Sentíos libres de ignorar este capítulo puramente smut. En serio. Mi corazón me pedía escribir esto, pero sé que no es del gusto de todo el mundo. Además, es largo como el que más: lo que vais a encontraros aquí son más de 10.000 palabras; vamos, que este capítulo dobla la longitud que tenía el fic hasta ahora.

Y no podría ser más feliz por haberlo escrito (aunque haya tardado una ETERNIDAD en hacerlo :'''D)

Quisiera dedicar este fic a una sola persona: mi querida e idolatrada Glac (antes maserratti, ahora pantsufechi), la cual no ha inspirado este capítulo, sino que lo ha escrito a medias. Me explico: esto es, en esencia, una transcripción del primer roleplay smut que hicimos juntos. Lo he elegido ya que me parece que explica muy bien mis headcanons para esta pareja, acerca de la cual tenía que escribir alguna vez, y qué mejor situación que ésta cuando ambos están aún solteros y sin compromiso. õuõ

Además, aprovecho para deciros que voy a hacer una pequeña pausa en la escritura. Las clases me reclaman, además de otros proyectos que he ido dejando de lado cuando ya tendrían que estar hechos desde hace mucho. Es por eso que trataré de acabarlos antes de seguir con los fics. Por suerte (o desgracia) para vosotros, uno de ellos es el siguiente capítulo de "Es casi fraternal", mi fic EnAki, así que si me entra la inspiración quizás lo coja pronto, pero no prometo nada.

¡Oh, por cierto! Veréis que las exclamaciones múltiples están separadas (! ! !), al igual que las exclamaciones con interrogación (! ?). Esto se debe a que Fanfiction no los acepta por si mismos y los reduce a un solo símbolo. Es raro al ojo, pero espero que no os sea muy incómodo. Y recordad que la cursiva simple indica pensamientos, ya que se mezclan diálogo a viva voz y comentarios internos más de una vez. ¡Atentos! Y disculpad si hay algún error. Son 30 páginas de Word, y aunque lo he comprobado dos veces, puede que se me haya pasado algo. PERO DESDE LUEGO NO PIENSO VOLVER A REVISARLO XDDD

Lo dicho: si os decidís a leerlo, espero que lo disfrutéis muchísimo (tanto como yo escribiéndolo y roleándolo aunque haya tardado una eternidad en hacerlo), y si no, con leer el resumen del final del capítulo tenéis más que de sobra. Por supuesto, yo preferiría que lo leyeseis para que entendieseis por qué amo tantísimo a esta pareja, pero es que 10.000 palabras son muchas, lo comprendo.

¡Elegid sabiamente~!


Los días pasaban sin remedio, convirtiendo los problemas en rutina. Problemas que, por otra parte, no parecían tener un final cercano.

Pero toda rutina puede romperse bajo las circunstancias adecuadas.

–¡Buenos días!

–…Ah. Endou-kun.

La rutina de Mamoru se vio alterada nada más llegar al Ohisama-En. Por primera vez, fue la propia Reina Yagami quien le abrió la puerta al portero. Siempre era otra persona quien, entre todo el jaleo que caracterizaba al orfanato, oía su llamada y acababa abriéndole. Sin embargo, y aunque se extrañó tanto de que la propia persona a la que iba a ver le abriese la puerta como del poco barullo que se oía en la gigantesca casa, decidió no hacer preguntas y se limitó a sonreír.

–¿Interrumpo?

–Como siempre, pero… En fin. Pasa. Hoy llegas tarde.

Sin decir una palabra más, Yagami volvió a la sala de estar y se sentó en la mesa. Volvió a tomar la taza de té entre sus manos y le dio un pequeño sorbo al líquido.

–¡No sabía que hicieses cosas así, Yagami-chan!

–Se ha convertido en una costumbre desde que vienes por aquí. Me atacas los nervios.

–Lo… ¿lo siento?

–Tsk, qué más da. Siéntate, anda.

Mamoru siguió las órdenes de la princesa y esperó hasta que ésta acabase de servirle el ardiente té, con el cual se abrasó en cuanto sus labios lo rozaron. De todos modos, hizo de tripas corazón y retomó la conversación.

–Oye, ¿dónde está todo el mundo?

–Ah, eso. Se han ido a hacer una "excursión familiar". Se van al campo y pasan allí la noche. A Padre le gustaba mucho, así que seguimos la tradición aunque él no esté.

–¿Y tú por qué no vas?

–Yo… solía ir con Hiroto y Ryuuji, así que…

Justo antes de que Endou pudiese hablar para tratar de consolarla, una voz que venía del pasillo le interrumpió.

–Salgo yo también, Reina. Quédate cuidando de- Anda. Hola, Endou.

–¡Hitomiko-kantoku! ¡Cuánto tiempo!

–Sí; pasamos de vernos todos los días a no vernos casi nunca, eh.–rió suavemente la antigua entrenadora del Raimon, claramente de buen humor–. Me quedaría a charlar, pero tengo que irme. Reina se queda sola, así que mientras ella cuida del orfanato cuídala tú a ella, ¿de acuerdo, Endou?

–¡Kira-san! –gritó Yagami, enfadada y algo ruborizada.

–Hasta luego, chicos.

Hitomiko se marchó dando un fuerte portazo. No estaba enfadada, pero no podía evitarlo; ese tipo de cosas formaban parte de ella.

Mamoru parpadeó un par de veces y tomó otro sorbo de té antes de atreverse a preguntar.

–¿Cómo es que Hitomiko-san te llama Reina?

Yagami escupió todo el té que tenía en la boca de una vez y se quedó mirando fijamente a Endou, frunciendo el ceño.

–¿¡Qué clase de pregunta es ésa! ?

–Es que cuando te lo llamo yo te enfadas y…

–¡NI SE TE OCURRA LLAMÁRMELO AHORA! ¡Sabes perfectamente que sólo unos pocos tienen derecho a esas confianzas…!

–¡Pero yo quiero que confíes en mí!

–¿Confiar? ¡Yo no confío en nadie! ¡ ¡De ninguna manera! ! –respondió la chica, nerviosa, al tiempo que cruzaba los brazos y formaba una X con ellos. En respuesta, Endou se acercó un poco más a ella y trató de hablar más dulcemente, tratando de quitarle hierro al asunto. Reina reaccionó dando un respingo y alejándose más aún.

–¡No seas tan tímida…! No es como si confiar en mí fuera a hacerte daño.

–¿T-tímida? ¿TÍMIDA? ESCUCHA… TÚ. N-NO TE CREAS SUPERIOR O IMPORTANTE SÓLO PORQUE TENGAS LA ATENCIÓN DE HIRO-… –titubeó Reina, visiblemente incómoda excepto a los siempre inocentes ojos de Mamoru–. …No soy tímida –remató tras unos pocos segundos.

–¿Qué tiene que ver Hiroto en tod-… –Mamoru decidió sacudir ligeramente la cabeza y dejar el tema–. ¿Por qué huyes de mí, entonces?

–¡No estoy huyendo!

–¡Te has echado atrás en cuanto me he acercado…!

Yagami, avergonzada, no pudo evitar que un pequeño gesto mohíno se apoderase de su cara. Preocupado, se acercó de nuevo a la antes conocida como Ulvida, la cual trató de no moverse para aparentar cierta tranquilidad.

–Yagami…

–¿Q-q-qué?

–Tiene que haber un modo… –dijo lentamente el portero, colocando una de sus manos sobre la de la centrocampista y sintiendo cómo sus propias mejillas se enrojecían ligeramente, incapaz de comprender cómo su amigo Fu-fu podía hacer esas cosas continuamente con casi todas las chicas que encontraba y estar siempre tan tranquilo.

–¡Eh-! –saltó Reina, mirándole fijamente una vez más–. ¿…Un modo?

–¡De ganarme tu confianza!

Reina desvió la mirada a las manos entrelazadas antes de contestar, extrañada.

–…No puedo tener confianza con alguien a quien admiro.

–A-ah, pero… ¡Yo también te admiro a ti, Yagami! ¡Eres increíble…! ¡Una de las mejores jugadoras que he visto jamás! Pero podríamos convertir esa admiración mutua en amistad, ¿no crees…? –sonrió amablemente el cancerbero, provocando que la ex jugadora de Genesis se sonrojase suavemente.

–¿Amistad…?

–¡Claro! ¿Por qué no?

–…Sí. Supongo que podría intentarlo.

Mamoru asintió y, tímidamente, comenzó a rodear la cintura de Reina con uno de sus brazos, sin poder evitar que una estúpida sonrisa de felicidad y un saludable color rojo adornasen su cara.

–¿Abrazo…?

Reina se estremeció, sorprendida.

–¿¡U-un abrazo! ? Eso es un poco… Hm.

Tras hacerse de rogar durante unos segundos, Reina abrazó rígidamente al portero.

–Yagami… –suspiró aliviado el chico mientras deslizaba sus manos hacia arriba por la espalda de Reina, abrazándola fuerte con ambos brazos.

