Nota: Para los que todavía quieran leer "Otro verano complicado" tengo buenas noticias: terminé de escribir la historia. La subiré por capítulos sólo por que soy muy malvada. Gracias a los que han dejado comentarios. Para Hada: son 26 capítulos en total. Para Lunapotter: Harry estará bien, con altos y bajos como siempre :)

Capítulo 21 Muerte al Mengue

El resto del domingo pasó lentamente. Dumbledore y Snape discutieron por lo que a Draco le parecieron horas, sin incluirlo, y el chico estaba bastante molesto. Le encargaron que vigilara a Harry, pero luego de algunas horas ya estaba tan aburrido que creyó que se volvería loco.

Llegada la noche, Albus y Severus habían llegado a un plan. Usarían una de las salas más pequeñas de las mazmorras inferiores, ya que tenían los muros más antiguos, fuertes y gruesos. Colocarían encantamientos adicionales para contener dentro cualquier magia, y encerrarían a Harry adentro junto con una babosa (por lo lento que se movería), luego de darle al chico una versión muy fuerte de la pócima de muertos vivientes. Debía ser una variante fuerte, ya que no deseaban solamente dormirlo, sino provocarle un estado tal que su corazón dejara de latir por algunos segundos, afín de obligar a Voldemort a dejar su cuerpo y poseer al de la babosa. Luego dispondrían de pocos segundos para sacer el cuerpo de Harry y resucitarlo, para luego llenar la mazmorra con fuego maligno, que suponían podría ser lo suficientemente poderoso como para destruir la babosa junto con Voldemort. Y, como precaución adicional, sellarían esa mazmorra.

Zuroy llegó como prometido a ver a Harry por la tarde, pero Dumbledore lo despachó rápidamente, no deseando divulgar el hecho de que el chico se encontraba en la actualidad poseído por Voldemort. El medimago se fue algo desconcertado, afirmando que cuando lo necesitaran ya sabían donde encontrarlo.

Esa noche, Snape prefirió que Draco no durmiera en la misma habitación que Harry, dado el peligro de que algo pudiera pasarle si Harry "despertaba". Draco no se hizo de rogar, pero rechazó la idea de dormir en la mazmorra inferior. Discutieron un rato, y finalmente llegaron al acuerdo de que Draco dormiría en la sala, en el sillón.

No queriendo alejarse de los chicos, Snape preparó el filtro de muertos vivientes y su antídoto en su cuarto de trabajo, con la puerta abierta, a fin de estar atento por si se producía algún problema. Mientras tanto, Dumbledore se encargó de acondicionar una pequeña sala de las mazmorras más profundas. Le puso todas las protecciones posibles, y metió una babosa bastante grande dentro.

En la madrugada, tomaron desayuno los tres en la estancia de Snape, en un tenso silencio. Luego, Snape llevó con cuidado a Harry a la mazmorra inferior, con Dumbledore caminando a un lado, varita lista, por si el chico se despertaba. Draco tuvo la misión de seguir a los brujos, cargando la poción y el antídoto.

Una vez fuera de la mazmorra preparada, Dumbledore comprobó los hechizos, verificó que la babosa seguía dentro y, cuando estuvo conforme, Snape le dio la pócima a Potter. A pesar de confiar en el plan, estaba nervioso. Le costó que el cuerpo inanimado del chico se tragara la pócima que lo mataría, pero finalmente lo consiguió. Rápidamente dejó a Potter dentro y cerró la puerta. Por la ventana de la puerta Dumbledore y él observaron el procedimiento, mientras Draco se comía las uñas de nervios sin poder ver nada.

Pasaron unos minutos, hasta que finalmente vieron que el cuerpo del chico convulsionó. A ambos brujos se les apretó el estómago, sabiendo que no podían intervenir todavía. Finalmente, luego de una agonía que se les hizo eterna, vieron que el cuerpo de Harry dejó de moverse. Se fijaron en la babosa, y a los pocos segundos observaron que ésta comenzaba a retorcerse. Rápidamente Snape entró y sacó el cadáver de Harry, mientras Dumbledore lanzaba dentro de la sala la maldición del fuego maligno, sellaba la puerta, y volvía a poner los encantamientos sobre esta.

