lanzara picotazos y aunque lanzaba frecuentemente ese hechizo o al menos la hacia con la misma frecuencia que la hacían enojar severamente, sabia que los picotazos de las aves, sobre todo si era una tan grande como la que tenia enfrente, podían llegar a doler un montón.
Desató el pergamino e inmediatamente la lechuza salió por la misma ventana por donde hubo entrado. Hermione desató el cordón rojo que se anudaba alrededor de la nota y lo abrió. Enseguida reconoció la descuidada pero un poco mejorada caligrafía de Ron. ¡Rayos, Ron! Un sudor frió le bajo por la espalda ¿Cómo la había encontrado si ni ella misma sabia exactamente donde estaba?
Querida Hermione.
¿Cómo estas? Ginny ha mencionado, o mejor dicho ha escrito a Harry, que no estarás presente a nuestra llegada. No puedo mentirte, eso me entristece. Deseo tanto verte…. Te he extrañado todo este tiempo…. La verdad deberíamos estar ya en casa… pero han surgido algunos contratiempo y no hemos podido partir. Hoy espero que solucionemos todo y si sale bien partiremos a casa mañana mismo.
Hermione observó la fecha. Era del día anterior, probablemente Ron estuviera camino a Inglaterra ahora mismo.
No se donde rayos estas ¿Por qué no se lo has dicho a Ginny? Me hubiese salido mucho más económico enviar esta carta ¿Sabes? Me vi obligado a pagar en especie por la lechuza…. Si, si. No habrás esos ojos que ya bastante grandes los tienes. En especie significa exactamente lo que piensas…... Pero no te preocupes te aseguro que la lechuza pertenece a una chica…. Es probable que la conozcas, Harry la ha invitado a pasar unos días con nosotros. Ya te contaré todo sobre ella en cuanto nos veamos. Como te iba diciendo esta lechuza es especial. Única en su especie. No mentira, esta entrenada como las de Hogwarts. Encontraran a su destinatario aunque este escondido debajo de las piedras…. Se llama Loki y si esta ahí mientras lees esta carta ¿Podrías darle un poco de agua? Talvez este un agotada. En fin. Quiero que sepas que estoy en Escocia junto a Harry pero por favor si ves a Ginny antes que yo llegué no le comentes nada al respecto, tuve que ocultarle mi paradero por razones de seguridad mental.
Sinceramente no se que le sucede anda un poco latosa con respecto a Harry, algo posesiva…. Esta medio loca…. Tú nunca te comportaste así conmigo gracias a Dios. Y no te preocupes mis padres saben perfectamente donde estoy….
Bueno. Concretamente escribí esta carta para decirte que quiero verte. Pide una licencia, mata a tu jefe si es necesario (no te preocupes por las consecuencias, Harry tiene excelente contactos) pero ven a vernos. Ginny ha mencionado que vendrás para las fiestas de navidad…. Espero que sea así y no salgas a última hora que tienes demasiado trabajo y que no puedes permitirte un rato de sano esparcimiento al lado de tus mejores amigos…. En serio quiero verte. Te extraño.
Por cierto….. Esta chica…. La dueña de la lechuza…. No te preocupes por ella. Tú sabes que eres la única y la más importante.
Hermione sonrió. Ron siempre bromeaba con respecto a su noviazgo fallido. Era algo bueno que después de un tiempo hubiesen logrado un equilibrio entre su amistad y todo lo que habían vivido en aquella relación. Que a pesar de todo le había dejado gratos y buenos momentos grabados en la memoria de Hermione. Observó el pergamino una vez más para leer la última línea.
Siempre tuyo….
Ronald B. Weasley.
No lo olvides…. Quiero verte.
No lo olvidaría. Aunque tuviera que acunar la cabeza de Malfoy sobre su regazo y darle el néctar de las uvas directamente en su boca…. Iría a ver a sus amigos. Lo haría o se dejaría de llamar Hermione Granger.
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Era casi "mezquino" pensar que Astoria lo recibiría cuando había dejado claro que no deseaba verlo nunca más. Esta vez no le permitió pronunciar ni un simple saludo, porque incluso antes de llegar a abrir la boca le había dado bruces con la puerta sobre su adolorida nariz. Draco gimió al recordarlo. Dos golpes en dos días. "¡Todo un record!" pensó con ironía.
Realmente había cambiado. El calor de su mirada se había perdido, la dulzura de su voz e incluso la ternura de su rostro se había esfumado. Todo. Todo se helaba en ella cuando estaba en su presencia. Quizás devolverle sus propiedades podría alivianar sus problemas económicos (si los tenia). Pero nada podría regresarla su antigua alegría.
Draco suspiró. Cada vez que pensaba en ello se sentía más miserable. Había hecho cosas malas, algunas a conciencia, otras bajo coacción. Pero ninguna pesaba más como el daño que había infringido en Astoria. Realmente deseaba remediarlo pero no tenía idea de cómo hacerlo
Suspiró nuevamente. Se masajeó el cuello y bufó. Se sentía agotado. Física y mentalmente agotado. Deseaba llegar a casa y descansar…… No, lo que realmente deseaba es llegar a casa y retozar en los brazos de Granger. Estaba seguro que esa seria una excelente terapia para todas sus tensiones.
Sonrió con picardía. La noche anterior soñó con ella. No recordaba con exactitud el sueño pero había despertado con el cuerpo rígido y ardiente de necesidad. Su bien amada imaginación había tomado el control de sus pensamientos. Y Draco tenía una imaginación muy activa. Tan potente que había seguido funcionando mientras el dormía.
Como deseaba que su sueño se hiciera realidad. ¡Oh, Dios bendito! De verdad lo deseaba. Era un hombre ¡Y un hombre muy débil! Deseaba tanto el cuerpo de Granger como anhelaba someter su voluntad. Deseaba la suavidad de su oreja, la línea debajo de su barbilla, navegar en los recovecos de su clavícula y luego probar la piel de su hombro. Deseaba deslizar su lengua a lo largo de su cuello, encender su fuego interno y arrastrarlo hacia abajo, hasta el oscuro valle entre sus pechos. Deseaba aferrar su trasero, estrecharlo contra él para que sintiera el inclemente signo de su deseo. Ansiaba hundirse en su humedad y hacerla gritar su nombre una y otra vez, hasta que desfallecida cayera en sus brazos. Deseaba poseer cada centímetro de ella infinitas veces hasta que ninguno de los dos tuviera más fuerzas de las necesarias para respirar.
Se maldijo interiormente. Sus pensamientos habían ocasionado una terrible inflamación que presionaba dolorosamente contra sus pantalones muggles ¡Estúpido! Esa era una de las razones por las que prefería las túnicas.
Una lechuza se alejaba de la casa cuando Draco estaba a unos cuantos pasos de la entrada. La observó con curiosidad mientras planeaba su vuelo ¿Quién le habría escrito?
Entró en la casa y un elfo domestico le informó que Hermione se encontraba en la biblioteca. Caminó con sigilo, giró la perilla con cuidado y entró. Granger estaba sentada en un sillón individual cercano a uno de los ventanales laterales, desde la puerta podía verse algo de su perfil. Estaba leyendo…. Y parecía disfrutarlo. Sin hacer ruido caminó hasta situarse detrás del sillón y desde allí observó la carta que Hermione leía y que según observaba iba firmada por Ronald Weasley.
Ronald Weasley. Weasel. La maldita comadreja con la mayor suerte que una miserable sabandija podría llegar a contar. Draco quedó atontado por el relámpago de rabia que atravesó su cuerpo al pensar en Granger yaciendo en los brazos del maldito weasel.
-Estoy seguro que weasel es del tipo que dibuja seductores labios y agrega su perfume a los pergaminos.
Draco pudo percibir el momento exacto en el que los nervios de Hermione se crisparon.
-¿Es demasiado pedir un poco de tranquilidad? - Preguntó ella al tiempo que enrollaba el pergamino.
-¿Le dijiste a weasel donde ibas a estar, Granger? Pensé que preferías ocultarlo – continuó Draco ignorando su último comentario.
-No, definitivamente no se puede recurrir a la caridad en esta casa.
Draco casi sonrió – Dime Granger. No tienes cosas más importantes que hacer que leer una estúpida carta. Cosas como…. No se. Quizás pensar en como darme un beso que me satisfaga.
Hermione se levantó y observó a Draco. Una sonrisa petulante se dibujó en su rostro – El día en que me dedique a pensar en que hacer para complacerte me quito el cerebro.
Draco sonrió de forma sesgada – No digas esas cosas, Granger. Estoy seguro que no serias la misma sin tu cerebro. Podrías convertirte en alguien aburrido ¿No crees?
