Un almuerzo salvaje

Apuesto a que se están preguntando que hace Gossip Girl levantada tan temprano. La verdad es que, no llegué a irme a la cama. ¿Por qué desperdiciar el tiempo soñando cuando la vida real es mucho mejor?

¿Hay en realidad algo mejor que un domingo perezoso? ¿Leyendo el periódico en la cama, el ritual del café y uno o dos huevos revueltos?

Si, es cierto. Los habitantes del Upper East Side no vagueamos. Nuestro desayuno es el almuerzo, y ese viene con champagne, un código de etiqueta y un ciento de nuestros mejores amigos... y enemigos.

El padre de Terry, Richard Grandchester, es el anfitrión del almuerzo anual de fundación. Todo el mundo está invitado. Bueno... no todo el mundo.

- Hey... estás levantada – Tom entró a la habitación de Annie. Después de lo sucedido en la fiesta, no podía dejar de preocuparse por ella.

- Y tú me estás vigilando. Estoy bien. De veras que estoy bien. – Le contestó mientras examinaba un vestido que estaba cosiendo – ¿Sabes? Estaba bien cuando me lo preguntaste en la fiesta y en el taxi, cuando vinimos a casa y antes y después de que me lavara los dientes. Mira, me siento realmente estúpida – Tiró el vestido y se levanto de la silla – Lo digo porque, ¿Cómo podía haber llegado a pensar que Terry Grandchester quería hablarme?

- Porque confías en las personas, lo que por regla general es algo bueno.

- Sí, excepto cuando se trata de Terry.

- Sí, bastante – Tom se estaba retirando cuando fue cuestionado por Annie.

- Entonces... Así que la verdadera pregunta es ¿Cómo estás?

- ¿Yo? – Volteó para ver a su hermana - ¿Por qué no iba a estar bien?

- Ya sabes, al final de la noche, con Susana y el... el... el – Hiso una seña de saludo con su mano.

- ¿De veras estuvo tan mal? – Tom recordó al final de la noche, cuando el taxi llegó hasta el hotel donde Susana se estaba hospedando y, en vez de bajarse y acompañarla hasta la puerta, como cualquier mujer habría esperado, él se limito a saludarla con la mano – Ahora probablemente piensa que la odio – Dijo mientras caminaba nerviosamente de un lado a otro – He esperado toda mi vida adolescente por una cita con esa chica. Ya sabes, Susana Marlowe. Y decido terminar la velada con ese saludo.

- Fue un bonito saludo.

- ¿Al final de la cita? Vamos, no es así – Se sentó en un sofá – Y sólo se tiene una oportunidad con una chica como Susana. Y yo he tenido la mía, y la he fastidiado.

- En realidad, no tienes nada que perder.

- No, excepto el último rastro de mi dignidad.

- Oh, no. Creo que eso ya no tienes.

- Tienes razón – Se puso de pie - ¿Sabes qué? Solo voy... voy a hablar con ella. Me voy a disculpar por el saludo. Voy a decirle que me gusta mucho, y voy a pedirle una segunda cita. No, voy a conseguir una segunda cita.

- Si que lo harás – Lo animó Annie.

- Sí – Tom se dirigió a la puerta.

- Espera, espera, espera – Lo detuvo ella – Me gusta el plan, pero... necesitas vestirte mejor – Tom se examino su camiseta – Y quizás una ducha.

Pero Tom no era el único que estaba pensando en esa noche.

- ¿Así que te saludó con la mano? – Preguntó Brian a Susana – No lo hubiera tomado por uno de esos.

- No, solo trataba de ser gracioso – Ironizó Susana.

- Quizás es que es tímido.

- O quizás me odia.

- En toda la historia mundial, ningún chico te ha odiado nunca.

- Lo que sea, es posiblemente para mejor. Lo último que necesito en mi vida es un nuevo chico – Se sentó en la cama junto a su hermano – Sólo que era tan inteligente, y... y divertido.

- Eso suena a que te gusta.

