Christine POV

El día había empezado mal. Primero, su móvil había olvidado activar la alarma, después, debido al jaleo debido a los JJOO que se celebraban en Londres, habían cerrado su parada de metro habitual y había tenido que caminar hasta el teatro, donde, después de dos horas colocándose la peluca castaña de Christine Daaë y el vestido, había tenido que actuar delante de los policías y aquél entrometido detective de tres al cuarto que creía que podía ver todo a través de todos, cosa que no era cierta, ya que Christine no se lo iba a poner difícil.

Después de terminar la actuación, Christine había tenido que enfrentarse a las preguntas impertinentes de Sherlock Holmes, el cual, insinuaba que la culpa de los asesinatos era suya. ¡Suya! ¿Quién se creía ese hombre que era? Christine había salido como una exhalación del teatro y se había dirigido al camerino, donde, había encontrado una rosa de color salmón. La cara de la chica había empalidecido,ya que, hacía varias semanas que alguien le mandaba esas rosas, justo antes de los asesinatos. Christine cogió sus cosas y salió del teatro dirigiéndose a su casa.

Sherlock POV

-Increíble-

-¿Qué pasa John?- Sherlock estaba observando la pantalla del teléfono, ya que se encontraba mandando un mensaje para que Lestrade le mandase toda la información que fuera relevante para él. No estaba por la labor de escuchar como su compañero de piso admiraba sus capacidades deductivas.

John, en cambio, sabiendo lo que estaba pensando Sherlock, espetó:

-Podías haber tratado a Christine mejor-

Sherlock se limitó a contestar un ''Ajám'' bajo lo que hizo que John resoplara y se exasperase. Sherlock no le estaba haciendo caso alguno, y necesitaba que le prestase un poco de atención. El doctor debía comportarse como una niñera. Sherlock no solía saber como tratar a sus clientes, a los acusados, o a quien fuera. No era su área. John chasqueó los dedos delante de la cara del detective y le quitó el teléfono, lo que hizo que Sherlock soltase un '¡Eh!'

-¿Me has oído?Has molestado a la señorita Laforet, y si tan seguro estás de que pasa algo con ella, no deberías hacerte el arrogante. Ella no parece una chica que se calle las cosas y necesitamos su colaboración,Sherlock-John tenía sus ojos clavados en los grises del detective, lo que le hizo resoplar a éste último. Aunque no lo admitiera, tenía razón. Christine era la clave, estaba seguro, pero necesitaba que colaborase.

De repente, el taxi en el que se encontraban pegó un frenazo y ambos entraron en el 221B de Baker Street justo cuando comenzaba a llover.

Christine POV

La chica había subido por el ascensor hasta el ático de un edificio elegante de Londres. Ese ático tenía de especial, que poseía un ventanal desde el cual se observaba toda la ciudad, que se alzaba magnífica, elegante y luminosa.

Christine saludó a su vecina, una señora de 40 años que había perdido a su marido hacía 10 años en un accidente. Le caía bien ya que le recordaba a su madre. La señora Stanford, como se llamaba, solía cuidar del gatito y del perro de Christine, los cuales se llamaban Emilie y Sugar respectivamente, ya que Christine solía abandonar Londres a menudo.

Introdujo la llave de su casa y la giró, abriendo la puerta mientras oía las pequeñas uñas de Sugar rascando la madera de calidad y a Emilie llamándola, seguramente tumbada desde un sofá del salón para que Sugar no la encontrase.

Al entrar en su casa, Christine soltó la bandolera de My Chemical Romance que llevaba, característica de ella, y observó el lugar. Aunque solo estaba en el pasillo, notaba como su casa estaba extraña. Como si algo hubiera cambiado. Christine se aproximó al salón y encendió la luz mirándolo todo.

No era una sensación.

Alguien había entrado en su casa.