Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, sólo los tomo prestados sin fines de lucro.
…
The Butterfly and the Hurricane
Por: Hoshi no Negai
12. Para siempre
―¡Rin! ¿Se puede saber hacia dónde vas?
La mujer se quedó estática. Estaba por cruzar el arco de piedra del patio de entrenamiento, pensando que ahora que no había nadie podría pasar desapercibida. Pero sus planes se vieron ofuscados ―de nuevo―, por la aparición de su amiga.
―Sólo quería dar una vuelta ―se excusó con inocencia. Nagi entrecerró los ojos acusadoramente.
―Claro, no tenías ninguna intención de ir al ala de enfermería, ¿verdad? Qué coincidencia.
―¡Vamos, Nagi! Extraño ir, ahora que no tengo nada que hacer me siento inútil. Y me aburro mucho.
―Mal por ti, pero sabes que debes mantenerte alejada del exterior a estas horas ―antes de que Rin dijera que apenas era el ocaso, continuó―. Cualquier cosa puede significar un peligro para ti, y aunque no te guste, es por tu bien.
―Empiezas a sonar como Sesshomaru ―se quejó la humana.
―¡Pues tiene razón! Ahora, jovencita, adentro ―le dijo en broma. Rin suspiró derrotada y se reunió con ella en el pasillo, caminando a su lado―. Ahora lo que necesitas es descansar y relajarte. Hemos estado haciendo nuevos dulces hoy, creo que te gustarán.
―¡Ja! Y luego me dices a mí que me mantenga lejos de donde no debo. Si mal no recuerdo ya no trabajas en las cocinas.
―Estabas con el amo almorzando, igual no me necesitabas ―se encogió de hombros―. Ven, ya tengo todo listo en esta habitación. Mi abuelo preparó té, te ayudará a dormir mejor.
―Tal parece que todos creen que me puedo romper con facilidad ―suspiró Rin al entrar en la pequeña salita y sentarse en la mesa.
―Luego de todas las dificultades que has pasado para llegar hasta aquí es normal que te cuidemos mucho, ¿no crees?
Rin sonrió, dirigiendo la mano a su estómago abultado. Luego de cuatro años finalmente había logrado concebir, y ahora estaba a unos tres o cuatro meses de conocer a la criatura que crecía en su interior. Nagi le extendió el pocillo recién servido, mirándola largamente. Se veía bastante tierna cada vez que acariciaba su vientre y sonreía distraída.
―¿Cómo te sientes?
―Algo cansada y somnolienta, pero nada fuera de lo normal.
―Y aún así querías ir a la enfermería.
―¡Pero no iba a trabajar! Sólo quería asomarme por la entrada para saludar. Extraño mucho pasar por ahí.
―Por más simples que sean tus intenciones, si el amo te descubre te irá muy mal. ¡Y a mí también! Soy quien está a cargo de ti ahora, tus rebeldías me meterían en aprietos más grandes. Sabes que debes tener cuidado.
―Si fuera por Sesshomaru estaría encerrada todo el día ―rió ella al recordar que se lo había advertido en alguna ocasión.
―Sólo está preocupado por ti, es natural que quiera protegerte. Después de todo, es un embarazo…
―De alto riesgo, sí ―suspiró.
Rin comenzó a recordar el momento exacto en el que supo que estaba encinta, y el enorme susto que se había llevado por la reacción de su compañero. Una mañana, cuatro meses atrás, había despertado para descubrirlo observándola de una manera bastante extraña. Le pidió explicaciones, pero todo lo que hizo el hombre fue olfatearla desde la base de su cuello hasta su abdomen.
―¿Ocurre algo? ―le había preguntado preocupada cuando se detuvo.
―No te muevas ―contestó él antes de ponerse en pie y abandonar la estancia. Rin recordó lo fuerte que latió su corazón en ese momento, ya que nunca había actuado de esa manera. ¿Pasaba algo malo? ¿Estaba enferma? ¿Estaría… estaría a punto de abortar de nuevo? Aquella era la pregunta que más le perforó la cabeza, pues aunque nadie se lo terminara de confirmar, la joven dama del oeste estaba segura de haber perdido más criaturas en el transcurso de los años. Y tener que pasar por esa sensación de nuevo…
Miró sus piernas bajo el edredón, buscando alguna mancha de sangre que la delatara. Pero no había nada. Tampoco se sentía mal físicamente, sólo tenía algo de hambre.