- Y muy agradable – Ambos rieron con complicidad, entonces Susana decidió cambiar de tema – Dios, Candy fue tan cruel conmigo anoche. Ni siquiera sé porque, no importa. Seguro que si lo hablamos lo arreglamos. Quizás debería ir...

Pero Candy no pensaba de la misma forma.

- Más le vale a Susana mantenerse alejada – Comentaba a sus amigas mientras se arreglaba para el almuerzo – No quiero ver a Susana en el colegio, y más le vale no venir hoy al almuerzo.

- Sí que estás enfadada con Susana – Comentó Wendy.

- Sí, no te enfades así con nosotras – Dijo Elizabeth.

- Bueno, ustedes nunca harían lo que Susana hizo.

- No, nunca.

- Por supuesto que no.

- Me preguntó si Tony se acuerda del almuerzo – Candy tomó su teléfono – Sería tan malo para mí aparecer sin mi novio, a quien quiero y me quiere.

Y Candy no estaba tan equivocada.

El teléfono de Tony comenzó a vibrar en una mesita, rodeado de fichas y cartas. Él estaba durmiendo en el sofá de la suite de Terry, con el traje aún puesto.

- ¿Sí? – Contestó el teléfono con voz cansina.

- Hola, cariño. ¿Te he despertado?

- No – Mintió él – Estoy levantado.

- Bueno, tómate un café bien fuerte y metete en la ducha, dormilón. El almuerzo del padre de Terry para la fundación es hoy en el Palace.

- Ah, sí. Por supuesto – Tony colgó el teléfono y lo arrojó nuevamente a la mesita, provocando que el ruido despertara a Terry, quien se encontraba en la cama con dos camareras semidesnudas a cada lado.

- Anthony, habla más bajo. Algunos de nosotros intentamos recuperar nuestras fuerzas.

- El almuerzo de tu padre es hoy – Le dijo levantándose.

- He puesto la alarma para las 09:00.

- Son las 10:00.

Terry suspiró y se incorporó en la cama.

- Señoritas, ya es hora – Despertó a las camareras y se sentó – Oh... a no ser... ¿Anthony? – Se las señaló.

- Estoy bien – Rió él – De hecho, ¿Podrían traer algo de café? Y agua. Mucha, mucha agua.

- ¿Quieres hielo con eso? – Le preguntó una con ironía mientras se ponía los zapatos, y luego se dirigió a Terry – Parece que tú podrías necesitarlo.

- Es suficiente, señoritas. Recordaré decirle a mi padre que adquieren el compromiso de hospitalidad del sector – Las tomó de las manos y las llevó hacía la salida.

- Ese chico te dio bien ¿Eh? – Le dijo Tony, refiriéndose a lo sucedido con Tom – Nunca te metas con la hermanita de un tipo.

- Y si supiera su nombre lo perseguiría y lo mataría.

- ¿Por qué? ¿Por qué ahora matas gente? ¿Lo vas a estrangular con la bufanda?

- No te burles de mi bufanda, Anthony – Le dijo ofendido – Es parte de mí.

- Solo digo, muerto por una bufanda... no es muy intimidante.

- Ese cabrón me pegó. Ya te lo dije. Además, mejor una nariz rota que un corazón roto.

- ¿Qué? Yo ni siquiera hablé con Susana anoche.

- ¿Quién ha dicho nada acerca de Susana? – Lo miró con una sonrisa perversa.

Parece que las mesas están preparadas. Tan pronto como los invitados lleguen, podremos comenzar a picar.

- ¿Mamá, has tomado prestados mis Michel Perrys? – Gritó Susana mientras revolvía entre sus cosas - ¡No encuentro nada aquí!

- Bueno, ayudaría si desempaquetases – Le dijo Carol – Mira, ya estás en casa y es tu vida, así que deberías empezar a vivirla.

- Esto no es vida, esto es un hotel, en el que vivimos porque decidiste que no te gustaba el color de las paredes de tu verdadera casa – Su madre le entregó los zapatos verdes que ella no había logrado encontrar – Mamá, dije que iría al almuerzo ¿Qué más quieres de mí?

