Nota: ¡Gracias Hada! Me alegro que lo hayas disfrutado tanto :D
Capítulo 22 Zafarrancho y Solución
Snape no era un hombre débil. No era tampoco una persona que rehuyera su deber, y había pocas cosas en la vida que de verdad pudieran aterrarlo.
Pero, al levantarse dos días después e ir al baño para la rutina que había mantenido por años, notó algo diferente. Al cepillarse los dientes contemplando sus ojeras y pensando en días mejores, de pronto notó que algo había cambiado. Escupió la pasta de dientes, y acercó su rostro al espejo. Ahí donde antes había sólo ojeras y piel cetrina había unas arruguitas. Luego su vista subió un poco y notó que sobre su frente había algo que nunca antes había habido: un cabello blanco. Pasó su mano sobre el pelo para comprobar que no era un efecto de la luz y se deprimió. Era innegable: contó tres canas en total, camufladas entre su pelo negro.
Algo dentro de él se quebró. Se sentó en el inodoro y contempló el vacío por unos instantes. De pronto el paso del tiempo se volvió en su mente una realidad palpable más que un concepto abstracto.
Un poco más tarde, Dumbledore volvió a visitarlos, y pareció notar el alicaído estado de ánimo del brujo. Y tras dejar a los chicos entretenidos con el juego de cartas que el anciano les había traído, volvieron a conversar a la sala.
-¿Qué sucede Severus? –Le preguntó el anciano, preocupado.
Snape no contestó de inmediato, pero luego indicó su frente.
-Me salieron canas, Albus –contestó abatido. El anciano sonrió débilmente.
-Ah… Sí… Recuerdo que alguna vez también me pasó –contestó, y comenzó a acariciarse su larga barba blanca-. Si tienes suerte, alguna vez llegarás a tener una cabellera y una barba tan hermosas como las mías.
Snape frunció el ceño, enojado.
-No me tomas en serio…
Dumbledore dejó de sonreír, y pareció apenado.
-Lo siento Severus. Olvidé como se sentía encontrar las primeras canas.
Se quedaron en silencio un momento, ninguno de los dos sabía qué decir. Finalmente Dumbledore rompió el silencio.
-Estaba pensando que tal vez querrías reconsiderar… -Snape levantó la vista entre alarmado y enojado, pero Dumbledore lo apaciguó con las manos para que lo dejara terminar-. Podrías reconsiderar la posibilidad de traer a alguien para que te ayude.
-¿Cómo quién? –Preguntó Snape, escéptico.
-¿Has considerado una niñera Severus?
Snape olvidó por un instante su abatimiento y miró al anciano como si se hubiera vuelto loco.
-Albus… Cumplieron 16 años. No necesitan una niñera –intentó explicar el brujo, como si su jefe fuera el más tonto de sus alumnos de primer año.
-La señorita Granger mencionó, cuando la fui a buscar el otro día, que este fin de semana sus padres visitarían a sus abuelos. También mencionó que la idea de acompañarlos no le entusiasmaba realmente…
-Albus NO –lo interrumpió Snape-. Ni lo pienses…
-Pero piénsalo por un instante –insistió el brujo sin darse por vencido-. Te vas por un fin de semana a tu casa, o a casa de tu tía, o a algún lugar solo. Y contratamos a la señorita Granger para que los acompañe durante el día y los mantenga razonablemente ocupados y sin meterse en problemas. Y yo me podría quedar en el castillo por si surge algún inconveniente.
Albus consideró un buen signo que su subalterno no lo interrumpiera. De hecho, parecía incluso estarlo pensando.
-De hecho –continuó-, podríamos pedirle a la señorita Granger que los ayude a terminar sus deberes para el próximo año escolar.
-Ya terminaron sus deberes Albus –respondió Snape algo ofendido-. Ya me encargué de eso.
-Claro, claro Severus… -concedió el anciano, divertido-. Entonces podríamos encargarles algún proyecto. Algo para que investiguen y se mantengan ocupados. Eso entusiasmaría a la señorita Granger.
-Probablemente –respondió Snape con una desagradable sonrisa-. Maldita sabelotodo…
-Severus…
-Bueno: ES una sabelotodo insufrible Albus.
