Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, los tomo prestados sin fines de lucro.

The Butterfly and the Hurricane
Por: Hoshi no Negai

7. Viejos amigos

El otoño estaba por terminar, la temperatura descendía cada vez más y la nieve parecía estar por caer muy temprano esa temporada. El tiempo casi parecía volar, como si no fuera más que una brisa tan repentina que apenas podía notarse que había pasado. O al menos eso era lo que pensaba Rin cuando se daba cuenta de que llegó al castillo del Oeste hacía casi dos meses.

El Daiyoukai no había dejado de ser tan serio, callado y frío, pero podía notar un claro cambio en la manera con la que se desenvolvía estando con ella. Era paciente y le preguntaba si había algo que necesitara o si sus sirvientes la trataban como era debido. Podría intentar disimularlo, pero era claro que se esforzaba por hacerla sentir lo más cómoda posible. ¿Quién diría que el gran y temible Sesshomaru era de hecho un buen anfitrión? De seguro Rin era la única.

En ese momento se encontraban tomando un almuerzo tardío luego de un largo ―y algo tedioso, en opinión suya― día en la cámara de guerra, donde todo lo que había hecho fue observarlo leer y escribir pergaminos una y otra vez. Ya entendía por qué siempre parecía estar de malhumor, lo que hacía era extremadamente aburrido. Al menos respondía sus preguntas y hasta le había pedido que leyera algunas cartas en voz alta para saber su opinión al respecto. No parecía tomar muy en consideración lo que le decía, más bien daba la impresión de que le daba cosas que hacer para mantenerla ocupada. Si esa era su idea de entretenimiento, Rin pensaba que tenía mucho que aprender.

Se llevó el siguiente bocado a la boca y dejó que su vista paseara perezosamente por el gran comedor. Su acompañante no parecía notar su presencia y comía con toda la parsimonia del mundo. Al menos estar en la cámara no era lo único que hacían en todo el día, ya que si sólo se dedicaran a eso, estaría subiéndose por las paredes.

¿El señor Sesshomaru me dejaría tener una mascota? se preguntó al mirarlo furtivamente sobre la taza de la que bebía. Tal vez si se lo pido con educación, el general Tanabe podría regalarme un conejo.

El demonio alzó una ceja al ver que lo miraba con los ojos entrecerrados. Volvió su atención a los alimentos al recordar que Rin podía ser muy extraña.

―¿Ocurre algo?

No, el general me mataría si le pido uno. ¿Tal vez un gato? Eh… no creo que al señor Sesshomaru le gusten; los perros odian a los gatos.

―Rin, te estoy hablando.

―¿Qué? ―sacudió la cabeza para volver en sí―. Lo siento, ¿qué dijo?

―¿Hay algo que quieras decirme? ―preguntó severamente. Siempre quise una oveja, son muy bonitas. Pero me vería muy idiota paseando una por aquí.

―No, no pasa nada ―se rió.

Sesshomaru volvió a centrarse en su plato. Era mejor ignorarlo, seguramente no era nada importante.

Justo en ese momento, la puerta del comedor se abrió. Rin la miró con curiosidad y Sesshomaru con molestia; no era nada común que los interrumpieran y no le gustaba en lo más mínimo. Un guardia se asomó por la abertura antes de hacer una marcada reverencia.

―Amo, perdone la intromisión, pero el señor Jaken lo espera en el recibidor y ha pedido una audiencia con usted. ¿Le digo que espere a que termine sus alimentos, señor?

El demonio blanco no respondió y se puso en pie. Rin tenía los ojos muy abiertos desde que escuchó el nombre de su amiguito verde. Si él había regresado eso significaba que Deshi y Nagi ya estaban ahí, ¿verdad? El pequeño youkai jamás se atrevería a regresar solo. No lo dudó ni un instante más y se apresuró a seguir al Daiyoukai, no sin antes agradecerle al soldado que se había quedado al lado de la puerta a espera de indicaciones.

―Espere, señor Sesshomaru ―lo llamó cuando estaba por alcanzarlo. Su compañero tenía una muy mala expresión, como si le acabaran de decir una desagradable noticia―. Por favor, no les haga nada.

―Esa es mi decisión.

―Por favor ―lo tomó del brazo para evitar que siguiera andando―, se lo pido, no los lastime. ¡Ni al señor Jaken! Están aquí a causa mía, ellos no tienen ninguna culpa.

―Haré lo que considere necesario ―le dijo al reanudar la marcha. Rin se había quedado en su sitio luego de soltarlo, mirando temerosa la espalda del demonio. No les haría daño, ¿o sí? Era parte del acuerdo que habían hecho, no podría…

Siguió sus pasos en lugar de permanecer pensando. Si sus amigos habían vuelto tenía que impedir que algo malo les pasara, sin importar lo que costara.

Cuando dobló en el último pasillo para llegar a la entrada, su cuerpo se paralizó. Ahí estaban ellos, bajo el umbral de la gran puerta custodiada por cuatro feroces guardias ciñendo sus lanzas. Sesshomaru estaba frente a los recién llegados, y aunque Rin lo tuviera de espaldas, podía imaginar muy bien el desagrado en su rostro. Nagi alzó los ojos del suelo, mirándola estupefacta con una pequeña sonrisa y con el gran impulso de acercársele. Estaba justo como la recordaba, aunque quizás con la piel más morena y las ropas diferentes. Cómo se notaba que había viajado y visto mucho. Antes de que pudiera dar un paso, una mano en su hombro la detuvo. Takanari estaba detrás de ella negándole con la cabeza para que no se moviera. Levantó los ojos verdes hasta la humana e inclinó un poco la cara a modo de saludo.

¿Qué estaba haciendo Takanari ahí? Bastó un chequeo rápido para notar que no traía puesto su uniforme de soldado, por lo que no estaba ahí precisamente para recibirlos. ¡Había ido con ellos! ¡Con razón nunca lo había visto en el castillo!

