Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, yo los tomo prestados sin fines de lucro.

The Butterfly and the Hurricane
Por: Hoshi no Negai

3. Derribando muros

Sesshomaru había quedado desarmado con unas palabras que nunca vio venir. Buscó alguna explicación en el rostro de Rin sobre cómo conocía algo casi único de su especie, el olor de su madre se había escurrido de su mente por el momento.

―¿De qué estás hablando? ―siseó.

―Usted lo sabe muy bien. Quiero que me marque lo más pronto posible.

El demonio endureció su semblante todavía más, pero ella no se dejaría intimidar, ya estaba cansada de hacerlo.

―No.

Curiosamente se habría asombrado de escucharle decir cualquier otra cosa.

―¿Le importaría decirme por qué?

―No voy a marcarte, es todo lo que tienes que saber.

―Pero si me dijera…

―¿No he hablado claro? No lo haré.

La chica frunció el entrecejo y apretó los labios. ¡Siempre hacía lo mismo, siempre se negaba a todo! Se le acercó todavía más, sintiendo un coraje que creía olvidado al momento de volverle a hablar con un tono que casi rayaba en lo autoritario.

―No entiendo su actitud, señor Sesshomaru. Consintió que esto pasara, ¡pensé que era lo que quería! ¿Ha estado actuando todo este tiempo, pretendiendo que desea permanecer a mi lado? ¿O es que acaso planea irse de este lugar y nunca regresar?

El Daiyoukai arrugó la piel de su nariz como muestra de profundo desagrado. El aroma de su progenitora nuevamente se hizo presente; esa arpía había estado espiándolo con su estúpido collar. Si no fuera porque ese artefacto había recuperado el alma de Rin del inframundo se aseguraría de destruirlo.

―¿Qué es lo que te ha dicho mi madre?

―La verdad, me ha dicho la verdad ―dijo ella al bajar momentáneamente la mirada―. Al fin entiendo todo relacionado a su manera de ver las cosas, nunca pensé que tuviera tanta importancia, ni que fuera un aspecto tan delicado como lo es en realidad. Me hubiera gustado mucho conocer esta información antes, todo sería muy diferente ―suspiró―. Y ahora que lo hago, no entiendo por qué se niega a marcarme de manera definitiva. Por favor, necesito que me lo diga.

Él no respondió, sólo le devolvía la mirada desafiante. Rin bufó.

―¿Acaso hice algo malo? ¿O sólo cambió de opinión? ―más silencio. Se suponía que debía ser paciente, pero estaba demasiado alterada como para guardar su compostura. ¡Necesitaba respuestas!― ¿Tan terrible sería tener una compañera humana? ¿Es por eso?

―Rin, suficiente.

―Si mal no recuerdo odia a los seres humanos, es difícil no encontrarle relación. ¡Qué tonta soy por pensarlo! Quizás no le importa que los otros youkais de su altísimo rango hablen injurias sobre el Lord del Oeste por estar unido a una mujer humana, sí, seguramente no tiene nada que ver con sus razones. ¿Por eso se ha negado a marcarme? ¿Para que nadie lo sepa, o es que tiene algún otro motivo que esté pasando por alto?

―Rin ―volvió a advertirle y ella lo ignoró. Eran demasiadas las cosas por procesar, no tenía tiempo para medir sus emociones y palabras.

―Dígame algo, ¿estaba mintiéndome aquella vez? Me hizo entender que usted también me… ―tragó con dificultad―. Sé lo que dijo, señor Sesshomaru, y sé que no mentía. El Gran Sesshomaru no miente, ¿cierto? ¿Qué sentido tiene que seamos… l-lo que somos ―se sonrojó al desviar los ojos―, si no quiere que permanezca a su lado como su compañera? Sé que la marca me ayudaría a vivir a la par de usted, pero en cambio… ¿por qué prefiere que tenga la vida de un simple ser humano? Moriré algún día, y…

―Mis motivos no son algo que te corresponda saber ―contestó él con la voz grave. Curioso cómo siempre se las ingeniaba para evadir el tema. Debe estar ocultando algo, pensó. Pero primero debía tranquilizarse para no empeorar las cosas con más reclamos groseros... por más que necesitara gritarlos.

―Entonces, ¿cuánto tiempo más permanecerá aquí? Si no quiere marcarme es que no desea realmente estar conmigo, casi parece como si le desagradara mi presencia, me evade y es más distante que nunca. No… no se supone que fuera así ―negó cabizbaja. Se sentía muy mareada por la cantidad de cosas que revoloteaban inquietas en su interior, por lo que tenía la certeza de que en cualquier momento estallaría. Y estar siendo taladrada por esos ojos furiosos no ayudaba en nada―. Dijo que podíamos intentarlo de nuevo.

―No especifiqué qué era lo que intentaría yo. Ni durante cuánto tiempo lo haría ―gruñó el youkai.