Pasaron algunos minutos hasta que su paciencia se agotó. Estaba nerviosa y no podía quedarse quieta por más tiempo. Ajustó bien el obi de su yukata de dormir y se levantó para salir de la habitación. Si Sesshomaru había percibido algo raro en ella, seguramente Deshi podría saber de lo que se trataba.
Y cuando alargó la mano para abrir la puerta, casi se choca con aquel que pensaba visitar. Ambos intercambiaron miradas interrogantes, pero le dio la impresión de que el hombre sabía algo que ella no: tenía una expresión muy parecida a la del Daiyoukai. Iba vestido con un atuendo ligero y de colores claros, su barba y cabellos estaban desordenados y bajo sus ojos había bolsas oscuras bastante notorias. No tendría despierto más de diez minutos de seguro. Rin le dedicó una mirada de reproche a su compañero cuando pasó detrás del demonio más mayor.
―¿Puedes recostarte un momento, Rin? ―le pidió Deshi. La chica interrogó al youkai de blanco mudamente, pero éste sólo le dedicó un gesto que le hacía entender que era mejor obedecer.
―¿Está todo bien? ―preguntó extrañada al tumbarse en la cama y ver al anciano sentarse a su lado.
―Es lo que voy a averiguar ―murmuró al abrir su kimono para exponer su estómago. Rin se apresuró a subir las manos hasta su pecho para asegurarse de que no se viera más de lo necesario. La palma del curandero recorrió su piel desde poco más abajo de sus costillas hasta las caderas, haciendo presión y movimientos extraños en ciertas áreas. Sus ojos estaban resplandeciendo, lo que significaba que estaba viendo a través de ella. ¿Pero qué diablos estaba haciendo? Casi parecía revivir su viejo tratamiento luego de ser envenenada por Tsukune y los suyos.
El entrecejo del anciano se frunció y sus labios se apretaron tanto que parecían una fina línea. Bien, eso no podía ser bueno.
―¿Qué pasa? ¿Qué ves?
―No puede ser… Tenías razón ―le dijo al mononoke cuando sus ojos volvieron a la normalidad. Ambos estaban demasiado serios, lo cual sólo podía significar malas noticias―. No más de cuatro semanas, me parece. Y no detecto ningún problema.
―Espera… ¿de qué hablas?
―¿Cómo es posible? ―la interrumpió Sesshomaru. Parecían haberse olvidado de ella.
―Creo que es tu marca ―comunicó el anciano al activar sus ojos y recorrerla otra vez―. Su útero estaba tan débil luego del veneno que aunque fuera fértil, ninguno de los resultados podía mantenerse. Pero al parecer ahora es lo suficientemente resistente como para retener a éste.
Ahora Sesshomaru se veía ligeramente asombrado. Y eso en su lenguaje corporal significaba que se había llevado una enorme sorpresa.
―¡Estoy aquí! ―se quejó Rin, sentándose y cerrando su kimono―. ¿Podría alguien decirme qué rayos está pasando conmigo? ¿De qué estás hablando, Deshi?
―Estás encinta ―contestó seriamente. La muchacha abrió la boca, mirándolo incrédula y fue como si todo se congelara en el tiempo. Le llevó un momento articular alguna palabra.
―Dices que estoy… estoy… ¿Pero cómo…? ―balbuceó, llevándose ambas manos al estómago y variando la vista entre el anciano y su torso―. Pensé que ya no podría… tú dijiste que era estéril.
Deshi se removió incómodo. Parecía tan sorprendido como ella, pero podía disimularlo mejor.
―Pensé que lo eras ―le dijo en voz baja, volviendo a recorrer su vientre de arriba abajo con los ojos brillantes―. Pero ahora me doy cuenta de que el problema era que no sobrevivían por mucho porque no podían mantenerse en tu interior. Así ha estado sucediendo desde hace… ―se detuvo súbitamente. Un pequeño dolor se alojó en el pecho de Rin. Odiaba escuchar eso, sin importar la cantidad de años que hubieran pasado. Deshi hizo un ademán para tomar su mano o aproximársele de alguna otra forma, pero permaneció en su lugar esperando por su reacción.