-No más aburrida de lo que ya me siento en esta casa, puedes estar seguro de ello.
-¡Oh! Pero si te he dado miles de opciones de entretención.
-Ninguna que quiera tomar. De todas formas gracias por intentarlo.
-Sabes…. – dijo Draco fingiendo que meditaba mientras cruzaba los brazos a la altura de su pecho –…. creo que debes ver algo que estoy seguro te dará en que pensar. Espera un segundo.
Hermione no dijo nada mientras Draco salía de la habitación y al momento regresaba con un sobre de sello roto en las manos.
-¿Te gustaría darle una ojeada? – preguntó mientras le tendía el sobre.
Hermione frunció el cejo - ¿Qué es?
-Tómalo – respondió Draco agitando el papel – Te interesa.
Hermione dejó a un lado la carta de Ron y tomó el sobre que Malfoy le tendía, sonreía con suspicacia y eso la enojaba.
Extrajo un pergamino cuidadosamente doblado y lo tendió frente a sus ojos los cuales se agrandaron de sorpresa.
-Esto es… es
-Las calificaciones reales de Longbottom – terminó Draco por ella.
Hermione se llevó una mano a la boca – No puede ser. Neville jamás perdería Herbólogia. Siempre fue brillante en ello, mucho más que yo. Con estas calificaciones…
-Tendría que volver a primer año ¿No crees?
-Es imposible. Esto esta mal… ¿Son reales?
-Por supuesto – refutó de inmediato - La extrajimos de los archivos originales.
-¿Cómo obtuviste esto, Malfoy?
-No puedo dártelo todo de un solo golpe Granger…. Ya sabes. Tú das. Yo doy.
Hermione no conseguía apartar su mirada del pergamino extendido entre sus manos. Era absurdo. Neville era excelente en Herbólogia, y aunque no era brillante en encantamientos o defensa contra las artes oscuras, tampoco era tan malo como para un Insuficiente. Había algo escondido en todo eso, estaba convencida de ello.
-¿Estas seguro que esto es original?
Draco frunció el cejo –Si. Ya te dije, es el original de las pruebas. Pagamos mucho por él.
-¿Pagamos?
-¡Granger! No trates de desviar el tema…. ¿Entiendes lo que ese simple papel haría a la reputación de tu amigo?
-Nadie lo creería. No hay nadie más brillante que Neville con las plantas y en pociones es excelente. Ha fabricado muchas……..
-Tengo los documentos que certifican su legitimidad. ¿Entiendes la magnitud de su engaño?
Hermione se sentía confundida. Había algo muy extraño en este asunto y la única forma de esclarecerlo era juntando todas las piezas del rompecabezas. Malfoy, sin duda, seria una excelente herramienta para conseguir información.
-No lo hagas – dijo despacio – No des esto a conocer.
Draco pudo percibir en sus ojos castaños un atisbo de suplica.
-No soy un alma caritativa Granger. Sabes lo que quiero a cambio.
-Un beso – murmuró ella.
-Para empezar.
Hermione lo observó y tragó ruidosamente. Debía besarlo. Era necesario obtener ese papel….. pero ¡Oh, Merlín! Valía la pena rebajarse a ello solo por ayudar a Neville… si, era su amigo pero…. ¿Hasta donde tenia pensado llegar? ¿Existiría otra forma de solucionar todo eso sin verse humillada?
-Un beso por ese papel ¿Es un trato justo? – preguntó Draco.
Hermione sintió una opresión en el corazón. Las manos le sudaban y sentía miedo. Miedo de lo que podría llegar a pasar si continuaba este juego ¿Qué le pediría Malfoy al final? ¡Oh, por supuesto que ya sabia que era lo que él deseaba! ¿Pero estaría dispuesta a darlo? Se comportaría como una cualquiera simplemente para ayudar a su amigo ¿Neville se merecía todo esto?
Pánico. Es lo que Draco vislumbró en la expresión de Hermione. Estaba seguro que de no tener las calificaciones en las manos, estaría retorciéndose los dedos. ¿Qué le pasaba? ¿A que le temía? Él no deseaba que ella sintiera miedo. Él ansiaba que ella se desinhibiera y sintiera placer, que lo aceptara, que recibiera todo lo que él estaba dispuesto a entregarle y que de igual manera le entregara todo lo que estaba dispuesta a dar.
-Un galeón por tus pensamientos – murmuró despacio.
-No valen mucho te lo aseguro – respondió ella – Solo pensaba…. Que debo esmerarme un poco más en este beso.
Draco sintió que la tensión le recorría el cuerpo. ¿Cómo podía haber dicho ella eso? ¿Acaso no sabía que una simple frase dicha en el momento o de la forma indicada podría despertar los deseos más primitivos de un hombre?
-Creo que es un buen momento para intentarlo ¿Te parece?
No era coqueta, no era sensual. Parecía más como si hablara de un tema trivial -Si tu lo crees conveniente… - Draco espero que la voz no hubiese salido tan temblorosa como a él le pareció escucharla.
Hermione no agregó nada más. Dio tres pasos para acercarse a Draco. Lo observó directamente a los ojos mientras apoyaba sus manos en sus hombros y luego… lo besó.
Pero de inmediato supo que ese beso no serviría de nada. No sentía nada. Nada más allá de la terrible angustia que oprimía su corazón. ¡Merlín! ¿Qué debía hacer? ¿Cómo lograría terminar con todo ese asunto sin ver pisoteada su dignidad?
Para su sorpresa, Draco la tomó de los hombros y la alejó. Hermione lo observó intrigada y confusa.
-¿Qué sucede? – preguntó
-No es esto lo que tengo en mente Granger….
-¿No es esto lo que tienes en mente?
-No
Hermione frunció el cejo y sintió como poco a poco la rabia se apoderó de su interior - ¿Qué es lo que quieres? – Exclamó con atisbos de desesperación.
Draco también sintió enojo. ¿Qué quería? ¡Maldición! Se lo había dicho cientos de veces. Miles en realidad. Y todavía tenía la desfachatez de preguntarlo.
-¿Qué es lo que quiero? – repitió Draco con un tono de incredulidad.
Hermione sintió como la peligrosa mirada de Draco se colaba a través de su piel. Por un segundo llegó a temer por su integridad.
-¡Tu sabes perfectamente lo que quiero! – Gritó Draco – ¡No te hagas la tonta! Me estoy cansando de tu juego Granger.
-¡Cállate! No tienes ningún derecho de gritarme.
-¿Quieres saber lo que quiero? – Inquirió él ignorando su ultimo reclamo – Quiero que me desees.
La lengua de Hermione se volvió de repente pesada y una extraña y viscosa masa se arremolinó en su garganta.
-Sabes que eso no es posible.
Draco caminó hacia ella consiguiendo arrinconarla contra la pared del fondo. Ubicó cada una de sus manos a la altura de su rostro encerrándola entre sus brazos y luego se acercó hasta quedar aun palmo de sus labios.
-Puedes hacerlo – dijo con un aterciopelado tono – En realidad no tienes que hacer nada salvo aceptar lo que te ofrezco Granger. Presiento que debajo de toda esa figura remilgada y prepotente se esconde una verdadera hoguera. Permíteme encenderte Granger. Deja que sea yo quien te guié, quien te lleve de la mano por los deliciosos caminos del placer. Acéptame y te juro que no te vas a arrepentir.
El calido aliento de Draco golpeaba con insistencia el rostro de Hermione. Su mirada no se había desviado ni por un instante, sus palabras parecían sinceras y mostraban un ferviente deseo que parecía emanar por cada poro de su piel. Pero Hermione no podía evitar sentirse insegura y temerosa.
Draco también percibió su miedo y su inseguridad. Se alejó lanzando un sonoro resoplido y meciendo con insistencia sus rubios cabellos. Hermione poco a poco estaba logrando lo que su padre no había conseguido. Volverlo loco de desesperación.
Con un movimiento de varita hizo desaparecer el sobre y el pergamino con las calificaciones de Longbottom. No podía hacer nada más…. Salvo esperar a que ella tomara una decisión.
-Cuando estés lista – dijo dándole la espalda – Ven a buscarme. Te estaré esperando.
Hermione observó su ancha espalda. Parecía rígido y ¿Agotado?
-Tengo cosas que hacer en la biblioteca Granger. Si no es tu deseo acompañarme. Te agradecería me dejaras solo.
Asintió en silencio aunque él no la veía y luego salió del lugar cerrando tras de sí la puerta.
