Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, sólo los tomo prestados sin fines de lucro.

The Butterfly and the Hurricane
Por: Hoshi no Negai

11. Con vista al futuro

Sesshomaru resopló con desdén. Tanto alarde que se había armado para que al final todo resultara ser una gran estupidez. No existía amenaza para sus tierras, los tengus no tenían ninguna intensión de invadir o iniciar una guerra. Al menos no con él. Todo se había tratado de una disputa entre clanes, y sus incompetentes soldados habían quedado en el medio, siendo guiados por información y suposiciones erróneas.

Generalmente los tengus no atacaban a ningún hombre que estuviera bajo sus órdenes, ni siquiera a los humanos viajeros o a otros demonios que se topaban con ellos, a pesar de ser extremadamente territoriales. Y sólo le bastó acabar con un par de decenas de ellos para notar cuál era el problema. Sus armas los controlaban de alguna manera. El material con el que estaban hechas era extraño, no era un metal común. Casi parecía vivo, por lo que supuso que tuvo que pertenecer al cuerpo de algún otro demonio de gran poder que ahora intentaba dominar la voluntad de sus nuevos maestros. Ciertamente no era de su inconveniencia, no tenía nada que ver con él siempre y cuando no pusieran en peligro su hogar.

No tuvo objeciones en dejarlos partir a cumplir con su verdadero objetivo. Si los tengus querían matarse entre ellos le daba igual, pero debía mantenerse al margen para no involucrarse en una batalla a la que no pertenecía. Aunque eran poderosos, debía admitirlo ―los tengus eran muy fuertes tanto física como espiritualmente, y se caracterizaban por sus altísimos conocimientos en las artes marciales―, por lo que le tentaba quedarse a medir fuerzas con los miembros más hábiles de ambos clanes. Pero de nuevo tuvo que recordarse que no tenía sentido dejar en claro algo tan obvio como su propio poder.

Por lo que aquel viaje de casi un mes había sido una total pérdida de tiempo. Hizo una nota mental para recordar mandar entrenamientos más duros a los nuevos reclutas, así como métodos estrictos para aquellos encargados de recaudar información. Era claro que no hacían bien su trabajo.

Curiosamente, y aceptándolo para sí a regañadientes, tenía que admitir que una pequeña ―casi minúscula― parte de él deseaba acabar con todo eso lo más pronto posible. No era que despreciara una buena pelea cuando tenía la oportunidad, pero esta vez sólo le apetecía estar en compañía de Rin. Volvió a resoplar con fastidio. No se había dado cuenta de lo ridículo que eso sonaba.

Y aún así, no tardó en convertirse en una esfera de luz y desaparecer en dirección al oeste.

Ignoró la cordial bienvenida de los guardias de la entrada en cuanto llegó unas horas después y se adentró en el recibidor del castillo, algo molesto por su inútil viaje. ¿Y Rin había estado tan preocupada por él? De haber sabido que no sucedería absolutamente nada digno de mención la habría llevado consigo. Adoraba viajar, la hubiera contentado.

Debería ocuparse de informar a los generales de su fiasco, pero no le apetecía en lo más mínimo, ni siquiera era algo importante. Buscó el aroma de Rin, encontrándolo muy disperso y débil. Arrugó la nariz a sabiendas de lo que eso podría significar. A esa mujer le encantaba desobedecer sus órdenes.

Comenzó a seguir su rastro, pasando por el ala norte hasta llegar al campo de entrenamiento. Había pocos soldados dispersos por ahí, seguramente había terminado alguna sesión de prácticas. Al verlo atravesar el campo, todos se pararon firmes e hicieron una reverencia respetuosa, casi tirándose al suelo. Sesshomaru, como era normal, no les prestó atención. Pero dos figuras cerca de la salida no se habían percatado de su presencia:

―Creo que se cayó ―era el general Tanabe, cubriendo con su cuerpo aquello que le mostraba preocupadamente al muchacho encargado de Ah-Un―, quizás saltó y apoyó mal la pata. Casi no la utiliza desde ayer, y también lo veo mucho más tranquilo. Siempre se la pasaba correteando por… ¡Amo Sesshomaru! ―se sorprendió el hombre al verlo pasar a su lado. Tanto él como el otro youkai hicieron una reverencia, aunque el general se notaba bastante nervioso al ocultar las manos en su espalda―. Ha regresado mucho antes de lo previsto, milord. ¿Ha sucedido algo?

―Falsa alarma ―contestó vacíamente al detenerse―. Tus soldados se involucraron en una pelea en la que no tenían lugar. Están mal entrenados.