Sesshomaru sólo observaba la escena sin ninguna expresión en particular, como si nada extraño estuviera pasando. Aunque sus ojos nunca dejaron de ver a Rin, y en ocasiones, se movían para ver despectivamente al viejo youkai.
De un momento a otro, la respiración de la humana se hizo más forzada y algo jadeante mientras intentaba contener un sollozo cercano.
―Lo sabía, siempre lo supe ―murmuró con la voz rota―. Pensé que algún día me acostumbraría, pero… nunca pude hacerlo. En cambio, cada vez me dolía más y era más insoportable. Por eso… no, lo siento. No puedo creerte. No quiero ilusionarme y… y perderlo todo otra vez, es demasiado doloroso
No hizo nada para controlar las lágrimas que bajaban a carrera por sus mejillas, aún abrazando su abdomen. Deshi notó que el joven demonio apretaba la mandíbula con fuerza, y sus puños estaban tan cerrados que se habían vuelto blancos. Cada vez que la mujer pensaba haber sufrido otra pérdida, su ánimo bajaba hasta el suelo y solía quedarse acostada por varias horas en el futón, sin dormir ni moverse. Él ocupaba parte de ese tiempo en acariciarle el cabello, quedándose a su lado silenciosamente sin siquiera preguntar qué le sucedía. No necesitaba que se lo dijera, él también lo sabía.
―Rin, no estoy diciendo mentiras. No veo ningún problema con tu cachorro, está muy sano y crece con normalidad ―dijo Deshi conciliadoramente. Rin alzó la cara hacia él con los ojos empañados―. Estará bien. Tu cuerpo se ha recuperado, no tienes por qué temer. Eres más fuerte de lo que crees.
―No entiendo, ¿por qué dices que ahora sí puedo…?
Deshi quiso sonreír, pero una rápida mirada al Lord le hizo cambiar de parecer. Aunque le molestaba tener que hablar bien de él ―por así decirlo―, debía recordar que era más importante apaciguar a Rin, por lo que su desprecio por Sesshomaru tendría que hacerse a un lado por el momento.
―Desde que tienes esa marca en tu cuello también posees un poderoso veneno. Su veneno. Este te transmite ciertas propiedades que te… ayudan, por decirlo de alguna manera ― dijo con voz suave, tratando de transmitirle sosiego―. ¿Irasue no te dijo sobre esto?
Ella asintió apenada. Recordar su charla con aquella dama aún le resultaba algo incómodo.
―Lo hizo, pero… ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
El viejo demonio volvió a mirar de reojo al mononoke, ya que era una cosa que debía aclarar él. Pero como parecía estar con la mente en otro lado ―cosa que era muy extraña, por cierto―, supo que le tocaba hacerlo.
―El objetivo de la ponzoña es que seas una parte de él. No sólo comparten el mismo tiempo de vida, sino que son muchas otras cosas ―le dijo―. Esa marca te complementa, te hace más fuerte y resistente. Tus heridas sanan más rápido, no pescas enfermedades y tienes una buena salud. Es como si el veneno te hubiera ayudado a sanar tus antiguos males, si quieres verlo así. Es una especie de mecanismo que asegura tu supervivencia en óptimas condiciones―Rin contuvo la respiración. ¿No era eso lo mismo que le había dicho Irasue?―. Y como mayor prueba, lograste quedar encinta.
Su corazón latía con mayor velocidad y sus ojos estaban tan abiertos que cualquiera pensaría que saldrían despedidos de su rostro.
―¿Estás hablando enserio? Es decir… ¿no me mientes, verdad?
―Jamás se me ocurriría mentirte.
―¿Y de verdad estoy…?
―Así es.
―¿Y está bien? ―volvió a preguntar. Deshi ensanchó su mohín, enternecido.
―Está perfecto, te lo aseguro.
Comenzó a mirar hacia todas direcciones, buscando algún indicador que la despertara de aquel sueño, cualquier cosa. Posó los ojos en su compañero quien también la miraba, luego miró a Deshi y por último a su estómago plano, incrédula, mientras lo palpaba con las manos. Fue ahí cuando cayó en cuenta. Todo era… completamente real.
―No… no puede ser.
