¡Ya estoy aquí. Ya estoy aquí! Qué cosas, resulta que me perdí viniendo a Fanfic y me acabo de encontrar... por suerte traigo el capi 18 conmigo.
Enjoy!
Adrien miraba a su hermana desde el cómodo sillón central; la mujer caminaba de un lado para otro, levantando la cabeza con cada sonido que llegaba a sus oídos. Las manos, cruzadas delante de ella, se movían de manera nerviosa y en un par de ocasiones tuvo la tentación de morderse las uñas. Adrien trataba de aparentar tranquilidad, pero también echaba miradas furtivas al pasillo cuando alguna madera crujía.
El mensaje había sido demasiado escueto; en él se mencionaba el fracaso de la operación y la muerte de un miembro del equipo. Ni detalles, ni nombres, ni pistas que consiguieran hacer dejar de lado las cavilaciones. Natalya tenía ganas de gritar, pero ante su hermano, mantuvo la entereza. Adrien estaba furioso y no veía el momento de ver aparecer al encargado de la misión para soltar la ira que estaba consumiéndolo por momentos. Cuando percibió el sonido de los motores, se puso en pie y apartó la cortina para ver a los recién llegados. No dijo nada a Natalya de la ausencia de Ivan en el grupo.
La puerta de entrada chirrió al abrirse y los dos hermanos se posicionaron en el centro del salón a la espera de la llegada de los hombres. Los nervios de Natalya crecían conforme el sonido de las pisadas se hacía más cercano. Sonrió nerviosa y se frotó las manos; a pesar del intenso calor, las tenía heladas.
Dominque se paró bajo el umbral y el resto de los hombres quedaron ocultos en el oscuro pasillo; Adrien lo miró con gravedad y esperó a que fuera él quien hablara. El hombre se quitó la gorra y arrugándola entre las manos, carraspeó. Natalya buscó con la mirada al joven.
—Lo lamento, mademoiselle Mourchois —era la primera vez que se dirigía a la mujer por su nombre de casada y tal formalidad asombró a Adrien—, hicimos todo lo que pudimos por él.
—Dominique —sonrió Natalya acercándose al hombre. No era una sonrisa de felicidad, era una sonrisa nerviosa, de impaciencia. Una sonrisa que desvelaba lo que la mujer ya conocía pero se negaba a reconocer—. ¿Ivan?
—Natalya... —Adrien se acercó a su hermana y la tomó suavemente por el brazo. Ella lo miró con los ojos desencajados; comenzaban a adquirir un brillo desesperado.
—¡No, Adrien! —respondió soltándose de su hermano. Se giró de nuevo hacia Dominique y se encaró a él—. ¿Dónde está Ivan? —el hombre agachó la cabeza.
—Me ocupé de hacer todos los trámites necesarios, mademoiselle; sus restos llegaron a París esta mañana.
—¿Por qué no me avisaste? —Natalya se acercó despació a Dominique—. ¡¿Por qué no me avisaste?!
—Natalya, por favor —interrumpió Adrien—. Todos lamentamos la muerte de Ivan; pero ahora mismo tenemos cosas por las que debemos preocuparnos.
—¡¿Me estás diciendo que la muerte de Ivan no es importante?! —Adrien cerró los ojos y suspiró buscando tranquilidad.
—Dominque tiene que informarnos —Natalya abrió la boca pero no dijo nada; su hermano se giró hacia ella y la agarró la mano con suavidad—. Te permitiré que vengues la muerte de Ivan personalmente —ella asintió y se dirigió al mueble bar para prepararse una copa. Dominique esperó a que la mujer regresara a la conversación para comenzar con su explicación.
—"El Galo" fue muy generoso, señor; nos proporcionó dos helicópteros, un Eurocopter Tigre del ejército australiano y un Kamov de la rusa —Adrien abrió los ojos con asombro y cruzándose de brazos se balanceó.
—Hay que tener amigos hasta en el infierno y "El Galo" los debe de tener en cada punto de este.
—Nada como servir a tu patria con fidelidad para no levantar sospechas —respondió Dominique dejando ver una pequeña sonrisa—. También ofreció a seis de sus mejores hombres para encargarse de todo el dispositivo; dijo que si no queríamos a la pareja muerta, dejáramos que ellos guiaran desde el aire y nosotros nos dedicáramos al suelo.
—¿Ralechenco e Iliev?
—Y Di Salvo, monsieur —asintió Dominique—. Sus mejores hombres —Adrien se estiró estiró de manera arrogante.
—Era lo mínimo por su parte después del favor que le hicimos en el setenta y dos.
—Teníamos todo estudiado; horarios, hábitos, a sus vecinos... Esperamos que la zona estuviera deshabitada para atacar y así lo hicimos; esperamos la señal de Ilives desde uno de los helicópteros y nos mantuvimos escondidos cerca de la casa; cuando escuchamos las detonaciones, llevamos los coches hasta la entrada de la casa.
—¿Rodeásteis la casa?
—Sí, monsieur.
—¿Y en qué fracasó la operación? ¿Alguno de los dos murió? —Dominique agachó la cabeza y lanzó una mirada furtiva a los hombres que esperaban en el pasillo.
—No murieron, monsieur —Adrien alzó las cejas a la espera de una respuesta—. Escaparon.