Draco la observó molesto. Su cuerpo no lograría acunar por mucho tiempo el deseo que bullía en su interior. Tendría que saciarse de alguna manera…. Como fuese…. De seguir las cosas como iban debería acudir a… ¿Marié, talvez? ¿Seria efectivo esta vez? O quizás ¿debería buscar a otra mujer?
Encendió la chimenea con la varita. Se disponía a arrojar polvos flu sobre el fuego cuando observó la carta de Weasley enrollada cuidadosamente sobre una de sus mesas. Sin pensarlo la leyó.
Deseo tanto verte…. Te he extrañado todo este tiempo…. Quiero verte…..Tú sabes que eres la única y la más importante…..Siempre tuyo….
Draco sintió como la razón se le nublaba. Granger podría creer lo que quisiera pero esas eran palabras de un hombre enamorado…. Maldito y estúpido engreído, pordiosero…. No la tendría de nuevo…. No al menos antes que él la tuviera para si.
Arrojó la carta al fuego sin importarle las futuras consecuencias. Por supuesto Granger seria capaz de golpearle nuevamente la nariz cuando se enterara. Observó con deleite como las llamas consumían el papel. Con una asombrosa sensación de regocijo, arrojó finalmente los polvos flu sobre las llamas que inmediatamente se tornaron verdes. Draco no pudo reprimir la sonrisa burlona que bailaba en sus labios.
-Ronting Hall. Blaise Zabini. Primera esquina de Surreverly Park.
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-Hola Pansy. ¿Has dormido bien?........No, demasiado impersonal…. Pansy ¿Podríamos hablar?....No, muy brusco…. Pansy con respecto a lo de ayer…. ¡Demonios!
Blaise se dejó caer en unos de los sillones que amueblaban su habitación. Había estado dando vueltas de un lado a otro tratando de encontrar la forma más conveniente de sobrellevar las cosas….
"Estúpido, estúpido, estúpido" "¿Por qué rayos la tenias que haberla besado?" "¡Oh, claro! Por estar pensando con la cabeza equivocada"
Blaise suspiró. Se había dejado llevar por sus instintos…. Cuando Pansy le había llamado. Algo primitivo bullía en él…. En ese instante…. El deseo ardiente y carnal de un hombre…. Un hombre que necesita a una mujer…. Y para su desgracia…. Pansy era una, y estaba al alcance de su mano, literalmente hablando.
Se golpeó con una mano la cabeza. ¿Cómo debería hablarle ahora? ¿Debería hacer como si nada hubiese sucedido o…. era preferible aclarar la situación? ¡Rayos! Pansy era su mejor amiga…. Era de hecho su única amiga…. ¿No se te ocurrió estropear la relación de otra manera?
"¡Malditos sean los hombres cuando no son capaces de mantener a raya sus deseos! Y aun más malditos porque son incapaces de vivir sin una mujer"
Lo peor de todo era…..Suspiró……. que aun necesitaba a una mujer…. La necesitaba con urgencia…. Sentía el cuerpo agarrotado y tenso, pero sobre todo podía ver y sentir su turgente virilidad marcada dolorosamente contra sus pantalones.
¡Uf! Nunca lo imagino, nunca se detuvo a pensar en ello ni por un mísero instante. Pero Pansy, lo había… ¡Dios! Lo había excitado…… ¡Oh, si! Había sentido tantas cosas en ese beso… por primera vez fue conciente del calor que su cuerpo despedía, el embriagador perfume de sus cabellos, la suavidad de su piel, la deliciosa curvatura de…. Sus pechos. ¡Oh, por Dios! Para que negarlo… cuando ella se había apartado de él, sintió un extraño vació. Se dio cuenta al instante que añoraba el frágil y calido cuerpo que había estado cobijando en sus brazos segundos atrás.
Se había quedado sin habla, casi no había conseguido moverse. Por fortuna había logrado darle la espalda a Pansy y ocultar algo que ha simple vista podría ser detectado….. Su miembro estaba grande, grueso y caliente. Un hombre totalmente excitado….. por ella. La pasión lo había dominado, irresistible y temeraria.
No lo entendía. Por unos instantes había creído que todo se debió a su recuerdo… ha Luna…. Había pronunciado su nombre maldita sea. Pero…. ¿Para que mentir? Era por ella, por Pansy. ¡Oh, mi buen Dios! ¡Deseaba a su amiga! ¡Quería…. Hacerle el amor! Quería saborear su interior con su boca, con sus manos…. ¡Demonios! ¿Qué rayos estaba pasando?
Unos golpes en la puerta alejaron sus pensamientos. De repente un sudor frió recorrió la piel de su espalda, estaba aterrado. La única persona que podía tocar la puerta de su habitación a esa hora era Pansy…. ¡Pansy, es su habitación! ¡Merlín! ¿Esto es una prueba, verdad? Aun no se sentía capaz de enfrentarla porque aun no era capaz de entender que había sucedido…. Que había cambiado en él tras ese beso.
-Blaise ¿Estas despierto?
Tragó con dificultad. Acomodó un poco sus pantalones de manera que su abultado miembro no lo delatara y se encaminó a abrir la puerta. Cuando la vio sintió que el alma le abandonaba el cuerpo. Pansy…. Era bella. ¿No se había dado cuenta de ello antes?
-Hola – dijo ella con timidez.
-Buenos días
-Siento molestar…. Pero… - Pansy se interrumpió para observarlo de manera critica - ¿Estas bien?
Blaise tragó nuevamente – Si – respondió con sequedad.
Ella sonrió y Blaise no entendió porque de pronto le parecía condenadamente hermosa.
-Bien – prosiguió – Como te decía. Siento molestar pero Draco esta en la chimenea y parece impaciente por hablar contigo.
-¿Draco?
-Si, ya sabes. El rubio de ojos grises.
Blaise asintió. Salió al pasillo sin atreverse a decir una palabra más y rápidamente se dirigió a la biblioteca. Necesitaba alejarse rápidamente de allí. No entendía esa urgencia naciente de su cuerpo. ¡Con un demonio! Solo había sido un simple beso….. y ahora….. Ahora quería….. ¡Oh, Jesús ni siquiera podía pronunciarlo!
-Blaise….
Se detuvo al escuchar su llamado pero no se volvió para darle la cara. Tenía miedo de lo que ella pudiese ver en su expresión. El mismo se tenía miedo.
-Respecto a lo de anoche…..
Los músculos de la espalda se le tensionaron. Los bellos del cuerpo se erizaron y sus nervios estaban a punto de hacer erupción.
-Quiero que sepas….. que…. Te entiendo.....
"¡Oh, por Dios!"
-No estoy enojada contigo. Entiendo lo que paso. Se que pensabas en Luna y de pronto… sentiste la necesidad…. De bueno…. Besar y pues yo…. Estaba cerca y…..
"¿Hace cuanto no tenia sexo? ¿Se debería a eso? Dos, tres ¿Cuatro días? ¿Necesitaba buscar a Marié?"
-No quiero que pienses que estoy enojada contigo por lo que sucedió anoche….
"Oh, Pansy ¡Cállate!"
-Ante todo eres mi amigo…. Y te quiero mucho. Moriría si por algo tan tonto perdiéramos nuestra amistad.
Blaise se volvió lentamente y la observó. Era menuda pero muy fuerte. Llevaba el cabello largo y tan negro como la noche. Y sus ojos…. No sabía porque no se había dado cuenta de ello…. Pero eran como dos profundos posos de agua pura. "¿Todo esto por un beso? ¿Estaba tan urgentemente necesitado de una mujer? Nunca, un beso lo había perturbado de tal manera ¿Qué se suponía que debía hacer?"
-Blaise
La voz de Pansy le llegó ajena y lejana. Pero ella estaba allí, frente a él. Esperando por una respuesta y deseando que en realidad nada hubiese cambiado. Entonces, se maldijo. Por estúpido. Por inconciente. Pansy le pedía que continuaran con su relación como si nada hubiese sucedido… era lo ideal… y él estaba de acuerdo…..
-Gracias – murmuró – En realidad no sabía como afrontar el tema. Te debo una disculpa.
Pansy sonrió e inclinó la cabeza levemente. Parecía una muñeca.
-Lo se – dijo mientras caminaba hacia él – Te conozco más de lo que tu mismo te conoces. Por algo soy tu mejor amiga.
Blaise asintió. Le hubiese gustado reír pero algo en su interior le impedía hacerlo.
-Estas muy serio – espetó Pansy haciendo una graciosa mueca.
-Lo siento.
Ella meneó la cabeza de una lado a otro negando – Eres mi amigo…. Y te quiero.
Elevó los brazos y poniéndose de puntitas los juntó detrás del cuello de Blaise – No lo olvides – balbuceó observando fijamente sus ojos.
