Bueno, bueno, ya esta listo el tercer capítulo, espero que se disfrute muchio muchio, y animense a dejar RR en serio! porfaaaaa! necesito saber si les va gustando! Quiero aclarar que no va a ser Hermione nuestra relatora, estos dos capis los cuenta ella, o algo asi, pero la historia sera contada por otras personitasss... disfrutenlo, y como bien dicen en ingles: TIME IS MONEY... el tiempo es un MANI


Su decisión había quedado clara para todos. Había aceptado la misión casi suicida que se le había designado. Sus amigos, con muy buenos argumentos, se mostraban en contra de la aceptación de la muchacha, pero al parecer, nadie podía quitarle de la cabeza que ya había aceptado y no cambiaría de opinión.

La tarde de su viaje, la chica había estado pensando muy bien su objetivo principal. También había reflexionado sobre el hecho de que Harry y Ron no podían acompañarla, y había llegado a una conclusión.

Unos minutos antes de irse, Hermione se dispuso a despedirse de sus amigos, que se habían resignado a su decisión y se encontraban en la pieza de Harry y Ron.

Golpeó la puerta y pasó. Al entrar, vio la imagen más conmovedora del mundo, incluso había pensado que era un truco de sus amigos para que se quedara: Ron estaba sentado en su cama y lloraba a cántaros, mientras que Harry y los gemelos lo tranquilizaban. Ginny estaba también sentada sobre la cama y lloraba al igual que su hermano, solo que no tanto.

Ron levantó la vista del piso y posó sus ojos celestes tristes en los marrones de la chica que se hallaba en la puerta. Se levantó de repente y corrió hacia ella, abrazándola cariñosamente.

-¡No te vayas Hermione, por favor! –le rogaba al oído- No soportaría una vida sin ti. No te vayas, por favor.

Hermione correspondió el abrazo y lloró sobre el hombro de su amigo, mientras éste lloraba en el suyo.

-Por favor… –seguía rogando Ron entre sollozos, como si fuera a hacerle caso- Yo… yo… yo te… -balbuceaba palabras sin sentido, aunque se notaba que quería formar una frase pero el llanto no se lo permitía. La soltó y la miró a los ojos- Yo te amo.

El pelirrojo acortó la distancia entre ellos y selló su amor con un beso cálido y tierno. Hermione correspondió también al beso, pues no podía negar que ella también lo quería mucho a Ron. Luego de unos momentos, ambos se separaron y se miraron a los ojos. El chico aún lloraba y la chica lo miraba embobada.

Todos sus amigos se acercaron y le dieron un tierno abrazo, en el que pudo sentir que extrañaría cada gota del amor que le brindaban. Luego abrazó a todos y cada uno de ellos, mientras algunas lágrimas bañaban su cara.

Sabía que le iba a ser difícil, pero no pensó que le costaría tanto aceptar que al día siguiente ya no podría verlos por un buen tiempo.

Los gemelos Weasley, que sabían muy bien que era un momento incómodo, trataron de disminuir la tensión contando chistes o haciendo bromas con sus nuevos artículos. Parecía funcionar bastante bien, pues de un momento a otro, todos estaban descostillándose de la risa. Pero pronto la alegría terminaría, pues un golpe en la puerta los sorprendió. Rápidamente, los gemelos guardaron todas sus bromas, y dejaron entrar al visitante.

Cuando se abrió la puerta, todos pudieron ver al viejo director que les lanzaba una sonrisa de complicidad, incitándolos a reírse junto a él.

-Creo que están divirtiendo –dijo Dumbledore, con una sonrisa pícara en la cara-. Está bien, volveré en un rato.

Solo dijo eso, y se retiró dejando a los jóvenes muertos de risa.

La tarde se les había pasado volando entre risas y bromas. Sabía que los iba a extrañar a todos. Ya era parte de una gran familia que se estaba creando a base de una fuerte amistad, y estaba muy orgullosa de ello.

Luego de la cena, Hermione se decidió dar sus conjeturas a Harry y a Ron sobre el hecho de que ella sola fuese a la misión. Sabía que debía hacerlo, pues aún ambos estaban un poco molestos con los mayores al enviarla sin ningún tipo de protección y a una misión de esa índole.

-Bueno –dijo la chica, que estaba muy nerviosa-, supongo que debemos hablar de la misión –de repente, todo el ambiente se tensó y silenció muy amenazadoramente-. Chicos, créanme si les digo que tampoco quiero ir sola, pero creo saber porqué no los dejar venir conmigo –hizo una pausa prolongada, que terminó con la duda en los ojos de sus amigos-. La primera cuestión que hay que tener en cuenta, Harry –dijo mirando a su amigo-, es el hecho de que iré a la época en la que Lily y James asistían a Hogwarts –su amigo la miró algo confundido.

