Malas noticias Candy

Hola, habitantes del Upper East Side. No hay nada que a Gossip Girl le guste más que las sorpresas, y hemos oído que Candy White obtuvo una especial de 2x1. Su madre, Rose, quien acaba de regresar de Paris, y Susana Marlowe, colegas de tentempié matutino.

- ¡Hey! Ya te has levantado – Le dijo Susana a Candy, quien estaba bajando las escaleras vestida con su bata de seda rosa, solo para encontrarse a su madre tomando un café con Susana.

- ¿Teníamos planes? – Preguntó Candy de mala gana mientras se acercaba a ellas.

- Preciosa, interrumpir es de mala educación – La regañó su madre – Justo estaba contándole a Susana que en Bendel´s están interesados en mi línea.

- ¿En serio? – Dijo Candy con emoción - ¡Oh, eso es fantástico! ¿Por qué no me habías dicho nada?

- Volví temprano de París para juntar mis libros de moda y si no son lo que me parece podría ser el principio de una completa colección para todos los estilos de vida.

- Porque más gente debería ser como tú, mamá – Comentó la rubia mientras se llevaba un panecillo a la boca.

- Antes de que te tragues eso – La detuvo su madre – Pienso que encontrarás más apetitoso un yogurt desnatado – Susana notó que se avecinaba un tema escabroso y fue hacia los percheros donde se encontraban los diseños de Rose.

- He perdido un kilo mientras estabas fuera – Le contestó dejando el panecillo en la mesa.

- Y te ves maravillosa.

- Guau, estos son preciosos, señora White – Dijo Susana tomando uno de los vestidos.

- Bueno, lo serán – Contestó Rose con orgullo – Si no están todos ajados por el viaje – Se levantó y se dirigió a ella, dejando a Candy desayunando sola – Susana, tienes que volver luego, cuando haya desempaquetado todo. Me encantaría oír tu opinión. Tienes un genuino estilo personal.

- Oh, gracias – Le dijo ella con una sonrisa – Pero no creo que podamos, Candy y yo tenemos planes hoy.

- Oh ¿Los tenemos? – Preguntó Candy sorprendida.

Susana y Candy podrían tener planes para el día, pero Tony y Terry ya habían completado la agenda para el fin de semana… si sobrevivían a él.

- Lo encontré. Piaget – Exclamó Terry con triunfo.

- ¿No puedes llamarlo simplemente reloj?

- Cuesta diez de los grandes, se merece su propio nombre – Le contestó mientras guardaba el reloj en un cajón.

- ¿Qué hay sobre esto? – Tony tomó una bola de baseball de la repisa.

- Eso sin duda. La última palabra de Babe Ruth. El más famoso "home run" que hizo – Tomó la bola y la guardó junto al reloj – Más vale prevenir que curar – Cerró el cajón y escondió la lleva bajo una estatuilla.

Solo unos cuantos minutos después, la suite de Terry estaba repleta de jóvenes bebiendo y conversando. El castaño subió a una silla para llamar la atención.

- Ya han pasado por la Semana Universitaria – Comenzó – Y afortunadamente han logrado entrar en la universidad de su elección – Levantó su vaso de whiskey – Ahora arruinemos esas posibilidades. Déjenme recordarles las normas. A partir de este momento, no hay más mundo exterior del que yo les muestre. Comerán lo que yo les dé, practicarán lo que predico, y hasta que yo lo diga, las únicas chicas con las que hablarán son aquellas a las que he pagado para ello – Una exclamación de aceptación se escuchó en la habitación - ¡Que comience el "Fin de Semana Perdido"! - La fiesta siguió su rumbo, pero repentinamente, la presencia de una persona indeseable hizo que la sonrisa se borrara del rostro de Terry - ¿Quién ha traído a ese?

- ¿No es Neil Leegan? – Dijo Tony mirando al moreno que se paseaba entre las mesas – No lo había visto desde que él estaba en el último año y nosotros en octavo. Parece muy serio.

- ¿Estás colocado? Se parece a Matthew McConaughey entre rodaje y rodaje. Ese tipo es un perdedor. Mira, cualquiera que cambie su fondo fideicomiso por un paquete de diversión se presenta a la cara de cualquiera.

- Tony Brower, ¿Verdad? – Dijo Neil en cuanto estuvo frente a ellos.

- ¡Leegan, hombre! – Tony lo saludó con una gran sonrisa - ¡He oído que te has vuelto un granuja! – Le dio un fuerte abrazo.

- Y he vivido para contarlo.

- ¿En serio? – Terry rodeó los ojos y bebió un sorbo de whiskey.

Parece que en el itinerario de alguien no queda espacio para los entrometidos ¿Es que Terry Grandchester no sabe que una fiesta no es una fiesta hasta que alguien se estrella?

Candy y Susana habían pasado la mañana entera entrando y saliendo de las mejores tiendas de Manhattan. A decir verdad, Candy había extrañado salir de compras con su mejor amiga… al menos eso había creído hasta que, al doblar una esquina, dos hombres no se molestaron en disimular su interés por Susana.

- ¡Oh, Dios! – Exclamó Candy – Había olvidado lo que era estar contigo.

- No, nos miraban a las dos – Aseguró Susana.