Mientras tanto, Snape reanimaba a Harry. Con la varita le lanzó golpes al corazón y a los pulmones, obligándolos a volver a funcionar. Por unos segundos sintió pánico, pensando que no estaba dando resultado. Dumbledore lo observaba impotente, y Draco terminó agarrándose la cabeza con las manos, desplomándose en el piso llorando.

Pero Snape perseveró, y transcurridos unos tensos segundos constató que el corazón de Harry latía débilmente. Dumbledore respiró como si le hubieran sacado un gran peso de encima. Su vista y la de Snape se encontraron, y ambos compartieron un sentimiento de alivio.

Aunque Harry seguía dormido, producto de la poción de muertos vivientes, Snape le abrió un párpado y sonrió aliviado al ver que sus ojos volvían a ser los mismos verdes de antes. Ya pasado el peligro inicial, le pidió el antídoto a Draco. El chico se tardó unos instantes en recordar que él lo tenía, pero por suerte lo encontró en su bolsillo y se lo entregó al brujo (que parecía dispuesto a matar a Draco). Con bastante dificultad, Snape logró que el cuerpo inanimado de Harry se lo tragara.

Dumbledore observó por la ventana de la puerta como el fuego maligno rebotaba contra las paredes adoptando diferentes y siniestras formas, pero no vio a la babosa en el piso. Supuso que el plan había funcionado, pero como medida de precaución adicional transformó la puerta en un sólido muro de piedra, para que nadie cayera en la tentación de entrar a mirar. Y Hogwarts, que ya de por sí era un castillo extraño, sumaría una extrañeza más: una sala herméticamente sellada, llena de fuego maligno.

A: Santo cielo... Ya estaba que me lo llevaba...

D: Creo que, en estricto rigor, se habría venido conmigo plumero. No te ofendas.

A: Te equivocas. Harry se había estado portando muy bien.

D: ¡Porque no le quedaba otra alternativa! Pero la intención es lo que vale, y ten la certeza que dentro de su corazón sigue siendo de mi bando.

A: Te equivocas.

D: Sueña. Espera y verás.

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Durante el transcurso de la semana, Harry se fue recuperando lentamente. Dumbledore volvió a verlos a diario, y aparentemente el incidente logró lo imposible: que Dumbledore y Snape olvidaran la pelea y se reconciliaran.

Harry se tardó dos días en volver a abrir los ojos, y otros dos en saber dónde estaba y quién era. Fue una recuperación muy lenta, pero Snape lo cuidó constantemente, con santa paciencia, y Draco puso de su parte no estorbando a pesar de que se encontraba más aburrido que perro sin nariz.

El sábado Dumbledore llegó con novedades para el deprimido Draco: Laure Walters estaba fuera de peligro de muerte, y recuperaba el conocimiento por cortos periodos. Pero aún se encontraba muy débil, y se estimaba que su alta no sería para antes de un mes o dos. Draco recibió resignado la noticia, ya que ya se estaba haciendo a la idea que pasaría otro verano con Snape y con Harry.

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Los días pasaron en una aburrida secuencia. Harry se recuperaba lentamente, Draco se aburría soberanamente, y Snape comenzaba a desesperarse.

Cuando llegó el 8 de agosto la atmósfera explotó. Draco se despertó de un humor de perros. Estaba de cumpleaños y quería salir, juntarse con quien fuera, pero celebrar de algún modo. Y Harry, que ya estaba lo suficientemente consciente como para saber qué día era, sentarse en la cama, y reclamar que estaba aburrido, tenía a Snape cansado preguntándole constantemente si se podía levantar.

Pero Zuroy había dicho que el chico estaba débil, y que debía guardar cama por dos semanas. Y aunque Snape intentó conservar la calma, y le respondió cada vez con paciencia a Harry que debía quedarse en la cama y descansar, ese martes terminó perdiendo la paciencia, con las orejas calientes por los reclamos de los dos adolescentes.

