Os debo una disculpa (mentira, porque esto no lo lee nadie XD). He estado bastante comido de tiempo estos últimos días/semanas, cosa que me ha imposibilitado escribir propiciamente y en las cantidades que debiera. Además de eso está mi blog, al que tenía casi abandonado desde que empecé a escribir fics y al que, al encontrarme con nuevo material acerca del que escribir, he dedicado más tiempo estos días. Pero en fin, ¡aquí está la nueva entrega de este fic por fin, y otro capítulo más está a punto de llegar!
¡Bienvenidos al cuarto capítulo de "Tú no me entiendes"! En este capítulo hay más fanservice EnYaga, y es que mi cuerpo me lo pedía aunque fuera de manera light. No soy de escribir smut, así que tendréis que contentaros con esto. :''D Oh, y perdonad si hay alguna errata o lo que sea; después de tanto tiempo, creo que mi eficiencia a la hora de autocorregirme ha bajado LOL
En fin, ya os sabéis la canción, así que me dejo de rodeos. ¡Al turrón!
"El camino largo".
Mamoru seguía sin comprender a ciencia cierta qué quiso decir su invernal compañero de equipo con aquellas palabras. De momento, se limitó a hacer lo que creyó haber entendido cuando habló con su padre: no meter las narices si no era necesario. Por eso, en un principio, se limitó a hablar con aquellos que aún le escuchaban, al menos en parte. Aquellos que, una vez, fueron pareja.
«Como siga cogiendo el tren con mi dinero, voy a arruinarme… », se lamentó Mamoru mientras se dirigía, una vez más, al Ohisama-En. Al menos, le alegraba saber que los que allí estaban le recibirían con los brazos abiertos. Todos salvo Midorikawa.
Endou llamó a la puerta del orfanato. Sin embargo, de nuevo, la reacción fue lenta.
–Ve a abrir, Kuri.
–¡No seas gandul, Mutou, abre tú!
–Estoy bebiendo té.
–¿Y yo no o qué? Ya podrías ser más caballeroso.
–…Deja que primero encuentre a una dama con la que serlo.
–¡Imbécil! ¡Te vas a enterar!
–¡AAAAAH! ¡En la cara no, en la cara no!
Mamoru llamó de nuevo, más fuerte. Acudió a su llamada un chico de su misma altura, de tez morena y pelo blanquecino.
–Ey, Endou. ¿Otra vez por aquí?
–¡Como siempre!
–Disculpa a esos dos tarados. Ya sabes cómo son Fuuko y Satoshi.
–Sí, tienen carácter... En fin, ¡me alegro de verte, Sega-sega!
–…No me llames eso.
Ryuuichirou Segata era otro de los afectados por los motes de Endou; es decir, uno de los que no los soportaba. Sin embargo, Gouenji y Fudou eran los únicos que, de algún modo, conseguían que Endou reprimiese el impulso de utilizar nombrecitos que avergonzaban tanto al apelado como al propio portero, aunque este último no se diese cuenta.
–¿Dónde están…?
–Yagami debe seguir en su cuarto, y Ryuuji… pues no lo sé, pero ayer seguía de un humor de perros. Él y Yagami tuvieron bronca.
–Es bastante frustrante no conseguir ninguna mejora…
–No creas –dijo el antiguamente conocido como Zel, encogiéndose de hombros–. Se la ve algo más animada. Al menos ya vuelve a discutir.
Mamoru sonrió levemente.
–¡Si vuelve a ser ella misma, merece la pena el esfuerzo! Voy a verla; tú, eh…
–Sí, trataré de retener a Ryuuji. Lo que menos quiero ahora es que haya pelea por culpa de su cabezonería. Sé que sólo quieres ayudar, Endou, y te lo agradezco; pero, con ese humor, creo que él no debería ni verte de momento.
–Sí, tienes razón… Ya habrá tiempo para eso. Buena suerte, Sega-sega.
–…Gracias, Endou.
La puerta estaba abierta. Se la encontró desgarrando de cuajo la cabeza de un conejito de peluche. Mamoru, de algún modo ya acostumbrado a esas reacciones, le dio un par de golpes a la puerta con los nudillos antes de acercarse a ella.