- No me trates como a una tonta. Ha sido así toda la mañana, empezando por tu adorable visita a mi madre. Ni siquiera me llamó para avisarme que venía a casa.

- Bueno, estaba ocupada. Tenía prisa por llegar a casa y todo porque quería verte a ti.

- Ni siquiera me ha despertado – Pararon frente a una cafetería.

- Bueno, ya sabes lo que piensa Rose sobre el descanso de belleza.

- Le gustas más que yo.

- No, para nada – Insistió Susana, aunque en el fondo fuera cierto – Su hija eres tú. No le gusta nadie más que tú. Es solo que… no sé, es que no sabrá como demostrarlo a veces.

- Ok, me voy dentro. Espérame. Ahora mismo vuelvo.

Candy entró a la cafetería, cuando Susana divisó a alguien caminando por la acera de enfrente.

- ¡Stevenson! ¡Tom! ¡Hola!

- ¡Hola! – La saludó Tom, cruzando la acera.

- ¡Oh, Dios mío! Por esto es por lo que me encanta esta ciudad, siempre te topas con alguien ¿Qué haces aquí?

- Oh, acabo de regresar de donde mi madre y de dejar a Annie en el Hudson. He recogido un par de cubanos para mi padre y para mí… - Le señaló la bolsa de papel que llevaba en las manos – Sándwiches, no puros.

Susana rió.

- Eh, ¿Recuerdas que me dijiste que podíamos reunirnos algún día y… no hablar? Me estaba preguntando si ya es "algún día".

- Eso fue asqueroso – Justo en ese momento, Candy salió de la cafetería – El Departamento de Salud debería cerrarlos.

- ¿El baño?

- No, la gente. Se llama Nolita, no Nobaños – Le dirigió una mirada de arriba abajo a Tom - ¿Qué haces tú aquí? ¿Huelo a cerdo? ¿Y a queso? – Después le dijo a Susana – Ok, cuando acabes con tu trabajo caritativo ¿Por qué no vienes a buscarme? Estaré donde los gays conservadores mirando… ¿Ponchos? – Se retiró de allí dejándolos solos.

- ¿No es esa la chica que contó a todo el colegio y… oh, varias universidades que tenías un problema de drogas? – Preguntó Tom.

- Sí – Contestó ella – Pero, ¿Sabes? Candy puede ser un poco… - Dudó buscando el adjetivo correcto, pero no lo encontró – Candy.

- Ya, ya – Rió Tom.

- Es realidad estamos intentando que las cosas funcionen. Hoy es el primer día que salimos juntas, a solas. Así que probablemente debería volver.

- Sí, claro. Eso es…

- Sí – Se despidió – Pero… llámame alguna vez para que podamos quedar y hacer eso que no me pediste que hiciera.

Y volviendo a la fiesta de Terry…

- Así que no lo comprendo. La última vez que vi a tu hermana dijo que tu familia te había encerrado y que habías desaparecido de la faz de la tierra – Le comentó Tony a Neil.

- No lo hice – Contestó el, ante la mirada atenta de Terry – Sólo me caí ante sus ojos. Pero una vez te alejas del dinero, ves que éste no te compra la libertad, que te paga la prisión. Dicen que desaparecí, pero todo lo que hice fue evadirme.

- ¿A dónde fuiste?

- ¿A dónde no? Ayudé tras el Katrina, pasé un año reconstruyendo el Machu Picchu, lo cual, déjame que te diga ha cambiado mi vida. Compré una cámara y empecé a filmar para un documental.

- Tú eres el tipo que nos dio nuestro primer porro – Acotó Terry con ironía – Que nos pasó a escondidas a nuestro primer club, ¿Y vas a decirme que la vida de director de cine de YouTube es mejor que esto? Tu inventaste el "Fin de Semana Perdido".

- Eh, ¿A quién le importa una fiesta cuando puedes viajar por el mundo? – Dijo Tony.

- Exactamente – Acotó Neil – En el mundo real, lo único que importa es quién eres, no lo que posees.

- Tanto como me encanta el discurso de no necesitar cosas materiales de un tipo que tiene tanto producto en su pelo… esta fiesta es sobre exceso, no sobre planteamientos. Deja de hablar. Empieza a festejar – Dos mujeres se acercaron a él – Ahora, aquí hay algo que no necesita material – Rodeó con sus brazos las cinturas de ambas mujeres - En realidad, se trata de dejarlo ¿Quién está conmigo?

- Creo que voy a quedarme aquí un rato – Contestó Tony.

- Bien – Dijo Terry – Odiaría tener que romper un set para el partido – Se puso de pie y se fue con las mujeres.

- ¿Qué tal si continuamos esto sobre algunas cartas? – Sugirió Neil – Nada de esta mierda a la que juegan esos tipos. El "Texas Mantenido" está muerto – Tony rió - ¿Sabes?, Te enseñaré acción de verdad. ¿Sabes qué? Participo en una partida semanal en una esquina de Queens. Dura toda la noche. Son apuestas reales… grandes sumas, mucho dinero, gente con el tipo de historias que harían palidecer la mía. Deberías… deberías venir.

O tal vez no…

Mientras tanto, en casa de los White, su madre continuaba con su trabajo, en tanto que Candy y Susana revisaban los vestidos.

- Éste se perdió su entrada por la conmoción de Chloe que estaba vomitando una pera – Le comentaba a Laurel, su ayudante.