-¡CÁLLENSE AMBOS! -Terminó gritando, con tan mala suerte que la loza del desayuno, que estaba sobre la mesita de su cuarto, explotó, lanzando pedazos de cerámica, vidrio y comida por todo el dormitorio (los tres seguían durmiendo y comiendo en su cuarto, para no dejar solo a Harry).

Snape comprobó que ese no era su día, cuando escuchó justo en ese momento al enano de piedra discutir con su jefe. ¡Dumbledore había escogido justo ese momento para llegar de visita! Gruñendo se puso de pie, arregló la embarrada con unos Reparo y otros Envanezco, y se dirigió a la sala para dejar entrar al anciano. Draco y Harry se quedaron callados, algo asustados, y no intentaron seguirlo hasta la sala.

-¡Severus! –Lo saludó el anciano alegremente-. Tu dulce voz se escucha hasta afuera. ¿Sucede algo?

Snape cerró los ojos unos instantes, contó hasta siete para calmarse, y luego los volvió a abrir. Apuntó la puerta de su cuarto con su varita, la cerró de un portazo, y la aseguró por fuera con llave. Luego le puso un hechizo insonorizante y finalmente se dejó caer en el sillón de la sala (las sillas del comedor habían ido a parar a su congestionado cuarto). Dumbledore lo siguió preocupado, y se sentó en el otro extremo del sillón.

-¿Tan mal están las cosas? –Preguntó el anciano preocupado.

Snape no le respondió, pero se tapó la cara con las manos y asintió con la cabeza.

-¿Quieres un caramelo de limón? –Le ofreció el Anciano sacando una bolsita de papel de su bolsillo.

Snape se sacó las manos de la cara y lo miró con tal intensidad que Dumbledore tragó saliva y se guardó los caramelos en el bolsillo murmurando "tal vez no…".

-¿Te puedo ayudar en algo? –Insistió-. Si me cuentas lo que ocurre a lo mejor yo pueda hacer algo…

-Sólo estoy cansado –respondió Snape finalmente-. He dormido poco. Draco se aburre y anda insoportable. Y Harry está lo suficientemente mal como para que tenga que estar pendiente de él, y lo suficientemente bien como para aburrirse y hacerme la vida miserable. Y lo peor es que tampoco puedo culparlos. Me gustaría dejar salir a Draco, pero me da miedo que le pase algo. Este castillo y sus terrenos son grandes, y están llenos de peligros. Y anda tan insoportable que ni los elfos quieren tenerlo de vuelta en el huerto. Sin Harry se aburre, y los molesta. Y Harry está tan débil todavía que ni siquiera le puedo pasar un libro para que lea, porque a los diez minutos ya está mareado y le comienza a doler la cabeza. No doy más Albus. No tengo un solo segundo para mí, están todo el día alrededor, y ni siquiera puedo relajarme de noche.

Dumbledore lo contempló un momento, reflexionando.

-Necesitas vacaciones.

Snape resopló burlonamente, y respondió con su habitual sarcasmo.

-Brillante deducción Director. Por si no lo había notado: ESTOY de vacaciones.

-Me refiero a unos días para ti –explicó el anciano sin inmutarse-. ¿Quieres que yo me quede unos días con ellos?

-No me atrevo, Albus –murmuró Snape-. Creo que es muy probable que quieran abusar y se te puede salir la situación de las manos.

-¿No me crees capaz de lidiar con ellos? –Le preguntó el anciano algo ofendido.

-Sí… Pero por alguna razón esos dos juntos se las arreglan para encontrar problemas, y temo que si me alejo luego me arrepentiré. Es como un mal presentimiento, si entiendes a qué me refiero.

El anciano asintió, volvió a sacar su bolsita de caramelos, y se echó uno a la boca, reflexionando.

-Creo que tengo una idea –dijo Dumbledore al cabo de un rato.

-¿Cuál? –Preguntó Snape con escepticismo. La cara del anciano le había dado mala espina.

-¡Creo que deberíamos invitar a los amigos de Harry: Granger y Weasley! -Sugirió Dumbledore, sonriendo como si acabara de descubrir la cura para el cáncer.

