¡Muy buenas!
Quisiera dedicarle este capítulo a mi amiga maserratti, pues la princesa extraterrestre que veréis aquí está basada directamente en cómo la rolea ella. Mención especial también a Ricc-chan, Shirou81 y todos aquellos que me dejaron review en el primer capítulo.
¡Ale, se acabó la cháchara inútil! ¡Aquí tenéis lo que realmente importa, el segundo capítulo de "¡Tú no me entiendes!"! Espero que os guste~
Cogió dinero y preparó su bolsa de deportes, pero, a diferencia de siempre, no la llenó con su uniforme y demás material necesario para entrenar. Ese día se preparó unos consistentes bocadillos –manjar de dioses que al que había cogido gusto durante su estancia en la Isla Liocott, bendita mezcla de culturas–, se guardó las bolas de arroz que habían sobrado de la comida y escogió un par de botellas de bebida energética de la nevera (esa cosa le tenía enganchado del todo). Se despidió de su madre y salió a toda prisa de casa, rumbo a la estación de tren.
¿Su destino final?
Ohisama-En.
Lo primero que hizo Mamoru cuando bajó del tren fue zamparse las bolas de arroz y beberse de un trago toda una botella de su refresco revitalizante favorito. Recogió sus cosas a toda prisa y salió corriendo hacia el orfanato donde muchos de sus ahora amigos se habían criado.
Llamó a la puerta una vez. Dos veces. No obtuvo respuesta alguna tras unos minutos de espera. Justo cuando iba a llamar por tercera vez, la puerta corredera se abrió.
–¡Nemu-nemu! –exclamó el capitán del Raimon. Un adormilado Miyuki Nemuro había salido de la cama para ver quién llamaba.
–¿Hm…? ¡Oh, Endou-kun! ¿Qué haces tú por aquí? –preguntó y pensó el portero de Genesis. «Y más a estas horas…»
–¡He venido a hablar con Yagami!
De todas las respuestas posibles, ésa fue la que más pudo haber sorprendido jamás al hombrecito.
El joven de cabellos esmeralda llevó a Endou hasta la habitación de Yagami, no sin antes advertirle de que estaba de un humor de perros. Aún más de lo normal, quiso decir.
«No sé cómo alguien puede enfadarse con una chica tan dulce y mona…», pensó Endou. Pronto se daría cuenta de lo equivocado que estaba. O quizás no tanto.
El capitán del Inazuma Japan entró lentamente en la habitación de Reina, la cual estaba totalmente en penumbra.
–¿Yagami-ch-pfhm! –un cojín golpeó con fuerza la cara de Mamoru. Éste se sacudió un poco y trató de acercarse a la chica.
–¡Ah, disculpa por entrar de repente...! Soy Mamoru Endou, ¿te acuerdas de m–pfhm! –un segundo cojín se estampó contra la faz del guardameta, produciendo un sonido seco bastante cómico.
–Claro que me acuerdo, imbécil. –refunfuño la antes conocida como Ulvida–.Y aunque me hubiera olvidado de ti, Hiroto no para de… de… –Reina apartó la mirada bruscamente, ocultando su cara en la oscuridad del cuarto.
Endou vaciló, sin moverse del sitio aún, por miedo a recibir otro cojinazo por parte de la temperamental princesa extraterrestre.
–L-la verdad es que de eso quería hablarte, precisamente… –dijo el chico, dando un paso adelante–. Estoy muy preocupado, y creo que eres una de las únicas personas que puedes ayudarme ahora mismo. Por favor, Yagami-chan, ¡sólo quiero lo mejor para todos!
Mamoru habló en tono triste, frustrado y hasta receloso. Cada vez que pensaba en la situación de su equipo tenía que hacer grandes esfuerzos por no derrumbarse.
Reina, por su parte, sólo pensaba en quién le había dado permiso a aquel estúpido cabeza de balón para llamarla "Yagami-chan". Tenía suerte de que le admirase, porque si no le daría la paliza de su vida por tal osadía.
Yagami se levantó y se acercó a Endou, lentamente. Le dio un codazo en las costillas por blandengue y por pasarse de amistoso con ella y, mientras el chico aullaba de dolor, ella asintió. Por una vez, y sin que sirviera de precedente, se dejaría ayudar.
«Más te vale no acostumbrarte a esto, porterucho».
El cabezota y la chica de cabellos celestes salieron al jardín y se sentaron en el porche. Mamoru, nervioso, le contó lo que había pasado tras la discusión que había tenido la pareja, y cómo Hiroto y Kazemaru estaban ahora juntos.
–…Tch. ¡Será imbécil! –dijo Yagami entre dientes–. ¡Ya puede ir yéndose a tomar viento!
La única razón por la que no dijo algo mucho peor fue porque estaba hablando con Endou, y en el fondo no quería que pensase mal de ella.