Reina se asustó y, rápidamente, escondió el peluche roto tras su espalda.
–¡E-endou, te tengo dicho que no vengas aquí sin avisar! –gritó Yagami, furiosa y avergonzada por haber permitido que el portero viera uno de sus arrebatos de furia. Sin embargo, el recién llegado se limitó a sonreír.
–Lo siento, ¡procuraré recordarlo esta vez! –respondió entre risas el joven de la cinta en la cabeza–. ¿Un mal día?
–Tsk. Ni que fuera a contártelo a ti –resopló la enervada chica–. ¿Quién eres tú, mi psicólogo?
–¿Qué? ¡Claro que no! ¡Yo sólo soy tu amigo, Rein- digo, Yagami-chan!
Reina le lanzó una mirada de profundo rencor: el guardameta tenía absolutamente prohibido llamarla por su nombre porque, según ella, ése era un privilegio del que tan sólo unos pocos podían disfrutar; de igual manera, se negaba en rotundo a llamar a Endou por su nombre de pila. De todos modos, para Mamoru ya era un gran avance haber conseguido llamarla "Yagami-chan" sin que ésta sintiese el deseo de partirle las piernas.
–…Y quién te ha dicho a ti que yo sea tu amiga.
–Bueno, ¡al menos no me lo has negado!
–…Touché –respondió Yagami, poniendo los ojos en blanco.
La sonrisa de Mamoru se amplió notablemente, mientras que Reina apenas torció un poco la boca. El chico, creyendo sinceramente que aquel amago de sonrisa le daba luz verde, se sentó al lado de la malhumorada huérfana.
–¿Qué tal estás hoy, Yagami-chan?
–Igual que ayer –contestó ella, encogiéndose de hombros–. ¿Qué clase de cambio puede darse en un solo día? Por el amor de Padre, es que no me dejas en paz ni a sol ni a sombra…
–Sólo quiero asegurarme de que estás bien. Somos… bueno, te considero mi amiga; ¡es normal que me preocupe por ti!
–¿Pero, por qué? ¿Por qué crees que somos amigos? Tú… ¿Por qué querrías a alguien como yo en tu vida, sea del modo que sea? –el rostro de Yagami se entristeció de golpe. Sentada en la cama, dio la espalda a Endou y se encogió, abrazándose a sus propias piernas, en gesto defensivo. El destrozado peluche quedó expuesto, pero ya no le importaba.
–…Todo el mundo me da de lado últimamente, qué más me da. Incluso… él.
–¡Eso no es verdad! –replicó el portero, frunciendo el ceño. No estaba enfadado en absoluto, pero tenía que ser fuerte tanto por ella como por todos los demás.
–Tú que sabrás… –Yagami hundió la cara entre sus piernas, ocultándose aún más.
–¡Pues claro que lo sé! ¿Es que crees que la gente de aquí no está preocupada por vosotros? ¿Qué no les da pena veros a todos en este estado? ¡Lo que pasa es que se sienten impotentes porque no saben qué hacer para ayudaros…!
–Si Padre estuviera aquí… –titubeó, asustada.
–¡Lamentarse no sirve de nada ahora, Yagami-chan...! ¡Debemos ser fuertes y dar lo mejor de nosotros mismos para superar este pequeño bache y que todo vuelva a la normalidad!
–Endou-kun…
–¿Sí?
–¿Por qué eres tan amable conmigo si apenas me conoces?
–Ya te lo he dicho: eres mi amiga. ¡Es lo menos que puedo hacer!
Yagami cerró los ojos.
–Me… alegro.
–Yagami-chan…
Despacio, Endou estrechó a la chica, a sus piernas y al conejito entre sus brazos, reposando su barbilla sobre el hombro de ésta. A pesar de que se sorprendió y sintió el impulso de apartarle, la temblorosa y triste Yagami dejó al capitán del Raimon quedarse allí. Recostó su cabeza sobre la del chico y se quedó muy quieta, dejándose querer. La reconfortante sonrisa de Mamoru no desapareció hasta que consiguió contagiársela a Reina, aunque fuese mínimamente.
