Snape volvió esa noche a verificar que estaban acostados, y sonrió al ver que parecían haber hecho las paces.
-Voy a dejar un hechizo en torno de sus camas, así que ni intenten salir en la noche, que me voy a enterar. Y no me importa quien haya sido. Si uno de los dos me desobedece, lo van a lamentar los dos.
-¡Pero eso es injusto! -dijo Harry, indignado.
Snape se encogió de hombros con aire histriónico.
-Entonces asegúrate que Draco no haga tonterías -le sugirió.
Draco, que no había dicho nada, se limitó a mirar al brujo con desprecio. ¡Ya tendría tiempo de arrepentirse! Tenía que pensar en una buena venganza. Algo que le hiciera mucho daño, pero a la vez tenía que ser algo de lo que no lo pudieran culpar. Tampoco quería vengarse, y que luego Snape se vengara de él por haberse vengado de él¿verdad?
-¿Y si alguno de los dos quiere ir al baño? -preguntó Draco, en tono sarcástico.
-Entonces más les vale que encuentre al culpable en el baño cuando me levante a ver que pasa -respondió Snape amenazante.
Tras decir eso se fue, y los chicos quedaron solos.
-¿Tú crees que pueda escuchar lo que hablamos desde su cuarto? -preguntó Draco, transcurridos un par de minutos.
-No -respondió Harry-. ¿Por qué?
-Quiero saber si hablar contigo aquí es seguro.
-Yo creo que si lo es -aseguró Harry-. ¿Tienes alguna idea para eso que quieres hacer?
-Lo que AMBOS vamos a hacer, Cabeza Rajada -corrigió Draco, aunque ya no con tono de odio-. Recuerda que estás conmigo en esto.
Harry tragó saliva.
-Si, claro. ¿Y qué vamos a hacer?
-Tengo algunas ideas, pero no estoy seguro. Sin varita es todo más complicado.
-De todos modos no podemos hacer magia en vacaciones -razonó Harry.
-El ministerio no siempre se entera¿sabías? -dijo Draco con aire de superioridad-. En casa de mis padres hice magia un par de veces, y nunca me llegó ninguna carta del ministerio. Pero sé que hay gente que las ha recibido. En realidad no sé como funciona, pero sé que a veces no se dan cuenta.
-Cómo saberlo... -murmuró Harry, evaluando el mundo de posibilidades que se abrían ante él si lograba encontrar el modo de hacer magia en vacaciones, sin que el ministerio se enterara. De hecho, se preguntaba por qué no le había llegado ningún aviso después del Expelliarmus que le lanzó a Snape, a principios de las vacaciones-. También ocurre que culpan a magos menores de edad por magia que ellos no han hecho -agregó, recordando el día que conoció a Dobby, en las vacaciones de finales de primer año.
-¿En serio? No tenía idea que eso podía pasar... -comentó Draco, extrañado.
-¿Y qué ideas tiene para vengarte de Snape? -preguntó Harry, intentando cambiar de tema. No quería delatar a Dobby, a pesar de que el elfo ya no trabajaba para los Malfoy.
-Había pensado en capturar arañas venenosas, u otros insectos, y meterlos a su cama sin que se de cuenta -explicó Draco-. También había pensado en esconderle algo, en un lugar dónde no lo pueda encontrar, para que se vuelva loco buscándolo.
-Lo que sea que le escondamos, lo recuperaría de un accio -se burló Harry.
-Entonces le tendríamos que esconder su varita -dijo Draco, riendo.
-¿Estás loco¿Cómo podríamos sacarle su varita sin que se de cuenta? Además hay dos problemas¿Qué pasaría si hay una emergencia y necesita su varita con urgencia¿Y qué crees que nos va a hacer cuando sepa que le sacamos su varita y se la escondimos?
-A lo primero te digo: él tiene las nuestras, y puede usarlas si quiere. Y lo segundo: Tendría que probar primero que fuimos nosotros. Y la gracia es hacerlo de modo que no tenga pruebas contra nosotros.