Jaken trataba de hacerle señas disimuladas para que se fuera, pero Rin se negó a mover un solo músculo, pues tenía la impresión de que estando ahí, el Daiyoukai evitaría lastimar a sus amigos. Quizás así se abstendría de descargar su furia contra todos como tanto quería hacer. Oh, por favor, que no les haga nada…

El único que no le prestaba atención a la chica era el anciano, quien miraba fulminantemente al demonio de blanco. No parecía nada contento como los otros de verla y se mantenía muy firme en su duelo de miradas.

Rin no pudo resistirlo más y comenzó a avanzar rápidamente para abrazar a Nagi, pero cuando estaba por llegar, un brazo con una larga manga blanca le detuvo el paso.

―Señor Sesshomaru…

―Retírense ―ordenó a los guardias apostados en la puerta. Cuando los hombres se marcharon, Rin no sabía si su ausencia alivianaba el ambiente o lo hacía más pesado―. Lo que han hecho es considerada una falta grave de respeto hacia mi autoridad, por lo que la muerte es el único castigo que los traidores merecen. Y cumplir con la sentencia es algo que deseo hacer con mis propias manos ―agregó extendiendo la garra. Rin apretó la tela de su manga para intentar detenerlo, sintiendo cómo el nudo en su estómago se apretaba.

―Entonces hazlo ―retó Deshi al dar un paso al frente―. Deja de perder el tiempo y haz lo que quieras. ¿Para eso estamos aquí, o no?

―Abuelo…

―Sigues tan altanero como siempre, anciano.

―Puedo decir lo mismo sobre ti, Sesshomaru.

―Sería sabio que midieras tus palabras antes que lo haga yo por ti.

Rin tensó más la tela en sus puños y rogó porque el gran demonio no avanzara. Nagi estaba igual que ella, pero Takanari la seguía deteniendo con firmeza para que no se interpusiera en ningún seguro ataque y evaluaba la situación con agudeza, listo para moverse a gran velocidad de ser necesario. Jaken miraba toda la escena con sus enormes ojos amarillos abiertos a más no poder. Parecía estar haciendo sus últimas plegarias a juzgar por cómo le temblaba la mandíbula.

―No habrá una próxima vez que pase por alto su desobediencia ―Sesshomaru relajó levemente su garra al bajarla, aunque daba la impresión de que no lo hacía porque quería―. Un solo desacato más y será el último. Regresen a sus actividades inmediatamente.

Al darse la media vuelta dejándolos a todos atónitos ―Deshi lo disimulaba muy bien, por cierto―, la muchacha humana tomó su brazo una vez más y le sonrió con todo el alivio del mundo:

―Gracias.

―No esperes que lo haga de nuevo ―dijo sin dirigirle la mirada―. Jaken, tengo trabajo para ti.

―Enseguida, amo.

Cuando el hombrecillo verde y el Daimio desaparecieron del lugar, Rin dejó escapar un prolongado suspiro. Pero antes de que pudiera hacer nada más unos brazos la estrecharon con fuerza, casi haciéndola caer.

―¡Rin! ¡Oh, me alegra tanto que estés bien! ¡Cuando Jaken nos dijo que estabas aquí temí lo peor, no sabes lo feliz que estoy de verte sana y salva! ¿Te encuentras bien?

―Sí, estoy muy bien. Nagi, también te extrañé mucho ―la abrazó de vuelta ¿por qué no podía evitar llorar? ¡Era tan debilucha y dramática!―. Me alivia ver que todos están bien, tenía miedo de que el señor Sesshomaru pudiera…

―No eres la única que lo pensó ―dijo Takanari al llegar con ellas, exhibiendo una de sus anchas sonrisas. La chica se la devolvió.

―¿Has estado con ellos todo este tiempo, Takanari?

―¡Por supuesto que sí! No podía dejar a Nagi desprotegida en su viaje, ¿qué clase de caballero sería?

―Tenemos mucho de lo que hablar ―asintió la hanyou al separarse y enjugarse las lágrimas disimuladamente. Se sentía tan tonta como Rin al llorar, pero no podía evitarlo―. ¿Por qué regresaste? No podía creerlo cuando Jaken nos dijo que querías que volviéramos a este lugar ¿Cómo te encontró el amo Sesshomaru? ¿Te forzó a venir? Dioses, no me digas que te obligó para que…

―No, no, vine porque así lo quise. Él me lo pidió ―ordenó, mejor dicho, rectificó en su mente.

―¿Pero qué pasó para que cambiaras de opinión? Pensé que querías estar lejos de él y de… bueno, todo. ¿Acaso lo perdonaste?

La chica se quedó sin habla y bajó la cabeza. Deshi no había vuelto a abrir la boca pero la escrutaba duramente con su extraña mirada, haciéndola sentir como si midiera dos centímetros. Su actitud lograba muy bien mantener sus distancias, por lo que había reprimido su impulso de abrazarlo a él también.

―S-será mejor que pasemos a una habitación, es una historia muy larga.

―¡Gracias! Nuestro viaje ha sido una pesadilla y preferiría estar sentado un buen rato ―celebró Takanari para romper el tenso ambiente―. ¿No vienes, Deshi?

El aludido esquivó los ojos de Rin cuando volteó hacia él y comenzó a caminar con los demás quedándose un poco rezagado. Rin se dirigió a la primera sirvienta que encontró cerca de unas puertas cerradas:

―Disculpe, ¿esta habitación está ocupada? ¿Cree que haya problema si la utilizamos?

―No, señorita ―le respondió con una reverencia―. Nunca entra nadie, puede disponer de ella si lo desea. Aunque hay salas mejor acondicionadas.

―Aquí estaremos bien, muchas gracias. Entren y espérenme aquí, les prepararé té y traeré algo de comer, deben tener hambre luego de un viaje tan largo.