-¿ESTÁS LOCO? –Gritó Snape poniéndose de pie-. ¿CÓMO SE TE OCURRE?

-Podría funcionar –comenzó a explicar el anciano-. La señorita Granger es lo suficientemente madura y razonable como para impedir que hagan tonterías, y el señor Weasley impediría que sean sólo tres niños y que Draco se sintiera fuera del grupo.

-Albus –dijo Snape con incredulidad, volviendo a sentarse-: de todas las ideas que se te han ocurrido, esta es de lejos la más ABSURDA que te he escuchado.

-¿Y si invitáramos por unos días a algún amigo de Draco?

-No. Sus amigos son todos hijos de mortifagos.

-¿Y si invitamos tan sólo a la señorita Granger?

Snape reflexionó unos segundos. Recordó la foto que la chica le había robado el año anterior, y frunció el ceño. Pero Granger no era tan odiosa como Weasley, y además por ser novia de Viktor Krum la podía considerar cercana a su familia. Y tenía que admitir que tenía más sentido común que Harry y Draco juntos…

-Pero, aunque Granger aceptara venir a pasar unos días aquí para entretener al parcito –razonó el brujo-. ¿Adónde propones que los instalemos? No puedo dejar que una niña duerma con los chicos Albus. Y tampoco los puedo alojar en cualquier parte. Las ventanas son peligrosas, y no creo que sea justo alojarla también en una de las mazmorras inferiores.

-Creo que sería bueno que dejáramos de preocuparnos por las ventanas Severus. Con algunos encantamientos podemos hacer que no puedan entrar las lechuzas.

-¿Y en qué se supone que pasarán el tiempo? Si Draco y Harry juntos se aburren, ¿qué te hace pensar que al llegar la señorita Granger la situación va a mejorar?

-¿Tal vez podrían adelantar en las materias para el próximo año? Así se mantendrían ocupados y quietos.

Snape negó con la cabeza.

-Albus: están de vacaciones, y están aburridos. No les voy a pedir que se lo pasen todo el día estudiando. Además, Harry está demasiado débil todavía.

-Entonces invitemos a algunos amiguitos por el día a celebrar el cumpleaños de Draco. No necesitan quedarse a dormir. Eso distraerá un poco a los chicos y romperá la monotonía.

Snape tuvo una imagen mental de su estancia llena de globos y serpentinas, con un grupo de chicos haciendo ruido y un gran pastel lleno de velitas. ¡Era como su peor pesadilla hecha realidad!

Dumbledore observó la mueca de horror en su subalterno, y pareció entender su conflicto.

-No necesitamos celebrar el cumpleaños aquí –aseguró el anciano-. La casa es grande. Podemos por ejemplo hacerlo en la sala multipropósito. Y celebrar de paso el de Harry, ya que su cumpleaños pasó sin pena ni gloria por lo del ataque.

Eso pareció convencer a Snape, que finalmente aceptó a regañadientes.

-Pero tú te encargas de todo Albus…

-Sí Severus, sí… -Aseguró el anciano dándole unas palmaditas tranquilizadoras en las manos.

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Y así fue como poco después del almuerzo el director llegó a su oficina de Hogwarts con Hermione, Ron, Ginny y Neville. Luego de que visitara las tres casas, y les explicara el plan para celebrar los cumpleaños de Harry y Draco, los cuatro chicos habían accedido a ir con él al castillo.

Los cinco se fueron a la sala multipropósito, y tras pasear tres veces pidiendo un lugar adecuado para celebrar el cumpleaños de ambos chicos, una puerta apareció. Entraron, y se encontraron con una especie de gran invernadero redondo, de altas paredes, lleno de luz, con muchas flores, y adornos de colores que decoraban los vidrios. Había una cama, como si la sala supiera que uno de los cumpleañeros debía descansar, y en el centro una mesa redonda con un mantel con un estampado de flores que hacía pensar en el trópico y en camisas guayaberas. Sobre la mesa había algunos gorros de papel de formas curiosas, como un nido con un pájaro gordo y violeta echado, o una copa de helado con varias bolitas de distintos colores y una cereza en la punta. Y, lo más curioso de todo, fue una palmera torcida de la que colgaba una gran piñata de papel rosado, con forma de cerdo con alitas.

