Capítulo 17 Otra sorpresa
A Harry le costó quedarse dormido esa noche. Estaba preocupado por Snape. ¡Cómo le hubiera gustado haber tenido con él su varita, para haber podido atrapar al tipo que se había metido a la casa!
Recordó lo ocurrido aquella noche, con una sensación de tener gusanos retorciéndose en el estómago.
Cuando escuchó el grito de Snape, se levantó corriendo. Pero, apenas había salido al pasillo, vio un rayo que casi lo alcanzó. Lo acababa de lanzar Draco, desde la parte superior de la escalera. Snape acababa de salir también de su cuarto, cojeando y con cara de dolor. No alcanzó a ver nada más, porque Snape lo empujó de vuelta dentro de su cuarto y cerró la puerta con un hechizo. Harry escuchó impotente como Snape daba un segundo grito (sonaba como si hubiera caído al piso), y como salían Edelmira y la señora Helena de sus cuartos. En eso logró abrir la puerta, y apenas salió entendió porqué había logrado abrirla: Snape estaba tirado en el piso, inmóvil. Eso había anulado el hechizo que había lanzado en su puerta. Vio que Draco lo apuntaba con su varita. Alcanzó a esquivar una maldición y agarró la varita de Snape. Le lanzó un stupefy a su amigo. No le dio, pero hizo que cayera escalera abajo. Corrió hacia él, pero antes de que lograra alcanzarlo éste se incorporó (parecía herido) y se desapareció con un fuerte ruido. Harry contempló la base de la escalera, estupefacto. No tenía idea que Draco supiera aparecerse. ¿Por qué los había atacado?
El llanto de la anciana en su espalda lo sacó de su meditación. ¡Snape! Se volvió y corrió hacia él.
-Respira –dijo Edelmira inclinada sobre Snape-. Llamaré a una ambulancia, señora Helena. No se preocupe, todo va a estar bien.
En eso a la anciana le empezó a dar un ataque. Edelmira la tomó antes de que se desplomara, y la dejó en el piso. Parecía desesperada.
-¡Quédate con ellos! –le ordenó a Harry-. Voy a llamar una ambulancia.
Harry se acercó, asustado. ¿Qué demonios podía hacer? Snape estaba muy pálido, y al tocarlo sintió que estaba helado. Se mordió el labio. ¡Snape necesitaba ayuda mágica! ¡No una ambulancia!
De pronto tuvo una idea. Seguía con la varita de Snape en la mano, y corrió hacia la ventana de su cuarto. La abrió de un golpe. Mala suerte con la restricción de magia para menores, y para el secreto de los magos… Necesitaba llamar la atención, y pedir ayuda. Apuntó hacia el cielo, y lanzó muchas chispas rojas. Vio que estas chocaban con una barrera invisible que cubría la casa como una campana, volviéndola momentáneamente no-invisible.
No tuvo que esperar mucho, en segundos Dumbledore se apareció en el jardín de la casa. Se quedó mirando a Harry, en su ventana.
-¡Profesor! ¡Es Snape! ¡Suba rápido!
Dumbledore desapareció, y reapareció junto a él.
-¿Qué te pasó en la cabeza? –preguntó el anciano preocupado, notando el chichón que Harry ostentaba.
-Nada, me caí –respondió Harry restándole importancia-. El profesor Snape fue atacado, y está en el pasillo –agregó con urgencia, corriendo hacia allá-. Venga.
Dumbledore lo siguió, y se inclinó sobre la señora Helena, y sobre Snape. Pareció aliviado de constatar que ambos estaban vivos.
-¿Quién los atacó? –preguntó.
-D… Draco señor –respondió Harry con voz temblorosa. Dumbledore levantó de inmediato la vista, alarmado.
-Draco Malfoy no pudo hacer esto –gruñó el anciano, cómo si no le creyera. Luego su rostro se ablandó-. Lo siento. ¿Te fijaste en qué hechizos les lanzaron? –preguntó, indicando a Snape y a la anciana.
-No sé que le lanzaron al profesor Snape –contestó Harry con la garganta apretada-. Y la señora Helena tuvo una clase de ataque, no le lanzaron ninguna maldición a ella.
Dumbledore hizo aparecer una especie de avión de papel, que salió volando rápidamente a través de la puerta, el cuarto de Harry, y la ventana. Luego siguió revisando a Snape, usando su varita.
