Capítulo 8 La visita
Harry se despertó al día siguiente cuando Edelmira entró con la bandeja del desayuno. Ella le sonrió, al ver que abría los ojos.
-¡Buenos días, Harry¿Cómo dormiste?
-Bien… -gruñó Harry, rascándose.
La mujer hizo a un lado, con una mano, los libros y pergaminos de la mesa. Harry, al darse cuenta de que apenas sostenía la bandeja con la otra mano, saltó de la cama para ayudarle. Acomodó los libros en una pila, y Edelmira pudo poner la bandeja en la mesa.
-Gracias señora Edelmira –le dijo. Ella le sonrió, mientras abría la cortina para que entrara la luz.
Harry se sentó a tomar desayuno, sin pensar, y se tuvo que poner rápidamente de pie. Recordó la furia de la anciana, y volvió a sentarse con más cuidado. Edelmira lo quedó mirando, con cara de pena.
-¿La señora Helena? –preguntó comprensiva.
-Si –murmuró Harry, poniéndose colorado.
-Tu padrino salió por el día –le informó ella, cambiando de tema-. Dejó dicho que no te dejáramos aprovecharte de eso, para salir de tu cuarto.
-¿Adónde fue? –preguntó Harry con curiosidad. Edelmira se encogió de hombros.
-Ni idea.
Harry continuó comiendo, tratando de imaginar dónde habría ido Snape por todo el día. Edelmira se dirigió a la puerta.
-Más tarde vendré a hacer aseo en tu cuarto –le informó antes de salir.
Harry observó su dormitorio, y sintió un poco de vergüenza. Aparte de la cama deshecha, había ropa tirada en el piso, su baúl estaba abierto y con cosas desparramadas alrededor. Las cosas que había usado el día anterior para hacer sus deberes estaban todas apiladas descuidadamente sobre la mesa. ¿Cómo se las había arreglado, en tan pocos días, para que el primoroso cuarto pareciera pocilga? Misterio... Lo extraño es que, durante las vacaciones de Semana Santa, casi no había desordenado nada. Aunque bueno, también era verdad que casi no había traído cosas aquella vez.
Harry, viniendo de dónde los Dursley, se sentía extraño de que alguien viniera a ordenarle sus cosas, y le trajera la comida. En Hogwarts los que hacían eso eran los elfos, no era lo mismo. El hecho de que Edelmira, una muggle, lo atendiera: eso era todavía incómodo para él. Tomó la decisión de ordenar sus cosas el mismo.
Terminó rápidamente el desayuno, que no era tan rico como el que tomaba normalmente abajo, con la señora Helena. Edelmira hacía en forma habitual galletas, pasteles o ensalada de frutas. Y le dejaban ponerle chocolate a la leche. Pero el desayuno, estando en el encierro, era más aburrido: leche sola, pan con queso, y una naranja. Probablemente era idea de Snape. Debía ser una clase de penitencia, cómo el dejarlo sin postre. Nada dulce, ninguna de las cosas tan ricas que preparaba Edelmira. Pero eso a Harry no le importaba tanto. Apreciaba fuertemente el tener qué comer, y de todos modos aquel desayuno no estaba mal.
Se puso rápidamente de pie, omitiendo la incomodidad de su zona sensible. Ordenó sus cosas, e hizo la cama él mismo. Se vistió, y guardó sus cosas del colegio dejando sobre la mesa sólo lo que usaría para el ensayo de transformaciones. Miró el resultado, satisfecho. Edelmira no podría pensar que era un niñito mimado, al que había que guardarle hasta los calcetines.
Se puso a trabajar. Pero el tema no era nada fácil. Hasta el punto en que habían visto transformaciones de objetos en otros, o involucrando animales y plantas, siempre se las había arreglado más o menos bien. Pero, a fines del último trimestre, habían comenzado con trasformaciones que involucraban energía. Harry no había entendido mucho. Más bien¡no había entendido nada! Pero, como era un tema que no alcanzaba a entrar en los TIMOS, no se preocupó mayormente. ¡Ahora lo lamentaba! Resignado, comenzó a leer el capítulo del libro, pero le resultó todavía más oscuro que lo que McGonagall había explicado en clases. Se agarró la cabeza, preguntándose qué haría.
En eso volvió Edelmira. Traía la aspiradora en una mano, y el plumero en la otra. Vio que Harry había guardado sus cosas, y le sonrió.
-¿Qué te pasa? –le preguntó al verle la cara de angustia.
-Uno de mis deberes. Es de una materia que no entiendo –contestó Harry.
