Sherlock apretó los párpados levemente y abrió los ojos. No sabía donde se encontraba y solo recordaba trozos de la desastrosa noche de ayer. El compañero de Christine, había disparado contra la lámpara que se encontraba encima de la pelirroja y él ían salvado la vida por los pelos. Observó que se encontraba desnudo,tapado con sus sábanas,algo no raro. Pero a su lado una melena rizada y pelirroja tapaba parte de la cara de Christine. Sherlock sonrió al recordarlo y alzó su mano izquierda,con los dedos temblorosos. Al rozar la suave y pálida piel de Christine, apartó los dedos con rapidez,como si hubiera notado una descarga elé chica dormía plácidamente con los labios rojizos entreabiertos. Sherlock depositó un beso en ellos y se alborotó los rizos.
Si ella continuaba en su cama. ¿Qué lo había despertado?
Por un momento temía que la señora Hudson o John estuviesen al otro lado, o que hubieran abierto la puerta de su cuarto,a pesar de la prohibición expresa que tenían. No la había puesto Sherlock, pero su casera y el doctor pensaban que sería mejor mantenerse alejados de los experimentos del cuarto de Sherlock.
Entonces, el ruido se intensificó.
Eran golpes en la puerta de la casa. Si hubiera alguien en el salón, ya habrían abierto. Sherlock miró de nuevo a Christine y la tapó con la sábana inferior, tapándose el detective con la superior. Era una costumbre suya pasear con la sábana puesta cuando estaba solo. Al igual que hablar con el timbre.
Con pesadez, Sherlock se levantó y abrió la puerta de su cuarto, caminando lentamente hacia la puerta cerrada que separaba el descansillo del salón del apartamento en Baker Street. Los golpes se hicieron más fuertes con un objeto de metal. Sherlock abrió la puerta y se encontró cara a cara con la última persona a la que querría ver esa mañana.
Su hermano Mycroft Holmes.
-¡Por el amor de Dios, Sherlock! ¡Tápate! Eres lo suficientemente mayor para saber que no puedes andar con una sábana como dios te trajo al mundo-Sin pedir permiso el mayor de los Holmes caminó hacia el centro de la estancia, observando a su hermano.
-Siempre es un placer verte Mycroft-Murmuró con ironía el menor y cerró la puerta de un golpe, cruzándose de brazos.
-Iré al grano,porque como sabrás soy un hombre muy ocupado-Sherlock puso los ojos en blanco lo que le hizo resoplar-Anoche recibí tu mensaje y mandé aquél agente para que vigilase la dirección que me diste-Mycroft apretó con fuerza la cabeza de su paraguas, observando a su hermano-¿Vas a explicarme por qué el arrogante Sherlock Holmes me manda un mensaje pidiendo ayuda del servicio secreto británico?-Se notaba en su voz que el mayor estaba disfrutando con aquella humillación hacia Sherlock.
El detective iba a contestar cuando Christine, tapada con la sábana apareció en la estancia. Tenía el pelo rizado revuelto y las mejillas pálidas. Sus ojos castaños viajaron de Sherlock a Mycroft y enrojeció al darse cuenta de la situación. Sherlock y ella estaban envueltos en sábanas ante un hombre que ella desconocía. Mycroft observó a su hermano con incredulidad.
-Mycroft, te presento a miss Christine Arya Laforet-
-Un placer-Contestó el mayor inclinando la cabeza hacia la chica, que no podía dejar de mirar el suelo-Por favor, no se oculte. Es usted bella, solo que no me imaginaba que mi hermano...-Giró la cabeza hacia Sherlock que se había sentado en el sofá aún con la sábana.
-¿hermano?-Christine miró a ambos intentando sacar un parecido,sin resultado.
-Lamentablemente, Arya, sí-La voz grave de Sherlock la sorprendió usando su segundo nombre y frunció el ceño. Mycroft aún apretaba el paraguas. Sherlock resopló-Bien, hermano, ya has conocido a la señorita, la cual, conocí debido a un caso. Te pedí ayuda para que tus agentes la protegieran. Entraron en su casa-
Mycroft sonrió a Christine que los seguía mirando a ambos con sorpresa y se acercó a ella, estrechándole la mano. La pelirroja observó con el ceño fruncido a Sherlock que hizo un gesto de pegarse un tiro,lo que les hizo sonreír a ambos.
-Sherlock, eres lo bastante mayor como para saber que sé perfectamente cuando me estás haciendo burlas por la espalda-Mycroft se giró hacia su hermano mirándole con seriedad-Llevas haciendo eso desde nuestra más tierna infancia-
-Y tú sigues enrabietándote por ello. ¿Quién es el infantil aquí, querido hermano?-
Ambos hermanos se encontraban de pie, observándose con arrogancia. Seguir discutiendo era inútil y ambos lo sabían, así que Mycroft volvió a estrechar la mano de Christine, que sonrió con dulzura y elegancia, para placer de Mycroft. Parecía una chica dulce y á enderezase a Sherlock, pensaba con esperanza el mayor de los Holmes. Estaba ya en la puerta cuando se giró hacia Sherlock y le dirigió estas palabras:
-Mamá se llevará una sorpresa-
-¡NO, MYCROFT!-El grito grave de Sherlock resonó en el eco del salón. El mayor de los Holmes hacía cerrado la puerta y Sherlock se había sentado en el sofá enfurruñado. Christine seguía de pie sin saber que hacer- Bueno, ya tienes el beneplácito de mi familia. Es raro que les guste algo de lo que hago-Ambos se miraron y empezaron a reír con ganas, hasta que Sherlock alzó y abrió los brazos, esperando a que ella se acercase-Ven, Arya-
Christine obedeció mientras fruncía el ceño.
-¿Por qué me llamas Arya?-Susurró ya que se encontraba sentada encima de Sherlock. Este le puso un dedo en los labios, acariciándolos. Sin poder evitarlo, Christine lo mordió, riendo al ver la cara del detective. Puso las manos en las mejillas de él y depositó un dulce y pausado beso en sus és observó aquellos ojos grises sonriendo-Lamento decirle a monseñor Holmes, que debo ir a vestirme. Sus compañeros no tardarán en llegar-
Sherlock intentó retener a Christine sin éxito y observó como desaparecía en medio de un revuelo de sábana blanca.
Efectivamente, cinco minutos después, aparecieron por la puerta Greg Lestrade y John Watson.