-¿A qué te refieres?

-Pienso que si estuvieses tú en esa situación, lo primero que harías es ir a conocerlos, hacerte su amigo. Teniendo en cuenta la misión asignada, eso no ayuda mucho. Te dejarías guiar por tus sentimientos y dejarías completamente de lado la misión –su amigo la miró con ojos melancólicos-. En el caso de Ron –dijo mirando a su otro amigo, que la miraba intensamente-, creo que es más bien por la cuestión de que dejas llevar por tu odio hacia algunas personas, como Colagusano, Malfoy, Narcissa, Bellatrix y Snape. En este caso, estaría más que mal que me acompañaras, sabiendo que podrías intentar hacerles bromas y demás.

El argumento que tenía con respecto a Ron era algo vago, lo aceptaba, pero era el único que tenía para despreocuparlo aunque sea un poco. Se quedó estática mirando a sus amigos, quienes la miraban un poco enojados por la visión que tenía de ellos. No negaban que no harían ninguna de esas cosas, pero era duro tener que aceptarlo.

-Es extraño que no haya vuelto Dumbledore –inquirió Harry, que solo se limitó a mirar al suelo-. Es extraño. No volvió en todo el día. ¿Qué querría?

Nadie respondió. Cada uno estaba sumido en sus pensamientos, hasta que una pelirroja entró en la habitación, seguida por un par de bromistas, que sentaron en las camas.

-Dumbledore quiere verte –dijo Ginny, mirando tristemente a Hermione.

La castaña captó el mensaje y se paró muy lentamente. Se dirigió a la puerta y dio las buenas noches a todos.

Estaba bajando las escaleras, cuando un bulto la sorprendió, haciéndola caer escaleras abajo sin ningún tipo de freno. Bajó un piso entero de esta forma, hasta que unas manos heladas y blancuzcas la sostuvieron. Severus Snape la ayudó a levantarse y la acompañó hasta la cocina, sin decir ni una palabra en todo el recorrido.

Cuando entraron a la cocina, en esta estaban el director y profesor Albus Dumbledore, Lupin, Tonks, Sirius y Ojoloco.

-¡Ah, Hermione! –exclamó el viejo director al verla- Me alegra que hayas podido venir. Estábamos creyendo que era quizás un momento inoportuno para llamarte –miró a Tonks disimuladamente, y ésta escondió una mueca de equivocación en el rostro-. ¿Estabas con tus amigos?

-Sí. Estábamos hablando de mi misión, de porqué ellos no pueden ir.

-¿Llegaron a alguna conclusión? –preguntó el director atentamente.

-Creemos que Harry no puede ir solo por el hecho de que van a estar sus padres, y que Ron no debe ir porque se dejaría llevar por sus sentimientos –el director hizo una gran sonrisa y luego habló.

-¡Muy bien señorita Granger! Sabía que tarde o temprano lo descubriría, no esperaba nada menos de usted –Hermione sonrió encantada-. Creo que ya es hora de que sepa unas cosas más para su éxito –le dedicó un guiño a la chica y se dirigió a Remus Lupin.

Lupin se aproximó a la chica. Sacó su varita e hizo que la castaña también la sacara.

-Lo primero que debes saber es que un mago oscuro te matará si tiene la oportunidad. Supongo que sabes qué hechizo utilizaría si quisiera hacerlo, ¿no? –Hermione asintió y miró a Ojoloco. Sabía que no había sido él quien se los había mostrado en el cuarto curso en Hogwarts, pero no podía evitarlo- Puedes hacer dos cosas para protegerte: usar un Protego o contraatacar con un Expeliarmus. El Protego nunca lo hemos usado contra una Avada Kedavra, pero creemos que funcionaría bien. El Expeliarmus, como todos ya sabemos, el único que lo ha usado con buenos resultados es Harry.

-Por lo tanto –continuó Snape-, le recomendamos que use el Protego, señorita Granger.

-¡Pero no se ha probado antes! –saltó Molly Weasley, defendiendo a la chica- ¡Es solo una niña! ¡Enséñenle a usar lo seguro, no lo que es probable! –la señora estaba muy enojada con todos los presentes en esa sala, y se había puesto entre Hermione y el resto, tratando de proteger a la primera.

-Molly –dijo la voz calma de Dumbledore-, no dejaremos que le pase nada a Hermione. La protegeremos con lo mejor que se nos pueda ocurrir, y para eso debemos darle todas las opciones. Luego ella elegirá qué usar en batalla, ¿no es así señorita Granger? –Dumbledore la miró tiernamente, y solo pudo asentir con la cabeza, mientras Molly se calmaba un poco.

