AN: Este capítulo lo tuve escrito por casi 5 años. Pero no me convencía, y dejé pasar el tiempo esperando mejorarlo. Pero eso no ocurrió. Ahora quiero terminar esta historia, así que al final decidí subirlo igual, sacándole una parte algo violenta. Igual hay violencia implícita, y si los perturba mejor esperen al siguiente capítulo (que ya tengo casi listo, y espero subir a la brevedad) y quédense con el resumen: los chicos se aburren, salen a dar un paseo. Tienen un accidente sin consecuencias afortunadamente, pero sacan a Snape de sus casillas una vez más.
Capítulo 19 Glu glu glu
Al otro día, Snape fue a ver a su tía abuela. No quiso llevar a los chicos, a pesar de que se lo rogaron con insistencia. Finalmente se fue, dejándolos con los niñeros por defecto: Dobby y Winky. A pesar de las promesas que Draco y Harry habían hecho tan solo la noche anterios, el elfo y la elfina tenían instrucciones precisas de mantener el órden aunque tuvieran que usar la fuerza. Los chicos miraron a Snape de mal modo cuando les dio esas instrucciones a los elfos. ¿Acaso no confiaba en ellos?
El día transcurrió tranquilo, sin embargo. Harry y Draco fueron buenos chicos: avanzaron en los deberes de las vacaciones, jugaron ajedrez con un tablero y unas piezas que había en la sala (y que Snape había dejado ahí, con ese propósito), y no se pelearon en ningún momento. Cuando Snape volvió, y recibió el reporte de los elfos, sonrió satisfecho.
Pasaron así varios días, en calma. Siempre en compañía de Snape, los chicos fueron al campo de quidittch a volar, al borde del lago a bañarse, y a la biblioteca a buscar libros. Harry incluso pudo ir a visitar a Hagrid, aunque Hagrid tuvo que ir a buscarlo a la mazmorra y luego a dejarlo. Hedwig seguía sin dar señales de vida, y Harry ya se estaba resignando a darla por muerta.
Pasada una semana los chicos ya habían terminado con todos sus deberes para las vacaciones, y comenzaban a aburrirse. Aunque Snape los sacaba a pasear todos los días, eso sólo ocupaba una parte menor del día. La mayor parte del día Harry y Draco no tenían nada que hacer. Y dicen que la ociocidad es la madre de todos los vicios…
A: ¡Y es la pura y santa verdad!
D: ¡Oh, cállate! Nadie aquí quiere escuchar tus lecciones de moral, so santurrón.
Eran casi las tres de la tarde, y hacía un día hermoso. Snape se encontraba durmiendo siesta, y los chicos estaban aburridos en la sala. En la mañana habían ido a jugar al campo de Quidditch, pero ahora estaban condenados a muchas horas de encierro sin nada entretenido para hacer. Mientras Draco estaba tirado de espaldas sobre la alfombra mirando el techo, Harry estaba tirado sobre el sillón, con las piernas sobre el respaldo, mirando también el techo.
-¿Qué podemos hacer para pasar el tiempo? –preguntó Harry por enésima vez.
-No sé –gruñó Draco.
-¿Ajedrés? –sugirió Harry.
-¡Ya me tiene aburrido el ajedrés! –se quejó Draco.
-¿Contemos chistes? –sugirió Harry.
-No recuerdo ninguno. Empieza tú –dijo Draco.
-Tampoco me acuerdo de ninguno –gruñó Harry.
-Me gustaría ir a dar una vuelta afuera –dijo Draco, y suspiró-. Me conformaría con una caminata a la sombra de los árboles.
-Olvídalo. Snape nos mataría.
-No creo. Aunque nos descubriera, sólo se enojaría.
-Y nos castigaría. Nos dejaría encerrados abajo por un día entero, o nos obligaría a hacer alguna clase de trabajo desagradable… -razonó Harry-. No creo que sea una buena idea.
-Te has puesto taaaan cobarde, cabeza rajada –dijo Draco, para molestarlo.
-Es que de verdad no creo que valga la pena –insistió Harry.