- Cariño, ¿Por qué estás así? Te encantan las fiestas, no estás siendo tú misma.

- Quizás lo estoy siendo, quizás no sabes cómo soy realmente – Le contestó mientras se sentaba en la cama y se colocaba los zapatos.

- Oh, de acuerdo, dímelo – Susana la miró con seriedad pero no dijo nada - ¿Te lo pasaste bien con Tom en el concierto anoche?

- No llegamos a ir. De hecho, terminamos en la "fiesta del beso en la boca".

- Bueno, Candy estaría contenta.

- ¿Candy? De hecho no, no estaba contenta, es por lo que voy a hablar con ella ahora – Se levantó y se dirigió hacia la puerta.

- Bueno, estate de vuelta a tiempo para el almuerzo ¿De acuerdo?

Susana salió del hotel y tomó un taxi, justo en el momento en que alguien llegaba a verla.

- Hola – Tom saludó al conserje del hotel - ¿Cómo estás? Este... yo estuve ayer con Susana.

- ¿Cómo podría olvidarlo? – Le dijo él con ironía.

- Sí, bueno ¿Está aquí?

- De hecho, acaban de cruzarse, pero puedes esperarla.

- De acuerdo... quizás lo haga.

Tom fue a sentarse, pero él no era el único con intenciones de ver a Susana. Tony salía del ascensor cuando se encuentra con la madre de la rubia y le pregunta por ella.

- La acabas de perder, pero le diré que viniste por aquí. Estoy segura que le encantará.

- No estoy seguro de ello.

- ¿Qué? Vamos, Susana te adora. Quiero decir, creo que siempre estuvo un poquito loca por ti – Rió – Claro que tú y Candy son la pareja perfecta.

- ¿Susana va a tardar mucho? Puedo esperarla.

- Bien, Dexter puede hacerse cargo de ti – fueron hacia el conserje – Yo salgo un momento.

- Genial – Dijo el hombre – Se puede poner a la cola detrás de ese chico – Señaló hacia donde Tom se encontraba sentado.

- Tenía el presentimiento de que volverías – Le dijo Carol – Tom ¿Cierto?

- Stevenson, sí – Se levantó para saludar a la mujer – Encantado de verla otra vez señora Marlowe. Espero que haya pasado unas... bueno... 21 horas desde la última vez que la vi.

- Si, ha sido muy agradable, hasta ahora – Entonces la mujer se despidió y se retiró de allí, dejando a los muchachos solos, mirándose con desafío.

- Entonces... – Dijo Tom - ¿De qué quieres hablar con Susana?

- De nada, solo pasaba por aquí. ¿Y tú?

- Yo... para nada pasaba por aquí, pero estoy trabajando en una excusa mejor.

- Ustedes, ¿Están...?

- Oh... yo... Ehhh no lo sé...

- Sí, bueno, así es Susana. Con ella nunca lo sabes.

- ¡Anthony! – Lo llamó una voz a sus espaldas, era Terry – Aquí estás ¿Qué haces?

- Nada – Mintió – Estaba esperándote.

Entonces Terry notó la presencia del otro muchacho.

- ¿Él? – Se dirigió a Tom violentamente – Oye ¿Qué haces tú aquí?

- ¿Por qué, es que es tu hotel?

- De hecho, lo es – Le dijo Tony.

- Sí, así que a menos que tengas una razón para estar aquí, tengo que pedirte que esperes en la acera con el resto de la basura.

- ¿Basura? – Repitió él – Mira, yo vivo en Brooklyn, ¿Ok? No en las Ozarks, sin ofender a los de los Ozarks. ¿Pero no crees que estas llevando esta lucha de clases un poquito lejos?

- Ni siquiera he empezado – Terry intentó golpear a Tom.

- Está bien – Tony detuvo a su amigo – Vámonos.

- ¿No me digas que estás defendiendo a la nueva putilla de Susana? Si alguien tiene un motivo para patearle el culo, ese eres tú.

- No vale la pena, no aquí.

Tony intentó llevarse a su amigo de allí.