En eso se escuchó la campanilla del teléfono al colgar, y volvió Edelmira desde el cuarto de la señora Helena.
-Las ambulancias ya vienen –informó. De pronto reparó en la presencia del anciano-. ¡Señor Dumbledore! –lo saludó sorprendida, pero visiblemente aliviada-. ¡Que suerte que vino! A Severus lo atacaron con magia…
-No sólo con magia… -murmuró Dumbledore. Acababa de levantar la pierna del pantalón gris del pijama del brujo, y se veía una fea herida-. ¡Algo más que un brujo atacó a Severus!
Harry tragó saliva… ¿Sería posible que Draco hubiese puesto la araña que habían capturado en la cama de Snape?
Dumbledore parecía indeciso.
-No me atrevo a intentar nada. No sé cómo fue atacado, y temo que podría hacerle más daño… -explicó el anciano con pesar-. Espero que lleguen pronto a buscarlo.
Dumbledore se sentó junto a Snape y le tomó las manos. Parecía querer calentárselas. Edelmira en cambio acababa de meter una pastillita en la boca de la señora Helena.
-¿Estás seguro de que Draco Malfoy lo atacó? –preguntó el anciano, mientras tanto.
Harry le explicó que Draco se estaba quedando con ellos, y que no estaba en su cama. También le contó que se había desaparecido antes de que lograra detenerlo. Dumbledore pareció interesado especialmente en ese punto.
-Sospecho que no se trataba del verdadero Draco –dijo el anciano-. Dudo que él pudiera efectuar este ataque, y estoy seguro de que todavía no aprende a aparecerse.
-Yo estoy de acuerdo –intervino Edelmira, mientras le tomaba la presión a la señora Helena-. No alcancé a verlo mucho rato, pero su mirada era diferente. Se veía como Draco, pero sus ojos… no sé. Fue sólo una impresión, pero creo que tenían un brillo diferente.
En eso se escuchó unas sirenas acercarse, y en algunos minutos estuvieron frente a la casa. Dumbledore se apuntó a si mismo con su varita, y de inmediato quedó vestido de muggle, con jeans y camisa a cuadritos. Luego guardó su varita, y levantó a la señora Helena.
-¡Usted! –gritó la viejita incorporándose, y asustando a los tres-. ¡Suélteme de inmediato!
Dumbledore pareció sorprendido sólo unos segundos, pero la dejó en el suelo con cuidado.
-La ambulancia está abajo –indicó la señora Edelmira, aliviada de ver bien a su patrona-. De hecho deben ser dos, porque pedí dos –agregó medio confundida.
-¡No necesito una ambulancia! –gritó la anciana-. ¡Estoy perfectamente bien! ¡Es mi niño del que se tienen que preocupar!
-Severus necesita ir a San Mungo –explicó Dumbledore-. Será mejor que baje y despache las ambulancias, señora Edelmira.
Edelmira asintió, y bajó seguida de la señora. Un par de minutos más tarde ambas ambulancias se alejaron. Casi al instante se aparecieron unos magos frente a la casa, y Edelmira volvió a salir para recibirlos.
-Lo siento, tuvimos que esperar a que se fueran los muggles –explicó uno de los magos indicando la dirección en la que se habían ido las ambulancias.
-Está bien, pasen –dijo la mujer guiándolos hacia la puerta, medio confundida al ver sus atuendos, y todavía algo impresionada por el modo en como aparecieron.-. Está arriba.
Los magos no pudieron entrar de inmediato, debido a la barrera mágica que había en torno a la casa, pero Dumbledore se ocupó de ello. Los magos se desaparecieron con Snape, poco después. Harry se quedó mirando con angustia el punto del pasillo en que había estado el brujo.
-Necesito que hablemos, Harry –le dijo Dumbledore pasándole el brazo por el hombro, y guiándolo dentro de su cuarto. Se sentó con él sobre una de las cama-. Necesito que me cuentes exactamente lo que pasó, con todos los detalles de los que te puedas acordar.
Harry le volvió a contar todo, lo mejor que pudo. Al final, Dumbledore se volvió y miró con rostro grave hacia la cama de Draco. Se quedó unos segundos en silencio, pensando.
-Imagina por un instante que el que atacó al profesor Snape no es Draco –sugirió Dumbledore-. Si vieras que Draco no está en su cama, ¿adónde lo buscarías?