―Escúchame, Rin. Por muy bien que esté todo no significa que estés fuera de peligro ―habló nuevamente el anciano con su voz cautelosa. El Daiyoukai hacía gala de su magnífica capacidad para imitar a una roca―. Estás protegida por la marca, pero eso no evita que puedas sufrir alguna recaída. Es importante que te cuides y trates en la mayor medida de lo posible de estar sin presiones ni nada que te altere. Aún corres riesgos, pueden surgir complicaciones en cualquier momento, aunque ahora mismo no pueda ver ninguna. También necesitarás reforzar tu dieta y descansar más, lo que esperas no es humano por lo que…
Pero Rin difícilmente escuchaba. Estaba dividida entre sentirse extremadamente feliz o extremadamente preocupada. Entendía que era una situación delicada que había que tomar con mucho cuidado; un pequeño error y podría ser el último.
Y por otro lado no podía caber en su alegría, como si finalmente hubiera entendido todo lo que pasara ¡Era la mejor noticia que había recibido jamás! ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Quizás… quizás sólo pensaba que lo perdería como a los demás, por eso había intentado ignorar las primeras señales. Pero ahora…
―Estoy embarazada… voy a tener un…―susurró cuando se llevó ambas manos a la boca. Sus ojos comenzaron a humedecerse de nuevo, pero esta vez de alegría―. ¡Voy a tener un hijo!¡No puedo creerlo!
Sin pensárselo dos veces, le lanzó ambos brazos al cuello al anciano que estaba sentado a su lado, mojándolo con sus lágrimas y llenando sus oídos con una suave risilla. Quería tranquilizarse, pero no podía. ¡Hasta estaba temblando!
―Lo tendrás ―contestó él abrumado, frotándole la espalda. Ver a Rin así de reanimada era algo que lo llenaba, sin importar que su compañero fuera el insufrible de Sesshomaru―. Me alegra que lo hayas logrado, sé cuánto lo querías.
―Sí ―respondió estrechándolo más fuerte. Tenía el impulso de ponerse a saltar, reír y gritar por todas partes, y abrazar a cuanta persona se cruzara por su camino―. Te prometo que me cuidaré y haré todo lo que digas, no me importa lo que sea. ¡Oh, Deshi, estoy tan feliz!
Minutos después el viejo curandero se marchó, alegando que tenía que poner manos a la obra en elaborar complementos alimenticios especiales para asegurar que su salud estuviera en las mejores condiciones. Rin reconocía que hasta el momento, el demonio se había mostrado muy comprometido con ella y siempre estaba muy pendiente de su salud.
Cuando estuvo a solas con el Daiyoukai, lo único que se escuchaba eran las agitadas inhalaciones de la mujer, quien trataba de contener en vano sus lágrimas. El hombre la miraba con una expresión en blanco, pero cuando giró la reluciente cara hacia él, notó algo distinto, como si todo lo que sintiera fuera incapaz de salir y se almacenara en sus orbes dorados.
Se le quedó viendo largamente, tomando un tiempo para serenarse. Rin le sonreía como nunca lo había hecho antes. Nuevamente sucumbió a su impulso y lo abrazó fuertemente, frotando el rostro en su cuello y permitiéndose llorar sin ataduras. Lo seguía respetando y adorando como siempre, pero la convivencia había conseguido que su timidez hacia él se desvaneciera. Ya no tenía nada que ocultar.
―¿No te alegra? ―le preguntó poco después―. Después de tanto tiempo, vamos a ser… vamos a tener un hijo, todavía no puedo creerlo ―pero él seguía sin expresar nada, ni siquiera hablaba, aunque Rin no le prestaba mucha atención. Estaba demasiado impresionada y feliz como para reparar en alguna otra cosa. Literalmente creía que algo podía explotar en su pecho por tanta conmoción.
Le tomó al menos un minuto ―o quizás dos, o diez, no tenía idea―, advertir que su compañero estaba sumamente rígido; incluso más de lo normal. Se separó de él lo suficiente para ver su rostro inmutable. Sabía que era poco asiduo a sonreír, es más, era muy raro cuando lo hacía, pero al menos podía ver señales de complacencia en sus facciones u ojos. Rin podía leerlo muy bien y lo conocía perfectamente. Pero en ese momento no había nada, ni siquiera parecía percatarse de que le hablaba.