-Te equivocas en tu lógica, Harry –insistió Draco-. Imágínate que corremos el riezgo y salimos a caminar un rato. Hay dos escenarios posibles: que nos descubran, o que no nos descubran. Si no nos descubren, sería bueno por dos razones: porque nos divertimos, y porque no pagamos ninguna consecuencia. El segundo escenario es que nos descubran. En ese caso hay un punto bueno y un punto malo: nos divertimos en el paseo, pero nos aburrimos en el castigo. Pero igual los efectos se contrapesarían. Y te aseguro que un día en que pasa algo bueno y algo malo es bastante mejor que un día en que no pasa absolutamente nada.
-Tiene lógica… -reconoció Harry, sonriendo.
Draco se puso de pie.
-Déjemos de pensarlo entonces, que estamos perdiendo tiempo. Snape normalmente se despierta a las cinco de la tarde de su siesta. Eso nos da dos horas para salir y dar una vuelta, una hora y cincuenta minutos para dejar un margen de error de diez minutos para volver. Vamos.
Harry, aburrido como estaba, se dejó convencer, y siguió a su amigo a través de la estatua del enano, que ni se inmutó por la salida de los chicos.
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Afuera hacía calor, pero había una brisa que hacía del estar al aire libre una experiencia grata. Caminaron por la orilla del lago, y de pronto se encontraron con el viejo bote.
-Siempre me he preguntado para qué tienen aquí este bote –comentó Harry. Luego se subió y se sentó. Quedó mirando a Draco, e hizo un aspaviento invitándolo a seguirlo-. Bienvenido a bordo señor Malfoy.
Draco le siguió la corriente, y se subió.
-¿Tú crees que este bote aguante un paseo? –preguntó Draco con una sonrisa traviesa.
-Tiene un remo al menos –comentó Harry.
-¿Lo probamos? –sugirió Draco.
Ambos chicos se miraron, contentos. El borde del lago estaba cubierto por la grata sombra de los añosos árboles, y el aire al borde del agua estaba especielmente fresco.
-¡Está bien! –acceptó Harry.
Y en cosa de minutos el bote estaba flotando en el lago. Los chicos tenían los pies mojados por haber empujado el bote, y porque luego se habían tenido que subir rápidamente. Pero ambos se sacaron zapatos y calcetines y los pusieron a secar sobre las tablas.
Harry remó al principio, manteniendo el bote cerca de la orilla y bajo la sombre del follaje. Pero pronto llegaron a una parte baja de la orilla que estaba llena de rocas y por la cual el bote no podía pasar. Eso los obligó a adentrarse un poco más, para buscar por donde atravesar el obstáculo.
-Ten cuidado –le recordó Draco a Harry-. Mejor rema un poco más fuerte, y para el otro lado. No, no tanto. ¡Hacia la derecha! No… más despacio. ¡Pero mira lo que haces! Pero que bruto… ¡Ahora estamos girando!
Harry finalmente se aburrió y espetó:
-¿O remas tú o remo yo? ¡Porque si vas a seguir diciéndome como tengo que hacerlo mejor hazlo tú!
Draco se puso de pie, aceptando el desafío. Eso produjo una breve inestabilidad en el bote, que en segundos se dio vuelta. Ambos chicos se encontraron bajo el agua, antes de entender lo que había pasado.
Cuando lograron salir a flote, y pasado el efecto de la sorpresa, ambos se miraron, desconcertados.
-Creo que es mejor que volvamos –sugirió Harry-. Con un poco de suerte alcanzaremos a secarnos antes de que Snape se despierte.
-Creo que es preferible que nos cambiemos de ropa… -razonó Draco-. Vamos.
Ambos chicos comenzaron a nadar en dirección de la orilla, y sólo entonces se dieron cuenta de que estaban MUY lejos de la orilla. En el bote no parecía tan lejos. Pero desde el agua, los árboles se veían chiquititos.
Comenzaron a nadar cada vez más desesperados, y pronto se dieron cuenta de que no estaban avanzando.
-Oye Harry… ¿Es idea mía o no estamos avanzando? –preguntó Draco preocupado, quitándose de la cara los rubios mechones que le molestaban en los ojos.