-¿Y qué pasa si logramos hacerlo, y el la recupera de un accio usando tu varita o la mía?
-Es verdad -admitió Draco-. No había pensado en eso.
-¿Y si hacemos lo de las arañas¿Qué pasa si lo pican, y se muere?
Draco soltó una carcajada.
-¡Pero si ESA es la idea!
-¿Qué se muera? -preguntó Harry, escandalizado.
-No se va a morir, tonto. Es un experto en pociones, y te aseguro que tiene siempre millones de antídotos a mano.
-Si, supongo que si... -admitió Harry. Y se sintió un poco más tranquilo-. ¿Y de dónde sacaremos arañas venenosas?
-De detrás de los muebles, de los cuadros, de los rincones de un armario... Te aseguro que en esta vieja casa hay muchas arañas de esas.
-¿Y no se van a dar cuenta de que fuimos nosotros, si nos ven moviendo muebles y capturando arañas vivas en vez de matarlas?
-Es que hay que hacerlo con disimulo, Harry, y sin testigos -explicó Draco, como si fuera obvio-. ¡Aquí mismo en tu cuarto debe haber algunas arañitas esperando ser capturadas!
Harry miró alarmado alrededor.
-Lo otro que podemos hacer -continuó Draco-, es capturar abejas, o avispas. ¡Esas pican!
-No creo que sea buena idea, Draco -razonó Harry-. Es posible encontrar una araña en la cama. ¿Pero una abeja¿Qué podría una abeja estar haciendo en la cama de Snape?
-Tienes razón. Con la araña es menos probable que nos descubran.
-¿Y cuándo lo haremos? -preguntó Harry.
-Mañana. Buscaremos arañas apenas estemos lejos de testigos, y luego te colarás a su cuarto y se la meterás a la cama.
-¿YO? -preguntó Harry, indignado-. ¿Y por qué tengo que ser yo?
-Porque me debes una, DELATOR -espetó Draco-. O haces lo que te digo, o no te vuelvo a hablar en mi vida.
Harry gruñó.
-OK. Pero Snape me va a matar...
-No. No te va a matar. No exageres. Además, la idea es que no te pille. La gracia es que no sepa lo que pasó: que los insectos lo piquen, y que no tenga a quién echarle la culpa.
-¿Y si le echa la culpa a Edelmira? -preguntó Harry, preocupado.
-¿Quién es Edelmira?
-La saludaste abajo, la señora que estaba al lado de la viejita. Es la que cuida y acompaña a la señora Helena. Además cocina, y hace el aseo.
-Bueno, ella dirá que no fue ella, y punto. Snape tendrá que creerle.
-Pero la pueden acusar de no estar haciendo bien el aseo -respondió Harry, indignado. Él sabía que Edelmira era muy cuidadosa con el aseo de la casa.
-Pero una araña puede colarse en cualquier lugar, Harry -razonó Draco-. Aunque tengas todo muy limpio, siempre puede quedar una arañita escondida por ahí... en un lugar pequeño y remoto.
-Si, supongo que si -admitió Harry. Se quedó pensando y agregó-: pero Snape tiene veritaserum. ¿Qué pasará si nos interroga con eso?
-No lo va a usar... Recuerda que es de uso restringido -dijo Draco restándole importancia.
-No te creas... ya lo usó conmigo hace algunos días.
-¿Y por qué? -preguntó Draco sorprendido-. ¿Qué hiciste para que decidiera darte veritaserum?
-Me vengué de la señora Helena, por algo que me hizo -respondió Harry con ironía, reconociendo que lo que iban a hacer iba por el mismo camino.
-¡Cuéntame! Mira que acabas de picar mi curiosidad. ¿Qué pasó?
