Y aquí la última parte de la trama! Disfrutad ^^


Ocho meses después, toda China estaba emociona. La guerra había terminado y habían vencido, era digno de celebrar. Bailes por todo el imperio, espectáculos, fiestas... Todo era alegría, todo menos la vida de una joven taiwanesa. Mei Zi Shu se encontraba en su palacio a escasas horas de su boda. Desde que supo lo de Yao nada le importaba, le daba igual con quien casarse, qué hacer, ella ya no podría ser feliz, hasta había perdido su hermosa sonrisa, una sonrisa tan bella que enamoraba simplemente con mirarla.

Al verse en el espejo no podía reconocerse. Su rostro era totalmente blanco, sus ojos habían sido bordeados con una fina línea negra de tinta, alargando la silueta del mismo. Sus labios ahora eran rojos como las rosas, y su preciado cabello había sido recogido en un insostenible moño decorado por una especie de corona, típica de esta festividad. Hasta había reemplazado su querido vestido rosa por un ajustado kimono rojo de seda. Era totalmente otra persona.

-¿ No te ves bella, Mei-san? Pareces incluso mayor - Dijo su orgullosa "estilista".

- Soy mayor, tengo 19 años... pero gracias de todos modos... supongo...

- Mei, cuida tus modales. Dentro de dos horas serás la esposa de un importante japonés, debes saber ser agradecida.

-Sí, madre... - Y sin más motivación que la de acabar ese rídiculo espectáculo de una vez por todas, Mei se encaminó al jardín en el que todos la estaban esperando para comenzar su boda. La verdad es que estaba todo perfectamente dispuesto para una tradicional boda. La gente en kimono, los farolillos colgando, el altar con un dragón... hubiera sido una boda perfecta de no ser porque el marido no era Yao.

Mientras tanto, en las ajetreadas calles de China, un caballo desbocado corría sin cesar. La gente se apartaba asustada, el caballo iba tan rápido que hasta saltaba lo que se pusiera en su camino. Seguramente hubieran dicho que era un caballo maldito, pero el que así lo guiaba era su jinete, alguien que tenía demasiada prisa.

(Día anterior)

Un joven y apuesto guerrero cabalgaba tranquilamente entre las calles de China, volver a casa y ver tanta alegría animaba a cualquiera, y más a alguien que había pasado el último año peleando en un lugar tan alejado y hostil. Al ver su insignia de guerreo, mucha gente se paraba a felicitarle, saludarle, e incluso charlar con él. Un amable hombre mayor hasta le invitó a tomar té en su casa a cambio de que le contara algunas batallitas. Yao tenía prisa por volver a casa pero un descanso no le vendría nada mal. Habló con ese hombre de todo lo ocurrido, de como les prohibían enviar cartas o hacer nada que no fuera vigilar el refugio. De la emboscada que tendieron a los enemigos y de cómo, desgraciadamente, esa emboscada supuso también el sacrificio del pelotón.

- Y dígame joven, ¿Entonces es uste del pelotón Dragón Rojo? Pero, ¡Si dijeron que no hubo supervivientes!

- ¡E-eso no puede ser! ¡Yo y dos compañeros más escapamos de la avalancha, aru! ¿Quiere usted decir que toda China piensa que hemos... muerto?

- Pues... a decir verdad... hasta que vayan a ver personalmente al emperador, me temo que así es.

- ¡Eso es horrible! Tengo que ver a mis padres y decirles que estoy bien, ¡y a Mei!

- M... ¿Mei? ¿Te refieres a la princesa Mei Zi Shu?

- ¡Sí! ¡Esa misma! ¿Por qué? ¿La conoce? ¿Le ha pasado algo?

- No tranquilo, está bien, de hecho mañana va a casarse, con un japonés si mal no recuerdo, dijeron algo de una alianza pero tampoco presto mucha atención a esos asuntos. - Yao empalideció y su rostro de alegría se tornó en uno de amargura.

- Señor, necesito saber a cuánto estamos del palacio de los Zi Shu.

- Pues, a un día a caballo sin parar.

- ¿Un día sin parar? Bueno, yo.. ¡Gracias por todo señor! ¡Que le vaya bien! - Y sin más, montó en su caballo y comenzó a cabalgar lo más rápido que pudo a casa de Mei. No es quisiera estar presente en su boda, o que supiera que estaba vivo antes de casarse, es que directamente no quería que se casara con otro, y ahora que estaba acostumbrado a luchar, no iba a rendirse ante nadie.