Blaise la atrajo hacia si apretándola contra su cuerpo. No estaba seguro de que era exactamente lo que quería y no sabia si aquello que flotaba en su mente era realmente lo que deseaba pero….. En ese momento se sentía realmente bien estrechándola entre sus brazos…. Era algo calido, algo muy extraño….¡Diablos! Los abrazos de este tipo eran para los afeminados, sin embargo a el le estaba reconfortando enormemente.
Contra su voluntad, sentía una excitación que crecía. Era incapaz de refrenarla… como si intentara apaciguar una tormenta…. La voz de Pansy, sus brazos, su menudo pero tentador cuerpo….. todo de pronto había cobrado un nuevo significado para él….. Y sintió miedo…..La estrechó a una mas y entonces tuvo que reprimir un gemido…. Al sentir como sus pechos se apretaban con su cuerpo… "¡Oh, Dios! Merezco la horca ¿Dónde esta el recuerdo de Luna cuando por primera vez se necesita?"
Pansy se desenvolvió del abrazo y le sonrió – Me alegro que todo vuelva a ser como antes – dijo acariciándole tiernamente la barbilla con las yemas de los dedos.
Blaise nunca sintió mayor anhelo que las palabras dichas fuesen ciertas.
-No olvides que hoy tenemos que ir al ministerio
Frunció el cejo.
-Goyle….
Blaise asintió cuando su cerebro decidió funcionar nuevamente.
-Ahora es mejor que vayas a atender a Draco, estoy segura que no debe estar muy contento porque lo has hecho esperar tanto.
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-Lo digo en serio. Nunca imaginé que algo así pudiese hacerse en un espacio tan restringido.
Astoria sonrió ante las ocurrencias de su prima – Y yo te lo digo en serio. Eres la mujer más lujuriosa que conozco.
Una fuerte risotada resonó en el vestíbulo de WhiteHall, el hogar de Francesca y Ethan Duphorn.
-Afortunadamente tengo un esposo complaciente.
Astoria sonrió - ¿Crees que es necesario que me cuentes todo esto?
La estrambótica mujer se llevó la taza de té a los labios y bebió lentamente antes de responder – Debes estar preparada para cuando llegue tu turno. Es imposible que aun en este siglo algunas mujeres desconozcan completamente el disfrute que una puede obtener de un hombre bien dispuesto. No debes llegar al matrimonio siendo tan inocente.
Astoria se ruborizó – Ya no soy tan inocente – murmuró por lo bajo.
Francesca bufó ruidosamente – Eso querida prima… fue una insípida experiencia…. Dime…. ¿sentiste algo remotamente parecido a lo que yo te he descrito innumerables veces?
-No….- contestó sin vacilación.
-Ahí lo tienes, Astoria. La primera vez de una mujer es…. La primera vez. Son contadas las chicas que logran alcanzar el éxtasis total en una primera vez. Siempre están los nervios o los miedos… la inseguridad que te impide disfrutar plenamente. Para ser más precisa: dos cuerpos en una cama puede ser una experiencia bonita, pero la verdadera magia ocurre solo con un hombre…. el que este hecho a la medida para ti y debes considerarte afortunada cuando lo encuentres. Créeme cuando te digo que aun eres demasiado inocente…. Solo lo has hecho una vez…. Y fue con el hombre equivocado.
Astoria dejó escapar el aliento. No estaba segura hasta que punto Francesca tenía razón. Pero la verdad era que a ella le encantaría sentir algunas de las cosas que tan detalladamente su prima le describía en aquellas charlas que solían sostener una vez cada dos semanas.
-Y hablando del tema ¿Cuándo piensas casarte? Cariño las arenas del tiempo corren en tu contra…. Creo que debes encontrar un esposo, no es conveniente que te quedes sola…. ¿O acaso no piensas en el matrimonio?
-Si, lo hago pero….
-Que bueno – agregó Francesca llevándose una mano al pecho – Lo entendería si tuvieras algún o algunos amantes…. Pero ciertamente tú no eres del tipo de mujer que se atrevería a mantener una aventura.
-¿Tu lo eres?
-No. Llegué intacta a mi matrimonio. Pero eso si muy ardiente. Ha Ethan le vuelvo loco.
-Lo imagino.
Francesca sonrió – En verdad, Astoria. Necesitas un hombre en tu vida. Algo de diversión. Salir. Quizás debas viajar a Londres. Hace mucho que no sales de le Villé Flétrir ¿No te aburres de estar todo el día en ese lugar?
-Mi padre esta enterrado allí.
-Tu padre esta muerto. Fue hombre excepcional. Un padre amoroso y un tío increíble. Pero estoy segura que a él, más que a nadie, le encantaría verte casada.
-Si estuviera vivo él se encargaría de mi matrimonio.
Francesca suspiró cansinamente – No estamos en el siglo XIX ¿Sabias? Tú puedes escoger a un hombre con el cual desees casarte. He incluso puedes mantener algunas aventuras antes de encontrar al adecuado….
-Y me lo dice la mujer que llegó virgen a su matrimonio.
-Ese era mi sueño no el tuyo….
-También era mi sueño.
-¡En serio! Eso debiste considerarlo antes de entregarte al estúpido de Malfoy.
Astoria calló. La sola mención de ese apellido le revolvía las entrañas.
-Lo siento – musito Francesca con algo de vergüenza – No debí decir eso.
-No me hubiese acostado con él si no hubiera creído que íbamos a casarnos…- explicó Astoria.
-Astoria…. Los hombres honorables, seguros, responsables son para casarse. Los peligrosos, libertinos para el placer.
-Me hubiese encantado que lo dijeras hace algunos años.
-Lo se…. Lo siento fui una estúpida por mencionarlo.
Astoria agitó la cabeza – Es mejor dejarlo pasar. Ya sabes cuanto detesto que lo mencionen.
Francesca observó a su prima con expresión compungida – Me preocupas – le dijo entrelazando sus manos con las de ella – Estas muy sola muchachita. Tienes veinticinco años y llevas la vida de una solterona de setenta…. Me gustaría tanto que viajaras. Conocer a otras personas ampliaría tus horizontes…. ¿Te has puesto a pensar si realmente quieres pasar el resto de tus días en Le Villé.
Astoria guardó silencio. Si quería pasar el resto de su vida en Le Villé. No le gustaba Londres, era sucio, ruidoso y demasiado húmedo. La vida en el campo era mucho más saludable y tranquila…. Pero Francesca tenía razón, no quería pasar el resto de su vida sola y para ello tendría que encontrar a un hombre con quien compartir sus ratos de soledad… El problema era… ¿Dónde encontraría un hombre que le gustase el campo tanto como a ella? ¿Un hombre que estuviese dispuesto a abandonar su probablemente agitada vida por la tranquilidad de Le Villé? Seguro en Londres no lo hallaría.
-Prometo pensar en las posibilidades de visitar la capital.
Francesca sonrió. Oírle decir eso era más de lo que esperaba sacar.
-Buena tarde…. –dijo de pronto una profunda y viril voz - Parece que no alcance la hora del té.
Astoria pudo percibir el momento exacto en que los ojos de su prima se iluminaron y su rostro se torno resplandeciente de felicidad.
-Cariño – dijo prácticamente saltando del sillón – Que bueno que has vuelto. No te imaginas como te he extrañado.
Ethan sonrió, sus ojos verdes resplandecieron de malicia – Pero si me has visto solo unas horas atrás.
Francesca meneó la cabeza de un lado a otro – No importa. No me gusta estar lejos de ti.
Astoria decidió que era más de lo que sus nervios podían soportar. Quería a su prima y su esposo Ethan le caía muy bien….. Pero eran demasiado…. ¿Cómo decirlo? Caramelo… y al mismo tiempo demasiado picante para una joven que carece de todo eso, como lo era ella. Al principio había creído que era la goma de los recién casados….. Prácticamente no podían evitar tocarse el uno al otro cada vez que tenían oportunidad…. ¿Pero después de un año……?
-Debo irme – dijo de repente.
-¿Tan pronto? – Preguntó Ethan – Espero que tu huida no se deba a mi llegada.
Astoria le hubiese gustado decir que si. Que simplemente su lujuriosa prima no era capaz de refrenarse cuando él estaba presente…. Pero en lugar de eso dijo.
-Quiero caminar hasta la casa. Tú sabes lo retirada que esta. Es mejor que me vaya ahora a verme obligada a aparecerme.
Ethan asintió y le dirigió una mirada comprensiva.
-Es una pena que quieras irte ya – agregó Francesca – La próxima vez puedes venir con más tiempo.