-Qué… Tropical –comentó Ron desconcertado.

-A mí me gusta –aseguró Neville, aunque parecía más positivo que convencido.

-Sí, no está mal –agregó Hermione, con una risita nerviosa.

Los tres se quedaron mirando a Ginny, que se encogió de hombros y se rio.

-Está bien, supongo –dijo sonriendo.

-¡Perfecto! –Aseguró Dumbledore, con una gran sonrisa-. Voy a ver si los elfos tienen preparado el pastel y todas las delicias que les encargué antes de irlos a buscar.

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Draco y Harry sospechaban que algo raro se estaba cocinando, ya que Snape parecía extrañamente más calmado y más tenso a la vez. Los chicos hubieran querido saber qué habían conversado los brujos tanto rato, pero Snape había vuelto al cuarto mudo y con los labios apretados, y cuando le comenzaron a preguntar al brujo qué había dicho el director, les respondió solamente que guardaran silencio si no querían pasar el resto de la mañana copiando "Dejaré de meter ruido como cotorra sin cerebro". Y entonces, razonablemente, los chicos guardaron un respetuoso silencio hasta el almuerzo.

A eso de las cuatro de la tarde volvió Dumbledore a la estancia de Snape. Harry dejó la hebrita de la sábana que había estado tirando por los últimos diez minutos, Draco cerró el libro de cocteles que había estado leyendo, y Snape abrió los ojos agotado pero resignado, desde su cama donde había estado intentando infructuosamente conciliar el sueño.

-¡TODO LISTO MUCHACHOS! –Gritó el anciano con entusiasmo.

-Perfecto… -Murmuró Snape, sin contagiarse del espíritu del director.

-¿De qué habla? –Preguntó Draco.

-¡FIESTAAAAAAA! –Gritó Dumbledore abriendo los brazos. Luego se acercó a Harry y lo levitó fuera de la cama.

-Vamos Draco… -Dijo Snape con voz de resignación.

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Cuando Dumbledore, Snape y los chicos llegaron a la sala multipropósito, los cuatro invitados ya habían puesto sendos gorros sobre sus cabezas, y estaban comiendo golosinas y tomando jugo de calabaza. Al centro de la mesa había un pastel muy colorido, lleno de velitas.

Harry y Draco se entusiasmaron de inmediato, y Harry a regañadientes aceptó meterse en la cama que había. Sólo una mirada que Snape le dirigió lo convenció de obedecer.

Snape se unió al grupo con una sonrisa forzada, pero un tic en su ojo izquierdo traicionaba sus verdaderos sentimientos con respecto a la fiesta.

Dumbledore parecía en su salsa, y se colocó feliz un sobrero con forma de isla con dos palmeras en su blanca cabeza. Intentó ponerle a Snape uno con forma de globo terráqueo, y los chicos lo animaron con vítores y aplausos, pero el brujo se mantuvo inflexible y amenazó con prenderle fuego a la piñata si insistían.

-Es un cerdo con alas Severus –dijo el anciano sonriendo-, prácticamente la mascota del colegio. Prenderle fuego a esa piñata sería como traicionar a tu alma mater.

Los chicos se rieron, y Snape le dirigió una mirada de rencor a su jefe. Se puso de pie, e intentó dirigirse a la puerta murmurando que necesitaba descansar. Harry le rogó que se quedara, y luego de pensarlo unos segundos terminó cediendo, y volvió a sentarse en la cama de Harry con un largo suspiro trágico.

Para no causar problemas, los chicos optaron por ignorar al brujo, y se concentraron más bien en la comida y en la bebida. Harry y Draco tuvieron que contar con lujo de detalles el ataque que Harry había sufrido, ya que sus amigos tenían curiosidad por saber por qué estaba tan enfermo. Snape no puso buena cara de que la historia se supiera, pero Dumbledore le hizo signos de que no tenía tanta importancia. Los invitados también contaron cómo habían estado pasando sus vacaciones, y Dumbledore contó algunos chistes que hicieron que los chicos se sonrojaran y que Snape lo mirara con cara de alarma.

