Hola a todos los que aun leen esta historia. La principal razón por la que había dejado de escribir era la completa falta de inspiración. No deseaba escribir ni sabia como debía continuar la historia. La buena noticia es que ya se como va a terminar y ya esta lista. He escrito el final.
Muchas gracias por su comprensión y paciencia, espero que aun les guste la historia y que por su puesto dejen sus comentarios y opiniones.
NOTA: NO LEER EL CAPITULO SIN ANTES HABER LEIDO LO SIGUIENTE:
Este capitulo contiene escenas que pueden herir la susceptibilidad del lector, jajajajaja, es broma. En realidad el capitulo esta un poco fuerte a mi criterio y a partir de aquí empieza a subir de tono así que dejo al criterio de los lectores la evaluación del mismo.
A todos aquellos que leen el fic "Entre sedas" les quiero decir que no voy a abandonar el fic. En cuento termine este retomo su escritura. Gracias.
Gracias por su review y su infinita paciencia a ladyY, Kikyo Shacklebolt, Diana Prenze, Geraldine, Kaname, Cataa Weasley, Agos, Sisu Rock, Flor666, poetic lines, Ivan Duron, Karen, Almendroide, Athena Elektra black, AllySan, , sailor mercuri o neptune (me gustaría saber que fue aquello que no te gustó), sugeisy.
CAPITULO 18. DE RATOS AMARGOS Y DE COSAS BUENAS.
Draco abandonó el salón. Caminó despacio y en silencio por el pasillo que llevaba al recibidor donde Granger esperaba. Al entrar, percibió de inmediato su aroma, el vello de su piel se erizó y su estúpido corazón comenzó a latir con fuerza.
"Admítelo Draco. Estas perdido" se dijo.
Estaba de espaldas y aun no se había percatado de su presencia. Sus ojos descendieron por el cabello humedecido por la lluvia, por los titilantes hombros, las torneadas caderas hasta los tacones hundidos en la alfombra. Se acercó con sigilo pero antes que pudiese llamar su atención Hermione se volvió.
Draco se detuvo casi pegado a ella y miró sus brillantes ojos. Unos ojos que le habían mirado con furia e incluso miedo pero que ahora parecían desolados y tristes, la coherencia y el sentido común perdían su significado mirándola a los ojos. La deseaba. Sus sentimientos por ella eran más fuertes y mas arraigados de lo que nunca imaginó. Era inadecuada para él en todos los ámbitos, pero maldita sea…. La amaba. No podía negarlo. Era como negar el aire que aspiraban sus pulmones.
Sin embargo, no podía actuar como un adolescente estúpido frente a ella. Tenía orgullo y sabía perfectamente lo que Granger pensaba de él. Nada podía existir entre ellos, absolutamente nada ni siquiera un sensato cruce de palabras o un simple saludo. Eso lo había dejado claro. Pero entonces ¿Qué rayos hacia en su casa?
Se mantuvieron en silencio uno frente al otro por varios minutos, solo mirándose a los ojos como aquellas pequeñas batallas infantiles que declaraban perdedor a quien parpadease primero. Hermione tembló ligeramente y Draco fue de nuevo de su estado. Perdía la noción del mundo cuando ella estaba cerca y en ese momento estaba lo suficientemente cerca para desbocarlo. Dio dos pasos atrás, frunció el cejo y le ordenó con voz apremiante.
-Sécate mujer ¿Acaso no eres una bruja? ¿A quien rayos se le ocurre hacer visitas con este tiempo y a esta hora?
Hermione pareció reaccionar ante sus palabras y realizó el hechizo limpiamente. Draco seguía en pie frente a ella, aun fruncía el cejo y ahora tenía cruzados los brazos a la altura del pecho, su pie izquierdo golpeaba insistentemente el suelo. Un gesto claro de impaciencia.
-¿Y bien?
La vio parpadear varias veces. Malfoy bufó sonoramente al no escuchar una respuesta inmediata.
–Granger imagino que estas acostumbrada a asaltar hombres en sus casas a altas horas de la noche para satisfacer tus oscuras fantasías pero yo pasé de ti. Por lo tanto si no tienes una razón de suficiente peso que justifique tú presencia en mi casa. Voy a tener que pedirte y no amablemente que te marches de una buena vez. – Era lo mejor que podría hacer o él perdería el control una vez más.
-Necesito hablar contigo – dijo finalmente. El corazón le palpitaba con fuerza, se sentía confundida y asustada y por un instante sintió unas inmensas ganar de salir corriendo de allí inmediatamente. Pero se contuvo, el motivo de su extraña visita era más importante que todas sus inseguridades. Tenía miedo de lo que él pudiese pedirle a cambio.
-Estamos hablando – dijo con petulancia.
Hermione puso los ojos en blanco. Draco podría ser un verdadero cabrón y un maldito gilipollas cuando se lo proponía y eso la sacaba de sus cabales más que ninguna otra cosa en el mundo. Pero jamás admitiría que él podía desestabilizarla hasta tal punto.
-Necesitamos hablar de un tema en concreto.
Esta vez fue el turno de Draco de poner los ojos en blanco. -¿Y por qué rayos no empiezas a hablar de una buena vez y te dejas de tanto prologo? Siempre has sido directa, eres como los vampiros , hacia la yugular ¿a que se debe tanto rodeo?
Tenía razón. Respiró hondamente para infundirse valor. Recordó la mirada de Neville, la desesperación que inundaba sus ojos, sintió un aguijonazo en lo más profundo de su pecho. La vida no era justa con su amigo y ella le prometió hacer todo lo que estuviese a su alcance para ayudarle.
-Necesito saber ¿Quién es Dolly?
Draco reaccionó con sorpresa -¿Qué?
-Dolly, Malfoy. Dolly. – Espetó con hastío - El maldito cabrón que metió a mi amigo en todo esto. Tú sabes quien es. Hermione caminó hacia el señalándole con el dedo. Draco retrocedió alejándose a su vez.
-¿Cómo rayos voy a saber quien es Dolly?
-No mientas Malfoy. – le dijo molesta.
-¡Estas loca Granger! – Exclamó furioso – Vete de mi casa, no eres bienvenida
Draco salió hecho una furia hacia su despacho. Sabía que solo un tema en concreto podría traer a Granger hacia su casa, pero sería estúpido negar que el fondo tenía la esperanza que estuviese allí por otra razón, algo muy distinto a lo relacionado con Longbonttom, algo como el beso que habían compartido tan solo hace unas pocas horas. Se reprendió por ingenuo y crédulo. En ese instante parecía que aquel beso era solo fruto de su imaginación.
Hermione le siguió. La terquedad era su mayor defecto. Sabía que Malfoy no soltaría prenda tan fácil y necesitaba que le diera un nombre, era imperioso saber quien era Dolly. Entró hecha una furia detrás de él.
-Voy a denunciarte si no me dices quien es tu cómplice.
