Capítulo 3 Oh… problemas

Las sospechas de Harry se vieron confirmadas al poco rato. Snape apareció nuevamente en la sala, y ya no estaba sonriendo.

-Harry, acompáñame un momento.

Harry, a pesar de que sabía que no tenía de qué temer, lo siguió un poco nervioso. Entraron al cuarto de Harry. Snape cerró la puerta y se volvió hacia él.

-Harry…

-¿Qué pasa? –preguntó el chico, intentando no parecer culpable.

-¿Sabes lo que me acaba de decir Edelmira? –preguntó muy serio.

-Si, creo que si –contestó Harry desafiante-. Te fue a decir que yo fumo marihuana¿verdad? Pues te diré de inmediato: es MENTIRA.

Snape lo miró a los ojos, como para ver si se traicionaba, pero Harry le sostuvo la mirada.

-¿No volviste a fumar nada, verdad? –Insistió.

Harry apretó la mandíbula, y se concentró para no tragar saliva. Pues si, se había fumado un cigarrillo a medias con Sonia. ¡Pero eso no tenía nada de malo! El problema es que no se lo podía decir, sin reconocer que había salido. Y eso era decirle en su cara que le había desobedecido.

-No. No he vuelto a fumar nada –contestó Harry sosteniéndole le mirada.

-Entonces no te importará que revise tu cuarto –dijo Snape esperando ponerlo nervioso, y descubrir así si le estaba mintiendo.

-¡Haga lo que quiera! –Lo desafió Harry, y se sentó en la silla, cruzándose de brazos-. Adelante, revise todo lo que quiera. Revise la casa entera si quiere. Y por favor, después vaya y dígale a la señora Edelmira que no vuelva a calumniarme.

Snape lo miró sorprendido. Al principio había creído que el chico estaba mintiendo. Pero ahora se daba cuenta de que parecía estar hablando en serio. Dudó unos segundos, pero finalmente decidió que asegurándose no haría ningún daño.

-Accio marihuana –dijo. Harry levantó una ceja, sorprendido. Luego se rió. Por un momento había olvidado que estaba frente a un brujo. Se había imaginado que Snape revisaría cada rincón de su cuarto, tal sabueso.

Cuando nada llegó a las manos de Snape, el brujo se quedó pensativo unos segundos. Luego miró a Harry, más tranquilo.

-Entonces me prometes que no has hecho ninguna tontería mientras estuve ausente.

-No. No he hecho ninguna tontería mientras estuvo ausente –mintió rápidamente Harry. No le quedaba otra alternativa.

Snape sonrió. Se acercó, y le acarició la cabeza brevemente.

-Siento haber dudado de ti –le dijo-. Hablaré con Edelmira, no te preocupes.

-Gracias –contestó Harry, respirando aliviado.

-¿Bajamos? –propuso Snape.

Harry lo miró, inseguro.

-¿Puede bajar usted solo? Es que he estado toda la tarde en la sala con la señora Helena, y estoy aburrido. Me gustaría quedarme aquí, leyendo un rato. ¿No le importa?

-Está bien. Como quieras.

Harry suspiró cuando la puerta se cerró tras el brujo. Se tiró en la cama, y cerró los ojos. Menudo susto se había llevado. Menudo día que había pasado. Y menuda noche. ¡Tantos riesgos y malos ratos para ir a una fiesta aburrida! Se arrepintió de haberse salido, la noche anterior, y se prometió a si mismo no volver a hacerlo.

Y, con esa promesa, dio el tema por enterrado. ¡Sin imaginarse lo equivocado que estaba! Todavía había una consecuencia de su escapada nocturna, esperando. Y no tardaría en tocar el timbre…

Harry llevaba casi dos horas leyendo, cuando llamaron a la puerta de su cuarto. Era Snape, que lo miró medio suspicaz.

-Abajo hay una chica que te busca –le informó.

Harry abrió grandes los ojos. Problemas… eso sólo podía significar problemas…

Puso cara de sorpresa, y bajó seguido por Snape. Efectivamente, en el vestíbulo, estaba Sonia. Notó que tanto Edelmira como la anciana la miraban con evidente desagrado. Antes de que pudiera hacer nada, Sonia lo vio.

-¡Hola Harry! –le dijo, acercándose. Luego le tendió la mano, y le pasó un anillo. Harry lo reconoció de inmediato. ¡Era el anillo que Sirius le había dado, el verano pasado!