- Esto no ha terminado – Le advirtió Terry a Tom.

- Oye, cuando quieras – Le gritó él – Ese ojo morado parece algo solitario.

Pero mientras Tom se quedaba en el hotel para esperar a Susana, ella llegaba a la casa de Candy para recuperar a su amiga.

- ¿Candy? – Preguntó al bajar del ascensor. Ella venía bajando las escaleras, vestida con una bata larga de seda.

- Susana.

- Hola – Le sonrió – Tengo dos capuchinos secos y a Audrey – Le enseñó los bazos y la película favorita de Candy.

- He debido olvidarme por completo de la parte en la que te invite a venir.

- Te he llamado. Candy, es domingo por la mañana. Café, croissants, "Desayuno en Tiffany's". Es nuestra tradición.

- Ahora tengo nuevas tradiciones.

- Bueno, no son tradiciones si son nuevas - Candy se sentó y tomó el periódico, ignorando a Susana – Mira Candy, trato de hacer un esfuerzo. Creía que todo estaba bien entre nosotras.

- Lo estaba... – Le contestó ella con templanza – Hasta que me enteré que te acostaste con mi novio.

Susana la miró con sorpresa.

- ¿Cómo te has enterado?

- Tony me lo ha dicho. Al menos sintió que me debía decir la verdad.

- No sé qué decir.

- No te molestes en decir nada – Se puso de pie – De todas maneras no me lo creería.

- Candy – Susana la siguió – fue...

- ¿Sabes? – Candy volteó y la miró con una sonrisa ladina – Siempre supe que eras una zorra, pero nunca te tomé también por una mentirosa.

- Candy, ¿Cómo puedo arreglar esto?

- No puedes, Susana. Sólo mantente alejada de mí, mi novio y mis amigos. Estás acabada.

La visita de Susana fue corta y aparentemente no muy dulce, pero ¿Saben lo que es? Venganza. Se dice que es un plato que se sirve frío... ¿Quién tiene hambre?

Solo después de unos minutos la puerta del ascensor volvió a abrirse.

- Dorothy, te he dicho que no quiero ver a nadie – Gritó Candy mientras iba hacia la sala – Hola Annie – Sonrió al ver a su visita.

- Hola – Contestó la morena tímidamente.

- ¿Qué quieres?

- Ehhh me di cuenta que aún tengo tu sello caligráfico de las invitaciones de la fiesta – Le dijo Annie como excusa – Y pensé que quizás lo necesitarías para algo – Se lo entregó.

- Esa es la peor excusa que he oído jamás – La miró con suspicacia – Quieres saber lo que Terry Grandchester está diciendo sobre ti.

- No – Mintió ella - ¿Está... diciendo cosas? ¿O alguien?

- No, aún no. De todas formas a Terry le gusta presumir de sus conquistas, no de sus víctimas – Candy examinó a Annie con audacia – Vamos, puedes ayudarme a prepararme para el almuerzo.

- Claro, por supuesto

Annie siguió a Candy hasta su habitación. Donde la rubia se probó un vestido azul corto que su madre le había enviado desde Paris, donde se encontraba cerrando unos contratos.

- Candy... es... es precioso – Le dijo Annie – Es decir, estás... preciosa.

Pero Candy no pensaba lo mismo.

- Es del montón – Dijo con un suspiro – El color es de la temporada pasada y además Stella McCartney ha sacado una versión mucho mejor para Bergdorf's – Bajó el cierre del vestido y lo dejo caer al piso.

- Claro, yo... tenía la intención de pasarme por Bergdorf's – Comentó con algo de nerviosismo mientras se acercaba a la cómoda – Wow, estas muñecas son geniales. ¡Dios mío! Tienes una muñeca repollo. Mi hermano tenía una de estas, se llamaba Cedric.

Candy rió.

- ¿Tu hermano se llama Cedric?

- No, ése era su muñeco repollo. Mi hermano se llama Tom, de hecho, puede que lo conozcas. Él... salió anoche con Susana.