Draco se volvió furioso -¿Quién te dio permiso de entrar? Te acabo de echar por si no te has dado cuenta.
-¡No me voy a ir hasta que me digas quien es!
-¡Es que estas mal de la cabeza¡ - exclamó colérico -¡que no sé de que hablas¡
-¡Mentiroso!
-¡Loca!
-¡Ja! ¿Loca yo? ¿Quién fue el que inicio todo esto? ¿Quién esta más loco tú o yo?
-¡Solo quería humillarte no te des tanta importancia! – dijo con sorna.
Hermione respiró hondamente. Cerró los ojos, mientras sentía como sus uñas se clavaban fuertemente en las palmas de sus manos. Podrían pasar toda la noche discutiendo y no conseguir nada, sin duda alguien debía enterrar el hacha y no iba a hacer él. Abrió los ojos y guardó silencio unos segundos. Malfoy era manipulador y engreído. Jamás soltaría prenda sin obtener nada a cambio. Y sabía perfectamente lo que él quería de ella.
-Esa excusa ya no te sirve – le dijo.
Draco se puso nervioso, ¿acaso Granger sabia lo que él sentía por ella? ¿Habría sido tan obvio?
-Por favor Malfoy. Dime quien es. – prosiguió con voz suave y tranquila que sonó mas a una súplica que a una petición.
El respiró hondó y decidió imitar su tono. Solo ganaría un tremendo dolor de cabeza si seguían discutiendo de esa manera.
-Granger no puedo ayudarte – le dijo mientras la invitaba con un gesto a salir de su despacho y de su casa. Quería que se alejara. Su presencia, su olor, su calidez podrían nublarle la razón en cualquier momento.
-Si puedes.- insistió - Tú sabes quien es Dolly.
-¡Maldición¡ - farfulló impaciente - ¿Qué te hace pensar eso?
Ella bufó ante la ironía. –Veamos – con sus dedos empezó a enumerar – Nadie a parte de los aurores sabían lo de Neville, aprovechándote de eso lo amenazaste, tenias pruebas de su culpabilidad como aquellas notas nefastas que resultaron ser falsas. Por lo tanto, o bien alguien te dio toda la información o… la tienes de primera mano, en tal caso eso quiere decir que tu eres Dolly.
Malfoy estaba furioso, consigo mismo y con ella. Le molestaba su acusación pero debía admitir que tenía razón. Todo apuntaba hacia él. Se sirvió un whiskey y lo bebió de un trago. La bebida disipó un poco su naciente ira.
-No sabía que las notas eran falsas. Fue lo que me entregaron.
En Hermione renacieron las esperanzas -¿Quién? –preguntó simplemente.
Draco guardó silencio. Se sirvió otro trago y lo bebió de un sorbo.
-No soy Dolly Granger y tampoco se quien es. Es lo único que puedo decirte.
-No te creo.
-Ese es tu problema.
Resignada ante los acontecimientos. Hermione se dejó caer sobre un sofá de la sala. Parecía muy triste, como una niña perdida en una gran ciudad. Draco hubiese dado lo necesario para saber que pensamientos surcaban su mente. Ella se mantuvo largo tiempo allí, sentada en sofá, en silencio mirando al vacío mientras él devoraba copa tras copa su botella de whiskey.
-Haré lo que tu me pidas – dijo de repente rompiendo el silencio reinante.
Malfoy se quedó perplejo. -¿Perdona? – creyó no haberla oído bien.
A Hermione le temblaban las manos y las rodillas. Su garganta estaba seca y su corazón palpitaba con fuerza. Tragó saliva y le miró decidida – Si me dices quien es Dolly, haré lo que me pidas.
-¿Lo que yo diga? – preguntó aun incrédulo.
-Lo que me pidas – repitió en voz muy baja y aguda.
Draco pareció espabilarse. No podía creer lo que estaba escuchando. Granger, la altiva, la orgullosa, la inalcanzable se estaba ofreciendo en bandeja de plata. Frunció el cejo, no era posible. Algo había pasado, algo realmente serio. Granger jamás diría algo así. Antes preferiría estar muerta. Pensó que debería celebrarlo y aceptar su oferta, pero descubrió rápidamente que eso no era lo que quería hacer. Además no podría engañarla, no tenía ni la más remota idea sobre que o quien era Dolly. Aunque se lo había preguntado a Blaise infinitas veces nunca le había dado un nombre.
-Escucha. – le dijo.
Ella se movió incomoda en el sofá. Él se acomodó a su lado.
-No sé que ha pasado pero puedes contármelo y tal vez pueda ayudarte. – le dijo sin tapujos.
Hermione le miró extrañada, esa no era la reacción que había estado esperando.
-No entiendo
-Granger, no soy tonto. ¿Qué rayos ha pasado para que vengas a decir semejante locura?
Abrió los ojos como platos, aquel hombre no era el Malfoy que ella conocía.
-Deja de mirarme como si tuviese dos cabezas. Te he hecho una pregunta muy sencilla. ¿Qué ha pasado?
Estaba perpleja, no podía ocultarlo. Había planeado todo muy bien, a Neville podían quedarle unas cuantas horas o unos cuantos días todo dependía del proceso. La única pista que tenía para ayudarle estaba sentada frente a ella mirándola como si estuviese loca por que le había ofrecido aquello que hasta hace pocos días él había intentado tener casi a la fuerza. La cordura de aquel hombre sin duda no tenía ni pies ni cabeza.
Bufó sonoramente. Concluyó que Malfoy estaba jugando con ella – Necesito saber quien es Dolly – repitió cansinamente.
-Eso ya me lo has dicho – espetó – lo que no entiendo es el por qué tu ofrecimiento.
-Es muy sencillo. Estoy dispuesta a hacer lo que digas Malfoy, pero necesito un nombre ahora.
-¿Por qué? – Insistió - ¿Qué ha pasado?
Hermione lo observó en silencio unos segundos. Su mirada era tan intensa y triste que Draco tuvo que frenar el enorme impulso de abrazarla. Ella bajó la mirada y cuando habló su voz sonó acongojada y quejumbrosa. Granger estaba llorando o más bien intentaba no llorar.
Se quedó de piedra. La única vez que la había visto llorar fue en Hogwarts, el día de la batalla contra el que no debe ser nombrado, cuando había visto los cadáveres de sus amigos. No supo que hacer ni como reaccionar. En aquella ocasión, el petardo de weasel la había abrazado y había llorado con ella. Lógicamente él no iba a hacer lo mismo. Así que le dio unas torpes palmaditas en el hombro a modo de consuelo, se sintió tonto enseguida lo que realmente hubiese querido hacer era apoyar su cabeza sobre su pecho y abrazarla con intensidad. Necesitaba saber porque o por quien lloraba.
-Lo siento – dijo mientras se secaba un par de lágrimas silenciosas – No ha sido un buen día.
