Una dulce melodía salía de los instrumentos de un cuarteto de cuerda que se encontraba en una zona reservada donde la gente bailaba al ritmo. Sherlock, bajo su máscara, se estremeció al oír a Bach y recordar su encuentro en la azotea de 's con James Moriarty. El detective, iba acompañado del doctor Watson, que vestía un traje de color gris y corbata azul, junto con una máscara de color azul turquesa adornada con algunas plumas. Habían avisado a Lestrade, quien estaría de incógnito junto con algunos de sus policías.
-¿La ves,Sherlock?-
El moreno resopló ante la malicia con que preguntaba Watson sobre Christine. Habían recorrido el salón en busca de una chica pelirroja. Al menos, Sherlock conocía la altura aproximada y su pelo era algo reconocible. Los dos se quedaron observando el cuarteto de cuerda cuando la gente empezó a observar con admiración a su alrededor. Se giraron y Sherlock abrió levemente los labios asombrado. Christine, con su pelo rizado cayendo por su espalda en un hermoso recogido, llevaba una máscara con brillantina plateada, que resaltaba el color rosáceo de la máscara. Llevaba un vestido que cubría en un hombro, de color gris, con sedas que recordaban a los vestidos de la Grecia Antigua. El vestido apenas rozaba el suelo, y rodaba a su alrededor con gracia. La gente empezó a murmurar de manera que Sherlock oyó retazos de la conversación: 'Mira,mira' 'Sí, es Christine Laforet'
Sherlock intentó acercarse a ella cuando una suave melodía hizo que los presentes se agruparan en parejas y empezasen a bailar en la pista. Era una pieza musical exquisita y Sherlock recordaba haberla tocado en el violín alguna vez que otra. Christine se encontraba hablando con Lestrade y notaba como fruncía los labios con fuerza. Algo la había cabreado. El detective se giró buscando a su compañero pero Watson estaba hablando con una dama oculta por una ostentosa máscara verde. Una mano se puso en las de Sherlock y le arrastró a la pista de baile, notando como la persona ponía una mano en su hombro y la otra en su mano. Un mechón de pelo rojo le deslumbró. Sherlock sonrió empezando a moverse como podía, con la espalda recta. La chica se movía de manera grácil y elegante al compás de la música.
-Lady Christine Arya LaForet-Ella inclinó la cabeza con elegancia ante su nombre y se acercó más a Sherlock, que notó como su respiración se alteraba-¿Cabreada?-
-Lestrade me dijo que atraparían al asesino aquí. Lo espero, señor Holmes. Me gustaría recuperar mi vida- Sherlock hizo que Christine girase sobre sí misma, volviendo a acercarla a él.
-¿Lo ha visto?-
Ante la negación de Christine, Sherlock resopló. Nunca le habían gustado las fiestas y no quería estarse hasta muy tarde esperando a un asesino. Unos gritos le sacaron de su ensoñación y observó que la gente corría en todas las direcciones. Sherlock miró a su alrededor y vio a un hombre de la descripción del compañero de la pelirroja, empuñando un arma. Se miraron con desafío y el asesino sonrió, disparando a la lámpara que había encima de Christine y él. Sherlock tiró de la mano de ella y empezaron a correr escaleras abajo. Para llevar tacones finos y altos, Christine corría a la misma velocidad que Sherlock. Bajaban las numerosas escaleras del Hall, que estaban cubiertas con una alfombra roja hasta que llegaron a la acera, donde, por suerte, o destino, se encontraba un taxi vacío.
-¡Tus compañeros, Sherlock!-Gritó Christine sin querer subirse al taxi. El detective la cogió en brazos y subió con ella sin tener apenas aire y dijo: 'Baker Street, lo más rápido que pueda' Christine estaba temblando a su lado. Sherlock se quitó la chaqueta y la arropó con ella, abrazándola después-¿Por qué no me dejan en paz?¡Querían matarnos!-
Pensativo, Sherlock observó que tenía razón.
Alguien quería verlos muertos.