- Estaba en el catálogo de Vera – Contestó la mujer refiriéndose a la modelo.

- No uso los modelos de Vera – Le dijo mientras miraba un book de fotos - Ninguna de estas está bien.

- Bueno, eso es porque estás mirando el libro de la alta costura cuando deberías estar buscando una cara nueva ¿Sabes?, alguien que se vea bien con tu ropa – Le enseño un libro – Alguien en este libro, como te dije.

- Odio el efecto de la ropa americana.

- Pero están más cerca de lo que necesitas, son… son actuales, tienen encanto…

- Si se supone que esta persona representará los diseños White. Tienes que encontrarme a alguien… que merezca llevar la ropa. Alguien como yo. Alguien como… - Entonces las miradas de las mujeres se dirigieron a las dos jóvenes que se encontraban seleccionando los vestidos de los percheros - ¡Mi hija!

- Bueno, ¿Por qué no ella? – Susana volteó a verlas con atención, pero Candy continuaba indiferente – Quieres que tu línea represente el estilo de vida White. ¿Quién mejor para representarte que una de tu propia familia?

- Fue mi primer modelo de diseño – Dijo Rose pensativa.

- ¡A ella le encantaría! – Intervino Susana.

- ¿Me encantaría? – Candy parecía confundida.

- Sí – Dijo Rose – Es perfecto.

- Rose White – Habló Laurel– Te presento a la nueva cara de White para Bendel´s.

¿Es ésa una sonrisa la que vemos en los labios de C?

Por una vez los focos están sobre ella, y de hecho S la ayudó a conseguirlo.

Supongo que los milagros pueden ocurrir.

- Va a ser tan genial. La ropa es preciosa – Comentaba Susana a sus amigas.

- Está bien – Dijo Candy restándole importancia.

- Oh, cállate. Son increíbles – Rió Wendy.

- Sólo le hago un favor a mi madre – Pero después su expresión cambió a una de excitación – La prueba de pelo y maquillaje es esta noche.

Las chicas continuaron charlando amenamente y Susana comenzó a enseñarles poses para las fotos cuando su teléfono sonó.

- ¿Sí? – Contestó ella, pero Candy fue más rápida y le sacó el teléfono.

- ¿Quién diantres se atreve a interrumpir a Susana Marlowe mientras enseña? – Preguntó entre risas.

- ¡Dame mi teléfono! – Insistió Susana.

- ¿Quién es?

- Tom Stevenson – Contestaron del otro lado de la línea.

- Lo siento. El número que ha marcado ya no está en servicio – Bromeó Candy.

- ¡Para! – Gritó Susana - ¿Quién es?

- Estoy haciéndote un favor.

- Mira – Dijo Tom – Puedo oírla. Por favor, ¿Puedo hablar con Susana?

- Aparentemente puedes, muñeco repollo – Candy le entregó el teléfono de mala gana a Susana, quien lo tomó y se fue a hablar a una esquina de la habitación.

- ¿Sí? ¡Tom! Hola. Siento tanto, tanto eso.

- Y estoy tan, tan listo para colgar.

- Candy sólo estaba jugando. Tienes toda mi atención, te lo prometo.

- Estupendo, porque te llamaba para pedirte que no hables conmigo en una película esta noche.

- ¿Esta noche? ¿Dónde? ¿A qué hora?

- A las 7:00 en el Sunshine.

- Me encantaría. Eh… te veré allí.

- Te veo allí.

Candy había crecido rodeada de modelos y fotógrafos, pero nunca imaginó que ese trabajo fuera tan complicado.

- Ok, Candy, relájate – Le indicaba el fotógrafo detrás de la cámara – Aguanta ahí y… Ok ¿Estás lista?... Ok, una más… Ahora aspira, salta, suéltate… ¡Ahora suéltate de verdad en ésta! – Le gritó – Concéntrate en eso… Ahora dame la mejor pose que tengas – Candy intentaba dar lo mejor de sí, pero nada parecía satisfacer al fotógrafo – Eso es, vamos ¡Grande! Vamos a pensar en grande, grande, grande… ¡Uno, dos, tres! Ok, tomate un descanso. Muchas gracias – Sacó la memoria de la cámara y se dirigió a las demás personas que se encontraban trabajando allí - ¿Quién escogió a esta chica?

- Rose – Le contestó Laurel - ¿Por qué?

- Es muy remilgada y rígida… como un palo. No es natural.

- Sí, pero está sensacional con esa ropa, ¿No crees?

- A mis ojos, como una diosa. ¿Para este objetivo? Bah… como una estatua – Exclamó sin darse cuenta que Susana estaba oyendo todo – Esto es venta al por menor, no es una editorial. Necesita salir, divertirse, relajarse. ¿Cómo le va a gustar el vestido a los clientes si la modelo no se gusta ni a sí misma?

Susana no podía creer que aquel fotógrafo estaba defenestrando a su amiga. No le habían gustado sus palabras, pero decidió poner su mejor sonrisa cuando se dirigió a Candy.

- Lo primero, ¡Te ves increíble!

- Lo sé.

- Pero mira, ¿Quieres un pequeño consejo?

- ¿Cómo sabía que esto iba a pasar?

