Bueno, bueno. SORPRESA! les dejo el capítulo antes de tiempo! jeje, creo que voy a empezar a hacer así! me parece más cómodo, y además tienen un capitulo a la mitad de la semana y otro el finde, cosa de que no se olviden lo que pasa en el anterior... bueno los dejo leyendo! Este capítulo va dedicado especialmente a mis amigas del cole que me siguen en este mi primer fic! besitos...


10 de Septiembre de 1975.

Desde que estoy en este tiempo, me siento un poco extraña. No lo sé, es algo extraño, no sabría cómo explicarlo. Ando extrañando mucho a los chicos, sobre todo a Ron. Ni hablar de lo que extraño a Ginny, o a Fred y George, pero a los chicos los amo verdaderamente (a Harry como hermano y a Ron como mi futuro novio). De solo pensar en esto se me revuelve el estómago. ¿Cómo estarán todos?

Me surgió la idea de escribir este diario con el fin de dejarlo en manos de nuestro querido director, para que llegue a manos de mis amados amigos. Espero que todos entiendan porqué mi finalidad va a ser la que les revelaré en los próximos párrafos. Espero que no vayan a desconfiar de mí, o pensar que su amiga ha cambiado. Les aseguro que sigo siendo la misma de siempre.

Retomemos desde el momento en que llegué a este tiempo: ni bien llegué compré los libros de Hogwarts y luego le mandé la carta a Dumbledore, pidiendo entrar en el colegio. En la entrevista (no creo que haya sido una entrevista, simplemente digamos que Dumbledore evaluó mi capacidad mágica para verificar que fuese una maga y no una impostora), le comenté a Dumbledore que no soy de su tiempo, es decir, que era del futuro. Dumbledore pareció muy interesado, aunque seguro él les podrá contar más detalladamente la situación. Inmediatamente me pidió que le explicara qué era lo que estaba haciendo aquí, a qué había venido. Me miró a los ojos, pero sabía que él querría usar la Oclumancia con migo, por lo que aparté la vista y evité mirarlo a los ojos. Luego de unas cuantas preguntas, como qué nombre usaría o a qué casa quería entrar, me fui del lugar, dejando al querido director sumido en sus pensamientos.

El primer día de Septiembre me subí al tren a las 11 de la mañana, y comencé de nuevo mi viaje a Hogwarts. No estuve con nadie en especial. Me aburrí bastante. El viaje fue muy monótono (como siempre), así que salí a caminar por ahí, tratando de encontrar a alguien amistoso de mi próxima casa. Creo que estaba muy sumida en mis pensamientos; estaba caminando lentamente, cuando atravesé una pelea y creo que fui yo quien causó que todos los que participaban en ella dejaran de hacer ruido. Me di vuelta, casi sin darle importancia, y encontré unos ojos verdes como los tuyos, Harry. Unos ojos intensos que me miraban tiernamente. Encontré otros cinco pares de ojos más que me observaban de la misma manera. ¡Delante de mí estaban ni más ni menos que los merodeadores, Lily Evans y Severus Snape! Por Merlín. Vaya que fue extraño encontrarme con Sirius, Remus, Snape y el maldito de Colagusano. Pero además estaban tus padres, Harry. Tus padres, vivos. Fue un momento tan hermoso: estaban allí parados mirándome, sin más nada que hacer. Ya sé de dónde sacaste tu miopía, amigo, y también tu pelo revuelto. Era como estar parada frente a ti mirándote, y tú me mirabas. Es verdad lo que todos dicen: tienes los ojos de tu madre.

Estaba muy concentrada viendo los rasgos tuyos en esos dos jóvenes, cuando tu madre, Lily, se adelantó y me habló. Solo me saludó. De repente, un miedo me inundó. No sé muy bien miedo a qué, pero era un miedo horrible, como un terror a que algo descubrieran esos inteligentes y atentos chicos. Solo corrí hacia el otro lado. No sé porqué, no sé cómo pasó, pero el terror había desaparecido luego de un momento, cuando ya estuve lejos de allí. Créanme que nadie podría describir lo que he vivido durante el viaje en tren. Lamentablemente, mi tranquilidad no duró mucho tiempo, pues me encontró Snape (por favor Ron, no te enojes o empieces a hacer berrinches como un niño chiquito). Parecía muy nervioso, solo me miraba y abría la boca de vez en cuando. Sabía que iba a decir algo, y el terror volvió, igual que como hacía unos momentos. Corrí nuevamente, refugiándome en el vagón de los Ravenclaw.