–No es que sea incapaz de hac- –la frase de Yagami fue cortada de raíz por un pequeño chirrido que salió de sus labios al sentir cómo Endou había comenzado a acariciarle el pelo levemente. La joven se llevó rápidamente la mano a la boca para evitar continuar profiriendo tan vergonzosos sonidos. Mamoru, sin embargo, sonrió y le retiró la mano de la boca justo antes de acariciarle suavemente la pierna a la centrocampista. Ella, abochornada, cerró los ojos con fuerza y apretó la mandíbula mientras su cuerpo temblaba suavemente. El portero pronunció el único nombre por el que ella le permitía llamarla y posó la cinta de su pelo contra la frente de Reina.

–¿Y-y ahora qué? –balbuceó la extraterrestre, abriendo un solo ojo. Mamoru, nervioso, no fue capaz de devolver la mirada, así que optó por clavar su vista en el suelo mientras hablaba.

–Haré lo que haga falta para ganarme tu confianza… y poder llamarte por tu nombre.

–Me parece bien –contestó ella secamente, tratando de no darle importancia al asunto.

–¡Pide lo que quieras! –aseguró él, levantando un poco la vista.

–Tendrás que ganártelo.

–¿Cómo?

-Sorpréndeme, Mamoru Endou –respondió malévolamente la temible princesa, pensando que así podría espantar al joven portero y conseguir así que la dejase en paz de una vez.

Sostuvo el aliento durante unos segundos.

–…N-no puedes estar hablando en serio… –titubeó él. Mientras hablaba, Endou apartó la mirada todo lo que pudo para evitar que el violento sonrojo que había aparecido en su cara de un segundo a otro fuese vislumbrado en su totalidad por su acompañante.

–¿Eh? ¿Sobre qu-? ¡Hiii! –un pequeño quejido salió disparado desde el fondo de los pulmones de Reina al sentir al portero empezar a acariciar su entrepierna por encima de la ropa, suavemente y con un solo dedo. La siguiente reacción de la chica fue elevar los hombros y mirar fijamente hacia abajo, pudiendo apenas soltar un débil lamento de sorpresa. Mamoru, con el ceño fruncido, confuso y preocupado, siguió con su trabajo durante unos segundos antes de hablar.

–¿…No es esto lo que querías?

La nerviosa chica se cubrió la cara con las manos, abochornada, y se dedicó a mirar a la mano de Endou por la rendija que quedaba entre sus dedos. Éste apoyó la cabeza en el hombro de Yagami, tratando de evitar el contacto visual pero sin dejar nunca de acariciarla amablemente, poniéndose más y más rojo.

«Tener que hacerle esto a Yagami es tan bochornoso…».

–E-esto… Yo- no debería… –trató de decir Yagami, agitada.

–¿¡Te crees que estoy disfrutando de esto…! ? La única persona a la que debería tocar así es…-

–Tú eres el que ha- TÚ… ¡ESTO ES TODO CULPA TUYA! –gritó Yagami, frunciendo el ceño bajo sus manos.

–¡Tú eres la que me lo ha pedido…! –respondió él, impotente y aturdido, presionando sus dedos ligeramente contra la zona sensible de su compañera.

–¡Yo no he pedido nada! ¡N-no pensé que te lo tomarías en ser- a-haa…! –gimió ella, mordiéndose el labio inferior justo a continuación para retener tan deshonrosos sonidos–. Nnh…

Las orejas de Mamoru comenzaron a resplandecer casi tanto como sus propias mejillas. –He dicho que lo que sea por ti, Yagami… –inmediatamente después de la pausa, el cancerbero alargó la mano que previamente tocaba a la chica y tiró torpemente de los pantalones cortos que la centrocampista llevaba–. D-deja que te los quite, van a acabar ensuciándose…

–¡No tenías que llegar tan lejos! –gritó furiosa la huérfana, agarrando y deteniendo la mano–. ¡Puedo hacerlo yo sola! Y lo que es más importante… ¡ ¡No lo digas así! ! ¡Imbécil!

El capitán del Inazuma Japan se detuvo completamente, evitando cruzar la mirada con la princesa extraterrestre. –…Lo siento, Yagami. Soy… idiota. Tú no eres como él, ¡debí haber supuesto que te referías a otra cosa…!

–¿Cómo quién…? –Reina decidió dejar el tema por el momento y miró hacia abajo, temerosa de que sus ojos se encontrasen con él y de que viera cómo ella también había empezado a sonrojarse–. Te… admiro mucho, Endou. Así que recibir esta clase de trato… es...

–Déjalo… –suspiró Mamoru, soltando el pantalón y moviéndose un poco hacia atrás–. ¡Pero ya te he dicho que no quiero que me admires, sino que confíes en mí…! Y tú… has dicho…

–…Eres… de miras bastante estrechas –se quejó ella, rascándose la mejilla y desviando su mirada a un lado en vez de al suelo–. Entonces qué, ¿vas a dejarme así?

–Depende de lo que quieras, Yagami-chan… –sonrió, tratando de quitarle hierro al asunto.

–…Eres un fracaso como hombre, Mamoru Endou.

Mamoru frunció el ceño, molesto.

–Ah… Supongo que alguien tan obsesionado con el fútbol como tú ni siquiera se atrevería a ser lo suficientemente descarado como para quee-e-e-espera, ¿qué estás ha-?

Interrumpiendo abruptamente el discurso en su contra que la princesa estaba profiriendo, el cancerbero volvió a acercarse rápidamente a ella y, antes de que pudiese reaccionar, deslizó su mano por debajo de los pantalones y ropa interior de la chica y comenzó a tocar su piel directamente, presionando sus dedos índice y corazón contra su entrepierna. Al sentirlo, la central agarró fuertemente del brazo al guardameta, casi colgándose de él.

–¡N-no vuelvas a llamarme eso!

Los dedos de Endou comenzaron acariciando la zona más sensible de Yagami para acabar moviéndose en círculo alrededor de ella. La violenta extraterrestre se estaba enfadando más a cada segundo, pero había dejado de intentar detener a aquel que una vez salvó a su padre del hipnótico conjuro que una piedra espacial había lanzado sobre él. Su enrojecimiento iba gradualmente en aumento; de vez en cuando lanzaba algún que otro chirrido de vergüenza y satisfacción mientras aún asía el brazo de quien la tocaba.

–C-cuál es tu maldito problem… mmmh… ngh… n-no…

–¡P-puedo pararme en cuanto me lo pidas, Yagami-chan…! Ya te he dicho que… n-no lo estoy disfrutando de esa manera…

–¡ ¡Si-… no lo estás disfrut… –los argumentos de Reina fueron momentáneamente interrumpidos por un suave y silencioso gemido– …disfrutando, e-entonces no lo hagas desde un-nnnh… principio! !

–¡S-sólo conozco dos maneras de ganarme la confianza de alguien…! Si el fútbol no basta, entonces tengo que intentar esto… D-dime, ¿quieres que siga…?

–¿¡Cómo esperas que conteste a eso! ?

–¿Sí o no...?

Reina se limitó a refunfuñar silenciosamente y apartar la mirada. La respiración de Mamoru se aceleró mientras la estrechaba con el brazo libre y, al tiempo que presionaba su cuerpo contra ella, comenzó a introducir torpemente la punta de uno de sus dedos dentro de la huérfana, quien comenzó a agarrotarse y a respirar dificultosamente.

El libero apretó los dientes, totalmente abochornado y desconcertado, aún pensando en cómo había llegado hasta esa situación. Podía sentir cómo la jugadora de Genesis se retorcía cada vez que él exhalaba sobre su cuello de pura excitación.

–¿Te… g-gusta…?

No respondió. Se pegó a él, hundiendo su cara en su pecho mientras sus piernas temblaban. Al no notar resistencia alguna, Mamoru introdujo sus dedos un poco más allá dentro de ella, con bastante poca habilidad.

–R-re… Reina…

–En… dou…~

El capitán del Raimon consiguió hacer aparecer una pequeña sonrisa en sus labios tras sacudir ligeramente la cabeza. Sacó sus dedos de dentro de ella y volvió a acariciar el exterior, usando esta vez toda la palma de la mano.

–Llámame Mamoru, por favor... –pidió él con voz dulce.

La princesa se mantuvo callada e inmóvil durante unos segundos.

–M-mamoru…

–…Gracias… M-muchas gracias, Reina.

Endou esbozo una tenue mueca de alegría: estaba muchísimo más feliz de lo que su cara aparentaba, pero la tensa situación no le permitía expresarlo más abiertamente. Despacio, saco su mano de dentro de la ropa interior de Yagami.

Parpadeó, sorprendida.

–¿…Huh?

–¿Qué... qué pasa?

–¿Qué estás haciendo?

–Me has dejado llamarte por tu nombre sin quejarte… Eso significa que ya confiamos el uno en el otro… ¿No?

La expresión de sorpresa fue transformándose paulatinamente en una de cólera casi febril.

–¿A-aah…? ¿Reina…?

–Tú… TÚUUU… –rugió la iracunda centrocampista mientras se colocaba los pantalones. Mamoru hizo el amago de echarse hacia atrás, pero decidió tratar de quedarse quieto en el sitio.

–R-reina, n-no estabas pensando e-en hacer "eso" c-conmigo, ¿v-verdad…?

Apretó sus puños tan fuerte que comenzaron a temblar, listos para darle al portero la paliza de su vida.

–¡CÓMO TE ATREVES! ¡TÚ! TÚ… TÚ… MALDITO… I-INDECENTE… MI CUERPO DE DONCELLA… MANCILLADO… ¡ ¡ERES HOMBRE MUERTO, MAMORU ENDOU! !