-La señora Helena había sido pesada conmigo. Y yo decidí vengarme de ella por eso. Le eché un poco de una poción de Snape en su tizana. Pero como es muggle le hizo mal, y se intoxicó. Luego Snape me interrogó con veritaserum, porque quería saber qué había hecho, y por qué lo había hecho.
-Uhh... -dijo Draco, sorprendido.
-Tal vez no sea buena idea vengarnos de Snape -sugirió Harry.
-Que cobarde que te haz vuelto, Harry... -se burló Draco-. ¡Si no le va a pasar nada malo! Además, si hacemos las cosas bien, ni sabrá que fuimos nosotros.
-OK -respondió Harry, intentando parecer entusiasta y valiente.
A¡Hay, Dios! Problemas a la vista... Este chico es una mala influencia para Harry.
D: No concuerdo contigo, plumífero. Creo que hay diversión a la vista. El chico Draco va a sacudir un poco a nuestro Harry.
A: Nada bueno puede salir de esto.
D: Nada aburrido puede salir de esto.
000
El desayuno estuvo bastante más agradable que la cena de la noche anterior. Harry ya no sentía nauseas, aunque la perspectiva de lo que iban a hacer le daba algunos retorcijones debajo del ombligo.
Draco parecía tranquilo. Si estaba nervioso, lo disimulaba perfectamente.
-Su pastel está excelente, señora Edelmira -le dijo a la mujer con una sonrisa, mientras se servía el tercer pedazo. La verdad, viviendo con Laure, tenía que comer lo que él mismo preparaba, o lo que su prima en su escaso tiempo libre dejaba hecho.
-Gracias -dijo Edelmira, sonriéndole.
-¿Tus padres son magos? -preguntó la señora Helena, con curiosidad.
-Si, ambos son magos -respondió Draco, apenas terminó de tragar.
-¿Van a venir¡Me encantaría conocerlos! -dijo la señora con entusiasmo.
-No creo... -dijo Draco, mirando a Snape.
-Draco no vive con sus padres, tía. Vive con una prima mayor, Laure Walters. Pero ella está de viaje hasta el viernes, y por eso traje a Draco a pasar unos días con nosotros.
-Me alegro de que vinieras -le dijo la señora Helena a Draco, sonriéndole con cara de abuelita de cuento-. Así Harry no está tan solito, encerrado en esta casa con puras viejas.
-¿Y yo no cuento? -preguntó Snape haciéndose el ofendido.
Todos se echaron a reír, incluyendo a Snape.
-Me refería a que es agradable ver gente JOVEN en esta casa -insistió la vieja, con malicia.
-Hmpf... -gruñó Snape, al ver que lo incluían entre los viejos. Pero no estaba enojado, todos se daban cuenta que la anciana sólo estaba molestándolo.
Harry, que no tenía ninguna ganas de ponerse a buscar arañas con Draco, prefirió aprovechar la racha de buen humor.
-Señor... -dijo para captar la atención de Snape. Cuando lo consiguió, agregó:- Me preguntaba si nos dejaría ir un rato a casa de Sonia. Es que se la quiero presentar a Draco.
Draco lo quedó mirando, sorprendido. Harry le dio una patada, por debajo de la mesa, y Draco se cayó lo que iba a decir.
-Les doy permiso, pero con una condición -dijo Snape después de pensarla un rato-. Yo voy con ustedes.
Harry lo pensó unos segundos. Ir con Snape sería menos divertido que ir solos. Pero si con eso conseguía que Draco olvidara lo de las arañas...
-Está bien -dijo finalmente, encogiéndose de hombros-. No creo que a Sonia le moleste.
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Harry tocó el timbre de la casa de Sonia un poco nervioso. ¿Qué diría Sonia, al verlo llegar con Draco y con Snape?
Snape le puso una mano en el hombro, y le sonrió cuando Harry miró hacia atrás. Harry le devolvió la sonrisa. Snape había sido muy agradable esa mañana. Atrás había quedado el ogro de la noche anterior. Además, había tenido la amabilidad de transformar en traje de baño una de las poleras que Draco traía en su mochila, para que se pudiera bañar en la piscina.