-No sé… en el baño, quizá.
-Draco no está en la casa –murmuró Dumbledore-. ¿Adónde más crees que podría haber ido?
-¡Se desapareció! –insistió Harry-. Pudo haber ido a cualquier parte.
Dumbledore cerró los ojos, y negó con la cabeza.
-No me entiendes, Harry. Imagina que no hubiera habido un ataque. Imagina que despiertas, y ves que Draco no está ni en su cama, ni en resto de la casa. Si hubiese salido de la casa… ¿adónde crees que iría?
-A su casa –dijo Harry cómo si fiera obvio-. O a la casa de sus padres. O a… -Harry frunció el seño.
-¿Sí? –lo animó Dumbledore.
-Sonia lo había invitado a una fiesta. Pero él no iba a ir. O al menos eso supongo… -agregó con algo de duda-. Snape no le había dado permiso.
-¿Quién es Sonia? –preguntó Dumbledore.
-Una vecina.
-¿Y Draco quería ir a su casa? –preguntó el anciano.
-Estoy seguro de que le hubiera gustado… -contestó Harry inseguro-. Pero no tengo idea si pueda estar allá.
-¿Me muestras cual es la casa? –lo urgió el director.
Harry lo llevó a la ventana, y le mostró la casa.
Y Dumbledore se había ido, y había vuelto con Draco. El anciano había tenido razón: Draco no había sido quien los había atacado.
Harry miró el sillón de al lado. Draco dormía. Deseó estar tan tranquilo como su amigo para poder dormir como él.
000
La mañana siguiente amaneció con niebla. Harry estaba enojado. Muy enojado. Dumbledore no los había querido llevar al hospital a ver a Snape. "Voy llevar a la señora Helena y a la señora Edelmira", había explicado, y no quería salir con ellos sin poder concentrarse completamente en su seguridad. Además, le recordó a Harry que se tenía que quedar tendido en el sofá descansando. Luego se fue, dejándolos encerrados en su torre en compañía de Dobby y de Winky.
Los elfos no los perdían de vista.
Harry se puso de pie al poco rato, aburrido. Se fue hacia una de las ventanas, por la que sólo se veía la espesa neblina. No se distinguía nada más abajo, y la torre en la que se encontraban parecía flotar sobre una nube. Se preguntó, por enésima vez en días, qué habría pasado con Hedwig. Desde que la había enviado con cartas para sus tres amigos, no la había vuelto a ver. Después de un rato, aburrido del monótono paisaje (y de que Dobby intentara convencerlo de que volviera a acostarse), se apartó de la ventana y se acercó a Draco que estaba leyendo un libro que había encontrado en una estantería.
-¿Y cómo estuvo la fiesta de anoche? –le preguntó Harry, sentándose a su lado.
Draco se encogió de hombros. No quería hablar de eso. No quería recordar que ni siquiera le había visto la cara a Sonia, y que había escuchado gemidos en el que debía ser su cuarto.
-¿No me vas a contar? –insistió Harry, de mal modo. Draco suspiró, y cerró el libro en forma brusca.
-Había mucha gente y mucho humo. Pasé todo el tiempo buscando a Sonia. No la encontré, y luego llegó Dumbledore a buscarme. ¿Satisfecho?
-Que pesado… -murmuró Harry-. ¿Qué lees?
Draco le pasó el libro, irritado. Era sobre la historia del chocolate. Lo había encontrado en una estantería de la salita del director (junto con un compendio de las mejores recetas reposteras de los cinco continentes, y un manual de la decoración de tortas y pasteles).
-¿Chocolate? Que rico… -comentó Harry.
En eso apareció un tercer elfo (Nordi), que con su voz grave les preguntó si querían chocolate. Ambos chicos se miraron, sonrieron, y asintieron. ¡Eso de estar en un castillo lleno de elfos aburridos tenía sus ventajas! A los pocos segundos reapareció el elfo con una fuente de pedazos de chocolate, de ese que se usa para preparar bombones y pasteles. Los chicos no se hicieron de rogar, y atacaron de inmediato.
-¿A qué hora crees que te va a venir a buscar Laure? –preguntó Harry después de tragarse el primer pedazo.
-No sé –respondió Draco, y luego se echó un pedazo pequeño a la boca, que dejó derretirse debajo de su lengua mientras pensaba.