Rin creyó que cientos de agujas se clavaban a gran velocidad en su piel helada. Las ganas de explotar se evaporaron en un parpadeo al ser sustituidas por las ansias de vomitar.

―¿Qué…? Pero no tiene sentido que… ¿Eso quiere decir que se marchará? No entiendo, ¿por qué…?

Pero él volvió a ignorarla.

―¿A qué ha venido mi madre?

―Señor Sesshomaru, ¿qué fue lo que…?

―Respóndeme, Rin. Ahora.

Ella dio un paso hacia atrás. No tenía miedo pues sabía que nunca la atacaría; pero necesitaba aclarar su mente, no podía lidiar con tantas cosas a la vez. Retrocedió otro paso con los ojos siempre fijos en los coléricos pozos dorados.

―Si usted no responde a mis preguntas, yo no responderé a las suyas ―le dijo―. Quiero ayudarlo, quiero entender todo lo que ocurre, pero no puedo hacerlo si no me lo permite ―su labio tembló. Sesshomaru abrió más los ojos al verla alejarse de él como si le temiera―. Esperaré hasta el momento en que esté listo para hablar conmigo y explicarme sus razones, creo que al menos merezco eso. Sólo le pido que intente no tardar mucho. Los humanos no podemos esperar para siempre.

Sin nada más que decir, Rin emprendió el camino de vuelta hasta la Mansión Kitsune, tratando de alejarse lo más rápido que sus piernas temblorosas le permitieran pero sin atreverse a correr o mirar atrás. Trató de ahogar el llanto que nacía en su garganta con una mano sobre su boca, pero nada pudo impedir que las lágrimas comenzaran a fluir en cuanto se adentró en el bosquecillo. Se detuvo un momento tras el tronco de un ciruelo para tomar una honda respiración y tranquilizarse lo más posible.

Si no pretendía hacerla su compañera, ¿qué sentido tenía lo que estaban haciendo?

No quería huir de esa situación y menos luego de hacerse la promesa de luchar por él, pero… era demasiado, necesitaba un tiempo para aclarar sus ideas antes de que todo la volviera loca. Además, no era lógico discutir con el demonio cuando estaba furioso, nunca ganaría ningún argumento ni llegaría lejos estando tan alterada. No, tenía que calmarse antes de hacer nada.

Se limpió los ojos con un gesto de fastidio y continuó avanzando hasta la casa de los zorritos. Tal vez ellos sabrían cómo distraerla, pero por el momento sólo quería estar sola.

Sesshomaru la vio alejarse hasta perderse en el oscuro bosque. ¿Cómo podía estar el Gran Sesshomaru siquiera alterado por los reclamos de una humana? Sin embargo lo estaba, y mucho. Sus puños aún se mantenían fuertemente cerrados desde que había olido la sal de sus lágrimas. Cómo odiaba ese olor. Entraba en su mente como un silencioso enemigo, haciéndole recordar cosas que no era capaz de bloquear.

La verdad, me ha dicho la verdad.

Su ceño se pronunció más. Su estúpida madre siempre se entrometía en asuntos que no le correspondían. El deseo de cortar su cabeza se repitió justo como lo hizo dos años atrás y un fugaz destello rojo se apoderó de sus ojos por el instante en el que su voz burlona volvía a sonar en su subconsciente. Deseaba hacer pedazos algo con sus garras ―hacerla pedazos a ella, mejor dicho―, pero supo contenerse al reconocer que no tenía sentido acabar con su vida; podía serle de utilidad en algún futuro. No sería sensato asesinarla sin importar lo mucho que quisiera hacerlo.

¿Qué tanto le habría dicho a Rin? Lo de la marca de pertenencia, eso era seguro, ¿pero cómo se enteró que no tenía intenciones de reclamarla como su mujer? No había manera de que lo supiera ni siquiera con su maldito collar. ¿Qué demonios se proponía?

Al contrario de sus intenciones y de lo mucho que lo negara para sí mismo, el Daiyoukai sabía que quería mantener a la humana consigo siempre. Algo en su interior la reclamaba cada vez que la tenía cerca, era esa misma urgencia y necesidad que le había hecho cometer el primer error: su instinto. Nunca podría deshacerse de todo aquello que lo perseguía como una oscura sombra, pero tampoco podía alejarse de aquel sitio porque simplemente ella se lo pedía. Y aunque sintiera que debía irse, la imagen de Rin le hacía regresar sobre sus pasos para saber que se encontraba bien. Fue entonces cuando hizo un pacto consigo mismo: permanecería con ella sólo para protegerla de algún peligro, pero nunca volvería a ponerle una mano encima.

―No entiendes nada ―murmuró al darse la vuelta.

Miró hacia un punto indefinido del oscuro cielo, completamente seguro de que su madre lo estaba viendo. Tal vez no la mataría, pero nada le impedía destruir su fortaleza. Gruñó por lo bajo. Prefería no encontrarse con ella, sólo le daría la oportunidad de decirle palabras que no deseaba oír.

