Bueno, bueno. Recien saco del horno el capiulo. No tuve mucho tiempo para revisarlo asi que si no les gustó algo haganmlo saber, y siguen encontrando faltas de ortografia, mil disculpas...
¿Por qué diablos se había puesto tan nervioso frente a la chica? Había ido tras ella en el tren, y sin embargo ninguna palabra salió de su boca en el momento en que la tuvo frente a frente. Luego de unos segundos, la chica había huido nuevamente, perdiéndose entre los alumnos.
También le jugaba en contra la ausencia de su amiga de toda la vida, Lily, quien le daba una confianza interior inimaginable. ¿Por qué le habían salido del alma ese par de palabras? ¿Qué lo había incitado a decirlas? Lo único que sabía era que no podía sacar de su cabeza a la chica castaña tan misteriosa.
Volvió entonces a su compartimiento, donde se sentó frente a la ventana y miró el largo camino a Hogwarts, sin escuchar los comentarios fuera de lugar de sus compañeros serpientes. Los paisajes eran variados: había muchos árboles, lagos, montañas y verde por doquier.
El viaje le pareció muy corto. Pasó a ser de noche y pronto llegaron al colegio de magia y hechicería, donde los esperaban los profesores, las clases y las nuevas tareas.
Sin esperar más, tomó una carroza en la que iba un grupo de Slytheryns, que lo recibieron con gratitud. No se sentía muy bien entre el grupo de serpientes, pero su casa era la única que lo hacía sentirse respetado entre las demás casas.
El Gran Salón estaba repleto de miles de personas que iban, venían, se paraban, se sentaban y hablaban con otros. Pronto divisó un lugar vacío en su mesa, al cual se dirigió para que no se lo ganase nadie más.
El grupo de alumnos al que él llamaba "amigos" (pero que realmente no lo eran), compuesto por Lucius, Bellatrix, Narcissa, Crabe, Goyle y otros Slytheryns, se sentó a su lado y comenzaron a charlar con él, preguntándole cosas como "¿cómo te ha ido?" o "¿tienes planeado algo nuevo contra los Gryffindors?"
Su mente no estaba en ningún lugar, solo les respondía lo que sabía querían escuchar y miraba hacia otro lado.
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¡Qué suerte que sus amigos les habían reservado un par de lugares! Se sentía orgullosísimo de haber elegido a esos amigos para que lo acompañen en su vida mágica. Se sentía orgulloso consigo mismo por haber encontrado personas tan parecidas a él, y tan diferentes al mismo tiempo.
-¡Oye! ¿Me permite hacerle una pregunta, querido Canuto? –dijo James en forma arrogante y chistosa a la vez, mientras hacía una reverencia exagerada hacia los recién llegados.
-¿A qué debo el honor mi queridísimo Cornamenta? –respondió Sirius, con la misma reverencia y el mismo tono con el que había hablado su amigo.
-¿Ya tienes alguna travesura planeada para este año? –le dijo James mirando hacia la mesa Slytheryn, y centrándose en un chico encorvado, con cabello negro y ojos de ese mismo color. Pronto, giró la vista para encontrarla con los ojos de su amigo, pero éste no veía hacia su objetivo- ¡Ey! ¿Escuchaste algo de lo que dije?
-¿Eh? ¿Qué? –dijo Sirius algo confundido, pues se había quedando viendo a una chica morocha de Ravenclaw que lo miraba de forma muy coqueta- ¡Ah, sí! ¿Cómo no voy a tener nada planeado para nuestros queridísimos amigos de verde y plata? Luego te cuento.
-¿Nunca vas a cambiar, no Sirius?
-No, Lunático, nunca cambiaré –dijo Sirius entre risas, mientras que tomaba asiento junto a su amigo James.
Mientras todos se sentaban, el silencio se iba apoderando de la habitación. Dumbledore, el director, se adelantó de la mesa de profesores y comenzó a hablar.
