Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, sólo los tomo prestados sin fines de lucro.
…
The Butterfly and the Hurricane
Por: Hoshi no Negai
8. Un pequeño arrebato
―No deberías intentar apresurar nada ―le aconsejó Nagi, que pasaba casualmente por su lado en aquel pasillo. Rin ya llevaba poco más de tres semanas intentando hablar con Deshi para aplacar su malhumor hacia ella, pero el anciano siempre se las ingeniaba para escabullirse y hacerle entender que no quería escuchar nada de lo que tuviera que decir. La chica suspiró derrotada al ver la distante espalda del youkai alejarse luego de su último fallido intento―. Te lo hemos dicho un millón de veces, deja las cosas como están, sólo harás que se enoje más.
―¡Pero no soporto verlo así! Me siento muy mal por cómo quedó todo, necesito que me escuche.
―Lo que necesitas es darle tiempo y espacio para decidir cuándo lo hará, si sigues persiguiéndolo lo volverás loco. Además, no creo que el amo esté muy contento si supiera por dónde te metes para hablar con él, así que mejor detente ya antes de que ganes problemas. Te recuerdo que casi sales de los límites del Castillo para seguirlo al ala de enfermería, ¡y ni hablar de cuando quisiste ir tras él al pueblo!
―Sólo quería…
―Sé que quieres que todo entre ustedes esté mejor, pero eso no puede ser de la noche a la mañana. Tienes que ser paciente.
Rin asintió lentamente. Sabía que tenía razón, pero… ¡le era tan difícil aceptar que alguien estuviera enojado con ella! Especialmente Deshi, a quien apreciaba tanto y tenía prácticamente subido en un pedestal. Se desinfló al sentir unas palmaditas en su espalda, y para cuando volteó, Nagi ya había tomado el camino hacia las cocinas para regresar a su trabajo.
La humana emprendió camino hacia el patio norte, uno de los pocos lugares en los que se sentía realmente en paz. No quería ir por ahora a la cámara de guerra, aún era temprano y, para ser sincera, le daba algo de vergüenza estar con el señor Sesshomaru. Las últimas semanas, Rin se había mostrado algo más abierta ―no sin hacer un gran esfuerzo, claro― con él e intentaba acercársele de manera más íntima, y pese a que prefiriera guardar distancias, el demonio la correspondía poco a poco. No estaría tan acalorada si justamente el día anterior no le habría devuelto el gesto de una manera tan profunda que logró revolverla por dentro. Jamás lo vio venir y desde entonces no podía ni pensar en él sin que sus colores subieran al máximo.
Irónicamente, el alejamiento con Deshi había logrado acercarla más al mononoke, como si a su lado pudiera ignorar mejor la frialdad que el anciano le expresaba.
Se sentó abatida en un banco de piedra y miró alrededor, apretujándose en el abrigo que tenía sobre los hombros. La vegetación se estaba secando y los árboles habían perdido la mayoría de sus hojas; el invierno estaba a la vuelta de la esquina.
―Vaya, mírate ahí sentada sin hacer escándalo. Casi no te reconozco ―gruñó una vocecita áspera. Rin levantó la cara y notó que tenía un acompañante muy peculiar.
―¡Señor Jaken! ―saltó para abrazarlo.
―¿Cuál es tu manía con querer estrangularme cada vez que me ves? ―se quejó sonoramente. Ella lo soltó y le dedicó una mirada apenada.
―Lo siento, no puedo contenerme. ¡Nunca lo veo!¿Dónde estaba? ¿Qué hacía?
―Niña loca ―refutó al acomodarse acaloradamente la ropa―. Sabes que siempre estoy haciendo algún mandado del amo, por eso no puedo venir mucho. Y tú, ¿qué estás haciendo por aquí? ¿Por qué no estás con Deshi o con su fastidiosa nieta? Pensé que no te les quitarías de encima una vez que llegaran.
―Nagi tiene muchas cosas que hacer, y al señor Sesshomaru no le gusta que me entrometa en las labores de los sirvientes ―contestó rolando los ojos―. Y Deshi, bueno… está muy molesto conmigo, y por más que lo intente no quiere escucharme.
―¿Ahora qué hiciste para enojarlo?
―Yo… ―titubeó, bajando el tono de voz―, regresé aquí con el señor Sesshomaru.
―Ah. Es verdad, supuse que sería el que menos feliz estaría con eso, considerando lo mal que se lleva con el amo.
―¿Cree que hay algo que pueda hacer para que acceda a escucharme?
―¿Quién, yo?
