-Sherlock, querido...-
-No tengo hambre señora Hudson-
Aquella mañana, para sorpresa de Watson, Sherlock se había levantado temprano y, a pesar de las muchas insistencias de la casera, no había querido probar bocado. Se había pasado la mañana moviéndose con nerviosismo por el piso, cogiendo de vez en cuando el arpón. John, harto, se decidió a preguntarle.
-Sherlock-El detective alzó la mirada del portátil-¿Estás bien?-
-Sí, bien, si-Volvió a buscar lo que dios quisiera que estuviese buscando y preguntó con su voz neutral-¿Tienes tu traje,John?-
Watson asintió sabiendo que no le estaba viendo. Sabía que estaba nervioso porque Christine estaría en el baile. Después de volver a Baker Street, Sherlock le había contado que el teatro hacía un baile de máscaras en uno de los hoteles más famosos de Londres, y que había pensado atrapar al asesino allí. Ahora, el médico tenía que averiguar una cosa más.
-¿Te gusta Christine?-
Sherlock se quedó en silencio. Silencio que fue roto por las suaves llamadas de la señora Hudson. La mujer tenía en las manos un pequeño paquete de color púrpura cerrado por una cinta de seda color azul turquesa. Sobresalían los pliegues de una pequeña tarjeta pegada en la caja.
-Sherlock, un mensajero ha traído este pequeño paquete para ti...La letra es muy bonita-Dijo la señora Hudson acariciando con las manos el lazo. El detective se levantó y cogió el paquete, desenredando el lazo y tirándoselo a John, que puso los ojos en blanco. Sherlock apartó la tapa y sacó una máscara veneciana con un pequeño pico. La máscara era de color plateado con pequeñas líneas de purpurina alrededor de las arqueó una ceja.
-Oh, es una máscara preciosa. ¿Quién te la puede haber mandado?-
'Eso'murmuró Watson sonriendo a Sherlock con malicia. El moreno metió de nuevo la máscara en la caja, le puso la tapa y arrancó la tarjeta, tirando la caja sobre el escritorio. El papel era crema, de la mejor calidad. La caligrafía estaba escrita con pluma. Era una letra delicada, de mujer, obviamente.
-¿No nos vas a leer la nota?-Sherlock miró a Watson quien mantenía esa sonrisa maliciosa en su cara. El detective contestó con un frío 'No' y leyó la carta para él: 'Querido señor Holmes:Como podrá ver, yo también sé jugar. Espero que le guste el detalle y se la ponga esta noche. Lady Christine Arya Laforet' Sherlock sonrió al ver el desafío de aquellas letras y guardó la nota en la caja, cogiéndola y colocándosela debajo del brazo. Miró a la señora Hudson y al doctor y sonrió con frialdad.
-Me pondré la máscara para el baile. John, deberíamos vestirnos. El baile será dentro de poco-
Sherlock desapareció de la vista de su casera y su compañero y se encerró en su cuarto, observando el traje que tenía en una silla. Era negro y de seda, de buena calidad y una camisa blanca almidonada, junto con una corbata de seda negra. Sacó de nuevo la máscara y se asomó ante el espejo que colgaba de una de las paredes de su cuarto. La puso delante de su cara, mientras pasaba la goma por su cabeza. Cuando la tuvo bien colocada, se miró de nuevo al espejo. El detective se permitió sonreír ante tal visión de él. Una pequeña risa, ronca, grave, salió de sus labios.
-Christine...-