-¡Bienvenidos de regreso, queridos alumnos! ¡Y bienvenidos también quienes comienzan el día de hoy las actividades escolares! Quisiera comenzar por recordarles que el bosque prohibido está prohibido para todos los estudiantes –hizo una pausa y se detuvo en las miradas de Sirius y James, quienes reían pícaramente-. Por otra parte, lamento decirles que no va a haber profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras hasta mitad de año –muchos murmullos y protestas se escucharon a lo largo del comedor, pero Dumbledore los acalló con su voz-. Ahora sí, pasaremos a la selección de los nuevos alumnos de primer año.
El ritual de selección de casas comenzó aburrido como siempre, y mientras los niños se sentaban en sus respectivas casas, dos pares de ojos, unos grises, y otros negros, buscaban una enmarañada y castaña cabellera. ¿Dónde diablos podía estar esa chica?
Terminada la selección de los cursos más pequeños, el director Dumbledore nuevamente se alejó de la mesa de profesores, sorprendiendo a todos los alumnos que esperaban ansiosos los deliciosos manjares que solo Hogwarts podía ofrecerles.
-El día de hoy –comenzó a hablar el director-, tenemos una selección muy particular, pues a entrado en este año una nueva alumna que cursará quinto año en este colegio. Por favor, denle la bienvenida a la señorita Emma Granger –una chica se levantó de la mesa Hufflepuff, y se acercó al taburete donde yacía el Sombrero Seleccionador. Tenía la melena alborotada y de color castaño, con unos ojos castaños también, y una cara bondadosa y bonita.
La chica se sentó en el banquillo mientras Minerva McGonnagall le colocaba el sombrero en la cabeza. El silencio inundó el Gran Comedor, y nunca nadie estuvo más expectante a lo que podía llegar a pasar hasta ese momento. Por fin, luego de un largo tiempo de espera, una voz cortó con el silencio, reclamando el hogar de la chica.
-¡HUFFLEPUFF! –gritó el sombrero seleccionador, pero la chica no se movió de su sitio.
La mesa Hufflepuff aplaudía con orgullo y muchas ganas, recibiendo a la joven bruja.
En el preciso momento en que la chica comenzó a caminar, dos muchachos de diferentes casas se pararon y la miraron intensamente. La joven se frenó en seco y miró a ambos chicos. Las miradas se cortaron en el mismo momento en que Dumbledore se paró y comenzó a aplaudir a la chica.
Inmediatamente, todo el salón se levantó de su sitio y aplaudió con gozo a la nueva alumna que entraba en Hogwarts.
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Un nuevo día comenzaba, y con él un nuevo año de clases. Todos andaban de un lado para otro. Yendo a la biblioteca, volviendo de ella, yendo a los salones, volviendo de ellos, yendo a las salas comunes, volviendo de ellas.
Sin embargo, tanto Sirius como Severus estaban pendientes de una sola cosa: aquella chica misteriosa, que aparecía solo para el desayuno, luego para las clases, y luego desaparecía, para volver solo a la hora de la cena.
Aún así, nada de esto impedía que Sirius no se preocupara por el equilibrio emocional de los Slytheryns. Por suerte, tenía varios planes bajo la manga para usar durante el transcurso del año e, incluso, para el siguiente.
Había estado durante todas las vacaciones perfeccionando sus hechizos, realizando pruebas y modificando planes, y había llegado a la conclusión de que Quéjicus debía ser su primera víctima durante el año. Claro que no sería la única vez que le hiciera algún embrujo, pero por algo se debe empezar.
Reclutó a sus amigos en la sala común luego de terminadas las clases y les contó lo que tenía planeado. No era un gran plan, pero era solo para advertirles a los Slytheryns que los merodeadores habían vuelto.