―Discúlpeme, Lord Sesshomaru, no volverá a ocurrir ―el general hizo una nueva reverencia―. No… te muevas…

Cuando el Daiyoukai se daba la vuelta para seguir su camino, algo blanco saltó de las manos del general, pero este tuvo los suficientes reflejos como para atraparlo al vuelo. Era un conejo. La pequeña criatura miraba al gran demonio con sus enormes ojos oscuros y las orejas erguidas con curiosidad. El hombre miró petrificado a su Daimio, quien enarcaba una ceja disimuladamente ante algo que, en su opinión, era increíblemente estúpido. Poco después de que se retirara, un leve rubor se acopló en el moreno rostro del demonio mayor, mientras que el más joven trataba de no reírse.

―¿Estás seguro que estás bien?

―Claro que sí, Nagi, tranquila ―volvió a asegurarle el youkai halcón, riéndose mientras rolaba los ojos―. Mis heridas sanaron por completo, no tengo porqué seguir tomándome un reposo que no necesito. Vengo a revisarme todos los días, ¡hasta Deshi dijo que ya puedo seguir entrenando!

La hanyou le dedicó una mirada acusadora a su abuelo, quien estaba con Rin atendiendo a un herido reciente. El ala de enfermería se encontraba algo vacía esos días, por lo que se podía decir que les iba bastante bien. Nada era más estresante que un día agitado en ese lugar, y aunque Rin había comenzado sus prácticas de curación hacía muy poco, podía asegurarlo. Jamás se había dado cuenta de la cantidad de cosas y accidentes que sucedían a diario, especialmente con los soldados más jóvenes.

Takanari, al igual que sus otros cuatro compañeros ―los únicos que habían sobrevivido―, se encontraban mucho mejor y estaban prácticamente recuperados, aunque Nagi no quisiera verlo así. Para ella, Takanari tendría que pasar otra semana más de reposo antes de retomar sus actividades, aún cuando sus compañeros ya se habían marchado. Lo bueno de esa cantidad de tiempo bajo vigilancia médica era que el joven soldado había recuperado su humor y parecía haber superado en gran medida la pérdida de sus camaradas. Rin pensaba que era algo asombroso sobreponerse tan rápido a algo tan fuerte, pero debía recordar que eran youkais; para ellos la muerte era bastante habitual. Aunque de todas formas, cuando no estaba rodeado de gente, Rin estaba segura de que miraba al techo melancólicamente, apretando los puños con fuerza. Podría guardar apariencias, pero quizás aún no podía olvidar lo que había vivido.

Ella, por su lado, finalmente había encontrado un sitio en ese palacio donde se sentía completamente cómoda ―sin contar con los aposentos del Daiyoukai, claro―. Ayudar a los demás era lo suyo, y Deshi notó enseguida que tenía muy buena mano para ejercer la curación y preparar remedios medicinales. Y a pesar de ser humana y lidiar con heridas y males típicos de los demonios, era obvio que estaba en su medio natural.

―A ver, explícame exactamente cómo te hiciste esto ―le pidió a su paciente. Era un muchacho apenas más grande que Kenta, y aunque fuera robusto y de hoscas facciones, aparentemente la sincronización no era lo suyo. Tenía una gran laceración en la espalda, provocada por él mismo durante un entrenamiento con lanzas.

El youkai se veía avergonzado, ocultando la mitad de la cara entre sus gruesos brazos al estar boca abajo para ser examinado.

―Fue un accidente, mi señora ―dijo―. Traté de seguir al instructor, pero mi brazo se desvió hacia otro lado. Perdí el equilibrio y me caí.

―¿Sobre la lanza? ―se asomó curioso Takanari― ¡Vaya, qué estilo tienes! Al menos no te la clavaste en el trasero, te juro que la hubieras pasado peor.

―Gracias, Takanari ―suspiró Deshi. El muchacho hundió más el rostro entre sus brazos y Rin trató con todas sus fuerzas de no reírse.

―¡Ah, novatos! Cómo extraño eso. En mis primeros días me senté accidentalmente sobre una espada. Mi nalga derecha nunca volvió a ser la misma ―se quejó el hombre, sobándose con gracia―. No me pude sentar por varios días, ¡y picaba mucho con ese horrible ungüento que me pusieron! Fue una de las experiencias más difíciles que tuve que afrontar ―aseguró muy solemne.

