Capítulo 6 De los arrepentidos es el reino de los cielos

Harry estaba muy arrepentido. Decidió que no buscaría nunca más vengarse de ellos. "De ahora en adelante", se dijo, "les voy a hacer caso en todo". Pensó en lo que Snape le haría, y decidió también que aguantaría callado lo que pasara. Suponía que, aunque lo castigara por el resto de las vacaciones, aunque le diera la paliza de su vida, no intentaría contradecirlo. Después de haber casi matado a alguien, suponía que cualquier cosa que Snape le hiciera era mínimo. De ser adulto, podría haber ido a la cárcel. Tragó saliva. ¿Cómo había podido ser tan estúpido? Intentó tranquilizarse. Estaba asustado, si. Tenía razones para estarlo. Pero intentó ser razonable: había sobrevivido al Avada Kedabra, había sido capaz de resistir la maldición Imperius, había tolerado la Cruciatus, y había resistido diez años seguidos con los Dursley. Después de los tres imperdonables y los Dursley¿cómo no iba a ser capaz de resistir lo que fuera?

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Ya era muy tarde en la noche cuando unas luces rojo-azules colorearon el vidrio de la ventana. Harry se levantó a mirar, y era lo que había esperado y temido toda la tarde: una ambulancia. No llevaba sirena. Vio como bajaba Snape, y dos hombres lo siguieron. Luego bajaron a la señora Helena, en silla de ruedas. Harry sintió que se mareaba. ¿La había dejado inválida¡Oh no!

Pero no. La señora Helena no estaba inválida. Se puso de pie casi de inmediato, y amenazó con su bastón al enfermero que intentó obligarla a volver a sentarse. Harry suspiró, y sonrió. ¡Ya estaba peleando con alguien¡Eso significaba que la anciana estaba bien! Vio como entraba con paso decidido a la casa. Snape habló algo con los funcionarios, y luego entró también. La ambulancia se alejó, y Harry volvió rápidamente a la cama.

Ahora que ya todo estaba bien con la veterana, Harry se sintió menos valiente que unas horas antes. El corazón le latió con fuerza cuando escuchó los tres pares de pasos pasar frente a su puerta. Respiró aliviado cuando pasaron de largo, y su puerta no se abrió. Había temido que entraran a ajustar cuentas con él. Estaba asustado.

-Tranquilízate, estúpido… –se dijo a si mismo-. ¡Enfrentaste una dragona furiosa delante de todo el colegio¡Mataste un basilisco¡Enfrentaste a Voldemort! Por el amor de Dios… ¡Es sólo Snape¡Es sólo la señora Helena! Es sólo…

En ese instante escuchó pasos que se acercaban a su cuarto, y sus intentos por ser valiente se evaporaron. Se volvió rápidamente hacia la ventana, dándole la espalda a la puerta, y se hizo el dormido.

Lo que temía ocurrió. Se abrió la puerta de su cuarto. Apretó los ojos. Si estaba durmiendo, tal vez lo dejarían tranquilo, al menos hasta el día siguiente. Pero no tuvo esa suerte. Snape se acercó, y se sentó a su lado en la cama. Prendió la lámpara del velador.

-Harry, sé que no estás durmiendo –le dijo.

Harry abrió los ojos resignado, y se sentó en la cama.

-Lo siento –murmuró.

-Lo sé. Te conozco lo suficiente para imaginar cuanto lo sientes.

Su voz no era agresiva. Era casi… comprensiva.

-Quiero que te levantes, y te vayas a disculpar con Helena.

Harry obedeció de inmediato. Entró temeroso al cuarto de la anciana. Esta lo quedó mirando.

-Así que fuiste tú el de la bromita, malcriado… -le dijo-. Por poco y me matas.

-Lo siento. Por favor perdóneme –se disculpó Harry-. Le juro que no lo voy a volver a hacer.

-Más te vale, bribón. ¡Espérate que me sienta mejor! Cuando acabe contigo, no se te va a volver a ocurrir hacer otra tontería de las tuyas.

-Si señora Helena –murmuró Harry.

Su docilidad provocó en la anciana lo que ningún argumento podría haber hecho: se quedó callada. Cómo no decía nada, Harry rompió el silencio.

-No se imagina lo feliz que me hace ver que está bien.

