Apenas media hora después de la desastrosa noche de máscaras, Christine y Sherlock llegaron a Baker Street, donde apareció la señora Hudson en bata y con los rulos puestos. Al ver el nerviosismo de Christine, la abrazó como si fuera de su propia familia y la subió al piso de Sherlock, donde la sentó en el sofá y puso una taza de té caliente en sus manos. Después de darle las gracias, el detective corrió las cortinas con rapidez de manera que nadie podría observar lo que pasaba dentro. Tenía el presentimiento de que el asesino estaría cerca. Que averiguaría el paradero de Christine. Sherlock se giró hacia la pelirroja, viendo que el color había vuelto a sus mejillas y sus ojos castaños brillaban.
-Bonito piso,Sherlock Holmes-
-Después de todo ¿no ha abandonado ese tono de arrogancia, Lady Christine Arya Laforet?-
Al ver la negativa de Christine, las cejas de Sherlock se curvaron en una irónica mueca mientras la pelirroja se levantaba y se quitaba la chaqueta que éste le había dado en el taxi al ver que tenía un ataque de nervios. El detective se giró toqueteando todos los papeles mientras murmuraba ''¡Mierda!'' al no encontrar el portátil de John. Se dio la vuelta y Christine estaba a su lado, con la máscara en sus manos. Sherlock la cogió y la tiró con la otra mientras intentaba no mirar los ojos de Christine.
-Quería agradecerle que me salvara, señor Holmes-
El tono de Christine era sincero, con un tono de dulzura que hizo que las tripas de Sherlock se encogieran. Sus ojos grises seguían sin mirar a Christine, lo que hizo que ella resoplara y alzase la mano, girando la cara del detective hasta que sus ojos se encontraron. La pelirroja bajó sus manos hasta el cinturón de él, atrayéndolo todo lo que podía hacia su cuerpo y sus labios rozaron los de él. Sherlock se limitó a cogerla delicadamente en brazos y a llevársela a su cuarto,donde la soltó sobre la cama con las sábanas planchadas y almidonadas que la señora Hudson había lavado. La pelirroja le agarró de la camisa de manera que el cuerpo de él estaba completamente sobre el de ella. Los labios de Sherlock recorrían con besos y mordiscos desde su barbilla a su nervioso, debido a que era su primera vez. Pero los gemidos de Christine daban a entender que lo estaba haciendo ver. La chica se dio la vuelta y sin decir nada se apartó los rizos de la espalda,mostrando la cremallera, que Sherlock quitó. Christine se levantó y dejó que el vestido cayese al suelo,quedando ella en ropa interior. Aquella visión hizo que Sherlock abriese los labios emitiendo un gemido sordo y grave y se tumbó, notando como Christine se ponía encima. Ella le fue desabrochando los botones y quitándole la camisa en un tiempo demasiado lento para él. Después, desabrochó con lentitud el pantalón bajándoselo y tirándolo al suelo. La visión de Sherlock con las mejillas sonrojadas, las pupilas dilatadas y una erección apretando la tela de sus bóxers hizo que Christine sonriera con picardía, lo que volvió loco a Sherlock, que se puso encima de ella acariciando todos los cm posibles de su piel. Minutos después, la pelirroja notó como Sherlock la penetraba con temblor y nerviosismo. Parecía nervioso así que Christine acarició su cuero cabelludo,haciendo que el detective relajase todos los músculos inmediatamente y empezara a moverse con fuerza dentro de ella. Los gemidos de Christine inundaban la habitación.
Después de aquello, ambos se taparon con las sábanas y durmieron abrazados.