El joven soldado se rió por lo bajo de las exageradas muecas de Takanari y relajó su cuerpo. Al menos no había hecho semejante ridículo como él. Deshi negó con la cabeza al rolar los ojos y las chicas soltaron sus carcajadas. Ese sujeto siempre hacía reír a todo el mundo de la manera más inesperada.

―De acuerdo, creo que ya estás mejor para seguir entrenando ―le dijo Nagi, sacándole una reluciente sonrisa.

―¿Lo ves? Y debería considerarme afortunado, mi trasero resultó intacto. Ya no necesitamos más daños aquí atrás, ¿verdad que no? Sólo tú puedes darme el maravilloso placer de sentarme, no puedo darme el lujo de tenerte herido una vez más.

―Entendemos tu punto, muchacho, pero estás distrayendo a mi ayudante ―se quejó Deshi entre las risas de los más jóvenes.

―Lo siento ―dijo Rin tratando de serenarse―. Veamos ―examinó la herida de cerca mientras limpiaba el resto de la sangre, siendo vigilada por el anciano―. Es algo profunda, aunque no lo suficiente como para causarte problemas graves. Tendrás que ser precavido para evitar infecciones, así que deberá ser limpiada y vendada diariamente hasta que se comience a cerrar… ¿verdad? ―le preguntó a su mentor, él asintió para hacerla continuar―. Ahora tendrás que relajarte mientras aplico el ungüento cicatrizante, te dolerá un poco.

―¿Y picará? ―se asustó al recordar la anécdota de Takanari.

―Me temo que sí. Trata de no moverte, ¿de acuerdo? Tienes suerte de no haberte cortado justo sobre la columna, habrías tenido serios problemas de ser así ―le dijo antes de mojar una venda en una solución de plantas medicinales. Cuando tocó su herida, el muchacho dio un respingo y apretó la mandíbula para no decir alguna segura grosería. Podría ser un youkai musculoso y algo amenazador, pero no parecía tener mucha resistencia ante el dolor―. Tranquilo, sólo un poco más…

Pero un pequeño escalofrío la hizo detenerse. Nagi y Takanari estaban haciendo una reverencia pronunciada y Deshi miraba hacia otro lado con fastidio. Extrañada, se dio la vuelta.

―¡Auch!

―¡Lo siento! ―había hecho más presión de la necesaria justo en el centro de la herida por el susto que se dio. Sesshomaru estaba atrás de ella, mirándola altivo con el rictus completamente serio, por lo que se puso en pie rápidamente para inclinarse respetuosamente. El único que parecía no haberse dado cuenta de nada era el herido, pues ocultaba su cara entre los brazos. De repente Rin sintió que su tamaño disminuía ante aquel hombre tan serio y su rostro ganaba varios grados de temperatura―. ¡E-esto no es trabajo de sirvientes! ―fue lo primero que se le ocurrió decir. A Takanari se le escapó una risita que supo disimular con un carraspeo―. Q-quiero decir… Señor Sesshomaru, pensé que regresaría a mediados de la primavera.

El joven soldado alzó el rostro ante la mención del nombre, pero volvió a ocultarlo lo más disimuladamente posible. Oh, no tenía que haberse dejado atender por la mujer del amo, se metería en serios problemas.

―No deberías estar aquí ―le dijo él fríamente.

―Lo sé ―ella sólo se encogió de hombros―. ¿Ha tenido un buen viaje, milord? Me alegra mucho verlo sano y salvo.

Sesshomaru no respondió su pregunta, pero paseó la mirada por los presentes. Reconoció a Takanari como el soldado estúpido al que Rin había defendido frente a su general. ¿Todavía seguía en el ala de enfermería? Era un completo inútil. Y por supuesto que estaban la híbrida y su abuelo, quien fingía poseer un gran interés sobre la lona blanca de la tienda. Rin tragó con dificultad. El Daiyoukai estaba molesto, muy molesto.

Deshi le arrebató el paño de la mano sin que se diera cuenta y continuó curando al herido, quien reprimía sus quejas a la perfección.

Rin no fue capaz de seguir mirándolo a la cara y enfocó la vista en el suelo. Desde que Deshi le había dicho lo que había sucedido entre él y su hija tantos años atrás, se sentía bastante extraña. Como si de repente su amabilidad fuera reemplazada por lo que había sido antes: un demonio cruel y despiadado. Tenía miedo de que, ahora que conocía esta información, esa característica suya se hiciera presente y reventara la burbuja en la que había estado viviendo los últimos meses.