-Si, eso mismo estaba temiendo –respondió Harry-. Ahora que recuerdo, Hermione me contó una vez que había leído no sé donde que éste lago era de esos lagos montañosos que tienen túneles de origen volcánico en el fondo. Me dijo que era común que lagos como este comunicaran los unos con los otros así, y que eso producía peligrosas corrientes.
-¡Y recién ahora los dices, tarado! –se enojó Draco.
-¡Hey! ¡No te desquites conmigo! No me acordaba. Además, ibamos a pasear en bote, no a nadar al medio del lago.
Ambos se quedaron callados, recuperando el aliento. Intentar nadar en vano en agua profundas y hablar al mismo tiempo es sumamente agotador.
-No debimos habernos alejado del bote –comentó Harry con pesar-. Me gustaría poder afirmarme de algo para flotar un rato. ¡Estoy cansándome! Si al menos Snape nos hubiera devuelto nuestras varitas, podríamos intentar hacer magia.
-El bote no está tan lejos todavía –dijo Draco, y comenzó a nadar en esa dirección-. Aunque esté dado vuelta, si los dos nos afirmamos de él por el mismo lado y pataleamos, a lo mejor podamos impulsarlo hacia la orilla.
Harry opinó que ere una buena idea, a falta de otra mejor, y eso fue lo que hicieron. Alcanzaron el bote, y agarrarse de él les trajo algo de descanso. Pero pronto se dieron cuenta de que les resultaba imposible impulsarlo. Estaban tan agotados, que finalmente optaron por quedarse quietos.
-Creo que Snape ya se debe estar levantando –comentó Draco, indeciso entre alegrarse y asustarse ante la idea.
-Ojalá y nos venga a sacar pronto de aquí –comentó Harry. Estaba tan cansado que le daba lo mismo que lo retara, con tal de ponerse ropa seca y descansar.
-¿Tú crees que nos encuentre? –preguntó Draco, inseguro.
Harry recordó los acontecimentos en la cueva del verano anterior, y sintió confianza. Si. Snape los buscaría. Y Snape los encontraría.
-Si. Nos va a encontrar, y nos va a sacar de aquí –dijo Harry con confianza. Le tenía fé al hombre-. No te preocupes.
-No creo que esté muy contento –comentó Draco, algo nervioso ante la perspectiva de la furia post-rescate de Snape.
-Va a estar furioso. Pero luego se le va a pasar –lo tranquilizó Harry.
Y ambos se resignaron a esperar, rogando que Snape se inspirara de alguna manera y los encontrara pronto.
D: Pero que brutos… ¡Que ni siquiera puedan manejar un botecito!
A: No deberían haberse subido al botecito en primera instancia…
D: Pero que latero…
A: Creo que es hora de intervenir. Quédate con Harry y pórtate bien mientras voy a ver a un colega.
D: Ok, tienes razón. Creo que el flaco grasiento va a necesitar inspiración para encontrar a este par de tontorrones.
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Snape, mientras tanto, ya se había despertado. Y estaba teniendo un ataque de pánico. Harry y Draco no estaban en su cuarto. Ni Dobby, ni Winky, ni ninguno de los elfos los había visto desde el almuerzo. El enano de la puerta le informó que los había visto salir a eso de las tres de la tarde, y eso significaba que estaban desaparecidos desde hace más de dos horas… ¿Dónde se podrían haber metido?
Snape tenía una desagradable sensación de "déjà vu". ¿Habrían sido tan idiotas como para irse a meter a la maldita cueva esa, como el verano anterior? Lo dudaba. No podían ser TAN estúpidos y, además, estaba el monstruo ese que Dumbledore había instalado cuidando la entrada…
Afuera ya estaba comenzando a oscurecer cuando Snape y los elfos tuvieron la certeza de que los chicos no estaban dentro del castillo. El pánico de Snape se intensificó. Tendría que buscarlos fuera, y eso podía tomar mucho tiempo. Además, el hecho de que no hubieran vuelto todavía no podía significar más que una cosa: no eran capaces de volver por sus propios medios. Algo había pasado, y estaban en problemas.
