Cuando Fanfiction se pone hijo de la grandísima p&?/, lo hace con ganas. En este capítulo, podréis ver una escena en la que intervienen Mamoru y sus padres. Bien, he tenido que reescribirla AL COMPLETO porque a la página le ha dado por irse a yo-que-sé qué apartado sin dejarme guardar antes cuando trataba de hacer una copia de seguridad. Por supuesto, por el mero hecho de rehacerlo de memoria, la nueva redacción no es tan buena como la primera. Por no variar, vamos. Si al menos mi Word no petara tan abundantemente... D:
Ah, bueno, ¡bienvenidos a otro capítulo más de "Tú no me entiendes"! Bueno, ¿qué decir? En este capítulo veréis ya por fin al "pobre" Midorikawa más profundamente, que sé que muchos (a quién quiero engañar, sólo me leen mujeres, es mejor decir "muchas" xD) queríais que hiciese ya acto de presencia. Si hablamos de dedicatorias, pues no hay ninguna en concreto, la verdad. Quizás a Miyu por ser mi Fubuki favorita, pero como no entiende ni papa de español y mi inglés no da como para traducir una cosa de éstas, pues se quedará en mera anécdota. ...Y eso.
Una cosilla: en cierto punto, se hace mención a Aki. Para que comprendáis al 100% la situación, os diré que el estado es el que queda tras el segundo capítulo de otro de mis fics, titulado "Es casi fraternal". No es por hacer spam, eh, es sólo por avisar por si acaso xD
Como ya he dicho, en este capítulo aparecen dos de mis personajes secundarios favoritos: ¡los padres de Mamoru! Los adoro y ni yo sé por qué, si no hacen nada. Pero ahí queda eso. Ahora, arreando a por el capítulo, que es gerundio.
En principio se hubiera quedado donde estaba, pero las circunstancias del momento le obligaban a volver a la concentración para enfrentarse a su sino. En cierto modo, sería más fácil así; era mejor tratar con los afectados de uno en uno. El traqueteo del tren bala no le impidió sumirse en un profundo letargo, aunque por desgracia no puedo aprovecharlo: las pesadillas acerca del problema de su equipo contaminaron sus sueños, impidiéndole descansar. De hecho, cuando despertó debido al frenazo del convoy, sintió su cuerpo aún más pesado que antes de dormir. Notaba cómo su cabeza daba vueltas, provocándole dificultades para andar, al menos al principio.
Sacudió la cabeza y se tambaleó hasta la salida del vagón, no sin antes recoger su equipaje. Se paró un rato en una zona de bancos cercana a la estación de tren de Inazuma, dispuesto a terminarse lo que le quedaba de almuerzo, básicamente sus dos bocadillos –manjar de dioses– y lo poco que le quedaba de bebida energética. Acabado de engullir el primer bocadillo, se dispuso a empezar el segundo, pero acabó decantándose por compartirlo con el invitado que acababa de hacer acto de presencia. Aquél a quien buscaba.
–¡Mido-mido! –exclamó Endou.
Un joven de ojos negro azabache y cabellos verde pistacho recogidos en una coleta apareció ante el capitán del Raimon. Eran más o menos de la misma altura, si obviamos los estrafalarios peinados, claro.
Ryuuji Midorikawa, ahora centrocampista del Inazuma Japan, ofreció una pequeña sonrisa, forzada y desganada.
–…Hola, capitán –dijo con voz apagada. Mamoru le hizo señas para que se sentase a su lado, y, como ya se ha dicho, le dio el bocadillo que aún no había empezado a comerse. Ryuuji lo aceptó con alegría; su depresión le había tenido sin comer, pero el ver la cara amiga de su capitán (y la deliciosa pinta que tenía aquel manjar de dioses) le había deshecho el nudo del estómago en un momento.
–¿Qué haces por aquí? –preguntó el cancerbero.
–Sólo trataba de despejarme la cabeza… y perder un rato de vista a esos dos lapas –respondió Midorikawa, dejando ver una pequeña mueca de asco y repulsión–. Ya sabes lo que dicen: "ojos que no ven, corazón que no siente."
El amor de Midorikawa por los dichos y las frases hechas era, como siempre, más que patente.
–Ya veo…
Era un tema tan peliagudo y a Midorikawa se le veía tan afectado que Mamoru no supo cómo hablarle a su compañero. De momento, pensó que lo mejor sería dejar que acabase de comer.
El capitán tomó aire y, tan pronto como Ryuuji tragó el último bocado, le espetó al "ex–traterrestre" un "tenemos que hablar" de los que hielan la sangre. El centrocampista ya se lo estaba viendo venir de lejos, pero aún así, oírlo le hizo estremecerse. Balbuceó, pero, incapaz de articular una sola palabra, acabó asintiendo para indicarle al guardameta que podía comenzar a decir lo que tuviera que decirle.