Luego de un montón de nuevos hechizos, contra encantamientos y miles de explicaciones, Hermione quedó libre para ir a dormir y recuperar fuerzas, pues al día siguiente viajaría al pasado.

Rápidamente pasó por la habitación de Harry y Ron, y se despidió tiernamente de ambos con un beso en la frente, pues estaban profundamente dormidos. Les dejó una carta de despedida que improvisó con un pergamino roto y un pedazo de carbonilla, y se fue a su cuarto.

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Se levantó muy, pero muy rápido, tratando de no despertar a Ginny, pues eran las 8 de la mañana. Se duchó lo más rápido que pudo, se vistió y salió de la habitación.

Silenciosamente bajó las escaleras, y dejó que una lágrima cayera por su mejilla. La secó con el puño de su remera manga larga y se dirigió a la cocina.

El ambiente no había cambiado desde la noche anterior. Snape y Sirius estaban electrocutando al otro con la mirada, mientras Dumbledore y Tonks hacían lo posible por separarlos un poco y hacer reír a todos (excepto al Snape, claro). Aún así, todos volvieron a la realidad cuando Hermione cruzó el umbral de la puerta.

-¡Hermione! –dijo Tonks, que fue la primera en verla- ¿Cómo descansaste?

-Bueno… a decir verdad, no pude dormir mucho –respondió la chica, con un pequeño sonrojo en el rostro-, supongo que estoy algo nerviosa.

-¡Me imagino! –dijo la bruja, mientras la estrechaba en un amable abrazo.

-Sí. Y para recuperar las fuerzas –acotó Molly-, nada mejor que un buen desayuno –y le sirvió en la mesa una gran bandeja llena de tostadas, y con una taza de té caliente. Hermione solo comió un poco, pero se esforzó por terminar el té, para no quedar mal con Molly. Después de todo, era la madre de su Ron.

-Bueno –dijo Sirius, al ver que la chica había terminado de comer y tomar el desayuno- creo que ya es hora de que nos vayamos. Como no eres mayor de edad –dijo con algo de fastidio- no podemos aparecernos. ¿Qué transporte recomiendan?

Todos llegaron a la conclusión de que la mejor manera de llegar era tomar el autobús noctámbulo.

Todos salieron, y esperaron pacientemente a que el autobús llegara. Hermione se volvió a ver la casa, y pudo jurar que vio a Kreacher en una ventana, saludándole. Ella devolvió el saludo y le regaló al elfo una sonrisa. Luego miró hacia otra ventana, y logró ver, mientras la casa se perdía entre los edificios muggles, la cara de un triste pelirrojo que lloraba y la saludaba, mandándole un beso. Ella se lo devolvió, justo un segundo antes de que Grimmauld Place desapareciera de su vista.

Cuando llegaron al Caldero Chorreante, eran las 11:55. Si quería poder comprar las cosas para Hogwarts ese mismo día, debía darse prisa, pues a las 12, el Callejón Diagon se llenaba de gente, y era casi imposible poder conseguir una sola cosa.

Entraron en el Callejón y fueron directo hacia un estrecho corredor, que quedaba frente a Flourish & Blotts. Lamentablemente, debía llevar su enorme valija llena de ropa consigo, pues no podía dejarla en ningún otro lugar.

-Bien –dijo Sirius- ya estamos aquí. Ahora, cuando compres todo y te instales en el Caldero Chorreante, envíale una carta a Dumbledore pidiéndole una entrevista, en la cual le pedirás asistir al colegio, debe ser antes del primero de Septiembre.

-No puedes equivocarte en esta parte –acotó Lupin-. Lo más importante, y tu prioridad en este momento, es lograr entrar en Hogwarts.

Hermione asintió, y Remus le entregó el giratiempo. La chica se lo colocó en su cuello y miró a todos. Comenzó a girar el mecanismo del objeto.

-Suerte –fue lo último que escuchó. Alzó la vista y logró ver a Snape, con una sonrisa de lado en el rostro. Luego de eso, ella se perdió en el tiempo, hasta llegar a su destino.

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Se dio vuelta y vio cómo el callejón se poblaba de gente que iba y venía, que entraba y salía de los miles de negocios que enfrentaban la calle.

Decididamente, se encaminó a Flourish y Blotts, pasando por en medio de un pelea, a lo cual ella solo pensó "¡Por Merlín! ¡Qué niños tan inmaduros!", sin darse cuenta que dos muchachos la miraban.


Bueno, no voy a decir nada... si llegan a ver alguna flta de ortografa e pr est tclad d merda... jeeje. asta la próxima.

FELIX FELICIS PARA TODOS