¡Los iba a matar! Cuando los encontrara los iba a matar. Ahora si que se lo habían ganado. No pensaba dejarselos pasar esta vez. No pensaba pasar otro verano como el anterior. No señor. Los encontraría, y se arrepentirían de lo que habían hecho. ¡Él haría que se arrepintieran!
Snape se internó en el bosque, y cuando estuvo seguro de que nadie lo estaba mirando, se transformó en mosca, su forma de animago. La odiaba, pero ya le había sido de utilidad en una ocasión similar. Comenzó a volar y a preocuparse todavía más. ¡No encontraba ningún rastro de los chicos! Finalmente se devolvió volando al castillo, para retomar el posible rastro desde un principio. ¡Eureka! Encontró un rastro fresco en dirección al lago, y lo siguió.
El rastro murió al borde del lago. En el suelo mojado había huellas de algo que había sido arrastrado hacia el agua. Si mal no recordaba, en ese lugar solía haber un viejo bote… ¿Acaso a Draco y a Harry se les había antojado dar un paseo en bote? Seguramente. ¿Por qué DIABLOS no se lo habían dicho? ¿Por qué los chicos no le habían hecho caso? ¡Les había dicho que si querían hacer algo les dijera, para poder acompañarlos y asegurarse de que fuera seguro!
Snape volvió a su forma humana, para otear la superficie del agua. No se atrevía a volar sobre el agua en forma de mosca. ¡Cualquier pez o creatura podía saltar desde las oscuras aguas y tragárselo! Estaba oscuro, pero creyó distinguir a lo lejos un puntito flotante. ¿Serían esos los chicos?
El brujo sacó su varita y apuntó al cielo, lanzando chispas. Aunque los chicos no pudieran responder, al menos sabrían que estaba cerca, buscándolos. Y con un poco de suerte podrían señalar de algún modo dónde estaban, si es que ese puntito sobre el agua no era uno de ellos.
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Los chicos vieron las chispas de colores, y rieron aliviados. ¡Ese debía ser Snape! Comenzaron a gritar con todas sus fuerzas, y a tratar de nadar hacia ese punto. No veían nada ahí, aparte de la oscura silueta que dibujaban los árboles de la orilla, pero confiaban en que encontrarían a Snape, aunque estuviera enojado.
Pasaron un rato pataleando, hasta que se dieron por vencidos, cansados. No había caso: la corriente no los dejaba acercarse a la orilla.
Al cabo de un rato vieron algo que los hizo comenzar de nuevo a gritar: Snape venía hacia ellos, montado en una escoba.
-¡Profesor Snape! –Gritaron ambos-. ¡Por aquí!
-¡Gracias a Dios que los encontré! –dijo Snape cuando se acercó lo más que pudo sin mojar su escoba ni las otras dos que cargaba. Luego se inclinó y tomó la mano de Draco, y se elevó hasta que lo sacó casi entero del agua. Se afirmó lo mejor que pudo de su escoba con las rodillas y le pasó una de las escobas.
Draco tomó la escoba con la mano libre y se la pasó por entre las piernas, y comenzó a volar, aliviado de estar fuera del agua. Luego fue el turno de Harry, y pronto los tres estuvieron volando de vuelta al castillo.
Para variar, los elfos estaban todos reunidos en el vestíbulo esperando por noticias. Cuando el trío entró al castillo, todos los elfos comenzaron a gritar contentos y a aplaudir. Los chicos sonrieron a pesar de la precaria situación en la que estaban. Miraron a Snape, pero éste no sonreía.
-Vamos –les dijo simplemente.
Los chicos caminaron frente a él de vuelta a la mazmorra, ambos con un intenso frío y un nudo en el estómago. No se atrevían a decir nada. Estaban en problemas, y lo sabían. No se les ocurría nada que decir que los pudiera ayudar en ese momento.
Cuando ya estuvieron en la sala, ambos se acercaron de inmediato a la chimenea. Pero Snape tenía otros planes.
-Bajen a sacerse esa ropa mojada, y pónganse el pijama. De ahí suben.
-Si señor –murmuró Harry, docilmente.