Había meditado en la historia y finalmente consiguió aceptarla para dejarla atrás. No tenía razón para temerle al demonio en ese momento y lo sabía. Pero tenerlo tan cerca y con semejante cara de enfado no dejaba tranquilo a cualquiera.

Justo en ese entonces entraron más personas a la gran carpa. Se trataba de tres de los cinco generales, y entre ellos estaba ese anciano al que Rin le había cerrado la boca la última vez. Lo miró de reojo al aproximarse, conteniendo sus ganas de sacarle la lengua con burla. Ese era uno de los pocos sujetos que le causaba molestia con sólo verlo. Y al juzgar por la expresión de su compañero, a él le pasaba lo mismo.

―Lord Sesshomaru ―habló el viejo cascarrabias, como lo había apodado―. Nos complace tenerlo de vuelta, confío en que habrá sido una misión exitosa debido a la rapidez de su viaje. ¿Le importaría decirnos si hay algo por lo que debamos preocuparnos? Los tengus son criaturas poderosas, y aunque no cabe duda de su grandeza, milord, tememos que puedan buscar venganza.

―No la buscarán ―dijo indiferentemente el mononoke de blanco, girándose para quedar de perfil hacia los generales. No parecía muy interesado en hablar―. Su ataque no estaba dirigido hacia esta región, sólo era una disputa de clanes. Los soldados se metieron en su camino.

Takanari abrió los ojos a más no poder, y las miradas de Deshi, Rin y Nagi se fijaron en él al instante. ¿Todo fue un malentendido? ¿Cómo era posible, si habían luchado y perecido tantos soldados? La hanyou puso una mano en su hombro con la esperanza de tranquilizarlo, pero él no le prestaba atención. Sólo escuchaba las preguntas de los youkais más mayores y las monótonas respuestas que el Daimio les daba a cambio. ¿Todo había sido en vano? ¿Sus compañeros murieron por un error, por unas estúpidas armas malditas?

Tan enojado y sorprendido estaba Takanari como lo estaba Sesshomaru de desinteresado. Rin paseaba la vista entre ellos, aislándose del tema de conversación. No podía ni imaginar lo mal que se debía sentir su amigo.

Al cabo de unos pocos minutos, los demonios de alto rango se retiraron del ala de enfermería, Sesshomaru los seguía sin el más mínimo gusto. Antes de marcharse miró a Rin sobre su hombro, pero ella volvió a enfocar los ojos en el suelo, nerviosa e incómoda.

―¿Rin? ―preguntó Nagi cuando se fueron, deteniendo momentáneamente sus atenciones hacia Takanari―. ¿Te encuentras bien?

―¿Qué? Sí, estoy bien. ¿Por qué, qué sucede?

―Hace un momento… bueno, te veías un poco extraña.

Deshi terminó de vendar al joven abochornado y la miró furtivamente. Sabía exactamente en qué era en lo que pensaba.

―Estoy algo impresionada por lo que dijo el señor Sesshomaru, es todo ―contestó, fijándose en el youkai halcón, sentado en el suelo al lado de su amiga con el rostro abatido. Nagi también lo miró con pena, haciendo una leve mueca con la boca para reprimir algo.

―¿Estás segura?

―Sí. No te preocupes.

El paciente se puso en pie a la orden de Deshi y se colocó la capa interna de su haori. Rin se sintió bastante culpable, se había olvidado de él por completo cuando apareció Sesshomaru.

―¿Tengo que volver mañana, verdad? ―preguntó a nadie en particular. Rin asintió.

―Así es, hay que limpiarte y colocarte nuevos vendajes todos los días mientras la herida siga abierta.

El muchacho suspiró, esperando que Rin no fuera su curandera para las próximas sesiones. No tenía nada contra ella, pero ahora que el amo había vuelto, podía levantar su ira si la encontraba atendiendo enfermos y heridos. Era algo que prefería evitar. Hizo una reverencia ―hasta donde el dolor en su espalda le permitió― para agradecerle tanto a la humana como al anciano por sus cuidados y se marchó sin más. Era mejor retirarse antes de arriesgarse a que el señor del castillo regresara.

Nagi había vuelto su atención hacia Takanari, recordándole una vez más que nada de lo que había sucedido había sido culpa suya. El demonio no parecía muy convencido, pero se dejó consolar calladamente. Deshi había parecido recuperar su enfado con Rin a juzgar por el rostro tan serio que tenía al lavarse las manos con un cuenco en el suelo. Quizás sólo es por ver al señor Sesshomaru de nuevo, pensó ella.

―¿Deshi? ―lo llamó.

