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CAPITULO 19. DE RISAS Y PENA

Ocho años esperando ese día. Ocho años habían pasado desde la primera vez que había puesto un pie en Hogwarts. Sentado en un tronco de árbol en el bosque recordó los detalles de la ceremonia de graduación que acababa de culminar. Las lágrimas de algunos estudiantes, los abrazos de despedida y las promesas de una pronta reunión, las miradas orgullosas de padres y profesores. En resumen, demasiada sensiblería para su gusto.

Por un momento, uno muy breve, Draco deseo que sus padres estuvieran allí para verle. Seguramente su madre hubiese lucido el vestido más costoso y elegante de la tienda más exclusiva del momento y su padre habría sacado pecho con orgullo cuando su nombre salió a relucir junto al titulo de mejor estudiante en pociones aunque después en privado, le reprocharía por no haber obtenido más distinciones. Sonrió con tristeza ante los juegos de su imaginación.

La ceremonia había sido breve y austera en comparación a las de años anteriores. Sin ninguna sorpresa. Como todos los estudiantes esperaban, Granger había dado el discurso de despedida. Un buen discurso aunque no lo admitiría nunca jamás en voz alta. La chica también había arrasado con casi todas las distinciones, fue nombrada la mejor estudiante de su generación, la mejor en EXTASIS, la mejor en encantamientos, en estudios muggles, en transformaciones, runas antiguas, aritmancia y quien sabe cuanto más. Fueron tantas sus distinciones que la profesora McGonagall había pedido a Filch un asiento para ella en la tarima al lado de los demás profesores par evitar que estuviera yendo y viniendo del atrio. El rostro de la joven se mantuvo rojo durante toda la ceremonia.

Levantó la mirada y pudo divisar la parte más alta de la torre de Gryffindor oculta parcialmente por los arboles del bosque. A esas alturas Granger y Weasel se estarían dando el morro en alguna parte del castillo, probablemente en la habitación de la chica. Los habían visto intercambiando arrumacos debajo de la escalera del segundo piso, la que llevaba directamente a la torre de su casa.

Sacudió su cabeza con violencia, se había prometido no volver a pensar en ella. Granger se le había metido en la piel, en la sangre, en los huesos y clavado en el pensamiento, pero era imposible que algo pudiese pasar entre ellos. Esas estúpidas ideas tenían que salir de su cabeza para siempre. Ese año había cometido actos de los que no se arrepentía pero que sin duda podrían llevarle a Azkaban y a una muerte segura si los eternos guardianes de la chica o ella misma llegasen a enterarse de lo sucedido. Había sido excesivamente imprudente. Una completa locura.

Se puso en pie y caminó hacia Hosgmeade. Había una fiesta en el pueblo para celebrar la graduación. Tenía que alejarse del castillo. La música le llegaba cada vez más clara a los oídos. Le gustaban los festejos y las reuniones sociales, pero sus recientes responsabilidades no le permitían disfrutar plenamente de la vida mundana que cualquier chico de su edad espera tener. Librarse de Azkaban había sido un juego de niños, ver como sentenciaban a sus padres, salvar la vida de sus amigos y reconstruir su fortuna era harina de otro costal. Regresar a Hogwarts había sido la decisión más acertada que había tomado en años y sabía que sus padres le habrían apoyado si aun estuviesen vivos.

Llegó al límite del pueblo y decidió tomar la calle que llevaba a la plaza principal, donde se celebraba la parte más importante del festejo, con suerte encontraría a alguno de sus amigos, bebería un poco, bailaría con alguna chica guapa y si para entonces la fortuna aun le acompañaba, se la llevaría a la cama. Sonrío ante la expectativa.

En la plaza del pueblo había una multitud. Los estudiantes bebían y bailaban al ritmo de la música que venía de ninguna parte. Había varias muchachas, que bailaban coquetas en el centro de la plaza. Las personas, especialmente los hombres empezaron a reunirse en torno a ellas. Reconoció entre todas a una compañera de Slytherin, una pequeña bruja de cabello rubio que había mostrado un vivo interés hacia él. Sonrió de medio lado y caminó hacia el tumulto.

Draco bailó con su nueva compañera mientras caía la noche. Se encendieron lámparas y an torchas y la plaza adquirió un nuevo matiz. Uno más erótico, más íntimo. Hacía mucho tiempo que no estaba con una mujer, se prometió a sí mismo que eso cambiaría aquella noche. Sentía una inmensa necesidad, un imperioso deseo de poder sentir el contacto de una mujer, el suave perfume de una piel femenina, una mirada cargada de deseo, un par de brazos esbeltos rodeándo lo. Una vez Granger estuviese fuera de su cabeza, lo demás sería pan comido. Pero la vida nunca había sido muy justa con él.

Un numeroso grupo de personas se acercaban para participar en los festejos. Draco los reconoció enseguida, todos eran Gryffindor's, el cara rajada, la comadreja y la pelirroja estaban entre ellos. Granger también estaba allí. Unos estudiantes bastante bebidos, Hufflepuff's si no se equivocaba, animaron a los recién llegados a que se sumaran al baile. Granger y la Weasley aceptaron enseguida, cara rajada y la comadreja se alejaron para buscar algunas bebidas. Alguien, Draco nunca supo quien, le puso a Granger una diadema de flores sobre la cabeza, haciéndola reír contra su voluntad, y ella se unió a las demás estudiantes que bailaban en el centro de la plaza. Draco ya no pudo quitarle los ojos de encima.

La contempló, fascinado. Se la distin guía sin inconvenientes porque llevaba un vestido descaradamente sexy y además de la gracia con que se movía. Parecía un hada que hubiese surgido de pronto, emergiendo del bosque, y que se desvanecería en cualquier momen to. El efecto que ejercía sobre él era extraño, pues sentía como si su cuerpo estuviese hueco de tanto desearla y todos sus sentidos estaban enfocados en ella, en su dulce y musical risa sonora.

Draco no durmió esa noche. Cuando regresó a su habitación, el sol comenzaba a asomarse por el horizonte. La casa de Slytherin estaba sumergida en un absoluto silencio. Se desnudó para después dejarse caer de medio lado sobre su cama mientras las imágenes de Granger danzando y riendo coquetamente atormentaban su mente. Se dio media vuelta poniéndose de espalda sobre el colchon, y soltó el aliento que había estado reteniendo. Su miembro se erguía erecto, caliente e insatisfecho. Le dio un manotazo rabioso. Pero solo consiguió que volviera a levantarse, más hambriento y exigente que antes. Suspiró, lo envolvió con la mano y dio rienda suelta a su imaginación.