-Bueno, ¿qué tienes en mente Canuto? -preguntó James, pero la respuesta de su amigo fue un fuerte ¡SHHHH! y luego una cara de discordia. Sirius hizo un ademán para que se acercaran, pues nunca se sabía cuando podía entrar alguien o cuándo podía llegar Lily, quien seguía defendiendo a Severus.
-Quéjicus –dijo Sirius en voz muy baja, y vio cómo se dibujaba una sonrisa maliciosa en los labios de James, mientras que Peter se tensaba y Remus ponía una cara de insatisfacción-. TODOS deberemos ayudar esta vez –le dijo a Remus, luego de ver esa cara-. Aunque no te guste, deberás ayudarnos.
Remus quiso levantarse e irse, poniendo como excusa que tenía que ir a buscar algo en la biblioteca, pero fue detenido por James y Sirius. Se sentó irritado y enojado, mientras miraba de reojo a Sirius, que comenzaba su plan.
-Es algo sencillo. ¿A dónde se va Quéjicus siempre?
-A la biblioteca –respondieron sus amigos al unísono, pero cada uno con un tono de voz y un sentimiento diferente.
-Bueno, la idea es que, mañana, ustedes dos –señaló a Peter y a Remus con el dedo- se tropiecen con él mientras está entrando en la biblioteca. Entonces, James lo inmoviliza mientras yo le hago un hechizo de levitación –terminó esto y miró instintivamente a James, quien sonreía de oreja a oreja de forma muy maliciosa.
-Creo que se puede cambiar la última parte por dos hechizos más poderosos-dijo Remus, a lo cual todos lo miraron con asombro y abriendo muy grandes los ojos-. ¿Qué? ¿Qué tiene? Quieren mi ayuda, ¿no?
-¡Genial! –saltó James, abrazándolo a Lunático, que sonreía alegremente.
-Sí, lo sé, lo sé –dijo Remus de forma egoísta y poniéndose serio nuevamente-. Yo propongo que Sirius use un hechizo de advertencia, un Desmaius. Por instinto, Snape sacará su varita, y entonces James le lanza un Expeliarmus. Cuando ya no tenga la varita en la mano, láncenle algo poderoso, no un simple Levicorpus. Debe ser algo más…
Lunático no terminó la frase, pues una chica de cabello de fuego había entrado a la sala común. Los miró con lástima a todos menos a Remus. Todos estaban en silencio, hasta que la chica subió las escaleras y entró en la sala común de las chicas. Cuando no hubo moros en la costa, los muchachos volvieron a mirarse.
-Entonces, ¿qué hechizo…? –comenzó Colagusano, pero James le tapó la boca como pudo, pero el otro se resistía con fuerza.
-¡Cállate, idiota! –le dijo James, mientras le reprimía los gritos- ¿Acaso no sabes que las paredes tienen oídos? –esto lo dijo señalando hacia las saleras, más precisamente hacia la habitación de las chicas.
Luego de que salieran de allí, Lupin terminó de hablar
-¡Ya se! Láncenle un Epoximise y lo pegan a la pared. Supongo que se quedará allí pegado durante un buen rato, hasta que alguien lo libere. Quiero aclarar que…
-Nunca hemos tenido esta conversación contigo –respondieron Colagusano, Cornamenta y Canuto al unísono, haciendo que Remus se impacientara.
-¿Y si atacamos ahora? –propuso Peter, a lo que James y Sirius sonrieron con mucha picardía.
-¡Sabía que no debíamos juntarnos con ustedes dos! –dijo Lupin, sorprendiendo a sus amigos- Son una mala influencia para nosotros dos. Por ejemplo: a mí nunca se me hubieran ocurrido maldades como esas que he dicho, y Peter jamás se habría entusiasmado tanto con una idea suya –terminó de hablar y comenzó a reír ruidosamente y sin parar, seguido luego por sus amigos, mientras bajaban la Gran Escalera.