Cuando llegamos a la estación, me quedé ayudando a los alumnos de primer año. Solo el ayudarlos me hizo olvidar todos esos acontecimientos pasados hacía unos momentos. Luego me fui feliz hacia las carrozas y tomé la última que quedaba libre. Al rato, llegaron un par de niñas de segundo, que se pusieron a hablar, sin importarles siquiera mi presencia, sentándose enfrente de mí. Para mi derrumbe emocional, luego de unos momentos, llegó un dúo que no quería ver ni en figuritas: Remus Lupin y Sirius Black. Se sentaron junto a mí y el terror volvió. Al menos ya entendía a qué le temía: no me equivoco al pensar que Remus descubre muchas cosas con solo mirarte a los ojos, pues la verdad se refleja en los ojos de todos. No miré a nadie, ni respondí cada pregunta que me dirigían. Sólo reaccioné cuando Sirius comenzó a hablarle mal a Remus. No sé porqué, pero me molestó muchísimo, así que le apunté con mi varita y lo hice callar. Me bajé del carruaje y continué el recorrido caminando.

Llegué al castillo a tiempo. Cuando entré en el Gran Comedor (está igual que siempre, nada ha cambiado), me senté unos momentos y fui llamada por Dumbledore para mi selección de casas. Tenía elegida la casa en la que me encontraría desde que había llegado a este tiempo. Si todo salía como lo tenía planeado, quedaría en Hufflepuff. Lo sé, lo sé. No se enojen con migo, por favor. Saben muy bien cuál es mi misión aquí, y por eso no podía permitirme estar en Gryffindor (pues está enemistada desde siempre con Slytheryn). Luego les diré mejor mis razones para estar en esta casa tan particular.

Volviendo al tema, la selección salió perfecta, y quedé en la casa de los tejones. Todos me recibieron cálidamente y hasta me aplaudieron.

Luego de todo eso, comenzaron las clases. Rápidamente (en menos de tres días de clases), llegué a reunir más de 200 puntos para mi casa. Luego de eso, los Ravenclaw y Lily, intentaron superar un poco mi racha de respuestas acertadas, pero fue inútil. ¿Pueden creer que Hufflepuff es la casa con más puntos? Todavía no se lo cree casi nadie. Lamentablemente, no puedo dejar que Gryffindor o Ravenclaw nos pasen en puntos, es más, debo hacerlos perder puntos a propósito. Mi misión es solo una, créanme que lo sé, pero para lograrla debo acomodar unas cuantas cosas antes. En una semana, yo, Hermione Granger, o como me conocen aquí Emma Granger, era la persona más popular dentro de mi propia casa. Todos me saludan, incluso los más grandes. ¡¿Pueden creer que Rita Skeeter me saluda como a su igual y no como a su próxima víctima de sus entrevistas? Ni yo misma me lo creo.

Cierto día (me parece que hace unos tres días), estaba yo en la biblioteca (sí, ya lo sé, que obvio de mi parte), cuando escuché a Peter Pettigrew y Remus Lupin hablando en una de las mesas. Estaban muy nerviosos, y miraban hacia todos lados. Silenciosamente, me acerqué hacia ellos, y pude captar unas cuantas palabras: estaban hablando sobre Snape, y pude escuchar un par de frases sueltas, que creo que eran "lo van a desarmar" y "todo va a salir igual a como lo planeó Sirius". Esperé un rato, hasta que por fin se fueron. Los seguí hasta la puerta y me asome un poco, para ver lo que planeaban: ellos caminaban muy despreocupados y Snape veía en sentido contrario, sin mirar por donde caminaba. Ellos chocaron contra él, y tiraron todo lo que tenía encima, para luego escapar corriendo del lugar. De la nada, a espaladas de Snape se asomaron dos muchachos, sacando sus varitas. James y Sirius, quienes habían estado ocultos por la Capa de Invisibilidad, lanzaron un hechizo a Snape. Éste trató de sacar su varita, pero lo desarmaron al momento en que los miraba y alzaba su brazo apuntándolos. Yo estaba muy tensa, no sabía qué hacer: si defendía a Snape me ganaba su confianza, pero perdía la de los Gryffindors; en cambio, si dejaba que le hicieran algo, no podría vivir con la culpa de ser cómplice.