Él no dijo nada. Si abría la boca miles de frases tontas de enamorado saldrían para consolarla. Frases que ya se estaban formando en su mente y que peleaban por emerger. Frases que rebelarían su debilidad por ella. Se mordió la lengua y espero.
-Los aurores se han llevado a Neville esta tarde. Su abuela me ha enviado una lechuza pidiéndome ayuda. – Levantó la mirada y Draco pudo ver la tristeza que la atormentaba – Va a ir a Azkaban si no entrega a Dolly y no recuerda quien es. Tiene la memoria modificada con un hechizo muy potente, retirarlo podría hacerle perder la cordura. Por eso estoy aquí. Malfoy por favor.
Draco se quedó en silencio unos segundos. Verla en ese estado le partía el corazón. Le hubiese gustado ayudarla. Pero no podía.
-Habla con Potter y Weasley. Ellos seguramente podrán ayudarte más que yo.
-No – dijo con pesar – Ron y Harry lo capturaron. Ellos llevan el proceso. No me han permitido verlo. No soy su legisladora.
Draco guardó silencio nuevamente. "¡Valientes amigos!" – Se dijo – "Longbottom esta condenado." Y aunque le importaba muy poco lo que ocurriese con el brujo Draco sabía que afectaría severamente a Hermione y eso si le importaba.
-Por favor Malfoy. Por favor. Haré lo que me pidas. – Insistió - Solo dame un nombre
Se fijó nuevamente en ella. Daría su vida con tal de recibir un poco de esa devoción que mostraba por sus amigos. - No puedo – repitió frunciendo el entrecejo – Granger, entiendo lo que debes estar sintiendo. He pasado por mismo con mis amigos cuando estuvieron a punto de pudrirse en Azkaban, pero te juro por la memoria de mis padres que no se quien es Dolly.
El corazón de Hermione se arrugó como una uva pasa. Malfoy era su única pista, la única persona de quien podría obtener alguna información y ahora no sabía que hacer ni a quien recurrir. Neville no podía ir a Azkaban. No se lo merecía.
-Sin embargo – dijo de repente Draco – hay alguien quien puede saberlo. Todo es cuestión de preguntar aunque no se si logre obtener alguna información.
Hermione se levantó del sillón como si tuviese un resorte pegado en trasero. – Es quien te dio el chivatazo ¿verdad? – Preguntó apresuradamente - ¿Quién es?
Malfoy negó en silencio. – Haré las averiguaciones Granger, pero no te prometo nada.
Ella aceptó sus palabras, a veces no era prudente insistir -¿Cuándo?
Miró el reloj colgado en la pared. - En cuanto amanezca. Si voy ahora seguro me echaría a patadas y no obtendría nada, pero mañana en la mañana tal vez tenga suerte. Iré a verte en cuanto tenga alguna información.
Hermione no supo si gritar o saltar de alegría. No sabia que tan efusiva podría ser frente a Malfoy, pero no pudo evitar que una radiante sonrisa se dibujara en sus labios. Una sonrisa que eclipsó a Malfoy porque nunca la había visto sonreír en su presencia. Aquella era sin duda la primera sonrisa sincera que le brindaba desde el día en que la conoció.
Draco luchó por no imitar su gesto al mirarla, tan adorable, tan bonita, tan espléndida. No podía negarlo, se sintió en el paraíso. Una chispa de dicha brillaba en sus ojos y él no pudo evitar aquel calor agradable que crecía en su corazón al verse reflejado en aquella cálida mirada.
-Gracias – dijo ella casi en un susurró.
La miró de arriba a bajo nuevamente, Hermione llevaba puesto un pesado abrigo negro que la cubría desde los hombros hasta las pantorrillas dejando a la vista sus delicados y sensuales tobillos y los, sin duda, costosos pero sencillos zapatos negros que enfundaban sus pies. A pesar de lo amorfo de su ropa, Draco no podía dejar de admirarla, para él Granger era como un dulce bomboncito que moría por devorar.
"Esta hecho" se dijo "Acabo de perder la cabeza"
Hermione parpadeó estupefacta. Sometida a aquel repentino escrutinio, fue incapaz de mirarle directamente a la cara, de ahí que su mirada se desviase de su rostro y se clavara en el suelo para, a continuación, quedarse fija en el primer botón de la chaqueta de Draco. Se sentía desnuda y vulnerable frente a él, tuvo que reprimir el impulso de cubrir su pecho y sus caderas con las manos y al parecer Malfoy no ponía el más mínimo empeño en disimular.
-Es…tarde – balbuceó – se… será mejor q… que me vaya. Se encaminó hacia la salida. Podía sentir la intensidad de la mira gris clavada en su cuello. Las rodillas le temblaban. No sabía porque pero en ese momento no se sentía con fuerzas suficientes para rechazar los asedios de Malfoy. Era más fácil huir.
-Espera.
Con esa simple palabra la hizo detenerse. Draco se levantó y cruzó la sala para acercarse a ella. Mostraba una curiosa expresión, absorta y suspicaz al mismo tiempo, como un animal salvaje que ha sido incitado a aceptar comida de la mano de un desconocido del que no se fía. El corazón de Hermione empezó a latirle a un ritmo desenfrenado.
-¿Qué sucede?
Draco clavó su mirada en ella y Hermione retrocedió hasta que su espalda quedó pegada contra la puerta aun cerrada. Él la siguió y apoyó un brazo a un costado de su cabeza y el otro muy cerca de su hombro. Hermione se sintió atrapada.
-¿Qué estas haciendo? - acertó a preguntar.
Guardó silencio durante un largo instante; Hermione creyó que no iba a responder. Entonces la miró fijamente a los ojos. Como estaban tan cerca el uno del otro, pudo sentir como su masculino aroma la inundaba y como la intensidad de su mirada le llenaba el alma, un solo deseo se formó en su mente al verse reflejada en aquella inmensidad gris. Hermione deseaba que él la besara. Draco llevaba deseando besarla desde que la vio de pie en su recibidor.
-Te advertí que debías mantenerte alejada de mí. ¿Lo recuerdas?
Ella asintió mirándole a los ojos. –"No puedo tenerte cerca…y pensar con claridad al mismo tiempo" – Sus ojos se abrieron como platos de puro asombro. No sabía porque pero recordaba cada palabra que él le había dicho antes de besarla.
En aquel momento, Draco se sintió igualmente atónito al descubrir que, aunque había decidido dejarla en paz, se sentía incapacitado para controlar la reacción de su cuerpo por su causa. Aunque sin duda lo mejor para su mente era alejarse de ella inmediatamente, no quería hacerlo, lo que realmente deseaba era que ella tuviese conciencia de él, como él la tenía de ella. Quería que le amara.