No necesitó ser una genio para saber que su prima agradecía su retirada. Le impresionaba que a esas alturas no hubiese quedado embarazada….. Los accidentes suelen ocurrir por muy mago o bruja que seas.
-Lo haré.
Besó ambas mejillas de su prima y saludo cortésmente con la cabeza a Ethan y sin agregar nada más salió de WhiteHall. No había mentido, definitivamente quería hacer su camino a casa andando.
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-¿Draco te pidió que me lo dijeras?
Blaise puso los ojos en blanco una vez más
-No
-Entonces no voy a ir.
-Theo. Necesito ir al ministerio hoy. Cada segundo que pasa es vital. Goyle puede ser trasladado en cualquier momento y no queremos eso ¿Verdad?
-Puedes ir a ese mugre lugar una vez termines la diligencia del ministerio.
-Me tomará todo el día probablemente.
-¡Maldita sea! No me gusta ese lugar. Es demasiado tranquilo… y…. feliz…
-¿Feliz?
-Flores por aquí, arbustos por allá… ¡Merlín! Hasta tiene un rió….
Blaise bufó de impaciencia – No tienes porque mirar el paisaje. Solo quiero que vayas a esa casa y busques a esa mujer. Le dirás lo que hemos hablado y luego regresaras a Londres ¿Es mucho pedir?
-Sabes que si – dijo Theo desde su descuidada posición en uno de los sillones de su casa – No creo que sea adecuado que yo vaya. Draco te habló a ti no a mí. Ya sabes lo quisquilloso que es con eso de la empatía y todo lo demás.
-Yo no puedo ir – agregó Blaise con rotundidad – Al menos no por hoy. Y este asunto es importante. Se requiere tener la maldita lista lo antes posible.
-¿Y porque no se lo dijiste?
-Olvide mencionarlo.
-¿Lo olvidaste? ¿Tu?
-¡Si! – Exclamó Blaise con el cejo fruncido - ¿Acaso no me puedo olvidar de ciertas cosas?
Theo lo observó de manera acusadora.
-¡Maldición Theo! ¿Podrías alguna vez en tu vida hacer algo sin tratar de encontrar complots donde no los hay?
Theo lo observó por unos segundos en silencio –Pareces estresado.
Blaise se pasó una mano por sus cabellos como símbolo de impaciencia -¿Vas a hacerlo o no?
Theo no respondió de manera inmediata. Le agradaba hacer sufrir a sus amigos. Sabia que por alguna extraña razón Blaise se encontraba atormentado y si el podía contribuir a empeorar su genio….. ¿Por qué desaprovechar la oportunidad que se le otorgaba? De cualquier modo seria Pansy quien después aguantara sus berrinches no él.
-¿Cómo dices que es su nombre?
-Astoria Grenngrass.
Theo suspiró - ¡Genial! Lo que me faltaba para hacer de mi día una puta mierda. Visitar a una amargada mujer que se esconden del mundo en su cueva.
-Por favor ¿Podrías simplemente ir y hacer lo que se te ha pedido?
Theo gruño algo mientras buscaba su varita. Blaise decidió no agregar nada más, debía regresar a su casa, recoger a Pansy e ir por red flu al ministerio. Sin embargo Theo lo detuvo antes que desapareciera.
-Por cierto, hay que buscar otra secretaria. Sophie ya no volverá.
-Maldito seas Theodore Nott – dijo Zabini unos segundos antes de desaparecer.
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La amaba. Siempre la había amado y estaba seguro que siempre la iba a amar. Pero sabía que ella constantemente deambulaba en la línea de dos mundos…. Algo escondía, llevaba días taciturna, ida, preocupada…. A veces la sorprendía mirando el exterior por la ventana, como si vigilara el cielo…. Como esperando quizás que lloviera…. Se quejaba por el calor. No le gustaba el calor.
Al principio creyó que se debía al embarazo…… No estaba muy seguro, pero creía que en alguna parte había leído sobre los cambios de humor que sufren las mujeres en estado….. después supo que no se debía a ello….. Tenia que ver con Neville, quizás con Hogwarts y probablemente con Blaise Zabini.
Suspiró. Llevaba media hora fingiendo que leía. Luna nuevamente se encontraba sentada en una poltrona cercana a la ventana…. Algo le molestaba y el se moría de ganas por saber que atormentaba esa cabecita….. Siempre se moría por saber que pensamientos surcaban la mente de su esposa. Ella era una mujer…. especial, impredecible y muy imaginativa, pero sin duda lo mejor de ella era su alegría y la plenitud que irradiaba.
Debía hacer algo. Las cosas no podían continuar de esa forma. Ideas locas embargaban su mente y le atemorizaban. Dentro de pocos días estarían en Londres….. nuevamente en Londres, con sus amigos de Hogwarts, podrían ver a Ron, Harry y Hermione, a Ginny, Seamus y Neville. Pero también estarían cerca de Zabini….. ¿Era eso lo que molestaba a Luna? ¿Sentiría la necesidad de verle? ¿De hablarle?
-Luna – la llamó
La joven levantó la cabeza y le observó desde el sillón.
-Pensé que dormías – dijo con voz suave. Su abultado vientre sobresalía de la corta bata blanca de tirantes que a pesar de la redondez de sus forma la hacia ver sexy.
-¿Por qué no vienes a la cama? – preguntó dando palmaditas sobre el lado desocupado.
Luna sonrió, se levantó y caminó hacia él. Dean abrió los brazos preparados para recibirla y ella se acunó en su pecho. Ambos suspiraron. Ambos rieron.
-¿Qué te pasa cariño?
-¿De que hablas?
Dean guardo silencio. Evadía sus preguntas, eso solo había ocurrido una vez hace mucho tiempo, en Hogwarts….. Dean no quería que las sombras del pasado atormentaran el presente.
-Sabes lo que quiero decir. Llevas días ausente.
Luna sonrió y se alejó de su pecho hasta dejar sus rostros a la misma altura.
-Pero si casi no salgo.
-Luna….- agregó Dean en tono de advertencia.
-No me ocurre nada – La sonrisa de Luna seguía latente en su rostro – Es serio.
Dean levantó las manos y le acarició el cabello – Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea ¿Verdad?
-Por supuesto. Eres mi esposo. ¿En quien más confiaría si no es en ti?
Quiso creer que le decía la verdad, quiso esperar que ella abriera su corazón y le permitiera conocer sus preocupaciones porque si no lo hacia cabía lo posibilidad que sus inquietudes tuviesen nombre propio y por ello no las compartiera con él.
Los tormentos habían quedado atrás….. Así lo creía. Luna se había quedado con él. Se amaban, iban a tener un hijo….. Eso era lo más importante, estaban juntos, eran una familia y eran felices. Estaba seguro que cuando estuviera lista ella le contaría aquello que la preocupaba, solo debía ser paciente y esperar.
La observó. Observó sus brillantes ojos, el delicado puente de su nariz, sus pálidas mejillas y la sonrisa que bailaba en sus labios. ¡Oh, esos labios! Su boca era una de las cosas que más le atraía de su esposa. En su opinión su boca estaba hecha para ser besada y para besar.
Se pasó la lengua por los labios. Estaba nerviosa. La había visto hacerlo en repetidas ocasiones en aquellos días. Y lo había hecho cientos de veces en los trece años que tenia de conocerla, y sin embargo fue mucho tiempo después cuando sintió que el solo verle la lengua le contraía de deseo el cuerpo
-Te amo – le dijo
Luna sonrió nuevamente. Desde que se había casado con Dean no había podido dejar de sonreír – Yo también te amo
Él acarició con las yemas de sus dedos los descubiertos hombros. Le toco los labios y sintió la tibieza de su aliento
-Lo se – susurró. Se inclinó y la beso, lenta pero posesivamente. De una manera que a ambos se le antojaba perfecta.
Luna era suya, tan suya como él le pertenecía a ella. Una sensación de agradable calor se extendió por su pecho. La seguía besando y ahora ella le acariciaba la base del cuello…. Sabía que aquello le gustaba.
Mordisqueó sus labios, acariciando y despertando su cuerpo. Paseó una de sus manos por su abultado vientre logrando sonsacarle algunas risas. Había nacido para esa mujer, la misión de su vida era hacerla feliz porque solo así podría encontrar su propia felicidad.
La deseaba, deseaba sentirla y hacer que ella lo sintiera. Ella rió nuevamente pero esta vez de una manera traviesa.
-¿Qué? - le preguntó.
Luna negó con la cabeza – Nada.
Pero Dean sabia que algo juguetón se escondía tras aquella sonrisa. Muy seguramente alguna picardía, de esas que tanto se le ocurrían a su esposa.