- No, no, mira; todo lo que debes hacer es… tal vez soltarte un poco ¿Sabes? – Comenzó a moverse – Sacúdete… Ummm… quizá podrías hacer el tonto, como cuando teníamos 10 años y bailábamos la de "Genio en la botella" en el armario de tu madre.

Entonces Candy miró hacia donde se encontraba la asistente de su madre discutiendo con el fotógrafo.

- Ayúdame – Le pidió – Ayúdame.

- Ummm, Ok… haz de tigre ¿Sí? – Susana puso sus manos en garra y gruñó – Vamos – La incitó a hacer lo mismo, y Candy hiso una débil intento.

- No, no, tienes que gruñir – Volvió a mostrárselo, y Candy volvió a intentarlo, sin darse cuenta el momento en que el fotógrafo comenzó a hacer tomas - ¡Sí, sí, sí! ¡Dame más tigre, dame más! Estás en la jungla ¡Eres una salvaje! Ahora vas a parecer más dulce, ¿Ok? Eres Venus en su concha, ¿Ok? Mira hacia arriba – Susana imitó a la famosa pintura, y Candy hiso lo mismo. Ambas rieron en tanto que el fotógrafo continuaba con su trabajo – Vamos a hacer alguna locura como Britney con su paraguas.

Las chicas continuaron con su juego hasta que el teléfono de Susana comenzó a sonar.

- ¿Qué estás haciendo? – Le preguntó Candy al ver que Susana tomó su bolso después de contestar el mensaje de texto.

- Oh… he quedado con Tom.

- No, te vas a quedar aquí – Le pidió – Te necesito. No puedo decepcionar a mi madre.

Susana lo pensó unos segundos, pero no pudo negarse a la petición de su mejor amiga, así que no tuvo más remedio que llamar a Tom.

- Hola, de veras que lo siento mucho, pero estoy ocupada con la sesión de fotos de Candy. Es una larga historia, pero no creo que pueda ir.

- Una sesión de fotos, ¿Eh?

- Suena muy superficial, lo sé. Pero es importante para ella y… ya sabes, ella es importante para mí. Pero te lo compensaré, te lo prometo.

- No, no pasa nada, de verdad. No te preocupes.

- Eres el mejor. Sabía que lo entenderías. Te llamaré luego.

- Sí, sí.

La noche había llegado, y Terry continuaba con el "Fin de Semana Perdido".

- Fase tres – Dijo a los demás habiendo llegado a un pub irlandés – Ir de pub en pub. Cinco distritos. 50 pubs, 500 oportunidades de mojar. Y recuerden, no metan la colita en el caldero de oro equivocado – Uno a uno fueron entrando, pero había una persona que no estaba muy convencida de aquello – Vamos Tony, puedes seguir pensando en tu novio ahí dentro.

- Yo no voy.

- En serio... Neil Leegan apesta – Dijo con fastidio – No sé qué hechizo te ha lanzado, pero no es tu amigo. No se puede confiar en él.

- ¿Y eso por qué? ¿Por qué no cree en lo que tú crees? – Le preguntó enfrentándolo – Eso es exactamente lo que dijo él. El dinero, las drogas, los privilegios… nos están manteniendo adormecidos, así no sabemos si se está mejor ahí fuera, en el mundo real.

- ¿El mundo real? – Rió Terry – Todo el mundo ahí fuera quiere ser como nosotros. Somos lo que aspiramos a hacer, no aquello de lo que huimos.

- Realmente no me entiendes, ¿Verdad?

- Ese sueño tuyo, ya sabes, ¿Qué es, realmente? Porque te oigo hablar de que no quieres ir a Dartmouth, y de que no quieres seguir los pasos de tu padre. Pero, ¿Qué es exactamente lo que quieres?

- Todo lo que sé es que no es esto.

- Bueno, mejor que descubras lo que es antes de que eches todo a perder intentando encontrarlo – Tony se fue de allí, dejando a su amigo hablando solo - ¿Y a dónde vas? – Le gritó, pero el rubio no se molestó en contestarle.

Sacó su teléfono celular y buscó en el GPS la dirección del club que Neil le había dicho.

Tom llegó a su casa decepcionado. Su padre estaba allí, tocando unos acordes con su guitarra.

- ¿Qué tal la película? – Le preguntó.

- Deprimente – Contestó Tom – Literalmente – Tomó una revista y se dejó caer sobre el sofá – No sé qué pasa con Susana, papá… no sé si merece la pena.

- ¿A qué te refieres?

- Bueno… Es la mejor amiga de esta chica… Candy White. Que es básicamente todo lo que odio del Upper East Side, destilado en 50 kilos, ojos rasgados, lanzadora de dardos envenenados, un paquete de pura maldad adolescente etiquetado de puta – Louis rió.

- Nadie es tan malo.

- Ella sí. No estaría exagerando si te dijese que Medusa quiere su fulminante mirada de vuelta.

- Bueno, si hay algo que he aprendido el que siempre hay algo bajo la superficie de la gente como ella que hace que se comporten así.

- ¿Cómo acuchillar porque su "Mimosa" lleva jugo concentrado en vez de exprimido? Y… ¿Qué dice eso de Susana? Que es… su mejor amiga.

Louis lo miró con seriedad y se sentó frente a su hijo.