Edelmira miró el libro abierto frente a Harry, y frunció el ceño.
-Chino para mi… Sino te ayudaría. ¿Y no le puedes preguntar a tu padrino?
Harry soltó una risa burlona.
-Lleva años proclamando que soy un alcornoque, no quiero darle motivos...
Edelmira levantó las cejas.
-¿Se burla de ti? –preguntó incrédula.
-Si. Sus clases son un infierno –murmuró Harry-. Siempre me usa de ejemplo de lo que no hay que hacer, dejándome en ridículo.
Edelmira le sonrió, compasiva.
-¿Y no tienes algún amigo, o compañero, al que le puedas pedir que te explique? –sugirió.
Harry la quedó mirando. ¡Qué gran idea! Ya no vivía dónde los Dursley. Podía hablar con sus amigos.
-¡Hermione! –exclamó-. ¡Gracias señora Edelmira¿Puedo hacer una llamada por teléfono?
-Yo creo que si –contestó la mujer encogiéndose de hombros-. Se supone que sólo puedes salir al baño. Pero si es por una duda en tus deberes, supongo que a tu padrino no le molestará que salgas un momento para llamar a alguien que te explique.
Había un teléfono en el vestíbulo, y Harry no se hizo de rogar. Buscó rápidamente el número de su amiga, y corrió escalera abajo. Agarró el auricular, y marcó nervioso. Algo tan simple como llamar por teléfono le resultó sumamente emocionante.
-¿Aló? Buenos días. ¿Está Hermione?
-Harry. Un compañero del colegio.
-Ok.
-¿Aló¡Hola Hermione!
-¿Qué¡Ah si! Es que ahora que no vivo con los Dursley…
-Bien, estoy bien. Es que estaba haciendo la tarea de McGonagall y…
-¿Terminaste todo¿Tan rápido?
-¿Yo? Ayer hice entero el de historia. Pero lo último que vimos en transformaciones… no entiendo nada. Me preguntaba si tú no podrías…
-¿Podrías¿En serio harías eso por mi?
-No creo que haya problema, espera, voy a preguntar.
Harry dejó suavemente el auricular de lado, no creyendo su buena suerte. ¡Hermione le había ofrecido ir a verlo¡Que fantástico se sentía eso de que sus amigos pudieran venir a verlo en vacaciones! Pero todavía tenía que preguntarle a la señora Helena si no se oponía. Mal que mal, era su casa…
Harry se dirigió al vestíbulo, y ahí estaba la anciana: bordando su marina. Entró, y ella de inmediato levantó la vista.
-¡Ahí estás, bribón! Pensé que te tenías que quedar en tu cuarto…
-Si señora Helena. Pero estoy haciendo los deberes del colegio, y hay cosas que no entiendo. Una amiga del colegio me ofreció venir a explicarme. ¿Puede venir?
-¿Una amiga tuya¿Y por qué no podría? –preguntó la señora, con curiosidad. Harry comprendió que las cosas que para otras personas resultaban tan obvias, para él no lo eran.
-Gracias señora Helena –le dijo con una gran sonrisa, y corrió saltando al vestíbulo, muy feliz. ¡Hermione vendría a verlo¡Estaba en vacaciones, y vería a su mejor amiga! Oh, la vida era tan bella…
-¿Hermione¡Si¡Me dieron permiso¿Cuándo…?
-¿Esta tarde¡Bien¡Gracias! Nos vemos…
Harry colgó, y subió corriendo la escalera. En su cuarto, lo recibió el rugido de la aspiradora. Edelmira, al verlo entrar, apagó la máquina.
-¿Y¿Cómo te fue?
-¡Bien! Hermione vendrá esta tarde a ayudarme –le contó Harry.
-¿Hermione¿Es una de tus compañeritas de curso? –preguntó Edelmira con curiosidad.
-Si –dijo Harry con orgullo-. ¡Y es la bruja más inteligente de la clase!
-¡Guau! Que bueno –contestó Edelmira con una sonrisa.
Edelmira continuó pasando la aspiradora de forma frenética por todo el cuarto. Harry, ya que no podía hacer nada con ese ruido, tomó el plumero y comenzó a sacudir una estantería llena de adornitos (un montón de monitos de porcelana, muy gusto de mujer, y una colección de campanitas).
000
El timbre sonó cuando iban a ser las cuatro de la tarde. Harry, cómo no tenía permiso para bajar, se asomó a la ventana. Ahí estaba su amiga. Pero… no estaba sola. A su lado, cuan alto y feo era, estaba nada menos que Viktor Krum. La gran estrella de Quidditch. El… ¡Pariente de Snape!