–Gracias por todo.
–No hace falta que digas nada, Yagami-chan. ¡Está bien!
–N-no… –replicó Reina, sacudiendo la cabeza ligeramente–. ¿No hay nada que… yo pueda hacer por ti…?
–Ahora que lo dices… Puede que sí –sonrió Endou, divertido.
–…La verdad es que hace bastante que no hago esto.
–¡No te preocupes, el fútbol sale del corazón! ¡Vamos allá!
Yagami asintió y se lanzó a correr hacia la portería en la que Endou esperaba.
Deslizó el pie sobre el balón, haciéndolo girar rápidamente sobre sí mismo; mientras elevaba su pierna, polvo de estrellas y energía cósmica comenzó a arremolinarse alrededor del esférico, haciéndolo resplandecer. En un alarde de fuerza, chutó el balón con energía mientras gritaba furiosa.
–¡Astro… Break!
Hizo aparecer lo que en un primer momento pudiera haber parecido la famosa God Hand, la cual, sin embargo, se cerró con fuerza. Tras echar su cuerpo hacia atrás, lanzó un potente derechazo hacia delante al tiempo que el puño celestial seguía sus movimientos y giraba rápidamente sobre sí mismo.
–¡Seigi no Tekken… G5!
Despejó el disparo sin problemas y con fuerza de sobra; tanta, que sobrepasó a Yagami y se fue volando al otro lado del campo.
Unas manos blanquecinas recogieron el balón perdido.
La respiración de Yagami se cortó en seco. Endou se acercó con cuidado, aún algo receloso. El recién llegado le saludó, ignorando, al menos en apariencia, a la chica.
–…Endou-kun.
–¡Hiro-hiro…! Cuánto tiempo, eh…
–Sí…
El delantero de Inazuma Japan y ex novio de Reina fijó su mirada en su capitán y asintió, sin saber qué decir. Él no estaba enfadado ni con Endou, ni con Midorikawa, ni siquiera con Yagami; estaba enfadado consigo mismo. Enfadado por haber causado tanto lío solamente por haber empezado una nueva relación. Él no quería herir a nadie, él no quería molestar de ningún modo: él sólo aceptó el refugio que Kazemaru le ofreció, si bien ahora se arrepentía. Había hecho un esfuerzo inhumano por olvidar a Reina, para no molestar más, y había acabado con el defensa de su equipo. Es cierto que le gustaría volver a su vida anterior con Yagami, pero eso ya era imposible sin dañar a los demás. No quería dejar a Kazemaru, herir sus sentimientos ni tampoco darle un mal ejemplo a Midorikawa, saltando de flor en flor como si las parejas fuesen de usar y tirar. Estaba en una encrucijada de lo que no podía salir. Y, al frente de todo, estaba Endou.
Su capitán se había convertido en el eje de todo el problema. Sabía que lo hacía con buena intención, pero se estaba metiendo demasiado en medio como para conseguir nada. Le alegró saber que, al menos, Reina no le odiaba. Se lo había dicho muchas veces: "Si le dieras una oportunidad, Endou te caería genial". Pero la chica era lo suficientemente cabezota como para negarse en rotundo a conocerle más que como a un ídolo. Y es que, en el fondo, Yagami admiraba muchísimo a Endou: la fuerza de voluntad y el espíritu de aquel chico habían ayudado a su querido Padre a despertar de aquella pesadilla en la que el infame meteorito le había sumido, imbuyendo su corazón de sombras y convirtiéndole así en un ser totalmente insensible que ya no se preocupaba por sus antes idolatrados hijos, los huérfanos del Ohisama-En. El fútbol de Mamoru le hizo darse cuenta de su error y le ayudó a limpiar su alma, lo que hizo que Yagami y todos los demás pudieran, al fin, recuperar al hombre que tantísimo les había dado sin pedir nada a cambio. Aunque estuviera en la cárcel, agradecían poder ir a verle de vez en cuando. La sonrisa que esbozaba aquel hombre cada vez que veía a sus niños llenaba de calor los corazones de éstos. Especialmente los de Hiroto y Reina.