―No, yo ―se desmoronó nuevamente en el asiento―. He intentado durante varios días hablar con él, pero nada parece funcionar; simplemente no quiere ni verme. No sé qué hacer.
―Sólo déjalo en paz ―refunfuñó―. Bájatele de la espalda y deja que respire. No sé si te has dado cuenta, pero hablas tanto que agobias.
Rin reconoció que tenía razón: solía hablar e insistir tanto en un tema que fácilmente podría volver loco a cualquiera. ¡Pero no soportaba quedarse sin hacer nada!
―Es que… debe haber algo que no he intentado todavía.
―Si lo sigues persiguiendo te va a terminar odiando más.
―¿Cree que me odia? ―preguntó horrorizada.
―No, niña, no creo que te odie. Lo sacarás de sus casillas porque eso es lo que mejor sabes hacer, pero no te odia.
Rin bajó la voz hasta el punto de convertirla en un murmullo.
―¿Y usted sí lo hace?
Jaken resopló contrariado.
―Tampoco te odio, Rin.
―Pero no está muy contento conmigo, ¿verdad?
El hombrecillo le dio una mirada extraña e hizo un gesto con su boca.
―Sí ―admitió él―. Pensé que te irías para siempre porque era lo que querías, no que regresarías aquí un par de años después como si nada.
La chica se entristeció por su tono tan duro. Era natural que estuviera enojado con ella después de todo por lo que había pasado para prepararle el sortilegio. Recordó con una punzada de culpabilidad cuando el Daiyoukai lo hizo trizas con su mano, como si fuera algo insignificante. De todos, Jaken había sido el que más se había sacrificado por ella.
―Lo siento, señor Jaken.
―¿Y por qué lo sientes, tonta?
―Por todo. Por el sortilegio, lo duro que ha tenido que trabajar para el señor Sesshomaru, los malos momentos que tuvo que pasar… lo siento, de verdad lo siento.
―Sí, deberías sentirlo, mocosa. Preparar ese hechizo fue una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer. Y lo rompiste ―Rin tragó con dificultad, mordiéndose la lengua para no revelar que había sido el demonio blanco quien lo había hecho. Jaken suspiró―. Tal parece que nada de lo que hice sirvió de algo al final.
―¡No diga eso! Sirvió de mucho, se lo aseguro ―le dijonerviosa―. Me ayudó a valerme mejor por mí misma, además de que me brindó de mucha protección por el tiempo que lo tuve puesto. No puede… desvalorizar todo lo que ha hecho, señor Jaken, ¡me brindó tantas oportunidades! Es sólo que no quise… depender más de los demás ―admitió, esta vez más para sí―. Estuvo bien mientras lo necesité para despejarme, pero cuando llegó el momento, bueno… preferí seguir adelante por mi propia cuenta.
Se hizo un pequeño silencio en el que la chica no quiso mirar a su amigo, presa del remordimiento. Jaken parecía igual de incómodo que ella, pero al menos no se notaba enojado. De un salto trabajoso, tomó asiento a su lado en el banco de piedra y se desinfló con un resoplido.
―¿Cómo te encontró el amo? En algo tuve que haber fallado.
―No falló en nada ―negó con la cabeza―, su conjuro ocultó mi olor a la perfección, él mismo lo dijo. Pero Tenseiga no se guía por aromas, por eso pudo encontrarme.
―¿Tenseiga? ¿Qué tiene que ver Tenseiga con esto?
―El señor Sesshomaru me dijo que resonaba cuando pasó por el lugar en el que vivía. La siguió y dio conmigo. De hecho, tardó muy poco en descubrir dónde estaba. Pero no lo supe sino hasta mediados de la primavera pasada, ahí fue cuando pude verlo.
―¿Cómo fue eso? ―preguntó extrañado.
―Estuve todo el tiempo en una mansión de kitsunes. ¿Recuerda a Shippo? Él me encontró justo cuando estaba atrapada en una tormenta y me permitió quedarme con ellos. La primera vez que vi al señor Sesshomaru fue en medio del bosque, a las afueras de la casa. Usaba su forma original.
―Y… ¿Te hizo algo?
La muchacha sonrió un tanto melancólica.
―No. Sólo se quedó ahí conmigo… toda la noche.
―¿De verdad? ¿No hizo absolutamente nada?
―Nada de nada.
―Qué extraño. Cuando me reuní con él luego de que te fueras estaba de muy malhumor, parecía querer matar a cualquiera que abriera la boca frente a él. Y así se quedó durante mucho tiempo ―agregó el youkai―. Me parece raro que no te haya llevado apenas te descubrió.