- ¿Ese era tu hermano? – Preguntó Candy con curiosidad. Annie asintió con la cabeza – Entonces... eso significa que ahora son amigos de Susana.

- Lo que dijo es que, yo no tengo ningún problema con ella, pero si alguien tuviera algún problema con ella, yo tampoco tendría ningún problema con eso.

Candy la miró con especulación y se sentó en el diván.

- ¿Sabes? Si te gusta ese vestido puedes quedártelo.

- ¿Qué? – Dijo Annie sorprendida – No, no.

- Estoy segura que encontrarás el modo de devolverme el favor.

- ¡Oh, Candy, gracias! Digo... por el vestido y... por el otro asunto, sobre... Terry.

Candy puso los ojos en blanco.

- Si quieres ser parte de este mundo, Annie, la gente hablará de ti, tarde o temprano. Y tú tienes que decidir si todo esto vale la pena.

Finalmente, después de una hora y media, Susana volvió al hotel.

- Tom, hola – Lo saludó ella.

- Yo... – Dijo torpemente – Yo solo pasaba por aquí. Más o menos a 70 manzanas. Ehhh solo quería decirte en persona que, el final de anoche puede que no haya sido uno de mis mejores momentos. Hubo un... saludito.

- Yo... ya vi eso.

- Sí, sí... y desde entonces, me he estado preguntando... ¿Tienes hambre?

- Sí – Dijo ella – De hecho, he tenido la peor de las mañanas.

- Bien, tú... ¿Quieres charlar? ¿Y comer? No necesariamente en ese orden.

- Sí, me encantaría hacer las dos cosas, pero primero comer, estoy hambrienta.

- Estupendo – Dijo su madre, quien venía llegando – Justo a tiempo para el almuerzo.

- Mamá – Susana se volteó para ver a Carol – Mira, la verdad es que no creo que sea una buena idea que vaya a ese almuerzo.

- Lo prometiste.

- Sí, pero eso fue antes... – No podía decirle a su madre lo que había sucedido con Candy – Antes de enterarme que Tom tenía hambre también. No puedo permitir que el chico muera de hambre.

- Sería inhumano – La secundó él.

- Él no ha sido invitado.

- Sí, por eso me voy con él.

- Porque yo no puedo ir con ella.

- Y teníamos planes para hoy... para almorzar juntos.

- Teníamos planes.

- Susana – Le dijo su madre quitándose las gafas de sol – Estás en casa. Bajo mi techo, mis reglas. ¿Cuánto vas a tardar en vestirte y salir por esa puerta?

Susana miró a Tom con complicidad, a fin de cuentas, solo una opción era posible, y unos pocos minutos después, ambos estaban asistiendo al almuerzo juntos.

- ¿Sabes qué? Puede que haya sido una mala idea – Dijo Susana al ver que todas las miradas recaían sobre ellos.

- Sí, esto ha sido definitivamente una mala idea.

Pero había dos personas en especial dispuestas a comenzar una guerra.

Parece que Terry y Candy han llegado con bastante hambre... de destrucción, más bien.

- No diré mucho de sus facultades para criar niños – Comentó Tom mientras se serbia un plato del bufet – Pero Richard Grandchester sabe como almorzar.

Susana rió, pero al desviar la vista, se encontró con Tony, quien le hiso una seña para hablar a solas.

- Yo... yo tengo que ir al baño. ¿Estarás bien solo durante un rato?

- Sí, claro.

- Ok – Susana lo dejo para terminar las cosas con Tony, aquello estaba yendo demasiado lejos.

Buscó a Tony, y lo encontró en un rincón apartado del sitio.

- Susana, tengo que hablar contigo, en serio.

- En realidad, yo necesito hablar contigo – Le dijo con firmeza – Así que puedes escuchar. Tony, se lo has dicho a Candy. ¿En que estabas pensando?

- Mira, quiero explicártelo... lo siento – Miró a su alrededor – No podemos hablar aquí.

- ¿Por qué? ¿Por qué Candy nos puede ver?

- Reúnete conmigo en la suite de Terry – Le entregó una llave.