-Pero no tendrías que sufrirla tú, ya que estarías en algún lugar paradisíaco, disfrutando de la paz… Del silencio… Sin niños en kilómetros a la redonda…
En el rostro de Snape se dibujó la primera sonrisa auténtica de toda la conversación mientras miraba el vacío imaginando, y Dumbledore se dio cuenta de que lo tenía casi convencido.
-Y como le debes muchos favores a este colegio, ni siquiera tendrías que pagar el paquete… Sería la justa retribución por los días que has estado cuidando estudiantes durante tus vacaciones de verano.
Snape finalmente aceptó, y todo quedó arreglado. Dumbledore se llevaría a los chicos a su torre, donde pondría toda clase de hechizos para que nada que no fuera aire y luz entrara por las ventanas, y para que los chicos y Hermione pudieran "acampar" en su sala juntos sin temor a que ocurriera nada no apto para menores.
Como ya era viernes, Dumbledore partió de inmediato a hablar con Hermione Granger. Mientras tanto, Snape sacó los hechizos de la puerta de su cuarto para comunicarles a los chicos que se quedarían con el director hasta el lunes.
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A los chicos no les gustó mucho la idea de volver a la torre del director, pero Snape les dijo que ya estaba decidido, que sería sólo por el fin de semana, y que más les valía no causarle problemas al anciano o cuando volviera los haría limpiar las mazmorras con la lengua.
Eso consiguió silenciarlos, aunque le dirigieron profundas miradas de reproche cuando el brujo juntaba en una maleta la ropa que llevaría.
Acababa de cerrar la maleta cuando Harry rompió el silencio.
-¿Por qué usted puede ir de vacaciones y nosotros no? ¡No es justo!
-Sí, no es justo –dijo Draco, sumándose a la protesta.
Snape suspiró, cerró los ojos, y finalmente se fue a sentar a la cama de Harry.
-¿Han notado que he estado un poco nervioso últimamente, y que me enojo con más facilidad? –preguntó con calma. Los chicos asintieron, por lo que continuó-. La única manera de… Calmarme… Es descansando. Por eso el director ha decidido que debo irme a unas breves vacaciones.
-¿Y ahora a decidido de pronto comenzar a hacerle caso al director? –Preguntó Harry en un tono algo burlón.
-Harry… Cambia el tono… -respondió Snape con voz amenazante.
-¡Pero es que no es justo! –Insistió el chico-. ¡La otra vez también se fue sin mí a Bulgaria! ¿Por qué nunca me lleva con usted cuando viaja?
-Harry… Esto es diferente… -respondió Snape sintiendo un poco de culpa.
-¡No! ¡No lo es! –interrumpió Harry, con los ojos un poco mojados-. Yo aquí… Enfermo… ¡Y usted quizá dónde, sobre una silla de playa y con anteojos de sol!
Se produjo un incómodo silencio.
-Y un coctel con sombrilla en la mano Harry, se te olvidó eso… –dijo Draco intentando romper el incómodo silencio que se había producido en la habitación.
-Harry, necesito esto y punto –declaró finalmente el brujo, poniéndose de pie-. No te estoy abandonando, y espero que en algún momento lo entiendas.
Snape salió de la habitación, no porque tuviera algo que hacer en otra parte, sino para evitar seguir discutiendo. Los chicos escucharon que la puerta del cuarto de trabajo de Snape se cerraba de un portazo. Harry no se contuvo más y se echó a llorar.
-No es justo… -Murmuró.
-No es para tanto, cabeza rajada –lo consoló Draco-. Son sólo tres días. No es el fin del mundo.
-¡Pero siempre se va sin mí! –se quejó.
-Mi prima siempre se va sin mí, ¿y me vez quejándome y llorando como un bebé?
-No es lo mismo –respondió Harry, picado en su orgullo. Pero se secó la cara con la manga del pijama.
-No será tan malo. Y si quieres podemos fastidiarle la vida al viejo Dumbledore para que se arrepienta de mandar a Snape a otra parte.
Eso pareció consolar un poco a Harry.
D: ¡Ese es mi chico! ¡Go Harry, go!
A: Ay no…
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Snape finalmente se fue. Harry se despidió con frialdad y sin mirarlo a la cara, y Draco miró al profesor con cara de "ya se le va a pasar" apenas Harry bajó la vista.