-Draco – dijo Hermione
Su nombre le salió de los labios sin que se diera apenas cuenta. Él se movió de forma casi imperceptible, como si pretendiese apartarse de ella. Al escuchar su nombre en sus labios sintió como si le hubiesen golpeado con un látigo el corazón. Entonces Hermione, obedeciendo un impulso, levantó sus brazos y le rodeó los hombros para sorpresa de si misma y de él. Draco se quedó rígido. Sin decir nada Hermione lo atrajo poco a poco hacia ella hasta que al final terminó cediendo y en silencio bajó la cabeza hasta casi tocarle el hombro.
Era tan extraño lo que estaba ocurriendo. Ninguno de los tenía una explicación así que de repente la mejor opción era permanecer allí abrazados. Draco la estrechó entre sus brazos, cerró los ojos y volvió el rostro hacia su cuello, su aroma le inundó todos los sentidos.
-¿Qué estas haciendo? – le pregunto.
Hermione empezó a temblar ligeramente y no le contestó. La verdad era que no tenía idea de lo que estaba haciendo y mucho menos del porque lo hacía o tal vez si, se había vuelto loca de repente. La mantuvo abrazada durante largo rato, hasta que ella se sintió impregnada de su calor, con todos sus nervios a flor de piel.
Draco levantó levemente el rostro y la besó muy lentamente desde la mejilla hasta donde el borde del abrigo le permitía. Hermione era incapaz de controlar el ritmo de su respiración y él fue incapaz de ignorar sus fervientes inspiraciones que hacían que su pecho subiera y bajara, si aquel abrigo no existiera….
Draco era fuerte, tenía la espalda ancha y era muy alto, no tanto como Ron pero si lo suficiente como para dominarla físicamente si lo deseaba, en el pasado se había aprovechado de esta ventaja física comportándose como un verdadero canalla y un imbécil. Sin embargo, en aquel momento mostraba una increíble dulzura. En algún lugar recóndito de su mente, se preguntó por qué no le temía en ese momento. En Hogwarts aprendió a que no debía fiarse de ninguna serpiente especialmente si era Malfoy, eran seres peligros incapaces de mostrar algún sentimiento por alguien diferente a ellos mismos. Pero en ese momento con Draco, se sentía a salvo, se sentía…amada. Apoyó una mano en su pecho, justo donde latía el corazón, y notó el rápido retumbar contra su palma.
-Eres tan dulce. Eres tan bella – le susurraba a medida que le besaba las mejillas, los parpados de los ojos y hasta la punta de la nariz. Draco sostenía su rostro entre las manos. Cruzaron sus miradas por pocos segundos antes que él se inclinara y finalmente le besara los labios.
El joven mago ya no pudo controlarse, tenía que besarla, necesitaba besarla, debía besarla. Sus labios eran tan duces y lozanos, su figura era exquisita una verdadera tentación para sus sentidos. Notaba cada rincón de su cuerpo, sus senos pugnando contra su pecho, sus piernas enredadas entre las suyas, los cabellos que cosquilleaban sobre sus manos, su aroma, su esencia. La exploró con profundas caricias de su lengua, procurando ser delicado, notando cómo en su interior ardía una auténtica hoguera. Sintió deseos de arrancarle el abrigo y de no dejarla marchar ya nunca de su lado. A ciegas encontró las curvas de sus nalgas y cerró las manos sobre ellas con fuerza al tiempo que le apretaba las ingles contra su erección. El pesado abrigo amortiguó la sensación de contacto íntimo que él ansiaba. Se besaron aún con más ardor, con más pasión. Hermione no pudo evitarlo y empezó a gemir cada vez más agitada. Draco quería fundirse con su piel, quería tenerla para siempre. Pero eso aun no iba a ocurrir, por ahora. Sin saber cómo, Draco logró apartar su boca de la de ella con la respiración entrecortada y jadeante, y la estrechó contra su cuerpo excitado mientras intentaba alcanzar la calma.
-Tengo que detenerme o…- dijo en un áspero susurro. – nos arrepentiremos de esto el resto de nuestra vida.
Ella tenía el rostro oculto a la vista, pero Draco oía el ritmo desigual de su respiración y notaba sus esfuerzos por mantenerse quieta a pesar de los temblores que sacudían su cuerpo. Le acarició el cabello con torpes movimientos; los relucientes rizos castaños eran tan sedosos y tentadores, por pocos segundos los imagino esparcidos sobre las almohadas de su cama. Tragó saliva, cerró los ojos con fuerza y apretó fuertemente las manos en un intento de serenar su mente.
-Malfoy – le escuchó decir con un tono quejumbroso – me haces daño
Draco la soltó lentamente. Transcurrieron unos largos segundos antes que encontrara fuerzas para poder hablar.
-Ahora ya sabes por qué debes evitarme. - Malfoy la separó de sí, aunque todos sus nervios se rebelaron protestando a gritos.
Ella no dijo nada, solo lo observaba atónita. No sabía que había pasado pero en ese preciso instante lo único que deseaba era que él volviese a besarla. Parpadeo varias veces en un intento de aclarar su mente, pero eso no ocurría. Tenía que salir de allí ahora. Huir – A… Adiós —dijo, con la mirada fija en el rostro de Malfoy. Y, acto seguido, sacudió la cabeza preguntándose qué habría sido de su autodominio. – Ma..ma.. Mañana, tu…
Draco la interrumpió con un gesto de sus manos. Asintió rápidamente aun estaba agitado.
–Vete Granger.
Ella asintió y se marchó cerrando la puerta tras de sí
-¿Qué hiciste que?
-Francesca, no me estas ayudando - Astoria la miró con sorna a través de las llamas de la chimenea. Estaba sentada sobre la lujosa alfombra que cubría su habitación de hotel. Había llamado a su prima Francesca en un arrebato de histeria. Esa misma noche iba a enfrentarse a Nott y no sabía que hacer.
-Perdona – sonrió burlona – es que me has tomado por sorpresa. Lo que me cuentas es tan impropio de ti.
Astoria se cubrió el rostro con las manos avergonzada – Lo sé. No entiendo que me ha pasado.
Al otro lado de la chimenea Francesca seguía riendo. – Tonta, no tienes por qué avergonzarte. Coquetear, seducir es algo innato en los seres humanos. Sobre todo cuando hay química.
-¿Cuándo hay que? – preguntó Astoria sin comprender.
-Es una frase muggle.
-Francesca, deja de jugar. Esta noche viene ese hombre. No sé que voy a hacer. – dijo con pesadumbre - Quiero cavar un hoyo y esconderme en él. No se en que estaba pensando.
-¿Estas loca? – Exclamó frunciendo el entrecejo – Ese hombre te atrae, es el primero que llama tu atención después de Malfoy. Tienes que acabar con tu abstinencia sexual.
-¡Francesca!
-No me abras tanto los ojos primita que no te voy a echar gotas.
Astoria la miró con sorna -¿Otra frase muggle?
-Si. ¿A que molan un montón?
-Francesca….
-De acuerdo, de acuerdo. – le dijo en tono conciliatorio – Venga, dime ¿como es?