- No me voy a escabullir contigo.

- Por favor, solo para hablar.

Susana suspiró y tomó la llave.

- Diez minutos.

- Te veo arriba.

Susana se fue, y Tony tenía que solucionar algo antes de poder encontrarse libremente con ella. Volvió al almuerzo, y busco a Candy, quien estaba hablando con su padre. Se acercó a ella y le sacó la copa que tenía en la mano.

- Hey, déjame que te traiga otra... en seguida vuelvo – Intentó irse rápidamente, pero su padre lo detuvo.

- Iré contigo – Comenzaron a caminar juntos – Candy parece contenta. Parece que te estás ocupando de los negocios, como hablamos.

- Papá, no todo en la vida es un asunto de negocios.

- Dime eso dentro de 30 años. Quiero presentarte a Timothy Good – Se dirigió hacia un hombre vestido de traje - Su firma ofrece las mejores prácticas de verano.

- Encantado de conocerlo – Le dijo Tony.

Pero en tanto Tony deseaba poder escaparse de las presentaciones de su padre, otra persona intentaba hacer algo bueno por él... o tal vez no tan bueno.

Terry se paró al lado de Candy y le sonrió, pero ella no estaba de ánimos.

- No puedo creer que Susana viniese al almuerzo. Le dije que se mantuviera alejada.

- ¿Te preocupa Tony? Sólo un tiro a ciegas. Creo que sabes lo que necesitas para llamar su atención – Le entregó una llave.

- ¿Y qué es eso?

- La llave de mi suite, el corazón de Tony y tu futura felicidad - Candy sonrió y tomó la llave – Y me retiro digno y honrado por tener un papelito en tu desfloramiento.

- Eres desagradable.

- Sí lo soy, así que ¿Por qué ser tímidos? Toma a Tony y acaba con esto... regresa con detalles – Le dijo antes de retirarse.

Candy fue en busca de su novio y lo tomo del brazo.

- ¿Qué haces ahora mismo? – Le preguntó traviesamente.

- Bueno, iba a...

- ¿Qué hay de mi? – Comenzó a arrastrarlo hacia fuera del almuerzo - ¿Qué? ¿Tienes otra oferta mejor?

- No, claro que no.

- ¿Sí?

- Eh, ¿Ahora?

- Ahora. Ahora.

Subieron por el ascensor, mientas se besaban apasionadamente.

- ¿A dónde vamos? – Le preguntó él.

- He conseguido la mejor habitación del lugar.

Candy abrió la puerta de la habitación y empujó a Tony adentro.

- Espera – Le dijo él observando el lugar – Esta es la suite de Terry.

- Tony – Se escuchó una voz desde el interior de la habitación.

- ¿Susana? – Candy volteó a verla.

- Candy – Susana bajó la cabeza. Eso no podía estar pasando.

Avistado al rojo vivo en los pasillos del hotel Palace. Solo para que S ya estaba esperando. Está claro que saltaban las chispas pero ¿Será cosa de tres o es el día-D?

- ¿Qué está haciendo ella aquí? – Preguntó Candy con furia.

- Me iba a encontrar con Tony.

- Solo para hablar, lo juro – Agregó él con rapidez.

- ¡Me dijiste que nunca más ibas a hablar con ella!

- ¿Dijiste eso? – Preguntó Susana - ¿Por qué dijiste eso?

- Porque no se puede confiar en ti – Le contestó Candy.

- No es culpa de Susana.

- No la defiendas.

- Yo le pedí que viniese.

- Oh, así que tú quieres hablar con ella.

- Sí, para explicarle porque no le hablo.

- Mejor los dejó para que terminen con esta conversación tan fascinante – Dijo Candy con enfado.

- Oh, no, no – Intervino Susana – Yo me voy... pueden volver a su polvito.

- No era un polvito – La enfrentó Candy – De hecho, el sexo es importante para alguno de nosotros.

- Sí, ya veo – Dijo Susana con ironía - ¿La cama de Terry? Muy romántico. También con clase.

