Bueno, bueno, bueno. PERDON! no tenia mucha inspiracion, y no tenia mucho tiempo para armar el capi, asique, disfrutenlo... si tienen dudas, o simplemente no les gustó ( X( ), haganmelo saber che, sii?
La semana había pasado rápidamente, y en el colegio Hogwarts de magia y hechicería ocurría lo que nunca ocurrió, y creaba un gran revuelo: la casa que había ganado más de 300 puntos en solo una semana era ¡Hufflepuff! La seguían de cerca Griffindor y Ravenclaw, pero por una diferencia de 100 puntos, casi inalcanzable. Lo más extraño era que la chica nueva era quien estaba llevando a los tejones a la gloria poco a poco. Aún así, todos se preguntaban lo mismo: ¿No tendría que estar en Ravenclaw?
La chica seguía su vida como si nada a su alrededor ocurriera. Respondía en todas las clases, excepto cuando le ganaba Lily Evans o algún Ravenclaw. Seguía con su habitual ritmo de todos los días, imposibilitando a los que querían hablar con ella.
Aún así, Severus y Sirius no se rendían, y trataban de alcanzarla.
Sirius estaba algo nervioso, y le preocupaba mucho pues nunca se había puesto nervioso al tratarse de una chica. Claro que había estado con muchas de las chicas en Hogwarts, pero ésta era la primera que no suspiraba en cuanto lo veía. Él le dedicaba las mejores sonrisas, las autenticas, cuando nadie lo veía, pero la chica solo miraba hacia el frente de la clase y escuchaba al profesor.
Severus, al menos, sabía que Emma lo defendería. No es que le agradara la idea, es solo que le daba coraje saber que alguien se preocupaba un poco por él. Otra cosa que sabía es que no le agradaban ni James ni Sirius, o al menos lo suponía. Debía hablar con ella cuanto antes. ¿Y si lo había defendido por lástima? Eso era lo de menos para él. Cuando hablaron un poco, la chica se mostró amable y segura. Debía encontrarla.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Esa agradable tarde de domingo, todos estaban afuera. No había ni un alma dentro del castillo, o al menos nadie la había visto. Pues en la biblioteca, una chica buscaba algo nerviosa un libro en la sección prohibida.
Sirius, lamentablemente, debí terminar un ensayo de Herbología, y debía consultar un libro que tenía Peter. Para su pesar, Peter ya lo había devuelto a la biblioteca. Sin ganas y arrastrando los pies, el muchacho rompecorazones se dirigió hacia su destino.
La biblioteca estaba desolada, no había nadie a sus ojos, pero estaba abierta la reja de la sección restringida. Se adelantó a cerrar la reja, pero se detuvo en seco unos segundos antes de siquiera tocar el frío metal. Unos libros se habían caído de un estante, y una chica se había arrojado al suelo a levantarlos.
Sirius avanzó un poco más, tratando de no hacer un solo ruido y tiró a propósito una pila de libros. La chica se sobresaltó y giró rápidamente hacia atrás. Miró a Sirius y volvió a su búsqueda. Sirius, algo confundido, recogió los libros que acababa de tirar y los acomodó en los estantes. "¿Le hablo?" pensaba "¡NO! ¿Acaso no fue ella quien nos desarmó a James y a mí?"
-¿Me pasas ese libro verde? –la voz de la chica lo sacó de sus pensamientos. La miró por un momento y tomó el libro que la muchacha señalaba. Se lo alcanzó- Gracias. Por cierto, el libro de Encantamientos que acabas de acomodar va allí –la chica señaló un estante bastante elevado, y Sirius acomodó nuevamente el libro.
-¿Por qué defendiste a Quéjicus? –preguntó el chico. Había tenido esa pregunta rondando en su mente desde su encuentro anterior en la biblioteca.
La chica lo miró con enfado.
-¿Por qué lo estaban molestando?
-Touché –admitió Sirius, tocando su pecho con una mano-. No lo sé. Simplemente nos gusta ver a los Slytheryns humillados.
-Esa no es razón para molestar a alguien –Sirius bajó la mirada-. Lo defendí porque no podía permitir que ustedes se fueran con la suya-la chica bajó la voz, intentando que el muchacho no la escuchara-. Creí que serían más maduros los merodeadores en este entonces.