Frunció el cejo molesta – Es un autentico gilipollas. Un narcisista, un egocéntrico de…. En fin un verdadero desastre.
Francesca sonrió – Pero te gusta.
La expresión asesina de Astoria la hizo reír a carcajadas – De acuerdo, lo siento. Dime como es físicamente.
Suspiró antes de responder -Bueno… es alto. Tiene los hombros anchos, los ojos muy expresivos, su rostro es muy masculino y tiene una nariz horrenda.
-¿Y sus manos?
-¿Sus manos? – Astoria cerró los ojos brevemente tratando de recordar – Tiene uñas bonitas, sus manos son grandes.
Francesca saltó de alegría - ¡Que bien! Ya sabes lo que dicen. El tamaño del miembro es proporcional al tamaño de sus manos.
-¡Francesca! – Exclamó indignada
-¡Que! Prima escucha. Por lo que me has contado este hombre es igual o peor que Malfoy. No te estoy diciendo que te enamores de él, te sugiero que pases una noche estupenda, cero inhibiciones, mucho sexo y al otro día si te vi ni me acuerdo.
Astoria se mordió el labio inquieta. – La idea no me desagrada del todo, pero me niego a permitir que él piense que me ha seducido.
-¿Ese es el problema? – La joven la miró incrédula – Utiliza tus armas y has que juegue en tu tablero.
-¿Mis armas?
Francesca respiró profundamente – Tienes tanto que aprender Astorita querida de mi alma. Mira, esto es lo que tienes que hacer.
La seducción era un juego que a Theodore Nott le encantaba. Disfrutaba más perseguir que conquistar y perseguir a Astoria Greengrass prometía ser un verdadero placer. Llegó puntual. El hotel donde se hospedaba era muy reconocido en Londres, tenía fama de ser uno de los mejores en la cuidad. El recibidor era iluminado y decorado con gran elegancia y sofisticación. Se preguntó como Greengrass podía permitirse semejante lujo, tal vez no era tan pobre y desvalida como todos creían.
Caminó hacia el dependiente, saludo cortésmente y le comunicó que la señorita Greengrass le esperaba para cenar. El dependiente frunció el cejo y miró algo en los registros.
-La señorita Greengrass ya ha cenado, Señor. Ahora esta en el casino. Esta jugando una partida.
Lejos de sorprenderse o molestarse, Nott sonrió, había imaginado que ella no se lo pondría tan fácil. El juego del gato y el ratón era uno de sus favoritos. La noche sin duda prometía grandes deleites.
El casino del hotel estaba a rebosar de hombres y mujeres sedientos de juego. Pensó que probablemente encontrarle entre aquella multitud le iba a llevar algún tiempo. Caminó hacia la mesa de la ruleta que era el juego mas asediado en el momento. Al principio no vio entre la multitud ninguna mujer. Pero mientras rodeaba la mesa, las personas se dispersaron y Nott pudo verla.
Su garganta se quedó seca al instante.
Llevaba un vestido negro con un escote que llegaba hasta donde la espalda perdía su nombre. En el cabello tenía un recogido, nada ostentoso, todo lo contrario estaba un poco alborotado como si acabara de abandonar la cama. En el cuello no llevaba ningún colgante y eso le gustó porque podía disfrutar plenamente de lo tersa y suave que parecía su piel en aquella zona. Llevaba zapatos de tacón, con sus tobillos y pantorrillas a la vista. Esa mujer era puro fuego y esa noche él iba a avivar la llama.
Pidió un Whiskey y lo bebió desde la barra justó enfrente de ella. La ruleta no era un lugar adecuado para el asedio y Astoria parecía no haberse dado cuenta de su llegada, estaba tan absorta en el giro de la ruleta como todos los demás. No le iba mal en el juego, tenía una considerable cantidad de fichas a su lado y ganaba un poco más a medida que avanzaba el juego. Estuvo allí por casi veinte minutos y Astoria no dio muestras de notar su presencia. Nott se molestó, dejó la barra y se fue hacía la mesa de póker. Tenía que buscar algo de diversión.
Estuvo jugando durante media hora. Ganó más de lo que perdió y tal vez por eso se aburrió tan pronto. Se alejó de la mesa, buscó a Astoria en la ruleta pero ella no estaba "¡imposible!" Se dijo "¿Se habría ido?" Un joven dependiente se acercó en aquel momento y le entregó un pequeño papel doblado por la mitad.
"Habitación 478. Lleva una baraja" Astoria.
Nott sonrió. Alquiló una baraja de cartas y subió a la habitación 478 tan rápido como sus pies se lo permitieron.
Astoria le abrió la puerta con una sonrisa condescendiente en el rostro, aun llevaba aquel vestido de infarto, pero se había quitado los tacones y soltado el cabello. Era una diosa.
-Señor Nott – le saludó inclinando levemente la cabeza.
-Señorita Greengrass. Un placer volver a verla.
Ella se apoyó en el marco de la puerta impidiéndole el paso. – Siento mucho lo ocurrido. Olvidé por completo nuestra cita.
Nott sonrió mostrando todos sus perfectos dientes, sabia que mentía que todo era parte del juego.
-No importa me lo he pasado genial. Me ha ido de maravilla.
Astoria cruzó los brazos y sonrió – Lo he visto, ha ganado una buena cantidad con el póker.
-Y usted con la ruleta.
Astoria se encogió de hombros, y el movimiento atrajo hacia ellos la mirada de Nott.
-Se me da bien – dijo restando importancia al asunto.
Nott sonrió. –En su nota me ha dicho que traiga una baraja.
Astoria fingió sorpresa. – Es mi manera de pedir disculpas ¿Quizás quiera entrar y jugar una par de manos?
-Es una idea tentadora. Pero para hacerlo interesante que tal si le propongo una apuesta. Una ronda de veintiuno.
Astoria levantó una ceja interesada -¿Cuál es el premio?
-Si ganó. Pasará la noche conmigo. Si pierdo no la molestaré más.
Los ojos de Astoria relampaguearon con algo que parecía rabia u orgullo, aunque tal vez fuera simple desdén. Ni lo sabía ni le importaba en ese preciso momento.
-¿Todo es un juego para usted? – preguntó.
-Si
Ella sonrió y entonces le dejó pasar.
Alrededor de una pequeña mesa de cristal, Theo y Astoria acomodaron dos sillones, uno frente al otro, lo suficiente amplios y cómodos para disputar una partida sin ningún tipo de molestia.
-Elija el juego que quiera - le ofreció él - En la modalidad que quiera. Dará igual. Yo ganaré... y me encantará hacerlo - Le tendió la baraja de cartas - Reparta - le ordenó.
Los ojos de Astoria chispearon ante el desafío. Durante la niñez su padre había enseñado todo lo referente al arte de jugar a las cartas, era muy buena aprendiendo y también haciendo trampa. Pero esta vez no iba a hacerla quería que él ganara.