–¡P-pero si no hemos…! ¡Ya te había dicho que sólo trataba de…!

Era tarde para dar explicaciones. Ya no había manera de dialogar con Yagami; la furia se había apoderado de ella. Echaría de menos tener a aquel cabeza de balón alrededor, pero había ido demasiado lejos.

Endou apostó su vida a una única baza.

Segundos antes de que la furiosa princesa le volase la mandíbula de un puñetazo, Endou se lanzó a abrazar a la chica, tirándola al suelo, y antes de que pudiera siquiera reaccionar ante el ataque, volvió a introducirse en su ropa interior y siguió su labor previa, de manera más violenta que antes pero tratando de no ser demasiado duro.

–¿¡Eh! ? ¿¡Q-qué demonios estás haciendo otra vez! ? ¡Suéltam-mh…!

Yagami comenzó a retorcerse de placer; tanto, que tuvo que cerrar los ojos para poder contenerse mientras Endou acariciaba el interior de su cuerpo.

–¡Terminaré, Reina! ¡N-no quería ofenderte en ningún sentido, simplemente pensaba que no te estaba gustando…! ¡P-perdóname!

Reina se limitó a morderse un dedo para evitar gemir y comenzó a moverse al son de las caricias de Mamoru, incapaz ya de negarse al contacto. El chico cerró los ojos con fuerza y apoyó la frente sobre la de la joven, reduciendo un poco el ritmo para que ella pudiese seguirlo mejor. Sólo entonces la alienígena fue capaz de abrir un poco los ojos; lo justo y necesario para poder lanzarle una mirada de odio fingido al líbero.

–Mhn… Eres… u-un… imbécil…

–T-tienes razón… Y siento haberte herido, Reina… ¡Lo siento de verdad!

Ya no podía contestar. Todas las palabras que trataba de decir se convertían en gemidos y jadeos. Hincó los dedos en la fuerte espalda del chico, arrimándose más a él mientras éste introducía un segundo dedo dentro y continuaba acariciando, un poco más fuerte cada vez, movido por el ardor que la situación le causaba en el pecho. Rodeó la cintura de ella con el brazo que le quedaba libre a medida que la tocaba, buscando más contacto físico.

–Haa…

Se rindió.

Llevada por el placer una vez más, Yagami enterró su cara en el pecho de Endou y levantó un poco las piernas, colocándolas contra él para facilitarle el trabajo. La abrazó con fuerza y trató de acariciarla de una manera algo más dulce, buscando que aquel momento durase lo máximo posible y temeroso a su vez de perder la vida al acabar, o, al menos, varios de sus huesos. Sin embargo, la pérdida de fuerza por su parte sólo provocó que su compañera recuperase parcialmente la suya.

–Nnh… E-endou… «¡ ¡Esto es humillante! !», pensó la chica entre gemidos.

–Me llamo… M-mamoru… «¿¡Quién es un fracaso ahora! ?»

El placer era mutuo, al igual que el nerviosismo, el calor y el desafío.

Ella sacudió la cabeza, reticente, y decidió ocultar su cara en el cuello de éste. Él respondió acariciando su interior mientras jugueteaba con el exterior usando el pulgar. Acariciaba la cara de la chica con la nariz, respirando dificultosamente.

–Reina, p-por favor…

La respiración de Ulvida se alteró, volviendo sus palabras casi inaudibles.

–M-… Mamoru…

Sonrió. Una sonrisa de absoluta tranquilidad a pesar de lo nervioso y excitado que estaba. Acarició su frente con los labios antes de volver a darle suaves besos de esquimal en las mejillas, profundizando dentro de ella inconscientemente.

–…Muchas gracias…

–¡C-cállate…! ¡ ¡Yo- s-simpl… haa-! !

El cuerpo de Yagami se volvió rígido. Tuvo que cerrar la mandíbula con fuerza para contener el grito. Una sacudida de placer se extendió por todo su cuerpo y se acumuló hasta llegar a su clímax. Endou, que se dio cuenta a tiempo de la reacción, sacó los dedos de su interior y cubrió la abertura de Reina por completo con la palma, tratando de evitar que pasase lo que él ya había vaticinado minutos antes. El amor que le había dado a la chica se había convertido en un denso fluido que ahora se deslizaba hacia abajo, lento pero sin pausa, por la rugosa mano del portero.

Reina nunca se había sentido tan avergonzada. A pesar de que su cuerpo temblaba como una hoja, soltó rápidamente a Endou y ocultó su cara de él. De todos modos, éste se acercó y la abrazó de nuevo, afectuosamente, acariciando sus suaves mechones blancos mientras trataba de consolarla.

–R-reina… Yo- Tú… quieres que yo… ¿acabe…?

–¿Qué quieres decir?

–Ah, nada… Está bien.

Mamoru abrazó algo más fuerte a Reina, pero la poca guardia que le quedaba en pie a la joven se lo decía. Se lo gritaba, incluso. "Quiere decir sexo". A pesar del contacto, la cara de Yagami perdió expresividad. Endou se extrañó de verla tan poco nerviosa de golpe cuando él aún estaba tan agitado. De repente, Reina le miró; sus ojos centelleaban con picardía.

–¿…Q-qué pasa?

–Supongo que ahora debería devolverte el favor, ¿hm?

–¿Qué favor…?

Endou parpadeó, sorprendido. Yagami le deleitó con una sonrisa de satisfacción.

–Levántate.

Mamoru estuvo a punto de atragantarse en cuanto se dio cuenta de lo que podría pasar si obedecía. Comenzó a sudar a chorros al darse cuenta de que tocar a Reina de aquella forma le había excitado demasiado como para que eso no se reflejase en su cuerpo.

–Eh, ¿luego, quizás…?

–Ahora mismo. –ordenó, frunciendo el ceño.

–¡S-sí, señora! –Mamoru se levantó de inmediato; el miedo a una Reina enfadada era mayor a su miedo al ridículo. Sin embargo, una vez de pie, no pudo más que sonrojarse y apartar la mirada al ver cómo su miembro, aunque cubierto por los pantalones, apuntaba directamente a la cara de Yagami, quien permaneció sentada. –…Lo s-siento…

Reina clavó su mirada en el suelo por un segundo, escondiendo un amago de sonrojo que se evaporó en un momento.

–No sirve de nada lamentarse de ello una vez que está ahí. …Pero, para ser tan atolondrado, desde luego tienes unas reacciones bastante típicas.

Se relamió despacio mientras alargaba la mano hacia la erección. Sus dedos comenzaron a deslizarse sobre ella pausadamente, moviéndose arriba y abajo.

–B-bueno, eres una chica precios-sshh… ¡R-reina, ¿qué estás…! ?

–Una chica preciosa, ¿eh? Supongo que en el fondo eres un hombre… –Yagami rió suavemente, rodeando la erección con sus manos y acariciándola–. Sólo estoy siendo una buena amiga. No puedo dejarte así, ¿verdad?

–¡N-no tienes que…! ¡P-puedo arreg-glarmelas…! –tartamudeó, apretando los dientes nada más acabar de hablar.

–Hm, yo diría que es muy tarde para eso. Yo me haré cargo.

Lentamente, Ulvida arrastró su mano hasta el extremo del pantalón del guardameta, agarrándolo con un solo dedo y tirando hacia abajo suavemente, como él había hecho antes con ella.

–Quítatelos, ¿vale, Mamoru-kun?

–Va… le…

Jadeando y hasta mareado, Mamoru siguió el mandato de la chica y se bajó los pantalones hasta las rodillas, dejando su ropa interior al descubierto, la cual marcaba su excitación aún más. Reina se posicionó delante de él sobre sus rodillas y, tras un seco y totalmente relajado "perfecto", colocó sus labios sobre la tela y comenzó a trabajar sobre ella, provocándole aún más.

–¡R-reina, t-tu boca…! ¡No tienes que llegar tan lejos…! –Endou se quedó mirando ojiplático cómo Yagami le sometía con su lengua. Ella continuó indiferente, bajando a los pocos segundos la ropa interior del chico y mirando satisfecha a lo que veía, soltando además una corta carcajada.

–¡N-no lo mires, yo no he mirado dentro de ti cuando te he-! –se sujetó a los hombros de Yagami, no pudiendo evitar empezar a palpitar al verse observado de aquella manera.

–Como si fuese a dejarte mirar.

Agarró suavemente al cancerbero con los labios, haciendo rodar la lengua alrededor de la punta, provocando que éste soltase un sonoro y casi vergonzoso aullido de placer al contacto.

–Reina… ¡Es… increíble! ¡Nunca había sentido… algo así…! ¡Nnh…!

–Lo sé.

Confiada, tomó a Mamoru por completo en su boca, moviéndose adelante y atrás lentamente al tiempo que aspiraba con dulzura. Las manos de la chica acariciaban la base, toqueteando con fuerza. El portero echó la cabeza hacia atrás, conteniendo múltiples gemidos pero sin poder evitar que un hilo de saliva recorriese su barbilla ni que la sensualidad de la chica pudiese finalmente con él.