La mujer se preocupó y a medida que seguía examinándolo en busca de alguna emoción que denotara al menos una pizca de júbilo, el suyo propio se fue extinguiendo para ser reemplazado por angustia. Había estado muy distante desde que Deshi comenzó a hablarle, pero pensó que se le pasaría una vez estando solos. De verdad estaba enfadado, pero ¿por qué?
Entonces lo supo. Se apartó completamente de su cuerpo para dejar de tocarlo, observándolo casi con horror.
―¿Estás…? ¿Es porque será híbrido, verdad? ―habló lentamente, encontrando doloroso hacerlo.
―¿Qué?
El demonio la miró con interrogación, pero ella no podía verlo. Físicamente se sentía herida, como si todo el entusiasmo se hubiera esfumado en un parpadeo. ¿Cómo no había pensado en eso? Él siempre había expresado desprecio por su medio hermano, ¿por qué sería diferente con otro mestizo?
―Está bien, supongo ―dijo dando otro paso atrás mientras negaba con la cabeza―. Sé que no te gustan los hanyous, pero… no puedo darte nada más. L-lo siento.
Antes de que se diera la vuelta, el hombre tomó su muñeca y la obligó a acercársele de nuevo. Sus ojos la enfocaban muy fijamente, y su rostro había cambiado por completo: de nuevo era ese hombre intimidante, la miraba de tal manera que parecía como si lo que acababa de decir fuera un terrible insulto.
―Su mezcla de especies carece de importancia para mí ―ella frunció el ceño extrañada, y antes de que pudiera hacerle alguna pregunta, él se le adelantó―. No tiene sentido que te disculpes, no vuelvas a hacerlo.
―¿Entonces… no estás molesto? ―lo miró insistente.
―No tengo motivos para estarlo ―Rin sintió un brazo rodearle la cintura, aprisionándola contra él, y se permitió apoyar la frente en su torso. Un pequeño calor crecía en su pecho mientras cerraba los ojos con alivio. El demonio dejó caer los dedos por su cabello negro, un gesto que hacía a menudo cuando buscaba reconfortarla.
―¿Por qué estabas tan callado cuando Deshi me hablaba? ―no pudo contenerse a preguntar.
―Es irrelevante ―contestó, y luego de una pequeña pausa agregó―. Tienes prohibido continuar tus visitas en el ala de enfermería, serás acompañada por un escolta cuando no estés bajo mi vigilancia y dormirás tan pronto como caiga el sol, ¿te quedó claro?
Una sonrisa adornó su cara. ¡Vaya, ese hombre no perdía el tiempo!
―Y ahí vas de nuevo―murmuró, frotando la nariz en su pecho. Él volvió a acariciar su cabello, arrullándola como siempre.
―No has contestado.
Rin rió por lo bajo. ¿Cómo era posible que con los más simples gestos fuera capaz de cambiar su estado de ánimo tan radicalmente?
―Entendido, Señor Alfa,su pequeña y frágil compañera hará todo lo que usted diga.
Antes de que pudiera reclamarle ―ya que aquel era un sobrenombre que no le agradaba―, se alzó sobre sus puntillas y besó sus labios, abrazándolo con mayor fuerza. Si tan sólo ese momento nunca terminara…
―¡Y pensar en la sorpresa que nos llevamos todos cuando nos enteramos! ―Nagi la sacó de sus cavilaciones repentinamente―. La boca de Takanari casi rompe el suelo de lo mucho que se abrió, y Jaken estuvo a punto de desmayarse. Creo que fue a él a quien más le afectó.
―Me ha dicho que recuerda cuando era pequeña y cree que tendrá que pasar por lo mismo otra vez. Espero que este pequeñín pueda corretear con el señor Jaken como yo lo hice, le encantará.
―Pero a Jaken…
―Oh, sé que en el fondo no puede esperar a que suceda. Por más que se haya quejado, sé que una minúscula parte de él disfrutó mi infancia y quiere revivirla ―hizo un gesto con la mano para restarle importancia.
―Ese enanito verde es todo un caso ―se rió la híbrida, recordando que siempre preguntaba por Rin y una vez que le decían que se encontraba bien, gruñía para demostrar que sabía lo que le tocaría cuando la criatura naciera. No era un secreto para nadie lo contento que estaba pese a sus esforzados intentos para desmentirlo.