―No se preocupe por eso ―intercedió la youkai antes de retirarse―. Yo me encargaré de lo que necesiten.

―Pero…

―Insisto, señorita, con gusto les serviré. Regresaré en un momento, permiso ―la mujer se marchó con una nueva cabezada y se perdió en los pasillos con dirección a la cocina, dejando a Rin anonadada. Todavía le avergonzaba pedirle cualquier cosa a los empleados, por lo que siempre intentaba hacerlo todo por su cuenta para no molestar a nadie. El verlos tan dispuestos a atenderla se le hacía bastante raro.

Se quedaron en silencio una vez que entraron en la estancia y se sentaron en una de las mesillas repartidas ahí. Seguramente era alguna especie de depósito, por eso nadie nunca entraba.

―Y bien… ¿quién comienza? ―preguntó Nagi al fin para romper el incómodo silencio.

―¿P-por qué no me dicen qué fue lo que ocurrió después de que me fuera?

―De acuerdo. Déjame empezar con decirte que somos muy buenos ideando planes ―dijo la híbrida, acomodándose mejor en el asiento―. Nadie se percató si no hasta dos o tres horas de que te fueras pero cuando lo hicieron todo fue un caos. Siguieron tu rastro hasta el bosque, y obviamente no pudieron encontrarte cuando desapareció. Nos organizaron en grupos de búsqueda, soldados y sirvientes por igual, durante varios días. Se rehusaron a decirle al amo que habías desaparecido, por lo que no quisieron parar. Parecía como si una guerra nos acechara.

―Y no era para menos ―agregó Takanari―. Todos sabían que si algo llegaba a pasarte, estaríamos muertos en cuestión de minutos en cuanto el señor Sesshomaru volviera.

―Nosotros queríamos partir el mismo día que tú, pero pensamos que era mejor disimular un poco y formar parte de los equipos de rastreo. Muchas personas estaban muy preocupadas por ti y creyeron que te habían secuestrado o que caíste por algún lado y habías muerto ―Nagi hizo una mueca de incomodidad―. Pero nos fuimos cuatro días después de eso, así que no sabemos cómo terminó todo.

―¿Saben si el señor Sesshomaru… lastimó a alguien cuando regresó? ―la voz de Rin estaba muy baja y temerosa. Cómo deseaba escuchar un no como respuesta…

―Lo siento, no tuvimos contacto con nadie de este lugar si no hasta que Jaken nos encontró. No creo que él lo sepa tampoco, volvió al lado del amo dos o tres meses después de que te marcharas.

―Vaya ―suspiró. Tal vez lo mejor era no saberlo, aunque tenía el fuerte presentimiento de que había sucedido lo que temía, era esa la razón por la que no quería preguntárselo a Kenta―. Y… ¿cómo es que terminaron viajando juntos?

Takanari y Nagi se miraron entre ellos y sonrieron. Nagi bajó los ojos hasta la mesa y se sonrojó, pero el hombre se veía tan jovial y distraído como siempre, como si viviera en una nube.

―Sabía que querían marcharse, pero no les iba a permitir hacerlo sin mí. Nagi no quería que me les uniera porque pensó que sería muy peligroso, pero nunca me importó correr riesgos.

―Claro, eso lo dices porque preferirías ir al fin del mundo antes que enfrentar la ira del amo ―contradijo la hayou. El joven youkai se estremeció con una mueca.

―De todas formas no podía dejarte sola. Y me alegra no haberlo hecho.

Nagi volvió a fijar los ojos en la mesa con la cara roja.

―¿Acaso ustedes…?

Nagi se encogió y Takanari se sonrojó levemente al ensanchar su sonrisa.

―Algo así ―respondió él―. Me costó mucho, ¿sabes? Es muy terca y se avergüenza con facilidad, ¡ni siquiera entendía las indirectas tan obvias que le hacía!

―¿De verdad? ¿Como cuáles?

―Bueno, por ejemplo recuerdo una vez…

―¡Ese no es el punto! ―interrumpió Nagi muy nerviosa dando una palmada en la madera―. ¿Podemos cambiar el tema, por favor?

Rin no pudo evitar soltar una risita casi muda. Takanari tuvo que haber pasado mucho tiempo intentando cortejarla, seguro no había sido para nada fácil.

―Lo siento, Nagi. Díganme, ¿dónde estuvieron todo este tiempo?

Con discreción y aún un poco de bochorno, Nagi procedió a narrarle todo por lo que habían pasado para llegar a la tierra natal de su abuelo: China. Relataba con cierto orgullo y algo de tristeza cómo se las habían ingeniado para pasar desapercibidos en su trayecto por las tierras niponas, borrando sus rastros y tomando caminos inesperados para que fuera más difícil rastrearlos. Salir del Oeste fue una tarea estresante, pero pudieron llegar hasta la costa sin ningún problema, y cruzar el mar sólo fue posible gracias a la ayuda de Takanari, que siendo un youkai halcón, pudo transportarlos hasta el terreno más cercano del continente a una gran velocidad, haciendo uso de su verdadera apariencia. La mujer describió el vuelo como algo sumamente impresionante y magnífico, haciendo que el joven youkai sonriera con modestia y dijera que no era para tanto.

Una vez en el hogar original de su familia, buscaron un lugar para establecerse en donde pudieran estar ocultos. Muchos enemigos de Deshi se cruzaron en su camino complicando las cosas, y tras arduas luchas encontraron el sitio perfecto: una antigua ciudad bajo tierra; era el lugar de nacimiento del anciano demonio, y aún quedaban otros que lo recordaban como un viejo amigo, por lo que fueron bien recibidos.