Cinco años más tarde se dio cuenta que de haber sido un poco más inteligente en aquel tiempo, habría descubierto que siempre estuvo enamorado de Hermione Granger. Cinco años después ella seguía atormentándole, seguía volviéndole loco, quería perder la cabeza por ella, hacerla suya, besarle todo el cuerpo, estrecharla contra él y ya nunca dejarla ir. Parpadeó varias veces para despejar su mente. Se estaba volviendo loco.

Ella le volvía loco. No podía contener la excitación y deseo que lo apoderaban cada vez que la tenía cerca. Fascinada lujuria. Ceguera sexual. La codicia, no importa el nombre que se le dé, sigue siendo rapacidad. Quería a Granger, quería reír con ella, quería arder con ella. Durante años había desperdiciado un río de esperma masturbándose con todas las fantasías que había tenido con ella como protagonista.

Sacudió su cabeza con vehemencia. No era el momento de pensar en ello. No ahora. Algún día ella le permitiría poder devorarla con los ojos a sus anchas. Abriría del todo las piernas y luego lo rodearía, apretadamente, con ellas. Quizá incluso la hiciera mirar lo que le haría, para poder observar sus mejillas sonrojadas, sus ojos empañados de deseo y escuchar sus quejidos y gemidos de placer. ¡Merlin!, le haría el amor días y días seguidos. Granger sería suya, algún día. No podía luchar contra la necesidad más fuerte de su alma. La quería pera él.

Llamó al timbre una vez más. Esta vez la puerta se abrió. La misma joven que cinco años atrás, con su baile le había hechizado, ahora le recibía en su casa con el cejo fuertemente fruncido y la mirada llena de confusión.


Hermione bajó tranquilamente las escaleras de su casa mientras Luna tarareaba una melodía completamente arrítmica. Había limpiado su desorden y preparado el desayuno. La rubia se sentó en el comedor mientras ella se acercaba con una radiante sonrisa en los labios.

-Luna eres una excelente ama de casa pero debiste molestarte.

La chica sonrió con los ojos y le sirvió un café. – Se que prefieres el té, pero dada la resaca que debes tener...

Hermione se sonrojó y bebió del café sin rechistar.

-No es que me incomode – dijo algunos segundos más tarde - pero quisiera saber ¿porque estas aquí? – inquirió dando un sorbo a su bebida.

Luna se removió inquieta. Titubeaba. Hermione sonrió divertida. Luna nunca titubeaba y era muy divertido verla incomoda. Ella siempre era muy directa y no se andaba con tapujos ni rodeos. La joven bajó la mirada hacia su taza vacía mientras apartaba las hebras de cabello que caían sobre sus ojos. Definitivamente estaba nerviosa y a Hermione aquello no le dio buena espina.

-Se quien es Dolly – le soltó de repente.

Hermione abrió los ojos desmesuradamente, se atragantó con el café. Tosió, tapándose con las manos mientras Luna se apresuró a acudir a su lado para darle suaves golpecitos en la espalda hasta que la toz aminoró.

-¿Perdona? – Pregunto con voz rasposa -¿Dolly…?

-Voy a traerte agua.

Hermione esperó a que la chica regresara y bebió el agua en dos tragos largos, luego miró a Luna que había vuelto a tomar asiento frente a ella pero que en aquel momento parecía más serena, como si la peor parte de aquella conversación ya hubiese pasado.

-Luna ¿De que me estas hablando? – Carraspeo antes de continuar - ¿Dolly? ¿Cómo sabes quien es Dolly? ¿Cómo sabes que existe?

La rubia suspiró profundamente y Hermione creyó que la barriga iba a explotarle. – Quiero que me escuches. Anoche me enteré que Neville había sido apresado. Ron me lo contó. No pude dormir en toda la noche pensando si debía o no hacer esto pero…es lo mejor para todos.

Hermione asintió en silencio mientras la invitaba a continuar. Tenía miles de preguntas. Su mente, siempre hábil había, maquinado un sinfín de posibilidades que explicaban la relación de su amiga en todo aquel asunto, pero todas completamente inverosímiles. Lo más lógico en ese momento era escuchar lo que tenia por decirle y esperar para sacar conclusiones.

-Una noche, cuando volvía de ver a Blaise – comenzó a decir – encontré a Neville en los terrenos fuera del castillo. Estaba muy mal herido.

Hermione la miró con sorpresa pero se mantuvo en silencio. Luna lo agradeció.

-Tenía una herida en su costado y sangraba copiosamente. Quise llevarle a la enfermería pero él no me dejó. Me pidió que sacara de su mochila un frasco, limpiara la herida con agua y luego la untara con lo que había en el frasco. La herida sanó enseguida.

Ambas guardaron silencio. Luna recordaba y Hermione que aun no acababa de entender nada. Se imaginó a su amigo bañado en sangre, la imagen se le antojó tan supremamente angustiante que tuvo que cerrar los ojos con fuerza para apartarla de su mente.

-Estaba pálido y sudaba frío pero al menos ya no sangraba. – Continúo – convoque una manta y se la puse en los hombros. Neville se dejó caer sobre mi y empezó a llorar.

Los ojos de Luna también se llenaron de lágrimas ante los recuerdos y Hermione solo atinó a darle un apretón de manos para animarla a continuar.

-Neville me contó que su abuela estaba enferma, su corazón había fallado por causa de una gran angustia: el padre de Neville estaba muriendo algo pasaba en su cabeza y las cosas no iban bien. Habían perdido mucho dinero en los últimos años y ya no les quedaban fondos suficientes para seguir con el tratamiento de sus padres en San Mungo. Neville estaba destrozado. La situación de su familia era insostenible y él se sentía incapaz de ayudar.

Hermione sabía el dolor que Neville cargaba a cuesta debido a las secuelas de la tortura de Bellatrix. "Es como tener mucha sed y tener un oasis en frente de ti al que no puedes acceder" le había dicho una vez "sabes que tu felicidad esta alli, pero esa felicidad te ignora completamente porque no sabe que existes" A ella se le llenó el corazón de desazón.