―Es todo por hoy, puedes irte si así lo quieres.

―¿De verdad?

―No hay nadie más aquí ―contestó simplemente él, secándose las manos con la túnica.

―¿Estás bien? ¿Es por el señor Sesshomaru?

―No sé cómo eres capaz de soportarlo, es un amargado ―gruñó. Era increíble cómo podía cambiar de humor tan rápido sólo por verlo.

―¿Pero…?

―Al menos no es tan amargado contigo ―finalizó como si le costara trabajo admitirlo.

―¿De qué te quejas, abuelo? Tú también eres algo amargado ―dijo su nieta, de repente interesada en la conversación. Takanari sonrió vagamente, y la humana se dio cuenta de que sólo quería animarlo.

―Tú calla ―le dijo gruñonamente cuando enrollaba el futón para guardarlo.

Takanari se puso en pie. Estaba algo distraído por lo que había escuchado recientemente, y se notaba que su mente había regresado a sucesos poco agradables. Podría haber estado feliz y bromeando pocos minutos atrás, pero saber que la gran mayoría de su equipo había perecido en vano le quitaba el buen humor a cualquiera.

―Será mejor que vaya a decirle a los demás lo que pasó. Al menos les alegrará saber que esos monstruos no buscan acabarnos a todos ―dijo. Nagi le tomó la mano para detenerlo y le sonrió brindándole apoyo. Él le devolvió el gesto y se puso en marcha.

―Creo que tú también deberías irte, Rin ―le aconsejó su amiga antes de seguir al youkai―. Al amo no le gustará mucho volver a verte aquí ―dijo, mirando de reojo a su abuelo.

―De todas formas volveré mañana. Deshi, ¿necesitas ayuda con eso?

―No, déjalo así. Es mejor que regreses ya, antes de que te metas en problemas.

Ella asintió y se dirigió a la salida. Pero antes de marcharse, giró hacia el anciano demonio que ahora recogía cuencos con ungüentos y remedios y le dijo:

―Gracias, Deshi.

Él sólo hizo un gesto de despedida con la mano. No era tan comunicativo como antes, pero en comparación a lo enojado que había estado con ella, era un gran avance. Quizás para cuando llegara el verano todo regresaría a la normalidad entre ambos. Sólo esperaba que por el bien de su amistad, el demonio de blanco no se apareciera demasiado en su presencia. Oh, bueno, en ese caso quizás todo estaría bien para inicios del próximo invierno.

Rin no tuvo muchas oportunidades de ver o hablar con Sesshomaru por el resto de la tarde. Apenas se habían cruzado una o dos veces en algún pasillo, pero no pudieron intercambiar ninguna palabra. El demonio parecía estar muy ocupado con sus generales, que lo seguían muy de cerca sin dejar de hablar preocupados sobre el último viaje de su señor. Aunque les hubiera dicho que los tengus no tenían asuntos que resolver con él y sus tierras, parecían creer que la amenaza seguía latente al conocer la extraña naturaleza de sus armas. O eso le había comentado Jaken a Rin cuando le preguntó por qué estaban tan alterados.

La mujer desistió de intentar hablar con él a solas, ya que parecía que aquella tensa situación no terminaría pronto. Los hombres acababan de entrar en la cámara de guerra, seguidos de algunos cuántos soldados más. Sesshomaru los acompañaba, aunque a juzgar por la última mirada que le había dedicado, no parecía muy entretenido.

Rin suspiró al oír la puerta cerrarse con fuerza.

―¿Tú también estás preocupada? ―preguntó alguien de repente. Nagi se asomó torciendo la cabeza para ver mejor su cara. Rin parpadeó varias veces, volviendo en sí―. Takanari y sus compañeros están algo nerviosos, y al parecer los generales tampoco están muy contentos ―echó una mirada a la puerta de la cámara.

―No creo que suceda nada. Si el señor Sesshomaru dijo que no había peligro entonces es que no lo habrá ―dijo al fijarse también en la habitación. Nagi arrugó un poco el ceño.

―Aunque todo estuviera en llamas, el amo diría que no hay peligro ―murmuró―. Si no estás preocupada por eso, ¿qué te ocurre? Desde que llegó te ves… rara.

―¿Rara?

―Sí, como triste o angustiada. ¿Segura que estás bien?