En algún momento del relato había entrado la sirvienta con una tetera humeante, cuatro tazas y una rebosante bandeja de bocadillos dulces de arroz recién hechos que consiguieron hacerle agua la boca al ex soldado. La youkai se ofreció a servir el té, pero Rin rápidamente le dijo que no era necesario y que le agradecía que se tomara la molestia. Contrariada al no poder hacer su trabajo por completo, la mujer salió no sin antes decir que no dudaran en llamarla por si se les ofrecía algo más.

―¡Hubieras visto cómo se defendía Nagi! ―continuó relatando emocionado el hombre de ojos verdes. Hablaban de la pelea más intensa que el soldado había vivido, justo el mismo día de su llegada a China―. Eran como diez enormes monstruos… bastante feos, por cierto, que no dejaban de atacarnos sin siquiera preguntar quiénes éramos. ¡Y Nagi estuvo espectacular! Les devolvía cada ataque de energía que nos lanzaban con una puntería estupenda, jamás había visto algo así.

―¿De qué hablas? Yo soy muy mala peleando, iba corriendo en círculos para que no me dieran ―admitió con vergüenza. Rin sabía que combatir nunca había sido el fuerte de su amiga.

―No eres atacante directa, eres más bien pasiva y defensiva. Quizás no puedas producir youki como ellos lo hacían, pero fuiste muy capaz de atraparlo y regresarlo con mucha precisión.

―No sabía que pudieras hacer eso ―se asombró Rin―, ¿cómo lo aprendiste?

―Mi madre me lo enseñó cuando era pequeña, y después mi abuelo me ayudó a seguir practicando ―dijo tímidamente al dirigirle una mirada fugaz al demonio mayor―. Nunca está de más saber defenderse.

―¿Estar de más? ¿Acaso no me has oído? ¡Lo que hiciste fue impresionante! Cómo me hubiera gustado que aparecieran más de esas cosas para verte seguir haciendo esos movimientos para bloquear y regresar ataques.

―No exageres, Takanari ―pidió abochornada―. Al menos no tuvimos que combatir todos los días, lo que nos dejó tiempo para recorrer el país a nuestras anchas antes de establecernos en el pueblo. Eso fue lo que más me gustó. Nunca pensé que China fuera tan hermosa y diferente a lo que vemos aquí. Abuelo, tienes mucha suerte por haber nacido ahí. ¡Con tanta cultura que tiene ese país no me extraña que seas tan inteligente!

Deshi apenas le dirigió una mirada sobre su taza de té y continuó actuando como si estuviera solo. Los jóvenes se percataron de ello e intercambiaron vistazos incómodos.

―Eh, no tienes que desvalorizar a mi país ―se quejó Takanari cómicamente para alivianar el ambiente―. Yo crecí aquí y creo que salí bastante bien ―acto seguido engulló varios bocadillos, inflando las mejillas a su máxima capacidad mientras masticaba con dificultad. Las chicas rieron al negar con la cabeza.

―Sí, eres todo un ejemplo a seguir ―murmuró la hanyou ante la sonrisa del demonio que intentaba contener toda la comida en su boca.

―¿Y cómo los encontró el señor Jaken? Estaban tan lejos…

―Mi abuelo le dijo dónde podríamos estar en caso de que nos necesitara ―Nagi volvió a mirar al demonio mayor y regresó la cara hacia Rin. Deshi no quería formar parte de la conversación por más que su nieta intentara incitarlo a hablar―. Intercambiamos mapas y todo poco antes de que te fueras. Nos preparamos para lo peor ―dijo amargamente―, por lo que nos asustamos mucho cuando vimos que Jaken venía hacia nosotros en Ah-Un y pidió que regresáramos con él.

―Deshi y tú casi lo matan zarandeándolo con tantas preguntas ―apuntó cómicamente el joven youkai.

―Y tú no te quedabas atrás. Estábamos todos muy preocupados hasta que nos dijo que fuiste tú quien nos mandó a llamar de vuelta al castillo y que estabas… de nuevo con el amo ―de nuevo miró furtivamente a su abuelo, quien fruncía levemente el entrecejo sobre su taza.

Rin se sintió enrojecer cuando las miradas de todos se posaron sobre ella.

―Creo que es hora de que nos digas qué rayos pasó ―pidió Nagi. La humana tragó con dificultad y apretó las manos una contra la otra antes de respirar hondamente y comenzar su propia historia.

Les habló de su viaje de huída en medio de la nieve y cómo había ido a parar a una mansión llena de zorritos youkai. Su corazón latió melancólicamente al recordar a sus pequeños kitsunes, especialmente a Kiyo, Mikiko y Shippo, y lo mucho que la habían ayudado entre todos. No quiso ahondar mucho en ese tema porque sabía que le sacaría algunas lágrimas traicioneras, por lo que decidió ir con el plato fuerte: su reconciliación con el señor Sesshomaru. Contarles su charla con él aquella madrugada había sido más difícil que relatársela a Kagome e Inuyasha. Cada vez que mencionaba el nombre del demonio de blanco, o algunas cosas que él le había dicho, los singulares ojos del anciano se posaban sobre ella con descontento.

Takanari y Nagi, en cambio, hacían gestos y caras de asombro cuando escuchaban algo que los tomaba desprevenidos ―en resumen, todo lo que tuviera que ver con Sesshomaru―, pero al igual que el hanyou y su esposa, guardaron silencio hasta que la humana hubiera terminado. Les explicó cómo habían restaurado poco a poco los tratos entre ellos ―tratando siempre de ser lo más discreta posible― y todas las dificultades que habían pasado para llegar hasta ese punto. Les contó de manera resumida su extensa charla con Irasue y la fuerte discusión que había tenido con su hijo poco después.

Concluyó, más roja que un tomate, que el mononoke le había pedido que regresara con él a sus tierras y ella puso como condición que no hiriera a sus amigos y les permitiera regresar o al menos tener la oportunidad de hablar con ellos. Takanari rió por la audacia de la jovencita al chantajear al gran Lord del Oeste y haberse salido con la suya.