-Le pregunté que le había pasado ¿Quién le había herido? Pero me dijo que había sido un experimento que había salido mal.

La angustia reflejada en sus ojos asustó a Hermione – Luna, No pensaras que Neville…

Luna se apresuró a negar con vehemencia – No, ahora sé que no pero en su momento llegué a pensar que Neville se había hecho daño a si mismo. Que había intentado quitarse la vida.

-Luna… Neville no…

-Tendrías que haberle visto – le interrumpió. Su voz se quebró enseguida – estaba muy mal, yo…. Se me rompió el alma verle así.

Hermione no supo que decir así que le dio otro apretón en la mano para darle ánimos.

Luna dejó de llorar y se sonó la nariz - Perdona, es el embarazo.

La castaña asintió – Continua por favor.

-Desde ese momento me dispuse vigilar a Neville, día tras día lo veía mas triste, más callado, comía poco, dormía poco y cuando estaba en clases no prestaba atención a nada ni a nadie.

-Si. Lo recuerdo.

Luna suspiró antes de continuar. – Pocos días antes de los EXTASIS lo encontré en el pasillo que iba a la biblioteca. Me dijo lo preocupado que estaba por los exámenes pues no se había preparado para ello. Su abuela estaba aun delicada y Neville parecía aterrado ante la posibilidad de suspender.

Hermione no dijo nada, todo aquello parecía el preámbulo de una mala película.

-En fín…Blaise, ya sabes que en aquellos días estábamos juntos, notó mi angustia y un día logró que le contara todo sobre Neville. – La mirada de Luna estaba perdida en los recuerdos, al parecer muy bellos porque había un amague de sonrisa dibujada en su rostro. – Blaise se preocupaba por mí y me quería mucho, así que decidió ayudar a Neville para que yo ya no estuviese triste.

Se detuvo y la castaña vio como sus manos empezaron a temblar. Luna se mordió los labios en señal de nerviosismo. Frunció el cejo y la miró a los ojos con tristeza – Creo que Dolly es Blaise.

Alguien llamó a su puerta pero Hermione lo ignoró. La noticia no la había sorprendido como esperaba. Sabía que había un Slytherin detrás de todo aquello pero muy a su pesar y de verdad sentía muchísimo que esa persona fuese alguien tan cercano a Malfoy. La sinceridad de sus pensamientos si logró sorprenderla ¿Desde cuando se preocupaba tanto por Malfoy? ¿Desde cuando él ocupaba un lugar en sus pensamientos que no fuese para despotricar en su nombre?

El timbre volvió a sonar. Completamente abrumada, frunció el cejo y fue a abrir la puerta.


Theo despertó lentamente y al encontrarse en una cama ex traña se sintió confuso. Desde la almohada, a su lado, emanaba el esquivo perfume de una mujer. Todavía medio dormido, apretó su rostro sobre la tela. Entonces, volvieron flotando a él los recuerdos de la noche pasada y abrió los ojos.

Estaba solo en la cama de Astoria.

Astoria...la chica puritana a la Draco había engañado, la rica heredera que prefería la vida pacifica de la villa al ruido y vida mundana de Londres. Nunca imagino que una mujer como aquella le hiciese perder los estribos tan fácilmente. Sus dedos se movieron inciertos sobre el lado de la cama donde hasta hace pocos momentos estaba ella. El sexo de la noche anterior había sido una de las mejores experiencias que había tenido en su vida. Astoria era una mujer única en el mundo.

Cerró los ojos y los recuerdos de la noche compartida llegaron a su mente, el deseo lo inundo de nuevo. Quería tenerla en la cama una vez más, en ese preciso instante. Ella era increíblemente bella, tan despojada de artificios, tan con fiada... Quiso excitarla y reconfortarla y acariciarla, quiso hacerle sentir cosas que ella jamás hubiese creído posible. De pronto, esta obsesión se había abatido sobre él, esta necesidad de hacerla suya desde el mismo momento en que la conoció, todos los días, todas las noches. Suspiró excitado.

Theo apartó las sábanas y anduvo desnudo, de acá para allá, por el cuarto, recogiendo las ropas caídas. Se vistió de prisa y corrió las cortinas de un verde apagado para mirar por la ventana. Afuera todavía era temprano y el sol matinal comenzaba a ascender sobre las chimeneas y los altos tejados de la ciudad. Se preguntó donde habría ido la chica a tan tempranas horas del día. Antes de salir del hotel el recepcionista le entregó una nota. Astoria había ido a ver a su abogado. Tenían una cita en dos horas, en su despacho.


La pequeña casa estaba en silencio y el único ruido lo consti tuían los pasos de Draco que cruzaba el vestíbulo de un lado a otro mientras que con su mano derecha se revolvía los cabellos platinados en un claro signo que denotaba impaciencia.

Luna y Hermione estaban sentadas en los sillones de la sala mirando como Malfoy hacia un hueco en la alfombra. Sin dejar de soltar bufidos de exasperación, las muchachas se mantenían en completo silencio esperando que finalmente su fuerte temperamento se adueñara de la escena.

-¡Pero vamos a ver Lovegood! – Exclamó de repente - ¿Estas segura de lo que estas diciendo? Tú siempre has estado mal de la chaveta.

-¡Malfoy! – le riñó Hermione.

-Muy segura – respondió Luna – Blaise me lo dijo.

Draco se acercó a ella y tomó asiento a su lado – Vamos a ver ¿Podrías decirme que fue exactamente lo que te dijo?

Luna frunció el cejo tratando de recordar las exactas palabras – Me dijo… que se había encargado de Neville, su problema estaba solucionado. – levantó la cabeza y le miró a los ojos – Después Neville me contó sobre sus calificaciones fraudulentas. No hay que ser un genio para unir esas dos cosas.

-Un momento – interrumpió Hermione - ¿Quieres decir que Zabini nunca te dijo que había sido él quien cambio las calificaciones de Neville?

-Con esas palabras no. Me dijo que le había ayudado.

Draco volvió a ponerse en pie y reanudó su andar a lo largo del vestíbulo

-Pero que otra cosa podría ser – continuó Luna – Dudo mucho que Blaise ayudara a Neville a estudiar.

-Estaba enamorado de ti. Podría haber hecho cualquier cosa – le dijo Malfoy.