La cara de Rin adquirió un vívido color rojo al bajar la mirada a su regazo. Recordó que de hecho el Daiyoukai había admitido querer llevarla con él, pero en lugar de eso, guardó sus distancias hasta que ella misma lo había llamado.
―¿Cómo fue que terminaste queriendo regresar aquí por tu propia voluntad?
La chica tomó una honda inhalación antes de volver a relatar todo lo que había sucedido hasta ese momento. Ya era la tercera vez que lo hacía, y esperaba también que fuera la última. No le molestaba aclararles las cosas a sus amigos, pero nunca se le hacía más fácil o menos bochornoso. Quizás lo mejor habría sido reunirlos a todos para que la escucharan, así tal vez habría sido mejor.
Consumida en su propia pena al terminar de contar una vez más algo tan personal, se quedó callada a la espera de una opinión.
―Así que, para resumir, ¿tú eres la compañera del amo? ―ella asintió ruborizada―, la que se supone que estará con él a lo largo de su vida, o si no le causaría un sentimiento de pérdida terrible. Tú, Rin. ¿En serio?
―Bueno… eso fue lo que dijo la señora Irasue.
―Siempre supe que el señor Sesshomaru tenía algo contigo desde el momento que te revivió, pero jamás imaginé… ―sus grandes ojos amarillos parecían estar por salir disparados de sus cuencas―, considerando como es, nunca pensé que se pudiera atar a alguien. Y menos a un ser humano ―añadió como si fuera ilógico.
―L-lo sé, a mí todavía me cuesta asimilarlo del todo.
―Pero tú, de entre todas las mujeres ―seguía diciendo―, y encima de entre todas las mujeres humanas… Todo esto es demasiado raro ―se llevó las manos a la cabeza―. No podemos hablar de mi amo, es imposible.
―Es decir… ¿usted nunca lo vio venir? Porque Takanari dijo que…
―¡Claro que no lo vi venir! ―saltó, abrazando fuertemente su báculo―. Eres humana, y al amo jamás le han interesado los lazos de ningún tipo, ni siquiera parecía estar muy pendiente de las mujeres a no ser que fuera algo superficial. No le importaba nada más que no fuera adquirir poder o ganar peleas ―rectificó―. Es que no lo entiendes. Siempre lo he visto como… como un ser invencible, como a alguien que nada lo afecta, que nada le llega de verdad como puede pasarle a otros. Excepto en contadas ocasiones ―se dijo, recordando aquella vez en la que Rin había muerto en el infierno y cuando el tonto de Inuyasha le había cortado el brazo izquierdo. Aunque su estricto rostro nunca lo reflejó, Jaken sabía que aquello le había afectado mucho―. Y que me digas que tú eres su mujer… no es fácil de tragar.
―¿Qué tiene de extraño que sea yo?
―Te conozco desde que eras una mocosa insufrible.
―Gracias.
―Eras muy pequeña, jamás te imaginé como… como adulta, como lo que eres ahora ―continuó con dificultad―, ¡eras una cría! Siempre te he visto como una cría, y al amo… bueno, ya lo sabes. Nunca lo relacioné.
Rin guardó silencio por un momento. Era natural que creyera que tenían más bien una relación de padre e hija, considerando que había pasado parte de su infancia con él. Pero crecer lejos del grupo de demonios había sido lo que logró que sus sentimientos se alejaran de la figura familiar que le había otorgado, para crecer como algo diferente, algo maduro. Aunque nunca lo consideró como un padre o un hermano. Había tenido los suyos, los reales, y a pesar de no poder recordarlos bien, sabía que habían existido. No, Sesshomaru había sido… como un refugio, una figura que sin importar lo amenazador o frío que fuera, siempre estaría ahí para protegerla.
¿Qué había sentido él hacia ella siendo pequeña? No lo sabía, pero tenía la ligera sospecha de que ni él mismo tenía idea.
―Entonces… dices que eres su pareja por algo con tu olor, ¿no es así? ―Jaken parecía estar pensando lo mismo que Rin.
―Sí, eso fue lo que entendí.
―Pues el amo tiene un gusto espantoso.
―¡Hey!
―Pero dime una cosa, Rin ―el áspero tono se enserió de repente―. ¿Realmente crees todo eso?
Rin se extrañó. ¿Qué clase de pregunta era esa?
―Me tomó tiempo hacerme a la idea, pero… con todas las cosas que han pasado, y con lo mucho que me han aclarado es difícil no hacerlas encajar. ¿Por qué lo pregunta? ¿Usted no lo cree?
―Estoy más o menos como tú, pero se me hace muy extraño. ¡Es el amo de quien hablamos! ―antes de que la chica pudiera reír, añadió―. Después de todo lo que te hizo… tengo problemas en querer creerlo.