–¡Más… fuerte…! –suplicó el guardameta, casi lastimosamente, lo cual animó a la chica a seguir y a satisfacer sus más obscenos y recién adquiridos deseos. Una disculpa casi inaudible precedió a que Mamoru, llevado por la inmensa lascivia que la boca de la chica le estaba provocando, decidiese sujetar la cabeza de Reina y empujarse a sí mismo tan dentro como le fuera posible. Ella se agarró a él sin parar ni un segundo, pero cuando él rodeó su cara con las manos y la hizo mirar hacia arriba, obligándola a cruzar la mirada con él, la princesa volvió a ruborizarse. Las primeras gotas de afecto comenzaron a revolverse en la boca de Reina.

¿Segundos? ¿Minutos? Es difícil saber cuánto duró aquella pequeña lucha en la que Yagami molestaba a Endou cada vez más violentamente mientras éste trataba de evitar que ella apartase sus ojos de él, sonriendo temblorosamente cada vez que conseguía que los profundos ojos azules de la preciosa princesa se clavasen en él de nuevo. Sonrisa que, sin embargo, desapareció de golpe.

–¡Reina, aparta…! ¡A-algo está…!

Yagami sacudió la cabeza y se volvió aún más posesiva al saber que, por fin, Endou se rendía a ella. Clavó sus uñas en las piernas del chico para acallar sus quejas y aseguró su posición.

Gimió su nombre repetidas veces mientras le llenaba la boca con toda la rudeza que ella misma le había dado segundos antes, haciendo imposible que la extraterrestre lo tragase todo de una vez. Cuando acabó, se limpió la boca con el brazo mientras el capitán del Inazuma Japan se arrodillaba ante ella, exhausto, sonriente y relajado. Reina apartó la mirada, pero Mamoru, de nuevo, insistió en que le mirase y la cogió de la barbilla, girando su cabeza hacia él.

–Gracias, Reina. Y… perdona por… eso.

–¿Qué clase de disculpa es ésa? –suspiró, con los ojos muy abiertos al principio y con el ceño fruncido al final.

–Ajajaja, supongo que no es muy común… –respondió, rascándose nerviosamente la mejilla–. Si sirve de algo decirlo, me ha gustado muchísimo…

Reina esbozó una media sonrisa de satisfacción.

–¿De verdad? Bueno, me alegro.

Se quedaron callados durante unos segundos, mirándose el uno al otro, expectantes. Finalmente, Endou se acercó a Yagami e, inclinándose sobre ella, la besó suavemente, limpiando de su cara algunos restos del fluido que él mismo había puesto allí. Reina, aunque muy sorprendida, tímida y hasta sonrojada, correspondió amablemente. Muy despacio, sin prisa alguna, el héroe profundizó el beso, dejándose llevar ligeramente hasta que comenzó a escurrir su lengua torpemente dentro de la boca de la princesa, quien siguió el liderazgo que el chico estaba marcando y rodeó su cuello con los brazos, presionando su lengua contra la suya, enseñando al inexperto portero. Agarró a Yagami por la cintura y lamió sus labios. Un débil y hasta femenino gemido salió del fondo de la garganta de la joven mientras se colgaba de los hombros de Endou, levantando su cuerpo ligeramente. Ese excitante sonido fue, sin embargo, el que trajo al chico de vuelta al mundo real. Sin perder un solo segundo más, soltó a Yagami y paró el beso en seco, avergonzado. Ella cayó sobre sus propias piernas y puso los ojos en blanco, decepcionada por no poder seguir el juego.

–…No.

–¿No qué?

–Ya basta, Reina…

–…Como quieras. El que sale perdiendo eres tú, no yo.

–Es que… –trató de justificarse, frunciendo el ceño–. Si sigo, podría dejarme llevar demasiado y no… ¡No quiero hacerte eso!

–Me parece bien –respondió sin inmutarse mientras se miraba las uñas–. Sorprendentemente, aún queda un buen chico en este mundo.

–Oye, Reina…

–¿Eh?

–¿Te estaba gustando?

–Por supuesto –sonrió ella con picardía.

–Entonces perdona, supongo que te he dejado a medio camino, eh…

Reina se encogió de hombros, tranquila. –Si crees que estoy ofendida, no te preocupes. No lo estoy.

–Ofendida no, sólo… ¿excitada?

–…GRACIAS por enfatizar lo obvio –resopló.

–Si quieres, puedo tratar de hacerte sentir un poco mejor, en la medida de lo posible... ¡No me refiero a "eso", sólo a… hacer lo mismo que tú!

Mamoru alargó la mano hasta los pantalones de Reina, pero ésta la agarró y la paró en seco.

–Escucha. No quiero ningún tipo de compasión. Si quieres mantenerte fiel a ti mismo, entonces… adelante.

–¡Pero ya también lo disf-…! –Mamoru cortó la frase en seco, apretando los labios y mirando hacia otro lado.

–Sigue siendo compasión.

Se miraron fijamente el uno al otro durante varios segundos, intercambiando frustraciones. Suspiró y, a pesar de que ella aún le agarraba, comenzó a tirar cuidadosamente de los pantalones de Yagami. Acariciaba la piel desnuda a medida que se iba haciendo visible, disfrutando de su suavidad innata. Aunque confusa y con los ojos fijos en sus manos, no se quejó hasta que Endou bajó su ropa de interior sin avisar y acercó la cara a su entrepierna. Apartándole bruscamente, frunció el ceño y volvió a colocarse la poca ropa que quedaba antes de llegar a ella por completo, mordiéndose el labio inferior. Mamoru, en un alarde de comprensión romántica poco habitual en él, se quitó la cinta del pelo que siempre llevaba y, pausadamente, se la colocó a Reina en la cabeza, tapándole los ojos y pidiéndole que se relajase.

–Q-qué demonios estás… –masculló ella, avergonzada pero permitiéndole hacer lo que quisiese.

–Te da vergüenza verlo, ¿verdad…?

–Ése no- no es problema… –sus piernas temblaron al contacto de los labios de Endou contra los suyos.

–…Estás muy mona cuando te pones nerviosa, Reina –la voz de Mamoru era dulce y jovial, aunque denotaba un creciente nerviosismo.

–¡ ¡ ¡Yo no soy mo-! ! ! –Endou colocó un dedo sobre los labios de Yagami mientras usaba su otra mano para buscar la piel de la chica por debajo de la camiseta.

Reina no pudo evitar preguntarse cómo es que Mamoru sabía hacer ese tipo de cosas si, supuestamente, ni tenía novia ni idea alguna sobre el amor en general.

–Y-ya te he pedido que te relajes... V-venga –ante las palabras del guardameta, la huérfana apretó los labios y asintió. Endou acarició el cuello de su compañera con la frente, ahora descubierta, mientras llevaba sus manos hacia arriba, acariciándola con sus endurecidas manos de portero y parándose a la altura del pecho. Reina se estremeció, sintiendo cómo su espalda se curvaba al contacto, deleitada por la ruda suavidad de las yemas de los dedos de Mamoru–. Voy a quitarlo… ¿Vale?

–S-sí…

Endou se apretó contra Yagami, soltando torpemente el enganche y sacándolo con la mayor delicadeza posible mientras ella le rehuía instintivamente. Antes de que pudiese recuperarse siquiera del shock que perder su última línea de defensa le había causado, Ulvida sintió cómo dos manos calientes y húmedas la hacían estremecerse y gemir al inspeccionar la base de su descubierta intimidad, masajeando delicadamente a medida que se hundían en la ductilidad de su piel desnuda.

–¿Te gusta?

–¿Q-qué… clase de pregunta es ésa?

–Es que, ahora mismo… sólo quiero hacerte sentir bien.

–…Haz lo que te dé la gana.

Tragó saliva y, apenas hubo levantado la camiseta de su compañera hasta la altura del pecho, paró.

–¿Puedo empezar…?

–…Es muy violento decirlo así. Tú… deberías intentar aprender cómo tratar a una chica.

–E-es que es mi primera vez y… –Mamoru agachó la cabeza durante unos segundos, pero pronto la sacudió y volvió a mirar a Reina, decidido–. ¡Perdóname! ¡Trataré de ser un amante mejor de ahora en adelante!

–…Un qu-… ¡ ¡P-ponte a ello de una vez! ! «Quien quiera que haya enseñado a este idiota a hablar debe haber tenido serios problemas…».

–A-ahí voy… –tartamudeó, agarrando con cuidado uno de los pechos de Yagami y presionando su lengua contra el extremo de éste, suscitando que ella resoplase y se aferrase fuertemente a sus hombros. Casi inconscientemente, dejándose llevar por el obsceno sabor de la princesa, comenzó a jugar con su lengua, llevándola de un lado a otro por aquel busto prohibido mientras su mano se movía de manera instintiva hacia la entrepierna de la chica, acariciándola con cuidado. Tan llevada por el momento como él, la centrocampista ladeó la cabeza mientras gemía y abrió las piernas, dejando que la mano de Endou jugase con ella más fácilmente. Los besos del portero comenzaron a descender por el cuerpo de la joven extraterrestre. Sus dedos removían su interior. Los suaves aullidos fueron interrumpidos por una leve carcajada que trató de refrenar tapándose la boca con las manos, la cual fue provocada por las cosquillas que los labios de su compañero le estaban produciendo en el vientre. Mamoru sonrió nerviosamente y, con la mano libre, asió los brazos de Reina y descubrió su boca, dándole un pequeño y cariñoso bocado a su labio inferior. Sorprendida y aturdida por el gesto, retrocedió.