- Oh ¿Cómo tú? – Candy rió y se dirigió a la puerta – Apuesto que a tu nuevo amigo Tom le encantaría oír la clase que tienes.

- ¿Tom? – Susana intentó detenerla, pero ella ya se había ido - ¿Crees que se lo dirá?

- Es Candy.

Susana y Tony corrieron tras ella.

- No puedo creer que se lo contases – Le reclamó ella, mientras bajaban las escaleras rápidamente para detener a Candy.

- ¿Esperabas que guardara el secreto?

- Sí, Tony. No hay nada de malo en guardar un secreto si la verdad puede herir a alguien.

- Extraña manera de mirar las cosas.

- Oh, lo siento – Dijo con ironía – No me había dado cuenta que de repente eres el tipo más honesto del planeta.

Mientras tanto, Tom se había cansado de esperar a Susana y decidió salir afuera a tomar un poco de aire. Lo que no sabía, era se convertiría en testigo de una conversación por demás privada.

- Bueno, pensaba que era a ti a quien no le interesaba que nos vieran juntos – Le decía Richard Grandchester a Carol.

- No, quiero que nos vean juntos, es sólo que no quiero verte con nadie más. Dile a t harén de dependientas y modelos que estás viendo a alguien.

- Eso hago, pero esas conversaciones llevarán algo de tiempo.

- Bueno, tiempo es lo que sobra, Richard. Tienen 25 años – Entonces Carol dirigió la mirada hacia donde Tom se encontraba – Discúlpame.

Tom volvió a entrar al hotel, pero Carol lo detuvo.

- Tom, espera. Mira, la verdad es que no espero que te escondas entre las sombras cotilleando una conversación privada.

- ¿Qué? – Dijo él – No, no... no hacía eso, yo solo buscaba a Susana.

- Bueno, yo no la veo ¿Tú la ves?

- No, razón por la que la estaba buscando.

- No sé qué estás haciendo aquí, o qué crees que has oído...

- Nada, no he oído nada.

- Pero Susana no lo sabe.

- Y yo tampoco ¿Ok? Así que ahora, si me disculpa, vuelvo adentro. No le diré nada a nadie y me entrometeré en mis propios asuntos.

Tom volvió al almuerzo, pero si quería respirar un poco, sus planes se vieron truncados cuando fue interceptado por Candy.

- Tom – Le dio un apretón de manos – Hola, soy Candy White, amiga de Susana – Le dijo sonriente.

- Oh, hola... ¿Por casualidad sabes dónde está?

- De hecho, sí.

- ¡Candy! – Susana llegó hasta ellos, a su lado estaba Tony.

- Susana, ahí estas – Dijo Tom – ¿Dónde estabas?

- Estaba esperando en una habitación del hotel, a mi novio – Se apresuro a decir Candy.

- Para hablar – Explicó Susana.

- De porque no hablábamos – Agregó Tony.

- La segunda vez tampoco suena mejor – Rió Candy.

- ¿Por qué no se hablaban? – Preguntó Tom con curiosidad. Los tres se miraron entre ellos - ¿Tiene algo que ver con estar esperando a Susana esta mañana?

- ¿Estuviste qué? – Candy le dirigió una mirada acusadora a su novio.

- Y yo pensando que me esperabas a mi – Intervino alguien más.

- Precisamente lo que esta situación necesita... Terry – Ironizó Tom – Ahora ¿Qué es lo que sucede aquí?

- Estábamos a punto de llegar a eso.

- Candy, por favor – Le pidió Susana – No hagas esto.

- Lo siento ¿Quieres contárselo?

- Yo se lo contaré – Dijo Terry.

- ¿Tú lo sabes? – Preguntaron todos al mismo tiempo.

- Lo sé todo.

- Y por lo visto, yo no sé nada – Se quejó Tom.

- Escucha Tom – Susana decidió tomar la palabra – Fue hace mucho y me arrepiento de eso.

- Mira Susana – Dijo Terry – Deja de intentar hacerte pasar por una buena chica, te acostaste con el novio de tu mejor amiga y en cierto modo te admiro por ello.