Finalmente se escucharon pasos en la escalera. Harry cruzó los dedos para que Sonia no estuviera nuevamente en pijama. Aunque eso era poco probable, ya que no era tan temprano como la última vez.
-¡Harry¡Señor Snape! -los saludó Sonia, abriendo la puerta. No estaba en pijama, sino en jeans y polera ajustada y con agujeros-. ¡Qué sorpresa!
Snape hizo una inclinación de cabeza a modo de saludo, con la mirada fija en la vestimenta de la chica. Harry se dio cuenta de que a Snape no le gustaba el modo de vestirse de su amiga, y deseó que tuviera el buen tino de no decir nada.
-Hola Sonia -lo saludó Harry, nervioso-. Este es Draco, un compañero del colegio. Queríamos venir, y mi padrino quiso venir con nosotros. ¿No te importa, verdad?
-No, claro que no -dijo Sonia saludándolos, aunque miró a Snape de un modo un poco nervioso-. Pasen. ¿Trajeron traje de baño? Yo iba a bajar a bañarme.
-Si -dijo Harry sonrojándose, ya que era evidente que querían bañarse, por las toallas que traían.
Sonia les sonrió a todos, mientras los hacía pasar. Miró un poco nerviosa la sala, que estaba hecha un chiquero de vasos sucios, botellas, latas vacías, y ceniceros repletos de colillas.
-Está un poco desordenado aquí, disculpen -dijo con la cara roja-. Mejor vayan directo al jardín. Tú ya conoces el camino, Harry. Yo bajaré de inmediato.
-Bueno. No te preocupes -dijo Harry-. Te iremos a esperar al jardín.
Harry quedó mirando a Snape. Aunque su cara no mostraba emoción alguna, se notaba que no aprobaba el desorden reinante. Harry supuso que Snape no lo dejaría jamás venir sólo nuevamente, después de haber visto que ahí se tomaba cerveza y se fumaba en cantidades... exorbitantes.
-Eh... -dijo Harry nervioso, tratando de captar la atención de Snape, y que dejara de analizar la sala-. Vamos.
Harry los guió por el pasillo, y a través de la cocina, donde por desgracia también reinaba el caos. Llegaron al jardín, y se instalaron en las sillas de la terraza. Snape miró la mesa de la terraza con asco. Había más latas, más botellas vacías, más ceniceros llenos de colillas, y se veía que la mesa estaba pegajosa en varias partes. De pronto, la vista de Snape se detuvo en una esquina de la terraza, donde había algunos cojines en el piso. Harry miró en esa dirección, y de inmediato deseó no haberlo hecho. Sintió que su rostro se encendía. Ahí, junto a los cojines, había un inconfundible artefactito hecho de caucho. Era rosado. Y estaba usado.
Harry esperó que Snape dijera algo, pero no dijo nada. Miró con detención uno de los asientos, antes de encontrarlo satisfactoriamente limpio y sentarse. Luego sacó un libro pequeño de un bolsillo, y se sentó a leer.
Draco, que también se quedó viendo la esquina aquella, miró a Harry con desconcierto. Draco, a diferencia de Harry, jamás había visto uno de esos, y no tenía idea qué les había causado esa impresión.
-¿Qué...? -comenzó a preguntar, pero Harry lo interrumpió.
-Después te explico... -susurró, sintiendo que podría freír un huevo en su propia cara.
Ambos se sacaron las poleras y los pantalones, ya que traían el traje de baño puesto. Draco se sentó a esperar, y miraba el caucho rosado como intentando entender. Harry, para disimular lo nervioso que se había puesto, comenzó a juntar los vasos y a llevarlos a la cocina, dónde se acumularon al caos existente.