Hermione reposó su espalda en el sillón. Bufó molesta – Esto no servirá de mucho en el juicio. Sería una duda razonable – dijo a nadie en particular.

Draco la miró fijamente – No pensarás llevarla a juicio ¿verdad? Hasta ahora el nombre de Blaise no había parecido involucrado en este asunto.

-Lo siento Malfoy – le dijo sinceramente – Pero este es un nuevo testimonio. Una pista que hasta hace pocas horas no existía. El tiempo de Neville es poco.

Detuvo su andar frenético y la miró tan fríamente que Hermione sintió por pocos segundos haberse quedado petrificada.

-Granger – le dijo - ¿Podemos hablar un momento, a solas?

Titubeante, asintió – Vamos a la cocina

Draco la siguió en silencio. Tenía el ceño fruncido y los labios completamente rígidos. Las ideas de Granger no le estaban causando ningún placer.

-No tienes ninguna prueba que Blaise este involucrado en todo esto. – le dijo apenas entraron en la cocina.

Ella se volvió cruzando los brazos a la altura del pecho – El testimonio de Luna puede desviar la atención sobre Neville. Eso nos da un poco de tiempo.

-¡Tiempo mis cojones¡ - exclamó irritado – Su testimonio es circunstancial. Tu misma lo dijiste. No servirá de nada a Longbottom pero si meterá en problemas a Blaise.

-Le servirá – contestó ella con seguridad – A Neville le servirá enormemente entregar a Dolly.

-Granger, Longbottom es culpable. Tiene diez mil pruebas en su contra. Nada puede ayudarle.

-Al menos puedo intentarlo. – Resopló ella tercamente – Harry y Ron investigaran esta pista y ya veremos a donde nos lleva.

Draco se revolvió los cabellos con impaciencia. Sabía que no había nada que pudiese decirle para hacerla cambiar de opinión. Le había demostrado con creces que le importaba lo que pudiese llegar a pasarle a su amigo y ahora que tenía alguien más sobre quien volcar el caso, no iba a desaprovechar esa oportunidad.

Hermione lo miró detenidamente. Casi podía escuchar sus pensamientos. Su mirada y su andar frenético lo delataban. Malfoy estaba preocupado por Zabini. Le hubiese gustado poder ayudarle pero su lealtad estaba con Neville. Sentía muchísimo lo que estaba pasando… pero no tenía más pistas que seguir.

A menos que….

-Me dijiste anoche… - dijo con timidez. Los recuerdos de la noche anterior aun estaban muy vividos en su mente - …que vendrías a verme si conseguías alguna pista.

Él puso toda su atención en ella.

-Si tienes alguna información, tal vez pueda darte algo de tiempo antes que el nombre de Zabini salga a relucir.

No. No tenía ninguna pista. Había buscado a Blaise en su casa y en la oficina pero no estaba en ninguno de esos lugares. También había acudido a Marie, ella le ofreció un té y le dijo que no lo había visto hace días. Resopló molesto. Eran las diez de la mañana ¿Dónde diablos se había metido?

Negó con la cabeza lentamente – no he logrado localizar a la persona que puede darme algo de información. Si me das un poco de tiempo puedo ir a buscarle de nuevo, tal vez esta vez tenga un poco de suerte.

"Protegía a alguien" Se dijo Hermione "Un amigo probablemente. Probablemente Zabini" Si lograba sacarle un nombre entonces Neville tendría la oportunidad de entregar a Dolly y tal vez pudiese conseguir una absolución de los cargos.

-Si me dices el nombre de tu informante, podría obtener algo de tiempo para Zabini.

Draco negó con vehemencia. Su "informante" era Zabini. Decir su nombre en aquel momento era condenarlo. Zabini no es Dolly, ¡imposible! Algo así no podría haberlo ocultado tanto tiempo. Además el nombre era ridículo, Zabini jamás escogería un mote tan espantoso.

Levantó la mirada y se fijó en ella. En sus bellos ojos, en sus dulces labios, en su sedoso cabello. Solo le quedaba una vía. Apelar a su buen corazón. Se acercó y le tomó de las manos.

-Dame un día – le dijo en tono muy bajo.

Hermione lo miró hipnotizada.

-Te juro que haré lo que este a mi alcance para ayudarte con Longbottom pero no metas a Zabini en esto. Por favor.

Sin dejar de mirarle, ella asintió – Un día – repitió como una autómata.

Nunca imaginó que cedería tan fácilmente.

Draco levantó sus manos hasta la altura de sus labios y depositó un beso sobre cada palma. Hermione sintió un calorcito muy agradable allí donde él la había besado. Sin darse cuenta le estaba sonriendo.

De pronto escuchó un estruendo, un golpe, una maldición y un hechizo. Lo siguiente que supo era que Malfoy salía volando por los aires hasta aterrizar fuera de la cocina sobre una de sus mesas de té haciéndola añicos con la caída. Hermione abrió los ojos impresionada y acudió en su ayuda.

Él se puso en pie antes que ella le alcanzara. Sacó su varita y apuntó a alguien a sus espaldas. Se volvió y vio allí en medio de la sala a Harry y Ron. Sus ojos se abrieron de impresión.

-Hermione ven aquí – le dijo Harry

Ella no obedeció. Rápidamente entendió lo que había sucedido.

-¿Quién ha sido el culpable que mi mesa de té favorita este hecha añicos? – preguntó con las manos en las caderas.

Todos la miraron estupefactos.

-Granger, no te preocupes. Estoy bien – ironizó Draco.

-¿Quién? – repitió ella en tono mordaz.

-Ron – contestó Luna que se había puesto en pie y observaba la escena con curiosidad.

Hermione se volvió hacia el pelirrojo furiosa -¡se puede saber que te pasa!

-Eso mismo te pregunto ¿Qué hace el hurón aquí?

Draco quiso lanzarle un hechizo pero Hermione le desarmó rápidamente y también a Ron. Harry no había sacado su varita.

-¡Hermione¡

-Podrías haberme preguntado eso antes de causar todo este revuelo

-Atacar y luego preguntar – le dijo Draco soezmente – ¿Eso te han enseñado en la academia de aurores? ¡Troglodita¡

-¡Malfoy!

-¡Bueno basta ya! – Intervino Harry – No es por meternos en tu vida Hermione pero ¿se puede saber que hace Malfoy aquí?

-Esta ayudando a Hermione para que Neville no vaya a Azkaban – respondió Luna al ver que se quedaban en silencio.