- Una vez salí con una chica parecida a Susana – Le dijo – De hecho muy parecida. Y chicas como esas son difíciles, es cierto. Son complicadas y… enigmáticas. Y normalmente merecen la pena. Y la única forma de saberlo seguro es lanzándote de lleno.

- ¿Qué te pasó a ti?

- Nadé por un tiempo… hasta que me ahogué.

- ¡Oh! Ok, gracias – Dijo Tom con ironía – Una gran historia, papá - Ambos rieron y continuaron con lo suyo.

Unas horas después el teléfono celular de Tom comenzó a sonar.

- ¿Sí?

- ¿Qué tal la película? – Preguntó una voz conocida - ¿Me he perdido algo interesante?

- Bueno… incluso sin la película.

- No seas gallito – Rió Susana – Te llamo con un plan de compensación.

- Oh, lo estás haciendo, ¿No?

- Lo estoy haciendo. ¿Te gustaría ver lo que pasa realmente en una sesión de fotos?

- Lo siento, soy Tom Stevenson… ¿Estás segura de que no querías hablar con mi hermana?

- Mira, sé que es una oferta un poco "de chicas". Pero apúntate. Allí estaré.

- ¿Puedo apostar por ello? Porque la ley dice que perderé mi camisa.

- Oh, vamos. Es la sesión de Candy, así que tengo que estar para apoyarla.

- ¿Candy? Bueno, entonces como que definitivamente no voy.

- Mira, no es tan mala como piensas. Además, va a estar tan ocupada con las fotos que ni siquiera la verás. Y como es tan aburrido estar fuera de foco tendrías toda mi atención – Dijo ella tratando de convencerlo – Ok, ¿Qué tal si te compro lo que quieras del servicio de catering?

- Creía que el servicio de catering era gratuito.

- Te veré a las 8:00. Te mando la dirección por SMS – Le dijo rápidamente – Cuelgo antes de que su señoría proteste otra vez.

Tom se quedó con el teléfono en la mano cuando Susana colgó. Una vez más, lo había conseguido.

- ¿Cuál es la emergencia aparte de no poder dormir antes del gran día, Laurel? – Preguntó Rose a su ayudante, quien había pasado por su casa a altas horas de la noche, junto con el fotógrafo de la campaña – Y, ¿Por qué no podíamos simplemente discutirlo por teléfono?

- Porque si no nos vemos en persona, no podría enseñarte esto – Laurel desplegó sobre la mesa las fotos que habían sido tomadas esa tarde.

- No creo que esta chica sea lo que estás tratando de decir – Comentó el fotógrafo – Inalcanzable, controlada, perfecta.

- Ella no es inalcanzable – Replicó Rose – Es ecuánime, es majestuosa.

- Mira, sé que es tu hija y no quiero problemas pero… tu hija es rígida como un palo. ¿Sabes? Tiene miedo de dejarte entrar. Así que tú haces el trabajo artístico y ella se carga la… ¿Cómo se decía?

- Simbiosis – Rose miró con atención las fotos de su hija - ¿Qué se puede hacer llegados a este punto? – Preguntó.

- Tu hija es muy guapa, sí, pero esta chica… – Comenzó a rebuscar entre las fotos y apuntó a una de Susana – Lo tiene. Es radiante como el sol, se lo pasa bien. Hará pensar a los clientes que si compran la ropa se lo pasarán bien también.

- Pero esta es tu línea – Le dijo Laurel – Rose… es completamente decisión tuya.

Rose miró con detenimiento todas las fotos. Amaba a su hija más que a nadie en el mundo, pero siempre había sabido que no podía entremezclar las relaciones familiares con el trabajo.

Las reglas de una modelo el día de su sesión de fotos son parecidas a las de un paciente antes de operarse. No comer ni beber durante las 12 horas anteriores, usar ropa cómoda, y estar seguro de que todos tus asuntos están en orden. Nunca sabes lo que puede pasar de repente.

Candy se levantó temprano esa mañana para preparase para su sesión de fotos. Tomó su teléfono celular para revisar sus mensajes.

- Hola C – Era la voz de Susana – O estás durmiendo o ya estás de camino, pero no puedo esperar a verte en la sesión. ¡Nos lo vamos a pasar genial!

Candy guardó su teléfono y bajó las escaleras.

- Oh, gracias a Dios que estás despierta – Le dijo su madre.

- ¿Llego tarde? – Le preguntó preocupada - ¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío! ¿Me he dormido?

- Cariño, tengo malas noticias – Candy la miró atenta – Luck, ese estúpido fotógrafo, cree que debemos tomar otra dirección.

- ¿Con el tema?

- Con la modelo – Le contestó con pesar.

- Oh…

A Candy le dolió aquella noticia, pero intentó no demostrarlo.

- Querida… contraté a esas personas por su experiencia, y al final, ellos creen que… no haremos un mal trabajo – Acarició el rostro de su hija – No puedo disculparme lo suficiente… sé que estabas muy ilusionada con esto.

- No, no lo estaba – Mintió ella, restándole importancia al asunto – Estoy… estoy agradecida de no hacerlo. Odio las sesiones de fotos. Son tan aburridas… deberías tener a Alessandra Ambrosio, no a una principiante.

- Cenamos luego, ¿Sí? – Le dio un fuerte abrazo - ¿Carne con patatas y crepes en el "Café des artistes"? Como en los viejos tiempos – Rose se separó de ella y comenzó a tomar sus cosas – Te veo luego.