Rin la miró a los ojos, rogando que éstos no delataran lo que en realidad le sucedía. ¿Cómo podía decirle que pensaba en lo que había sucedido tantos años atrás entre su madre y Sesshomaru? ¿Que su compañero le había hecho cosas espantosas, rompiéndole el corazón? No. Ya era suficiente con que Deshi tuviera que cargar con ese dolor y rabia, no quería que Nagi estuviera en esa misma situación. En cambio ella… no sabía cómo sentirse a esas alturas, la verdad.

―De verdad estoy bien ―le aseguró, tratando de sonar convincente―, es sólo que… no he podido hablar con él en todo el día, es todo.

La hanyou entrecerró los ojos, inquisidora. Claro que no le creía, Rin era muy mala mintiendo.

―Bueno ―se encogió de hombros al cabo de unos segundos de silencio, decidiendo que era mejor no insistir―, sea lo que sea, no le des muchas vueltas. No tiene sentido que te angusties, a la final de seguro resulta que no es para tanto. Además ―continuó cuando retrocedía para retirarse―, tienes la mala costumbre de hacerte líos por cosas muy pequeñas ―sonrió para darle ánimos―. Ya verás que todo estará bien.

Rin la observó encaminarse de vuelta al patio de entrenamiento, donde a lo lejos estaba Takanari rodeado de algunos compañeros. Dejó salir todo el aire que había contenido con una lenta y pesada bocanada. Nagi era sencillamente estupenda. Siempre buscaba apaciguarla de una manera u otra, aunque no siempre le explicara lo que la desanimaba. Se preguntó fugazmente qué sucedería si se enteraba de la verdad acerca de su madre, si alguna vez alguien encontraba el valor para sincerarse.

Era mejor ni pensarlo. Tal vez decirle la verdad era lo correcto, pero por el momento simplemente era preferible dejar las cosas como estaban. No sería justo arruinar las cosas cuando al fin se estaban acomodando, se dijo al contemplar como Nagi abrazaba a Takanari, seguramente después de intentar hacerlo sentir mejor.

Y sin saber por qué, sonrió. Nagi tenía razón, siempre tenía razón. No tenía sentido angustiarse.

A esas alturas, estaba convencida de que todo estaría bien.

Ya era tarde en la noche para cuando Sesshomaru hizo acto de presencia en la recámara que compartían. Estaba de malhumor por culpa de los estúpidos generales que preguntaban más de lo necesario. De no ser porque al menos eran buenos dirigentes, se habría deshecho de un par de ellos hacía décadas.

Rin estaba acostada sobre su estómago, con los brazos extendidos hacia adelante para sujetar un pergamino que leía muy detenidamente. No parecía ser consciente de la hora, pues ya era cerca de medianoche y no apartaba la vista del papel. Sesshomaru la miró por unos instantes esperando su usual bienvenida, pero parecía ignorarlo. Para cuando pasó por su lado para deshacerse de su pesada armadura, le dio la impresión de ver una pequeña sonrisa en la comisura de su boca.

Rin mantenía los ojos en el pergamino que Deshi le había prestado hacía algunos días sin prestarle mucha atención. Era sobre usos y propiedades de ciertas plantas medicinales, y explicaba cómo hacer remedios efectivos o usarlas directamente en caso de necesidad. Muy interesante, pero le era imposible concentrarse en la lectura teniendo al demonio tan cerca.

Desde el momento que se despidieron había imaginado cómo sería su reencuentro. Estarían a solas para poder hablar de lo que había sucedido con cada uno ―vagamente, claro, porque conversar no era algo que le gustara al Daiyoukai― y seguramente… seguramente las cosas pasarían a mayores una vez que terminaran la plática. Pero desde que su anciano amigo le había contado lo que había sucedido con su hija, no pudo evitar sentirse algo incómoda con la idea de estar a solas con el demonio blanco. Era… raro, de alguna forma. Por eso había preferido pensar lo menos posible en el asunto ―o en el youkai mismo― y decidió enfocarse en su entrenamiento como curandera.

Pero verlo de nuevo le regaló una oleada de sensaciones muy diferentes que no creyó ni que fueran posibles. Quería abrazarlo efusivamente, y al mismo tiempo sentía que debía mantenerse al margen. Se había sentido intimidada bajo sus estrictos ojos, pero extrañamente, en el transcurso de la tarde se había ido desvaneciendo su nerviosismo para ser reemplazado con ansiedad. Fue la pequeña charla con Nagi la que le había ayudado a ver todo desde una perspectiva un tanto diferente, una más despreocupada y comprensiva. Se había dado cuenta que no tenía lógica angustiarse por algo que no podía reparar. Claro que le dolía que su compañero hubiera sido de esa manera, pero no estaba en sus manos cambiar el pasado; en cambio, debía concentrarse en lo que sucedía en ese entonces.