-¿Qué…? –preguntó Harry, desconcertado. Pero la chica lo interrumpió.

-Anoche se te quedó. ¿No lo recuerdas? Me lo prestaste, para que me lo probara, y olvidé devolvértelo. Lo siento.

-Eh… bueno. Gracias supongo –contestó Harry. Esteba nervioso. Estaba en problemas. Rogó que la chica se diera cuenta, y se fuera antes de decir algo más que lo comprometiera.

Hubo algunos segundos de incómodo silencio.

-¿No nos vas a presentar, Harry? –preguntó Snape.

-Si. Claro. Por supuesto –contestó Harry rápidamente. Se le había secado la boca, de nervios-. Ella es Sonia, vive en la casa de al frente. Y él es… Severus Snape… es…

Harry no sabía mucho como presentar a Snape. La noche anterior, le había dicho a Sonia y sus amigos que estaba en casa de la señora Helena con el sobrino nieto de ella, que era su amigo. ¡Pero ahora no podía decir lo mismo delante de Snape!

-Soy el padrino de Harry –explicó Snape-. No sabía que Harry –dijo mirando al chico con ambas cejas levantadas (y cara de "ya conversaremos luego")- ya había hecho amigos…

-Bueno –dijo Sonia-, nos conocimos recién anoche la verdad…

Harry la miró alarmado, rogándole con la mirada que se callara. La chica pareció entender, porque dijo de inmediato:

-Bueno, ya me tengo que ir. Fue un placer conocerlo, señor Snape. Adiós señora Hartmann. Adiós señora Morales. Nos vemos Harry.

Y tras esto se fue.

-No me gusta esa chiquilla… -murmuró la anciana mirando con profundo desagrado la puerta tras la cual había desaparecido.

-Voy a ir a ponerle llave a la reja –agregó Edelmira, saliendo al antejardín.

Harry miró de reojo a Snape. Estaba muy serio.

-Harry, acompáñame.

El chico siguió al brujo escalera arriba, con sensación de "déjà vu". Y nuevamente se encontró en su cuarto, con un Snape enojado. Pero esta vez, a diferencia de la anterior, Harry no veía como salvarse.

-Dime si entiendo bien, Harry… –comenzó Snape con una voz muy tranquila-. ¿Debo entender que anoche saliste, a pesar de que te lo había prohibido y que, así todo, me acabas de decir hace un rato con un total descaro que "no habías hecho ninguna tontería en mi ausencia"?

Harry tragó saliva, y asintió.

-No te oigo, Harry –susurró Snape.

-Si señor –contestó Harry.

-Entonces… ¿Puedo asumir que anoche si fumaste marihuana, y que he quedado como un imbécil diciéndole a Edelmira que se equivocaba contigo?

El tono de Snape era peligroso.

-No señor. Le juro que no fumé marihuana –se defendió.

-Sin embargo, Edelmira afirma que esta mañana tu cabello olía a marihuana. Y, dado todo lo que has mentido hoy, estoy muy tentado de creerle… ¿Para qué inventaría ella algo así¿No estás de acuerdo, Harry?

-No lo sé –contestó el chico, desesperado-. No he fumado marihuana. Pregúnteme con veritaserum si quiere.

Snape lo quedó mirando, con una ceja levantada.

-¿Viste a otras personas fumar cerca tuyo?

-Si. O sea, mucha gente estaba fumando. Pero no vi nada raro, se lo juro.

-¿Fumaste tú algo?

Harry no contestó.

-Dime la verdad, Harry –murmuró Snape.

-Si. Sonia me convidó un poco de un cigarrillo –confesó Harry-. ¡Pero sólo fue un cigarrillo!

-¿Habías fumado antes cigarrillos? –preguntó Snape.

-No –contestó Harry, de inmediato.

-Entonces… ¿Cómo puedes estar seguro de lo que estabas fumando, chico idiota? –preguntó Snape, enojado.

Harry lo miró asustado.

-No… no lo sé… No era marihuana. No parecía… O sea, se veía como un cigarrillo común.

-Pero no tienes idea como es la marihuana tampoco –le dijo Snape, burlón.

-No –confesó Harry.

-Entonces te comportaste como un irresponsable –le dijo Snape, irritado-. Una vez más, el GRAN Harry Potter se puso a fumar algo que no conoce…

-Lo siento –murmuró Harry.