James y Sirius hablaban de forma muy alta, y por suerte pude escuchar lo que seguía. Escuché la palabra ¡Epoximise!, y solo acudí en ayuda de Snape, defendiéndolo con un Protego. Salí de mi escondite, pues ya no hacía falta estar oculta. Me acerqué hacia el escudo. Los tres chicos estaban atónitos. Cuando estuve a una distancia lo suficientemente cerca, deshice la protección y desarmé a tu padre y a tu padrino, Harry. Me quedé parada, y créanme si les digo que nuestro profesor de pociones está en lo cierto cuando dice que eran un par de vándalos (no significa que esté defendiendo a nadie). ¿Pueden creer que hasta en el peor momento Sirius me miró como si fuese una chica más dentro de Hogwarts que iba a caer en sus brazos? No lo dejé hechizarme luego de que le devolviera su varita, pues me protegí con un Protego. Luego le di su varita a James, quien se fue ofendido seguido por Sirius, y ayudé a Snape a levantarse. Desde que toqué su mano, sentí su nerviosismo. ¿Por qué podría ser? Me agradeció y cruzamos algunas palabras.

No lo sé, pero no lo sentí como si fuera nuestro profesor de Pociones. Parecía más amable y dispuesto a ayudar de lo que yo creía. No niego que me haya odiado o algo parecido cuando iba a Hogwarts con ustedes, pero era algo muy diferente. Simplemente me sorprendió.

Juro que pasé un día entero tratando de encontrar un modo de comunicarles todo lo que me está pasando y de cómo hacérselos llegar. Mi astucia me guió hasta la solución de este diario, el cual encontré en la biblioteca cierto día mientras buscaba alguna solución para meter en problemas a los Gryffindors y a los Ravenclaws. Sinceramente, ni yo me creo capaz de hacer tal cosa. Ojalá pudieran estar con migo, se me haría todo mucho más fácil. Estaba buscando en la sección prohibida, cuando una pila de libros cayó detrás de mí. Me pegué un buen susto cuando vi parado junto a los libros a Sirius. Estaba tan desarreglado como siempre, pero qué más se le podría hacer, después de todo, los merodeadores son todos así. Levantó los libros y fue allí cuando vi un diario entre todos los libros que estaba ordenando. Se lo pedí de inmediato y lo escondí en mi mochila cuando no me estaba viendo. La verdad, Sirius es mucho más amistoso en esta época. No me lo imaginaba de esta manera, es decir, tan maduro para su edad. Es como si en cada palabra que dice hay un sentimiento especial o una especie de moraleja.

El libro que escondí no es otro que este diario, que ahora debe estar llegando a sus manos. ¡No saben cuánto los extraño, amigos! A todos y cada uno de ustedes… Les comento que la sala de Menesteres sigue igual que siempre. ¿Cómo sé eso? Simple: estoy escribiendo estos recuerdos mientras estoy en esta sala tan particular, mientras todos están en un partido de Quiditch. Creo que era Gryffindor vs. Slytheryn, y lamentablemente, por el asco de misión que me ha sido asignada, tuve que darle ánimos y mi apoyo a la maldita casa de las serpientes.

Diablos, debo dejarlos. Estoy escuchando pasos y voces desde fuera de esta habitación. Iré a ver qué es todo esto y luego saldré de aquí rápidamente. Deséenme mucha suerte, espero poder volver a verlos muy pronto. ¿Quién será el que habla tras la puerta? Creo que pronto lo descubriré.


Notas del capítulo: Epoximise es un hechizo que pega cualquier objeto en una superficie.

Bueno, que les parecio? jaja, espero haber sembrado dudas, aunque creo que algunas cosas son muuuuuuy obvias, pero bueno... jeje, los dejo, has el fin de semana!

Besos, abrazos y mucho mucho FELIX FELICIS! con cariño Anne-Lestrange (muajajajajajaja CRUCIO!)