-¡Oh…! –murmuró Harry.
¿Cómo se iba a tomar Snape la presencia de Krum? Bueno… Viktor era amigo (o tal vez más que amigo) de Hermione. Así que no tenía nada de raro que viniera con ella. ¿O si? Y, de todos modos, Snape no estaba en casa.
Vio a Edelmira salir a abrirles. Pasó un rato. Un largo rato. Finalmente, cuando ya estaba por salir a ver qué los retenía, escuchó pasos por la escalera. Entró Edelmira, e hizo pasar a Hermione. Luego sonrió, y salió cerrando la puerta. Viktor no venía con ella. Hermione se quedó mirando a la versión de Harry de 9 años, extrañada.
-¡Hola Harry! –le dijo ella inclinándose, para darle un fuerte abrazo-. ¿Qué te pasó?
-Un… un problema con una poción –explicó Harry, sin entrar en detalles-. ¿Y Viktor?
La muchacha soltó una carcajada, y sonrió maquiavélicamente.
-Es un Krum ¿recuerdas? –explicó Hermione-. Cuando entramos, nos salió a recibir la señora Hartmann -(la chica sabía quien era, por Harry)-. ¡Apenas nos presentamos, se abalanzó sobre Viktor! Lo agarró y, bombardeándolo de preguntas sobre su familia, lo arrastró con ella a la sala. Y Edelmira me dijo que tú estabas en tu cuarto, y yo la seguí. ¿Por qué no bajaste a saludar a Viktor?
En eso la puerta del cuarto volvió a abrirse, y entró Edelmira trayendo otra silla. La dejó junto a la mesa, y comentó:
-¡Qué pequeño es el mundo! Ahora parece ser que el novio de tu amiga Hermione es pariente de la madre de tu padrino, Harry.
Hermione se puso colorada, al escuchar la palabra "novio".
-¡Que coincidencia! –contestó Harry fingiendo sorpresa.
-¡En serio! –Continuó Edelmira-. Apenas la señora lo suelte, si es que lo suelta –agregó con una risita-, lo voy a traer para que lo puedas saludar.
Y tras decir esto, Edelmira se fue. Hermione se quedó mirando a Harry, extrañada.
-¿Por qué no puedes tú bajar a saludar a Viktor¿No puedes salir de tu cuarto?
Fue el turno de Harry, de ponerse colorado.
-Es que… Snape no me deja.
-¿Y por qué no te deja? –Preguntó Hermione, con curiosidad-. Y, hablando de Snape¿dónde está?
-Snape salió en la mañana, antes de que yo me levantara –explicó Harry, feliz de tener una segunda pregunta que responder, para olvidar la primera. Le avergonzaba confesar que estaba castigado-. No sé dónde fue, pero Edelmira me dijo que estaría fuera todo el día.
-¿Y por qué no puedes salir de tu cuarto? –preguntó Hermione volviendo a la carga-. ¿Y qué es ese accidente que te dejó así?
Hermione se sentó en la silla que Edelmira acababa de traer. Harry se sentó en la otra, lo más suavemente que pudo sin llamar la atención.
-¿Por qué no me contestas¿Qué pasa? –preguntó Hermione, con curiosidad. Luego puso cara suspicaz-. No me vas a decir que no puedes salir de tu cuarto, por alguna clase de castigo.
Harry se puso colorado nuevamente y, mirando el piso, asintió con la cabeza.
-¿Y qué hiciste¿Te castigaron por hacer la poción que tejó así?
-No. Es que es muy largo de contar, y no tiene importancia –dijo Harry, e intentó cambiar de tema-. ¿No prefieres que comencemos de inmediato con lo de transformaciones? Es que lo de la energía…
-¡No me cambies de tema, Harry Potter! –le dijo Hermione-. Anda, cuéntame qué te pasó.
Harry se quedó callado, con las mejillas encendidas. Hermione lo encontró bastante tierno, con esa carita de niño culpable.
-Se me hace extraño verte con ese aspecto –se rió la bruja-. ¡Ni cuando nos conocimos eras tan pequeño! Me muero de la curiosidad por saber qué te pasó…
Harry suspiró, y decidió satisfacer su curiosidad. Si no, ella no lo dejaría en paz.
-Es que hice algunas cosas que no tenía que hacer… Y Snape se enojó –comenzó a explicar-. En castigo me tengo que quedar en mi cuarto encerrado por dos semanas, y más encima me tengo que tomar una poción que me deja con este aspecto, hasta el domingo.
