Bueno, bueno. Ya está listo el cuarto capítulo. Espero que lo disfruten mucho mucho. Espero tambien mis reviews aunque sean anonimos acepto lo que venga. Sin hacer muchas aclaraciones, quiero decirles que continuo este fic gracias al apoyo de mis amigas, tambien si lo sigue alguien del foro, no se sienta excluido, solo que quienes me conocen, me dicen que tan buena es la historia, los personajes, etc. Si quieren preguntar cosas o algo así (salvo adelantos del prox capitulo) animense a dare reviews! . bueno, a leer, porque como bien dicen en ingles: TIME IS MONEY... EL TIEMPO ES UN MANÍ.
Su cuerpo no reaccionaba. ¿Quién podría ser aquella extraña chica? Era muy bonita. Y también muy decidida, justo como su amiga Lily. Su mente estaba en otra parte, al igual que su contrincante. Perfectamente, cualquiera de los dos podía atacar con facilidad, pero les era imposible moverse. Esa chica, sea bruja o no, les había lanzado un Petríficus Totalus infalible. Había algo especial en ella.
James y Lily se habían interpuesto entre los luchadores, pero estos ya no mostraban ganas de pelear. Es más, Sirius había dejado de forcejear con sus amigos, y Severus ya no estaba a la defensiva.
porque James, Peter y Remus habían comenzado a zarandear a Sirius, y Lily le había dado un empujoncito en el hombro a Snape para que éste reaccionara.
-¡Ey! ¿Estás bien? –le gritaba Cornamenta casi en el oído- ¿Qué te pasó?
-¡Ya! ¡No me grites! –dijo un bastante molesto Sirius- Estoy bien.
-Lo siento –dijo un divertido James, que lo miraba algo confundido. ¿Por qué se había quedado tan estático su mejor amigo?
-¡Ey! ¿Qué te pasa? –le preguntó Lily algo preocupada- ¿Por qué te quedaste tan helado?
-Estoy bien –dijo la voz arrastrada de Snape.
-¿Por qué le quisiste pegar a Sirius? ¿Qué te pasa? –le replicó Lily- ¿No vas a empezar a tratar de llevarte bien con ellos?
-¿Por qué te interesa tanto que nos llevemos bien? –dijo Snape, que se había olvidado totalmente del asunto.
-Tú eres mi amigo y ellos me caen bien. Solo intenta acercarte a ellos. Veras que no son tan malos como tú dices.
-¡No! ¡No me voy a juntar con esos lacras! –gritó Snape. Hacía un año que quería decirle lo que pensaba de ellos a Lily, pero ésta no lo escuchaba nunca- ¡No quiero ser su amigo!
Los merodeadores se voltearon y miraron de frente a Snape. Las miradas se cruzaron nuevamente, y nuevamente ardió fuego entre Sirius y Severus. Todos se miraban con profundo rencor, a excepción de Lily, Peter y Remus, que solo miraban para un lado y para otro.
-¿Cómo nos dijiste? –se acercó amenazante James, que le sostenía la mirada a Severus- ¿Piensas que somos unos lacras? –Lily se interpuso entre ellos, protegiendo a James. Severus no podía creerlo: su mejor amiga y amor platónico estaba defendiendo a los merodeadores, sus eternos enemigos.
-Como tú oíste bien, Potter. ¿Y sabes qué más pienso? Pienso que no hay mayor repugnancia que estar en la misma mesa que dos atorrantes, un idiota que no sabe defenderse, un señorito prefecto de Griffindor y una sangre sucia –todos se congelaron, y a Lily se le heló la sangre. Miró con cuidado la cara de su amigo, pero una mueca de desprecio ocultaba su verdadero ser.
-¿Qué… qué dijiste? –preguntó Lily entre lágrimas. ¿Le diría que lo sentía? Pero, ¿por qué no había sentimiento alguno de culpa?- Dime Sev –gimoteaba la chica-, ¿qué acabas de decir?
-Tú me oíste muy bien, sangre sucia.
La miró a los ojos y no pudo soportar ver esa expresión de tristeza y sorpresa en el rostro lloroso de su amiga. Sin poder soportar más la escena que había formado en medio del callejón, entró en Flourish y Blotts.
