Lo prometido es deuda y yo les prometí que el fin de semana me venía con un nuevo capítulo... Tambien les prometo, como deuda del que me quedó pendiente en el medio de la semana pasada, un capitulo doble para el proximo viernes o sábado... bueno, los dejo leyendo, porque como bien dicen en ingles: TIME IS MONEY... EL TIEMPO ES UN MANÍ...


Luego de tres días, se levantó en una de las camillas de la Enfermería, con una venda en la cabeza que casi no lo dejaba moverse. A su lado estaba la adorable Emma Granger, tapada solo con una manta dormía plácidamente. Al menos no había perdido la memoria. Recordaba todo lo que había pasado: la pelea contra Severus, el hechizo que le daba de lleno a Emma, ella culpándolo frente al director, el cálido despacho de McGonnagall, el horroroso castigo, la enorme pérdida de puntos, la pérdida de James y Remus en uno de los pasillos, el reencuentro con sus primas, y, finalmente, el horroroso golpe en la cabeza. Luego de eso, una mancha negra aparecía en sus memorias, para encontrarse en ese lugar tan monótono.

Le dolía la cabeza, más bien el lugar donde se había propinado aquél golpe. Por alguna razón tenía ese vendaje, ¿habría sido un golpe grave? Sus ojos se posaron en la inmóvil chica, que dormitaba en una silla a su lado. Estaba tan angelical, emanaba tanta paz de ella con solo verla. La chica se movió, sorprendiendo de sobremanera a Sirius, causando que se arrojara en su almohada y se hiciera el dormido. Hubo unos momentos de silencio en los que la curiosidad lo mataba, pero sabía, por alguna extraña razón, que la chica lo estaba observando. El silencio se acentuaba cada vez más, sofocando la duda de Sirius.

-Lo lamento tanto –dijo la muchacha. Su voz se oía muy triste, como si hubiese estado llorando-. Es mi culpa, lo lamento tanto Sirius –la chica comenzó a llorar desconsoladamente, apoyándose en la cama donde yacía el joven. "Un momento" pensó el chico "¿Cómo sabe mi nombre si nunca antes nos habíamos presentado?". La duda lo asaltaba, y lo único que atinó a hacer en esa situación fue simular un bostezo y comenzar a despertarse y desperezarse.

Emma, al instante corrió su rostro y se secó las lágrimas. Sirius entonces se incorporó en su cama y miró a su alrededor. Debía parecer que no se había levantado antes, y para eso debía actuar lo mejor posible. Se tocó la cabeza que aún le dolía y miró a la chica. Ella lo miraba radiante, como si hubiese vuelto a ver el sol luego de mucho tiempo de oscuridad. De la nada, Emma salió corriendo de allí, dejando a un atónito y mareado Sirius Black tendido en la camilla. Luego de unos instantes, regresó con una bandeja llena de comida y bebidas.

-Me imagino que debes tener hambre, ¿no? –lo único que pudo hacer fue asentir, mientras la chica le encestaba la bandeja en su falda y le acercaba unas tostadas con mantequilla a la boca. Estaba tragando y volviendo a probar bocado, cuando vio en la puerta de la enfermería a todos sus amigos entrando, con unas sonrisas radiantes en sus rostros.

-¡Cornamenta, Lunático, Colagusano! ¿Qué andan haciendo por aquí? –Sirius hizo una pausa a su comida para saludar a sus amigos y luego volvió a su desayuno.

-¡Vaya que tienes hambre, amigo! –rió James.

-¿Y qué te esperabas de alguien que ha estado internado durante tres días? –Sirius tosió y tosió, hasta que la comida que tenía atragantada pasó por su garganta. ¿Cómo que tres días? Nunca había pensado que hubiese estado allí tanto tiempo. Miró asustado a sus amigos, y ellos le miraron de la misma manera, a excepción de Emma, que lo miró graciosa. Las palabras de Peter rondaban en su cabeza sin cesar. ¿Tres días? Era imposible.

-¿Qué me ocurrió? ¿Por qué he estado tanto tiempo aquí? ¿No fue solo un hechizo que me desmayó? –las preguntas se atolondraban en su boca, queriendo salir en manadas de letras y signos.

-Cuando Bellatrix te hechizó –contó Emma, ya más seria y con la cabeza gacha-, chocaste contra la pared de piedra y te abriste un corte en la cabeza –la muchacha había parado; nuevamente su voz era entrecortada por el llanto y ya no pudo continuar-. ¡Fue mi culpa!