-¿Perdón, dijiste algo? –preguntó Sirius, seguro de haber escuchado un murmullo.
-¿Qué? ¡NO! No dije nada –la muchacha estaba muy nerviosa y se notaba aún si se la viera desde kilómetros de distancia.
-¿Estás bien? –Sirius no sabía qué estaba pasando, la chica había comenzado a lagrimear de un momento a otro.
-Si… digo, no… si… sí, estoy bien –la chica lloraba y el llanto no la dejaba terminar las frases. Se adelantó un poco y abrazó a Sirius, dejándolo atónito.
Lentamente, Sirius correspondió al abrazo y sintió como un calor inundaba su cuerpo. ¿Acaso estaba abrazando a Emma Granger, la chica que hacía que él suspirara y se perdiera en el mundo del ensueño? Sí, era verdad, no era un sueño. De la nada, ese sueño acabó, pues la muchacha se separó bruscamente secando sus lágrimas, que salían sin parar.
-Yo… lo lamento –se disculpó, pero Sirius no hizo caso a su disculpa. No tenía que disculparse, todo el mundo llora, ¿o no?
-No es por parecer grosero o inmiscuirme en tu vida, pero ¿por qué llorabas? –el silencio inundó la habitación, y el muchacho de ojos grises se arrepintió de haber formulado aquella pregunta- Lo siento, no es necesario que me contestes. Soy un idiota.
-No es algo que deba contarte, es complicado –la chica lo miró detalladamente, mirando cada rasgo que habitaba en su cara.
-¿Qué pasa? ¿Por qué me miras tanto? –preguntó Sirius algo contrariado. Se sorprendió a sí mismo por esas preguntas. Generalmente, cuando una chica lo veía a la cara, él preguntaba cosas como "¿Te gusta lo que ves?" con un tono sensual y armonioso, y las chicas se derretían con esos ojos y sus sonrisas. Pero, por alguna razón misteriosa, esta chica hacía que se pusiera nervioso en el momento en que sus ojos lo miraban.
-Oh, nada –respondió la castaña, apartando rápidamente la vista-. Es solo que me recuerdas a alguien que conozco, un gran amigo –la muchacha rió. Sirius la miraba algo confuso: primero lloraba de la nada y ahora reía de la nada también. Cuando la chica se calmó un poco, tomó aire y continuó hablando-. Lo lamento.
-No te disculpes, a mí también me pasa –Sirius rió para sus adentros, reconociendo un poco algunos detalles de su amigo Remus en la personalidad de la chica.
-¡Diablos! –dijo la muchacha, mirando hacia la ventana: estaba comenzando a anochecer- Debo irme, lo lamento. Hablaremos otro día –y sin más nada que decir, la chica salió corriendo de la biblioteca, dejando en su interior a un muy confundido Sirius Black.
Luego de un rato, volvió a la sala común Gryffindor, donde se hallaban sus amigos y nadie más. Estaban bromeando como siempre, pero se callaron en cuanto Canuto entró en la habitación, para luego continuar hablando y riendo. Sirius se sentó frente al fuego, seguido de sus compadres, y éstos llamaron su atención, con un pequeño detalle que había olvidado.
-¡Oye! ¿No habías ido a la biblioteca? –preguntó Remus, atento a todos los detalles de la habitación.
-Sí. ¿Por qué? –una mirada confusa fue dirigida a Lunático de parte de todos sus amigos, que no entendía a qué iba el caso.
-¿Qué, aún no se dieron cuenta? –habló Lupin a James y Peter- ¡Mírenlo! –los dos muchachos comenzaron a mirar a Sirius de arriba abajo, haciendo que se incomodara bastante.
-¡Tienes razón, Lunático! –saltó James, luego de mucho tiempo de meditación sobre el asunto- Si fuiste a la biblioteca, ¿dónde está el libro que ibas a sacar, eh?
¡EL LIBRO! Lo había olvidado por completo gracias a la charla con Emma. ¿Qué diablos podía decir para que no se dieran cuenta sus amigos? Solo con tener a Remus sabiendo del asunto le bastaba, y no quería que empezaran también James y Peter.