Su sonrisa se esfumó. Apretó los puños y se mordió el labio inferior.
―¿Es por eso que no… no está contento por la decisión que tomé?
―Lo que hizo el amo es algo normal para los demonios, pero para los humanos… o mejor dicho, para ti... No me gustó verte así, ¿sabes? Serás una niña fastidiosa que no cierra la boca, pero nunca quise que te pasara nada malo ―suspiró―. Y por cómo estabas en ese tiempo, pues… había algo ahí que andaba mal. Por eso nunca se me pasó por la cabeza que fueras tú su compañera, no tenía ni cómo llegar a la idea.
Ella sonrió. Al menos pensar en ello no le resultaba tan doloroso como antes.
―¿Tú...? ¿Tú lo perdonas? ―extrañamente, eso parecía inquietar mucho a su pequeño amigo verde, quien aún no se atrevía a mirarla. Jaken podría ser muy gruñón, pero no podía ocultar sus buenos sentimientos hacia ella en momentos como aquellos.
―No lo sé, todavía no lo sé ―admitió. Cuando habló con el Daiyoukai por primera vez luego de dos años, le había dicho que no creía poder perdonarlo. Y aunque finalmente las heridas parecían comenzar a cerrar, eso no quitaba las atrocidades que había tenido que vivir―. Por más que quiera hacerlo, siempre recordaré cómo fue todo eso. Puedo superarlo, pero olvidarlo es algo muy diferente. Lo que sí estoy intentando es sobreponerme, ¿sabe? Aceptar que quedó en el pasado y sólo dejarlo ahí para que no se entrometa mucho en el presente.
El youkai parecía sorprendido ante la sinceridad de Rin, pues la miraba como si contemplara a una persona completamente distinta.
―¿Y desde cuándo eres tan madura? No suenas como tú.
―Recuerde que ya no soy una niña pequeña ―se encogió de hombros distraídamente―. Creo que son cosas que se ganan con el tiempo.
―De todas formas es raro ―refunfuñó para deshacerse de la incomodidad general del ambiente que los rodeaba. Resopló sonoramente y se rascó la calva cabeza―. Todavía no me explico que el amo te haya escogido a ti. Eres tan chillona y fastidiosa…
―Él no me escogió, ya se lo dije ―contestó con cierto rubor. Le alegraba que su amiguito quisiera verle el lado cómico al asunto―. Simplemente le… le gustó mi aroma, supongo. La señora Irasue dijo que es una mezcla de olor y esencia, como si los inuyoukais respondieran a algo que los complementara.
―Ya veo, lo que él no tiene de insufrible lo consiguió en ti. Así sí lo entiendo.
Rin negó con la cabeza mientras soltaba una risita. Al menos ya no parecía molesto, por eso no podía quejarse de sus intentos para hacerla ver que era la persona menos indicada para ser la compañera del mononoke.
Un súbito remover de ramas los sacó de la conversación repentinamente. Con la boca abierta, vieron emerger a un hombre de un tupido y reseco arbusto justo a un par de metros de donde estaban sentados.
Frente a ellos estaba el bibliotecario, estrechando un largo pergamino lleno de apresuradas anotaciones en una mano, junto a un fino pincel y un par de frasquitos de tinta a medio acabar en la otra. Iba tan satisfecho que hasta hizo una reverencia de despedida ―o de agradecimiento―, y se fue hacia el interior del castillo, abrazando sus apuntes con una gran sonrisa soñadora.
Rin y Jaken se miraron entre ellos pidiéndose explicaciones. Ninguno se había enterado que ese sujeto estaba escondido ahí y había escuchado ―mejor dicho, anotado― toda la conversación. La chica tendría que sentirse indignada, pero era tal su desencajo ante la salida del anciano de brillantes ojos azules que sólo se pudo preguntar qué rayos había pasado.
…
Pocas horas después, se encontraba bajo el arco de piedra que hacía de entrada al patio de entrenamiento. Mantenía sus distancias, por supuesto, pero eso no quitaba que le gustara mirar las prácticas de los soldados; especialmente las de Takanari, que siempre hacía algo especialmente idiota para sacarle una risa sin considerar lo mucho que pudiera molestarle al general.
Se apoyó distraídamente en el arco y se quedó viendo con cara ausente como les enseñaban a los soldados más jóvenes movimientos básicos de espada. Cuando avanzaran más en el entrenamiento les tocaría canalizar su youki a través de ella, pero todavía eran muy nuevos para eso.