El director los llevó a su torre, y al entrar a la sala los chicos se sorprendieron al ver a Hermione esperándolos. La saludaron, preguntándose qué estaría ella haciendo ahí.
-La señorita Granger los acompañará y los supervisará durante el fin de semana -explicó el director.
-¿Supervisar? –Preguntó Draco, con un dejo de burla e incredulidad en la voz.
-Sí Draco. Supervisar –respondió el anciano con voz que no daba lugar a réplicas-. Ella los cuidará, y le tendrán que obedecer. Tiene autorización para hacer magia si es necesario.
-¡Pero ella es tan menor de edad como nosotros! ¡No es justo! –Reclamó Draco.
-Que Hermione se quede, bien –intervino Harry-. Yo feliz. Pero no necesitamos una niñera Profesor.
-HERMIONE ESTÁ A CARGO, Y FIN DE LA HISTORIA –respondió el anciano, logrando que Draco y Harry se callaran-. Los llevará a la biblioteca donde harán una investigación que me entregarán el lunes.
-¿Y vamos a tener que trabajar más encima? –murmuró Draco con una mueca de desagrado.
-Ella les explicará –dijo simplemente Dumbledore. Luego se volvió hacia la chica y agregó-: Queda a cargo señorita Granger.
Y tras esto el director subió las escaleras hacia su cuarto y escucharon la puerta cerrarse.
-No tienen por qué poner esa cara -dijo Hermione sonriendo-. Les aseguro que lo vamos a pasar bien.
-Hermione AMA la biblioteca –agregó Harry entre molesto y divertido.
-Maldita sabelotodo… -Murmuró Draco, cruzándose de brazos.
-¿Quieres que te transforme en hurón y te encierre por el resto del fin de semana en una jaula? –Preguntó Hermione dulcemente.
-¡No te atreverías! –le respondió Draco de mal modo.
-Oh… Claro que me atrevo… El profesor Dumbledore me dijo que si era necesario podía hacerlo.
Draco no estaba seguro si estaba blufeando o si hablaba en serio. Pero no queriendo descubrirlo de la peor manera optó por quedarse callado y mirar al piso.
-Bien –declaró Hermione satisfecha, y dando el conflicto por terminado-. El profesor Dumbledore me dijo que te daba permiso para levantarte unas horas Harry, cuando vayamos a la biblioteca. Me encargó eso sí que no te agitaras mucho y que no te hiciera subir escaleras, de modo que te levitaré cuando sea necesario. Como sólo falta una hora para el almuerzo, no tiene mucho sentido que vayamos a la biblioteca, de modo que les explicaré en qué consiste el proyecto en el que el profesor Dumbledore quiere que trabajemos. Siéntense por favor –dijo indicando los sillones de la sala.
Los chicos obedecieron a regañadientes, y Hermione continuó.
-La idea es que hagamos una exposición sobre lo que estudian los muggles en sus colegios –explicó. Draco hizo una mueca de horror, pero la chica continuó sin inmutarse-. Aquí en Hogwarts son muy pocos los que escogen Estudios Muggles, y el director quiere exponer en forma atractiva y fácil de comprender cómo viven los muggles de nuestra edad, lo que estudian en sus colegios, para que los que vienen de familias de magos puedan aprender de ellos y comprenderlos mejor. El profesor Dumbledore consideró que Harry podría ser un gran aporte al proyecto, dado que creció con muggles, y que yo soy la indicada para dirigirlo, porque soy nacida de muggles y cursé la asignatura de Estudios Muggles.
-¿Y yo? –Se burló Draco.
-Tú serás nuestro conejillo de indias –explicó Hermione-. Como no tienes ni la más peregrina idea de cómo viven los chicos muggles ni qué estudian, serás el más indicado para ver si lo que preparamos se entiende o no.
-O sea que sí un idiota como tú es capaz de entender –agregó Harry riendo-, cualquiera podrá. Una exposición a prueba de tontos como dirían los muggles.
-¿Qué les pasa? –Preguntó Draco, ofendido.
-También ayudarás a investigar Draco –aseguró Hermione-. La idea es que usemos el material que encontremos en la biblioteca, además de nuestras experiencias personales, y en eso tú puedes ayudar.
-Esta es la forma más TONTA de desperdiciar tres días de vacaciones –murmuró Draco cruzándose de brazos.