-Dímelo – insistió mientras buscaba su oreja y le daba suaves lengüetazos
Luna negó nuevamente mientras reía con picardía.
Dean atravesó la suave línea de su mandíbula, perfilando con su lengua y saboreando la sal de su piel, bajó hasta su cuello y besó con ansias el punto donde sentía el desbocado ritmo de los latidos de su corazón. Luna gimió, y arqueó su cuello para darle más acceso.
El corpiño del pijama había sido sutilmente retirado y fascinada observó como Dean dibujaba sus contornos con los labios mientras se acercaba peligrosamente hacia sus pechos.
-Sabes que me lo tienes que decir – dijo él humedeciendo con su lengua el oscuro valle entre sus pechos.
-¿Qué cosa?
Ahuecó la mano en un pecho y sonrió al sentir su estremecimiento – Te voy a atormentar hasta que me lo digas.
-Pues, resulta que me gusta este tormento.
-Ya veo – dijo él mientras rozaba con sus dedos el sonrosado y erecto pezón –Pero yo cuento con un arma infalible a la cual tu no podrás resistirte.
-¿En serio?
-Uhumm. Tú sabes que sí y tú sabes que lo quieres y ¿Quieres que te diga algo? – Agregó acercando su rostro a el de ella – No lo voy a hacer.
-¡Dean! – chilló Luna
Él sonrió. El embarazo la había hecho impaciente y un poco menos tolerante - ¿Qué? – preguntó con aire de inocencia.
-Acaríciame – le ordenó.
Le pasó el dedo índice por el hombro y el cuello - ¿Es por aquí?
-Tu sabes que no.
Él bajo al nacimiento de sus pechos – Estoy cerca ¿Verdad?
Ella asintió sin dejar de mirarse el pecho.
Dean volvió a acariciarle el pezón de manera lenta y seductora, las yemas de sus dedos dejaban estelas de calor a su paso mientras observaba la caricia y sentía que su cuerpo se ponía rígido de necesidad.
Y entonces….. Cerró los labios alrededor de su pecho y escuchó el gemido de placer que escapaba de los labios de su esposa, de su amante. Durante largo rato succionó y lamió, hasta sintió los prolongados e implorantes jadeos de Luna. La boca liberó el rosáceo pezón, la lengua lo acarició con un último lametón.
-Dean…., Dean.
Murmuraba su nombre. Él sabia que quería pedir más, pero sus insistentes caricias no le permitían formular palabra.
-Eres perfecta – susurró él mientras Luna acariciaba su ya desnuda espalda.
-Eso no es cierto – agregó ella jadeante.
-Lo eres para mí.
Luna lo observó en silencio. Unas motas doradas bailaban en el interior de sus ojos.
-Sabes que te amo ¿Verdad?
Dean asintió
-No existe otro hombre sobre la tierra al que ame más que a ti.
-Yo no….
-Se que lo estas pensando – interrumpió Luna – Pero no es así.
Dean enderezó su cuerpo hasta quedar sentado sobre la firme cama – Perdóname. A veces las dudas me atormentan.
-No debes dudar de mí – susurró ella antes de depositar suaves besos en su espalda.
-No dudo de ti. Dudo de mi capacidad para hacerte feliz.
Luna estuvo en silencio. Lo abrazó por la espalda y apoyó su cabeza en el. Estaba caliente, sabia que ardía de deseo, pero también sus pensamientos. Dean era su esposo y merecía saber aquello que la preocupaba. Para eso estaban las parejas ¿No es así? Par compartir todo y no solo lo bueno.
-Hay algo que me molesta – dijo Luna sin apartarse de su cuerpo – Pero involucra a otra persona.
De inmediato sintió como el cuerpo de Dean se tensaba.
-No es lo que piensas….. – Agregó – Te lo contaré. Pero primero debo solicitar su aprobación. El asunto es delicado.
Dean se giró y esta vez Luna pudo observar un semblante de preocupación.
-Tenme un poco de paciencia ¿Quieres? Espera a que estemos en Londres.
Él le tomó las manos y besó ambas palmas. Luego asintió.
-¿Quieres saber que era aquello que me hacia sonreír hace un momento?
Dean sonrió.
-Cuando me besabas me supiste ha……
-¿Tienes un antojo? – preguntó incrédulo, interrumpiéndola con premura.
Luna asintió.
-¿Ahora?
Volvió a asentir – Y me temo que tendrás que ir muy lejos esta vez.
Dean suspiró con resignación.
-Pero no te preocupes. El bebe puede esperar un poco. Primero ¿Qué te parece si terminamos lo que estábamos haciendo?
Él sonrió -¿Te dije alguna vez que eres la mujer más maravillosa del mundo? – preguntó con picardía.
-No en los últimos tres días.
-Ohhh – susurró Dean con pesar – Eso tendremos que arreglarlo.
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Garent Vikermasthi, mide casi dos metros y es excesivamente flaco. Su aspecto es débil y quebradizo. La barba larga y blanca afirma su aspecto de reliquia antigua y todo en el parece demasiado largo y accidentado. Sin embargo, con todo ello no deja de tener el temple y la potencia en la voz para negarse firmemente a una petición. Maneja un poder que nadie imagina que pueda tener dado su aspecto. Es jefe del Cuartel General de aurores y a su vez miembro honorario del departamento de Servicios Administrativos del Wizengamot.
-Es derecho de todo prisionero a una visita.
-Este no.
-¿Por qué?
-Por sus antecedentes mortifagos.
-Ustedes permitieron a muchos ese privilegio en el pasado.
-Ya no.
Blaise golpeó con su puño cerrado la superficie del lustroso escritorio del hombre que sentado frente a él permanecía impertérrito ante su rabieta.
-¿Qué esta tratando de decirme?
-Creo que he sido lo suficientemente claro.
-Es usted un…
-¡Basta! – la voz de Pansy interrumpió a tiempo la sarta de improperios que Blaise pensaba lanzar en contra de aquel hombre.
-Señor Vikermasthi – continúo con voz calmada – Solo queremos saber como esta y bajo que condiciones será juzgado.
-Los resultados de su audiencia serán publicados en el "Profeta"
-Entiendo – dijo Pansy con voz circunspecta – Pero comprenda por favor que somos sus amigos o al menos lo fuimos mientras estuvimos en Hogwarts. Deseamos verle, queremos saber de él ¿Cómo esta? Nos gustaría darle un poco de sosiego….
El hombre la observó con dura mirada – El reo Goyle no es un ser que necesite sosiego. Es peligroso, corrupto y tramposo…… No se le permiten visitas bajo ninguna circunstancia y les aseguro que su juicio será tan justo como el de cualquier otro. Es una grave falta que ustedes vengan a mi oficina acusándome de injusticia y perjurio. Le aseguro señorita Parkinson que no tengo ningún interés en perjudicar de alguna manera a su amigo…. Por si mismo el ha conseguido que todo el asunto sea bastante escabroso.
-¿A que se refiere? – preguntó Blaise con el entrecejo fruncido.
El hombre resopló y el calido aliento golpeó los rostros de los otros dos ocupantes de la instancia. Su mirada se mantenía adusta y por lo menos Pansy estaba segura que nunca en su vida se habían encontrado con una persona que juntara de tal modo el entrecejo.
-El reo Goyle esta acusado, además de los cargo de mortifago, practica de artes oscuras y uso indebido de la magia, del asesinato de su tío Beral McGillons en Nomardía. El cuerpo del hombre fue encontrado en una fosa poco profunda del terreno aledaño a la casa, fue muerto por la maldición Avada Kedavra.
El silencio que precedió la declaración fue tan abrumador como perturbante.
-Eso no es prueba suficiente para acusarlo – intervino Blaise.
-No, no lo es. Pero sí el hecho que el mismo ha confesado el crimen y lo ha hecho con lujo de detalles. Tantos y tan detallados que solo el asesino podría saberlos.
Blaise se puso de pie y observó al anciano hombre de forma fría e iracunda - Usted juzga ¿Verdad? A todo nosotros. A los hijos de los mortifagos.
Pansy bajo la mirada con tristeza. Sabía a que se refería Blaise. Ella también había sentido el rechazo de la comunidad mágica y debía admitir que de cierta forma el tiempo que vivió como muggle fue un respiro en su vida.