Como era usual, su distraída mente la llevó hasta el demonio de cabellos blancos.
Suspiró. Se le hacía raro no haberlo visto durante todo el día. Y por alguna razón, recordó el beso tan demandante que le había plantado la noche anterior. No se había dado cuenta de como esos inocentes contactos subían cada vez más de nivel. En aquella ocasión en especial le había dejado un conocido sabor de boca, uno que la hacía querer llevar las cosas un poco más lejos. Quizás hasta… ¿Qué hago pensando eso en un momento así? Se reclamó avergonzada sacudiendo la cabeza. Soy una pervertida.
Su mente siempre le hacía jugarretas para avergonzarla. Se volvió a fijar en el patio empedrado, tratando de ignorar los nervios que la atacaban al imaginarse la cercanía que había tenido con su señor varias horas atrás, y recriminándose por querer hacerlo de nuevo. De seguro si el bibliotecario los hubiera visto habría llenado varios pergaminos de información, pensó repentinamente para sacarse tales ideas de encima.
Los nuevos reclutas abandonaron el campo de entrenamiento para que un grupo más avanzado tomara su lugar. Estaban vestidos de manera más ligera, lo que le hacía saber que practicarían combates cuerpo a cuerpo. Takanari estaba rodeado por un pequeño grupo de amigos ―un par parecían ser en parte ogros por su inmenso tamaño y color de piel, pero Rin sabía que no eran malas personas―, riendo mientras contaba una anécdota. Se percató de Rin e hizo enérgicos saludos para llamar su atención. Sus amigos también se fijaron en ella, y aunque no eran tan escandalosos como el youkai halcón, también le presentaron sus respetos a distancia. Les sonrió distraída, aún pensando en el Daiyoukai.
Oh, cómo le gustaría repetir aquel beso…
―¡Hola, Rin! ―la chica casi pega un brinco al encontrarse a Nagi detrás de ella con la mano a medio camino para tocar su hombro―. Lo siento, no quise asustarte. Oye, estás muy roja, ¿te pasa algo? ―alzó una ceja pícaramente―. ¿En qué estabas pensando?
―¡En nada! ―se apresuró a decir―. No pensaba en nada. Es raro verte por aquí, ¿hacia dónde vas?
Ahora fue el turno de Nagi para ponerse nerviosa.
―Ah, bueno… tengo un par de horas libres de la cocina y pe-pensé venir a… venir a…
―¿Quieres ver a Takanari, verdad?
Tal y como si hubiera oído su nombre, el soldado hizo señas exageradas para que se fijaran en él mientras gritaba escandalosamente.
―¡Nagi! ¡Hola, Nagi! ¡Mira, estoy aquí, aquí!
La hanyou se sintió empequeñecer de vergüenza cuando todas las miradas se posaron sobre ella.
―¡Soldado! Haga el favor de guardar la compostura, estamos por iniciar la formación ―lo regañó el general Tanabe. La humana se preguntaba cuándo ese hombre se rendiría de llamarle la atención a Takanari, nunca le hacía caso.
―¡Pero es mi novia! ¡Mire qué bonita es!
Nagi se cubrió el rostro con las manos, horrorizada. Rin no pudo evitar dejar salir una carcajada y su amiga la fulminó con la mirada.
―¡Lo siento! Pero es muy gracioso ―se excusó cuando el joven soldado era obligado a formar parte del grupo para comenzar la sesión, diferenciándose del resto gracias a su gran sonrisa.
―Es un tonto, si sigue así algún día lo expulsarán del entrenamiento.
―Pero aún así te gusta.
―¡No molestes! ―pese a su bochorno, Nagi no podía evitar sonreír. Era el gran don de Takanari, sin importar lo idiota que actuara o lo mucho que le reclamara su comportamiento, siempre lograba hacerla reír. Qué bien combinaban esos dos juntos― ¿Y tú qué haces en este lugar? El amo no estará muy contento de verte por aquí. ¿Por qué no estás con él?
La cara de Rin volvió a ruborizarse y Nagi entrecerró los ojos con picardía.
―¿Pasó algo entre ustedes?
―N-no.
―¿En serio? Parece que sí. Mírate, estás hecha un manojo de nervios. Uno muy rojo. ¿Es que acaso estaban…?
―¡Ahg, córtalo ya!
―¡Pero tú siempre te metes conmigo cuando Takanari hace…! bueno, lo que siempre hace, ser tonto ―se rió ella. Rin se enserió de repente, encogiéndose en sí misma mientras apretaba la tela de su falda con la vista pegada al suelo―. ¿Estás bien? ¿Qué pasa?