–Puedes… gemir si quieres. ¡Prometo no decir nada!

–Si te ATREVIESES a decir algo, te arrancaría la cabeza de un rodilla-aah…

Reina no consiguió acabar la frase; mientras hablaba, Mamoru había colocado la cabeza entre las piernas de la chica y el aliento que emanaba de él ya la golpeaba, haciéndola temblar. En cuanto la lengua de Endou hizo contacto con Yagami, ésta cerró las piernas de golpe, asustada. Sin embargo, tras sujetar aquellas dos armas mortales que le aplastaban la cabeza y asegurarse de que no pudieran volver a hacerle daño, volvió a revolver el interior de Ulvida con la lengua, metiéndola paulatinamente más y más dentro con cada ataque. Casi sin aliento, con sus dedos enredados en el pelo del chico, la inusual sensación le estaba haciendo perder el control sobre sí misma.

–M-Mamoru-kun…

–A-ah, Reina-chan…

–Mn- N-no… ¡No me llaaaames eso...!

Los gemidos se intensificaban, el enredo se convirtió en tirón. La excitación era mutua; el placer, no. La abstención apretaba, dolía, constreñía. Pero no quería dejarlo. Y, por primera vez, su temblorosa mano se dispuso a satisfacerle a él mismo. Sin embargo, a los poco segundos de que comenzase a saciarse, sintió cómo su brazo era retenido por la mano de aquella a quien no quería soltar. Miró hacia arriba por un instante, lo suficiente para ver una cara de nuevo destapada y con el ceño fruncido. Decepcionada.

–P-pero, Reina… No puedo…

–¿Es que no soy suficiente?

–Eres mucho más que suficiente, ¡ése es el problema…! –farfulló, apartando la mirada.

–¡Pues deja ya de hacer el idiota!

Mamoru suspiró y volvió a mirar a Reina. –¿A qué te refieres…? ¿No te gusta? ¿Estoy siendo demasiado duro?

–… –Se cubrió los ojos de nuevo con la cinta, haciendo pucheros–. Quiero decir que podríamos hacer el amor ya que hemos llegado hasta aquí.

–E-el amor… –tartamudeó, sintiendo cómo sus mejillas resplandecían de puro calor. Su cuerpo ardía de tal manera que tuvo que quitarse la sudadera del Raimon que siempre llevaba encima–. No- No puedo decir que no quiera, pero, y-yo… Si… tú quieres de verdad… Puedo intentarlo…

–No se intenta. Lo haces o no lo haces –le espetó al portero de manera pueril–. –Nunca pensé que fuese tan poco deseable como… ¿mu… jer? ¿M-mamoru…?

Mientras hablaba, Endou había comenzado a gatear sobre ella, besando su vientre a medida que avanzaba, haciéndola contraerse por el hormigueo que le causaba. No aguantaba más, y lo sabía.

–¡No eres poco deseable en absoluto! De hecho, eres… preciosa…

La quería. Muchísimo. De un modo que jamás había sentido antes. Quería estar con ella, abrazarla y besarla. Sentirla. Darle todo el amor que necesitase. Hacerla feliz. Pero nunca como a nada más que su mejor amiga. La quería como a mucho más que una amiga, sí, pero de un modo que ni él mismo terminaba de comprender. "¡Te quiero, Yagami-chan!" era una de sus coletillas favoritas, y "¡No digas eso tan a la ligera, idiota!", la respuesta más habitual. Era un amor real, palpable, visible –de lo cual los habitantes del Ohisama-En podían dar buena fe–, cuyo límite se encontraba en la línea de la amistad. Y, aunque jamás hubiera pensado en iniciar una relación con ella, hacer caso a aquella descabellada sugerencia le parecía la idea más dulce del mundo junto a la de jugar un buen partido de fútbol justo después.

Las manos y lengua del capitán del Raimon comenzaron a deslizarse de repente sobre el pecho de la princesa, haciendo que ésta se llevase las manos a la cara, abochornada.

–Mn… C-casi… parecías estaaar… diciendo lo contrario… Nh…

–¡Yo nunca diría…! Lo… lo siento.

Mamoru hundió la cara en los pechos de Reina, disfrutando del tacto en sus sensibles mejillas mientras sus dedos recorrían aquel esbelto cuerpo lentamente, hacia abajo, hasta acabar abrazando su cintura. La besó torpemente desde el tórax hasta la mandíbula, gimiendo el uno el nombre del otro a medida que avanzaba. Acabó su camino en la boca de la joven, presionando sus labios contra los de ella. La chica rodeó el cuello de su héroe con los brazos, rompiendo el beso y escondiendo la cara en su hombro.

–¿Estás… preparada…?

–¡ ¡N-n-nnno me preguntes eso! !

–No quiero hacerlo de repente sin preguntar…

–Mh… Lo sé, pero… decirlo así… «Es realmente patético».

–Lo siento… Pero, ¿lo estás…?

Yagami se limitó a asentir.

Endou agarró la cintura y uno de los muslos de la chica y le levantó la pierna, colocándose frente a ella y presionándose contra su piel al tiempo que Yagami se ajustaba ella misma a aquella posición. Y, muy lentamente, entre suaves gruñidos de complacencia, ambos comenzaron a hacerse uno.

Mamoru fue metiéndose más y más con relativa facilidad. Para cuando estuvo totalmente dentro de ella, la respiración de ambos era ya tan pesada que, cuando el cancerbero se reclinó sobre la centrocampista para besarla, apenas pudieron mantenerse juntos por un par de segundos antes de empezar a ahogarse. Aún inmóvil, Endou acarició melosamente las caderas de Yagami, tratando de mantenerse firme en el sitio mientras ella temblaba.

–¿Qué… qué pasa? ¿No te gusta…?

–Mmnh… Me gusta- Me gusta mucho…

–Me… alegro…

La besuqueó durante un par de segundos en el cuello y empezó a moverse dentro de ella rítmicamente, jadeando ambos a cada empujón que éste daba, los cuales ella trataba de igualar moviendo sus caderas al son que el novato marcaba.

–R-reina… Eres i-increí~ ggh…

–A- haa… Mamoru… –exhaló justo antes de apretar la mandíbula, tratando de reprimir los gemidos y agarrándose violentamente a la espalda de Endou–. M-más fuerte…

Siguiendo las órdenes de su soberana, Mamoru soltó las piernas de Reina para rodear su espalda con los brazos, atrayéndola hacia sí y aumentando ligeramente el ritmo. Lanzando múltiples gritos de impúdico y lascivo placer, tuvo que soltarse de la espalda del chico para cubrirse el ya enmascarada rostro con los brazos, cosa que compensó agarrándose fuertemente a la cintura del chico con sus fortalecidas piernas de futbolista. Abrazándose a ella con fuerza y apretando su cuerpo contra las voluptuosas curvas de la chica, acalló sus gritos con un profundo beso que ella devolvió de forma melindrosa, aún sin poder mantenerlo durante demasiado tiempo debido a la falta de oxígeno que los cada vez más profundos empujones de Endou le causaban.

–Es demasiado, Re-reina, ¡no puedo… aguantar…!

–Haa~ Yo tampoco- puedo… e-es… –a pesar de sus esfuerzos, su voz iba perdiendo fuerza a cada palabra; sólo pudo volver a aferrarse a la espalda de Mamoru, arañándola vehemente e involuntariamente de arriba abajo, provocando que el marcado se retorciese de grato dolor– demasiado… M-mamoru…

–Voy a tener que… parar… pronto…

Yagami, muy a su pesar, tuvo que dar el visto bueno para que Endou saliese de ella, justo a tiempo para que ninguno de los dos se viese cubierto por el amor líquido del otro. Apuntando hacia el suelo, tratando de no contaminar más el cuerpo de Reina, Mamoru bañó el suelo del Ohisama-En con más de aquella semilla de la que él, hasta el día anterior, sólo había oído hablar en las clases de Biología del Raimon. La misma gravedad se encargó de que los fluidos de la princesa cayesen del mismo modo al pavimento del orfanato, mezclándose gota a gota con los del portero.

Sacando fuerzas de donde no las había, el guardameta gateó despacio hasta ponerse al lado de la rendida alienígena y, una vez más, la besó, obligándola esta vez a hacer que el contacto de sus lenguas durase algo más, disfrutando del dulce sabor de su boca, tan solo adulterado por el juego previo que había habido entre ellos dos.

–Reina… Eso ha sido…

Avergonzada, giró la cabeza al lado contrario, abrazándose a sí misma. El líbero recuperó su cinta y, después, la rodeó con los brazos cuidadosamente, gesto que la chica, aunque exhausta, devolvió con fervor. Endou se limitó a acurrucarse en el cuello de su cansada compañera, ocultando su cara de ella.

–Cómo pudiste pensar siquiera que no eras atractiva…

–Tú eres quien me ha hecho pensar eso, sabes... –respondió, sollozando muy suavemente.

–Oh… L-lo siento, Reina… No pretendía hacerlo, yo- l-la verdad es que no lo sé. Pero… ¡tú eres preciosa…!

–Tú… supongo no estás mal cuando te callas.