―Dime, ¿tú y Takanari no han pensado en este siguiente paso? ―preguntó la humana inocentemente acariciando su estómago. Nagi vio hacia otro lado abochornada.
―A-apenas me pidió q-que fuera su compañera, no estoy pensando en niños todavía ―contestó, sirviendo nerviosamente más té en la taza de su amiga.
―¿Y Takanari qué dice?
El sonrojo de Nagi se oscureció. No importaba la cantidad de tiempo que pasara desde que iniciara su relación con el soldado, no podía superar la vergüenza que le daba hablar de ello.
―Él… ese idiota quiere tener una bandada. Siempre dice que no puede esperar a tener polluelos para enseñarles a volar y a cazar. ¿Puedes creerlo? ¡Polluelos! Siento que está hablando de gallinas, no de niños.
Rin soltó una carcajada.
―¡Es un halcón, claro que los llama así! No entiendo, Nagi, ¿por qué sigue apenándote este tema? Son compañeros desde la primavera pasada, es normal. Y sucederá tarde o temprano.
―Si te soy sincera creo que tengo algo de miedo.
―¿Miedo? ¿Por qué tendrías… miedo? ―su voz se fue apagando, deseando que la razón no fuera su caso tan complicado. Nagi notó la incomodidad en ella y comprendió a lo que se refería, por lo que hizo una rápida mueca para distraerla.
―Takanari es un halcón ―dijo muy seriamente luego de una tensa pausa―. ¿Y si en vez de dar a luz pongo huevos?
Rin tuvo que hacer un gran esfuerzo para no escupir todo su té, pero no pudo evitar ahogarse un poco. Mientras tosía entre risas, Nagi le palmeaba la espalda para ayudarla. Pasar tanto tiempo con su marido le había pegado su buen humor.
―Era broma, lo siento ―dijo al ver el rostro rojo de Rin, quien intentaba acallar su risa sofocada―. La verdad es que me gustaría esperar un poco, ninguno de los dos tiene prisa. Por más que Takanari quiera su bandada, él mismo dijo que quería conseguir un mejor puesto en el ejército y terminar su entrenamiento primero. Y yo por ahora quisiera estar pendiente de ti y cuidar que estés bien. Pero descuida, cuando me toque a mí, será tu turno de cuidarme, ¿te parece? Aunque espero que Taka no se comporte tan sobreprotector como el amo, no sé cómo puedes respirar. ¡Siempre te vigila!
―Costumbre, supongo ―se encogió de hombros cuando recuperó la estabilidad―. ¡Oh, es verdad! He querido preguntarte esto desde hace tiempo, y siempre se me olvida pedírselo a tu abuelo. ¿Crees que puedas ver el género del bebé?
―¿No querías que fuera una sorpresa?
―¡Pero no puedo esperar! Quiero saber si debo preparar ropa azul o rosa, además de que necesito hacer una lista con nombres y todo eso, y si puedo eliminar un género se me haría más fácil. ¡También tengo que escoger ropa de cama y encargar juguetes! No sé si necesitaré muñecas o animalitos de madera, o si debo pedir mantas con flores o sin ellas. ¡Ya no soporto la incertidumbre! ―dijo atropelladamente. Hablar de la criatura que residía en su vientre siempre la emocionaba tanto que rara vez alguien podía comprender lo que decía.
―De acuerdo, de acuerdo, puedo intentarlo ―Rin se movió para quedar en frente de su amiga y permaneció muy quieta, con la entusiasta sonrisa aún en sus labios. Había pensado en pedírselo a Deshi, pero entre una cosa y la otra siempre terminaba olvidándolo. Para cuando los ojos de Nagi comenzaron a resplandecer como los de su abuelo, contuvo la respiración―. No puedo verlo.
A Rin le dio un espasmo.
―¿Qué? ¿Por qué no?
―Su pierna está en el medio, no me deja ver ―se rió ella cuando Rin se desinfló de alivio. Movió la cabeza para tener mejor visión por todos los ángulos, pero aparentemente no podía encontrar lo que buscaba de ninguna manera―. Creo que está muy sano, al menos según lo que entendí de mi abuelo. Tiene dos brazos, dos piernas y veinte dedos en total, no te preocupes ¡Oh, es tan pequeño!