-Usted es como los demás. Creen tener el caldero por el mango. Muchos de nosotros se vieron obligados a hacer cosas que no querían por tratar de mantener la vida e incluso por tratar de conservar la de sus familiares ¿Qué sabe usted sobre no tener opción de elegir que hacer con su futuro? ¿Qué sabe usted de la vida de un mortifago obligado a serlo? Solo se sienta allí detrás de su elegante escritorio creyendo que es perfecto y que además es afortunado por que tiene una hermosa familia y por que su vida es prospera. Muchos de nuestros padres aceptaron ser mortifagos por convicción, pero esa ley no se extiende a todos los hijos.
El hombre detrás de escritorio resopló y acomodó unas curiosas gafas de media Luna que le hicieron recordar al antiguo director de Hogwarts y que por alguna razón no había reparado en ellas.
-Siempre hay elección, señor Zabini. La que sucede es que en algunas ocasiones la mente se encuentra tan nublada que le impide a la razón actuar con presteza. En cuanto a lo otro, le aseguro que yo no soy lo que usted pretende. No tengo derecho de juzgar a nadie ni tampoco pretendo hacerlo. Y al parecer no le ha quedado claro que ha sido el mismo reo Goyle quien se ha declarado culpable – el hombre suspiró largamente antes de continuar –Por ahora es imposible que alguna persona lo vea. Entiéndanlo y acéptenlo.
Diez minutos después Blaise despotricaba y no se media en los insultos para aquel hombre.
-Es un maldito viejo. Espero que sus huesos se hagan polvo pronto.
Al principio Pansy había compartido su enojo, pero después se le antojo sumamente graciosa la actitud de su amigo.
-¿Te ríes de mi? – le preguntó con el cejo fruncido.
-No me rió contigo, te lo aseguro – respondió ella.
-No es gracioso Pansy. Es injusto además de despiadado. La leyes dicen que todo acusado tiene derecho a visitas y…..
-Conseguiremos verle – apuntó Pansy con seguridad – Tarde o temprano nos lo permitirán. Por ahora no se puede hacer más…. ¡Entiéndelo!
Zabini suspiró. Quería ser optimista como Pansy y era probable que tuviese razón. El problema era que Goyle necesitaba una visita ahora. Debía sentirse confuso o eso creía él. Debía admitir que el asesinato de su tío Beral era algo que lo desconcertaba ¿Qué lo habría llevado a cometer semejante estupidez?
-¿Estas ahí?
Blaise observó a Pansy. Menuda y bonita mirándole con los que de pronto le parecieron arrebatadores ojos. Tragó saliva. Sintió el irrefrenable deseo de rodear con sus brazos aquel calido y tentador cuerpo, apretarlo contra él y así tratar de mitigar su ira y su impotencia. Pero se contuvo. Respiró y desvió la mirada hacia otro punto de la instancia. Estaban de pie frente a la puerta de elevador que aun no se habría.
-¿Dónde si no? – contesto.
Pansy quiso replicar pero las puertas del elevador se abrieron y enseguida estuvieron frente a frente con una mujer rubia, alta, elegante y demasiado sensual según su crítica mirada. La mujer podría haber pasado desapercibida para ella pero la sonrisa que le dedicó a Blaise acaparó toda su atención. No parecía simple coquetería. Era algo más.
-Mon Die. No esperaba encontrarte aquí.
Los ojos de Blaise se agrandaron en proporciones inimaginable y lo que Pansy nunca imaginó ver, sucedió. Su amigo parecía acorralado, como si hubiese sido descubierto mientras cometía alguna fechoría.
-Marié – dijo con todo el aplomo del que fue capaz - ¿Qué haces aquí?
La joven mujer sonrió y ladeó levemente la cabeza – vengo a pagar mis impuestos – dijo sacudiendo una pesada bolsa de terciopelo cuyo contenido parecían ser galeones reales o eso le creyó Pansy al escuchar el ruido que producían.
-¿Y tu? Que yo recuerde no eres muy adepto a relacionarte con los burócratas.
Blaise se encogió de hombros al parecer ya había recuperado todo su autocontrol – Siempre hay asuntos que atender – agregó con simpleza.
-Entiendo – susurró Marié antes de virar y observar con detenimiento a Pansy - ¿Nos presentaras Mon Cheri?
Blaise tensó el cuerpo y apretó la mandíbula. Le hubiese gustado decir que no podía presentarlas. El porque no lo tenia claro pero el asunto se le hacia incomodo. Sin embargo cedió a las normas de etiqueta e hizo las presentaciones correspondientes.
-Es un placer – agregó Pansy mientras estrechaban las manos
Marié sonrió con condescendencia y pronto Pansy sintió que sobraba en aquella escena.
-Te espero abajo – musitó suavemente a Blaise.
Entró en el elevador y antes que se cerraran las puertas pudo percibir un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Blaise y aquella hermosa mujer francesa la observaban fijamente cada uno de manera diferente pero con igual intensidad.
Marié…. El nombre le sonaba de alguna parte….. Sabía perfectamente que no la conocía. Pansy podía regodearse de poseer una memoria fotográfica excelente. Nunca había fallado en recordar detalles como diseños, colores o trajes mucho menos olvidaría un rostro de facciones tan perfectas. Sin embargo estaba segura que el nombre le sonaba de algo…..Marié…. Marié…. ¿Dónde lo habría escuchado?
La llegada del ascensor coincidió con su exclamación de asombro. Acaba de recodar quien era Marié…. Por supuesto. Es ella, la amante de Blaise… y la de muchos otros……
Pansy no supo explicarlo ni tampoco lo intentó pero al salir a la atestada recepción del ministerio una inquietante sensación invadió su cuerpo. Algo en su interior se removió y de pronto se sorprendió al pensar que había sido una tonta por dejar a Blaise en compañía de aquella mujer.
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Todo era verde. Le agradaba el verde pero no en combinación con colores primaverales con el amarillo, el rosa o el lila e incluso el escandaloso color del cielo despejado. Por ello le fastidiaba Le Villé Flétrir. Todo allí era demasiado pintoresco, demasiado alegre, perfecto ese lugar era demasiados en todo. El problema radicaba que incluso en invierno el maldito lugar se mantenía verde. Parecía una estupida pintura de artista barato cuyo único arte radicaba en recrear el paraíso en los lienzos. Le Villé Flétrir transmitía una sensación de felicidad y plenitud que lo hastiaban. Allí estaba el meollo del asunto. Theo odiaba el lugar porque en su vida no había cabida para tan nobles sensaciones.
Acaba de visitar la casa de la tal Astoria Grenngrass pero la mujer no se encontraba. La residencia era modesta pero a simple vista podría decirse que dueño tenía buen gusto. Estaba ubicada cerca del rió, a veinte pasos de la pendiente que iba a dar al cause. Theo decidió esperar allí. Aspiró una gran bocanada de aire invernal fresco, no frió, llevaba cerca de media hora tumbado sobre la hierba, pensando, cavilando acerca de tonterías en las cuales no debería gastar tiempo.
Se reprendió a si mismo. Necesitaba mantener la mente ocupada para que su pensamiento no deambulara por derroteros que solo le traerían dolor y miseria. Necesitaba escapar, necesitaba huir, necesitaba una distracción y no era indispensable ser un dios para saber que tumbado en aquel lugar no la iba encontrar.
Se levantó sacudiendo el exceso de hierba húmeda y enfiló la pendiente cuesta arriba. Llamaría nuevamente a la puerta de la residencia Grenngrass y si nadie acudía a su llamado se retiraría, solo Merlín sabia cuando daño le hacia el ocio en solitario.
Pero entonces su distracción llegó como bajada del cielo. Una exquisita, suave y tentadora distracción envuelta en un simple vestido blanco que dejaba parte de los hombros al descubierto y que se ajustaba a un femenino cuerpo justo en los lugares correctos.
Dio unos cuantos pasos en su dirección pero una invisible fuerza lo dejó anclado en medio de un frondoso grupo de arbustos a unos cuantos pasos de donde se encontraba la chica. Desde su posición, Theo no podía creer lo que veían sus ojos. Una joven, una muy hermosa estaba deambulando por los limites de la casa Grenngrass era rubia, alta y esbelta, por lo que alcanzaba a vislumbrar había un cuerpo de ensueño oculto tras las modestas telas del vestido.
Theo contemplaba fascinado a la muchacha. Era probable que acabara de atravesar el bosque, traía los cabellos revueltos y aunque no estaba seguro parecía un poco acalorada, caminaba con gracia y era realmente hermosa. Parecía un ángel salido de la nada que amenazaba desvanecerse en cualquier momento. Theo había quedado atontado en cuanto la vio, era extraño que esa hermosa cosita hubiese despertado no solo su curiosidad, también su deseo.