–Viniendo de ti, ése debe de ser el mejor halago del mundo…

Ambos sonrieron cálidamente mientras ella, callada y aún tumbada en el suelo, colocó los brazos alrededor del cuello de Mamoru y cerró los ojos. Endou, nervioso, se quedó mirando a la subcapitana de Genesis desde arriba.

–Reina… Puedes… Podemos… huh… ¿besarnos una última vez?

Sin mediar palabra, Yagami tiró de él y le dio un largo beso en los labios, sonriente, el cual trataron de profundizar y disfrutar lo máximo posible hasta que, aún jadeantes, tuvieron que dar por terminado.

–Hm… Tu- tu sab- ah, olvídalo.

–¿Hm?

–N-no, es que… Te hará sentirte incómoda otra vez, así que…

–…Adelante, dilo. No importa.

–Tú… el sabor de tus labios… –tuvo que apartar un poco la mirada, sonrojado–. Me gusta mucho. De- de hecho, me encanta…

Reina se tocó los labios con los dedos sin darse cuenta, mirando deliberadamente en otra dirección durante unos segundos antes de zafarse del abrazo de Mamoru y sentarse.

–Mph- Es mejor así. …Si no te gustase, te daría la paliza de tu vida.

Endou sonrió y acarició uno de los costados de Yagami. –¡Mientras sea contigo, no puede disgustarme...!

–Agh… –Reina se quedó mirando fijamente al suelo, ruborizada–. Eres- demasiado sensiblero.

–Supongo que tienes razón…

Haciendo caso al juicio sobre sí mismo que acababa de recibir, abrazó por la espalda y le acarició el vientre y los costados amablemente a una Yagami que, una vez más, no ofreció resistencia alguna.

–De algún modo… no me importa –Reina se mordió el labio inferior y arrugó el entrecejo al sentir cómo las manos que la tocaban subían y comenzaban a juguetear con sus pechos.

–Me alegra mucho oír que me aceptas como soy… Reina-chan –dijo Mamoru con un tono increíblemente aliviado mientras cosquilleaba la piel de la centrocampista, disfrutando de su suavidad.

«O-otra vez no…» –Mnh… No es como si no lo supieses ya.

«Son enormes, como balones de fútbol» ¿Crees que podemos dormir juntos…?

Reina recostó la espalda sobre él, mirando al suelo de nuevo. –Ahn… No lo sé…

–Ya que probablemente no tengamos otra oportunidad para estar así… E-erm, quiero decir… ¡sería agradable!

No contestó. Se limitó a apoyar la cabeza en el hombro del chico y dejarse acariciar. Mamoru, entonces, comenzó a frotar su mejilla lentamente contra la de Reina; muestra de afecto a la que ambos le habían acabado cogiendo cariño con el tiempo, especialmente Endou y sus hipersensibles carrillos. Yagami devolvió el gesto con lentitud, a lo que el cancerbero respondió dándole un beso en la mejilla.

–¿Es eso un sí? –preguntó, llevando las manos desde el pecho hasta la cintura de la chica, abrazándola.

–Sólo esta vez.

–No esperaba otra cosa –sonrió–. Quiero decir- se… acabó lo nuestro, ¿no?

–¿El qué? –preguntó ella, parpadeando lentamente y ladeando la cabeza.

Mamoru apartó la mirada, nervioso. –¿No volveremos a hacer esto…?

–...Mirar hacia otro lado es de mala educación.

Inspiró profundamente e hizo un esfuerzo increíble por mirarla a los ojos. –No volveremos a hacer el amor juntos, ¿verdad?

–Para nada –sonrió maliciosamente. Endou asintió y la abrazó un poco más fuerte. «..QUÉ-… ¿¡QUÉ CLASE DE PREGUNTA HA SIDO ÉSA! ?»

–Está bien. ¡Siempre y cuando te haya gustado…! «No debimos haberlo hecho desde un principio, así que…»

–…Supongo que es algo que quería. Más o menos. ¡P-pero no te montes ideas raras en la cabeza!

–A-ah- No, ¡claro que no! Sé que sólo somos… ¿buenos amigos?

Yagami asintió, algo inquieta. –Buenos amigos…

–Sí… Es genial. Te quie- …me gustas mucho –susurró él, apoyando su cabeza en el hombro de la abrazada.

–Mamoru…

–¿…Reina?

Sin mediar palabra, giró la cabeza un poco y besó a Mamoru en la comisura de sus labios antes de sonreír dulcemente. –Me alegra que alguien a quien admiro tanto se haya convertido en mi amigo.

–¡Me hace muy feliz que seamos amigos! –apuntó, devolviendo la sonrisa–. Yo también te admiro mucho, ya lo sabes.

–¿D-de verdad me admiras? –parpadeó casi entusiasmada antes de toser forzadamente, tratando de recuperar la compostura–. Quiero decir- ya lo sabía.

–Creí que ya te lo había dicho, ¡jajaja…! –rió, bajando un poco la vista pero devolviéndola a donde estaba en milésimas de segundo al encontrarse de cara con el desnudo pecho de Ulvida, la cual cruzó los brazos, aplastándolo y levantándolo involuntariamente para feliz desgracia del mejor portero juvenil del mundo.

–¡ ¡P-por supuesto! ! ¡Me da absolutamente igual, de todos modos!

Endou acarició suavemente la mejilla de Yagami con el pulgar, tratando de olvidarse de los marcados senos que tenía justo debajo. –Sí, eso también lo sé...

Reina suspiró y, tratando de relajarse, descruzó los brazos y reclinó la cabeza, apoyando la cara en la mano de Mamoru, quien, casi sin darse cuenta de lo que hacía, empezó a besarle el cuello a la chica cuando ésta lo dejó al descubierto.

–E-espera… Mamoru… Nh- –suplicó, apretando los labios y los párpados. Endou paró al instante, sacudiendo la cabeza.

–P-perdona, Reina, ¡no he podido evitarlo…! Lo he visto y- estabas tan mona…

Puso su mano sobre la que el joven había puesto en su mejilla y se quedó mirando al suelo, abrazándose a sí misma de nuevo. –Perdona…

–¡Es mi culpa por no saber controlarme! –replicó él, negando con la cabeza.

–No- es eso… es… p-… –jugueteando con sus dedos y revolviéndose ligeramente, le miró con ojos casi suplicantes, algo totalmente impropio en ella–. Por favor, no pares, Mamoru-

–Reina… ¡S-sí!

Respiraban con dificultad, excitados. Los labios de Endou acariciaban el cuello y hombro de Yagami; las manos lisonjeaban los alrededores de su ombligo. Reina, aún de espaldas a Mamoru, rodeó la cabeza y cuello de éste con los brazos.

–N-no debería… p-pero… augh- da igual…

–No tenemos que hacer esto… si no quieres…

–Sólo- ¡cállate y hazlo antes de que cambie de opinión…!

Hincó los dedos en Mamoru cuando sintió cómo su lengua se iba moviendo sobre su cuello hasta alcanzar su oreja, la cual mordió suavemente, provocando que ambos se estremecieran.

–Reina… ¿Estás segura de que no podemos besarnos otra vez…?

–Ah… Nnh… N- no… puedo…

Endou dejó de acariciarla y Yagami se apartó de él.

–Perdona, es que es difícil contenerse…

–Lo sé –dijo secamente, haciendo una pequeña pausa para respirar–. ¿…Podemos simplemente… abrazarnos?

–¡Claro…! Si eso es lo que quieres, me parece bien –sonrió el capitán del Raimon.

–Y… u-un beso más –gruñó la jugadora de Genesis, arrugando el entrecejo–. Sólo por si acaso.

–¡Me encantaría…! –asintió sonriente–. Ya sé que es una… ocasión especial.

–Pues claro.

Yagami cerró los ojos y se acercó a él. Endou acarició una de las mejillas de la chica con la nariz, y su compañera respondió con el mismo gesto.

–Reina…

–¿…Nh?

–Por favor… Haz que dure…

–De acuerdo.

Mamoru se mantuvo en vilo durante unos segundos, con los labios muy cerca de la boca de Reina, respirando sobre ella. Sin esperar más, la princesa se fundió en un beso con él, agarrando sus manos con fuerza. El portero trajo a Yagami más cerca de sí mismo, profundizando el beso y ladeando la cabeza. Inseguro e inexperto, lamió los labios de la centrocampista antes de meter la lengua dentro de su boca. Antes de que pudiera hacer nada más, la extraterrestre tomó el control total del beso y se colocó encima del capitán del Raimon, presionando su lengua contra la del chico tímidamente. Así, uno encima del otro, mezclando saliva y sudor, los segundos pasaron. Cuando por fin Reina se apartó, tras una unión que se le hizo increíblemente larga, y hundió su cara en el cuello de Mamoru, éste no pudo evitar pensar que había durado demasiado poco, pero que, aún así, Reina-chan era increíblemente dulce besando.

–¿Estás bien, Reina?

–Sólo un beso. Eso es todo.

Se arrimó a él, nerviosa.

–Oye… ¿quieres ir a dormir?

Asintió repetidas veces.

–¿Aquí?

–Ahora que lo pienso, eso podría ser un poco incómodo –rió ella suavemente.

–¿Alguna otra idea…?