Después de lo que le parecieron horas y horas hablando, cerró súbitamente la boca y esperó el veredicto de sus amigos con la cabeza baja. Tenía la garganta seca y el corazón seguía oprimiéndole fuertemente el pecho a medida que el silencio se prolongaba.

―Bueno… no sé cómo te tomarás esto, pero ―comenzó Nagi con sigilo―… yo me lo esperaba.

―¿Qué?

―Tenía la sensación de que había algo ahí que no encajaba, ya sabes, cuando pasaron tantas cosas y te marchaste. A pesar de todo lo malo… quiero decir, cuando lo especialmente malo pasó, tuve la impresión de que realmente te quería. Estaba muy preocupado por ti, se notaba. Era como si le hubiera costado entenderlo, pero al final veo que lo hizo ―¿podía la cara de Rin volverse más roja de lo que ya estaba?―, y me alegra que las cosas se estén solucionando entre ustedes.

―¿En-entonces no estás enojada conmigo?

―No, Rin ―negó con la cabeza―. Me sorprende un poco, claro, que el amo haya actuado tan… tan…

―¿Responsable? ¿Amable? ¿Considerado? ―probó Takanari con incredulidad.

―Sí, supongo que eso, contando que lo conocemos por ser muy diferente. Fue… bastante horrible por todo lo que tuviste que pasar, y eso nunca se lo perdonaré ―agregó con cierto enfado―, pero si está intentando redimirse de sus acciones, no tengo nada que decir. Sé lo mucho que lo quieres, por eso no puedo molestarme contigo.

Cuando se fijó en su amiga, Rin creyó ver la misma bondad en sus ojos que poseía la señora Kagome. Eran personas parecidas, de ésas que te apoyan sin importar lo que suceda y nunca te dan la espalda. Le sonrió cálidamente como gesto de agradecimiento. Escuchar esas lindas palabras de su parte era muy alentador.

―Si me lo preguntas a mí ―agregó Takanari, encogiéndose de hombros―, te diría que siempre supe que eran compañeros. Oficialmente, quiero decir.

―¿De qué hablas?

―Era obvio, los youkais siempre actúan muy protectoramente hacia sus parejas, y la manera en la que el amo se dirigía hacia ti era… demasiado fría y malhumorada, sí, como es él, pero también había algo que la hacía típica en cierta manera. No me malinterpretes ―pidió mirándola más serio―, sé que no se ha portado muy bien contigo…

Nada bien ―murmuró Nagi.

―Y que te ha hecho pasar por cosas terribles, pero… ―suspiró, dubitativo―, tengo muchos años aquí, quizás ya va más de un siglo, y nunca lo he visto actuar de esa manera con ninguna otra persona. Tardó en reconocerlo, pero realmente te aprecia.

Rin sonrió con timidez y desvió la mirada.

―Mentiras ―farfulló el anciano.

―Abuelo, por favor…

―No puedo creerlo ―la sala se sumergió en untenso silencio en el que la joven humana se sentía aprisionada―. Después de todo lo que te hizo, después de tratarte como nada más que una basura, regresas con él con una gran sonrisa. ¿Qué diablos te pasa?

La chica contuvo el aliento al sentir la fría mirada del hombre atravesarla.

―Todas estas charlas de que el pasado quedó atrás, que él cambió, que tú has cambiado… ¿Cómo pudiste hacerlo? ¡Desperdiciaste todo nuestro esfuerzo por esto, porque según tú, Sesshomaru se preocupa por ti! Creí que eras más inteligente, Rin. Estoy muy decepcionado de ti.

―Deshi, no le digas eso ―intercedió Takanari con las palmas extendidas hacia él―. Por favor, amigo, no la trates así.

―¿Ah, no? ¿Y cómo crees que deba tratarla entonces? Fue demasiado tonta como para caer en la misma trampa dos veces, y ahora actúa como si fuera lo más natural del mundo. ¡No te entiendo, mujer! Ese sujeto te utilizó de todas las maneras que quiso y te hizo vivir un infierno. ¡Perdiste cachorros, por Kami! ¿Y aún así lo perdonas como si nada?

―Yo… yo no…

―¡Por su culpa quedaste estéril! ¿No te das cuenta, o acaso se te olvidó? Debe ser que ya no te importa, pero creo recordar que en su momento te afectó muchísimo. ¿Qué pasa? ¿Se volvió tan bueno que te da igual seguir abortando?

―¡Deshi!

―¡Basta! ―le pidió Rin. Aquel era un tema demasiado delicado como para que se lo echara en cara tan cruelmente―. Sabes muy bien que no es cierto, y no tienes ningún derecho a decirme esto ―dijo esta vez un poco más firme, tratando de no llorar. Odiaba recordar que no podía volver a quedar embarazada, así que hacía todo lo posible por no pensar en eso. Sólo quería concentrarse en lo que sucedía ahora con el Daiyoukai, vivir el presente sin preocuparse por el pasado ni el futuro―. Ya no puedo remediarlo por más que lo intente, pero eso no me impide seguir adelante.

Deshi negó con la cabeza.

―Después de tantos golpes pensaba que habías aprendido algo, o que al menos te valorabas un poco más. Pero no sólo te arrojas a la boca del lobo por propia voluntad, si no que nos vuelves a involucrar. Como si hacernos pasar un calvario para ayudarte no fuera suficiente.

―Abuelo, déjala en paz. Ya hemos hablado de esto, no te corresponde…

―Es cierto, no me corresponde ―asintió ácidamente el anciano al ponerse de pie―. No soy su padre, y claramente no soy lo bastante importante como para que me escuche.

―Deshi, por favor…

―¿Por qué decides envolverte con él otra vez, eh? ¿No fue suficiente ya? ¿O tienes que esperar a que te haga algo aún peor para que reacciones de una vez? Aunque no se me ocurre qué más podría llegar a hacerte.