Una vez que su madre se hubo ido, Candy volvió a tomar su teléfono celular y llamó a Susana. Ella no contestó, pero decidió dejar un mensaje.

- Hola S, está bien, espero que no estés ya ahí, porque resulta que mi carrera como modelo ha terminado tan rápido como la de Jessica Simpson como actriz – Tomó una de las fotos de las modelos de su madre que estaban esparcidas por la mesa - Ahora que lo pienso… quizás debamos pasarnos por el rodaje de todas maneras. Y ver por quien me remplazan ¿Reírnos de la bruja esquelética?

Candy se vistió rápidamente y partió hacia la locación de las fotos. Pero al llegar a la azotea donde se estaba realizando la producción, no fue nada agradable para ella darse cuenta de quién era la nueva modelo.

- Tienes que estar bromeando – Dijo para sí. Viendo como Susana estaba siendo fotografiada y alabada por Luck.

- Fantástico. Uno, dos, tres, vamos – El flash de la cámara se disparó y Susana reconoció a Candy entre la gente.

- ¡Candy! – Le gritó – Ven, rápido ¿Qué te hizo tardar tanto?

Candy solo la miró con furia, dio media vuelta y se retiró del lugar completamente enfadada, llamando la atención de Susana, quien corrió tras ella.

- ¡Candy! – Logró alcanzarla en las escaleras, sin saber que otra persona que estaba subiendo escucharía esa desagradable conversación – Candy. Candy, espera, ¿A dónde vas? Candy, espera – La tomó del brazo - ¿Por qué estás tan enfadada?

- ¿Por qué estoy enfadada? – Preguntó con furia – Querrás decir, ¿Por qué no estoy furiosa? ¡No puedo creer que por un segundo creyera que sería diferente esta vez!

- ¿Qué creíste que sería diferente?

- No has podido soportar que por una vez yo fuera el centro de atención, ¿No?

- ¿De qué estás hablando? Me dijeron que íbamos a hacer esto juntas. ¿Qué? ¿No recibiste mi mensaje?

- ¿Entonces lo de esta mañana qué? Cuando ojeaste la hoja de rodaje, ¿Viste mi nombre en ella? Cuando no estaba arreglada y maquillada, ¿No te pareció extraño? Cuando el camerino solo tenía tu nombre en la puerta ¿Qué? ¿Creíste que simplemente lo olvidaron?

- Me dijeron que ibas a llegar tarde y me pidieron que primero hiciera algunas pruebas fotográficas. Candy, me dijeron que me querías aquí.

- ¿Y les creíste?

- Mira, Candy, yo te animé a hacer esto ¿Por qué intentaría robarte algo que te empujé a hacer?

- ¡Porque me lo quitas todo! – Le gritó - ¡Tony, mi madre!

- ¡Candy!

- Ni siquiera puedes evitarlo. Es quien eres. Simplemente pensé que quizás esta vez sería diferente… debería haber sabido que me equivocaba – continuó bajando las escaleras, pero no había sido de gran ayuda para ella chocarse con Tom – Genial – Dijo con ironía al verlo, para luego seguir con su camino.

Avistado, brusco despertar del chico solitario.

Las reinas del Upper East Side no nacen en la cima, escalan la subida en tacones… no importa a quien tengan que pisar para hacerlo.

Susana subió las escaleras nuevamente. Fue hacia Rose para hablarle con firmeza.

- Lo dejo.

- Espera un minuto – Le dijo ella - ¿Por qué?

- Creo que sabes porque – Le contestó acusadoramente.

- ¿Por Candy? Sé que ella apoyará mi decisión una vez que se la explique – Pero Susana se estaba yendo, pasando por encima de Tom sin siquiera advertir su presencia – Sabes que te encanta ser el centro de atención. Siempre ha sido así. Es parte de tu encanto. No hay nada en eso…

Susana se había ido, y Tom fue tras ella, encontrándola en el camerino mientras se quitaba la ropa detrás de un biombo.

- Hola – Dijo intentando no mirar – Digamos que las oí a las dos ahí, en el hueco de la escalera.

- Tom, oye, de verdad que ahora mismo no puedo seguir con esto.

- Ok, bueno… olvida lo que dije entonces. De hecho, ¿Sabes qué? Soy mudo. Sólo estaré aquí de pie y parpadearé muy despacito. A menos que quieras que… - Susana sacó la cabeza por detrás del biombo.

- ¿Me pasas mis vaqueros?

Tom se los dio.

- Es solo que... creía que querías estar al margen de esto. Creía que querías estar aquí por tu amiga Candy. Ya sabes, íbamos a tener barra libre y… ¿Tendría tu completa atención?

Susana salió de detrás del biombo con expresión seria.

- Dilo.

- No creo que tenga que hacerlo.

- Así que mi mejor amiga no me cree… y tampoco lo hace el chico que me gusta – Lo miró con tristeza – Escucha, Tom, la madre de Candy básicamente me engañó para venir aquí porque no quería a Candy. ¿Cómo le dices a tu mejor amiga algo así?

- Oh… no sabía…

- Oye, ¿Sabes qué, Tom? Vete, ¿Ok? Tengo que recoger y lo único que necesito es salir de aquí.