Sin que la híbrida se hubiera dado cuenta, el Daiyoukai avanzaba por el pasillo en dirección a ellas. Nagi se apresuró a hacer una reverencia en cuanto el demonio les pasó por al lado, mirando a Rin de una manera un tanto demandante. La hanyou elevó las cejas. Era un hombre demasiado serio, siempre parecía estar de malhumor. Pero eso no era ningún inconveniente para la joven humana, quien captaba todo lo que le decía sin el uso de palabras. Aparentemente quería que lo siguiera, cosa que ella no dudó en hacer.
Nagi le dirigió una última mirada astuta antes de perderse en el siguiente recodo y sonrió satisfecha. ¡Para que luego le dijeran a ella que se avergonzaba con facilidad!
Una vez en la cámara de guerra, la muchacha no pudo alzar la mirada del piso para dirigirla a su acompañante. ¿Pero qué rayos le pasaba? ¡Se estaba portando como una tonta penosa! Bueno, lo era. Se mordió el labio. Deja de recordarlo, vamos, tampoco es la primera vez que te besa. ¿Por qué no era capaz de pensar en otra cosa?
―¿Ocurre algo? ―preguntó él, sin apartar la vista de su pergamino. Habían llegado a la cámara de guerra hacía varios minutos, y Rin no había abierto la boca como era su costumbre.
―No.
El demonio no insistió. Creía saber lo que le pasaba, su olor le daba pistas muy claras. Por eso había querido apartarla de la vista de los estúpidos soldados, para no darles tiempo a formar ninguna idea impropia. Por más que los amenazara y les infundiera temor, Sesshomaru siempre los consideraría a todos como potenciales enemigos.
―Y… ¿qué está leyendo esta vez? ―se asomó finalmente.
―Reporte de invasiones.
―¿Es algo grave?
―Mis hombres así lo piensan ―dijo desinteresado.
―¿Y usted?
―Es una tontería como las demás.
Rin dejó escapar una callada risilla. Aunque la mitad de su territorio estuviera siendo invadido por toda clase de seres espantosos, a él nunca parecía asombrarle nada. Se preocupaba por sus tierras, claro, pero siempre le restaba importancia a los asuntos que no fueran realmente catastróficos.
Ahora que lo pensaba, antes, casi tres años atrás, se ausentaba con frecuencia para atender los problemas o asuntos del Oeste. No sólo había desaparecido luego del ataque del Clan Yazi, sino que antes también dejaba la fortaleza durante pocos días, periodos de tiempo en los que Rin se sentía vagamente más tranquila. Pero desde que habían llegado a inicios del otoño nunca había salido. ¿No estaba ocurriendo nada malo, o a él le daba pereza irse? Lo vio leyendo con poco interés y un nuevo sonrojo se acopló en su rostro. Quizás se quedaba por ella.
Negó con la cabeza con disimulo. Eso era ridículo, como si no tuviera nada mejor que hacer.
Se quedó muy quieta mientras el hombre escribía algo en el pergamino, lo enrollaba, depositaba a un lado de la mesa y tomaba otro para comenzarlo a leer. Era tan apuesto…
Y sin saber por qué, se enderezó lo suficiente para dejar un fugaz beso en su mejilla.
―¿Qué estás haciendo? ―cuestionó sin apartar la vista del papel.
―Nada ―se apuró a decir ella.
Pocos segundos después, Rin repitió su acción. No sabía por qué hacía eso, sólo quería… oh, Dioses, ya sabía lo que quería. Debería estar siendo consumida por la vergüenza, pero realmente no podía contenerse. ¿Qué pasa conmigo?
Recordó la última vez que había hecho eso, dejando que sus pensamientos la situaran años atrás. Habían pasado parte de la noche en los baños privados del Daiyoukai, aunque asearse no era exactamente lo que habían estado haciendo, pensó con un sonrojo. Más tarde se desplazaron a la ostentosa recámara principal y justo cuando debían dormir, Rin lo besó en la mejilla sin razón alguna. Estuvo a punto de decirle que lo quería, pero se había logrado contener. Justo después de aquella noche, las cosas comenzaron a cambiar.
Era un poco doloroso pensar que aquella fue la última vez que ninguna preocupación se le pasara por la mente. Y ahora… cómo deseaba recuperar eso.
Como no había dicho nada ante el segundo arrebato, volvió a probar suerte. Nada. Bien, eso era buena señal. Con una risilla entre dientes, hizo un rápido movimiento para colarse entre los brazos del demonio y quedar sentada entre sus piernas cruzadas. Su risa se hizo un poco más fuerte al admirar la clara confusión en su rostro.