Y aquel salvador era, ahora, su amigo.
–¿Querías algo…?
Kiyama negó con la cabeza antes de responder.
–No… No quiero interrumpiros. Siento haber venido. Sólo lo he estropeado otra vez, ¿verdad…?
–¡Eres un imbécil, Hiroto! –espetó de golpe Reina, recién salida de su momentáneo trance–. ¿¡C-cómo te atreves a venir aquí y ni siquiera dignarte a mirarme! ?
–Reina… –dijo Hiroto, decaído y aún evitando mirar a la que hasta hace poco era su novia–. Lo… lo siento tanto…
–…Eres imposible… –respondió ella, recelosa–. Lárgate de aquí antes de que te dé una paliza.
Endou miraba la escena desde un tercer plano, impotente. No se atrevía a decir una palabra. Sentía que hacer o decir cualquier cosa en aquel momento podría provocar una reacción violenta por parte de alguno de los dos afectados. De algún modo, las palabras de sus padres y Fubuki comenzaban a cobrar algo de sentido. A veces, era mejor mantenerse al margen y dejar que los acontecimientos se sucediesen antes de intentar actuar.
–Lo hice por ti…
–¿Ser un anormal? Tsk, gracias por nada.
–Estabas tan enfadada…
–Dios, ¡eres insufrible! ¡Deja de compadecerte de una vez y acepta la situación!
–Sé que es culpa mía, pero…
–Pero nada. Lárgate de una vez.
–Sí… Está bien. Sólo quiero lo mejor para ti, Reina.
–Hm… La palabrería no te servirá de nada.
–Adiós, Endou-kun. Adiós… Yagami.
Antes de irse, Hiroto y su capitán se hicieron un gesto cómplice. Una vez el delantero salió de su rango de visión, Mamoru se acercó a Reina de nuevo.
–¿Estás bien, Yagami-chan?
–Es idiota.
–Se preocupa por ti...
–¿Quién se lo ha pedido?
–Su conciencia, supongo…
Reina bajó la mirada y puso mala cara. Se preguntaba a sí misma por qué no podía actuar con naturalidad ante Hiroto. Ella también sentía lo que había pasado pero, quizás por orgullo, no conseguía decírselo. Sabía que era una tontería, y sabía también que gran parte de la culpa residía en su cabezonería, pero no conseguía admitirlo en voz alta.
Incapaz de continuar jugando, Reina decidió irse a casa. Mamoru acompañó a la chica hasta la misma puerta y la abrazó afectuosamente antes de dejarla en manos de la ya más calmada Fuuko Kuri. Por alguna razón que el guardameta no llegaba a entender, el empujón y los gritos que esperaba obtener a cambio del repentino gesto de cariño hacia Reina jamás llegaron.
–Siento que te hayas visto envuelto en todo esto.
–Ya sabes que si me he metido ha sido porque yo he querido. ¡No puedo soportar veros así…!
–Endou-kun… Muchas gracias. En serio.
–¡No hay de qué! Lo que sea por veros más alegres a todos, Hiro-hiro.
Se encontraban en la habitación del antes conocido como Gran, sentados en la cama. Las persianas estaban bajadas, apenas permitiendo que unos pocos rayos de sol se filtrasen e iluminasen sus caras. Afectado por la situación, el delantero se acurrucó levemente en el hombro de su amigo, quien estaba sentado justo a su lado. Hiroto había estado esperando a Mamoru en la concentración mientras éste llevaba a Reina a su casa. Aunque estuvieran separados, le alegraba ver que, finalmente, Yagami y Endou se habían conocido y convertido en amigos. Endou, en respuesta, simplemente se reclinó ligeramente hacia el lado de Kiyama, permitiéndole apoyarse mejor.
–Dime, ¿está muy enfadada?