Todos sus sentidos estaban dirigidos a ella "Es solo otra hermosa chica" se dijo tratando de aquietar los deseos que parecían querer consumirlo allí mismo "una mujer hermosa, como cualquier otra" Pero no era cierto. Aquello lo asustó, lo electrizó la intensidad de la reacción que aquella joven estaba causando en él.
De pronto la chica se dejó caer sobre porche de la casa Grenngrass. Theo confirmó lo agotada que estaba por que su respiración era agitada, su pecho subía y bajaba por cada inspiración. Pensó que parecía deliciosa. Siguió observándola. La mujer había apoyados las palmas de las manos contra el suelo dejando que su cabeza cayera libre y que su rostro diera gustosamente contra el sol. Parecía sonreír.
Pero de pronto Theo se vio presenciando una de las escenas más eróticas en las que hubiese estado presente en su vida. La muchachita se había incorporado hasta quedar correctamente sentada en el escalón superior del porche. Con las manos había tomado las faldas de su vestido sacudiéndolas para darse un poco de frescor. Las hebras de cabello rubio caían sobre su frente y algunas de ellas se pegaban a su piel debido a la transpiración.
Enrolló la falda de su vestido sobre la mitad de su muslo exhibiendo las más perfectas, largas y bellas piernas que hubiese visto en su vida. Theo casi gimió ante la visión. Montó una de ellas sobre la rodilla contraria y se desanudó la bota tirándola lejos de ella como si la odiase. Theo no pudo evitar sonreír.
Luego repitió el mismo procedimiento con la otra bota pero antes de desanudarla se acarició la pierna con las manos. Desde su posición Theo no pudo evitar imaginar como seria posar sus manos sobre aquella piel, sentir el calor de aquel cuerpo, probar el exquisito sabor salado de la piel después de hacer el amor, oler su perfume y deleitarse con sus formas.
De pronto tuvo una visión. Vio como tomaba a la chica entre sus brazos haciéndola sentar en su regazo, vio como la besaba hasta dejarla sin sentido. Luego alzaba aun más su falda para tener vía libre de deslizar las manos por sus piernas. Vio como bajaba lentamente la parte de arriba de su corpiño y desnudaba lo que seguramente serian unos perfectos senos respingones.
-¡Merlín! – exclamó por lo bajo.
Aspiró abundantes cantidades de aire con el fin de encontrar la estabilidad que su cuerpo parecía haber perdido. Miró a la joven, había arrojado lejos la otra bota y ahora se masajeaba los dedos de los pies…… Cerró los ojos con fuerza. No era propio de él esconderse, no era propio parecer un adolescente descontrolado, no era propio no saber que hacer frente a una mujer hermosa…. Pero estaba sucediendo y aquello le parecía imposible.
Pasó una mano por sus cabellos y acomodó el tiro de su pantalón para evitar que se notase el inequívoco signo de su excitación. Estaba duro, caliente y deseoso…. Pero aquella joven no debía saberlo…..no todavía. Había tomado la decisión de abordarla. Tenia la ligera sospecha que podría ser Astoria Grenngrass. Esperaba que no se tratara de ella por que seria lamentable tener que tratar asuntos tan frívolos con una mujer que estaba hecha para el pecado.
Suspiró. No podía esperar más. Iba a afrontarla, iba a asediarla y que Merlín la protegiera si llegaba a caer en sus brazos.
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Debía encontrar una solución. Pensó mientras apreciaba el exaltado signo de su hombría. Y pronto. Al principio había creído tener la suficiente paciencia y resistencia para guardar la distancia física entre Granger y él. Pero a los pocos segundos de estar en su compañía se dio cuenta que era algo imposible.
Relajó sus músculos mientras la fría agua cubría la desnudez de su cuerpo. Últimamente había tenido que recurrir a cientos de baños como aquel para tratar de equilibrar su cuerpo y su mente antes que pudiese llegar a cometer una locura. No quería bajo ninguna circunstancia que sus planes se vinieran a bajo por no capaz de controlar una maldita calentura.
Tenia que darle tiempo a Granger. Tiempo para que aprendiera a confiar en él, tiempo para que se deshiciera de sus inhibiciones y se entregara abiertamente a sus deseos. Cuando finalmente tuvieran sexo (porque estaba seguro que aquello iba a ocurrir, aunque se preguntaba si Granger se daba cuenta de la inevitable que era ello) quería que fuese perfecto. Quería que Granger lo deseara, que viniera a él por voluntad propia porque también ella se despertaba en medio de la noche con el cuerpo ardiendo por el deseo. Solo esperaba que aquello ocurriera pronto, porque se estaba volviendo loco en la espera.
Unos suaves golpes en la puerta lo sacaron de sus pensamientos. Los elfos domésticos solían aparecer sin ningún tipo de aviso, de cualquier manera el no se molestaba ante ello. Eso y el hecho que el otro ocupante de la casa se tratase precisamente de Granger lo hicieron salir precipitadamente de la bañera y correr a ponerse un albornoz. Si era ella, si era Granger quien se había atrevido acudir sola a su habitación solo podría significar una cosa…… Abrió la puerta. Era ella. Era Granger.
-¿Qué haces aquí? – preguntó fingiendo indiferencia.
Ella lo observó con indecisión y algo de temor. Tenia dudas lo sabia, pero algo debió haber cambiado si de repente se aparecía en la intimidad de su habitación. Sin embargo ella continuo en silencio, Draco tenia la leve sospecha que sus labios no era capaz de soltar palabra.
-Quiero terminar con este asunto de una buena vez – murmuró de manera mecánica.
A Draco se le iluminó el rostro. Esa simple frase había abierto un mundo de expectativas y oportunidades para dan rienda suelta a su libido ¿era eso lo que estaba diciendo? ¿Le estaba dando luz verde para actuar?
Algo de sus pensamientos debió reflejarse en su rostro porque enseguida Hermione retrocedió unos pasos alejandose de él.
-Hablo del beso – dijo Hermione con premura – No se que rayos estas pensando en hacerme pero te aseguro que no es nada de eso. Simplemente vengo por las notas de Neville….. y bueno el maldito beso
Una sonrisa sesgada se dibujó en el rostro del rubio - Granger si yo te dijera lo que realmente quiero hacerte saldrías corriendo y no mirarías a tras ni una sola vez
Draco notó como el color de sus mejillas se acentuaba y sintió una irrefrenable curiosidad por saber que imágenes surcaban la mente de la castaña tras lo ultimo dicho. Se había arriesgado…. Ella lo sabía y temía por ello. Pero él tenia claro que ella no debía temer. Ante todo era un caballero, llegaría hasta donde ella le permitiese llegar, no iba a perder el terreno que de pronto parecía haber ganado o mejor dicho que estaba a punto de ganar, sobre todo cuando había sido ella misma quien se había presentado en su habitación.
-¿Quieres pasar?
Hermione asintió – Antes de cualquier cosa – le advirtió – me gustaría cruzar unas palabras contigo.
Siempre quería llevar un orden y una mecánica en las cosas. Es el tipo de mujer que se puede acomodar a las rutinas sin problemas…. Pero con él aprendería a saborear lo dulce de las sorpresas. Después de esa noche Granger no seria la misma, trabajaría con empeño en eso, solo debía esperar el preciso instante en que ella ablandara sus fronteras, entonces atacaría y cuando su raciocinio se fuera de vacaciones el tendría todas las de ganar, estaba seguro de ello. Quebrantaría su voluntad
-Malfoy – lo llamó - ¿Qué te sucedes? Tienes cara de idiota.
Su débil intento de ataque acentuó aun mas su sonrisa – Sigue, hablaremos todo lo que quieras.
Hermione entró con paso vacilante. Sentía el corazón palpitando con vehemencia. Había intentado parecer segura pero sospechaba que no lo había logrado. Esperaba que todo terminara pronto. Había cavilado toda la tarde acerca del asunto y ahora tenia clara una conclusión, había algo turbio en todo el asunto y las supuestas calificaciones de Neville serian la primera prueba que le ayudaría a esclarecerlo todo…… Lanzó un resoplido en su mente, había llegado la hora de contarles todo a Harry y Ron aunque esa perspectiva se le antojaba tan poco como lo que estaba apunto de hacer.
Un escalofrío le cubrió el cuerpo. Draco Malfoy acababa de cerrar la puerta de la habitación. ¡Merlín! ¿Qué estaba haciendo?
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Bien como lo dije al principio, el capi esta largo. Espero que con esto me disculpen la tardanza. Dejen Review, le aseguro que estos son los únicos que me animan a escribir.
A POR CIERTO ESTOY DE CUMPLEAÑOS ASI QUE CON MÁS RAZÓN DEJEN REVIEWS, GRACIAS
Nos leeremos pronto….
LilythWH