-¿DOS semanas¿Y a quién mataste, por favor? –preguntó Hermione escandalizada.
-Ya conoces a Snape… -murmuró Harry cómo si eso lo explicara todo.
-¿Pero qué hiciste para enojarlo? –preguntó la chica, muerta de la curiosidad.
-¡Bueno ya! –se exasperó Harry-. ¡Te lo contaré todo, si prometes que no se lo cuentas a NADIE!
-¡Te lo juro! Cuéntame…
Harry tomó aire.
-Es que la noche en que llegué, conocí a una chica –dijo Harry algo incómodo. Hermione lo miró con picardía-. Una vecina… y me invitó a una fiesta que estaba dando en su casa. Pero era de noche, y Snape me había prohibido salir de la casa. Pero tenía muchas ganas de ir, así que salí sin permiso y fui igual…
-¿Y por qué no le pediste permiso? –preguntó Hermione, como si fuera obvio.
-Es que no estaba. El asunto es que fui, y parece que alguien estuvo fumando marihuana cerca de mí. Cuando volví, Edelmira me sintió el olor, y se lo dijo a Snape cuando llegó. Él se enojó conmigo, y… bueno, me hizo tomar la poción que me tiene así. Pero la señora Helena fue tan desagradable conmigo, que me dio rabia. Para vengarme le eché de la misma poción en una tizana que se iba a tomar. Pero le hizo mal. La vino a buscar una ambulancia y todo. Y Snape se enojó conmigo de nuevo por lo que había hecho. Y ahora me tengo que quedar dos semanas encerrado.
-Harry… Que manera de meterte en líos –le respondió Hermione con simpatía. Luego se quedó pensando-. No te entiendo. A mi no se me ocurriría hacerle algo malo a una ancianita cómo ella.
-No la conoces… -murmuró Harry, con ironía. Hermione lo miró extrañada.
-A mi me pareció una viejita muy tierna.
-¡Tierna! –exclamó Harry, con burla y rabia-. ¡Sueña! Lo que menos tiene es ternura. Esa viejecita, Hermione, es una fiera. Anoche… -Harry se quedó callado, apenas se dio cuenta lo que había estado a punto de contarle. Rogó que Hermione no se hubiera dado cuenta. Sintió el calor quemarle la cara, y fue desagradablemente conciente de cierta parte que todavía le dolía.
Hermione lo miró sorprendida.
-Puede que se haya reído de ti… pero eso no hace de ella una fiera –razonó Hermione-. ¿Qué pasó anoche?
-Nada –murmuró Harry muy despacio, y comenzó a ordenar los pergaminos de la mesa para tener algo que hacer, y no mirar a su amiga a la cara.
-¡Y dale con tus secretitos! –se enojó Hermione, riendo-. ¡Me dijiste que me contarías todo!
-¡Pues no! –le dijo Harry, molesto-. No quiero seguir hablando de esto.
Hermione lo quedó mirando, suspicaz.
-¿Te hizo algo la señora Helena, Harry? –preguntó, sin tono de burla.
-¡Cambiemos de tema, quieres! –insistió él. Sintió que le picaban los ojos, y se sintió como un estúpido. Respiró profundamente, para calmarse.
-¿Qué pasó que te avergüenza tanto? –preguntó Hermione, despacito.
-Y si te diste cuenta que me avergüenza¡¿para qué diablos me sigues preguntando! –respondió Harry, con rabia.
-Está bien, tienes razón, lo siento –murmuró Hermione-. Es sólo que estás a punto de echarte a llorar, y me preocupé.
-No es nada… No te preocupes –murmuró Harry.
"Nada mis polainas" pensó Hermione. Pero no siguió insistiendo, y unos segundos más tarde ya le estaba explicando a su amigo lo de las transformaciones que involucraban cambios de materia a energía.
000
Algo más tarde, Viktor Krum y la señora Helena ya se habían hecho grandes amigos. Ambos se habían contado las historias de sus vidas, y Viktor mostraba mucha curiosidad por conocer al sobrino nieto de la señora, que resultaba ser el hijo de la hermana de su abuelo. Recordaba vágamente a los profesores de Hogwarts que le habían presentado durante el torneo de los tres magos, pero no se acordaba muy bien de Severus Snape.
La señora Helena en cambio, al saber que el chico era jugador profesional de ese deporte de nombre extraño del que hablaban siempre sus difuntos hermano y sobrino, lo único que deseaba era ir a ver un partido. Nunca había visto uno, a pesar de que su sobrino había tenido una escoba.