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El almuerzo estuvo algo tenso, pero Dumbledore, de un humor excelente, ignoró olímpicamente las miradas que se lanzaban los chicos entre ellos. Y, cuando terminaron, les recordó que tenían trabajo en otra parte del castillo así que desalojaran su sala y que no quería verlos hasta el anochecer a menos que se estuviera quemando el castillo.
El trío partió rumbo a la biblioteca. Hermione llevaba una bolsa con rollos de pergamino, plumas y tinta, y los otros dos caminaban delante de ella resignados.
Cuando llegaron a la biblioteca Hermione le pasó la bolsa a Harry y sacó una llave que Harry reconoció del verano anterior, cuando Snape lo había pillado intentando entrar. Abrió la puerta, y entraron.
Adentro había mucha luz, que se colaba por las numerosas ventanas, pero el aire estaba algo encerrado.
-¿Puedo abrir la ventana? –Preguntó Harry.
-No, me pidieron que no abriera ventanas –explicó Hermione.
-Cuando veníamos para acá pasamos por corredores abiertos al aire libre Granger –le recordó Draco.
-Sí sé, pero sólo estábamos de paso. El profesor Dumbledore me explicó que por seguridad mejor no abramos las ventanas –insistió Hermione.
Los chicos la siguieron hasta una zona de la biblioteca en donde ellos nunca habían estado, debido a que ninguno de ellos había cursado la asignatura de Estudios Muggles. Luego ella les explicó que podrían partir buscando por separado entre los libros lo que les pareciera interesante, y a media tarde juntar todo para ver cuál sería la mejor manera de exponerlo en un mural.
Harry se puso manos a la obra sin gran interés, y Draco agarró un libro cualquiera, resignado.
Draco se sentó lo más lejos que pudo de la chica, y se puso a ojear el libro. Era bastante tonto, pensó, ya que hablaba de las distintas formas como los muggles se tomaban la magia, o lo que ellos creían que era magia. Pasó las páginas sin leer realmente, sino mirando más bien las numerosas ilustraciones. Se detuvo por un buen rato en la sección de "ilusionismo", donde complicados esquemas mostraban a muggles atravesando otros muggles con espadas, o volando.
-Qué tarados… -murmuró.
Pero le daba flojera pararse a buscar otro libro, de modo que siguió ojeando el mismo. Al rato otra ilustración le llamó la atención. Era de un objeto con letras, y en la contra-página había un dibujo de algunos muggles en torno a ese objeto y todos tenían expresiones de terror ante un fantasma que parecía salir del objeto. Abajo de las ilustraciones decía "Tablero de Ouija" y "Muggles consultando la Ouija".
-Qué demonios… -murmuró divertido.
¿Sería posible que los muggles también pudieran ver a los fantasmas? Draco miró a Harry, que se encontraba sentado en el suelo y apoyado en una repisa leyendo un gran volumen. ¿A lo mejor podría preguntarle? Tal vez él sabía. Se puso de pie, y se acercó al muchacho, quien levantó la vista al verlo.
-¿Qué pasa? –Preguntó Harry con cara de sueño. Draco se sentó en el suelo, a su lado.
-¿Tú sabes si los muggles pueden ver a los fantasmas? –Preguntó.
Harry se quedó pensando un momento.
-Sí, creo que pueden. ¿Por qué?
Draco le mostró las ilustraciones del libro que había estado mirando.
-Ah -respondió Harry-. He oído hablar de eso. Mi primo me contó una vez que en casa de Piers, uno de sus amigos, habían jugado a eso después de una fiesta, cuando todos ya se habían ido. No sé si vieron un fantasma, pero mi primo aseguró que el vaso comenzó a moverse solo, y que luego la pata de una silla se quebró sin que nadie la tocara. Pero yo no le creo, estoy seguro que la pata se quebró porque mi primo está muy gordo.
Draco se quedó mirando el libro, y se rió.
-¿Podríamos probar? –Sugirió Draco-. ¿Te imaginas si apareciera el barón sangriento, y comenzara a soltar sus más oscuros secretos? ¡BUUU!
Harry soltó una carcajada escéptica, y Hermione se acercó.
-¿Qué encontraron? –Preguntó interesada sentándose en el suelo frente a ellos.