—Escaparon —susurró Adrien. Dominique no quería que el contacto visual se produjera; pero notaba los ojos del hombre clavados en su cabeza como dos lanzas—. ¿Cómo es posible que teniendo la casa rodeada, contando con dos de las mejores armas de "El Galo" y sus hombres más fiables, escaparan? ¿Puedes explicarlo?
—No contamos con el garaje, monsieur. El garaje estaba oculto en la estructura de la casa; no se podía distinguir.
—¿Y qué pasó? —preguntó tratando de calmarse.
—Entramos en la casa y esperábamos encontrarlos escondidos en alguna de las habitaciones; pero no había nadie. Ivan se quedó fuera montando guardia y entonces oímos el ruido del motor, el golpe y...
—El golpe...
—Al salir del garaje, Lecter atropelló a Ivan. Jean y Fabrice trataron de seguirlos mientras yo atendía al chico —Dominique sañaló a dos de los hombres del pasillo y uno de ellos, el más bajo de los dos, dio un paso y se enfrentó a Adrien.
—El coche de Lecter levantó una nube de polvo inmensa y nos costó seguirlos; después comenzó a callejear y no pudimos hacer más, monsieur Kleber —Adrien ignoró al hombre y sin apartar la mirada de Dominique volvió a la carga.
—Un hombre muerto, nuestras víctimas han huido. ¿Te haces una idea, Dominique, de la cantidad de dinero que nos ha supuesto esta operación?
—Por no hablar del riesgo en el que nos habéis puesto —todos los hombres se giraron hacia Natalya, quién parecía haber estado ausente en la sala durante la conversación. El rimmel marcaba el camino que las lágrimas habían hecho en sus mejillas y tenía los ojos rojos e hinchados. Miró con desgana su copa de alcohol y la agitó con un suave giro de muñeca—. Si algo distingue a Lecter a parte de su gusto por la cocina extrema, es su inteligencia y no hay duda de que a estas alturas del juego él ya sabe quién va detrás de ellos —Adrien se acariciaba la barbilla lentamente mientras miraba a su hermana—. En cuanto recibimos la noticia me puse en contacto con el café para que estuvieran alerta sobre Lecter. Después de todo, una pareja de extranjeros no pasa desapercibida en un local como el nuestro.
—¿Por qué no me informaste de eso, Natalya? —aquello dejó a Adrien completamente desconcertado.
—Para evitar que la efusividad te llevara a cometer alguna estupidez; en ese sentido, eres igual que padre —su hermano la miró con rabia contenida y apretó los dientes.
—¿Que resultados obtuviste?
—Pasaron esta misma mañana por allí —respondió la mujer con total tranquilidad.
—¡¿Sabías que Lecter había huido y no me dijiste nada?!
—Esa parte no me correspondía a mi, ¿no crees? —su mirada recayó en Dominique, quién, avergonzado trató de mantener la entereza.
—Esto es increíble —murmuró mirando con desesperación a las paredes de la habitación—. Lecter está aquí y soy el último en enterarme.
—Lecter y su pequeña zorra están en París —corrigió Natalya—. Habrá que darle un poco de tiempo para que llegue aquí, ¿no?
—Preparad la posible llegada —dijo Adrien con voz cansada—. No quiero que nada falle.
—Nada fallará esta vez, monsieur —se disculpó Dominique. Adrien sonrió acercándose al hombre y golpeándole suavemente en la mejilla.
—Desde luego que no, mi querido Dom, porque, si esta vez falláis, lo que sufriera Ivan en su lecho de muerte no será nada comparado con lo que os esperará a vosotros.
—Quiero a "El Galo" presente —ordenó Natalya dejando el vaso sobre la mesa—. Quiero que venga ahora mismo. Que no se crea que con dos helicópteros estará en paz; nos debe mucho más que armamento militar.
—Natalya...
—Pasaste más de medio año en un hospital alemán por culpa de las heridas que sufriste al salvar su vida; le sacaste de Francia y le mantuviste escondido en Australia hasta que se calmaron los ánimos. No me vengas ahora con "Natalya..."
—Bien, tienes razón. Que venga "El Galo".
—Quiero la mejor vigilancia en toda la casa, en la finca y varios kilómetros a la redonda. Quiero saber cuándo Lecter se acerca, cómo se acerca y por dónde lo hace.
—Id y preparar todo —ordenó Adrien haciendo un gesto con la cabeza—. Ah, y Dominique...
—¿Monsieur?
—Esta vez procura que no haya errores. Las cosas se van poniendo a nuestro favor con cada paso en falso que damos y no quiero que se joda todo al final, ¿de acuerdo?
—Todo saldrá bien, monsieur —las palabras de Dominique no sonaron a consuelo por todo lo perdido anteriormente; sonaban a la desesperación por no querer fracasar, al miedo por saber qué ocurriría si Lecter continuaba con vida una vez que todo aquello terminara. No estaba dispuesto a que pasara e iba a dar lo mejor de sí mismo.
Bueno, este ha sido un "epi" cortito y sin ninguno de nuestros chicos como protagonista; pero también hay que conocer un poco a los malos, ¿no?
Mañana... el 19 ;)
Ta ta. Z