-O si… lo vas a sentir… -contestó Snape, sacando su varita.

Harry lo miró asustado. Imaginaba lo que se venía. Apretó la mandíbula, y comenzó a sentir que algo invisible le golpeaba el trasero. Intentó alejarse de la fuente, aunque sabía por experiencia que no serviría de nada. Después de algunos segundos miró implorante a Snape, pero el brujo se cruzó de brazos, sin inmutarse.

-Te lo advertí, Harry.

-Por favor… párelo ya –rogó el chico, intentando sin resultado protegerse con las manos.

Pero Snape mantuvo el hechizo. Harry, aunque sabía que se lo había buscado, quería solamente desaparecer de la vergüenza. De pronto recordó que su varita estaba en la mesita de noche. Se acercó rápidamente, la tomó, y en un acto desesperado la apuntó al brujo.

-Expeliarmus.

La varita de Snape voló por los aires, y el hechizo que había lanzado sobre Harry cesó de inmediato. Snape quedó mirando por algunos segundos su varita, que yacía en el suelo del otro lado del cuarto. Luego se volvió lentamente hacia Harry. El chico lo miró preocupado, y bajó su varita de inmediato.

-Lo siento –se disculpó de inmediato.

Snape estaba mudo. Sin responderle, fue a recoger su varita. Luego se acercó a Harry quien, asustado, retrocedió. Pero Snape solamente estiró la mano, reclamando la varita de Harry.

-No. Si se la entrego me va a volver a pegar –murmuró Harry, escondiendo su varita detrás de la espalda-. No quiero que me vuelva a pegar. Ya estoy muy grande para eso. No soy un niño¿me escuchó¡No soy un maldito niño!

Snape lo miró lívido y estupefacto unos instantes, pero luego sonrió maquiavélicamente.

-Excelente idea, Potter –susurró.

Harry abrió grandes los ojos. ¿Qué diablos se le habría ocurrido? Lo miró preocupado, luego dirigió su mirada a la puerta. Si saltaba la cama con suficiente rapidez, tal vez alcanzaba a salir antes que el brujo. Podría correr escalera abajo, y luego…

Pero no alcanzó a seguir maquinando. Snape aprovechó su distracción para arrancarle su varita de la mano. Dándose cuenta de su error, Harry retrocedió todavía más. Quedó completamente pegado a la esquina del cuarto. Pero Snape no le hizo nada. Se guardó ambas varitas en un bolsillo, y se cruzó de brazos. Harry, al verlo, se relajó un poco.

-Sígueme –le dijo Snape simplemente. Y se fue rumbo a la puerta. Harry se tardó algunos segundos en reaccionar.

-¿Qué me va a hacer? –preguntó preocupado, sin moverse.

-Te voy a dejar con Edelmira por un rato, mientras voy a Hogwarts a buscar unas cosas.

Harry miró el piso. No quería ir donde Edelmira. Se sentía avergonzado por todo lo que le había pasado ese día. Iba a preguntarle a Snape si se podía mejor quedar en su cuarto, cuando notó que el brujo se le había acercado nuevamente. Antes de que lograra reaccionar, lo había agarrado de una oreja.

-Me estás haciendo perder la paciencia, Harry –susurró. Y luego lo llevó de una oreja hacia la puerta.

-Suélteme –le dijo Harry, forcejeando-. Está bien, voy a bajar. ¡Pero suélteme la oreja!

Snape le soltó la oreja, y se fueron a la cocina. Edelmira estaba ahí, batiendo algo que parecía ser huevo, en un bowl. Los miró con curiosidad.

-Edelmira –dijo Snape-. Necesito pedirte un favor.

-Dime –le dijo ella, sin sonreír.

-Tengo que salir un momento. ¿Puedo dejar a Harry contigo hasta que vuelva?

-¡No necesito una niñera! –se defendió Harry.

-Tú te callas… -murmuró Snape.

Edelmira los miró a ambos con frialdad.

-Mira, Severus… -le dijo la señora, dejando el bowl y el batidor en la mesa con algo de violencia-. ¿No me acabas de decir, hace tan sólo algunas horas, que de Harry te preocupabas ¿Qué no me entrometiera?

Tanto Harry como Snape bajaron la vista.

-Si, lo sé… -comenzó a explicar Snape.