Tom decidió hacer caso a Susana y salir de allí, pero quería hablar con una persona primero.

Encontró a Candy sentada en el piso del hueco de la escalera, con una expresión completamente miserable.

- ¿Susana te ha enviado aquí para hablar conmigo? – Le preguntó ella.

- No. Lo creas o no, en realidad he venido aquí por mí mismo.

- Normalmente, no estaría así de cerca de ti sin una vacuna antitetánica.

Tom evaluó la posibilidad de dejarla allí sola, pero optó por sentarse a su lado.

- Mi… mi madre, más o menos nos dejó hace un par de meses. Sólo mi… mi padre y mi hermana no ven en verdad que porque nos dijo que tuvo que marcharse durante el verano para seguir su sueño de ser una artista. Pero ya no es verano…y ella aún está por ahí fuera. Y eso es todo lo que parece importarle ahora mismo. Cada vez que voy a verla me digo a mí mismo, esta vez, voy a decirle lo que pienso. Esta vez voy a mirarla a los ojos y decir… "Puedes venir a casa o bien marcharte para siempre" Así que ahí estaba, el otro día mismo. Estaba sentado al otro lado de la mesa, mirándola directamente a los ojos… y no dije nada.

- ¿Por qué no?

- No lo sé. Pero ojala lo hubiese hecho. Porque aunque no hubiese cambiado nada, sabría cómo me siento.

Candy escuchó cada palabra que Tom había dicho con atención, y todo aquello le sirvió para pensar en su propia vida.

Terry aún estaba sufriendo los efectos de la noche anterior cuando se llevó una gran sorpresa cuando al abrir el cajón donde había guardado sus pertenencias más valiosas, se encontró con que estaba vacío, y solo un nombre vino a su mente en ese momento.

- Oye, sin teléfonos – Le dijo Neil a Tony cuando intentaba contestar un mensaje de Terry.

- Claro. Lo siento – Volvió a concentrarse en la mesa de póker.

- ¿A cuánto subes?

- 5000 dólares.

- Eso es una bestialidad, amigo.

- Probablemente deba abandonar mientras estoy en cabeza. He tenido una buena racha, además, es mejor abandonar mientras estás ganando.

- Yo no. No voy a dejar que hagas eso, hermano. La mesa está a punto de reducirse. Van a empezar a enseñar sus verdaderas cartas. Hasta ahora han sido cartas pero – Neil miró a cada uno de los hombres en la mesa – Desde ahora, es una aventura… solo un par de manos más.

- Está bien, caballeros – Dijo uno de los hombres – Suban apuestas.

- De acuerdo – Aceptó Tony.

- ¡Adelante!

Las cartas comenzaron a repartirse, y el juego continuó.

- Un as, caballeros.

- Primera apuesta.

- 5000 dólares – Apostó uno de ellos.

- 5 para verla.

- Oye, no tengo ese dinero – Murmuró Tony a Neil – Ve su apuesta.

- Es todo cuestión de suerte – Le contestó – Hey, chicos, ¿Les importaría si da una señal?

Los hombres se miraron entre sí y después de unos pocos segundos le entregaron una libreta y un bolígrafo.

- Mira, no creo que sea una buena idea – Tony solo deseaba marcharse de allí.

- Si vas a arriesgarte alguna vez, empieza ya – Le acercó la libreta – Si no, ¿Dónde está el punto de esto?

Tony miró las cartas y anotó una cifra en la libreta.

- Que sean 10000 dólares – Arrancó la hoja y la depositó sobre las apuestas.

- 5 para verla.

- Enseña las cartas – Le dijo uno de los hombres a Tony, quien dejó caer dos seis sobre la mesa.

El otro hombre sonrió cínicamente y jugó sus cartas.

- ¡Trío de ases! El trío de ases se lo lleva.

- ¡Oh, Dios! – Tony tomó su cabeza con las manos – Es injusto – Le dijo a Neil – Me dijiste que lo hiciera.

- Es la suerte de la mano, amigo mío – Le contestó él – Tenía tres ases.

- Mira, no se… puede que me lleve un poco conseguir el dinero – Dijo con nerviosismo.

- Espera, espera, espera – Neil parecía impaciente - ¿Un poco? – Río lascivamente – Vamos… chasquea los dedos.

Tony miró a Neil fijamente, y luego a los hombres a su alrededor.

- Espera un momento – Entonces lo comprendió todo - ¿Estás metido en esto con estos tipos? – Lo tomó del cuello, completamente enfadado - ¿Me jodiste? ¿Me la estás jugando.

- Oye, oye, espera.

Los demás hombres saltaron de sus asientos, presintiendo que una pelea estaba a punto de comenzar.

- Supongo que eso es un sí.

- Dales es dinero – Le aconsejó Neil – Ese dinero no significa nada para ti. Estos tipos no están jugando, pero nadie tiene porque salir herido… estoy intentando ayudarte.

- Sí, eres un verdadero amigo – Dijo alguien a sus espaldas.

- ¿Quién te ha dejado entrar, Grandchester?

- Me tendió una trampa – Se quejó Tony.

- Nadie lo obligó. Tu chico perdió sin trampas.

- ¿Sí?

- Mira, si no les das el dinero ya les diré a todos donde vives y ellos mismos podrán ir a pedírselo a tu papito ¿Qué opinas de eso?