-Oye, Draco… Le pusiste ayer lo que tu sabes en la cama a quién tu sabes, ¿verdad? –preguntó Harry bajito (para que los elfos no escucharan).
Draco no contestó.
-Dumbledore encontró una herida espantosa en su pierna. Creo que algo lo debió morder –insistió Harry-. Lo hiciste tú, ¿verdad?
-¡Ambos lo hicimos! –se defendió Draco, tirando dentro de la fuente el pedazo de chocolate que acababa de coger-. Ya olvídalo, ¿quieres?
-Creo que por culpa de eso no se logró defender ayer –continuó Harry, olvidando de momento el chocolate-. Lo vi que cojeaba, y le dolía. Me siento culpable –agregó en un susurro.
-Yo también –respondió Draco, algo enojado. Luego cerró los ojos, respiró profundo, y los volvió a abrir para escoger otro pedazo de chocolate, mientras agregaba con decisión-: pero prefiero no pensar en eso. No podía adivinar que justo entraría alguien a atacarlos esa noche.
D: ¡Este rucio es de los nuestros! Harry en cambio está cada día más blandengue…
A: Harry está usando su cabeza, coludo indecente.
D: ¿¡¿Perdón? ¡Lávate la boca con jabón! O tus plumas y tú nos van a venir a hacer compañía abajo. Que felicidad… ¡Ya huelo el chamuscado!
A: Sueña…
D: Si bueno, cómo quieras. ¡Pero admite que Harry está perdiendo la chispa!
A: No, señor. Harry está haciendo caso a su conciencia. Y eso está muy bien.
D: ¡No cantes victoria todavía, santurrón! Espérate que se le pase lo urgido, y comience a aburrirse.
A: Hmpf… Con un poco de suerte ya no estará acompañado de malas influencias.
D: ¿Quieres apostar? Jejeje… Uno de mis colegas me vino a ver anoche mientras dormías. ¡Y no tienes idea del chisme que me trajo!
A: ¿Con qué cuento te llegaron, demonio conventillero?
D: Ya te vas a enterar, plumero… ¡Ya te vas a enterar! Sólo te voy a adelantar… Que el rucio va a quedarse más tiempo de lo planeado con nuestro Harrito.
A: …
D: Y con un poco de suerte, nos lo despabila un poquitín.
A: ¡Santo Cielo! Por favor no…
000
Dumbledore llegó a tiempo para almorzar. Venía con el semblante grave, Mientras los elfos desaparecían para traer comida para tres, los chicos comenzaron a asaltarlo con preguntas.
-¿Cómo está? –preguntaron ambos.
-Mejor –les dijo-. Me aseguraron que estaría bien mañana. Pero me temo que ha surgido otro inconveniente.
Ambos chicos lo miraron alarmados.
-¿Qué inconveniente? –preguntó Harry asustado.
Dumbledore fijó la vista en Draco.
-Tu prima contrajo alguna clase de enfermedad muggle en el curso de su trabajo. Me enteré por casualidad, porque encontré a un par de sus colegas gestionando su traslado. Está en África, pero no me dijeron dónde, por un asunto de confidencialidad.
Draco abrió la boca, y la volvió a cerrar.
-¿Pero qué tiene? ¿Cuándo va a estar aquí?
-No sé más por ahora, Draco. Pero estaban intentando trasladarla desde donde está, a San Mungo. Es complicado, ya que se encuentra en un recinto muggle. Por ahora no sé más, pero apenas tenga novedades te lo diré de inmediato.
-¿Y qué voy a hacer yo mientras tanto? –preguntó Draco, desconcertado.
-Por ahora, te quedarás aquí conmigo y con Harry –respondió Dumbledore con tono tranquilizador-. Luego, ya veremos.
En eso aparecieron media docena de elfos, y en segundos tenían la mesa dispuesta. Los tres se sentaron a comer, aunque ninguno de los chicos tenía ya hambre.
-¿Por qué no comen? –preguntó Dumbledore, cuando vio que revolvían el plato sin tragar nada.
-Yo no tengo hambre –respondió Harry. Draco simplemente se encogió de hombros.
-Cómanse al menos la mitad –les sugirió el anciano. Luego miró en dirección a la mesita en la que había quedado la fuente de pedazos de chocolate, olvidada, y sonrió con el típico brillo en sus ojos-. Y no estoy en contra de que coman dulces, muy por el contrario. Pero para otra vez dejen espacio para lo demás.