-¡Oh, cierto! Me olvidé completamente –"Mejor no dar ningún tipo de explicación que involucre detalles, ¿cierto?" se preguntó algo confiado.
-¿Se te olvidó? ¿Así de simple? –preguntó Remus, con una voz muy pícara, y un brillo especial en los ojos. ¡Maldito Lunático! ¿Por qué quería saber más?- ¿No hay nadie más involucrado en este dilema?
La rabia y la preocupación crecían, y se sentía a punto de explotar en contra de sus amigos. Lo malo, era que cuando eso ocurría su forma humana cambiaba, dando paso a una forma de perro salvaje y negro como la noche. Tuvo que hacer un gran esfuerzo por controlar su ira, y contestó a las preguntas que le hacía su amigo.
-Sí. Así de simple. Solo se me olvidó. ¿Contento?
Remus solo lo miró con picardía, para luego propinarle una buena palmada en la espalda.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
La sala común Slytheryn estaba en completo silencio, a pesar de que había varias personas en su interior. Todos en silencio, a excepción de una muchacha, que se acercaba riendo, seguida por un grupo de alumnos, hacia un chico solitario, de cabellos cual carbón.
El muchacho, levantó su vista, para chocarse con la maligna mirada de Bellatrix Black. Por suerte, la chica lo ¿apreciaba, le tenía cierto afecto, cariño tal vez? Ni siquiera él podía saber con qué palabra distinguir el vínculo entre ellos.
La chica estaba precedida por Malfoy, su hermana y los idiotas de Crabe y Goyle, todos dos años más grandes que Severus. Narcissa, se hallaba tomada de la mano de su novio Lucius y lo miraba de vez en cuando con mucha ternura. Éste, por su parte, solo la miraba de reojo y le dedicaba algunas sonrisitas casuales.
Lucius y Narcissa se sentaron junto a Severus, mientras los otros tres se sentaban en frente. Severus comenzó a incomodarse, como siempre que estaba con ellos. Cada vez que querían hablar con él era solo por la tarea, y a veces ni siquiera por eso, sino solo para hablar de sus futuros en las líneas del Señor Tenebroso. A Severus le daban náuseas cada vez que hablaban de ello; le tironeaba el cerebro, indicándole que no escuchara, y al mismo tiempo sus oídos no hacía caso.
La risa de Black se detuvo de repente, haciendo que todos los presentes en la sala levantaran la mirada. En cuanto Lucius la miró a los ojos, la chica asintió segura y nerviosamente repetidas veces.
-Severus –comenzó Lucius. Sabía muy bien a dónde iba a terminar toda la charla-, queríamos hablar contigo sobre…
El chico no aguantó más. Tomó sus cosas y se fue de ese lugar como un rayo. ¿A dónde podía ir? "¡Ya sé!" pensó, mientras salía de la sala común "Trataré de encontrarla. Tal vez podamos hablar de algo". Se dirigió rumbo a las cocinas, pues cerca de allí estaba la sala común Hufflepuff, y esperó a que alguien saliera o entrara de por ahí cerca.
No tuvo que esperar mucho tiempo, pues un alumno vestido con los colores de los tejones se acercaba por el pasillo. Inmediatamente, Severus se adelantó, produciendo un terror y un nerviosismo anormal en el muchacho.
-¿QUÉ QUIERES? ¡No me golpees, por favor! –le rogaba el alumno de Hufflepuff, tirándose hacia atrás- ¡TE JURO QUE NO LE HICE NADA A NADIE!
-¡Tranquilo! No grites –dijo Severus, acallando al chico, que se calmó un poco, aunque no dejaba de mirarlo con temor-. Quería pedirte que te fijaras si se encuentra en tu sala común una chica de quinto llamada Emma Granger. Necesito hablar con ella.
-¡Oh, Emma, ya la busco! –dijo el muchachito, perdiéndose por el pasillo. La chica se había vuelto un poco popular entre los Hufflepuffs por sus logros, así que todos los pertenecientes a esa casa la conocían. Luego de unos momentos, salió de nuevo del lugar por el que se había ido- Lo siento, no está por aquí.