Aunque nadie había tenido tiempo de traer regalos, a los festejados no les importó demasiado. Cantaron el cumpleaños feliz a todo pulmón, y Dumbledore levitó el pastel hasta la cama de Harry para que este, junto con Draco, pudiera soplar las velitas. Dumbledore sacó de quien sabe dónde una cámara fotográfica y tomó muchas fotos. Snape intentó no aparecer en ellas, pero el anciano fue más rápido y consiguió atraparlo varias veces.

Comieron pastel, que estaba muy rico, y todos salvo Snape y Harry se repitieron. Harry intentó comerse otro pedazo como el resto, pero Snape no lo dejó, argumentando que estaba enfermo y que ya había comido demasiados dulces.

Dumbledore hizo aparecer una venda, y declaró que golpearían la piñata por orden alfabético de nombre de pila al revés. Todos se quedaron unos segundos desconcertados, con el ceño fruncido, pero el anciano sonrió todavía más.

-Creo que la señorita Ginebra Weasley es la primera –declaró alegremente el anciano, y con un movimiento de varita dejó la venda tapándole los ojos a la chica.

Le pasaron un palo, y tras darle unas vueltas para confundirla la dejaron intentarlo, y acordaron que cada uno tendría cuatro oportunidades.

Ginny sólo le acertó a su cuarto intento, hundiéndole un poco la panza al cerdito. Luego vino el turno de Ron, que no le acertó a ninguno y alegó que lo habían dejado muy lejos de la piñata. Luego le tocó a Neville, que le acertó en su cuarto intento al igual que Ginny. Luego fue el turno de Hermione, que sorprendió a todos caminando en línea recta hasta llegar al muro de vidrio, luego caminando por el borde hasta llegar a la puerta, orientándose acertadamente, para finalmente dar un número determinado de pasos y quedar prácticamente frente a la piñata. Los chicos comenzaron a gritar que estaba haciendo trampa, pero la chica ni se inmutó y le acertó a la piñata en tres de sus cuatro golpes. Le hubiera acertado a los cuatro si la piñata no se hubiera comenzado a balancear. Pero lo que le sobraba de astucia le faltaba de fuerza, y la piñata sobrevivió para el turno de Draco, que aprovechó de hacer lo mismo que Hermione y acabó con el cerdo alado con dos fuertes golpes. Se sacó rápidamente la venda y miró al resto con aires de superioridad.

Pero nadie le hizo mucho caso, porque los dulces saltaron para todas partes, y todos salvo Snape y Harry corrieron a recogerlos. Snape no hubiera participado ni aunque lo hubiesen amenazado con la maldición Cruciatus, y Harry hubiera querido participar si no fuera porque Snape lo había pegado a la cama con un hechizo, cansado de intentar que no se levantara.

Dumbledore los sorprendió a todos con algunos juegos más que se sabía. Y, cuando llegó la noche y la hora de irse, todos los chicos estaban felices y agotados, y hasta Snape se encontraba mucho menos sobrepasado que por la mañana.

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Snape tuvo que reconocer que su jefe había tenido razón. Al día siguiente Draco y Harry estaban bastante más manejables que en los días anteriores. En vez de reclamar cada media hora que estaban aburridos, reclamaban cada una hora o dos. Y entretiempo comían demasiados dulces para su gusto, pensó Snape frunciendo el ceño. Aunque nunca había estado de acuerdo con permitir que los estudiantes comieran golosinas cuando quisieran, no había tenido corazón para quitarles los dulces que Draco había recogido de la piñata, sobre todo después de ver que el chico generosamente le daba la mitad a Harry, que no había podido recoger más que tres que habían caído sobre su cama.

Y tenía que reconocer también que Harry se veía mucho mejor, con más color en su cara, y soportando mucho más tiempo sin cansarse.

Los problemas llegaron a la hora del almuerzo, cuando los chicos no quisieron comerse todo el almuerzo. Al final igual logró que le hicieran caso, aunque tuvo que amenazarlos con las penas del infierno para conseguirlo.