-¿Nos puede llevar a ver a Snape? –preguntó Harry, volviendo el tema que le interesaba.
-Al profesor Snape, Harry –lo corrigió el anciano-. No sé si valga la pena, la verdad. Me dijeron que le darían el alta mañana, y que hoy pasaría durmiendo la mayor parte del día por el antídoto que le dieron. Además, tú tienes que descansar, recuerda.
-¿Con qué lo atacaron finalmente? –preguntó Harry.
-Una maldición horrible, que te deja casi sin sangre –explicó Dumbledore con un escalofrío-. Magia oscura. Y también me dijeron que lo había mordido una araña.
Ambos chicos tragaron saliva, y no se atrevieron a mirarse mutuamente.
-¿Algo que me quieran contar? –preguntó el anciano, al notar las expresiones de sus rostros.
-No señor –murmuró Draco. Harry simplemente negó con la cabeza.
-¿Y por qué les encuentro cara de culpables entonces? –insistió.
-Me siento mal por haber salido anoche –confesó Draco, para salir del paso-. Por mi culpa alguien consiguió entrar a la casa, y atacarlos. Me gustaría poder volver atrás y no haber salido.
Dumbledore suspiró.
-Eso ya está hecho. Y por suerte el profesor Snape es resistente –dijo con una media-sonrisa-, y se va a recuperar.
-¿Lo de la araña fue muy grave? –preguntó Harry, antes de poder contenerse.
Draco lo pateó disimuladamente por debajo de la mesa. ¿Es que Harry los quería poner en evidencia? Miró a Dumbledore, que lo miraba directamente a los ojos. Draco no lo soportó, y bajó la vista.
-El veneno de la araña no lo hubiera matado –los tranquilizó el anciano -. Pero no me cabe la menor duda que disminuyó considerablemente sus posibilidades de defenderse ante el ataque que vino luego. Fue una pésima… -se detuvo unos segundos en busca de la palabra correcta, hasta que finalmente terminó su frase:- coincidencia.
Ambos chicos recibieron el comentario cabizbajos, entendiendo que el anciano intuía que ellos habían tenido algo que ver, aunque no lo hubiesen confesado.
000
El resto de la tarde pasó sin contratiempos. A fin de asegurarse que Harry descansara, Dumbledore se quedó con ellos toda la tarde. Jugaron ajedrez (por turnos), dominó, y el anciano incluso les enseñó un juego que sabía con unos naipes que tenía. Aunque era divertido, los chicos quedaron bastante picados porque el director les ganó en todas las partidas.
-Es cosa de estrategia –les indicó, cerrándoles un ojos, mientras guardaba las cartas en una linda caja de madera pintada que tenía para tal efecto.
Dumbledore se fue un rato en la tarde, mientras los chicos se quedaban cenando vigilados muy de cerca por el par de elfos Dobby y Winky (con instrucciones de que se comieran todo). Harry negó con la cabeza cuando el anciano desapareció tras la puerta. ¿Por qué insistían todos en tratarlos como un par de niños? A veces, le enervaba bastante esa actitud que tenían los adultos en torno a ellos. Luego recordó las veces en que habían sido cariñosos con él, lo habían abrazado, o lo habían protegido de alguna manera, y decidió que tampoco era tan desagradable el no ser adulto.
-¿Por qué tienes esa cara de imbécil? –le preguntó Draco aburrido, mientras peleaba con las espinacas a la crema de su plato, sin decidirse a tragar la masa verde y viscosa.
-¡No tengo cara de imbécil! –se defendió Harry, volviendo abruptamente a la realidad, luego de haber estado recordando la mañana en que Snape había vuelto de Bulgaria, luego del primer ataque. Notó que sus mejillas se calentaban, y supuso que se había puesto colorado. Draco soltó una risotada.
-Y ahora te pusiste colorado… -se burló, feliz de que algo lo distrajera del contenido del plato-. Vamos, ¡cuéntame! ¿En qué pensabas?
-Nada que te incumba –murmuró Harry-. Métete en tu vida.
-¿Qué te pasa? –preguntó Draco preocupado, al ver que Harry parecía estar molesto en serio.
-¡Nada! Sólo estoy preocupado por Snape, y más encima estoy aburrido.
Draco levantó su vaso de jugo de calabaza, y lo puso frente a su boca para que los elfos no pudieran leer el movimiento de sus labios, pero si su amigo que estaba junto a él.