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¡Al fin! Las clases a habían terminado, y un joven solitario, de cabellos negros se dirigía rumbo a la biblioteca. Ese había sido su sitio predilecto hacía mucho tiempo en el cual podía pensar y leer a sus anchas. Lo sentía todo armonioso en su interior: los bancos, los estantes de libros, los murmullos de los alumnos, como si todos hubiese estado así desde siempre y acomodado así a propósito.
El pasillo hacia la biblioteca estaba completamente vacío, por lo que no se molestó mucho cuando dos Gryffindors chocaban con él, haciendo que caigan todas sus cosas. Sin importarles mucho, se agachó y comenzó a recoger todos sus libros y pergaminos. Tuvo que soltar todo nuevamente en el momento en que un hechizo e dio en la espalda, haciendo que cayera, luego de oír "¡Desmaius!".
Como pudo tomó su varita y apuntó a su agresor. No había llegado a decir nada cuando, de pronto, su varita saltó de su mano y fue a parar a la de su enemigo James Potter. Su cara se transformó en odio puro y pudo observar que el muchacho no estaba solo, sino que estaba con su guardaespaldas Black. ¡Cómo los odiaba!, sobre todo a Black.
-Canuto ¿harías los honores? –rió Potter y Black le siguió la broma con un movimiento de varita.
Severus pudo ver cada segundo desde que el hechizo Epoximise era lanzado, hasta el momento en que chocó contra algo en el aire. "Un momento" pensaba Severus desde el suelo "¿Qué pasó…? ¿El hechizo se detuvo? Pero, ¿cómo?".
Nadie entendía lo que pasaba, hasta que de la biblioteca salió Emma, la chica de la cabellera misteriosa, que tenía en alto la varita, y apuntaba hacia el escudo. Su cara era de puro fastidio y reprobación. Se acercó lentamente hacia el escudo, y cuando estuvo lo suficientemente cerca, deshizo el Protego y lanzó dos rápidos Expeliarmus, de los que los tres chicos no pudieron darse cuenta.
Las tres varitas salieron despedidas de las manos de los Gryffindors, haciendo que quedaran sobre la de la chica. Nadie podía creer lo que estaba pasando: ¿una chica enfrentando a los dos galanes de Hogwarts? ¡Algo allí estaba mal!
Con algo de confianza, Sirius se acercó a la chica y tomó su varita. La muchacha se la devolvió, pero se apresuró a poner un escudo entre ellos luego de dársela.
Sirius, aún así, no comprendía lo que pasaba. ¿Acaso lo había vencido una chica? Y no solo una chica. ¡Lo había vencido una chica de Hufflepuff!
También fue devuelta la varita de James, quien se fue ofendido hacia la sala común de los leones seguido por Sirius. Por último, Emma devolvió la varita a Severus y lo ayudó a levantar sus cosas.
El chico la miraba. Lo había salvado de quedar pegado en algún sitio esperando a ser rescatado. Lo que menos podía hacer era agradecerle.
-Gracias.
-No hay de qué –contestó la chica. Por primera vez, la voz de la muchacha era oída por Severus, quien creía estar encantado con un coro celestial-. Si te molestan de nuevo no dudes en llamarme. Soy Her… ¡EMMA! Emma Granger –dijo la chica, estrechando su mano.
-Soy Severus Snape. Lamento que hayas tenido que…
-¡Descuida! Ya salvé a mis amigos de miles de estas situaciones –ambos rieron por un tiempo-. Bueno, debo irme. Hasta luego –lo saludó con la mano y se fue hacia la sala común Hufflepuff.
Debía conocerla. Al menos, ella sabía que él existía, y con eso, por el momento, le bastaba.
Y? QUÉ LES PARECIÓ? no me gustó mucho (a mí) la parte de la travesura.. jeje, pero no se me ocurria nada.
Sin mas nadaque decir... Besos, abrazos y mucho mucho FELIX FELICIS.
Con cariño, Anne-Lestrange (muajajajajaaaaaa CRUCIO!)
