Bueno, pues ya sí que no tengo más que ofreceros... salvo un epílogo "coooortito" y pasteloso, xD
Enjoy!
Lituania. Cuatro semanas después.
Acordaron no volver a recordar ni mencionar su breve estancia en Francia; Clarice, incluso, le había llegado a pedir a Hannibal que nunca más pisaran suelo francés en lo que les quedara de vida. Cuando el doctor preguntó a Clarice dónde quería ir; ella no lo dudó. Hannibal sintió cierta incomodidad cuando la chica pronunció con rotundidad su elección. El doctor no había vuelto a pisar suelo lituano desde los dieciocho años y ahora, más de tres décadas después, allí se encontraba de nuevo. La extraña comodidad que sintió al estar en la tierra que le vio nacer le hizo olvidar el por qué la había abandonado.
Disfrutó mostrando a Clarice cada rincón, explicándola los detalles del pasado y caminando junto a ella por los mismos parajes por los que, un día, su hermana y él había corrido despreocupados. Visitaron el castillo Lecter, totalmente reconstruido y habitado por muchachos que, al igual que él muchos años atrás, necesitaban de un refugio y alguien que cuidara de ellos. El doctor alegó en tono de broma que al ser el último Lecter de su linaje, le correspondía ocupar ese lugar; pero Clarice no terminaba de ver práctico eso de vivir en un castillo. Al final, Hannibal la regaló un precioso apartamento en el centro de Vilna, alejado del ajetreo que supone vivir en una gran ciudad. El doctor se tuvo que acostumbrar a dejar un poco de lado sus ostentosos gustos y a vivir más como la sociedad media; llamar demasiado la atención en una ciudad como Vilna no habría resultado práctico para ellos; aunque de vez en cuando se permitía el lujo de asombrar a Clarice con algún precioso regalo.
Michelle y Marco Fell comenzaron a vivir como una pareja normal, alejados de los problemas y las preocupaciones.
Clarice tardó en acostumbrarse a las bajas temperaturas de Lituania y Hannibal las recibió con alegría; aquel frío le hacía recordar los buenos tiempos de su niñez. Los malos recuerdos quedaron sepultados gracias a las atenciones que Clarice le proporcionaba.
Aquella tarde caminaban de la mano y muy despacio por un parque. Apenas había intercambio de palabras entre ellos; solo miradas cómplices y sonrisas seguidas de fugaces besos por parte de Clarice. Era feliz.
Se acercó más al doctor y se abrazó a su cuerpo protegiéndose del frío.
—¿Cómo se siente el conde Lecter caminando por su Lituania natal? —preguntó con falso tono de misterio.
—Si hace veinte años alguien me hubiera dicho que viviría este momento...
—Lo habrías atacado con tu mordaz sentido del humor, ya —respondió Clarice acabando su frase y sacando una sonrisa al doctor.
—Lo cierto es que sí.
—Me alegro que te hayas reconciliado con este lugar; es precioso —dijo ella mirando a su alrededor.
—Durante cinco siglos los Lecter habitaron Lituania; me sentiré honrado de ser el último Hannibal de su linaje que mantenga esa tradición —Clarice alzó la ceja y sonrió.
—Salvo que se te ha escapado un pequeño detalle.
—¿Cuál? —preguntó Hannibal ladeando la cabeza. Clarice sonrió y le susurró a escasos centímetros de su boca.
—Que no vas a ser el último Hannibal del linaje de los Lecter—dijo mordiéndole el lóbulo.
Hannibal se separó de ella y la miró con la boca abierta; por primera vez en mucho tiempo, su pulso sobrepasó las ochenta y cinco pulsaciones.
Y... finito incantatem.
Espero que hayáis disfrutado tanto leyéndolo como yo escribiéndolo (que ha sido mucho muchísimo)
Por el momento puedo decir que tengo otro par de historias empezadas; la continuación de esta (porque sí, dejarlos en Lituania sin hacer nada más sería aburrido) y otra "independiente"... con el tiempo las leeréis ambas ;)
Y, nada, muchas gracias por seguirlo, por seguirme, por comentar y por todo ;)
Ta ta. Z
