Sherlock aprisionaba la mano de Christine contra la madera de la puerta mientras la observaba con los labios fruncidos y los músculos tensos. Ella tenía sus ojos castaños fijados en los de él con ira. Ambos tenían las emociones a flor de piel y ninguno iba a ceder a favor del otro. Christine estaba preocupada por los asesinatos del teatro. Sherlock quería terminar el caso y separarse de aquella conflictiva chica.
-Suélteme, Holmes-Murmuró con rabia Christine.
Sherlock se limitó a arquear una ceja suavemente y agarró la mano de Christine, acercándola a él. El olor a coco de la chica llegó a sus fosas nasales y el detective tuvo que aguantar sus instintos. Le extrañó comportarse así, ya que, por norma general, Sherlock odiaba todo tipo de sentimiento humano. Le parecían aburridos. Pero aquella chica pelirroja le había hecho replantearse incluso quien era. Notaba como Christine se removía mientras las manos fuertes del detective agarraban las de ella y las sujetaban por detrás de la espalda de ella. La pelirroja le observaba con temor y rabia mientras los ojos azules de Sherlock no se inmutaron.
-¿Francia?¿Bélgica?-Dijo el detective con arrogancia-¿De donde eres, Christine?-
-Váyase al infierno detective asesor-
Sherlock tiró de sus manos de manera que el cuerpo de Christine se arqueó hacia adelante mientras sus manos se encontraban detrás de su espalda, sujetas por las del hombre. La pelirroja respiraba de forma entrecortada y rabiosa removiéndose para soltarse de los brazos del detective. Sherlock comenzó a andar tirando de ella hasta que el borde de la cama rozó la parte de atrás de las rodillas de Christine. Las pupilas de ambos se hallaban dilatadas de manera que apenas se veía el veían sus ojos oscuros y brillantes. Los de Christine temerosos, los de Sherlock peligrosos. Él la soltó de manera que la pelirroja cayó sobre la cama boca abajo.
-¡Sherlock!-Gritó ella sentándose en la cama mientras el detective sonreía con malicia-¿Te parece divertido, mister Holmes?-
Christine cogió la mano de él, tirándolo a su lado y se sentó encima, con las rodillas a los lados de la cadera de él, mientras él la miraba asombrado. La pelirroja ensanchó su sonrisa y puso las manos en el estómago de Sherlock, empezando a hacerle cosquillas. El detective intentó apartar las manos de la chica, pero ésta, riendo, lo impidió de manera que tuvo que aguantar la risa. Cansado de aguantar, Sherlock cogió las manos de Christine y la empujó, tirándola en la cama, y se sentó encima de ella sujetando sus manos, mientras la observaba con sus ojos azules.
-No-Dijo en tono frío.
La pelirroja se sonrojó, adquiriendo un tono amapola en sus mejillas mientras oía la respiración del detective cerca de ella. Las manos de Sherlock se aflojaron, y Christine alzó la derecha para acariciar el rostro de él. Sherlock cerró los ojos respirando entrecortadamente y Christine acarició sus labios con el pulgar lentamente, masajeándolo. El detective volvió a abrir los ojos y Christine, al verlos tan brillantes, arqueó el cuerpo hacia delante, de manera que sus labios rozaron los del detective, que se intentó apartar, pero ella puso una mano en su cuello, acercándolo más. Los labios de Christine eran como plumas que acariciaban los de Sherlock. ''Así que es por esto que la gente corriente inunda su mente de cosas inútiles'' Pensó él mientras rodeaba la cintura de ella con el brazo y correspondía con ganas a sus besos.