–Ehm…

–…Dormir en tu cuarto sería un poco raro, ¿verdad?

–Puedes dormir en otro sitio que no sea mi cama. «No pienso dejar que les quites el sitio a mis peluches».

–…Pero entonces no dormiremos juntos.

–…Bien pensado.

–¡Aunque no tenemos que dormir juntos si no quieres!

–Bueno… Si sólo es una vez, no le haremos daño a nadie, ¿no?

«Mientras ni Midorikawa ni Hiroto nos pillen…». –Supongo, pero sigue siendo tu elección.

Reina cruzó los brazos. –Sólo esta vez.

–¿…Me enseñas el camino?

Mamoru volvió a agarrarla de la mano y ella entrelazó los dedos cariñosamente con él mientras se levantaban y empezaban a caminar.

–Me alegra estar contigo, Reina.

Ella bajó la mirada y se limitó a seguir andando.

–¿Pasa… algo? «NO ME DIGAS QUE HE VUELTO A ARRUINARLO TODO».

–No. Es que es- es agradable oír esas palabras –afirmó, abriendo la puerta de su habitación y cerrándola de una patada en cuando ambos hubieron entrado. Mamoru, sorprendido y hasta algo asustado, parpadeó antes de hablar.

–¿Por qué tan, ehm… violenta?

–Ah- Yo… no quería soltarte la mano.

–Yo tampoco… –sonrió avergonzado, apretando un poco la mano que sostenía.

–Pues… duerme –resopló, apretando los labios.

–Sí… dormir –«Cómo era esa cosa de la que hablaba papá…»–. ¿Las damas primero…?

Yagami se dirigió a la cama y se sentó en ella acompañada de Endou, quien no la había soltado en ningún momento. Se quedaron mirándose el uno al otro. De un repentino golpe, Reina empujó a Mamoru a la cama, echándose ella también rápidamente y rodando hacia el lado contrario del colchón, ocultado sus mejillas enrojecidas. De nuevo, el capitán del Inazuma Japan sujetó la mano de Ulvida con la suya, quien la agarró fuerte y la colocó sobre ella, invitándole a abrazarla por la espalda.

–Es bastante agradable, ¿verdad? –sonrió Mamoru.

–Sí…

La fémina se acurrucó en él mientras éste hundía su cara en el hombro desnudo de la chica. Sus voces se suavizaron y tranquilizaron.

–Eres… muy cálida.

–¿Es eso malo?

–¡Para nada! Me gusta mucho.

Yagami sonrió para sí misma. –Disfruta mientras dure.

–Descuida, lo haré. ¿…Puedo decir algo, Reina?

–¿Mmh?

–Estoy muy, muy contento de estar aquí. Contigo.

Se giró sin dar explicaciones y se le quedó mirando. –Y yo.

–Yo, ehm… –no pudo evitar darse cuenta de que Reina estaba apretando el pecho contra él.

–Yo… –comenzó ella, mirando hacia abajo– me siento sola últimamente. Y es casi increíble que alguien tan fuerte como tú sea…

–¡No te preocupes por eso…! –declaró, sacudiendo la cabeza ligeramente y sonriendo después–. Si alguna vez quieres compañía, sólo… ¿llámame?

Reina se agarró a él de pronto, frotando su cabeza contra el pecho del chico mientras asentía y soltando un pequeño murmullo de afirmación. Mamoru le besó la frente.

–Te… quiero, Reina. Lo sabes, ¿no?

–Yo… sigo creyendo que "querer" es una palabra demasiado fuerte. Pero… no me importa oírla ahora mismo.

–Eso me hace muy feliz… –sonrió.

–…Podrías… ¿decirlo otra vez? P-pero no te acostumbres a ello ni nada…

–…Te quiero. Te quiero. Te quiero mucho, muchísimo, Reina-chan. Eres muy especial para mí. «No me habré pasado, ¿no?»

Ulvida escondió la cara contra el pecho del líbero.

–¿Tú… me quieres también? –interpeló Mamoru.

–Yo… –Yagami miró hacia arriba, ofreciéndole una cálida sonrisa mientras se secaba algunas lágrimas de los ojos-. ¡Hm…!

–¿Estás… llorando?

–Estoy- ¡bien…! –respondió decidida, aún frotándose los párpados.

–¿Es por algo que he dicho? –siguió preguntando él, quitando una lágrima perdida de la mejilla de la princesa con el pulgar.

–Supongo que simplemente… necesito oír eso de vez en cuando –le contestó, escondiéndose en su pecho de nuevo.

–¿Es que no hay nadie que te lo diga…?

–¿…Podríamos… no hablar del tema?

Estrechó a la chica entre sus brazos con amor, apretándola contra su pecho.

–Claro. Pero, si alguna vez te sientes mal y quieres volver a oírlo…

–¿…No necesitamos todos oírlo algunas veces? –rió ella suavemente.

–¿Incluso si es mi tipo de amor?

–No importa qué tipo de amor sea. Hace feliz a la gente de todos modos, ¿verdad…?

Mamoru besó la mejilla de Reina y sonrió, la cual devolvió la sonrisa al sentir el beso. –Si te hace feliz, a mí también.

–Piensas demasiado en los demás, sabes.

–Pero eso no es malo, ¿no?

–Es otra cosa admirable de- ¡e-ey, déjalo ya! –divertido, Mamoru había comenzado a besar a Reina por toda la cara, la cual estaba riéndose tontamente por el cosquilleo.

–Eres muy dulce a veces~.

Cerró los ojos con fuerza, avergonzada y ligeramente ruborizada. –...Como ya te he dicho, no te acostumbres.

–Supongo que debería dejar de ser tan tocón, jaja…

La cara de Yagami se iluminó de repente. Miró directamente a Endou: sus ojos refulgían, descarados.

–Tocón, eh. ¿Te gusta tocarme~? ¿…Tanto me ves como a una mujer?

Endou asintió, tomando prestado el sonrojo que acababa de desaparecer de la cara de Yagami.

–Ya veo…

Reina se movió e hizo que Mamoru se moviese también, sentándose encima de él y mirándole desde arriba.

–¿Eh? Reina, ¿qué estás ha-a-ah…! –masculló Endou al sentir cómo las caderas de Yagami comenzaban a moverse sobre su aún desnudo ser.

–…Pero sientes algo más fuerte por otra persona. ¿De verdad te parece justo…?

–S-son sentimientos totalmente diff~ …ferentes… ¡Y, a-además, yo aún no sé si realm-aah! ¡R-reina!

–Eres un cínico, Mamoru… –opinó toscamente, sin parar de moverse sobre su creciente erección–. Pero en fin.

–La p-pregunta es… –un suave gemido salió de la boca de Mamoru, del que no pudo recuperarse hasta pasados unos segundos–. ¿Tú q-qué… hmaah… crees?

–…Creo que piensas demasiado –largó ella de golpe, apartando la mirada y poniendo mala cara, sin detenerse–. Me- me requiere mucho valor, sabes.

–Eres muy valiente, Reina… ¡P-pero no haría esto… c-con cualquiera! ¡Si lo hago contigo es… aah… es porque quiero hacerlo!

–…Te diré que yo tampoco lo haría –aseveró, comenzando a moverse en círculos sobre él antes de volver a hablar–. Esto es sólo~ para gente… que tenga ojos… para mí~.

–Me… hace feliz ser un… e-elegido. –sonrió Mamoru a duras penas, tratando de parar de gemir por un segundo.

–Heh~.

Paró.

Endou quiso acariciar las caderas de Yagami aprovechando que estaba quieta, pero ella le agarró rápidamente por las muñecas y las estampó contra la cama, por encima de la cabeza del chico.

–¿Qué tal si hacemos algo a MI manera, durante un ratito…?

–¿No- no estamos haciéndolo ya a tu modo…?

Reina puso los ojos en blanco. –Calla y mírame.

–¡Sí! ¡Siempre y cuando ayude a que te guste a ti…!

Levantó los brazos de Mamoru por las muñecas mientras se ludía contra su excitación algo más rápido que antes, sin dejar que el chico hiciese otra cosa que no fuese gritar o suspirar.

–¿A q-qué… viene… e-esto?

–Sólo quiero asegurarme de que duermas muuuuy~ bien –Yagami se frotó contra él muy despacio para acabar apretándose contra el final de su miembro antes de seguir moviéndose violentamente.

–¡Pero yo ya iba a dormir bien junto a ti-iiih…! –Mamoru sofocó un violento grito.

–Aún así…

–…Graci-¡aah… ¡ ¡ ¡Reina, es genial…! !

–Lo sé. Puedo adivinar por tu cara que te gusta~.

Endou echó la cabeza hacia atrás al sentir cómo Yagami aceleraba, pero hizo lo posible por seguir mirándola y hablando, aunque fuese entre dientes. –¿Te g-gusta… a ti… t-también?

–Por supuesto…~ –respondió ella con retintín, sonriendo malévolamente, tal y como lo haría el siempre malhumorado ex-capitán del Shin Teikoku–. El simple hecho de ver tu cara me hace sentir muuuuy bien~.

–E-es un poco… e-embarazoso, pero… essstoy muy contento de poder hacerte feliz… –resopló Mamoru, haciendo un esfuerzo por sonreír dulcemente aunque apenas pudiera mantener la boca quieta y cerrada. Abochornada, Reina apartó un poco la mirada para esconder sus rojas mejillas y puso mala cara, sin frenar el movimiento.