Ya estaba en el cuarto viaje, cargando de vuelta un par de ceniceros vacíos, cuando captó que Draco estaba colorado. Se miraron a la cara, y entendió que Draco había supuesto acertadamente el uso de aquel globito achurrascado. Al menos ya no necesitaría explicárselo.
En eso llegó Sonia, en traje de baño y toalla. La chica les sonrió, y fue a estirar su toalla al pasto. Harry deseó que no hubiese traído una toalla con una calavera sanguinolenta. Miró como Snape la quedaba mirando, levantando una ceja.
-Eh... es de mi hermano -explicó Sonia al verle la cara a su amigo-. Es que las mías ya están todas en el canasto de la ropa sucia. Pero mañana viene Minda, y va a ordenar y a hacer el lavado.
Se bañaron un rato. Snape puso su asiento orientado de modo de ver todo el panorama de la piscina y sus alrededores. Continuó leyendo todo el tiempo, aunque Harry notó que levantaba la vista con frecuencia y barría el lugar.
Bañarse con Snape mirando no resultó ser ni la mitad de divertido que cuando lo hicieron solos, Harry y Sonia. Además, Harry sintió algo desagradable en el estómago al ver que Sonia y Draco se llevaban de maravillas. De hecho, Draco casi no miraba a Harry, y Harry tuvo el impulso de ir a separarlos cuando vio que Draco agarró a Sonia de la cintura, bajo el agua.
-Me dio frío -dijo, aunque no estuvo seguro de si el parcito lo habían escuchado o no-. Me voy a tomar sol.
Harry se alejó de la piscina, y se dio vuelta brevemente para mirar a sus amigos. Estos no parecían ni haberse dado cuenta de que Harry se había ido. Gruñendo, se envolvió en su toalla y se fue a sentar al lado de Snape.
Snape levantó la vista, y se quedó mirando la cara de Harry por unos segundos. Luego volvió a leer su libro, sin comentar nada.
Harry cerró los ojos, y dejó que el sol calentara su cuerpo. A lo lejos escuchaba las risas de Sonia, de Draco, y el agua salpicando regularmente. ¿Por qué le molestaba tanto? Deseó que Sonia no fuera muggle, para poder ir a contarle lo de la segunda prueba de los tres magos, cuando había estado más de una hora bajo el agua, luchando con bestias de las profundidades, y rescatando a sus amigos. Deseó poder captar la atención de Sonia, y que dejara de reírse de cada tontería que Draco decía. Deseó no haber sugerido siquiera haber ido a casa de Sonia...
De pronto sintió movimiento a su lado. Abrió un ojo y se encandiló con la luz del sol. Snape se acababa de poner de pie, y caminaba hacia la piscina.
-Draco, sécate -escuchó Harry que Snape decía-. Tenemos que volver a almorzar.
-¿Pueden quedarse a almorzar? -preguntó Sonia-. Voy a hacer hotdogs...
-No gracias, Sonia -respondió Snape en forma cortés-. Nos esperan en casa de la señora Hartmann.
-¿Pero pueden venir más tarde? -insistió ella.
-No. Draco y Harry tienen cosas que hacer en la tarde -respondió Snape.
-¡Eso no es verdad! -dijo Draco, enojado-. Yo no tengo nada que hacer, y voy a volver.
-Tú y Harry tienen deberes del colegio. Ya se divirtieron en la mañana, y en la tarde avanzarán en eso -respondió Snape, con voz de "y no discutas".
-¡Tengo todas las vacaciones para terminarlos! -insistió Draco-. Y a Sonia sólo podré venir a visitarla unos días.
-Tú vas a hacer lo que yo te diga -murmuró Snape amenazante-. Al menos mientras estés conmigo.
-Está bien, Draco -dijo Sonia-. No importa. ¿Pero puedes venir esta noche? Van a venir unos amigos...
-¡Seguro! -dijo Draco de inmediato, y con gran entusiasmo.
-No -dijo Snape-. Lo siento Sonia, pero ni Draco ni Harry tienen permiso para salir de noche.