-Me subestima señor Nott - replicó - Jugaremos toda la baraja. Repartiré una cada vez, pero habrá una pequeña diferencia: no mostraremos las cartas hasta el final. Quien gane más manos, ganará la partida.
-Como usted lo prefiera – le dijo sonriendo. Enseguida empezaron a jugar.
Hubo en total diez manos. Astoria era consciente de que el corazón le latía más deprisa en cada juego, aunque tenía muy buenas cartas. Nott le llevaba la delantera con merito, él jugaba con tranquilidad, muy concentrado, como si se jugara su propia vida. En la última mano dieron vueltas a las cartas. Ambos hicieron el cálculo rápidamente. Nott había ganado con diferencia de uno. Su sonrisa era tan amplia y su ego tan grande que Astoria creyó que no cabría en todo el edificio.
-Parece muy satisfecho de si mismo. – le dijo mientras él bebía una copa de brandy.
-Lo estoy – contestó sin aminorar su autosuficiencia. – He ganado.
-Sé contar señor Nott. Sé perfectamente que ha ganado.
-Entonces sabe porque estoy tan feliz. Tendré una noche… muy interesante – su profunda mirada la recorrió entera.
Astoria sintió un ardiente deseo naciendo entre sus piernas. Recogió las cartas y las guardó en una mesilla. - Llegados a este punto pensé que como buen caballero se abstendría de cobrar su apuesta y me liberaría de obligaciones.
Nott sonrió aun más – Mi querida señorita Greengrass, no soy un caballero y le recuerdo que usted aceptó la apuesta así que… no espere que me vaya sin recoger mis ganancias.
La verdad era que no sabia que hacer. Se quedó allí de pie frente a él con las manos cubriendo su vientre e intentando que él no se fijara en el temblor de sus dedos ni en el tilintear de sus rodillas.
-Tiene miedo - le soltó él.
Aquello hizo que el temblor de Astoria cesara, lo miró directo a los ojos. Nott le estaba sonriendo con una expresión satisfecha en los labios.
-Es usted una cobarde, señorita Greengrass - la acusó
Astoria soltó un bufido exasperado. – No se de tanta importancia señor Nott. Aunque acepté la apuesta, usted no esperará que simplemente me lanzé sobre usted sin más. La verdad necesito algo de, digámoslo en términos delicados, motivación.
Nott dejó de reír. Si Astoria bajaba un poco la mirada podría ver que a diferencia de ella Theo estaba completamente motivado. ¡Por merlín! Tenía una erección colosal desde que vio su espalda desnuda en el casino.
-Ven conmigo – le dijo en un susurro mientras le tendía una mano. Ella la aceptó y con un leve empujón quedó sentada sobre sus rodillas.
-¡Señor Nott!- exclamó sin aliento mientras él le pasaba la mano por la espalda. Su suave caricia le erizó el vello del cuello.
-Vamos a pasar la noche juntos, sería mejor que me llamaras Theo.
-Theo – le llamó al tiempo que él acariciaba la suave piel de la garganta con su boca -Vamos a la cama
-No
-¿Por qué no?
-Porque lo haremos... - Sintió cómo la punta de su lengua rozaba su piel y cosquilleaba un sensible nervio a un lado del cuello – Lo vamos a hacer aquí.
-¿Aquí? - preguntó ella con un susurro
-¿Alguna vez has hecho el amor en un sillón, Astoria?
Ella echó la cabeza hacia atrás para mirarlo con asombro, y apenas logró ver su rostro en sombras en la oscuridad. Sin darse cuenta Theo había dejado la habitación a media luz
-No
-Lo imaginé. – sonrió y lo siguiente que supo Astoria era que su vestido volaba por los aires, mientras él murmuraba palabras íntimas y mortificantes.
Nott la acurrucó contra su regazo y miró fijamente sus ojos, le robó varios besos de sus labios entreabiertos y, a continuación, empezó a recorrerle la garganta con la boca.
La excitación había hecho que el corazón le latiera desenfrenado, que su pulso enloquecido se le concentrara en las ingles, provocando que su ya notable erección empezara a palpitar contra sus pantalones de lino. No sabía que tenía aquella mujer pero en ese momento sentía enorme deseos de hundirse en ella, de estrujar, tocar y explorar hasta el último centímetro de su cuerpo. Capturó su boca con desenfreno, buscó su lengua y saboreó su esencia. Ella reaccionó de buena gana, dejando que la besara tal como le apeteciese, arqueando su torso hasta que sus pechos ahora desnudos se apretaron contra la seda de su camisa.
Astoria empezó a respirar profundamente de manera arrítmica. Nott se quitó la camisa y pudo sentir piel contra piel sus redondos pechos. A continuación alzó a Astoria un poco más sobre su regazo y buscó la sombra de un pezón, lo encontró, lo capturó y empezó a lamerlo y morderlo con suavidad, estaba extasiado. Aquel suave botón rosado se endureció en su boca. Con cada ardiente caricia de su lengua arrancaba una ahogada exclamación de la garganta de Astoria. Luego le dio un tratamiento similar a su otro pezón hasta que finalmente hundió la boca en el valle que los separaba y cerró las manos sobre ellos.
-Theo…
Astoria no podía articular palabra y el tampoco, su femenina fragancia generó en él una reacción tan primitiva, que perdió toda conciencia del mundo más allá de aquel sillón en esa habitación oscura. Con un rápido movimiento Theo acomodó a Astoria de modo que quedó a horcajadas sobre él.
Ella le besaba con urgencia, sus manos le recorrían el pecho y la cintura del pantalón en busca del maldito botón que mantenía apresada su erección. Quería sentirla, quería tocarla, quería que él supiera que ella era su dueña en aquel momento – Quiero tocarte – le dijo. Sus dedos se posaron sobre su erección, aquella leve caricia hizo que Theo diera un brinco y dejara escapar un primitivo sonido gutural, esa mujer le estaba volviendo loco.
Las manos de Theo recorrieron con suavidad las largas piernas enroscadas a su alrededor hasta encontrar la curvatura de sus nalgas, pero Astoria estaba empecinada en quitarle el pantalón. Apartó a un lado la mano que exploraba su cuerpo y se desabrochó con rapidez el pantalón. Su erección saltó al exterior, apuntando al cielo de manera segura y firme.
Astoria quedó fascinada. Nott tuvo que apretar los puños y cerrar los ojos fuertemente al sentir sus dedos fríos posarse con cautela sobre su duro miembro, acariciando la piel sedosa, tan tensa y estirada sobre su sexo rígido y erguido. Gimió profundamente cuando ella empezó a mover la mano lentamente, explorando aquella misteriosa parte de su cuerpo.
-Esta tan caliente y palpitante – le dijo y su voz sonó más ronca, más sensual.