-Carajo… -dijo ella, finalmente-. Ven a darme un abrazo.

Harry se acercó, y la abrazó. Cuando se separaron, la anciana le tiró una oreja.

-Estás perdonado, chiquillo. ¡Pero no te creas que te vas a salir tan bien librado! Oh, no… Ya verás.

Snape le puso la mano en un hombro, y llevó a Harry a su cuarto. Una vez ahí, Harry se sintió muy incómodo. Intentó concentrarse en todas las cosas peores que había enfrentado en su vida, para darse valor.

-¿Por qué lo hiciste, Harry? –le preguntó finalmente.

Harry bajó la vista, y no contestó. ¿Podía decirle que lo había hecho por venganza? No. Pero tampoco quería mentirle.

Snape suspiró.

-Voy y vuelvo. Espérame aquí.

Harry se fue a sentar a la cama, nervioso a pesar de todas sus resoluciones. Snape volvió pronto. Tenía un vaso con poción como el de la noche anterior, y una botellita con un liquido transparente. Harry la reconoció de inmediato. Era veritaserum.

-Toma –le dijo tendiéndole el vaso. Harry lo miró con desconfianza. ¿Lo iba a quitar otro montón de años más? Snape pareció entender su escepticismo, porque explicó de inmediato-. El efecto dura un día. Lo vas a tomar cada noche, por una semana.

Harry se la tomó, resignado, y le devolvió el vaso. Snape lo dejó en la mesa, y volvió.

-Abre la boca –le dijo enseguida.

Harry obedeció, y sintió tres gotas caer en su boca. Snape acercó la silla, para sentarse frente a él. Esperó un minuto, antes de comenzar a preguntar.

-Y ahora, Harry. ¿Por qué lo hiciste? –le preguntó nuevamente.

-Para vengarme de ella, por haberse reído de mi.

-¿Creíste que eso estaba bien?

-Si –contestó con pesar, y se echó a llorar.

-¿Todavía crees que tenías razón en querer vengarte?

-No, claro que no –murmuró Harry.

-¿Cómo fue que se te ocurrió hacer eso?

-Anoche –dijo Harry. Se pasó la mano por los ojos, pero era inútil, le seguían saliendo lágrimas-. No podía dormir. Me sentía enojado con todo, y con todos. Quería desquitarme de algún modo. De Edelmira, por meterse en mi vida y acusarme con usted. De usted, por haberme pegado, por haberme dejado en ridículo delante de todos, tratándome como si fuera un niño, y haciéndome tragar una poción que me transformaba en uno. Pero, sobre todo, quería desquitarme de la señora Helena, por haberse reído de mi, por como me hizo callar en la cocina, y por cómo sugirió un castigo que ni sé lo que es, pero que sonaba horrible. La odié por como lo felicitó a usted después de ver lo que me hizo la poción. La odié, y quise hacerla pasar por lo mismo.

Snape se agarró la cabeza con las manos.

-Continua… -susurró al ver que Harry se había quedado callado-. ¿Cómo lo hiciste?

-Bajé sin que nadie se diera cuenta. Recordaba que la señora Edelmira despertaba a la señora Helena cada mañana con una tizana que dejaba preparando la noche anterior. Saqué un poco de poción del caldero, y se la eché al jarro de la tizana. Lo revolví bien. Dejé todo tal cual. Y volví a mi cama.

Se quedaron en silencio un rato. Snape parecía preocupado.

-¿Qué voy a hacer contigo, Harry? –murmuró-. Tu falta de criterio es alarmante… Eres un peligro público. Me da terror quedarme en esta casa contigo¿sabes¡No quiero ni pensar en qué otras locuras se te puedan ocurrir!

-No voy a volver a hacer nada como esto –dijo Harry-. Se lo juro. Nunca quise matar a la señora Helena. No voy a volver a hacer nada que pueda ponerlos en peligro. ¡De verdad!

-Te creo, Harry –contestó Snape con un suspiro-. Sé que me estás diciendo la verdad. Sé que me lo dices con la mejor de las intenciones. Pero también sé que en general actúas con buenas intenciones, y terminas haciendo tonterías que te ponen en peligro a ti, o a los demás. Y tengo miedo. Temo por tu vida, y por la de los que te rodean.