–R-ryuuji… –comenzó éste–. Antes de nada, quiero que sepas que sólo quiero lo mejor para todos.
Mamoru esperó a que Midorikawa respondiera, pero visto que el nudo que tenía en la garganta aún le impedía hablar, prosiguió.
–…Entiendo lo que sientes, Mido-mido. Y sé cuánto duele verles así. ¡Pero quiero que entiendas que ésta no es sólo tu lucha…! ¡Su comportamiento me afecta también a mí y a todo el equipo!
Midorikawa se quedó observándole durante un momento, con una mirada tan seca como vacía. No había oído absolutamente nada tras "sé cuánto duele verles así".
–…Jé. Perdona que te lo diga así, capitán, pero tú no sabes nada –replicó Ryuuji, irritado. Todos sus males y dificultades para hablar parecían haberse desvanecido de golpe.
–Pero lo que están haciendo también nos afecta a los demás, te lo acabo d-
–Cállate. CÁLLATE.
Mamoru se sorprendió de la violenta reacción de Midorikawa, pero le dejó continuar.
–Tú… Tú no sabes lo que siento. Estaba enamorado de Hiroto desde hace mucho, y aunque respetaba su relación con Yagami, sentí que debía confesárselo. Y lo hice. Él sabía que yo estaría a su lado para cualquier cosa. Pero ahora, se enfada con ella y, en vez de venir a mí en busca de ayuda, se queda con ese pitufo tuerto de Kazemaru y, encima, me restriega por la cara que es a él a quién quiere ahora, sobándole en medio de los entrenamientos… Ya ni siquiera el fútbol me distrae del tema. Hiroto es imbécil, Kazemaru es imbécil y yo soy más imbécil aún por querer a un imbécil. …Mierda.
Endou había colapsado. No sabía qué decir para animar a su compañero, pero decidió intentarlo de todos modos.
–M-midorikawa… Creo que te entiendo. B-bueno, nunca he tenido novia ni nada de eso… De hecho, no estoy seguro de si me gusta nadie siquiera, pero…
–Entonces no creo que puedas comprenderlo, capitán. Me da igual lo mucho que quieras a Aki, tú no la has visto en los brazos de otro.
El aludido se sonrojó violentamente, pero sacudió la cabeza para no pensar en ello. Aki no tenía nada que ver con eso.
–Ya lo sé, pero debes entender que los sentimientos de Hiro-hiro-
–¿Y qué hay de los míos? –cortó Ryuuji–. ¿Qué hay de este peso del que no consigo deshacerme y que se acentúa cada vez que veo a esos empalagosos dándose el lote? "La gran victoria es la que sin sangre se toma", capitán. Pero yo lloro sangre cada noche. Aunque claro, "cada asno con su tamaño". Es normal que los imbéciles se junten entre ellos.
–Espera, Midorikawa, y por favor, déjame hablar…
Ryuuji asintió enfurruñado, y Mamoru se dispuso a repetir el discurso que tan bien había acabado funcionando con Reina.
–…Hiroto está confuso. Fue un duro varapalo para él pelearse con Reina –por alguna razón, Midorikawa no pudo evitar extrañarse al ver que su capitán se refería a la chica con tanta familiaridad–. Y, durante su depresión, encontró que Kazemaru le escuchaba y le reconfortaba, supongo, así que acabó aferrándose a él para tratar de no sufrir. No es que no confíe en ti, es que Kazemaru se presentó antes. Se agarró a lo que se le puso más a mano...
–"Más vale malo conocido que bueno por conocer", eh… –dijo Ryuuji en un suspiro. Se reclinó sobre sus piernas, apoyando sus brazos en sus rodillas–. Supongo que es verdad, pero no deja de doler por eso.
El cancerbero le dio unas palmaditas en la espalda al centrocampista.
–Creo que lo mejor que puedes hacer es olvidarte de él y tratar de seguir adelante…
Algo estalló dentro de Midorikawa.
–¿Olvidarme de él? –el ex alienígena esbozó una sonrisa sarcástica e irritada–. ¿Qué demonios te crees que son mis sentimientos, Endou? ¿Algo que puedo conectar y desconectar pulsando un maldito botón?
–No es eso, pero...
–"Con la medida que mides te han de medir", capitán. No creas que no recordaré lo que acabas de decir.
Se levantó irritado y le dio la espalda al portero. Le habló sin dignarse a mirarle.
–¿Sabes? Hay un dicho que recoge bien la idea. "Como soy del campo, aquí me zampo". No te metas en asuntos que no te conciernen. Jé, aunque ya sé que no debe de ser fácil para alguien como tú.