Y qué bien se sentía poder hacerlo.

Ahora… ahora sólo estaba algo inquieta al estar sola con él, pero en el buen sentido. Las mariposas revoloteaban en su estómago y la piel le hormigueaba desde que entró en la estancia. Sabía lo que sucedería dentro de pocos minutos ―podía sentir sus intenciones de de alguna forma―, y eso sólo conseguía acrecentar su propia agitación. Aunque estaba en suficiente control de sus hormonas como para tomarle un poco el pelo.

Sintió su penetrante mirada clavada en su nuca, e hizo su mayor esfuerzo por mantenerse serena y pendiente del pergamino. El demonio no se quejó por la falta de atención, pero sí se vengó. Con su youki creó una pequeña corriente que apagó las velas, dejando la recámara a oscuras. ¡Para que luego pensara que ella era infantil!

―¡Hey, estaba interesante! ―reprochó.

Y antes de que pudiera enderezarse para verlo,el peso de su cuerpo sobre el suyo la detuvo. Los cabellos que estaban esparcidos en su espalda fueron corridos lo suficiente como para dejar la piel de su cuello expuesta, donde rápidamente se instaló el rostro masculino acariciándolo con su respiración

La muchacha se mordió los labios al sonreír, sintiendo un cosquilleo a flor de piel, además de un calor en áreas muy obvias. El demonio comenzó a besar y mordisquear su cuello como era su costumbre, asegurándose de hacer encajar los colmillos una vez más sobre la marca cicatrizada.

―Extrañaba esto ―suspiró ella. Volvió a morderla con algo más de presión, complacido―. No, me refiero al futón. Es muy cómodo.

Sesshomaru se separó al instante y aunque no pudiera verlo, Rin sabía que tenía una cara de pocos amigos insuperable. Se giró como pudo, apoyándose sobre su codo para ver su rostro.

―Era broma ―rió calladamente ante su expresión―. Claro que hablaba de usted, milord. Le he echado mucho de menos, me alegra tenerlo de vuelta y ver que…

Antes de continuar, sus labios fueron apresados en un beso demandante que le robó el aliento. Era una posición muy incómoda la que mantenía, pero no le importaba. Terminó de girarse boca arriba trabajosamente ―pues el cuerpo de su compañero la apresaba contra el futón―, rodeó su cuello con los brazos y le sonrió. Él no tenía ninguna mueca que denotara lo que sentía, pero le daba igual. Estaba ahí con ella, eso era todo lo que importaba.

No pasó ni medio segundo cuando volvió a besarla posesivamente, recorriendo con manos toscas su cuerpo hasta llegar al nudo del obi. De nuevo sus ojos se veían más oscuros que de costumbre, como si hubiera algo en ellos. Y Rin sabía perfectamente lo que era.

―E-espere ―le pidió antes de que el obi se deslizara por completo de su cintura―. Tengo mucho tiempo sin verle, yo… quiero saber si está bien.

―Te dije que te preocupabas innecesariamente ―murmuró antes de besarla de nuevo.

―Es sólo que… ―dudó, tratando de corresponderlo. Iba demasiado rápido― creí que querría hablar un poco.

―Creíste mal ―la chica no sabía si reír ante su ansiedad o sentirse ligeramente retraída. Aún debía acostumbrarse a este nuevo estilo de vida, y todo lo que esto significaba. Era un tanto intimidante a decir verdad―. ¿Existe algo que quieras decirme?

No se había dado cuenta que el demonio detuvo todos sus movimientos y la miraba muy de cerca, provocándole un sonrojo. Quizás necesitaba un buen par de años para acostumbrarse a tal intimidad con él.

Pero sus músculos se relajaron al percibir en los oscurecidos orbes dorados una pizca de inquietud. Era una tonta. No tenía nada a lo que temer ni nada de lo que preocuparse nunca más. Estaba a salvo. Alzó una mano y rozó la mejilla masculina con la punta de los dedos, sonriendo más calmada.

―Bienvenido a casa, Sesshomaru ―le dijo antes de besarlo. El demonio no tardó en responder, bajando sus manos con lentitud desde los hombros hasta su cintura para retirar el obi de un suave tirón.