-Si –murmuró Harry con amargura-. Sé que todos alrededor mío tienden a morirse por mi culpa…

-No me refería a eso, Harry –lo interrumpió Snape de inmediato-. No me refería ni a Diggory, ni a Sirius, ni a tus padres. Ninguna de esas muertes fueron tu culpa.

-No mienta –le reprochó Harry-. Sé que todos ellos murieron por mi culpa.

Snape lo miró alarmado. Si decía eso bajo el efecto del veritaserum, era que estaba convencido de lo que estaba diciendo.

-Sus muertes no son tu culpa, Harry. Sácate de la cabeza que tú ocasionaste sus muertes. Pero si pudiste ocasionar la muerte de mi tía abuela hoy. Y si pudiste ocasionar tu muerte y la de Draco, cuando fueron a esa cueva el verano pasado. Y si pudiste ocasionar tu muerte y la de Weasley y Granger cuando los arrastraste contigo tras la piedra filosofal, en primero, o cuando fueron con Weasley a la cámara secreta, o cuando los tres fueron tras Black y el hombre lobo, el año antepasado. A eso me refiero. A esas decisiones que tiendes a tomar, y que terminan poniéndote a ti y a los demás en peligro. ¿Entiendes la diferencia?

-Si –admitió Harry-. De todas esas muertes habría sido directamente culpable. Pero, indirectamente, también tengo la culpa de las muertes que si se produjeron. La de mis padres, la de Sirius, la de Cedric.

-Harry no…

-¡Si! Voldemort me quería a mi, no a mis padres. La copa la tenía que tomar yo, y no Cedric. La serpiente quería matarme a mi, no a Sirius.

-El innombrable es el culpable de esas muertes, Harry, no tú. Estoy convencido de que él estaba detrás de la serpiente que se llevó a Sirius. Es diferente¿no lo ves?

-No. No lo veo –insistió Harry-. Cuando intentamos que no se robaran la piedra, en primero, Voldemort también estaba detrás de eso¿no? Y en segundo¿no era también Tom Riddle el culpable?

-Déjame recordarte que cuando estabas en primero, no era deber tuyo ni de Weasley ni de Granger proteger la piedra. Creyeron que era yo¿no? Pues debieron habérselo dicho a alguien, y no actuar ustedes. Además, Harry, déjame recordarte también que sin ti, Quirrel no hubiera sido capaz de obtener la piedra. De modo que no sólo no la salvaste, sino que por poco y le facilitas el camino.

-Pero yo…

-Déjame terminar, Harry –insistió Snape-. Cuando te fuiste a meter a la cámara de los secretos, tampoco era tu responsabilidad.

-¡Era él único que hablaba parsel! Nadie más podría…

-¡Cállate, y escúchame! –se enojó Snape-. Si sé que tú descubriste como llegar. También sé que tú hablabas parsel. Lo comprendo. Pero debiste haberle dicho a los adultos lo que pasaba. No tenías para qué bajar sólo, acompañado por Weasley y por Lockhart, que era un perfecto inútil. Debiste haber informado. Habríamos bajado contigo. ¿Entiendes a lo que me refiero? Aún estando el Innombrable involucrado, no es tu responsabilidad. ¿Te queda claro?

-Si.

-Entonces. ¿Crees que Sirius, Diggory, y tus padres murieron por tu culpa?

Harry dudó unos segundos.

-Un poco.

Snape resopló, molesto. No lo había convencido, pero ya iban en camino.

-¿Y crees que has puesto en peligro tu vida, además de las de Granger, Weasley, Draco y la señora Helena?

-Si.

-¿Y crees que eso está bien?

-No.

-¿Y piensas que vale la pena evitarlo, de ahora en adelante?

-Si.

-¿Evitarás, de ahora en adelante, poner en peligro tu vida y la de los demás?

-Si.

-Está bien. Espero que recuerdes esto la próxima vez que tengas otra de tus brillantes ideas, Harry.

Snape finalmente se puso de pie. Dejó la silla nuevamente junto a la mesa.

-Ahora duerme. Mañana seguiremos hablando.

Y tras esto apagó la luz, y se fue. Harry se quedó pensando en todo lo que habían hablado durante un largo rato, hasta que al fin se quedó dormido.

AN: Aprecio mucho los comentarios ;-)