–P-pero, Midorikawa…
–Tú no me entiendes, capitán. Ni a mí, ni a ninguno de los afectados. "Jurado de aldea, quien quiera lo sea", o eso dicen. No tienes por qué arreglar la vida de nadie, y menos de una forma como ésa. Idiota.
Ryuuji se alejó con las manos en los bolsillos, irritado.
Mamoru trató de reflexionar, de verdad que lo hizo. Analizó la conversación en su cabeza, y llegó a la –errónea– conclusión de que no podía decirles qué tenían que hacer ni a Hiroto, ni a Ryuuji ni a ninguno de los involucrados en el drama privado de Inazuma Japan. Pero, si no podía guiar sus pasos, ¿cómo podía ayudarles?
Llegó a casa mientras aún le daba vueltas al tema. Saludó con el típico "ya he llegado", y Atsuko, su madre, le devolvió el saludo cariñosamente. Por su parte, Hiroshi, su padre, le invitó a sentarse a su lado mientras su esposa preparaba la cena.
Atsuko era físicamente muy parecida a su vástago. Su cara y sus ojos eran redondeados, al igual que los de su hijo. Incluso compartían esas características patillas, además del color del pelo y los ojos. Sin embargo, y a diferencia de su hijo y su padre, Atsuko no una persona impetuosa en absoluto. La verdad es que era bastante recelosa, pero sólo porque se preocupaba mucho por los suyos, al igual que Mamoru y Daisuke. Podríamos decir que era una diferencia dentro de una similitud.
Nadie hubiera dicho que Hiroshi era el padre de Mamoru; sus igualdades a flor de piel se limitaban a los ojos, pero en el interior eran muy parecidos. Al igual que Mamoru, Hiroshi era un entusiasta del fútbol, si bien respetaba la opinión de su madre cuando ésta decía que podría ser peligroso para el pequeño de la casa. De hecho, en su juventud, Hiroshi había sido un gran atleta, pero la vida de oficinista le dejaba tan poco tiempo libre que había dejado de hacer ejercicio casi totalmente. Además, el exceso de quehacer, que le llevaba a trabajar hasta altas horas, le había provocado una ligera miopía a causa de forzar demasiado los ojos. Por todo esto, su relación con el fútbol se limitaba a ver partidos de vez en cuando, aunque, cómo no, sentía predilección por las grabaciones de los encuentros disputados por su hijo. El carácter de Hiroshi era mucho más animado y conformista que el de Atsuko, y no veía ningún impedimento en que su hijo jugase al fútbol; de hecho, siempre le había animado a ello en secreto –y es que si su madre se hubiera enterado, ambos habrían pagado las horribles consecuencias–.
Fueran cuales fueran sus diferencias, ambos tenían un único propósito: conseguir que Mamoru creciera feliz, sano y llegase lo más lejos posible en la vida. Como cualquier padre que se precie, vamos. Y, por supuesto, sabían a un kilómetro de distancia cuándo algo rondaba la pequeña cabecita de su retoño.
Hiroshi rodeó los hombros de su sucesor con el brazo en cuanto éste se sentó a su lado.
–¿Te preocupa algo, Mamoru? –preguntó el padre.
–Ah, bueno... Es que en mi equipo hay algunos problemas y no sé qué hacer...
–¿Mal de amores? –inquirió Atsuko mientras traía el sukiyaki de la cena. El simple olor de la comida levantó un poco el ánimo al joven.
–¿Cómo lo has sabido? –preguntó extrañado Mamoru.
–Es comprensible, ésos suelen ser los temas más difíciles de tratar –respondió Hiroshi, sonriendo–. Hijo, tu elocuencia no sirve para todo, me temo. Hay cosas que es difícil solucionar incluso con el mejor de los discursos.
–Pero tengo que hacer algo, papá...
–Vamos a ver, ¿pero qué es lo que pasa exactamente?
Mamoru, como buen hijo que era, respondió con pelos y señales a la pregunta de su madre.
–Oh, ¿Kazemaru? Con lo buen chico que ha sido siempre... –dijo Atsuko preocupada.
–A mí lo que me extraña es lo liberales que son los chicos de hoy en día. Cuando yo era joven, los chicos salían con las chicas, ¡y ya eso costaba lo suyo!
Mamoru asintió. A veces, cerraba los ojos con fuerza y deseaba al cielo que el amor se conviertese en un tema del que sólo los adultos debieran preocuparse. Algo que no se activase hasta tener cierta edad. Sería mucho más fácil hacer feliz a su equipo sin cosas así, y podría centrarse en lo que realmente importa en la vida, como comer, entrenar, dormir, entrenar, crear nuevos hissatsus, pasar tiempo con la familia, entrenar...