―No hará nada malo, lo sé.

―Piensa un poco: es un demonio, jamás podrá darte lo que quieres y necesitas, y mucho menos él.

―¿Cómo podrías saberlo? ―Rin alzó la cara con seguridad―. Quizás nunca viste nada más allá de las cosas terribles que hizo antes, pero eso no significa que no sea capaz de ser diferente ahora.

―Las personas cambian, Deshi ―la ayudó Takanari con sigilo―, siempre pueden volverse mejores.

―Él no, tenlo por seguro, muchacho, y sabes muy bien a lo que me refiero. Tú también lo has visto antes, no hay manera de que ese hombre pueda mejorar su actitud.

―Su madre ha dicho…

―¡Ah, sí! Esa tontería de los compañeros que se encuentran con la esencia y todo eso. ¿De verdad crees que Sesshomaru, aquel que juró su odio hacia los humanos e híbridos, pueda tener una compañera humana? Es ridículo.

―¿Qué me dices de su padre y la princesa Izayoi?

―InuTaisho fue un demonio honorable y amaba a la princesa hasta el punto de sacrificarse por ella. Nunca habría hecho lo que hizo Sesshomaru contigo, ni aunque su instinto lo controlara. Esa es la diferencia: InuTaisho era capaz de valorar a los demás, Sesshomaru no, ni siquiera a su propio padre o madre. ¿Por qué sería diferente contigo? ―escupió enojado― ¿Crees que si tu vida peligrara, él escogería salvarte a ti antes que a él mismo?

―Estoy segura de que lo haría ―le contestó―. Sé que no es fácil para ti asimilar esto, considerando lo mal que te llevas con él, pero… Estoy luchando por algo que realmente quiero desde hace mucho tiempo, ¡y al fin puedo hacerlo bien! Lamento mucho por todo lo que te hice pasar… a todos ―rectificó mirando a los otros dos, que no estaban nada cómodos con la manera en que había resultado todo―, por todas las dificultades y malos ratos, nunca quise que tuvieran que sacrificar tanto por mí.

―Lo hicimos con gusto, Rin, no tienes por qué disculparte ―interrumpió Nagi, levantándose al igual que ella y posando una mano en su hombro―. Nada salió como lo planeamos, pero eso no quiere decir que sea algo malo.

―Todos merecemos una segunda oportunidad, incluido el amo ―asintió Takanari con una leve sonrisa conciliadora. Rin se sintió un poco mejor, era muy reconfortante poder contar con ellos ante la furia de Deshi.

El anciano resopló.

―Qué estupidez.

―Deshi, lo siento, siento mucho que pienses mal de mí y entiendo que estés decepcionado, pero no voy a marcharme de nuevo, ni dejaré de tratar al señor Sesshomaru. Sabes lo que siento por él y después de todo nuestro esfuerzo para llegar hasta aquí no me retractaré.

―Ah, ¿pero nuestro esfuerzo para ayudarte sí lo desperdicias, verdad?

―¡Por supuesto que no! ―se le acercó ella, bordeando la mesa. Deshi se irguió con la espalda recta, demostrando que era un hombre en realidad alto y la miró furiosamente. Jamás imaginó que sus ojos pudieran tornarse tan fríos―. Lo que hicieron fue algo que significó mucho para mí. Necesitaba estar lejos de este lugar para aprender a valerme por mí misma, y creo que lo conseguí. Pero también me ayudó a entender las cosas desde otro punto de vista, y después de escucharlo, y también saber todo lo que su madre me explicó…

―Te importó un pepino todo lo que te hizo y decidiste volver a jugar con fuego. Muy lista ―la interrumpió haciendo un gesto con la cabeza. Nagi roló los ojos con fastidio y Takanari hizo una mueca con la boca.

―Sí me importa lo que pasó, es algo que nunca desaparecerá ―aseguró Rin sin dejarse intimidar―, pero eso no significa que tenga que vivir con eso a cuestas para siempre. Elegí superarlo, ¿tiene algo de malo?

―Eres demasiado ingenua.

―Entiendo que no confías en él, pero creo que…

―No, niña, no entiendes absolutamente nada ―la atajó el anciano―. Pero está bien así, de todas formas Sesshomaru me obligará a atenderte la próxima vez que se le vaya la mano contigo, así que da igual que me niegue ―comenzó a andar hacia la puerta, girando la cara para no verla al pasar a su lado. Rin sólo lo siguió con los ojos, pues sabía que sería inútil continuar intentando hacerlo entrar en razón. El demonio se paró bajo el marco y la observó severamente por el rabillo del ojo―. Sólo espero que no tardes mucho en darte cuenta del error que estás cometiendo.

Y se fue sin volver a mirar atrás. Cuando la puerta se cerró, la habitación quedó sumida en el silencio. La humana respiraba con irregularidad, llevando una mano al pecho en un vano intento de aplacar los alocados latidos de su corazón. Se sentía mal, muy, muy mal. Sabía que Deshi estaría enojado con ella, pero jamás pensó que pudiera llegar a ser tan… cruel.

Nagi volvió a depositar la mano en su hombro, y Rin se volteó para abrazarla. La hanyou notó que su amiga temblaba, por lo que la estrechó con algo más de fuerza.

―Creo que me odia.

―No te odia, Rin, no digas eso.

―¿No viste cómo me miró? Era como si no soportara hacerlo. Y las cosas que dijo… ―cubrió su rostro con una mano mientras suspiraba―. ¿Qué puedo hacer?

―No hay nada que puedas hacer ―el hombre avanzó con discreción―, por ahora es mejor dejar las cosas como están. Dale tiempo.

―¿Él… estaba así de furioso cuando el señor Jaken los encontró y explicó lo que pasaba?

―Bueno… no gritó ni dijo mucho, más bien se quedó muy callado. Ha estado demasiado callado y distante de nosotros en todo el viaje de regreso.