–¡No…! –replicó Mamoru–.Hiroto está confuso, y lo que pasa es que Kazemaru estaba ahí cuando necesitó a alguien con quien desfogarse. Pero debes perdonarle, Yagami-chan…
«Tu vida peligra como sigas llamándome eso tan a la ligera…», pensó Reina, aunque también lo masculló suavemente. Una pena que nuestro capitán favorito tenga la cabeza llena de aire y no se diera cuenta.
–Que haga lo que le dé la gana. ¡Si quiere quedarse con ése, adelante! ¡Estoy mejor sin él!
Endou suspiró tristemente.
–¿Sabes? Hiroto siempre me hablaba de ti durante el FFI. Decía que tenía ganas de verte de nuevo.
–¿En… en serio? Bah… –tartamudeó la joven, tratando de ignorar esas cosas tan bonitas que le estaba contando su cómplice.
–La verdad… –Mamoru rió suavemente–,me parecía hasta raro que Hiroto pudiera hablar de alguien así. Lo que pasa es que ahora no sabe lo que hace. Está enfadado y tiene la cabeza nublada. ¡Pero te prometo que haré todo lo que pueda por ayudaros, Yagami-ch-…!
–¡NO ME LLAMES ASÍ, M-MALDITA SEA! –interrumpió Reina al tiempo que se ponía roja como un tomate–. ¿¡Quién te ha dado permiso para que te tomes esas confianzas, imbécil! ?
Mamoru se quedó mirando fijamente a la chica, no asustado, sino sorprendido.
–P-perdona, creí que podría llamarte así ya que somos amigos, Yagami…
–¡…Pregunta primero, animal! –resopló Reina, cruzando los brazos y cerrando los ojos. «M-maldición, no quería…»
Endou se quedó callado por un momento. Un "lo siento" apenado salió de sus labios.
Yagami titubeó.
–…Pregunta.
Mamoru dudó por un instante.
–¿…Puedo llamarte "Yagami-chan"? –dijo lentamente.
La chica asintió, tan lentamente como su nuevo, uhm, ¿amigo? había preguntado.
Silencios incómodos por todas partes.
–¡B-bueno! ¿Qué me dices a mi idea…? –tartamudeó el portero para romper la pausa.
–…Te lo agradezco. Pero no tienes por qué hacer esto.
–¡Eh, que también me afecta a mí! –replicó Endou–.¡Mi equipo se desmorona! En cierto modo, estoy siendo egoísta…
Yagami negó con la cabeza.
–No, Endou-kun. Dice mucho de ti.
Y Yagami, por primera vez en días, sonrió. Una sonrisa dulce y tierna, absolutamente impropia del carácter que dejaba ver a los demás, pero que podría iluminar el más oscuro de los cielos con su puro resplandor y ayudar al más triste de los corazones a encontrar su rumbo perdido. Eso, junto a que sus ojos se llenaron de lágrimas, creó una estampa adorable. Una visión que haría las perder la cabeza a cualquier hombre.
Menos a Mamoru Endou, por supuesto. Éste se limitó a devolverle una pequeña sonrisa, tratando de animar a la triste chica.
–¿Entonces, me ayudarás con todo esto… Yagami-chan? –preguntó el portero.
Yagami asintió de nuevo.
–Endou-kun… Le… le echo de menos…
Reina no pudo contenerlo más. Se abrazó a aquel chico al que tanto admiraba por su determinación y espíritu de lucha, hundió su cara en el pecho de éste y comenzó a llorar desconsoladamente.
Mamoru se despidió de todos, y le pidió disculpas a Nemuro por haberle despertado de la siesta. Por suerte, el chico tenía un carácter muy afable y le dijo que no se preocupase por ello.
Se sentó en un banco cercano y se comió uno de sus bocadillos y media botella de bebida energética, y decidió dejar el otro bocadillo y lo que quedaba de refresco para el entrenamiento del día siguiente por la mañana con Handa. Mientras volvía en el tren a su casa, se quedó mirando por la ventana, pensando en cuál debería ser su siguiente paso. Y se dio cuenta de que había un factor con el que no había contado aún.
¡Resumiendo…! Endou va al Ohisama-En, el orfanato donde se criaron los miembros de la Academia Aliea, con la intención de hablar con Yagami, pues la relación entre Hiroto y Kazemaru le afecta pues es la ex novia del primero.
¿Conseguirá Mamoru que Hiroto y Reina hagan las paces? ¿Qué pasará con Kazemaru? ¿Lograré alguna vez hacer capítulos que no pasen las mil palabras y no den miedo sólo con ver su longitud? ¿Y ese factor con el que Endou no había contado? ¡Seguid leyendo para saber más! ¡Nos vemos!