Eso fue todo lo que Nott pudo resistir – Me estas matando – le dijo – debes dejarlo ya o voy a terminar muy pronto.
Ella sonrió con picardía.
La sujetó de la muñeca para apartarle la mano y buscó el inicio de sus bragas, tiró de ella y Astoria pudo notar la abertura de la costura.
-¡¿Me has roto las bragas? – exclamo divertida.
-No hay tiempo – respondió – tengo prisa.
Ella rio a carcajadas y su risa le excitó aun más. Nott introdujo el dedo pulgar y acarició sus rizos húmedos. Astoria gimió fuertemente.
-Ahora me toca a mí —murmuró, besando su cara acalorada al tiempo que deslizaba el dedo en el interior. Notó que ella apretaba los muslos alrededor de los de él; se sirvió de sus propias piernas para mantener abiertas las de ella y dejar su cuerpo abierto e indefenso ante su contacto. La humedad de su cuerpo aumentaba en torno a su dedo. El siguió torturándola hasta que ella tembló y se retorció. Con solo verla Nott estuvo a punto de llegar al climax.
-Para – le dijo ella con voz entrecortada. - Quiero hacer algo. Siempre he querido hacer algo. - Nott la miró interrogante.
Con sumo cuidado, juntó su pelvis a la de él, sin que le penetrara, sólo para que sus partes más intimas se frotaran entre ellas. Nott cerró los ojos al notar cómo aquella placentera sensación iba incrementándose hasta hacerse insoportable. El placer le paralizó cuando su autocontrol comenzó a desmoronarse. Pronto iba a alcanzar el clímax... No, no podía permitirlo, aun no era el momento, quería estar dentro de ella. Quería sentir hasta su más escondido rincón. Maldiciendo para sus adentros, aferró con sus manos las redondas caderas de Astoria y la apartó de su tensa erección.
-¡Aun no! – gimió ella. Le tomó el rostro entre las manos para cubrirle la boca con tenues besos.
-Necesito estar dentro de ti – le dijo – No puedo más.
Astoria se acomodó torpemente encima de él. Theo miró fijamente sus ojos brillantes y suaves, un poco más oscuros como resultado de la pasión. Estaba colorada. Sus rubios cabellos estaban húmedos por el sudor y maldita sea estaba condenadamente bella. Sus bocas se buscaron y el la besó profundamente. Su miembro rozó la húmeda abertura de su cuerpo, acariciando, describiendo círculos, y Astoria hizo presión hacia abajo. Tuvo que contener la respiración al sentir aquella deliciosa invasión. Nott tuvo que esperar con infinita paciencia a que ella se adaptara a su presencia. Cuando finalmente Astoria empezó a gemir, Nott la penetró con una única y eficaz embestida.
En aquel momento, Astoria dejó escapar un sonido entrecortado y después un gemido, al tiempo que ambos se adaptaban al ritmo del otro. Nott apoyó la cabeza en el respaldo del sillón y cerró los ojos, el sudor le surcaba le frente y el pecho, notaba la calidez de Astoria, su piel sedosa y perlada, su calor, y su femenino olor. Astoria se aferró a Nott con fuerza, en ese momento no sabia donde estaba, no sabia que ocurría pero cerró los ojos con fuerza y miles de estrellas aparecieron a su alrededor, un intenso clímax la recorrió de arriba abajo. Se estremeció, se arqueó, se aplastó contra él al tiempo que su interior se contraía en un sinfín de ondas sinuosas.
Nott la escuchó gemir cada vez más alto y cada vez más rápido. Abrió los ojos y vio como ella inclinaba la cabeza hacia atrás, su dorado cabello caía con libertad sobre su espalda, tenia la boca abierta y los ojos fuertemente cerrados. Estaba extasiado, el placer que le producía era demasiado grande para soportarlo. No podía hablar ni pensar, no podía articular ni su nombre, lo único que podía hacer era permanecer inmóvil mientras las sensaciones flotaban sobre él en forma de implacables oleadas. Escuchó aquel último grito que emergió de las profundidades de su garganta, vio como su cuerpo temblaba y como su peso muerto caía sobre él. Alzó la cadera, buscando hundir su sexo a mayor profundidad y el interior de Astoria reaccionó estrechándose aún más. Oyó su propio grito, alto y fuerte, cuando arremetió en la última acometida, tensa y temblorosa por el placer.
Cuando por fin consiguió moverse, tomó a Astoria entre sus brazos. Sonrió al verla, se había quedado dormida. Caminó con ella en brazos hasta la enorme cama, la depositó en ella y luego él hizo lo mismo. No tenia intención de quedarse pero sentía como si hubiese echo el amor diez veces. Estaba totalmente satisfecho y agotado. Se acomodó junto a ella, les cubrió con una manta y se quedó profundamente dormido.
Sin duda, era una mujer muy hermosa. Fijó sus ojos en ella tratando de buscar algún defecto, alguna imperfección. A su criterio ninguna mujer podía ser perfecta. Finalmente concluyó que en esa ocasión se había equivocado.
Le sonrió mientras le ofrecía té. Pansy negó en silencio, tenía el estomago revuelto y no quería tentar a la suerte. Su anfitriona se sirvió un té de frutas en silencio, le agregó leche y luego miel. Era una extraña combinación pero quien era ella para juzgar como tomaban el té otras personas.
Se fijó en el mobiliario del lugar. Era elegante y sofisticado pero no pomposo, lo justa medida del buen gusto. Se encontraba en una sala con varios armarios empotrados, una biblioteca, cuatro sillones y una amplia mesa de té al estilo clásico. La sala estaba tapizada de un color verde manzana y entraba mucha luz por medio de los dos ventanales que daban al exterior. Olía a rosas y a jazmines. En resumen era un lugar agradable para leer un libro o como ocurría en aquel momento, para atender una visita.
-Imagino que se preguntará ¿Por qué la he llamado?
Pansy se fijó en ella nuevamente –No puedo negar que su lechuza me dejo muy intrigada.
Marie sonrió, parecía que no podía dejar de hacerlo – Perdone mi premura, pero necesitaba verla.
No respondió, esperaba a que ella aclarase el motivo de aquella reunión.
-Ya nos conocemos. ¿Recuerda? Me llamo Marie - le extendió una mano y Pansy la aceptó.
Lo recordaba, Blaise las había presentado aquella vez que se cruzaron en el ministerio -Parkinson, Pansy Parkinson. Aunque usted eso ya lo sabe.
-Puede tutearme señorita Parkinson, si lo desea.
Asintió. – Perdone mi falta de modales. La verdad me intriga el motivo de esta reunión.
Marie tomó asiento frente a ella y guardó silencio mientras tomaba el té. – Verá señorita Parkinson. No sé si esta al tanto de mi profesión.
-Es usted como el hada de los deseos.
Lejos de sentirse ofendida, Marie asintió alegre – Tengo muchos dones a los que he, digámoslo de una manera decente, aprendido a sacarles provecho.