Volvió a fijarse en el punto por el que había desaparecido la muchacha humana y emprendió la marcha. Por el momento lo único que quería era alejarse de ese olor salado que tanto odiaba, sabiendo muy bien que lo seguiría sin importar la distancia.

―¿Quién era esa mujer? ―preguntó Shippo cuando Rin llegó a la casa. Kiyo y él la habían estado esperando todo ese tiempo, pero el pequeño no parecía querer darle la bienvenida calurosa que ella necesitaba―. ¿Cuál es su relación con Sesshomaru? Tiene su aroma, así que sé que es de su familia. ¿Y qué era lo que quería?

Rin ignoró la hostilidad del niño por primera vez y le respondió vacíamente:

―Era su madre, sólo quería hablar conmigo.

―¿Sobre qué? ¿Y por qué aquí?

―¿Te importa que lo discutamos después, Shippo?

―Preferiría hacerlo ahora, lo prometiste ―contestó él ceñudo―. ¿Acaso la madre de Sesshomaru planea rondar por la casa también? Nos ha dado un gran susto a todos cuando apareció de repente y no…

―¿Rin, te encuentras bien? ―intervino Kiyo repentinamente.

―No, no estoy bien ―dijo con la voz quebrada. Shippo cerró la boca de golpe―. Pero se hace tarde y tengo que hacer la cena. Perdonen.

Sin decir nada más se marchó hacia el interior de la casa con la vista pegada al suelo. Los niños se quedaron callados mientras la veían irse tratando de reprimir inútilmente las lágrimas que caían por sus mejillas. Kiyo le dio un fuerte golpe a Shippo en la cabeza una vez que se vieron solos.

―¡Auch! ¿Y eso por qué fue?

―¡Luego dicen que yo soy la insensible! ¿Qué diablos te pasa, cómo la vas a tratar así?

―¿Qué? Ella dijo que nos explicaría cuando volviera a casa.

―¡Eres un tonto! ¿Quieres dejar ya de una vez toda tu rabia con ella? No es su culpa querer a ese tipo, supéralo ya. La estás haciendo sentir mal con tu actitud de niño malcriado.

―¡Mira quién habla! ―saltó indignado, apretando los puñitos.

―Yo no sabía nada de lo que le pasaba y si no te has dado cuenta, intento ayudarla porque quiero que sea feliz. Tú sabes perfectamente todo lo que le ocurre ahora, y aún así la castigas sólo porque no te gusta el perro blanco. Pensé que a los amigos se los apoyaba ―concluyó la niña al cruzarse de brazos y darle una mirada desaprobatoria. Shippo no dijo nada ante su argumento, Kiyo tenía una gran habilidad para quedarse siempre con la última palabra―. Pero por lo que veo, tú no eres su amigo.

La kitsune se fue siguiendo los pasos de la mayor.

Shippo no podía recordar alguna otra situación en la que se hubiera sentido tan mal consigo mismo. Era verdad, se portó como un idiota. Se había estado comportando como uno desde hacía mucho, y eso era lo último que necesitaba Rin. ¡Pero le frustraba tanto su situación que le costaba contenerse! Claro que era su amigo, lo único que quería era no volver a verla herida. Seguramente le había pasado algo malo con la madre de Sesshomaru o con él mismo, y era la razón por la que se encontraba mal. Cómo detestaba verla así.

Pateó el suelo con fastidio, manteniendo bien cerrados sus minúsculos puños. ¿Por qué Kiyo tenía que tener razón?

Habían pasado varios días y no había señales del demonio perro. Rin tenía la pequeña angustia ―bien, de acuerdo: la enorme angustia― de que hubiera decidido marcharse sin siquiera haberse presentado ante ella una última vez. Era algo que la martirizaba constantemente, pero siempre lograba aplacar su temor asegurándose que tarde o temprano tenía que regresar. Él siempre volvía cuando se lo pedía, además de que tenía la certeza de que el orgulloso Daiyoukai no dejaría un asunto pendiente aún cuando éste fuera una discusión en la que no quería participar.

Lo bueno de ese periodo de espera era que había conseguido organizar sus pensamientos con mucha claridad, por lo que ahora sabía mejor qué era lo que tenía que hacer y mejor aún, cómo debía proceder.

Apretó entre sus manos el pequeño broche de mariposa que pendía de su cuello ―se había acostumbrado a usarlo como collar― y se acurrucó entre las mantas de su cama. Era tarde por la noche, los niños la hicieron quedarse despierta durante más tiempo del necesario correteando por la casa para hacerlos dormir. Debía recordar no volver a darles melocotones en conserva antes de mandarlos a la cama, los ponía más hiperactivos de lo que ya eran.