―¿Se puede saber qué es lo que pretendes? ―irrumpió su serio tono.
―¿Yo? ―preguntó con inocencia, hundiendo la mejilla en la estola y mirándolo a los ojos―. Nada. ¿Por qué?
―Estoy ocupado.
―Pero usted siempre está ocupado ―murmuró.
El Daiyoukai frunció el entrecejo y le dedicó una mirada severa. Rin se veía demasiado tranquila en su regazo; su cara intimidatoria no hacía efecto en ella. Por el contrario, hizo que sus ojos brillaran de una manera un poco peculiar. Relajó los hombros y soltó un inaudible resoplido.
Rin pareció perder la intrepidez y también relajó los músculos. Su pulso se aceleró al sentirse bajo esos penetrantes ojos dorados, pero no sentía nada de miedo, sino todo lo contrario. Apoyó las manos en sus hombros y enderezó la espalda para quedar a su misma altura. Dejó que las yemas de sus dedos siguieran el camino de las marcas de su pómulo izquierdo hasta llegar a su boca. Alzó la vista hacia él, como si fuera la primera vez que lo veía, y sin pensar en nada más, lo besó.
―Rin ―le advirtió cuando se separaron, y ella lo ignoró al negar con la cabeza―. Rin, detente.
―No ―susurró contra su boca, y volvió a besarlo con un poco más de insistencia. Si ella continuaba así, al demonio pronto le costaría responder por sus acciones.
Puso una de sus manos en el hombro femenino para separarla y volver a darle su mirada de advertencia. Rin respiraba con grandes bocanadas, expresando confusión con sus ojos castaños. Daba la impresión de que quería decir algo, pero las palabras no salían de su boca. Volvió a sacudir la cabeza al acercársele de nuevo, pidiéndole mudamente alguna cosa desconocida.
No, desconocida no. Después de todo, no sólo los demonios sufrían de arrebatos hormonales.
Tenía la intensión de detenerse y apartarla de sí, pero cuando sintió que buscaba abrir sus labios para profundizar la caricia, se dio por vencido. Aunque nunca quiso poner mucha resistencia para empezar.
Llevó una mano hasta su angosta cintura y sólo se dejó llevar como no lo había hecho hacía un tiempo considerable. Rin pegó el pecho al torso carente de armadura, adentrando la mano en su cabellera plateada y dejando morir un suspiro en el cortísimo momento en el que se apartaron para tomar aire. Sesshomaru siseó levemente al morder su labio inferior y sentirla estremecerse en sus brazos. Una parte de su mente le decía que se detuviera, pero no podía recordar por qué.
La garra en su cadera apretujó la ropa mientras ella acariciaba su cuello con la punta de los dedos hasta llegar a su mandíbula. Su sólo tacto lograba estimularlo ya lo suficiente, y apenas era una rozadura. ¿Cómo podía Rin tener tanto control sobre él?
Al ver que el demonio se reclinaba hacia atrás, decidió darle una pequeña ayuda, terminándolo de empujar para que su espalda diera contra el suelo.
―Creo que le gané ―le dijo al quedar sobre él. Sesshomaru flexionó las rodillas para que las piernas de Rin quedaran entre ellas. Los codos estaban justo en su pecho y las manos seguían posadas en sus hombros, mientras que lo miraba juguetonamente. Por un segundo le dio la impresión de que el youkai sonreiría, pero cualquier vestigio fue suplantado por el profundo beso que encajó en su boca.
Con un brazo la aprisionaba por la cintura y su otra mano había tomado el antebrazo derecho de Rin, por lo que no podía hacer otra cosa más que corresponderle. ¿Quién diría que el gran Lord del Oeste sería dominado por una pequeña mujer humana?
Gimió débilmente al sentir una garra deslizarse por su muslo, alzando lentamente la tela de su kimono en su trayecto de vuelta hacia arriba. Rin quiso hacer algo parecido al recorrer el costado masculino con su mano. Soltó una especie de gruñido antes de dejar un rastro de leves mordidas desde su boca hasta su cuello, haciendo que ella enterrara la cara en su cabello plateado, deseando silenciosamente que no se detuviera.
Cuando la mano del youkai estaba a punto de tirar de su obi para deshacerlo, la puerta se abrió. Ambos se detuvieron al instante, como si de repente se hubieran convertido en piedra. Rin lo miró con los ojos muy abiertos, pidiéndole desesperadamente instrucciones. Sesshomaru no se veía sorprendido, pero sí molesto. Muy molesto.