―Hasta que explotó ―resopló Nagi―. Lamento que hayas tenido que oír eso.

―No, creo que me lo merecía. Siente que le fallé, que hice algo horrible.

―Pero no lo hiciste ―contradijo rápidamente la otra―. No le has fallado a nadie por querer estar con el amo.

―De verdad lo siento. Siento mucho todo lo que les hice pasar, los malos ratos, la angustia, el peligro que corrieron… Nunca quise que nada les sucediera.

―Rin, vamos, no digas tonterías. De ser necesario lo haríamos mil veces más, y te sirvió de mucho, con eso nos basta.

―Es cierto, no tienes de qué culparte. Después de todo, fue nuestra decisión abandonar este lugar, ¿verdad?

―Takanari, si algo les hubiera sucedido…

―Pero como nada pasó, lo dejamos hasta ahí ―sonrió él―. Además, ¿por qué habría de quejarme? Pasé más de dos años lejos de esa aburrida torre de vigilancia, conocí un país maravilloso y estuve todo el tiempo en compañía de la dulce Nagi, ¡no pudo pasarme nada mejor! Y sé que ella también lo piensa así, ¿verdad, Nagi? Yo sé que sí, no puedes negarlo.

La aludida se sonrojó hasta las orejas y lo fulminó con la mirada. Rin formó un retraído mohín. ¿Cómo era posible que ese hombre pudiera hacerla reír en el momento menos esperado?

―Gracias ―les dijo al enjugarse los ojos torpemente―. Los dos son muy amables conmigo, no sé cómo podría pagárselos.

―Podrías empezar por pedir más de éstos, están buenísimos ―el soldado señaló la bandeja casi vacía de bocadillos y Rin rió entre dientes mientras Nagi lo regañaba.

Aunque Deshi se mostrara tan reacio, contar con el apoyo de ese par era algo que la reconfortaba profundamente. Siempre pensó que resolver sus miedos con el demonio de blanco era lo más difícil que tendría que afrontar, pero nunca consideró que las críticas que recibiría de los demás fueran tan duras. Como era usual, era algo con lo que tendría que aprender a lidiar y a superar. No se trataba sino de otro escalón más que subir en su camino.

―No te has presentado a cenar ―le dijo una seria voz a sus espaldas.

Se encontraba sentada en el pórtico de su recámara, con los pies guindando del borde del suelo mientras contemplaba distraídamente las estrellas que se asomaban entre las nubes pasajeras. Era tarde en la noche, pero luego del recibimiento de sus amigos le era difícil concentrarse en cosas tan triviales como alimentos u horas de sueño.

―Lo siento. No tenía hambre, se me olvidó ―contestó ella luego de echarle un rápido vistazo. Sesshomaru se acercaba lentamente hasta donde se encontraba. Había dejado la puerta abierta, por lo que la luz del pasillo se colaba hasta donde estaba Rin. Se paró a su lado, con los brazos cruzados y la cara hacia el cielo. La chica apretó el almohadón que mantenía en su regazo y suspiró disimuladamente al bajar la vista. Las palabras de Deshi no dejaban de repetirse en su mente, como si el anciano se hubiera introducido en su cabeza y siguiera hablando para torturarla.

Pero sin duda lo que más le había dolido fue el recordarleque no podía volver a gestar. Eso había sido muy cruel, y lo peor de todo era que había funcionado. Había conseguido hacerla sentir terriblemente mal. No era como si no lo recordara siempre, pero… rayos, intentaba que ese tópico tan doloroso no se entrometiera ni lograra deprimirla de nuevo ―algo que, lastimosamente, ya estaba pasando.

―¿Alguien te ha molestado?

Su voz la hizo regresar en sí. Posó la vista en él, pero seguía mirando enigmáticamente hacia el cielo.

―No, nadie ―contestó calladamente. El hombre endureció sus facciones.

―No mientas.

Ella formó una débil sonrisa.

―De verdad, no tiene importancia. Estoy bien.

―Quien te falte el respeto merece ser castigado ―dijo poco después―, por lo que no volveré a dejarlo pasar. Duerme.

Rin volvió a subir los ojos hacia el demonio y pudo sentir un ligero tumbo en su interior. Definitivamente había algo diferente ahí. ¿Por qué Deshi no podía verlo con tanta claridad como ella? Se levantó de su lugar y se le acercó lentamente, sin dejar de admirarlo.

Deshi se equivoca, pensó, no lo conoce. Alzó una mano y su respiración se hizo más profunda mientras deslizaba los dedos por su pálida mejilla.

Sesshomaru se quedó muy quieto, de nuevo demostrando su asombrosa habilidad para imitar a una estatua. Rin se acercó más y depositó sus labios sobre los masculinos, apoyando la otra mano en su hombro para mantener el equilibrio sobre las puntas de sus pies. Temblaba inconscientemente, y eso lo inquietaba de una manera inusual.

Para cuando se separó le sonrió con tranquilidad, como si hubiera comprobado algo que la hiciera sentir mejor. Pero antes de que pudiera volver a pararse sobre sus talones, una garra la tomó de la nuca para acortar de nuevo la distancia. Era la primera vez en mucho tiempo que él la besaba, y hasta ese entonces Rin revivió lo posesivo que podía llegar a ser. Fuertes descargas eléctricas recorrían su columna, por lo que tuvo que pegarse a su cuerpo para que sus temblorosas rodillas no la hicieran caer.

Con los latidos en los oídos, volvió a la realidad cuando rompieron el contacto. Él seguía con esa fría mirada suya tan característica, pero la muchacha sabía que había mucho más ahí debajo de lo que era capaz de expresar.