-Solon, mi sobrino, murió cayéndose de su escoba –explicó la anciana con tristeza-. ¡Fue un duro golpe para todos nosotros! Después de eso, mi hermano quemó la escoba. Se sentía tan culpable... ¡Él mismo se la había comprado, sin saber que terminaría matándolo! Malditas escobas… -murmuró, sin recordar que segundos antes se moría por ver un partido de Quidditch.
-Pero señorrra –dijo Viktor, sonriendo-. Las Escobas no tienen nada de malo. De hecho, Harrrrry tiene una. ¿No la ha visto?
La anciana lo miró escandalizada.
-¡Harry tiene una escoba¡¡¡Y por qué mi niño no me lo dijo! Ya verá Severus, cuando regrese… ¡Mire que ocultármelo! Esa escoba tiene que desaparecer… Si Señor. ¡No permitiré que una escoba se lleve a otro miembro de mi familia¡Oh NO! Antes muerta que permitir una de esas monstruocidades en esta casa…
Viktor la miró alarmado, preguntándose si habría metido, sin querer, a Harry Potter en problemas. Apenas tuviera ocasión, le diría que escondiera bien su Saeta de Fuego, o que la guardara en otra casa…
Edelmira entró en ese momento, con una bandeja de té y pastel marmolado de vainilla y chocolate.
-¿Le llevaste té a la novia de Viktor? –preguntó la señora Helena.
-No. Voy enseguida –dijo Edelmira saliendo.
000
Edelmira abrió la puerta del cuarto de Harry, y entró. Pisó mal, y la bandeja que traía se inclinó peligrosamente. Harry, al verla, saltó en su ayuda, y tomó la bandeja en sus manos.
-Gracias Harry –le dijo ella, sonriendo-. Les traje té. ¿Cómo van esas transformaciones? –preguntó con curiosidad.
-Bien –contestaron a coro Harry y Hermione.
Harry caminó con la bandeja, y la dejó en la mesa. Observó los pedazos de pastel marmolado de vainilla y chocolate, y se le hizo agua la boca. Eso lo distrajo, y se sentó sin pensar. Al instante lo lamentó. Trató de disimular, pero Hermione alcanzó a captar la mueca de dolor. También Edelmira lo había notado.
-Lo siento, Harry –le dijo Edelmira con pena-. Ya te va a dejar de doler, ten paciencia.
Hermione miró a Harry con pena. Ya se imaginaba qué era eso tan terrible que su amigo no le quería contar…
Harry se puso colorado, otra vez. Disimuló sirviendo el té. Iba a tomar un pedazo de pastel, pero Edelmira se lo impidió.
-Harry… lo siento –se disculpó. Lo miró con mucha lástima. De verdad que se le partía el corazón-. En realidad lo traje para tu amiga. La señora Helena me pidió… en fin, tú entiendes. Tu padrino nos prohibió que te diéramos pastel, y esas cosas. Lo siento.
Hermione tomó el plato con los pedazos de pastel, y se los entregó a Edelmira.
-Yo tampoco quiero -se disculpó-. Yo... soy alérgica al chocolate. Lo siento. Gracias.
Edelmira tomó el plato, y sonrió débilmente a la chica. Suponía que no era más alérgica que ella misma al chocolate, pero entendía que no quisiera comer algo rico delante de Harry, si él no podía comer también.
-Hermione, de verdad, no es neces… -intervino Harry.
-Yo SOY alérgica al chocolate, Harry –insistió la chica, con énfasis.
Harry se quedó callado, viendo cómo Edelmira desaparecía, llevándose el pastel. ¡Qué injusto!
D: Estos adultos son unos demonios…
A: Mira tú... ¡El asno hablando de orejas!
D: Esa Edelmira es de lo peor… Podría perfectamente haberle dejado comer pastel. ¡Y el tirano ni se hubiera enterado!
A: Tú no entiendes lo que es honestidad.
D¡Bah! "Ojos que no ven, corazón que no siente". Es sufrimiento totalmente innecesario, plumífero.
A: Harry no se va a morir si no come pastel.
D: Tampoco se moriría si lo comiera…
A: Esta conversación no tiene sentido.
D: No, no lo tiene. ¡Ya no hay pastel de todos modos!
AN: Esta visita continuará :-D Confesiones complicadas, Snape y Krum se encuentran, y una mala noticia para Harry (pobrecito). Ya van a ver… ¡Me encantan los reviews, háganme feliz!