-Entonces, deberíamos hacer algo para divertirnos –susurró Draco casi sin voz, pero articulando bien con los labios para que Harry entendiera.
Harry le hizo signo de que esperara, fue a sacar algunas cosas de su baúl, y volvió con pergamino, un par de plumas, y un tintero.
"Esto es más seguro, y si alguien viene lo quemo con la vela. ¿Qué se te ocurrió?" escribió Harry.
"¿Una visita a la cava, para recordar viejos tiempos?" escribió Draco. Harry leyó, y negó con la cabeza.
"Dumbledore va a volver, y nos va a descubrir. Además están los elfos. Sin contar con que puede estar cerrada con llave, y no tenemos una varita" escribió Harry.
"Sólo yo iré, y volveré con una botella. Y acuérdate que la puerta no estaba cerrada la última vez" escribió Draco.
A: Tengo un mal presentimiento…
D: Que gallina… No seas tan pesimista.
"¿Y si ahora si está cerrada?" respondió Harry, incapaz de ocultar su aprensión. Draco se encogió de hombros.
"Entonces no traigo nada" escribió simplemente.
"¿Y cómo burlamos a los elfos para que puedas salir?" escribió Harry, pensando que no había manera para que el plan resultara.
"Creo que iré esta noche, cuando ellos no estén aquí" escribió Draco con una sonrisa de oreja a oreja.
"¿Y si nos descubre el director?" preguntó Harry. Draco, al leer esto, sonrió y negó con la cabeza mientras untaba la pluma en el tintero.
"Se va a enojar, nos va a retar, a lo mejor nos encierra un día… Lo de siempre. ¿Qué importa? ¿No va a haber valido la pena, al final? ¡Hace siglos que no tomo vino de colacuminata!" escribió Draco, a quién el sólo recuerdo del delicioso brebaje ya le había hecho agua la boca.
"OK, tienes razón" reconoció Harry, quién también comenzó a recordar lo rico que era ese vino. "Además" agregó enseguida "si vamos a hacer una locura prefiero que sea antes de que Snape llegue".
"¡Claro!" escribió Draco, feliz de haber encontrado algo en qué divertirse con Harry, y de que este ya no estuviera de mal humor sino dispuesto a arriesgarse con él.
Harry sonrió, cortó el pedazo de pergamino utilizado e hizo con él una pelotita que de inmediato quemó con la vela.
-El señor Harry Potter mejor no juegue con fuego –dijo Dobby de inmediato, acercándose e intentando quitarle la vela de las manos.
-Déjame en paz, Dobby… -le pidió Harry, fastidiado de que los hubieran dejado con el par de niñeros.
La bolita de pergamino, mientras tanto, se terminó de consumir en el vaso vacío de Harry. Mientras Harry discutía con el elfo, Draco aprovechó y se lo llevó escalera arriba.
-¿Adónde va el señor Malfoy? –lo urgió Winky, corriendo desesperada tras él.
-Al baño, elfo –le dijo Draco con el tono autoritario que solía usar con los elfos en casa de su padre-. ¡No te atrevas a seguirme!
La elfina dudó unos segundos, pero finalmente el tono del chico la asustó, y se quedó en la sala junto a los otros.
000
A: Algo va a salir mal, lo presiento.
D: ¿Y qué más da si algo sale mal? ¿No le da eso sabor a la existencia?
A: No sé… ¡Ojalá ese chico Draco nunca hubiera aparecido! Te apuesto mi aureola a que algo malo va a pasar.
D: ¿¡¿En serio me apuestas tu aureola, pajarraco?
A: No. Era un decir.
D: ¡Tienes miedo de perder! ¡Entonces asume que es muy probable que nada malo ocurra!
A: ¡Oh! Pero que pesado… Ya cállate por favor.
D: Tu empezaste, gallina mojada.
Dumbledore ya se había ido a la cama hace un buen rato, y se habían dejado de escuchar movimientos en el piso superior. Los chicos esperaron casi una hora, de todos modos, para estar seguros de que el anciano ya estaba dormido.
-¡Suerte! –susurró Harry.
-Con que no me encuentre a Peaves me basta –respondió Draco encogiéndose de hombros.
El castillo estaba muy oscuro, pero Draco llevaba la vela que Dumbledore le había dejado encendida para que pudiera leer otro rato antes de dormir. Además, llevaba otras tres velas que había encontrado nuevas, en un candelabro.