Todos la miraron con los ojos muy abiertos.

-¿Estas de coña? – dijo Ron.

-No.

-Hermione… - Harry quería que le explicara lo que estaba pasando.

Ella se volvió hacia Malfoy. No podía inventar una excusa ahora que Luna había dicho la verdad… a medias.

-Malfoy me esta ayudando – confirmó.

-¿Estas de coña? – repitió Ron con una expresión de total desconcierto en su rostro.

-¿Cómo que Malfoy te esta ayudando? – Preguntó Harry - ¿Desde cuando? ¿Por qué?

Hermione empezó a sentirse nerviosa. No podía decirles la verdad. Si hablaba Harry y Ron capturarían a Malfoy como sospechoso y entonces ella se quedaría sin pistas que seguir y Neville estaría a un paso de ir a Azkaban. No podía jugársela ahora que las cosas parecían encaminarse.

Tragó saliva y se llenó de coraje Gryffindoriano. Caminó hacia Malfoy y le tomó de la mano. Él había mantenido la mirada fieramente fija en Ron, pero al sentir como los finos dedos de la castaña se cruzaban con los suyos no pudo evitar abrir los ojos como platos y mirar el punto exacto por donde se estaban tocando.

"¿Qué estas haciendo?" se preguntó

-Dra… Draco me esta ayudando porque… – dijo titubeante sin mirar ni por un segundo a Malfoy – Estamos saliendo.

Lo único que se escuchó en el salón por varios minutos fueron los vítores de Luna.


Astoria asentía mientras su abogado intentaba explicarle los términos de la negociación, pero su mente estaba lejos de llegar a entenderle. Estaba inquieta. Theo la miraba tan fijamente que Astoria comenzó a pen sar que tal vez hubiese algo fuera de lugar en su aspecto. Incómoda, se alisó el cabello y luego apartó su mano con brusquedad. Se acomodó mejor en su asiento y decidió poner toda su atención en el señor Milkham, su abogado. No tenía por qué darle importancia a lo Nott hiciese o dejarse de hacer. Sin embargo, su penetrante mirada la hacía sentir como si estuviese desnuda en una sala llena de gente.

Desde que había entrado en aquel despacho, Astoria lo había sentido. Un halo cálido y sensual flotaba en el ambiente y era irradiado por él, por Nott. Lo miró por dos segundos y su cuerpo empezó a excitarse. Era un hombre hermoso y varonil, un gran amante sin duda. Al entrar en el despacho sus ojos se posaron en ella y ya no se apartaron en toda la reunión. Astoria intentó, en vano, leer sus pensamientos pero él no revelaba nada. ¿Qué clase de hombre era? Desde lo de Draco, era muy cuidadosa y analítica. Por lo general, no tenía dificultades cuando se trataba de discernir la personalidad de alguien, de percibir si era bondadoso, egoísta, tímida u honrado. Nott, en cambio, no mostraba nada de sí mismo y eso la ponía nerviosa.

"No es más que otra mujer", se dijo para sus adentros Theo, intentando vanamente librarse de los deseos que lo consumían. "Es una mujer como cualquier otra." Pero no era cierto. Lo asustó, lo electrizó la intensidad de la reacción que esa muchacha le provocaba. Hubiese dado todo lo que tenía por sacar al imbécil de su abogado de su despacho, que entre otras cosas no había dejado de babear por ella durante toda la reunión, y hacerle el amor sobre el escritorio. Se movió incomodo en su silla al sentir como su miembro empezaba a endurecerse. Era realmente increíble lo que Astoria le hacía sentir, la había poseído tres veces más la noche anterior y al parecer no estaba nada cerca de zacear su deseo por ella.

-Solo hace falta que el señor Malfoy firme estos papeles – dijo el abogado, cuyo nombre Theo no recordaba. – y dado que mi clienta no desea presentar ninguna denuncia contra el señor Malfoy, este tramité terminara pronto y ya no tendrá que volver a este despacho señorita Greengrass.

Astoria sonrió satisfecha aunque por dentro sentía un poco de desazón. – Es usted un hombre muy eficiente señor Milkham. – Tomó la carpeta que le tendía aquel hombre y se la dio a Theo, sus miradas se cruzaron unos segundos y no pudo evitar la sensación de sentirse completamente vulnerable ante él.

-Gracias por todo – dijo Theo sin alejar sus ojos de Astoria- Puede retirarse.

El hombre lo miró con el cejo fruncido –Le recuerdo que no trabajo para usted señor Nott.

Theo se inclinó sobre su escritorio y miró al hombre como si de una cucaracha se tratase – Y yo le recuerdo que le lleva usted casi cuarenta años a la señorita Greengrass. Deje de hacerse ilusiones.

Astoria reprimió un carcajada al ver como los ojos del señor Milkham se salían de sus orbitas.

-¡Como se atreve¡ - exclamó ofendido mientras se ponía en pie.

Theo se encogió de hombros en un gesto de clara arrogancia. - ¿Cómo se atreve usted a creer que alguien tan joven puede fijarse en usted?

El sonrojo que cubrió la arrugada piel del hombre le llegó hasta la punta de los cabellos platinados. Se despidió bruscamente de Astoria y salió de allí dando un portazo.

-¿Te has vuelto loco?-exclamó Astoria una vez se encontraron solos – Es unos de los pocos legisladores que ha aceptado llevar un caso contra ustedes. Le necesito.

-Estoy seguro que puedes encontrar un legislador que tenga más ética que este hombre – dijo señalando a la puerta por la que acababa de salir el señor Milkham – es un viejo verde

-Eso no tiene importancia. No me iba a acostar con él. Solo necesito alguien que tramite los documentos para que Draco los firme.

-Y ya esta hecho – le señaló la carpeta que le había entregado minutos antes – ya no le necesitarás

Astoria resopló molesta

Theo se puso en pie y rodeó el escritorio hasta quedar a espaldas de Astoria que aun se encontraba sentada

-Durante la última hora y media, he tenido que sentarme en ese escritorio y fingir que no me daba cuenta de las miradas impúdicas que ese hombre te lanzaba.

-¡Que dices¡ - replicó Astoria mientras se ponía en pie y le miraba a los ojos. Necesitaba poner distancia entre sus cuerpos – No seas ridículo

-Quiero irme a tu hotel, contigo, ahora mismo, ¡maldita sea!