De repente, como impulsada por un resorte gigante, se enderezó para sentarse. Miró extrañada a su alrededor buscando la razón de su comportamiento. Algo le decía que tenía que salir al exterior, y que debía hacerlo ahora. Siempre tenía ese tirón de hacer cosas raras cuando menos se lo imaginaba, por lo que supo que el Daiyoukai tenía algo que ver. Era como si pudiera saber cuándo estaba cerca o algo así, como si sus mentes estuvieran conectadas de alguna manera. ¿La señora Irasue no había hablado de eso? Resopló al quitarse la manta de encima y ponerse en pie. Creo que me estoy volviendo paranoica, pensó al abrir la puerta.

O tal vez no.

El demonio estaba en el límite del bosquecillo a las afueras del terreno de la casa, reclinado sobre el tronco de un árbol con los brazos cruzados sobre el pecho. Alzó la cara cuando salió, afilando los ojos dorados de manera intimidante.

Sesshomaru la vio saltar del pórtico para acercarse a él con un paso ligero. Estaba calmada y tenía un extraño tinte de curiosidad en sus ojos marrones. Al momento de llegar a su lado no lo saludó ni con sus palabras de bienvenida ni con una reverencia. Ni siquiera le sonreía, sólo lo miraba como si en realidad se cuestionase si era real o no.

―Tardó menos de lo que creí ―dijo en tono neutro―. Pensé que demoraría algunas semanas, o un par de meses en regresar. Pero me alegra haberme equivocado.

Silencio incómodo. La estoica presencia del demonio la ponía un tanto nerviosa todavía, pero no era algo que le dejaría saber. Al ver que el tiempo pasaba y ninguno de los dos decía nada, se aventuró de nuevo tratando de mantener toda su paciencia intacta.

―Entonces… Por favor, deme las explicaciones que me debe ―otra vez el silencio―. ¿No dirá nada, señor Sesshomaru? No está bien hacer promesas si no se las planea cumplir, por lo que creo que es hora de que me diga qué es lo que sucede ―probó. Quizás si lo molestaba un poco se apresuraría en hablar. Pero nada, seguía callado mirando a un punto indefinido. Rin frunció levemente el entrecejo recordando que también había sido ella la que había dado el primer paso cuando se encontraron luego de dos años enteros. ¿Por qué no podía el Daiyoukai ceder en al menos una ocasión?―. Si no va a decir nada entonces me retiro. Tal vez otro día tenga usted la amabilidad de al menos dirigirme la palabra. Como veo que no lo hará hoy, me voy a dormir. Buenas noches.

Justo cuando hizo el ademán de marcharse, la voz del hombre la detuvo.

―No pondré mi marca de pertenencia en ti ―le dijo fríamente. Rin no se atrevió a mover ni un músculo―, ni te reclamaré como mi compañera. Fui muy claro al explicarte mis intenciones la vez pasada, por lo que no encuentro preciso repetirte mis palabras.

Se volvió hacia él lentamente, con la interrogación pintada en su rostro.

―Un momento. Le pedí que volviéramos a intentarlo de nuevo, como… como pareja, y usted no se negó, lo vi claramente. Nunca me dijo que…

―Nunca contesté que fuera a hacerlo ―la cortó. Su ceño estaba muy pronunciado gracias a su malhumor, pero lograba dominarse de alguna manera para no ser más rudo de lo que ya era―. ¿O acaso recuerdas que te haya dicho que lo haría?

―No entiendo. Si eso no era a lo que se refería, ¿entonces por qué está aquí? No tiene sentido.

―Si estoy en este lugar es únicamente porque así me lo has pedido tú. Sólo me aseguro de que no corras ningún peligro ni ahora, ni en un futuro. Ése es mi motivo para permanecer aquí, de lo contrario me habría marchado.

Rin guardó silencio como si no le diera crédito a sus oídos.

―Pero lo que quise decir en aquel momento fue que…

―Sé lo que quisiste decir en realidad ―volvió a interrumpirla hoscamente―, si haces memoria, recordarás que me opuse a tu idea desde un principio y lo sigo haciendo. Mi estadía sólo tiene como propósito vigilar tu bienestar y seguridad. No es mi responsabilidad que hayas creído en algo diferente.

La muchacha sintió cómo los escalofríos atacaban por el interior de su piel, haciéndole pensar que la temperatura había descendido bruscamente. Lo único que podía hacer era mirarlo incrédula, tratando de comprender muchas cosas a la vez sin ningún éxito.

―¿Por qué no me dijo esto antes?

―Era innecesario.

―¿Innecesario? ―casi gritó. ¡Y pensar que quería llevar las cosas con calma! Dio unas rápidas bocanadas para tratar de mantenerse serena, cosa que encontraba muy difícil―. ¡Era completamente necesario! ¿Pretendía dejarme creer que tenía otro tipo de intenciones conmigo, cuando en realidad no es así? ¡Usted sabe muy bien qué es lo que le pedí y qué es lo que espero que suceda! ¿Por qué cree que debía ocultarme que sólo se quedará para ver que estuviera bien?

El hombre endureció su semblante.

―Asumí que no sería de tu agrado escucharlo.