-¿Y usted quién es para decidir eso? -preguntó Draco, herido en su dignidad-. Si Laure estuviera, me dejaría.
-Me importa un rábano lo que Laure diga -dijo Snape con voz fría-. Estás conmigo, y yo digo que estás muy chico para ir a fiestas de grandes.
A este paso los ojos de Harry ya se habían habituado a la luz, y comprobó con agrado que Draco se había puesto colorado. Sonrió. ¡Que bien que Snape lo hubiera dejado como a un niño delante de Sonia¡Se lo merecía!
-¡Tengo 16! -se defendió Draco-. ¡No voy a permitir que me trate como a un niño!
-Tienes 15 -aclaró Snape-, y sigues siendo menor. Ahora ve a vestirte que nos vamos a la casa.
Draco iba a decir algo, pero Snape estiró el brazo como para agarrarlo de una oreja, y Draco rápidamente se puso en movimiento, para evitarlo. Sonia le dijo donde estaba el baño, y Draco se fue con sus cosas en esa dirección con cara de pocos amigos.
El traje de baño de Harry ya se había secado, por lo que se limitó a ponerse encima su ropa. No tenía ganas de ir al baño a hacerle compañía a Draco. Su amigo estaría muy enojado, y desando más que nunca vengarse.
000
El almuerzo estuvo tenso. Draco miraba a Snape con cara de furia, y Harry estuvo seguro de que Snape tenía muchos deseos de estrangularlo también. Personalmente, Harry encontraba que a Draco se le había pasado la mano en lo desafiante que estaba. Mal que mal, Snape seguía siendo el jefe de su casa en el colegio. No le convenía buscarse el odio por ese lado.
Harry se preguntaba también si Snape hablaría en serio cuando dijo que Draco y él tendrían que pasar la tarde haciendo los deberes del colegio. Hasta ese momento, Snape nunca había obligado a Harry a hacer los deberes. ¿Sería de verdad su intención, o lo había dicho como excusa para no darles permiso para volver a casa de Sonia?
Después de la visita de la mañana, Harry dudaba que Snape los dejara volver a esa casa. Y dudaba que Snape estuviera dispuesto a acompañarlos ahí todo el tiempo. Era una lástima, ya que Sonia le caía bien, y suponía que después de que Laure se llevara a Draco las cosas entre él y ella volverían a ser como antes de que Draco apareciera.
000
Después del almuerzo, Snape desapareció. Harry se alegró, ya que aunque no le molestaba hacer los deberes, si le molestaba que lo obligaran a hacerlos. Era estúpido, pero no podía evitar sentir de ese modo.
-Harry, vamos -le dijo Draco, cuando estuvieron solos en el vestíbulo-. Tenemos algo que buscar.
Harry miró alrededor preocupado, preguntándose si Snape no estaría escondido por ahí.
-Mejor revisemos antes donde está Snape -sugirió Harry.
Tocaron a la puerta de su cuarto, pero ahí no estaba. Tampoco estaba en el baño, ni en la sala, ni siquiera en la cocina dónde Edelmira lavaba la loza.
-Si buscan a Severus -les informó la mujer-, está en el jardín de atrás.
Sin moros en la costa, los muchachos subieron al segundo piso. Draco tenía una cajita en la que decidieron guardar las arañas que capturaran. Revisaron detrás de los cuadros del pasillo del segundo piso, y encontraron pronto una chiquitita, negra, y que corría endiabladamente rápido. Les costó un poco atraparle, pero finalmente Draco lo consiguió, aprisionándola suavemente en una mota de algodón que consiguió en el baño. Iban a entrar al cuarto de Harry, a buscar más, cuando sintieron la voz de Snape en la sala. ¡Los estaba buscando!
Snape no se tardó nada en subir, y ambos fingieron estar descansando y conversando cuando entró al dormitorio.
-Tomen sus cosas del colegio, y acompáñenme abajo -les ordenó.