Astoria ignoró su comentario –El señor Milkham es un hombre honorable. Y estas equivocado. Sé reconocer una mirada impúdica cuando la veo. Señor Nott

-Basta de títulos Astoria - susurró mientras se acercaba a ella y la rodeaba con sus brazos. - Pensé que una noche seria suficiente, pero me he equivocado. Te deseo. No puedo evitarlo

El timbre de su voz era suave y bronco, su aliento se proyectaba sobre la piel de Astoria, tan tibio y sensual que ella empezó a temblar entre sus brazos. Estrechó el cuerpo de Astoria contra el suyo y la besó con avidez. Su boca sabía a gloria.

Una oleada de deseo la inundo tan abrumadoramente que le cortó el aliento, no podía pensar, tan sólo pudo rendirse a las manos exigentes de Theo. Él asió su falda e introdujo las manos dentro de las bragas con una brusquedad tal, que Astoria temió que las rompiese nuevamente. Lanzó una exclamación ahogada al sentir los dedos de Theo deslizarse entre sus muslos, buscando y acariciando hasta que ella empezó a retorcerse con desesperación.

-¡Por Merlín estamos en tu oficina¡ -dijo con un débil sollozo- Cualquiera puede vernos.

Le escuchó hacer un hechizo insonorizador al tiempo que aseguraba la puerta – No puedo esperar un minuto más.

Y era verdad podía sentir su erección vibrar contra su vientre.

Se le aceleró la respiración al tocar la humedad del cuerpo excitado de Astoria. Tiró de las bragas y las dejó caer hasta los tobillos. Luego, buscó febrilmente los botones de su pantalón. Empujó a Astoria contra la puerta cerrada y la besó en el cuello. Su respiración ya marcaba un compas irregular.

-Theo - gimió ella, al tiempo que inclinaba la cabeza hacia atrás.

No pudo resistirse a aquel perverso placer. Le devolvió el beso y se abrió a él con ansia, dejando que se separasen sus muslos cuando Theo colocó una pierna entre las suyas. Sintió el roce de su erección, sus caderas se estremecieron en un movimiento involuntario para acomodarse a él. Theo empujó con más fuerza y la penetró de una sola arremetida, segura y profunda. Astoria dejó escapar un gemido. Con una mano, Theo agarró una rodilla por debajo para instarla a levantar la pierna, y volvió a hundirse dentro de ella.

Solo se oía el roce de las ropas. Astoria se recostó contra la puerta, subiendo y bajando con cada embestida. Estaba totalmente poseída por él. Theo, murmuraba palabras sensuales junto a la curva de su cuello y empezó a empujar con más fuerza, creando una fricción que acabó llevando a Astoria a alcanzar un orgasmo febril. Sofocó sus gritos con besos y quiso retirarse de ella como lo había hecho la noche anterior, justo antes del clímax. Pero, de pronto, pareció estar poseído por algún impulso primario e irreprimible y, en lugar de retirarse, se hundió aún más en su interior. Su cuerpo se estremeció con la fuerza del orgasmo, dejando escapar un gemido silencioso que vibró contra la piel húmeda de Astoria.

Los dos permanecieron juntos durante un rato, respirando con dificultad, mientras Theo rozaba los labios de Astoria con los suyos. Cuando por fin interrumpió el beso, la voz le salió en forma de un susurro áspero.

-Maldición...

Astoria estaba aturdida, pero el brillo en sus ojos delataba total y plena satisfacción - Ha sido increíble - murmuró, acariciándole la mejilla.

Él la miró y la besó nuevamente.

-Quiero repetirlo – susurró ella - pero esta vez sobre el escritorio.

Theo dejó de pensar. Astoria era fascinante. Con dos sencillas frases había logrado excitarlo nuevamente. La cargó en brazos mientras la llevaba hacia la mesa.

Astoria se dejó hacer a su gusto. No sentía fuerzas ni ganas de luchar contra lo que su mente le dictaba, solo quería sentir y disfrutar. Después de todo, solo restaban dos días para que ella regresara a la villa, retomara su vida pacifica y se olvidara de Theo Nott para siempre.


-¿Esperas a alguien? - dijo una voz masculina rompiendo el silencio que reinaba en el jardín.

Pansy se volvió con fingida indiferencia y vio a Blaise surgiendo de las sombras.

-Así es y no es a ti a quien espero -contestó secamente - ¿Qué haces aquí?

-Tenía ganas de dar un paseo - declaró él con una ancha sonrisa

-El jardín Malfoy's es lo suficientemente grande. Preferiría que te pasearas en otra parte. Tengo una cita.

-¿Con quien?-preguntó el deslizando las manos en sus bolsillos sin dejar de dar vueltas alrededor de ella.

-Vete Zabini.

-Contéstame.

-¡Vete!

-¿Con que derecho me das órdenes? No es tu casa.

-¡Ni la tuya!

Blaise se detuvo a unos pasos de ella, era muy alto a pesar de su corta edad. Sus manos eran grandes y sus hombros anchos, una muestra de que algún día seria un hombre esplendido.

-Tus padres están en el comedor y tu solo eres una niña. No tienes edad para tener citas.

-No soy una niña, soy una mujer. Tengo catorce años y te recuerdo que solo soy siete meses y medio menor que tú.

-Si tú lo dices.

Sus ojos se pasearon por el cuerpo de la niña-mujer que ahora exhibía curvas donde antes solo había toques infantiles. Como de costumbre no llevaba nada de maquillaje. Sus cabellos, de un magnífico tono negro con reflejos azules, estaban sueltos y caían libremente sobre su espalda. Era muy bella.

-Estás encantadora esta noche – le soltó de repente.

-¡Ahórrame tus piropos!-contestó riendo

-¿Quién te ha dicho que era un piropo?

Estaban hechos el uno para el otro y sin embargo nadie parecía darse cuenta. Pero Blaise por su parte lo sabía desde hacia años, desde que se vieron por primera vez. Pansy era entonces una niña alocada de ocho años, por supuesto que no se había enamorado de ella porque él también era un niño y no conocía el amor pero en cuanto se conocieron hubo una conexión inmediata, una camaradería y un compañerismo que con el paso de los años terminó convirtiéndose en algo más.