Harry notó que el brujo se ponía un poco colorado, y parecía muy nervioso. De pronto se sintió muy culpable, y decidió arreglar las cosas.

-Es todo mi culpa –dijo Harry, interrumpiéndolo-. Lo siento, señora Edelmira. Yo salí sin permiso anoche. Tal vez fumé, sin saberlo, marihuana. O fumaron cerca de mí, no lo sé. Pero usted tenía razón en preguntar. Y… -todavía no sabía muy bien como referirse a Snape, delante de los demás, cuando el susodicho estaba presente- bueno, él –continuó indicándolo- él solamente cometió el error de creerme cuando lo negué todo, y lo que le haya dicho lo dijo solamente porque creyó que usted estaba calumniándome. Pero no lo culpe a él. Enójese conmigo si quiere, pero no con él.

Tanto Snape como Edelmira lo quedaron mirando, cada cual más sorprendido. Finalmente Snape se volvió hacia la señora, y le dijo:

-Lo siento, Edelmira.

-Está bien –contestó ella-. Está todo olvidado.

Harry se iba a acercar a ofrecerle ayuda a Edelmira, pero Snape tenía otros planes. Lo agarró de un brazo, con el otro tomó uno de los taburetes de la cocina, y los llevó a una esquina.

-Tú, Harry, te quedas aquí sentado mirando el rincón hasta que yo vuelva –le dijo.

Harry lo quedó mirando sorprendido, conciente de que se había puesto colorado.

-¡Ni lo sueñe! Prefiero ayudarle a Edelmira –dijo Harry soltándose-. Deje de tratarme como a un niño.

-Es un castigo Harry… -dijo Snape simplemente-. O más bien, el principio de él. Vas a hacer lo que yo te diga, y créeme que no va a ser lo que tú prefieras.

No deseando provocarlo más, Harry finalmente obedeció y se sentó en el taburete. Al hacerlo le dolió el trasero, pero disimuló. ¡No pensaba dejar que nadie se enterara de lo que le había pasado! Mirando el rincón, sintió que Snape se despedía pidiéndole a Edelmira que no le dejara pararse de ahí.

El tiempo pasó lentamente para Harry. Trató de distraerse imaginando, por los ruidos que escuchaba, qué estaría haciendo Edelmira. Sintió durante mucho tiempo el "clan clan clan" de la batidora contra el recipiente, interrumpido ocasionalmente cuando, imaginaba, agregaba algo más a la mezcla o simplemente descansaba.

Ignoraba cuanto tiempo había pasado, cuando Edelmira rompió el silencio.

-Perdona que me meta en tu vida, Harry. Pero no deberías juntarte con Sonia… -le dijo.

-¿Y por qué no? A mi me pareció muy simpática –contestó Harry.

-Su casa es un antro… Viven los dos solos, con su hermano mayor. Tienen muy malas costumbres. Y sus amistades son todavía peores.

-¿Y sus padres? –preguntó Harry con curiosidad, feliz de poder distraerse conversando.

-No viven aquí, sino en el campo. Financian a sus hijos, y los dejan hacer lo que les da la gana.

"Suerte ellos", pensó Harry, pero se guardó de decirlo en voz alta.

-Pues a mi me parece que Sonia no tiene nada de malo –insistió.

-Bueno, era sólo un consejo. Tómalo, o déjalo –murmuró Edelmira.

Se quedaron en silencio. Harry lamentó su propia testarudez. Si le hubiera dicho simplemente que si a todo, podrían haber seguido conversando. Pero no… tenía que contestarle en forma pesada, y ahora aburrirse porque ella ya no quería hablarle.

Harry se acomodó discretamente en el asiento. Todavía le molestaban sus posaderas. Recordó lo ocurrido con Snape, y se sorprendió con su propio atrevimiento. ¿Locura o valentía? No estaba muy seguro. Todavía estaba sorprendido de que Snape no lo hubiese seguido castigando. Lo había provocado y, sin embargo, el brujo lo escuchó y no le siguió pegando. Estaba preocupado, eso si. Snape había tenido una idea, y cuando lo había dicho tenía la misma cara de enajenado que cuando había pedido que lo expulsaran, luego de haberse metido en su cuarto de trabajo. ¿Qué se le habría ocurrido?

Harry no lo sabía, pero la respuesta a su pregunta llegaría en no más de veinte minutos.