―Buenas noches, milord ―le dijo con la voz apagada. Sesshomaru sólo asintió con la cabeza y se volteó con elegancia para salir de la recámara. La campanilla de viento sonó suavemente cuando la puerta se cerró tras él, y Rin permaneció clavada en el mismo sitio, con las mejillas coloreadas. Sí, el demonio sabía cómo hacerla sentir mejor.

Sesshomaru, por su parte, conseguía ocultar muy bien bajo su frialdad lo sereno que se encontraba. Estar cerca de Rin tenía ese extraño efecto sobre él. Frunció los labios con debilidad y miró fugazmente hacia atrás por el rabillo del ojo. Ella tenía la necesidad de expresar sus emociones aún cuando le diera vergüenza hacerlo, y aunque recriminaba esa actitud en los humanos, tenía que reconocer que no siempre resultaba ser desagradable.

―¿Ves cómo tenía razón? ―una cabeza se asomó por una esquina justo cuando el demonio desaparecía―. Si nadie lo mira es capaz de sonreír.

―Pero eso ya lo sabíamos, Nagi.

―Sí, pero aún así es raro verlo comportarse así, ¿no crees? ¡Y es hasta tierno!

―A mí lo que me preocupa es que tengas las agallas de espiarlos ―resopló Takanari―. Si el amo nos hubiera descubierto, estaríamos en serios problemas.

―Lo sé, lo sé, pero no puedo evitarlo. Se siente muy bien tener la razón, lástima que mi abuelo no lo quiera aceptar.

―Ya sabes cómo es él. Necesitarías controlar su mente para hacerle cambiar de opinión ―Takanari se quedó callado por un momento, frunciendo el entrecejo y mirando hacia la distancia con una cara de concentración―. Maldita sea.

―¿Qué, qué pasa?

―Tengo guardia en la torre, lo había olvidado ―se tapó la cara dramáticamente con la mano al desinflarse. Nagi sólo roló los ojos―. Me pregunto qué emocionante aventura me tocará vivir esta noche. ¿Me habrá extrañado la torre? Seguro que no, sabe muy bien lo mucho que la odio, se lo repetía constantemente.

―Taka, creo que estás algo chiflado.

―No te pongas celosa, Nagi, lo mío con ella es sólo por obligación, te quiero a ti. Nunca te intercambiaría por ese frío puesto que ni siquiera me dirige la palabra, cuando tú…

―¡Serás tonto! ―se escandalizó la hanyou― ¡Deja de decir tonterías y ve a trabajar! ¡Cómo te gusta decir disparates!

―Sólo te estoy diciendo que prefiero estar en tu compañía, ¿qué tiene de malo?

―¡Estás loco!

―¿Qué está pasando aquí? ―se asomó Rin por la puerta de su cuarto. Había gritado tan alto que hasta la humana pudo escucharla, y ahora los miraba muy extrañada. La cara de la híbrida se tornó de un rojo más oscuro mientras que Takanari exhibía una inocente sonrisa.

―Nada, no pasa nada ―dijo Nagi, rogando que no se enterara que la habían estado espiando―. Eh... Vamos, Takanari, ve a tu puesto antes de que te llamen la atención. Buenas noches, Rin.

Rin los miró un momento más con los ojos entrecerrados y fue retrocediendo de vuelta a su recámara, no sin antes devolver la despedida.

―Oh, pero esa torre no sabe apreciarme…

Escuchó justo antes de cerrar la puerta. Soltó una risita en la oscuridad y se metió a la cama. Gracias a la repentina aparición de sus amigos y su ridícula conversación ―que apenas había logrado oír―, pudo despejar su mente. Las crudas palabras de Deshi se habían borrado por el momento, por lo que logró dormir tranquilamente.

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¡Y ya volvieron a casa! Debo admitir que los extrañaba, especialmente a Takanari que tan simpático se me hace. Pero lastimosamente a Rin el regreso de sus queridos amigos no fue tan alegre como esperaba, todo a manos de Deshi. Bueno, no pueden culparlo, ¿o sí? Aquí representa el lado completamente opuesto de Rin, por así decirlo: mientras ella intenta superarse y regresar a la normalidad, Deshi le recuerda constantemente sus temores y errores. Pero él no lo hace con malas intenciones (aunque sí fue un poco cruel), sólo no le cabe en la cabeza los motivos por los que Rin está de vuelta con el sujeto que tanto desprecia. Descuiden, las cosas entre ellos mejorarán, pero todo a su tiempo.

¡Y mientras el viejito la entristece, Sessho la alegra! Vaya cambio de papeles, ¿no? Seguirá siendo un tipo con tantas expresiones faciales como una tabla, pero vamos, al menos intenta hacerla sentir mejor. Aww xD

Aunque para serles sincera, creo que la parte que más me gustó es el final, cuando los metiches de Taka y Nagi los espiaban desde el pasillo xD ¿Alguien quería que se volvieran pareja? Bueno, aquí están xD

Mora, Rominaz, Brenda, KeyTen, Blackurora, SBM-AnGiE, Ginny, Hanabi-ness, Ephemera, Saori-san, Seras, Yoko-zuki10, Ro Itako 27, Neko-chan, Sexy Style, Faby-sama, Kyoko-chan, Kat88-Pbl, Nodoka-san, Serena tsukino chiba, Hadeyn-chan, Hi no Tamashi, Alexa Reynoza, Tenshi 14, H, Soul of Wolf y Michelle, ¡muchas gracias por sus reviews! Son todas un amor, y por eso… Es verdad, vamos a engordar con tanto dulce. Ah, qué rayos xD el postre de hoy será… Cheesecake. Y no se preocupen, tiene endulzante para diabéticos y es bajo en calorías, así que no tienen excusa para no comerlo xD ¡Qué lo disfruten!

Espero que este capítulo les haya gustado, y vean que fue un poco más largo que los demás. Espero sus comentarios :3 y ya saben, algún error u observación que encuentren por ahí, por favor háganmelo saber. ¡Hasta el próximo sábado!