- Mira, mira – Terry se acercó a Neil y le habló casi en un murmullo – Tienes mi reloj y mi bola. Te los puedes quedar. Ocúpate de estos tipos. Yo no llamo a la poli… y nos vamos de aquí.

Neil comenzó a sudar, pues no le quedaba más opción.

- Está bien. So… solucionado.

Los hombres soltaron a Tony y lo dejaron ir.

- Voy a transferirte el dinero y rezar para que el capitán no se dé cuenta antes de que me invente algo para devolverlo – Le dijo Tony, sentado frente a su computadora para hacer la transferencia.

- No tienes que devolvérmelo ¿Sabes? Me refiero a que valió la pena cada centavo por ver lo último de ese tipo.

- No, quiero hacerlo. De verdad. Gracias – Terry asintió, y Tony comenzó la transferencia – No puede ser.

- ¿Qué pasa?

- Dice que tengo la cuenta en cero.

- Tal vez estés mirando la cuenta que no es.

- No, no, no, no. Tiene que haber un error. Entré en esta cuenta el mes pasado y ponía que tenía casi 200000 dólares.

Algo tenía que estar pasando, y una llamada lo sacó de dudas.

- El saldo de esa cuenta se liquidó hace semanas – Le dijeron.

- ¿Se liquidó? – Preguntó extrañado - ¿Quién la liquidó?

- Tu padre. Dijo que había hablado contigo.

Tony cortó esa llamada completamente consternado. ¿En qué clase de problemas estaría metido su padre para haber necesitado ese dinero?

Candy volvió a donde su madre estaba trabajando. No quería perder la oportunidad de hablar con ella.

- Candy, cielo – Le dijo Laurel con tono desesperado – Ha habido un terrible error, ¿Te gustaría recuperar el trabajo?

Pero ella se dirigió a Rose.

- ¿Preferiste escoger a Susana en vez de a mí? – Le preguntó enojada. Rose la miró con consternación – Podrías haber escogido a una desconocida, no tenías por qué haber escogido a mi mejor amiga. ¿No pensabas que me daría cuenta?

- Te lo iba a contar esta noche… cenando. No… no había una decisión correcta. No… no… ¡No había tiempo! Sé que puedes entenderlo. No se llevó bien. Todo… de principio a fin.

- Quieres que esté de acuerdo contigo.

- Bendel´s legitimará esta compañía. Lo llevará todo al siguiente nivel. Ya sabes lo duro que he trabajado por ello. Siempre has sido mi mayor apoyo, mi mayor fan.

- Soy tu hija.

- Y como mi hija sabía que me perdonarías, con el tiempo. Pero, ¿Y si mi compañía hubiese perdido el trato por tu culpa? Nunca me lo hubiese perdonado a mí misma.

- Espero que nunca lo hagas – Le dijo Candy antes de irse.

Y no te he contado nada… pero en la vida de toda chica llega un momento en el que se da cuenta de que su madre podría estar peor que ella.

- ¿Aún estas aquí? – Dijo Susana a Tom en cuanto lo vio llegar a ella con una bandeja.

- Sí, bueno, pensé que no me podía ir sin traerte algo del bufé. Emmm… y sin decirte que lo siento por haberte juzgado.

- Bueno, yo siento haberte dado razones para ello… Oye, ¿Qué tal si me vuelves a pedir que salga contigo?

- ¿Qué tal si tu apareces de verdad?

- Ok – Rió ella – Sin dramas, sin interrupciones. Lo prometo.

- El viernes. A las 8.

Pero alguien más llegó hasta allí para arruinar la escena de reconciliación.

- Creo que podemos aceptar los términos – Les dijo Candy a ambos, dirigiéndose luego a Tom – Pero no puedes ponerte esos zapatos – Negó con la cabeza – O llevar ese pelo.

Tom rió.

- Ok, nos vemos – Besó a Susana en la mejilla y se retiró.

- Así que tenías razón – Le dijo Susana a Candy.

- Lo sé.

- Cuando me llamaron, debería haber sabido que tú no tenías nada que ver con ello. Y para empezar, no debería haberte presionado para que hicieras esto.

- De hecho – Sonrió Candy – Me alegro que me presionaras. Acabó siendo un día muy importante para mí. Solo que… creí que habría mucha más diversión.

- Lo sé. Yo también - Ambas se unieron en un fuerte abrazo – Oye, ¿sabes qué? ¿Quién dice que no la pueda haber todavía? Vamos – Se dirigió al perchero y sacó todos los vestidos de Rose, para luego tomar un taxi al Central Park y realizar su propia sesión de fotos.

Así es, S y C cometiendo un crimen contra la moda ¿A quién no le gusta un descuento de cinco dedos, especialmente si uno de esos dedos es el del medio?

Todo el mundo sabe que no se puede escoger a la familia. Pero sí se puede escoger a los amigos. Y en un mundo regido por dinastías y cuentas bancarias, se paga por tener un amigo.

Por mucho que tu mejor amiga pueda mandarte de paseo, no se puede negar que todos seríamos un poco menos ricos sin ellos. Y Susana y Candy… son las mejores siendo mejores amigas.

No, no es que tenga una lágrima en el ojo, es que tengo alegría. Sin ustedes, no soy nada.

You know you love me… xoxo Gossip Girl.

Continuará…