- ¿Eso es verdad? – Tom miró a Susana con decepción.

- Bueno – Habló Candy – Luego ella huyó, mintiendo sobre ello – Susana y Tony miraron hacia abajo – Simplemente creí que deberías saberlo – Le dijo a Tom – Antes de enamorarte de pies a cabeza de tu chica perfecta y su mundo perfecto. Y entonces te quedases solo sin nadie más que tu muñeco repollo.

- ¿Muñeco repollo? – Preguntó Tony.

- ¿Has hablado con mi hermana?

- Oh, sí – Dijo Terry – La pequeña Annie – Rió por lo bajo – La verdad es que creo que ella y yo tenemos algunos asuntos pendientes.

Tom se acercó peligrosamente a él.

- No te acerques a ella.

- Pobre Thomas... tan poco tiempo y tantas putas a las que defender.

Esas eran las únicas palabras que necesitaba Tom para darle un fuerte empujón a Terry y tirarlo sobre una mesa llena de bebidas, llamando la atención de todos los presentes.

- Esta bien, está bien – Dijo Tom a todos – Pueden dejar de mirar – Señaló a Terry, quien se acomodaba su traje blanco – Es un idiota. Pero es culpa mía, y me marcho.

- Voy contigo – Dijo Susana siguiéndolo hacia la puerta.

- De hecho – La detuvo él – Preferiría que no.

- Espero que estés contenta – Le recriminó Tony a Candy.

- Ni lo más mínimo – Dijo ella antes de retirarse. Y Tony decidió ir tras su novia.

- Parece que quedamos tú y yo – Le dijo Terry a Susana, logrando que ella lo mirara con rencor – Parece ser que mi habitación está disponible.

Susana no se molestó en contesta, simplemente se dio la vuelta y se fue.

Alguien podría llamar a esto una reunión de payasos, pero en el Upper East Side, lo llamamos tarde de domingo.

Susana corrió hacia fuera, intentando detener a Tom.

- ¡Tom! ¡Tom! Espera. Lo siento mucho.

- No, no tienes porque – Le dijo él deteniéndose – En serio, hoy no tenía que haber venido. Fue un error.

- No, no lo cometiste. Escucha, Siento lo de Candy y Terry...

- Esto no es por Candy o Terry – Dijo él con fastidio – Es decir, sí que lo es, pero no son sólo ellos.

- No. Lo sé. Confía en mí, lo sé, este mundo está loco.

- Sí que lo está – Suspiró – Y tú eres parte de él.

- ¿Qué, acaso no sabías eso?

- No lo sé, creí que eras diferente – Se dio media vuelta y comenzó a caminar.

- Bueno, siento no ser quien pensabas que era – Le gritó Susana, logrando que él se detuviera – Pero lo que pasó fue en el pasado ¿Sabes? Y todo lo que puedo hacer es tratar de cambiar. Pero si no puedes aceptar eso, entonces, ¿Sabes? No eres quien yo pensaba que eras – Se produjo un silencio incomodo – Bueno, supongo que ambos hemos cometió errores.

Había sido un buen discurso, pero no lo suficiente como para detener a Tom.

Bueno, el hombre misterioso de Susana ya no es un misterio. Su nombre es... ¿A quién le importa? Ahora que él y S han cortado, ahí quedan sus 15 minutos.

Pero su hermana Annie fue avistada con un nuevo vestido, regalado por la mismísima Candy. Todos saben que un Rose original es el uniforme de la armada privada de C. ¿Pero será A un soldado fiel o se pondrá del lado de las fuerzas rebeldes de S?

Y en cuanto a la mismísima S, hemos oído que hoy se fue del almuerzo sin amigos, sin chico y sin ningún sitio a donde ir.

Parece que la principal integrante se ha convertido en una total forastera. Es tu turno Susana ¿Y sabes quién te estará observando? Gossip Girl.

You know you love me... xoxo


Continuará...

Gracias por los reviews =)

Acá dejó un Nuevo capítulo! Espero que les guste!

Besossssss!