Consciente de su insistente mirada Pansy le hizo una mueca un poco infantil. - Ahora, de verdad, es preciso que te vayas Blaise. Estando tu cerca ningún chico se atreverá a cercarse a mí.

-Sea quien sea el que esperas, no se quedara más tiempo que los otros.

-Este si - lanzó ella con desafío.

-Nunca se quedan - insistió el con desenvoltura – a ti solo te interesa Draco.

Pansy enrojeció violentamente y apretó los labios. – Eso no es cierto. Draco es como mi hermano.

Blaise sonrió lobunamente - ¿Besas a tu hermano?

-¡Cállate¡ - replicó.

Blaise se acercó a ella, poniéndose bajo la luz.

-Ahora vas a volver dentro conmigo y te reunirás con los otros invitados o le diré a tus padres que estas aquí afuera esperando a quien sabe quien ¿Qué te parece?

-¡Me parece que eres un chivato¡ - espetó ella frunciendo el cejo.

Dio un paso hacia delante y luego otro hasta hacer que ella se pusiera nerviosa por su cercanía.

-¿Qué estás haciendo? - preguntó.

-Levántate.

Pansy obedeció de mala gana, se enderezó hasta que casi estuvieron nariz con nariz.

-¿Qué quieres Blaise?

-Quiero saber quien es tu misterioso amigo. ¿Te coge en sus brazos? ¿Te susurra palabras de amor en el oído? ¿Te besa?

Los dedos de él se posaron sobre su antebrazo. Nerviosa, reprimió un gemido. Su corazón empezó a latir con fuerza, nunca hubiera imaginado que iba a sentir las manos de Blaise. Estaban demasiado cerca. Quiso retroceder pero el la cogió con mas fuerza.

-Si has terminado de divertirte, Blaise, haz el favor de soltarme

El la dominaba sin dificultad como si fuera una muñeca o un gatito. Parecía gustarle el poder que tenía sobre ella, parecía querer que notara que él era más fuerte. La joven echó la cabeza hacia atrás y lo enfrentó con fiereza.

-¡Suéltame!-exclamó molesta -No me gustan nada tus jueguecitos.

-Pero podrían llegar a gustarte.

Su tono de voz la dejo sin aliento, parecía que estuviese intentando seducirla ¡Eso era imposible!

El la soltó de pronto pero no dejó de mirarla a los ojos. -Algún día te besaré - afirmó él con un susurro - Pero no esta noche.

Ese pensamiento se mantuvo en su mente por muchos años, pero Pansy siempre se mostraba indiferente y algunas veces distante, hasta que un buen día, por caprichos de la vida sus lealtades se afianzaron como los pilares de un fuerte puente. Eran verdaderos amigos. Blaise tuvo que erradicar el pensamiento de que algún día besaría a Pansy. Cuando Luna apareció en su vida, aquella idea quedó oculta en las profundidades más oscuras de su mente.


Blaise estaba bebiendo coñac directamente de la licorera cuando la puerta de la habitación se abrió. Se volvió ligeramente y vio a Marie transformada en Pansy. Tomó otro trago, sintiendo apenas el fuego que le bajaba por la garganta.

-Ya esta bien Marie, deja los juegos para otro día. – le dijo sin volverse – No hay necesidad de eso.

Tratando de ocultar su nerviosismo, Pansy cerró tras de si la puerta y permaneció pegada a ella: tras una rápida inspección de la habitación, aquella era la única salida y prefería no alejarse de ella. No quería tentar a la suerte.

Blaise la miró mientras se bebía otro trago. Un segundo después lo supo. Aquella mujer no era Marie, era Pansy, podría reconocerla entre una multitud de personas. Venía envuelta en un práctico traje de oficina que le sentaba de maravilla. Su pelo estaba recogido en una coleta alta, siempre le había gustado su cabello: negro con reflejos azules, y muy suave al tacto. Tenía las manos empuñadas y pegadas fieramente a su cuerpo.

De pronto se sintió ebrio.

-Hola Blaise – le dijo con un amague de sonrisa en sus labios.

Miró el reloj colgado en la pared a su costado. Eran las diez de la mañana. Habían pasado dos días y cuatro horas desde la última vez que la había visto. El dolor no había menguado. Su furia parecía renacer.

-¿A que has venido? – le pregunto sin moverse un centímetro de donde estaba. Ella tampoco se movió, seguía aferrada a la puerta como a una tabla salvavidas en medio de un océano rodeado de tiburones.

-Necesitamos hablar – le dijo.

Ella lo miró. Sus ojos brillaban con algo que no conseguía interpretar, algo aterrador.

-No tenemos nada de que hablar. Todo esta dicho.

Pansy abrió la boca, pero su respuesta se marchitó bajo su mirada. No tenía ni idea de que pudiera mirar a alguien, y mucho menos a ella, de aquella manera. Era la mirada de un ejecutor, justo antes de asestar el golpe de gracia, una mirada en la que no había más que ansia de venganza.

-Necesito que me des la oportunidad de explicarme – le dijo sacando un coraje que desconocía tener. – Dame una oportunidad.

Su mirada seguía fija en ella pero sus labios no se movieron para decir una sola palabra. Ella interpretó su silencio como una invitación a continuar. Un trago amargo paso por su garganta. Tenía miedo, miedo a perderlo como amigo y como amante.

-Sé que ahora estás furioso conmigo – dijo con voz temblorosa – Pero te juro que no actué de mala fe aquella noche.

Él continuo en silencio pero su mirada refulgía como un fuego intenso.

Ella odiaba rogar. Se aseguraba de estar siempre con la razón a su favor para evitar caer en tales menesteres y cuando no la tenía siempre podía cambiar la situación a su favor, pero esta vez solo le quedaba una opción.

-Por favor, no me juzgues sin antes haberme escuchado. Por favor, te lo ruego. - Su orgullo, enorme y espinoso, era difícil de tragar, pero se obligó a hacerlo. Por él. Porque lo quería y no podía perderlo.

El desprecio de sus ojos la hizo desfallecer. Su corazón se resintió con una aguda punzada de dolor.

-Nada de lo que digas va a hacerme cambiar de opinión – le dijo – Cambiaste el rumbo de mi vida. Me alejaste de la mujer que amaba y me hiciste arrastrar aun mundo lleno de amargura y soledad. Y cuando más te necesitaba, te marchaste ¿Crees que puedo perdonarte? ¿Lo harías tú?