Sirius no podía creer lo que habían visto sus ojos. ¿Acaso Quéjicus le había dicho sangre sucia a Lily? Lo único que alcanzó a ver luego de que ese cobarde abandonara aquel escenario, fue a la pelirroja arrojarse a los brazos de su amigo James y llorar abrazada a él. Al menos, ahora tenía otra razón por la cual odiar a Snape.
Flourish y Blotts era un verdadero lío, estaba lleno de gente de todo tipo de edades, que iba y venía comprando libros. Los estantes estaban rebosantes de ellos, pero desaparecían sin cuidado. Por suerte le fue muy fácil divisar la cabellera castaña alborotada de aquella chica tan peculiar.
Estaba en un estante bastante cercano a la ventana. Lo único que temía en ese momento era que el grupito de los merodeadores entrara y le hicieran armar un escándalo.
Se acercó lentamente, procurando que la chica no se diera cuenta de su presencia. Se ve que logró lo que quería, porque ni bien pudo estar a una distancia de solo un par de metros, la muchacha se marchó rápidamente hacia la caja y huyó del negocio, seguida de una gran cantidad de gente.
Con un poco de disgusto, compró sus libros y salió del lugar apresuradamente, tratando de no cruzarse con los merodeadores.
Tuvo suerte al entrar en Flourish y Blotts con sus amigos, pues ya no había tanta gente y no se habían terminado los libros que les correspondían. Sin duda quinto año sería genial.
Lo único que no comprendía era la actitud de Quéjicus frente a su amiga de toda la vida. ¿Cómo le había hecho algo así? Posiblemente, sus compañías Slytheryn le había inculcado ese nuevo sentimiento de odio hacia los nacidos de muggles. Era solo una teoría, pero era la más acertada que tenía. Trató de no preocuparse por la chica pelirroja, centrándose en sus amigos, riendo con ellos.
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Poco a poco, la tarde se convirtió en noche, y las noches hicieron que los días pasaran, y la semana concluyó. Al fin volverían todos a Hogwarts.
El primero de Septiembre, el andén 9 ¾ desbordaba de gente. Había mucha gente más que en el callejón Diagon cuando fue a comprar sus cosas junto a sus amigos. Era muy difícil moverse con los grandes baúles, y más difícil aún se hacía encontrar un compartimiento vacío para poder instalarse.
Por suerte, lograron hallar un compartimiento, y allí se acomodaron los cuatro amigos y la chica pelirroja, que se había hecho muy amiga de Remus desde el incidente con Severus.
En el vagón Slytheryn, un grupo de muchachos y muchachas se ubicaba en uno de los asientos, llamando a un chico solitario que se acercaba tímidamente.
Nunca escuchaba sus charlas. Eran tan hipócritas todos y cada uno de ellos. Los detestaba a todos, no quería a ninguno de ellos. La única que lo integraba y lo hacía sentir cómodo era Narcissa.
Narcissa era la novia de Lucius. Tenía cierto talento natural para despreciar a los muggles y a sus hijos, sobre todo a los que llegaban a Hogwarts en busca de aprender magia. Tenía cierta afinidad hacia Snape, pero aún así, no eran amigos. Solo trataba de integrarlo con los Slytheryn, pues no le parecía que tuviera amistades en Griffindor. Era sumamente comprensiva y se daba cuenta si le ocurría algo a alguno de sus compañeros Slytheryn.
Severus se sentó con sus compañeros y se quedó cayado el resto del viaje. ¿Dónde podría estar la chica castaña en ese momento? ¿Iría a Hogwarts con ellos?
-Severus –le dijo Narcissa, que lo miró un poco preocupada-, ¿estás bien? Te veo un poco ido.
-Sí, si –respondió Severus, tratando de parecer convincente-. Estoy bien. No te preocupes.
Con esto último, dejó de hablar y se marchó a buscar a Lily. Se comenzaba a sentir un poco mal después de haberle dicho esa grosería. Sabía que debía disculparse.
-Ya te digo Lily –vociferó Canuto, que estaba parado en medio del compartimiento-, Quéjicus es un idiota.
-¡No le digas así! –gritó Lily, mientras se paraba y lo miraba de forma amenazadora.
El silencio se mantuvo en el aire, entre las miradas de Sirius y Lily.
-¿Por qué lo sigues defendiendo después de lo que te dijo? –preguntó Remus sabiamente, mirando a los ojos a la pelirroja.
Lily no respondió, ante lo cual Sirius continuó bromeando con James. Sin que nadie lo notara, Snape se escondió tras la puerta, mirando tímidamente a la pelirroja, que se veía tan alegre.