―¿Así que era mejor dejarme creer en algo que jamás sucedería? ¿Pensó que no me daría cuenta? ―respiró profundamente con los labios temblorosos. El youkai no dijo nada, sólo le devolvió la mirada con desafío. Rin no sabía qué pensar―. ¿No me dirá por qué está haciendo esto? Ya sé lo que quiere hacer a partir de ahora, pero un me ha dicho el verdadero motivo.

―Respondí a tu pregunta el mismo día que me pediste permanecer aquí. Sigue siendo lo mismo.

La muchacha resopló sonoramente. Y pensar que quería dejar la mente fría y había hasta ensayado lo que podría decir. Pero todo eso se había perdido, ¡ese hombre era imposible!

―¿De verdad? ¿Está haciendo esto sólo porque cree que alguien intentará matarme de nuevo, o que usted puede hacerme daño de alguna manera? Yo también le respondí a eso. No me importa que exista la posibilidad, quiero arriesgarme porque sé que nada malo sucederá ―oprimió sus labios, convirtiéndolos en una línea fina. Exhaló pesadamente y volvió a alzar el rostro hacia él. Estaba decidida a sacarle la verdad―. No creo que ésa sea su razón de actuar, señor Sesshomaru. ¿Por qué no me dice lo que realmente está pasando?

―No tengo necesidad de probar la veracidad de mis palabras ante ti. Te he dicho mis intenciones, confórmate con eso.

―No me ha dicho por qué quiere hacer todo esto, ¿cómo quiere que me conforme? ¿Acaso lo haría usted?

El demonio soltó un siseo bajo de advertencia al enseñar sus colmillos. Rin sabía que era peligroso seguir haciéndolo enojar, pero no tenía ni una pizca de miedo. No, ya estaba harta de temer y huir, por lo que era muy capaz de hacerle frente al furioso Daiyoukai sin importarle lo amenazador que se mostrara.

―No tienes nada que opinar, mi decisión es final ―le dijo con tono grave.

―¿Entonces por qué no quiere responder a mi pregunta? ¿Es algo muy malo, o se arrepiente de haberme prometido quedarse y sólo lo hace por obligación, cuando preferiría irse cuanto antes? No lo creo, de ser así se habría ido ya, usted mismo lo dijo.

―Rin ―gruñó, apretando más la mandíbula. Había que admitir que intimidar era una de las cosas que el youkai hacía mejor, pero esta vez no funcionaría.

―¿O de verdad le avergüenza tener a una humana como compañera, y se ha dado cuenta de que sería el hazmerreír entre los demonios? Eso suena bastante lógico, después de todo siempre dice lo mucho que odia a los que son como yo, sería un golpe bajo a su reputación. ¡Ya sé! ¿Quiere excusarse con mi protección porque en realidad…?

―¡Guarda silencio! ―la potente voz le hizo pegar un respingo. El Lord dio un largo paso en su dirección, usando su estatura para hacerla sentirse más vulnerable. Ella no quería que funcionara, pero era casi imposible sentirse tranquila con ese hombre tan furioso en frente―. ¿Quieres saberlo? De acuerdo, lo sabrás. Te escucho. Cada vez que estoy cerca de ti te escucho llorar, te escucho pedirme que me detenga, te escucho suplicar ―hizo una corta pausa en la que Rin contuvo el aliento―. Cada palabra que decías la recuerdo perfectamente, al igual que tus intentos de mantenerme lejos de ti, cada golpe y cada movimiento que hacías para evitar que te tocara. No pretendo volver a escucharte así de nuevo. No correré el riesgo de que todo se repita, has tenido suficiente.

Rin dejó que el aire contenido se escapara lentamente de su boca. Sentía otra vez una terrible pesadumbre en su cuerpo, como si no pudiera recordar nada más que no fuera lo mismo que el hombre acababa de describir. Se quedó callada por casi un minuto. Tantas cosas horribles regresaban a su cabeza que le era difícil hacerlas a un lado. Pero tampoco era imposible.

―¿Por qué tendría que volver a suceder algo así? ―preguntó apacible. Su enfado se había evaporado, ahora sólo estaba triste. Sesshomaru se culpaba por todo y ésa era la razón de su alejamiento, nunca lo había visto de ese modo, por lo que sólo le pudo sonreír tímidamente―. Ya no es como lo era antes, sé que no quiere lastimarme y que no lo hará, confío en usted. Se lo he dicho la primera vez, yo también mantengo mi palabra.

―El que no desee provocarte dolor no significa que pueda evitarlo ―dijo tajante. Por alguna razón a ella no le incomodaba su agresividad ni se sentía tan insignificante como cualquier persona debería estar bajo los coléricos ojos ambarinos. Sólo quería calmarlo y hacerle comprender que todo estaba bien. Diablos, ¿quién diría que sentía la extraña y retorcida necesidad de consolarlo?

―Es un demonio, mi señor, no le resulta fácil pero no desea hacerme daño, eso me ha quedado muy claro y no me preocupa. Tampoco debería hacerlo usted, creo que ha probado que no soy tan débil como creía que era. Después de todo, estoy aquí en una sola pieza ―concluyó tratando de sonar más animada.