-Si profesor –murmuró Draco igualmente.
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Snape se sentó en el sillón, y respiró profundamente. Menudo susto esos dos le habían hecho pasar. Pero por suerte los había encontrado, y estaban bien. Eso era lo principal. El brujo gruñó, preguntándose si tendría el valor para hacer lo que se había propuesto hacer. ¿Sería capaz de darles una paliza en el trasero, con sus propias manos? Sentía que se lo merecían, por portarse como unos niños porfiados y sin sentido común, por desafiarlo una y otra vez poniendo sus propias vidas en peligro. Pero, aparte del par de palmadas que le había dado a Draco al forcejear con él en casa de Helena el día que llegó, nunca había golpeado él mismo a nadie. Recordó a Dumbledore, y estuvo a punto de arrepentirse. Dumbledore lo había castigado a él así, como a un niño, a pesar de tener más de 35 años. No tenía ganas de seguir su ejemplo. Pero también sabía perfectamente (por su propia experiencia) que además de doler, era muy humillante. ¿Tal vez era eso justo lo que el par de iluminados necesitaba para dejar de hacer tonterías? Podría resultar.
En eso apareció Dobby.
-¿Va a requerir el señor profesor Snape que Dobby traiga la cena?
-Si, Dobby –dijo Snape, habiendo tomado su decisión-. Pero no la traigas de inmediato, sino en unos veinte minutos más.
El elfo desapareció de inmediato, tras un "si señor profesor Snape".
Un minuto más tarde se asomó la cabeza de Harry timidamente por la puerta del piso. Snape quedó mirando al chico, y le hizo signo de que se acercara. Al instante apareció Harry, seguido de Draco.
-Señor –comenzó Harry nervioso-. Queríamos agradecerle el habernos ido a rescatar, y queríamos pedirle disculpas por haber salido sin pedirle permiso. Lo sentimos.
-Si –agregó Draco-. De verdad que estamos arrepentidos.
-No lo vamos a volver a hecer –agregó Harry-. Se lo juro.
-Yo también se lo juro –aseguró Draco.
Snape no respondió de inmediato. Sentía que estaba a punto de ceder. Los chicos parecían sinceros. ¿Podía confiar en ellos? No. Aunque ahora parecían francos en su arrepentimiento, Snape estaba seguro de que saldrían con otra tontería tarde o temprano, motivados por el hecho de que si se arrepentían después podían salir libres de consecuencias.
-Está bien. Pero los voy a castigar igual –les dijo, decidido.
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-Confío en que no me van a volver a desobedecer –les dijo Snape, algunos minutos más tarde.
-No señor –murmuró Harry, bajito.
-¿Draco?
-Váyase al diablo –murmuró Draco, son voz casi inaudible. Snape le dio una palmada haciendo que el chico soltara un gritito.
-¿Draco? –insistió Snape.
-No señor –se resignó a responder el chico.
-Está bien –les dijo, satisfecho-. Ahora vamos a cenar. Lávense la cara los dos y siéntense.
Los chicos obedecieron. Ambos volvieron a la sala después de un rato con sus caras húmedas y limpias, aunque con los ojos algo rojos. Se sentaron con cuidado. La mesa ya estaba puesta. Era pescado… ¡Que ironía después de haber pasado tanto tiempo en el agua!
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Cuando llegó la mañana, los chicos se sentían mejor. A ninguno le seguía doliendo sentarse, y eso los hizo sentir bastante más contentos que la noche anterior. Snape ya no parecía estar enojado con ellos, y los tres tomaron desayuno tranquilos.
-Los dos se van a sentar aquí a escribir trecientas veces "No voy a volver a desobedecer" después del desayuno –les dijo Snape-. Y no van a salir a ninguna parte ni hoy ni mañana.
-Si señor –respondió Draco.
-Ok –respondió Harry.
-Les prevengo que si vuelven a hacer cualquier tontería, les va a ir peor que anoche. ¿Les queda claro?
Ambos chicos se sonrojaron, y asintieron mansamente. ¡Ninguno de los dos quería que se repitiera lo de la noche anterior, y menos aún "peor"!