(De vuelta al presente)

La ceremonia ya había comenzado. Los prometidos estaban arrodillados en el altar mientras se recitaba el discurso, aunque lo que realmente Mei hacía era rezar por un milagro, no sabía qué, pero necesitaba algo que la salvara. Kiku se alzó como correspondía, y Mei le imitó, aunque sin alzar cabeza todavía, dicen que la esperanza es lo último que se pierde. En ese momento, un ruido ensordecedor se escuchó en la puerta, un caballo había saltado el muro y relinchaba majestuoso, alzándose a dos patas mientras su jinete se quitaba la capa, era...él. Los ojos incrédulos de la taiwanesa se posaron sobre los suyos con una mezcla de temor y alegría. Los dos se miraron fijamente unos instantes, no hacía falta más, se amaban, y lo sabían, nadie podría cambiar eso. La gente no podía creerselo, pero el jinete, sin decir nada, pasó entre la gente a caballo, acercándose al altar; Mei no podía dejar de mirarle, era como un sueño hecho realidad.

-Me prometiste que no te casarías hasta que volviera... - Dijo el joven sonriendo dulcemente a su querida amiga.

- Pensé que... habías... - Yao bajó sin decir nada y la abrazó con fuerza.

- Lo sé mi pequeña... lo sé...

Mei correspondió al abrazao y hundió la cara en su hombro, tenía tantas ganas de llorar que tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para contenerse y que no se fuera toda la pintura. Era un momento mágico, pero no todo el mundo estaba cómodo con esa situación. Kiku, el prometido de Mei, cogió a la taiwanesa por el brazo y le dijo que debían seguir la ceremonia, pero ella se opuso. Su padre se alzó molesto e intentó echar a Yao, pero fue inútil. En ese momento, el japonés sacó una sorprendentemente bien escondida katana y amenazó a Yao.

-Si no te marchas no volverás a ver la luz del sol... - Yao abrió los ojos muy sorprendido, pero no se dejaría intimidar, no después de todo lo que había luchado. Cogió a Mei por la cintura y rápidamente la subió en su caballo.

- Corre, ve al bosque de bambú, yo te alcanzo enseguida, ¡No te detengas por nada!

- Pero Yao,tú...

- ¡Corre! - Yao palmeó al caballo y este salió corriendo hacia el bosque, Mei se cogía fuertemente mientras esperaba que todo fuera bien. En cambio, en el jardín se armó un gran revuelo. Kiku y Yao luchaban cara a cara mientras la gente, espantada al ver como se mancillaba un acto tan sagrado, huía a sus casas. Los padres de Yao intentaron hablar con los de Kiku para detener la batalla, pero ellos decían que era cuestión de honor. El padre de Mei tampoco ayudaba mucho, ya que defendía que Kiku debía vengar el honor de su hija, al que según él, Yao había corrompido con falsas promesas de amor.

-No eres más que un sirviente Wang, ríndete y te perdonaré la vida.

- ¡Jamás! ¡No dejaré que Mei malgaste su vida con alguien como tú! Además, ¡Yo la amo!

- ¿Y desde cuando eso importa? Vengo de una familia noble y rica, la llevaré a vivir a mi palacio en Japón, algo que tú nunca podrás darle - En ese momento Yao sintió como le hervía la sangre y desarmó con facilidad a Kiku, llevando su espada al cuello de este.

- Para tu información, ahora soy un héroe de guerra, y da gracias a que no todo el mundo es como tú y no te decapite ahora mismo delante de tus padres.- El joven Kiku temblaba levemente por la cercanía de su espada y decidió rendirse, sus padres no se lo podían creer, al igual que el padre de Mei, quien furioso maldijo a los Wang y les despidió sin dudarlo ni un momento. Yao, aun sintiéndolo por sus padres, no le dio importancia y, tomando prestado el caballo de algún despistado invitado, cabalgó rápidamente hacia el bosque en el que le esperaba Mei.


¿Qué os pareció? Siento si no avisé antes de la brevedad de mi historia, realmente surgió como un corto que escribí por entretenimiento y para ofrecer como regalo a amiga, por lo que tampoco me extendí mucho, aunque la historia da para bastante jaja

Hasta aquí llega la trama, no quise enredarme más, pero si quieren sabes qué pasó después de la agita boda, no os perdais el epílogo!

Thanks for reading ^^

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