Pero él no parecía compartir su jovialidad en lo más mínimo. ¿Cómo podía esa mujer tomarse todo eso a la ligera?

―Mientes ―murmuró entre dientes―. Sé que me temes y lo seguirás haciendo. Tu olor te delata.

―Eso es algo que se puede tratar con el tiempo, no es como si…

―¿Te parece todo tan sencillo, crees que no tiene importancia? ¿Qué harías si te tomo por la fuerza ahora mismo? ¿Si desgarro tus ropas y te poseo en este instante? ―alzó el tono de manera amenazadora al levantar la barbilla. La chica relajó su postura y le contestó muy segura:

―Le pediría que se tranquilizara.

El demonio dio otro paso hacia ella.

―No lo haría.

―Entonces trataría de corresponderlo, por supuesto ―contestó. El Daiyoukai acortó la distancia que los separaba a una gran velocidad. La furia se apoderó de él una vez más cuando la letal garra la tomó firmemente del cuello.

―¿Estás segura? ―siseó en su oído―. Recuerdas muy bien todo lo que puedo hacer, todo de lo que soy capaz de hacerte, ¿aún así dirás que lo aceptas y no te preocupa?

―No le tengo miedo.

―Claro que lo tienes, y deberías ―su agarre se apretó, pero aún no conseguía lastimarla―. Puedo volver a causarte el mismo dolor, puedo matarte tan fácilmente que no me costaría trabajo. Puedo hacerlo ahora mismo.

Al momento de sus garras punzarle la piel, Sesshomaru sintió un pequeño salto en el pulso de la humana, aunque eso no logró alterarle la voz.

―Sé que no lo hará ―le dijo con calma―. Comprendo lo que le ocurre, sé que puede controlarse.

―¿No lo entiendes, niña estúpida? ―cualquier tercero que viera esa escena podría asegurar que la muchacha estaba a pocos segundos de morir―. El que conozcas sobre esto no cambiará el hecho de que pueda volver a herirte. Nunca tuve que haberte tomado, ni siquiera tuve que haberte llevado conmigo. Estuviste a punto de perder la vida y puedes volver a hacerlo, ¿por qué querrías estar atada a mí luego de todo lo que te ha pasado?

Rin respiró hondamente y suavizó las facciones de su cara lo más posible al posar los dedos sobre la garra que asía su garganta. Con toda la seguridad que pudo expresar por medio de sus orbes castañas, le contestó.

―Porque lo amo, señor Sesshomaru.

Los ojos del demonio se abrieron de golpe y fue soltándola lentamente hasta dejar de tener contacto con la piel de su cuello. La mano de Rin se deslizó de la suya hasta caer inerte al costado de su cuerpo. A pesar de haberla liberado de la presión de sus garras, el rostro del youkai seguía expresando la misma furia. Rin estaba tan calmada que parecía antinatural, cosa que lo molestaba de una forma que no comprendía. Era perfectamente capaz de asesinarla a sangre fría como había hecho con muchas de sus anteriores presas, era el youkai más temido del país, y sin embargo, aquella pequeña y frágil humana le devolvía la mirada con total serenidad, como si tuviera enfrente a un ser ordinario en lugar del cruel Lord del Oeste.

―No me arrepiento de haber tomado la decisión de seguir con usted ―volvió a sonrojarse al mirar fugazmente hacia abajo―. Conozco los peligros de mi petición y quiero correrlos. No será fácil, pero tampoco es algo que no se pueda hacer. Y creo que vale la pena.

―No tienes idea de lo que estás pidiendo ―musitó él entre dientes.

―Sé que es diferente, señor Sesshomaru. Antes le costaba frenar su instinto ―el demonio gruñó sonoramente, por lo que Rin se apresuró a corregir su error―, pero también sé que ahora puede contenerse de mejor forma ―Sesshomaru le dedicó una mirada asesina que le hizo entender que no estaba mejorando―. Quiero decir… ―suspiró―. Nada de esto ha sido sencillo, ni para usted ni para mí, pero… Está en el pasado, todo quedó atrás. Confío plenamente en usted en este momento, es lo que importa. Es verdad que puede matarme con mucha facilidad, pero no lo ha hecho ni siquiera desde el comienzo, eso me dice mucho.

―Absurdo ―rezongó él.

―Antes le resultaba más difícil dominarse, ¿o me equivoco? ―la cara enojada del demonio le hizo entender que había acertado―, aún así nunca intentó acabar con mi vida. Hasta me dijo en algunas ocasiones que no quería hacerlo, y jamás me lastimó de manera terrible a propósito.

―Tienes una pésima memoria.

―Sabe a lo que me refiero ―se apresuró a añadir, incómoda―. Mi punto es que… nunca ha estado en sus planes herirme, por muy fuerte que fuera su instinto siempre se detuvo. ¿Por qué no podría detenerse ahora?