-Lo siento. Lo lamento terriblemente.

Él se quedó callado un momento.

-¿Lo sientes? ¿De verdad? ¿O solo lamentas que después de cinco años me haya dado cuanta de la clase de ser que eres?

-Siento lo que hice — Le temblaba la voz - lo siento de verdad

-Deja de mentirme —pronunció cada palabra por separado - No lo sientes. Sientes no poder seguir engañándome, que ya no acepte tu palabra.

-Blaise somos amigos – susurró sin poder creer lo que él decía. Su corazón poco a poco se iba encogiendo más ante el dolor.

La ira, desbordante y salvaje, explotó en su interior. Echó a un lado la botella que se hizo añicos. En un instante, había salvado la distancia que los separaba pero logró detenerse a pocos pasos con el poco autocontrol que aun poseía – Éramos amigos, Pansy. Sabías lo que sentía por Luna. Sabías lo que ella significaba en mi vida. La amaba ¿sabes? ¡La amaba! Ella era lo único bueno, lo único puro, lo único por lo cual valía la pena vivir. Y tú me arrebataste todo.

De pronto sintió como su ira empezó a surgir de golpe. ¿Ella era la culpable? ¿Solo ella? Su único delito era haberlo amado, pero lo demás lo había hecho todo el solito.

-Tal vez no habría tenido que contarle todo a Lovegood. En eso sin duda tienes razón. No tenía por qué haberme metido en tu vida. – le dijo todo tan rápidamente que pensó que tal vez él no le hubiese entendido. Suspiró hondamente antes de continuar – Pero el resto lo hiciste tú.

El frunció el cejo aun más y Pansy vio como contenía sus impulsos asesinos. Allí no había nada más que hacer. De repente, se sintió horriblemente estúpida, había aceptado la absurda idea de Marie creyendo que él no la reconocería, pero al entrar supo que tarde o temprano el la reconocería.

Pensaba que su ira había menguado, que quizás el pudiese haber descubierto lo que ella sentía por él, que tal vez se había dado cuenta que a su lado podría volver a ser feliz. . "Estúpida", se dijo.

-Vete - prosiguió él – No quiero volver a verte, ni en dos meses ni en dos años ni en dos décadas.

Hablaba muy en serio. Lo que había hecho era algo odioso, algo inaceptable. Imperdonable. Lo había alejado de su amada Lovegood. Tonta de ella quien creyó que en algún momento de su vida Blaise podría amarla.

La idea de no volver a verle la aterrorizó y un sentimiento de desesperación se apoderó de su cuerpo. Tenía que agotar todos sus recursos. Tenía que decirle la verdad.

-Por favor, - le dijo en tono de suplica - escúchame. No quiero perderte Blaise. Eres muy importante para mí.

-Haberlo pensado antes - dijo, con tono grave -. Sobrevivirás. Ahora, por favor, apártate.

-Pero es que no lo entiendes. ¡Te amo! –Exclamó en un último intento desesperado por hacerle entrar en razón.

Blaise sonrió divertido - ¿Amor? - preguntó sarcástico -. ¿Así que ahora se trata de amor? ¿Quieres decir que el amor te volvió loca de celos, destruyó tu fidelidad de amiga y te empujó por el camino más rastrero que encontraste?

Se estremeció. Había escogido las palabras que ella quería decir y se las había arrojado a la cara.

Lentamente, avanzó hacia ella. Por vez primera en su vida, se encogió ante otro ser humano. Pero se negó a moverse, se negó a dejar que se marchara, así sin más, de su vida. Él apoyó los brazos a ambos lados de ella, acercó la cara hasta casi tocarla y le clavó una mirada brutal.

-Desearía que no hubieras mencionado el amor, Pansy - hablaba en voz baja y fría – Será mejor que te alejes de aquí antes que cometa una locura.

Pansy gimió. En ese momento deseaba que el tiempo diera marcha atrás, deseaba reparar todo el mal que había hecho. No debió haber intervenido. Lo más probable era que Lovegood averiguase tarde o temprano lo que Blaise y Draco había hecho. Tarde o temprano lo acabaría descubriendo y entonces aquella relación terminaría y Blaise y ella seguirían siendo amigos. Eso quería pensar, que las cosas se resolverían solas pero muy en fondo de su corazón sabía que tal vez, había una pequeña posibilidad que Lovegood nunca se hubiese enterado de nada y que tal vez ahora el bebé que esperaba pudiese ser de Blaise. Pero los tal vez no existían en aquella historia.

Se apartó de ella bruscamente, con la respiración entrecortada - Voy a decirte algo del amor, Pansy. Estar enamorado no te da ninguna excusa para ser menos que honorable. Puede que creas que estás enamorada, pero yo dudo mucho de que sepas qué es el amor. Porque has sido egoísta, todo ha girado en torno a ti: lo que tú quieres, lo que tú necesitas, lo que tú creías que era lo correcto en mi vida.

Se sintió desfallecer ante tus palabras. Se sentía demasiado débil para seguir luchando. Por un instante quiso gritarle que él también había sido egoísta. Que también había querido mentirle a la mujer a quien supuestamente amaba con la única intención que Draco follara a Granger, pero se contuvo. No valía la pena.

Se apartó sin más de la puerta y el paso por su lado sin dedicarle siquiera una mirada de soslayo.

Lo escuchó marcharse. Sus pasos retumbaban contra la moqueta. Ahora bajaba las escaleras hacia el vestíbulo, pronto saldría de esa casa y de su vida. Salió de la habitación y le alcanzó en la parte baja de la escalera. Él la miró inexorable.

-Nunca actué de mala fe. Siento mucho el daño que te he causado.

-Demasiado tarde – le dijo con voz crispada.

Pasó por su lado y caminó hacia la puerta.

-Es un adiós Blaise – le dijo cuando el hacía girar el pomo – Después de esto voy a marcharme. No vale la pena seguir en Londres.

-No sería la primera vez que lo haces.

El abrió la puerta y se marchó, sin decir nada más.

Y ella solo pudo mirar mientras él desaparecía de su vista y de su vida.


Espero que le haya gustado el capitulo. Es un poco largo pero tengo que aprovechar ahora que tengo la inspiración.

Se aceptan comentarios, ideas, aportes, opiniones. Lo que quieran.

Un abrazo

Nos leeremos pronto….

LilythWH