–Para nada –respondió el portero, negando con la cabeza–. Simplemente está algo confusa y frustrada. O eso creo…
–Ojalá no nos hubiéramos peleado. Si Kazemaru y yo no hubiéramos empezado a salir por un arrebato, esto no estaría pasando ahora mismo…
–¡No te lamentes, tú no tienes la culpa! ¡Nadie la tiene! Son cosas que pasan, supongo… No estoy muy seguro de cómo funcionan estas cosas.
–Aún la quiero con toda mi alma, Endou… Pero también quiero a Kazemaru. Estuvo ahí cuando le necesité y nunca podré agradecérselo lo suficiente. No podría perdonármelo si le hiciese daño.
–La verdad es que estáis metidos en un buen lío, eh… –respondió desganado el cancerbero antes de suspirar suavemente–. Y luego está Midorikawa…
–¿Midorikawa? Ah, sí, parecía muy enfadado por lo nuestro... ¿Qué le pasa? ¿De verdad éramos tan pesados?
–¿Qué? ¿Es que acaso no lo sabes aún? –preguntó Mamoru, perplejo–. ¡Está enamorado de ti, Hiro-hiro!
–¿C-cómo? ¿De verdad…? –Hiroto parpadeó varias veces, incapaz de creérselo hasta que se dio cuenta de que ésa sería una buena explicación para su actitud–. Pero, yo… ¡Si Midorikawa es como un hermano pequeño para mí! Jamás me lo hubiera imaginado. Creí que sólo le molestaba vernos juntos, como al resto del equipo, pero él siempre ha sido especialmente temperamental… Ya sé que molestábamos, pero Kazemaru insistía y no me parecía bien negárselo… Lo siento, Endou. Siento todos los problemas que te estamos causando, a ti y al equipo. Si al menos Hijikata no se hubiese lesionado y Midorikawa no hubiese vuelto…
–No sirve de nada lamentarse, y te repito que no hace falta que me pidas perdón. Ahora lo importante es que consigamos arreglarlo todo entre vosotros cuat- ¿Uh?
Unos sollozos que venían de debajo de la ventana de Hiroto interrumpieron el discurso de Endou.
Hiroto y Mamoru se miraron e, inmediatamente, pegaron la oreja a la persiana, tratando de escuchar mejor aquella quejumbrosa voz.
–…Zemmm… uuu… –los gimoteos se intensificaron, haciendo aún más difícil la comprensión de lo que esa voz trataba de decir. Despacio, y tratando de no hacer ruido, Mamoru comenzó a levantar la persiana pero, con su falta de tacto habitual, no pudo evitar formar un estruendo que hizo que el llanto parase de golpe.
–En fin, de perdidos al río –comentó Hiroto al tiempo que sacaba la cabeza por la ventana. Un chico rubio y de ojos de esmeralda, vestido con una camiseta naranja y sin mangas, se frotaba los ojos, tratando de ocultar el hecho de que había estado llorando a pesar de que estaba convencido de que ya lo habían notado.
–¿Miya-miya? –preguntó Endou en cuanto se asomó, apartando ligeramente a Hiroto–. ¿Qué haces ahí?
–¡End—quiero d-decir, capitán! ¡Lo s-siento, estaaaba, ah…! –al chico aún le costaba articular bien las palabras después de haber estado lloriqueando. Se le notaba que estaba haciendo un gran esfuerzo por no hipar mientras hablaba.
–¿Le conoces, Endou? –inquirió el pelirrojo, sorprendido ya que esa cara no le sonaba de nada.
–¡Sí! Es Ryou Miyasaka, un nuevo miembro del Raimon. Solía ser también compañero de Kaze-kaze en el club de atletismo, pero se nos unió cuando Shishido se lesionó –el capitán de ambos volvió a mirar a Miyasaka–. ¿Estás bien, Miya-miya?
–¡Claro que estoy bien…! ¿Por qué no iba a estarlo~…? –Ryou trató de aparentar normalidad, pero era evidente que aún le quedaban muchas lágrimas dentro.
–¿Qué estabas murmurando antes?
–¡No m-m-murmuraba nada, en s-serio…!