¿Lo ve? ¡Ni siquiera me hace nada y está muy enfadado!, quiso decir, pero eso ya sería abusar de su suerte. Porque era algo extraño que el youkai sólo se limitara a escrutarla duramente con la mirada en lugar de hacer algo al respecto cuando había cortado cabezas por cosas mucho menores; no sabía si sentirse afortunada o asustada.

―Yo… he querido estar a su lado desde hace más tiempo del que recuerdo. Y si puedo poner todo lo malo atrás y seguir hacia adelante, usted también conseguirá hacerlo. Sólo le falta… confiar un poco más en sí mismo para lograrlo. Puedo ayudarlo si me lo permite ―agregó tímidamente.

Los dientes del Daiyoukai crujieron de lo fuerte que mantenía cerrada la mandíbula. ¿Cómo se atrevía esa chiquilla a hablarle de ese modo, como si fuera meramente capaz de hacer algo por él? ¡Ridículo! Esa humana realmente creía que podía ayudarlo; ella, ayudar al Gran Sesshomaru, como si fuera algo que cualquiera pudiera conseguir.

―Lo que dices es ilógico ―renegó―. No necesito que intervengas de ninguna forma, ni tú ni nadie.

―Quizás sea cierto, pero de todas formas lo haré. Señor Sesshomaru, lo único que quiero es que podamos olvidar todo. Sé que usted también lo desea, por eso es que insisto tanto ―volvió a sonrojarse. Vaya que era incómodo hablar de eso, y más con el hombre más serio y poco comunicador del mundo.

―¿Cómo estás tan segura de qué es lo que quiero?

―Me he dado cuenta de ciertas cosas que lo delatan, milord, como sus propias acciones. Su madre ha resuelto muchas de mis dudas también, y...

Oh, no tuve que decir eso.

―Mi madre ―masculló Sesshomaru con desprecio. Esa arpía… había olvidado la visita que le había realizado a Rin. Sus ganas de cortar el cuello de la youkai se manifestaron con el sonido de los huesos de sus garras al tensarlas.

―No se preocupe por ella ―se apuró en decir Rin―, no tenía malas intenciones al venir a hablar conmigo, sólo quería aconsejarme. Me ha servido de mucho el que lo hiciera.

―Mi madre no sabe mantener su nariz lejos de asuntos que no le conciernen ―gruñó al hacer un gesto de hastío con la cabeza.

―No ha hecho nada malo ―contradijo tratando de llamar su atención para que la mirase a la cara―. Gracias a ella entiendo todo mejor; todo lo referente a usted, y también me ha ayudado a conseguir el valor para decirle todo esto ahora. No puede culparla por estar preocupada por su hijo, ¿verdad? Aunque debo admitir que encuentro perturbador que nos haya estado espiando durante todo este tiempo ―agregó, queriendo alivianar un poco el tenso ambiente. Sabía que hablar de su madre no se contaba entre sus temas favoritos de conversación, aunque para ser sincera, ¿de qué sí le gustaba hablar? Se le quedó viendo largamente a los ojos mientras apretaba los labios con discreción―. No se pueden cambiar las cosas que ya sucedieron por más que se quiera hacerlo, lo único que se puede hacer es tratar de crear un mejor futuro. Eso es lo que propongo, mi señor, y si lo hago es porque sé que… sé que se puede hacer.

A pesar de que le resultara un tanto embarazoso, le mantuvo la mirada para dejarle en claro que no mentía ni dudaba. Esperó pacientemente a que le hiciera algún comentario, pero nada sucedía. El demonio imitaba a la perfección a una estatua de piedra con la tenebrosa capacidad de estremecer con sus ojos.

―Y… ¿qué dice al respecto?

Una brisa fría los golpeó suavemente, haciendo que el cabello de ambos se moviera al compás del viento nocturno. Rin temió que bajo ese crudo silencio se escondiera una nueva negativa. ¿Qué tanto más podría decirle para explicarle de una buena vez lo que pensaba?

―Es tarde ―contestó cuando la corriente cesó.

―¿Disculpe?

―Regresa a tu habitación y duerme ―repitió monótonamente mientras se daba la vuelta. Rin se quedó desencajada, pero al ver que se retiraba, consiguió moverse lo suficientemente rápido como para cortarle el paso al ponerse frente a él.

―No ha respondido a mi pregunta, señor Sesshomaru.

El Daiyoukai la miró con disgusto, pero no de la misma manera intimidante que lo había estado haciendo antes. Ahora se veía un tanto más calmado, casi como si hubiera tenido que tragarse su enfado a regañadientes, cosa que la humana no sabía muy bien cómo interpretar.

―Has dicho todo lo que tenías que decir, dejaste muy claro tu punto.

―Entonces… ¿significa que acepta?

El youkai cerró los ojos al comenzar a emprender de nuevo su marcha.

―Quién sabe.