La humana comenzó a gemir calladamente al sentir un tacto frío sobre su ardiente piel, reptando como si se tratara de una serpiente por su abdomen hasta su pecho recientemente destapado. Los labios masculinos daban leves mordiscos a su cuello, dejando un rastro húmedo a su paso. En un abrir y cerrar de ojos había recuperado aquel apuro por querer tocarla y sentirla debajo de él. Era tal el frenesí que se deshizo de su prenda superior con brusquedad, tratando de no mantenerse apartado del menudo cuerpo humano por mucho tiempo. Una nueva corriente eléctrica recorrió a Rin cuando sintió el torso del youkai desnudo contra el suyo al poseer nuevamente sus labios.

Pero antes de que la garra continuara su trayecto hasta su abdomen, se detuvo súbitamente. Separó su boca de la de Rin y ella lo miró interrogante cuando escuchó un sonoro gruñido. De repente su rostro había cambiado de sereno a iracundo y el peso de su cuerpo desapareció antes de que pudiera darse cuenta. Literalmente.

―¿Pero qué…?

Un estruendo a unos metros de distancia cortó su pregunta. No se había dado cuenta que la puerta de la habitación estaba abierta. Volvió a cubrirse con el kimono y salió para ver cuál era el causante del escándalo.

El Daiyoukai estaba de pie dándole la espalda con uno de sus puños apretado. Rin tuvo que asomarse para encontrar que a los pies del mononoke estaba ni más ni menos que el bibliotecario, noqueado y con varios pergaminos y materiales de escritura esparcidos alrededor. Se llevó ambas manos a la boca y se agachó para comprobar que seguía con vida. Jamás pensó que ese hombrecillo llegara tan, tan lejos para conseguir la información que quería. O estaba realmente desesperado, o era muy estúpido.

―Ésta no era la bienvenida que tenía en mente… ―suspiró al incorporarse de nuevo. Tenía un buen golpe en la cabeza, por lo que estaría dormido por un rato.

Antes de que pudiera hacer algún otro comentario, el hombre se dio la vuelta y comenzó a andar de regreso a la recámara, no sin antes tomarla firmemente del brazo para llevarla con él.

―¡Pero sigue aquí afuera! ―se quejó abochornada.

―No despertará hasta mañana. Hay tiempo.

Y la puerta se cerró tras ellos, dejando al anciano al borde de las escaleras con su investigación sin terminar.

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Y de nuevo no pude evitar terminar una escena sexy con el bibliotecario xD Ok, reconozco que ahora sí se pasó. Pobre tanto tiempo esperando por esa información le hizo olvidarse de cómo es el sujeto al que investiga. Era más que nada para que nos deshiciéramos de la tensión que se vio a lo largo del capítulo, la verdad. Ah, el loco bibliotecario creepy siempre sirve para una risa inesperada xD

¿Y bien? ¿Qué les pareció éste capítulo? Creo que Rin ya terminó su crecimiento personal, en comparación a cómo comenzó en BW. Y más le valía, porque para ser la compañera de semejante experto sentimental como Sesshomaru... xD Deshi ya está regresando a la normalidad poco a poco, al menos con ella, lo que es un alivio. Es que nadie puede estar enojado mucho tiempo con Rin, esa niña es adorable. Oh, y al final consiguió integrarse como curandera, y como eso no es trabajo de sirvientes, quedaron en Rin: 1, Sesshomaru: 0 xD

No tengo mucho que agregar, pero me alegra que ya las cosas estén terminando bien. Sí, porque el próximo capítulo será el último, y si las cosas no están bien de una vez esto no tendría fin (lo cual estoy segura de que a ustedes les encantaría xD)

Mil gracias a KeyTen, Rin14, Sexy Style, Black urora, Nagisa-chan, Brenda, Susume22, Sayuri08, Saori-san, Hi no Tamashi, Ephemerah, Seras, Miztu Akari, Serena tsuniko chiba, Faby-sama, QuinzMoon, Cali, Blueberry Bliss, Emihiromi, Neko-chan, Yoko-zuki10, Alexa Reynoza, Cio, Setsuna taisho, Niña Feliz, Nakimami, Dayanna y Akari hana por sus lindos comentarios, y por haberme ayudado a llegar a más de 300 reviews con sólo 10 capítulos. Todavía flipo por tanta respuesta positiva xD

El postre de hoy soooon… ¡Brownies! Sí, muchos, muchos brownies recién hechos para todos, y les pueden poner encima leche condensada, dulce de leche, sirope de chocolate o caramelo, crema batida, helado… lo que ustedes quieran. ¡Pero no me envíen la cuenta del médico si tanto dulce les sienta mal! xD

Un beso para todos, y de nuevo, muchísimas gracias por sus reviews. ¡Hasta el próximo sábado!