-Hey, nadie tiene la culpa –la consoló Remus, abrazándola tiernamente. Sirius comenzó a sentir nuevamente al monstruo de los celos que hervía en su interior, derritiendo vivo a su amigo. Se contuvo a sí mismo y esperó a que alguien siguiera hablando.

-¿Cómo te… te sientes? –la chica se había separado de Remus y con unos ojos tristes llenos de lágrimas lo miró a Sirius. Esos ojos.

-Estoy… mejor, supongo. Me duele un poco la cabeza, pero eso es todo –Sirius se levantó un poco de su cama, quedando sentado, e inmediatamente Emma se arrojó a sus brazos y lo abrazó, llorando en su hombro.

-¡Lo… lamento! ¡Fue todo… mi culpa! –lloriqueó la muchacha. Sirius la abrazaba bajo la mirada tierna y misteriosa de sus amigos Remus y James. En un acto casi reflejo, Sirius acarició la cabeza de la chica para tranquilizarla y calmarla un poco. No pudo evitar cerrar los ojos ante aquel contacto. Un calor más fuerte lo invadió, y se sorprendió al sentir sus mejillas ardiendo. El abrazo fue cortándose de a poco.

-Bueno, Emma, creo que ahora te toca descansar a ti –dijo la voz de Remus, palmeándole la espalda a la chica.

-No, yo estoy bien chicos, no se preocupen –el llanto había desaparecido de la cara de Emma, quien miraba graciosa a todos los que allí se encontraban.

-¿A qué se refieren? –Sirius era el único que no entendía muy bien las palabras de Remus.

-Emma se quedó a acompañarte desde que se levantó de la camilla –rió James. La cara de Sirius ardía. "¿Se quedó a acompañarme?" pensó Sirius mientras veía a la chica, que trataba de esconder la cara.

-¿En serio? ¿Te quedaste aquí todo el tiempo? –realmente no lo creía. Algo debía hacer para apagar ese fuego que lo invadía, pero ¿qué podía hacer? Lo único que se le ocurrió fue fingir seguir estando con hambre y comer y tomar su desayuno.

-¿Sabes que hablas dormido? –preguntó la chica, pasando a otro tema y dejando a todos muy intrigados, incluso al mismo Sirius Black- Recuerdo que ayer comenzaste a llorar dormido y a gritar "No les hagas nada" –Sirius estaba helado: recordaba perfectamente el sueño que había tenido, lo único que lo preocupaba era haber declarado su amor en voz alta o mientras la chica estuviera despierta.

El sueño que había tenido lo volvía a invadir una vez más. Había sido tan real, casi hubiese jurado que lo había vivido en una realidad paralela. El momento que relataba Emma fue lo primero que pudo acordarse: estaba frente a Bellatrix y a Snape y detrás de ellos estaban Peter, Remus, James y Emma siendo retenidos por Lucius Malfoy, Narcissa, Crabe y Goyle. Los gritos de agonía de sus amigos se hacían oír a la distancia luego de que las maldiciones tocaran sus cuerpos. De la nada, Snape se alejaba y se acercaba lentamente a Emma. Trató de impedirlo, de alcanzarlo y detenerlo, pero una especie de fuerza invisible no lo dejaba continuar. Snape tomó la pera de la chica, haciendo que levantara la cabeza. Una vez que sus caras se hallaron casi a la misma altura, Snape besó a Emma y ésta le correspondió el beso. Luego de unos momentos, Bellatrix se acercó a sus compinches y comenzaron a mirar de forma macabra a James, Remus y Peter. Las maldiciones se oyeron nuevamente, retumbando en la frío en interminable habitación, al igual que los gritos de sus amigos. Fue en ese momento cuando ya no pudo más, y con los ojos llorosos gritó que no les hiciera nada.

-¡Ey! ¡Sirius! –las voces de sus amigos lo volvieron en sí. Estaba verdaderamente pálido, más incluso que el mismísimo Quéjicus. Estaba sudando y a punto de llorar. Un escalofrío recorrió su espalda, pero desapareció luego de que una mano cálida y afectuosa se posara en su mejilla. Sus ojos volvieron a cerrarse, como cuando había podido tocar su pelo, el de Emma. Por instinto, tocó esa mano con la suya y otro escalofrío lo recorrió a todo su ser, pero esta vez, un escalofrío más agradable. Abrió sus ojos y miró a la chica. Era tan angelical su mirada, tan perfecta su figura, tan preciada su presencia. Solo una palabra suya bastaba para que el mundo de Sirius volviera al color y se despidiera del olvido.