-Draco está muy interesado en la Ouija –explicó Harry restándole importancia.
-Me interesó la forma como los muggles ven la magia –se justificó Draco-. Pensé que sería interesante mostrar a los otros cómo nos ven los muggles.
-Es buena idea –reconoció Hermione-. Toma algunas notas de lo que creas que debería aparecer en el mural.
Draco gruñó, pero como no quería que lo transformaran en hurón se puso de pie e hizo caso. Se fue a la mesa donde había quedado el material y desenrollando un pergamino se puso manos a la obra. Pero al rato estaba aburrido de tomar notas, y en cambio se quedó mirando el esquema del tablero de Ouija. Sonrió, y se puso a copiarlo.
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Dumbledore levantó la vista del bordado de punto cruz que estaba haciendo (era el borde de un pequeño mantel, con un diseño de hipogrifos en dorado con un fondo púrpura), cuando la puerta de su sala se abrió y aparecieron los chicos. Hermione venía levitando a Harry, que se veía algo ojeroso. Draco los seguía, cargando la bolsa con el material y algunos libros.
-Buenas tardes, muchachos –los saludó alegremente el anciano, guardando su labor en un canasto-. ¿Cómo les fue?
Draco sólo gruñó, dejando los libros y el material sobre una mesita, pero Hermione sonrió.
-Bien profesor. Encontramos muchas cosas que podrían resultar interesantes para nuestros compañeros. Harry se cansó un poco, pero se irá a la cama de inmediato.
-¡Hey! –La interrumpió Harry, ofendido de que lo trataran como a un bebé.
-La señorita Granger tiene Razón, Harry –intervino el director. Apuntó con su varita uno de los sillones, y al instante aparecieron sobre él unas mantas peludas en tonos pastel-. Ve a acostarte, pediré la cena mientras tanto.
Harry se fue a acostar, dirigiéndole una mirada envenenada a su amiga. Escogió la manta que le pareció más masculina (o la menos femenina) y a regañadientes se tapó con ella. Pero, al apoyar la cabeza en uno de los cojines, reconoció internamente que estaba agotado.
La cena fue algo diferente a lo que los chicos estaban acostumbrados. Los elfos al parecer habían adaptado el menú a los gustos particulares del director, y en vez de las típicas comidas que comían en la mazmorra con Snape (que contenían muchas cosas que no les gustaban como brócoli, betarraga, espárragos, hígado o pescado) les habían traído pollo rebosado frito, papas fritas, empanadas fritas de queso, hamburguesas y helado de chocolate. Para cuando los elfos se retiraron, la mesa parecía salida de un patio de comidas muggle. Dumbledore parecía encantado, miró el festín con sus anteojos de media luna, olfateo con su gran nariz torcida, y tras echarse la larga barba blanca sobre el hombro se sentó no en la cabecera sino al medio de uno de los lados más largos de la mesa.
-¿Qué esperan? –Preguntó con una gran sonrisa-. ¡Adelante! ¡Tomen asiento!
Harry se paró a regañadientes del sillón, ya que aunque el olor lo llamaba, tenía también bastantes ganas de dormir. Hermione se sentó algo nerviosa, frente al director, y Draco se sentó en la cabecera, no muy convencido ya que no reconocía muy bien esa comida.
Al final de la cena, todos estaban satisfechos y felices. A Draco le gustó la comida, a pesar de que al principio le resultó chocante comer con las manos. Dumbledore finalmente se puso de pie, y al instante los restos de la cena desaparecieron de la mesa.
-Bien –dijo-. Excelente. Ahora quiero que todos se laven los dientes, y se vayan a la cama. Granger, quedas a cargo.
Y tras decir eso se fue escalera arriba.
-Ya escucharon al profesor Dumbledore –dijo Hermione con su voz mandona-. Vayan a lavarse los dientes. El baño está arriba.
-Ya sabemos que el baño está arriba, Granger –se burló Draco.
-Bueno, ¿Y entonces que esperas? –Le respondió la chica con las manos en la cintura.
Harry no se hizo de rogar, pues se le cerraban los ojos. Sacó su cepillo de dientes y su pijama de la mochila que Snape le había pasado y se fue al baño. Draco lo siguió gruñendo, luego de dirigirle a Hermione una mirada envenenada.