El camino no era difícil, ya que la torre del Director se encontraba muy cerca de su despacho, y se sabía de memoria el camino a todas partes desde ahí. No encontró ni siquiera un fantasma, y aparte de un par de retratos que lo quedaron mirando, y de una armadura que jugaba a mantenerse en un pié la mayor cantidad de tiempo posible (sin gran éxito, pues las armaduras son muy torpes), no se encontró con nadie.
Tuvo miedo de no encontrar la cava, pero con el alcohol siempre tenía suerte. Su sexto sentido lo llevó a la cava sin darse muchas vueltas. La puerta no estaba cerrada con llave, por lo que pudo entrar sin problema.
Adentro, todo era polvo, telas de araña, y olor a vinagre. Sonrió. Todo estaba tal cual desde el verano anterior. A pesar de los problemas que tuvieron con Snape más tarde, guardaba muy buenos recuerdos de la primera correría que había tenido con su amigo.
Después de un par de vueltas encontró lo que andaba buscando: unas polvorientas botellas de vino de colacuminata parecían llamarlo desde la estantería. Levantó una, e hizo a un lado la araña que salió corriendo sobre el cristal. Luego miró las otras. ¡Había un buen número! ¿Qué daño haría si se llevaba otra? Razonó: si ya había conseguido llegar hasta ahí, sería una tontería llevarse tan solo una… Después de todo, tal vez pasarían varias noches en el castillo Harry y él. Podían dejar una botella escondida por ahí, para beberla en otra noche de juerga.
Finalmente cargó dos botellas de vuelta. Y no llevó una tercera, porque necesitaba la otra mano para sostener la vela prendida (las velas apagadas las guardó junto a su cintura, agarradas con el elástico del pantalón.
Llegó sin novedad a la torre del director, pero cuando terminó de subir la escalera se encontró con un problema que lo asustó unos segundos: la puerta para entrar había desaparecido. Estuvo indeciso unos segundos, pero finalmente se decidió a llamar bajito a su amigo para que le abriera.
-Pst… Harry –susurró, sin atreverse a golpear el muro.
No tuvo que esperar mucho, en segundos la pesada puerta de madera se materializó frente a sus ojos. Suspiró aliviado, y entró.
-¿Todo bien? –susurró Harry, cerrando la puerta tras él.
-Por supuesto –respondió Draco con voz altanera-. ¿Lo dudaste?
Ambos chicos se fueron a sentar a sus improvisadas camas, a la luz de la vela que ya estaba a la mitad de su altura original.
-¿Cómo la abriremos? –preguntó Harry de pronto.
-Para eso está Draco –dijo el chico dándose importancia-, que anda siempre preparado.
Fue a su mochila y sacó lo que parecía ser una navaja. La manipuló unos segundos y produjo un magnífico saca-corchos. Aprovechó el impulso y, quitándole el polvo en la alfombra primero, guardó una de las botellas en su mochila.
-Para otra noche –explicó, al ver la cara de pregunta de su amigo.
El vino estaba delicioso, ambos chicos estuvieron de acuerdo. Se pasaron la botella amistosamente al principio, pero por poco y se pelearon el último concho. Finalmente lo echaron a suertes, y ganó Harry.
-¡Bah! Igual estaba lleno de babas… -dijo Draco picado, cuando Harry se lo estaba bebiendo. La reacción al comentario fue inmediata, y Harry escupió el concho de vino que se acababa de tomar.
-¡Pero que asco! –susurró espantado-. ¿Para qué me dices esas cosas mientras estoy bebiendo? –se quejó. Draco soltó una carcajada silenciosa, y se encogió de hombros.
Más contentos (y un poco entonados) consideraron que ya tenían un poco de sueño. Harry había sugerido tirar la botella por la ventana para abajo, pero Draco argumentó que el ruido del vidrio al quebrarse contra el tejado de más abajo podría despertar a Dumbledore, que dormía sólo un piso más arriba. Finalmente escondieron la botella vacía en la mochila de Draco (junto a la que todavía estaba llena), para deshacerse de la evidencia apenas pudieran.
Y a los pocos minutos, ambos estaban dormidos.
AN: ¡Muchas gracias por los reviews que me han dejado! Disculpen la demora... ¡Y espero que este capítulo les haya gustado!