Cuando una docena de pasos resonaron en su dirección, se separó como impulsada por un resorte de su torso. Vio con horror sobre el borde de la mesa que unos seis hombres vestidos con armaduras le devolvían la mirada extrañados.
Emitió un gritito muy agudo antes de volver a aplastarse contra él, esperando que pudiera de alguna manera desaparecer si se apretujaba con suficiente fuerza. Los soldados se habían detenido, pero desde esa posición el escritorio no podía ocultarlos más. Lo único que se le ocurrió hacer fue girar y tumbarse al otro lado del Daiyoukai para que pudiera volver a sentarse. Y cuando lo hizo, se quedó petrificada mirando al techo.
Escuchaba voces a su alrededor, pero no lograba entender lo que estaban diciendo. Había un pitido muy agudo en sus oídos y hasta sus músculos habían dejado de responderle. ¿Podía existir una mayor vergüenza? Si hubieran venido un poco más tarde, sí.
―Rin ―la llamó Sesshomaru. La mujer despegó la espalda del piso y se sentó con un veloz movimiento. No quiso ni mirar a los hombres que estaban ahí, por lo que clavó sus ojos en un punto incierto de la pared―. Busca a Jaken y hazlo venir ―ordenó con la voz ligeramente ronca. Rin seguía paralizada―. Ahora.
Temblando y con la cara del rojo más brillante posible, se puso trabajosamente en pie, tratando de ignorar la inestabilidad de sus rodillas. Su subconsciente la traicionó al dirigirle una mirada al primer demonio del grupo de visitantes cuando pasó por su lado. El general Tanabe alzaba una ceja hacia ella. Antes de pegar un nuevo respingo, apresuró el paso y salió de la cámara lo más pronto que pudo.
Se apoyó contra la pared, tapándose la boca con ambas manos mientras respiraba muy pesadamente. Tenía que buscar al señor Jaken, pero lo único que le apetecía hacer por el momento era tirarse de cabeza a un hoyo muy profundo para nunca más volver a salir.
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Este capítulo tuvo que llamarse "Los inoportunos que joden en el mejor momento y cortan el rollo", pero era demasiado largo u.u
Bien, este capi en comparación a los demás nos demuestra un enorme salto con respecto a Rin (y Sesshomaru también). Vemos que ya la comodidad y cotidianidad con Fluffy están logrando ciertos cambios en ella, e inconscientemente busca llegar al siguiente nivel. Bueno, sus hormonas lo hacen, creo que por el agite del momento su cerebro se desconectó y se le olvidaron un montón de cosas que pudieron detenerla. Y Sesshomaru estaba en una posición más o menos igual: quería detenerse, pero vamos, es un hombre, como si no fuera a responder eso xD Oh, general Tanabe y los otros cuyos nombres no he inventado, Sesshomaru los va a hacer trabajar más duro por esta interrupción xD
Ah, y apuesto a que nadie pensó que el bibliotecario saldría de un arbusto con un montón de anotaciones. Fue muy divertido imaginar y escribir esa escena, y para serles sincera, no quería esperar a otro capítulo para hacerlo aparecer de la nada con todas sus excentricidades. Oh, y Takanari… sí, esa parte también me gustó mucho escribirla. Cuando estaba imaginándome el concepto principal de este tipo me inspiré en Sokka, de Avatar y en Chandler de Friends xD es el amigo gracioso y oportuno, pero que también sabe enseriarse cuando es necesario. Aunque no hayamos visto eso todavía xD
¡Oh, por Arceus! Son… llevo ya… 199 reviews. Casi me da un ataque cuando vi que seguía subiendo a partir del 190. Chicas, las adoro, mil gracias por sus lindos comentarios y todo su apoyo, hacen que de verdad uno le agarre el gusto a esto de los fics. Y es por eso que el postre de hoy serán… waffles. Waffles con nutella. Y para la bella que sea el review número 200, le doy de regalo EL tarro de nutella. Y me refiero a EL tarro, el más grande del mercado xD Mora, Sexy Style, Cali, Anónimo número 1, Saori-san, Brenda, Yoko-zuki10, Hanabi-ness, KeyTen, Hadeyn-chan, Black Urora, Sayuri08, Ginny, QuinzMoon, Ana, Rinissita, Serena tsukino chiba, Kat88-Pbl, Neko-chan, Hi no Tamashi, H, Dulce Locurilla, Kayleigh More, Faby Sama, Alexa Reynoza, Ephemera, Anónimo número 2, Miztu Akari y Susume22.
Espero no haberles dado hambre con la comida de hoy xD y de igual manera, espero que hayan disfrutado la entrega. ¡Un beso a todo el mundo, y hasta el sábado!