Miyasaka llevaba ya rato mirando a Hiroto, sin prestar atención a Mamoru más que en lo que decía para poder contestarle. Por fin había caído en quién era aquel chico de ojos verdes. La nueva pareja de Kazemaru estaba allí plantada, confraternizando con la única persona que, incluso cuando su senpai le había dado de lado por estar con Hiroto, había seguido apoyándole incondicionalmente y sin pedir nada a cambio. De pronto, se sintió aún más solo que antes. Sintió que, desde un nivel al que él jamás podría siquiera acercarse, aquel chico estaba riéndose de él. Riéndose porque le había quitado lo que él más quería sin miramientos ni dificultad alguna. Riéndose porque sabía a ciencia cierta que no le llegaba ni a la suela del zapato.
«Kazemaru… ¿Es que yo no soy suficiente para ti?»
Endou decidió dejar estar a Miyasaka, pero Kiyama decidió tomar las riendas de la conversación en su lugar y sin previo aviso.
–Hola. Miyasaka, ¿verdad? Yo me llamo Hiroto Kiyama. Es un placer conocerte.
–A-ah, sí, igualmente, Kiyama-san... ¿Eres tú el... el...?
–Sí, soy la pareja de Kazemaru; ya veo que no paso desapercibido, eh... Siento todo lo que está sucediendo. Siento haber apartado a Kazemaru de vuestro lado y haber arruinado el espíritu de equipo, en serio. No quería que nada de esto pasase. Estaba pasando por un mal momento y, bueno, cuando me ofreció su ayuda y protección, no pude evitar enamorarme de él, y empezamos a salir; aunque si hubiera sabido que todo esto pasaría, me lo hubiera pensado mejor... No imaginé que pudiésemos hacer tanto daño a tanta gente que nos importa. No me arrepiento de nuestra relación, pero me entristece mucho haber herido los sentimientos de tanta gente. No pretendíamos hacerlo; tan sólo queríamos estar juntos. Espero que, después de todo, aún podamos llevarnos bien, jugar juntos al fútbol y que todos podamos comprender los sentimientos de los demás. ...Porque uno no puede negar el amor, ¿verdad? Sólo quiero que todo vuelva a la normalidad pero, aún así, perdóname, por favor.
Ryou no sabía qué decir. Toda esa rabia contenida que había ido acumulando desde que Ichirouta le dio de lado, todos esos sentimientos que se habían agolpado sobre él al ver a Hiroto segundos antes y, sobre todo, el haber visto a su último clavo ardiendo apoyando a quien le había robado a su senpai le habían desmoralizado totalmente, pero las dulces e incluso sabias palabras de Hiroto lo habían cambiado todo. No se sentía mejor, pero ya no estaba enfadado. Sólo triste. Muy triste e impotente.
Sin preocuparse por que le vieran, Miyasaka titubeó durante unos segundos, rompió a llorar desconsoladamente y salió corriendo en dirección al club de atletismo, gritando el nombre de Kazemaru una y otra vez mientras se agarraba la cabeza y la agitaba violentamente de pura desesperación. Corrió a esconderse en su madriguera, como si de un pequeño animal herido se tratase.
–Endou, no me digas que ese chico está…
–No tenía ni idea… –respondió el capitán, cruzando los brazos en actitud pensativa–. Tengo la impresión de que esto acaba de complicarse todavía más.
–…Lo que nos faltaba.
El salvador de la Humanidad y el alien que en su día la amenazó suspiraron profundamente.
¡Hecho! Un capítulo más finalizado. Resumamos: Todos los implicados siguen hechos polvo, cada uno a su manera. Tratando de hacer lo posible por animar a Reina, Mamoru va a visitarla y la lleva a jugar al fútbol con él, y es entonces cuando se encuentran con Hiroto. Una vez más, la pareja se pelea, pero Mamoru y Hiroto quedan para hablar. Mientras lo hacen, se encuentran con Miyasaka, la quinta esquina de este polígono amoroso.
¿Qué clase de destino les espera a estos antes amigos? ¿Resolverán sus diferencias y conseguirán volver a llevarse tan bien como antes? ¿Y qué es lo que piensa Ryou? ¡Respuestas de lo más variopintas en los siguientes capítulos!