Pronto los juegos y risas comenzaron a ir en aumento, y comenzó una terrible justa de empujones entre Lily y James contra Remus y Sirius. Peter solo miraba divertido e hinchaba por quien creía que ganaría. Sirius y Remus se sentaron y siguieron la lucha desde sus asientos. Lily y James, al contrario, se hallaban parados, con mayor ventaja sobre sus adversarios, pues podían usar un poco más de fuerza.
La lucha duró largo tiempo, hasta que James trastabilló haciendo caer a Lily también. El primero quedó sobre la pelirroja, que se había puesto roja como su cabello. Severus salió de su escondite, indignado por cómo trataban esos idiotas a la chica, y miró con odio intenso a Potter. Todos callaron mientras los chicos se levantaban y se sentaban, incómodos y sonrojados, en asientos diferentes. Remus, Peter y Sirius compartieron unas miradas cómplices.
Canuto desvió su vista la puerta, y fue allí cuando su cara se tornó de una cara graciosa a una mueca de enojo.
-¿¡Qué estás haciendo aquí! –le gritó a Snape señalándolo con el dedo y parándose de su asiento, haciendo que los demás voltearan. Salió rápidamente del compartimiento y empujó a Snape, quien le devolvió el empujón.
-¡Basta! –dijo Lily, quien se interpuso entre ambos chicos, defendiendo a Sirius y mirando amenazadoramente a Severus.
-Y yo que venía a disculparme –dijo Severus, con el tono más burlón y grosero que pudo-. Si éstas son las amistades que escoges… -dijo mirando despectivamente a James, Sirius, Remus y Peter.
Pero no pudo terminar la frase, pues nuevamente, la cabellera castaña pasó entre ambos grupos, y se perdió por el pasillo, seguida por la mirada de todos. ¿Quién podría ser? "Por lo menos", pensó Severus, "sé que estudiará en Hogwarts". Se le dibujó una pequeña sonrisa de lado en la cara. Sirius pensaba exactamente lo mismo, y dibujó una sonrisa mucho más vistosa en su cara de Don Juan.
La chica se detuvo en seco, causando la intriga en los rostros de todos. Se dio la vuelta muy lentamente y miró intensamente a Lily y a James.
-Hola –dijo Lily acercándose a la chica- soy Lily Evans. ¿Están bien?
La chica no respondió. Su cara se tornó a una de terror. Lily avanzó un poco más, para tratar de tranquilizar a la chica misteriosa, pero ésta huyó despavorida en dirección opuesta. ¿Qué rayos podría pasarle? Sirius sintió un tirón invisible, que lo empujaba a salir en su búsqueda, pero tuvo que reprimir esa fuerza involuntaria, pues no quería que sus amigos lo vieran así.
Severus, para su suerte, estaba completamente libre de estar donde quisiera. No tenía amigos que lo ataran o parientes que lo quisieran. Simplemente se tenía a él mismo, y él mismo decidía qué hacer en todas las circunstancias.
Giró la vista hacia Lily, que se había dado vuelta y volvía a su compartimiento. Pronto, todos los merodeadores y la muchacha se hallaban sentados, echando miradas de odio hacia Severus, quien aún estaba parado fuera del compartimiento.
Fulminó a todos con la mirada y se fue por la misma dirección por la que se había ido la chica.
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-¿Hola? ¡Tierra llamando a Canuto, Tierra llamando a Canuto, adelante Canuto! –lo sobresaltó la voz de James, que imitaba los sonidos de los comunicadores inter espaciales con mucha exactitud.
-¿Eh? ¿Qué?
-¡Oh, ya sé lo que te pasa! –dijo Remus, que lo miró pícaramente, con un toque de diversión en sus ojos y una sonrisa de lado que demostraba que sabía muy bien de lo que estaba hablando. Todos lo miraron, pero nadie entendió a que se refería Lunático, a excepción de Sirius, que lo miró aterrado.
¿Cómo hacía su amigo para darse cuenta de todo tan rápido? ¿Se estaría refiriendo a la chica misteriosa? ¡Pues claro! Si no, ¿a qué más podría estarse refiriendo?
-No sé de qué me estás hablando –dijo Sirius cortante, desviando la mirada hacia la ventana, pues sus ojos decían toda la verdad.