-Tengo sueño -dijo Draco cruzándose de brazos-. Voy a dormir siesta un rato. Laure siempre me deja.
Harry lo quedó mirando. ¡Draco estaba sumamente atrevido! Volvió su vista a Snape, y se dio cuenta de que tenía cara de pocos amigos. De inmediato se puso de pie, y abrió su baúl.
-¿Alguna materia en particular? -preguntó Harry, no sabiendo muy bien que libro llevar.
-Cualquier tarea que no hayas hecho todavía -dijo Snape.
-Yo dejé mis cosas en el departamento -dijo Draco con cara de triunfo-. Lo siento.
-Harry, tendrás que prestarle una pluma, pergaminos, y algún libro a tu amigo -dijo Snape.
-¡Ya le dije que no! -insistió Draco-. Me puede obligar a estar aquí, aun cuando mi prima no lo sepa. Pero no lo voy a dejar ordenar mi vida.
-¿Quieres apostar? -murmuró Snape, con una calma que no presagiaba nada bueno.
-¡No estamos en el colegio! -aclaró Draco-. Estoy de vacaciones, y YO decido cuando hago los deberes.
Snape se acercó a Draco. El chico abrió grandes los ojos, e intentó escapar. Pero Snape lo petrificó, y lo llevó flotando hacia la puerta.
-Vamos Harry.
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Cuando llegaron al jardín, entendieron en qué había estado Snape. En la terraza, había una mesa, con algunas sillas, que estaban muy limpias. Harry puso las cosas sobre la mesa, y Snape puso a Draco sobre una silla.
Harry se sentó, y abrió el libro de encantamientos. Tenía la tarea de Pociones a medio hacer, pero el solo pensar en terminar lo que no entendía delante de Snape lo ponía nervioso. Si al menos estuviera solo con Draco, le podría pedir a su amigo que le ayudara.
Draco, una vez des-petrificado, se cruzó de brazos. Miró el jardín con interés. No era como el de Sonia. No estaba cubierto de césped, pero había muchos árboles, y grupos de arbustos floridos. Junto a un muro, había un montón de rosales que tenían muchas flores abiertas.
Snape se sentó en una silla de playa, a la sombra de un nogal cargado de nueces todavía verdes. Harry miró con ganas las otras sillas de playa, y deseó ir a dormir un rato a la sombra de un árbol, y no tener que aburrirse escribiendo un ensayo.
Pero Harry no tenía ganas de provocar a Snape, y abrió el libro resignado para buscar encantamientos que sirvieran para manejar el agua en sus distintos estados.
Draco continuó cruzado de brazos, y para asombro de Harry, Snape no hizo nada. Harry le acercó a su amigo una de sus plumas, otro rollo de pergamino, y el libro de transformaciones.
-¿Hiciste ya el ensayo de McGonagall? -preguntó Harry.
Draco se encogió de hombros, sin descruzar los brazos. Harry decidió dejarlo en paz, y se concentró en encantamientos.
Pasó el rato, y era evidente que Draco comenzaba a aburrirse, pero sin atreverse a pararse. Agarró el pergamino, y untó la pluma en el tintero de Harry. Escribió algo, y luego le acercó el pergamino a su amigo. Harry lo agarró, y leyó:
"Podrías decirle que tú tampoco quieres hacer los deberes".
Harry se encogió de hombros, y le devolvió el pergamino. Draco resopló, molesto y volvió a escribir algo y a acercárselo.
"¿No preferirías subirte a uno de los árboles? Se me ocurrió una idea ;-) "
"¿Qué idea?" , escribió Harry.
"Podríamos subirnos al que está encima de Snape, y casualmente dejar caer frutas y ramitas sobre Snape, para mosquearlo", escribió Draco con una sonrisa pícara. Harry negó con la cabeza, cuando leyó eso.
"¿Y para qué quieres poner de mal humor a Snape?" escribió Harry, a quién la idea de molestar voluntariamente a Snape parecía una misión suicida.