-Canuto –interrumpió James. Había momentos en los que deseaba decirles a sus amigos cuán inoportunos eran. La chica desvió su mirada y Sirius volteó su cara a su amigo, que lo miraba con seriedad-, ¿no te diste cuenta qué día es?

-¿Por qué habría de saberlo? ¿No te acuerdas que estuve internado durante tres días y perdí la noción del tiempo? –había veces en las que sus amigos no se daban cuenta de la situación, pero no podía decirles nada, porque él tampoco era perfecto.

-Lo llevas anotando desde que llegaste, es imposible que te hayas olvidado –nuevamente el tonito misterioso en la voz de su amigo. ¿Por qué no le decía de una buena vez qué era lo que tenía que acordarse?

-¿Qué cosa? ¡No sé de qué estás hablando!

-¡DE REMUS! –gritó James, y fue ahí cuando se dio cuenta de que aquel día se transformaría su amigo. "Ahora entiendo por qué no lo decía y ya" se decía a sí mismo "¡Está Emma presente!".

Las ideas más descabelladas pasaban por su mente en los momentos menos oportunos y amaba que le pasara así.

-Oh, ehmm… Emma, ¿me dejarías hablar un momento con los chicos a solas? –la chica asintió y desapareció de la habitación, no sin antes despedirse de todos. Por alguna extraña razón, los llamó a todos por sus nombres.

-Oigan, y si… -la duda lo invadió, sabía lo que iban a decir sus amigos sobre su idea. Tomó aire y continuó-. ¿Y si invitamos a Emma a que se nos una esta noche?

-¡¿ACASO ESTÁS LOCO? –Remus había saltado como loco, sorprendiendo a todos los merodeadores restantes- ¡No y no, nunca!

-Pero ¿por qué no? Digo, es muy inteligente, quizás nos pueda ayudar con tu problema peludo –ahora ya no era Remus el que negaba, sino también James y Peter, quienes miraban preocupados a Sirius.

-¡NO VOY A PONER EN PELIGRO A EMMA SOLO PORQUE A TI TE GUSTA! –gritó Remus, esta vez no iba a haber quien lo parara. Sirius bajó la cabeza y asintió. Sus amigos tenían razón, ¿cómo podía ser tan idiota y tratar de poner en peligro a la primer chica que lo quería realmente?

Unos pasos se escucharon y, luego de unos momentos, llegó corriendo Madame Pomfrey. Estaba alterada y con la cara preocupada miró a Sirius.

-¿Qué fueron todos esos gritos? Debo recordarles que no es horario de visitas –su voz estaba realmente trastornada y sus ojos como platos miraban fijo a todos los chicos.

-No pasó nada señora Pomfrey –aseguró Remus, mirando fijo a Sirius-. Nosotros ya nos íbamos.

Madame Pomfrey asintió con la cabeza y les dio paso a los muchachos, que abandonaron la Enfermería en cuestión de segundos.

-Señora Pomfrey –llamó Sirius, realmente quería saber si podía salir para la noche. La señora se dio la vuelta y miró a Sirius a los ojos-, ¿cuándo podré irme de aquí? –la señora meditó al respecto unos dos segundos.

-Creo que para mañana estarás bien. Aunque yo recomiendo que te quedes unos días más.

-Por favor, señora Pomfrey, ¿no me dejaría irme hoy? La próxima vez que me quede le aré caso, pero déjeme salir hoy, por favor –ya no sabía qué decir para que le dejara salir esa misma tarde. Realmente era importante que él estuviera en la transformación de aquella noche. Era vital, no podía estar en otro lugar más que en la monstruosa Casa de los Gritos esa noche.

-No lo creo, jovencito.

¿Qué más podía hacer para que lo dejara salir ese día? Estaba en sus cavilaciones, cuando por la puerta entró Emma y llamó un momento a la señora Pomfrey. ¿De qué estarían hablando? ¿Qué se proponía la chica ahora? De la nada, la señora Pomfrey asintió y se dirigió hacia donde estaba recostado.