-Me parece que estoy en lo cierto –dijo Remus, desafiándolo y acercándose más a su amigo- ¿Seguro que no sabes de qué estoy hablando?
Ya no podría replicarle: si lo miraba a los ojos, su mirada bastaría para que se diera cuenta de que estaba totalmente en lo cierto; si decía que no y no lo miraba, podría tomarse como una mentira. Se limitó a observar el bello paisaje que recorría el tren, mientras las risas de sus amigos volvían a escucharse. Sintió como una cálida mano se posó sobre su hombro, pero no se atrevió a mirar de quién era.
Remus se daba cuenta de todo. Era casi imposible ocultarle algo, él se enteraba tarde o temprano lo que ocurría. Aún así, no era tan malo que se diera cuenta así de rápido de todo lo que pasaba a su alrededor, pues era muy buen consejero, e indirectamente daba pistas sobre el asunto en cuestión.
L a mano le dio unas palmadas en la espalda y se alejó, dejándolo sumido en sus pensamientos. "Ojalá que entre en Griffindor" pensaba "Ojalá que entre en Griffindor. Ojalá que entre en Griffindor". Así se quedó pensando hasta quedarse dormido, perdiéndose en un profundo sueño, en el cual pudo volcar todos sus sentimientos e inundarlo de nuevos deseos.
-¡Ey, Sirius! ¡Despierta!
-¿Eh? ¿Qué… qué pasa? –dijo adormecido, tratando de identificar esa voz que le era tan familiar. James no era, tampoco Peter. ¿Sería acaso Remus?
-¡Ey! Ya llegamos a la estación, todos están bajando, ¡levántate! –abrió los ojos y comprobó que era Remus quien le hablaba. Miró a su alrededor y vio el compartimiento vacío. Dirigió su vista a la ventana, y vio como un millar de alumnos caminaban sin cesar. Sin pensarlo dos veces, se levantó como pudo, se refregó los ojos y tomó su baúl.
Salió del tren con Remus, tratando de encontrar al resto, pero ya todos se habían ido. Con suerte, llegaron a tomar la última de las carrozas. En ella, estaban sentadas dos niñas que parecían de segundo y una chica más grande que evitaba sus miradas.
Sirius se congeló en el acto y un leve rubor subió a sus mejillas. Las dos niñas conversaban animadamente sobre lo que querían aprender durante el año mientras los dos chicos se sentaban al lado de la castaña. Remus, notando lo nervioso que se había puesto su amigo, se sentó entre él y la castaña, que miraba hacia el paisaje de Hogwarts.
Las dos niñas se había callado, pero miraban con intriga a la castaña y murmuraban cuchicheaban cosas muy por lo bajo, casi inaudibles.
-Hola –se dirigió Remus a la misteriosa que se hallaba a su lado. Sirius lo miró con desesperación, tratando de que no continuara. La chica solo miró al suelo del carruaje, y no profirió de su boca ningún sonido. Remus siempre había tenido el don de la palabra, sabía muy bien cómo usarla y cuando-. Tranquila. Yo soy Remus Lupin –extendió la mano a la chica, pero ésta solo la miró con nerviosismo e inseguridad. Sirius le quitó la mano de un tirón y a mirada de la chica saltó hacia Sirius.
-Déjalo –lo amenazó, apuntándolo con la varita. ¿Cuándo la había sacado? Sirius soltó el brazo de su amigo y miró confundido (al igual que Remus) a la castaña, quien había bajado la varita y había vuelto a la misma posición de antes.
-No le iba a hacer nada –acotó en su defensa-. Somos amigos, jamás le haría nada.
La chica no respondió. Las niñas habían vuelto a su charla, mientras miraban de reojo a la chica mayor.
-¿Cómo te llamas? –preguntó Lupin a la castaña. Su reacción fue una sorpresa para todos: pidió que la carroza se detuviera y bajó de ella. Comenzó a caminar a paso veloz, mientras la carroza retomaba viaje, dejándola atrás.
-Que chica extraña ¿no? –murmuró Remus a su amigo.
-No, extraña no, misteriosa –dijo Sirius, dando por finalizada la conversación, y ganándose una mirada de complicidad de parte de su amigo.
Espero que les haya gustado, porque pongo mi corazon en cada palabra del texto, cualquier cosita, ya sea duda, opinion o critica, no sean timidos y hanganmela saber... sin mas que decir, besos, abrazos y mucho pero mucho FELIX FELICIS para tooodos...