–¿Qué puedo hacer, entonces...? –preguntó el chico.
–Bueno, Mamoru, hay veces en las que debes dejar que las cosas avancen por sí mismas. Ellos deben ser quienes arreglen sus problemas, no tú.
–Aunque siempre puedes tratar de darle un empujoncito al asunto –añadió Atsuko a lo que su marido acababa de alegar.
–¿Em... empujoncito? ¿A qué te refieres, mamá?
–Hijo, me temo que en eso ya no podemos ayudarte, es algo que tendrás que pensar por ti mismo. Nadie más que tú conoce todo lo que ha sucedido. Si de verdad quieres ayudar, ya sea porque lo notas como deber al ser el capitán o porque crees que siendo su amigo debes echarles una mano, tendrás que buscar tu propia manera de actuar. Pero ten en cuenta que una persona enamorada no atiende a demasiadas razones; aunque por lo que has dicho, de eso ya debes haberte dado cuenta. Si las palabras no sirven, pasa a los actos, pero no trates de hacerlo todo tú solo. Cuanto más intentes influir, a peor irá la situación, ya que, además, se enfadarán contigo también.
Mamoru se sorprendió ante el pequeño discurso de su padre. Tenía sentido, y merecía la pena probar. Total, peor no iba a dejar las cosas.
¿Verdad?
Antes de acostarse, el joven arquero hizo una llamada.
–¿Sí~?
–¡Fu-fu!
–Ah, buenas noches, capitán~ –respondió dulcemente Shirou Fubuki, compañero de equipo de Endou desde que fue reclutado por el Raimon para combatir a los extraterrestres–. ¿Necesitas algo?
–Ajá. Oye, Fu-fu, tú que sabes más de estas cosas que yo... ¿Cómo ves la situación entre Hiroto y Kazemaru?
–Uhm~... Bueno, se les ve bastante unidos.
–Sí, pero ya has visto cómo reacciona Mido-mido.
–Sí, Midorikawa-kun parece afectado. ¿A qué viene este tema, de todos modos?
–A ti los temas amorosos se te dan mejor, ¡todas las chicas van a por ti! Pensé que podrías echarme un cable.
Fubuki rió suavemente y sonrió para sí.
–Puede ser. Pero de todos modos no sé tanto; no hago nada especial. A mí es que me gustan las damas en general~
–Ya, pero pensé que tú serías el único que podría ayudarme.
–Podrías haber llamado a Rika-chan~
Ambos estallaron en una alegre y desenfadada risotada. Contarle algo así a Rika era firmar una sentencia de muerte.
–No, en serio, Fu-fu... ¿Tú qué crees?
–Bueno~... Creo que deberíamos hacer algo. ¿Has hablado con ellos?
–Con Kaze-kaze y Mido-mido. Y creo que sin resultados... No buenos, al menos.
–...Ya veo. ¿Y si tratas de actuar "más disimuladamente"?
–¿Uh?
–No lo sé~ Simplemente no vayas directamente y a saco como sueles hacer. Siento decirlo, capitán, pero es uno de tus defectos. Piensa que, a veces, el camino más largo es mejor que el recto~
–El camino largo, eh...
Mamoru se despidió afectuosamente de su amigo y ambos colgaron. Esa noche, el capitán del Inazuma Japan apenas durmió, dándole vueltas a lo que su padres y Fubuki habían dicho. Un método que no fuera tan directo, ajeno a tratar de convencerles. Una manera de hacerles ver lo que estaban haciendo mal, supuso.
«Estas cosas parecen mucho más fáciles en la tele...».
¡Taratachán! Por fin he acabado el capítulo a pesar de TODAS las dificultades: las clases, los exámenes, la falta de tiempo y de inspiración, EL MAXIMUM TROLLING DE FANFICTION... Ni os imagináis cuánto tiempo ha pasado desde que empecé el capítulo hasta ahora.
¡Sinteticemos, pues! Endou se encuenta finalmente con Midorikawa, con el que trata de razonar. Cuando parece que lo ha conseguido, cómo no, mete la pata hasta el fondo y sólo consigue agravar la situación. Tras hablarlo con sus padres y con Fubuki, sólo saca en claro que debe dejar de tratar de convencerlos individualmente de su error.
¿Qué hará el joven Mamoru para tratar de solucionar esta espinosa situación? ¿Qué piensa el resto del equipo de esta parejita tan empalagosa? ¿Le devolverá alguna vez Midorikawa el bocadillo a su capitán? ¡Todo esto, y puede que hasta algo más, en los próximos capítulos!