-No se preocupe por mí. No soy una remilgada obtusa. Puede hablar abiertamente.
-Bien, en ese caso voy a ir directo al grano. - tomó otro sorbo de té y continuo - Señorita Parkinson. Como sabe uno de mis clientes más habituales es su amigo Blaise Zabini.
Pansy se removió incomoda en el sillón. – Lo sé.
-Como su amiga supongo que esta enterada de las cosas que han pasado últimamente en su vida.
Frunció el cejo - ¿A que se refiere?
Marie se acomodó a un más en el sillón, había terminado de beber su té y parecía pensar con cuidado las palabras que estaba a punto de decir. – Luna Lovegood, Neville Longbottom, Draco Malfoy, Theodore Nott y en especial usted señorita Parkinson. Cada uno de ustedes ha tenido repercusión en la vida de Blaise. Pero ahora el esta muy mal y le necesita.
Estaba atónita, no entendía hacia donde iba esa conversación. -¿Perdone?
-Se todo lo concerniente a la vida de Blaise, absolutamente todo.
-¿Le ha hablado de mi?
-Soy muy buena en Legeremancia, señorita Parkinson. Muchos aurores han requerido mis servicios porque puedo hurgar tan profundo que puedo reconocer un recuerdo implantado y aquellos que han sido borrados.
-Viola usted un poco la privacidad de sus clientes ¿No lo cree?
-Llevo en este oficio 15 años y puedo contar con los dedos de la mano los hombres con los que he dormido. Puedo ver el alma de las personas y solo aquellos que vagan al borde de la locura pueden ser contados como mis clientes.
-Blaise es uno de ellos
-Asi es
-Draco Malfoy también
Ella sonrió con condescendencia – No vamos a hablar de Draco.
-Tampoco deberíamos hablar de Blaise. Marie… perdone mi manera directa de decirlo, pero aun no entiendo que hago aquí. Se perfectamente a que se dedica como también sé que mis amigos son sus clientes y que rechazó a Theo vaya usted a saber porque. Pero ninguna de estas razones explica mi presencia en este lugar.
Marie suspiró cansina – Hace tres días Blaise vino a mi.
Pansy la miró inquieta
-Estaba muy mal. Puedo decirle que nunca le había visto tan triste como en estos tres últimos días. Se siente traicionado y solo. Me preocupa.
Le empezaron a temblar las rodillas. Se sentía vil y sucia. Pero no podía volver el tiempo atrás y arreglar aquello que había destrozado: La vida de Blaise al lado de Luna Lovegood.
-Señorita Parkinson, no le voy a mentir. Se perfectamente lo que ha pasado y lamento mucho que usted y Blaise se hayan separado.
La miró directo a los ojos ¿Cuánto sabia esa mujer? Se sentía como si le estuviera viendo su vida a través de os ojos de otro.
-Pero entiendo perfectamente lo ocurrido – continuó.
-¿Lo entiende? – esa mujer empezaba a exasperarla. Como podía entenderla si no la conocía en absoluto.
-Pansy – le dijo – La llamé por que quiero que cuide de Blaise.
Aquello la dejó de piedra ¿Pero se había vuelto loca esa mujer?
-Pronto tendré que irme de Londres.
-No… no entiendo.
-Por años Blaise ha acudido a mi en busca de consuelo, he sido su válvula de escape y su apoyo, pero me temo que no puedo seguir haciéndolo.
-¿Y cree que yo puedo remplazarla?
Marie sonrió indulgente. – He sido yo quien la he estado remplazando a usted. Pansy usted ama a Blaise y el la ama a usted. Todo es cuestión de tiempo.
Se puso en pie con rapidez. Estaba nerviosa. ¿Por qué le estaba diciendo esas cosas? ¿Por qué le mentía de esa manera? – Blaise le ha dicho algo.
Ella sonrió – No hace falta. El alma de Blaise es como un libro abierto para mí. Usted es alguien importante para él. Si sabe como romper las barreras que se ha autoimpuesto podrán ser muy felices.
Pansy la miró burlona – ¿También ve el futuro?
Marie no se molestó ante su comentario – ciertamente me he equivocado algunas veces con las personas pero en lo que concierne a ustedes dos estoy completamente segura de lo que le digo.
Caminó hasta unos de los ventanales de la sala necesitaba aspirar un aroma diferente al floral que reinaba en la habitación, había nubes negras en el cielo, siempre había nubes negras en el cielo de Londres.
-¿Dónde esta Blaise? – le preguntó sin mirarla.
-En mi habitación. La está esperando.
-Hermione.
Escuchaba su nombre como algo muy lejano. Una suave voz la llamaba, pero no tenía ningún deseo de ir hacia ella.
- Hermione.
Se movió despacio en la cama, poco a poco fue recuperando la conciencia de su cuerpo.
Le dolía la cabeza, había bebido mucho la noche anterior. Necesitaba enterrar muy dentro de si las sensaciones que Malfoy había despertado en ella. No podía permitir que esas ideas tomaran forma en su mente.
-Hermione.
Volvió a escuchar su nombre y esta vez logró abrir levemente los ojos. Las primeras luces de la mañana entraban a través de las cortinas, había olvidado bajar las persianas.
-Hola. ¿Estas despierta?
Abrió los ojos completamente y giró la cabeza con brusquedad. Su cuello se quejó por el abrupto movimiento.
-¿Estas bien?
Levantó la mirada - ¿Luna?
La joven sonrió, le dio dos palmaditas en la mollera y le ofreció un té - ¿Cómo te encuentras?
Hermione se sentó en la cama y aceptó el té encantada. – Como si me hubiese pasado por encima el tren de Hogwarts.
Luna rio divertida – Era de esperarse. Vi las botellas vino en la sala. ¿Por qué has bebido?
La miró en silencio. No sabía que contestar. No entendía que le había pasado, desde hace un par de días no sabia quien era ni que hacia.
-Es el estrés – le dijo finalmente. Bebió otro sorbo, el calor de la bebida le estaba despejado la mente - ¿Qué te trae por aquí?
Luna suspiró sonoramente. – Termina el té y date un baño – le dijo al tiempo que se acariciaba la tripa - tenemos que hablar.
Hermione frunció el cejo -¿Hablar? ¿Sobre qué?
-Sobre Neville, Blaise y Malfoy.
La miró sin parpadear "¿Qué se traía Luna?" se preguntó
-No entiendo.
Luna caminó hacia la puerta de la habitación -Tomate el té y date un baño. – Repitió - Te ayudaré a arreglar el salón mientras terminas. Necesito que estés en tus cinco sentidos para que escuches lo que tengo que contarte.
Cerró la puerta tras de si. Hermione estaba completamente confundida.
¡Por fin el capitulo 18! Gracias por su apoyo y por sus comentarios. Me animan a mejorar en cada capitulo.
Nos leeremos pronto…
LilythWH