-¿Por qué no me habías dicho que debías ir con Dumbledore hoy? ¡Si me hubieras dicho que el director te necesitaba te hubiese dejado salir en un momento! –esperen un segundo, ¿qué estaba pasando? Sirius miró con intriga a los ojos miel de la chica, quien le guiñó un ojo y le sonrió de lado, al más auténtico estilo Sirius Black, haciendo que éste casi se derritiera.

Rápidamente, el vendaje fue retirado y, luego de los "últimos estudios" de Madame Pomfrey, se retiró junto con Emma rumbo a la torre Gryffindor: sabía muy bien que sus amigos se encontrarían allí. Pero, aún así, ¿cómo sabía la chica que quería, o más bien tenía, que salir de ese lugar para la tarde o antes? La pregunta lo carcomía por dentro. "¿Le pregunto?" pensaba intranquilo mientras caminaba lentamente junto a Emma. Se detuvo en seco y miró a la chica, que había seguido caminando y luego de unos momentos se había dado cuenta de que no avanzaría más.

-¿Te puedo preguntar algo? – la muchacha asintió. La duda estaba cada vez más cercana a su develo, pero una nueva pregunta, mucho mejor planeada que la anterior, se formó en sus labios, dejándolo con más dudas que antes- ¿Por qué te quedaste con migo en la Enfermería? –era como si su propio ser no quisiera saber la verdad sobre la realidad, sino la verdad sobre los sentimientos de aquella misteriosa chica.

-Creí que era mi deber ayudarte. Después de todo, tú nos ayudaste a mí y a Severus a vencer al dúo Black -¿cómo es que podía en un momento enfrentarse a ellos y en otro hablarle como si fueran amigos de toda la vida? Severus; cómo le causaba repugnancia ese nombre. Realmente no podía creer que una chica tan amable y simpática podía ser amiga de Quéjicus.

-¿Sólo por eso? –volvió a preguntar. Ahora que al fin estaban solos, iba a aprovechar todo el tiempo que durara ese momento. Se acercó a la chica y le quitó de la cara un mechón de pelo que le caía. El rubor no subió a sus mejillas, sino a las de ella, quien trató de esconderlas tras su enmarañado y tupido cabello- ¿Sólo creíste que era tu deber? Se sincera –las palabras se soltaban solas, como si ya hubiese planeado todo lo que diría.

-Te debía la vida. Yo sentía que te la debía. Me ayudaste a salir viva de una situación muy riesgosa que involucraba a tu prima. Eso, para mí, es deberle no solo la vida a alguien, sino también el alma entera –esas palabras llegaron al corazón de Canuto, quien sonrió y abrazó a Emma. Tenía una confianza única en esa chica, la primera en la que podía confiar. De pronto, la batalla contra los Slytheryns y el recuerdo de la chica peleando en su contra volvió a su cabeza. Esperen un momento, ¿qué rayos estaba haciendo él allí, abrazado con aquella chica, que tantas veces les había hecho la contra a él y sus amigos? Verdaderamente, no lo entendía, y tampoco pretendía entenderlo. Solo el estar allí con ella hacía que lo demás no importara en lo más mínimo.

El abrazo se fue soltando de a poco, hasta que ambos quedaron frente a frente a tan solo unos diez centímetros de distancia. Las palpitaciones iban en aumento en el pecho de Sirius, que sentía como si su corazón fuera a escapársele de la boca. Su respiración se agitaba. La chica lo miró unos segundos solamente, luego corrió la mirada, pero solo eso bastó para que un impulso se despertara en el alma de Sirius. Miró a la muchacha que esquivaba su visión y tomó su barbilla, haciendo que ella lo mirara. Esos ojos, ¡oh, esos ojos! Tan solo verlos era un pecado para cualquier hombre. Esas mejillas, que divinas, que perfectas se veían cuando el rubor las cubría. Esos labios. Esos labios rosados que podían dejar sin sueño a cualquier hombre. El solo pensar en ellos era pecado; el solo imaginarlos, una condena a muerte. El solo tocarlos se compararía con la llegada al paraíso. Sirius ya no podía más, su ser le exigía que terminara con la distancia que los separaba. La miraba. El tiempo pasaba y ellos tan solo se miraban. Cuando sintió que su corazón no podía más y quería saltar de su pecho, acercó su cara a la de Emma. Solo unos centímetros de aire había entre ellos, se miraban. Cerró los ojos y acercó sus labios a los de la chica, sellando así un beso puro de amor y de ternura.