-Oh, gracias.
Severus se fue desilusionado del lugar, buscando alguna compañía placentera con la que hablar. Estaba perdido en su mundo, cuando una pelirroja pasó a su lado, chocándose con él y haciéndolo tirar todo lo que tenía en las manos.
-¡Cuánto lo siento! ¡Discul… pa…me! –la chica lo reconoció en el mismo momento en que lo vio, y sus ojos reflejaron la ira y la decepción- Hola Snape –dijo en un tono cortante que al chico no le gustó en lo más mínimo.
-Hola Lily –la pelirroja lo miraba fijo, haciendo que el chico se pusiera muy nervioso-. ¿Cómo… has estado?
-Muy bien, gracias –habló más cortante y arrastrando las palabras-. ¿Por qué te diriges a mí por mi nombre? No te permito hablarme si me vas a llamar como si fuera tu amiga –a Severus le dolieron tanto esas palabras, que agachó la cabeza y tornó su expresión de alegría en una mueca de disgusto-. Me voy, adiós Snape.
La muchacha salió disparada hacia las escaleras. "¡¿POR QUÉ DIABLOS SE ME CRUZÓ POR LA CABEZA DECIRLE ALGO TAN GROSERO EN EL CALLEJÓN DIAGON?" pensaba, mientras se culpaba internamente. Se dirigió a la biblioteca, pero ya habían cerrado durante ese día. Sin más nada que hacer, se dirigió al Gran Comedor, pues la cena empezaría en cualquier momento.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Un nuevo día comenzó para todos los habitantes de Hogwarts. El desayuno estaba preparado, y los alumnos llegaban rápidamente para saciar su hambre. La alegría desbordaba de la mesa Gryffindor, pues ese mismo día, comenzaba el primer súper clásico de Quiditch: Gryffindor vs. Slytheryn. Mientras las dos casas enemigas se echaban chispas y se asesinaban con los ojos, los favoritismos iban apareciendo entre Ravenclaw y Hufflepuff.
De entre las tres casas amigas, nunca en la historia de Hogwarts había pasado que alguien tuviera como favorito para el Quiditch a Slytheryn, y esto armaba un gran revuelo, que se extendió en todo el Gran Comedor en solo cuestión de segundos: la pobre de Emma Granger era el centro de todos los ojos de Hogwarts, solo que la miraban con intriga, mientras que una pregunta aparecía en los labios de todos los leones, águilas y tejones: ¿Qué diablos le pasa a esa chica? ¿Acaso está loca?
La chica era indiferente a todas las miradas que se posaban sobre ella, como si ya hubiese pasado por muchas situaciones iguales. Ella solo comía su desayuno, mientras todo el mundo la evitaba. En ese mismo momento, el chisme estaba llegando a oídos de un grupo de 4 alumnos de la casa de los valientes, que dejaron de reír al instante.
-¿Qué le pasa a esa chica? ¿Acaso no sabe que los mayores tramposos en la historia del Quiditch son esas serpientes? –preguntaba defraudado Sirius.
-Quizás alguien le dirá pronto –acotó Peter, sin darle importancia al asunto.
-No lo sé –continuó Sirius que miraba a la castaña, un poco decepcionado y triste-. Creo que debe haber una explicación acerca de todo esto. Pero bueno pasó a mirarlo a James, que estaba frente a él-, ¿preparado para hacer sufrir a esas asquerosas serpientes? Luego debo contarles algo extremadamente secreto, así que –sus amigos comenzaron a tomarle más atención a sus palabras-, ni bien termine el partido, debemos ir a ustedes saben dónde.
Sus amigos asintieron, dibujando una sonrisa divertida y pícara en sus rostros, pues todos sabían que debían ir al séptimo piso a una habitación muy especial.
Chan chan chaaannnnnnn... jeje, que misterio, no? arre, bueno, los dejo, por que como bien dicen en ingles: TIME IS MONEY... EL TIEMPO ES UN MANÍ.
Besos, abrazos y mucho mucho FELIX FELICIS!
con cariño, su queridísima Anne-Lestrange (muajajajajjajaajajaaa CRUCIO!)