"Para que se arrepienta de no habernos dejado volver a casa de Sonia, en la tarde", escribió Draco.
"No tengo ganas de enojarlo" escribió Harry.
"Cobarde", escribió Draco.
"¡No es cobardía! Es sentido común", escribió Harry, enojado también.
"Vete al diablo, tú ya no eres el Harry que yo conocía. No sé ni para qué me molesté en venirte a ver ayer. Si pudiera volver atrás, no me habrías visto la cara en todo el verano" escribió Draco muy rápido, y visiblemente picado.
Harry resopló, y finalmente escribió: "está bien, vamos a subirnos al árbol. Sólo espero que Snape no se enoje mucho".
Ambos se pusieron de pie, y caminaron hacia Snape. El brujo, al ver que se acercaban, marcó la página en su libro y lo cerró.
-¿Qué pasa? -preguntó con calma.
-Es que nos estábamos quedando dormidos -inventó Harry-. Nos preguntábamos si podríamos subirnos un rato a este árbol.
Snape los miró, miró el árbol sobre su cabeza, y miró el resto del jardín. Con tal de tenerlos donde los pudiera ver, y que lo dejaran en paz...
-Hay varios otros árboles a los que pueden honrar con sus presencias. No vengan a subirse justo a este -dijo finalmente, dándoles permiso en forma indirecta.
-Es que este es el que tiene el tronco con más ramas -explicó Draco. Snape volvió a mirar alrededor.
-Hay otro nogal aquí al lado -dijo indicando al nogal que estaba un poco más lejos-. Súbanse a ese, si no pueden soportar el no comportarse como los monos.
Draco y Harry miraron dicho árbol, y notaron que su follaje y el del nogal bajo el cual estaban se enredaba, y que un par gruesas ramas de ambos pasaban muy cerca la una de la otra.
-Está bien -dijo Draco, sonriendo.
Snape volvió a la lectura, y los chicos se subieron al árbol de al lado. Cuidadosamente se acercaron a la rama que haría de puente. Algún tiempo y algunos raspones más tarde, ambos ya estaban sobre Snape.
A ese paso, Snape ya había notado que tenía a los chicos sobre su cabeza, y se preguntaba qué se traerían entre manos. Pensó en bajarlos del árbol, pero sentía curiosidad por saber qué planeaban hacer. No tardó en darse cuenta, cuando recibió una lluvia de hojas sobre él. Se las sacudió, e intentó disimular la sonrisa. ¡Draco y Harry podían ser tan infantiles a veces! Al poco rato, y viendo que no había reacción por parte de Snape, comenzaron a dejarle caer ramitas, y luego pasaron a las nueces verdes. Snape aguantó un rato, y luego se puso rápidamente de pié y los apuntó con su varita.
-¡Wadiwasi!
Los chicos recibieron todas las hojas, ramas, y nueces que habían dejado caer. Por hacerles el quite, Harry se soltó un poco y... ¡IuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuBAM! En segundos estaba en la tierra.
Snape se inclinó a su lado, y en segundos Draco había bajado también del árbol.
-¿Dónde te duele? -preguntó Snape, preocupado.
-Me duele la espalda y la pierna -dijo Harry asustado, acostado en el piso, e intentando contener las lágrimas-. Y me pegué en la cabeza aquí -agregó, indicando un punto cerca del oído derecho.
Snape desapareció, y reapareció a los pocos segundos guardándose algo en un bolsillo. Luego levitó a Harry, y lo tomó en brazos con cuidado.
-Voy a llevar a Harry a San Mungo, Draco. Entra a la casa, avísale a la señora Helena, y quédate con Edelmira. ¿Entendido?
-Si señor -murmuró Draco, muy serio, pues estaba preocupado por su amigo.
AN: Gracias por los reviews que me han dejado. Son muy apreciados. ¿Creen que Draco se portará mejor ahora? Jejeje.