Rin se alivió al creer identificar un pequeño tinte afirmativo. Una vez más llevó la mano al adorno que guindaba de su cuello entre sus ropas y lo apretó levemente, feliz de haber logrado su cometido. Si tan sólo pudiera ser más directo en ese momento… pero sabía que necesitaba estar en soledad por un tiempo para evaluar las cosas. Aunque algo en su interior le hacía mantener la esperanza, como si supiera de antemano que todo estaría bien.

―Gracias, Señor Sesshomaru.

Él detuvo sus pasos y apenas giró la cara hacia ella.

―¿Por qué?

―Por escucharme ―le sonrió sin que la pudiera ver. El hombre soltó un resoplido inaudible cuando iniciaba una vez más su andar, volviendo la cabeza hacia el frente.

―Duerme.

Rin observó que su larga melena y estola se perdían en la oscuridad del bosque hasta finalmente desaparecer. Sabiéndose ya sola, llevó las manos a sus caderas, se dobló hacia adelante y dejó salir un exagerado suspiro. Debía ser de madrugada y estaba realmente agotada por todo lo que acababa de hacer ―porque mantener una discusión con aquel sujeto tan serio no era algo sencillo―, lo que más necesitaba era echarse sobre la cama y descansar. Volvió a alzar la vista hacia el sitio en el que el manchón blanco se perdió a la distancia y sonrió para sí, orgullosa.

Posees a uno de los demonios más poderosos bajo tu dominio, pero él es demasiado orgulloso como para admitirlo. Y tú eres demasiado ingenua como para darte cuenta. Las palabras de la youkai resonaron en su cabeza al entrar en su habitación. Bajo su dominio no lo creía, pero al menos sabía con toda seguridad que influía lo suficiente en él como para hacerle cambiar de opinión sobre algo, cosa que ya de por sí era casi imposible. Bueno, eso aún está por verse, pensó optimista mientras se metía en la cama.

―Sólo espero que la señora Irasue no haya visto nada de esto ―murmuró, imaginándose perfectamente a la elegante dama inclinada sobre su collar. Largos minutos después de meditaciones sobre lo ocurrido, finalmente se dejó vencer por el sueño, con la mente puesta únicamente en el Daiyoukai y esa extraña y cálida sensación recorriéndole el cuerpo. Todo se solucionaría, no tenía duda de ello.

La demonio de blancos cabellos desactivó el poder de su collar Meido y alzó las cejas ante lo último que había escuchado de la mujer de su hijo. Tanto ella como Sesshomaru ―quien al marcharse del territorio de los cachorros de kitsune había visto hacia el cielo acusadoramente―, acertaron en que los había estado viendo. Pero eso no le importaba.

Sin que nadie pudiera verlo, sus rojos labios formaron una pequeña sonrisa de satisfacción. Sesshomaru había encontrado una buena compañera después de todo, y eso, aunque el rencoroso de su hijo no lo aceptara jamás, la alegraba. Ya era hora de utilizar su collar de perlas para otros fines, no tenía caso seguir observándolo. Evitó que cayera en un destino parecido al que ella enfrentaba, aquello era suficiente.

La dama llevó los ojos dorados al cielo despejado de la noche pensando en su difunto marido, segura de que estaría orgulloso. Y sólo con eso su sonrisa pudo mantenerse por mucho más.

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Éste fue un capítulo que nos dio un par de dolores de cabeza tanto a Ginny como a mí, pero creo que ahora sí estoy satisfecha con el resultado. Sesshomaru es difícil de hacer discutiendo, y sus nulas expresiones y emociones lo hacen aún peor. Pero sigo amándolo porque es muy sexy. ¿Y qué decir de Rin? Vaya par de ovarios para plantarle cara hasta que le sacó la verdad. El mayor premio es para ella xD

Oh, y no podía faltar nuestra querida suegra enterándose de todo para cerrar el capítulo. Cuando escribí esto estuve imaginándomela siempre con una bolsa de palomitas de maíz en el regazo y un refresco en la mano xD

¡Mil gracias a todos por sus lindos reviews! Es tan… alentador contar con ustedes, de verdad, hacen que todas las migrañas y las canas verdes valgan la pena xD Mora, Serena tsukino chiba, Cali, KeyTen, Faby Sama, Amafle, Black Urora, Ro Itako 27, Silver Fox, Neko-chan, Hanabi-ness, Sayuri08, mi compatriota caprilesca (xD) Blueberry Bliss, Soru Uchiha, Lollipoop, Ginny, Ako Nomura, Pathy Granger, Seras, Anónimo, Yoko-zuki10, Relena_vivi, Ukkas, Emihiromi, Hadeyn-chan, Lectora, Mima, Anónimo número 2, Uchiha Tenshi1 y Kokoro- Yolin- chan. Estoy flipando por la cantidad de comentarios, de veras. ¡Especialmente con los largotes! Me alegra muchísimo ver que les está gustando tanto, así que espero no haber decepcionado a nadie con este capítulo (:

¡Hasta la próxima semana!