«Tche- Será imbécil…».

–¿Podrías… acercarte un poco y… soltarme? –rogó el capitán. Ulvida se acercó a él inmediatamente. Se mostró algo más reacia a soltarle, pero acabó por ceder a la suplicante mirada del capitán. Él sonrió, abrazándola cariñosamente–. Mucho mejor…

El sonrojo de la princesa se hizo más patente. –…Tch- ¡Burro, deja de desenmascararme!

–Pero me gustas mucho más así…

Se mantuvo callada y se inclinó más sobre Mamoru, restregando casi todo su cuerpo contra él, sin preocuparse ya porque viese cómo de abochornada estaba. Mamoru susurró algo débilmente en su oído y, espantada, se paró en seco.

–NO, NO VAS A HACERLO EN MI CAMA.

–¡P-pero si tú has e-empezado a hacer esto…! ¿Q-qué espe… rabas?

–¡E-E-EN MI CAMA NO! ¡SI NO, NO… P-PODRÉ CASARME! –gritó. Mientras lo hacía, se bajó de él a toda prisa, asustada, preocupada y desconcertada–. ¡F-fuera! ¡A-acabaré en algún otro sitio!

Avergonzado de sus propias reacciones corporales, totalmente rojo y tembloroso, se levantó como pudo y se quedó inmóvil al ver cómo la centrocampista, sentada en el borde de la cama, se inclinaba sobre él. Tragó saliva y se mordió el labio inferior, frustrado.

–Ya… gamiiiih…

–Tranquilo.

Abrió la boca ligeramente, lo justo para poder cerrar los labios en torno a la punta del miembro de Endou. Los ojos del cancerbero se cerraron al contacto. Mirando sus reacciones fijamente, Yagami hizo circular su lengua sobre la piel, aún con los labios sellados en torno a él. Profiriendo quejumbrosos gemidos entre los que podía adivinarse el nombre de su compañera, cogió la cara de la princesa entre sus manos y, de nuevo, la levantó un poco. Sin negarse a las peticiones del portero, tomó algo más de miembro dentro de su boca y le lamió tenuemente.

–¿P-puedo… acabar ya…? –recurrió el de la cinta en la cabeza, casi inaudible. La chica de largos mechones blancos asintió sin soltarle. Sonriendo suavemente, Endou comenzó a verter su semilla dentro de la boca de Yagami tan lentamente como pudo, a pesar de ansiar hacerlo con violencia después de la inmensa cantidad de estímulo que había recibido. Una pequeña suma rodó por las comisuras de los labios de la chica mientras se apartaba de él e intentaba tragar. Exhausto, las rodillas le fallaron a Endou, haciendo que se desplomase en el suelo. En cuanto pudo levantar la vista, ambos se quedaron mirándose durante unos segundos. Reina se relamió; Mamoru bajó la mirada.

–Ahm… Eh… ¿Necesitas ayuda con eso…?

–¿Hm? ¿Con qué…?

–Con la boca… o…

La mirada del portero se dirigió tímidamente a la entrepierna de la chica, la cual le apartó la cara de un manotazo mientras se sonrojaba ligeramente.

–Ya sé que has dicho que mi cara te hacía sentirte bien, pero- Yo… eh, b-bueno…

–¿¡P-p-p-podrías al menos intentar ser menos ESTÚPIDO cuando hables de ello! ?

–¿¡Cómo se supone que voy a hacer eso…! ? Quién podría no actuar así… contigo…

Ambos apartaron la mirada, uno de puro nerviosismo y la otra de desconcierto, pues no sabía si debía sentirse ofendida o halagada. Tras unos instantes que aprovechó para recuperar el aliento, Mamoru se levantó y se sentó junto a Reina, quien se le quedó mirando fijamente.

«Tiene bastante resistencia, eh...».

–¿…Qué pasa ahora?

–Nada. Es sólo que… tienes mucha energía –estimó Yagami.

–Ah- ¿gracias…? Tú también eres bastante echada hacia delante… –rió Endou de manera extraña.

–…Supongo.

Mamoru notó cómo Reina desviaba la mirada y, aprovechando el momento, le agarró la mano amablemente. Sonriendo para sí misma, enlazó los dedos con él.

–¿No estábamos a punto de hacer algo? –recordó él, jugando con los dedos de la chica y tratando de sonar tranquilo aunque no lo estuviese en absoluto.

–…L-la última vez, ¿vale?

–Primera y última, ¿verdad?

–…Sí –la mirada de Yagami se suavizó al volver a mirarle, sumisa.

–¡Tú primera, por favor! Es tu cama –sonrió. Yagami le miró, desconcertada.

–…La verdad es que no sé qué hacer.

–¿Dormir? –preguntó Mamoru, tratando de recalcar lo obvio. Los ojos de Reina se quedaron abiertos de par en par durante unos instantes.

–¡C-c-claro! ¡Dormir! –gritó, reptando bajo las sábanas.

–Espera, pensabas qu- ¡aaah, perdona! –balbució, haciendo una pequeña reverencia de disculpa y cerrando los ojos, avergonzado. Para entonces, ella ya estaba escondida bajo las sábanas.

–N-n-no… Está bien.

Mamoru se metió bajo las sábanas junto a ella y se acurrucó en su espalda, ocultando su inmenso rubor a la vista pero no al tacto; sus ardientes mejillas estaban calentándole la espalda a Reina–. No es que no estuviera satisfecho, sabes…

Se dio la vuelta y envolvió al chico entre sus brazos. –S-simplemente no hables de ello… Ya lo sé.

–Yo- no sabía que pudieras ser tan dulce hasta hoy, Reina… ¡Pero n-no es que no me guste tu manera normal de actuar! –el joven supo que estaba metiendo la pata hasta el fondo cuando la chica le dedicó una mirada de odio feroz desde un palmo de distancia–. ¡Es sólo… un añadido a tu encanto natural…! –añadió, riendo tontamente.

–…Cuéntale a alguien que soy así y lo próximo que verás será el interior de tu ataúd, ¿¡LO PILLAS! ?

Mamoru asintió repetidamente. –¡C-claro! Quiero decir, si quisieras enseñar ese lado de ti, lo harías, así que si tú no lo haces, yo tampoco. ¿Está bien?

–…Eso pensaba. ¡Hmph!

–…Reina. –dijo Endou tras unos segundos de espera.

–¿Mh?

–He disfrutado de estar hoy contigo. Un montón –sonrió tímidamente, haciendo que Ulvida se sonrojase y hundiese la cara en su pecho para ocultarlo.

–…Cállate y duerme.

–Tú… ¿Confías en mí?

Yagami asintió tímidamente, algo molesta por la continua conversación que le estaba dando su compañero cuando ella lo que quería era dormir y que todo aquello acabase de una vez.

–No pienses mal, pero… Quisiera pedirte algo.

–Escúpelo de una vez.

–Verás, yo… Quisiera que hablases con Hiroto. Él tiene miedo de hacerte daño y no lo va a hacer por sí mismo, así que...

–…Eres un tipo extraño, Mamoru Endou.

–¿E-eh? ¿Por qué?

–Quieres que arregle las cosas con mi ex-novio justo después de hacer el amor conmigo. Admito que tienes agallas.

–¡Ajajaja…! B-bueno, yo sólo quería tu confianza, nunca pensé que acabaríamos… bueno. Quizás así aceptarías mi ayuda.

Yagami suspiró profundamente.

–…Vale, idiota. Lo INTENTARÉ. Pero no prometo nada.

–Gracias.

–…Eh, Mamoru-kun.

–Dime.

–¿Quién es "él"?

–¿Qué…?

–Cuando has empezado a hacerme esas cosas tan asquerosas, has hablado de alguien. No vayas a hacerte el loco ahora.

–A-ah, eso… Verás, es… Kazemaru.

Reina frunció violentamente el ceño.

–…Entiendo. Creo que no quiero saber más.

–Gracias por dejarlo estar –sonrió–. Ah, y…

–¿¡Qué quieres ahora, pesado! ?

–Esto… Eeh… ¿Crees que podría llamarte… Rei-rei?

–No tientes a tu suerte.

–¡Pero, Reina…! ¿Por qué no?

–D-dios… Mamoru-kun, tú no me entiendes. Ni a mí ni a ninguna mujer.

–…Perdón.

–Meh, supongo que… forma parte de tu "encanto natural".

–…Gracias.

–Hm.

–Reina.

–Quéee.

–…Te quiero –sonrió Mamoru, acariciándole el pelo a la chica–. Buenas noches.

–…Duerme bien.


ENYAGAAAAAAA- Quiero decir, ¡resumamos! En busca de tratar de dar un paso adelante en un problema que parecía estancado, Mamoru busca la confianza de Reina para que se deje ayudar por él y poder pedirle a la chica que hable con Hiroto, ya que sabe que él no lo va a hacer primero por miedo a herirla.

¿Conseguirá Endou que Yagami y Kiyama hagan las paces? ¿Qué piensan Midorikawa y Miyasaka de todo esto? ¿Y dónde quedan los sentimientos de Kazemaru? ¡Respuestas de todo tipo en los próximos capítulos! ^^