Se pasaron casi toda la mañana observando los diferentes cambios de escenas, las correcciones del director de la obra,los descansos... Lestrade y John disfrutaron del espectáculo, sin más. Pero Sherlock no. Sherlock tenía la mente dividida en sus cavilaciones. Por un lado, quería entrar en su palacio mental e intentar llegar a la conclusión de porqué querría alguien asesinar a gente que trabajaba en el teatro. Por otro, las dulces miradas de Christine le hacían sentir algo que no sentía desde que cierta dominatrix, llamada La Mujer, por él mismo, entró en su vida y salió con la misma rapidez.
A la hora del almuerzo, el telón se cerró y los actores salieron del camerino, ya vestidos con su ropa normal. El actor principal, llevaba unos vaqueros arrugados, típicos de alguien de unos 40 años, como pensaba Sherlock. En cambio, Christine volvía a tener su pelo rojizo y su ropa. Pero no era la ropa cara que llevaba el día que entró en comisaria. Era una camiseta rasgada con forma de calavera y unas medias de rayas blancas y negras, que acababan en unas botas militares negras. El detective arqueó una ceja, lo que hizo que Christine ensanchara su sonrisa. Ambos actores fueron invitados a sentarse por Lestrade.
-Lamentamos acudir así-
-No se preocupe, nos gusta tener público, así nos pueden decir los fallos antes del estreno- Dijo el actor.
-Si quiere mi opinión creo...- A mitad de la frase, Sherlock se calló debido a una patada que John Watson le había dado discretamente por debajo de la silla. Aunque Christine se percató de ello, no dijo nada-Perdón, olvidémoslo. ¿Han notado algo extraño?¿Algún trabajador se ha mostrado extraño con ustedes?-
Ambos actores negaron para frustración de Sherlock. Aquél caso parecía complicársele, y el asesino ya le llevaba ventaja. Tenía que descubrir cual era el nexo que unía todos los crímenes, la motivación. Algo que le permitiese coger al asesino. Pero de momento no tenía nada. E iban por el camino de no descubrir nada.
Después de media hora intentando descubrir el que podía unir a los actores con el asesino, los hombres se dieron por vencidos y se levantaron dispuestos a irse, cuando Sherlock se dio cuenta de las miradas que el actor dirigía a Christine. Fue en ese momento, cuando se dio cuenta.
-Señorita Laforet ¿Ha tenido algún admirador anónimo?-Christine se limitó a arquear una ceja y mirarle con frialdad.
les doy importancia-
-¿Sherlock...?-El inspector y el doctor se pararon en mitad del pasillo mientras Sherlock y Christine se miraban con desafío.
-Claro. ¡Claro! ¿Cómo no he podido verlo antes? Está claro que el nexo no es algo, si no alguien. La señorita Christine Laforet-Todos los presentes se giraron hacia la pelirroja, que había abierto los ojos con sorpresa. Apenas podía pronunciar palabra, por lo que Sherlock continuó su análisis-Cuando observé las fotos, no me di cuenta, pero me acabo de acordar justo cuando el señor Marck ha mirado a la señorita Christine. Las víctimas habían trabajado de una manera u otra con Christine, por lo que el asesino está celoso. Un sentimiento algo estúpido y aburrido- Comentó Sherlock con desgana mientras el resto le miraba. Entonces se giró hacia el inspector- Lestrade, ponga vigilancia a la señorita-
-Oiga señor Holmes. Se ha olvidado usted de varios puntos: 1º No sé porque insinúa que todo esto tiene que ver conmigo. 2º No pienso permitir policías a mi alrededor ¿Entendido?-La voz firme y fría de Christine hizo que Sherlock se quedara observándola.
Aquella chica le iba a dar problemas.