Rin se llevó las manos al vientre y lo acarició con dulzura. Sólo tenía que esperar un poco más para poder verlo y tenerlo entre sus brazos. ¡Cómo moría por ver su rostro como lo hacían Nagi y Deshi! Sin importar las veces que le describieran a su hijo ―o hija―, nada le era suficiente. Aunque había algunos pequeños detalles que tal vez sí podían aclararle.
―Supongo que esto sí lo podrás ver ahora: ¿cómo son sus orejas?
Cuando Nagi abrió la boca para contestarle, la puerta de la salita se abrió. Sesshomaru estaba en el umbral, mirándolas con su serio semblante. La hanyou se apresuró a hacer una profunda reverencia, doblándose hasta posar la frente en el suelo. Rin sólo lo miraba sonriente. Ninguna dura expresión suya podía asustarla, o mejor dicho, nada podía borrarle la emoción de su rostro.
―Pasa del anochecer ―anunció el demonio―, no deberías estar aquí.
―Lo siento, amo, se nos fue la noción del tiempo ―se excusó Nagi al incorporarse―. Rin cumplió con su cena y ha permanecido bajo mi vigilancia desde entonces ―la muchacha evitó mirarla arqueando una ceja. Eso no era cierto, se le había escapado por unos minutos luego de la comida.
―Bien. Ven, Rin.
―No dude en llamarme si necesita algo ―dijo Nagi con una nueva reverencia cuando la humana se reunió con él.
―Buenas noches, Nagi. ¡Gracias por los bocadillos!
Pero no tuvo tiempo de escuchar la despedida de su buena amiga, ya que el Daiyoukai cerró la puerta tan pronto estuvo afuera del cuarto. Rin trató de reprocharlo, pero no podía hacerlo. ¡Estaba demasiado alegre! Además de que sabía que su compañero se había vuelto mucho más estricto y sobreprotector que nunca, y odiaba verla compartir tiempo con alguien que no fuera él.
Trató de no reír pero le fue imposible. El demonio la hacía ir muy cerca de su lado, y si aparecía alguien en su camino, una sola mirada bastaba para hacerlo desaparecer. Rin pensaba que no podía ser más tierno, a pesar de su creciente hostilidad con cualquier persona. Pero el paso de los años le había demostrado que era más gentil ―y hasta cariñoso― cuando no había terceros para presenciarlo. Como siempre las palabras menguaban, pero los gestos no. En realidad no era más que un dulce cachorro bajo la piel del lobo feroz.
Sesshomaru corrió la puerta de su recámara, dejándola pasar primero. Escaneó detrás de él en busca de peligro, pero como siempre, no encontró nada. Era una necesidad que debía cubrir, con su mujer en un estado tan vulnerable no podía permitirse la comodidad de estar desprevenido.
Cuando Rin se deshizo de la capa externa de su elegante kimono púrpura, la ligera yukata interna que utilizaba para dormir reveló su abultado abdomen, que era mucho más notorio sin tanta ropa de por medio. Sin mayores preparaciones, simplemente se acostó en el mullido lecho. Aún era verano, por lo que el calor del día permanecía en las paredes y estar encinta tampoco refrescaba mucho, por lo que no quería arroparse. Aunque por más que se negara a hacerlo, siempre se encontraba bajo el edredón a la mañana siguiente.
Sesshomaru la vio acurrucarse de costado, dándole la cara a su lado en la cama y reposando un brazo en su vientre. De nuevo tenía la mirada perdida, como si pudiera entrar y salir de alguna clase de trance a voluntad. Le gustaba verla así, protegida en sus propios pensamientos. Era una visión pacífica.
―Necesitamos hablar ―anunció una voz muy seriamente. No se molestó ni en girar el rostro hacia su interlocutor, sabía de quién se trataba.
―Estoy ocupado ―le dijo sin detener su marcha. Era temprano en la mañana y se dirigía a la cámara de guerra luego de cerciorarse de que Rin continuara dormida cuando Deshi lo importunó. Apenas habían pasado algunos días desde la confirmación de su embarazo, y aunque era consciente de que tanto ella como el anciano se reunían constantemente, él no lo había vuelto a ver desde que lo llevó para examinarla.
―Es sobre Rin.
Sesshomaru se detuvo y lo miró por el rabillo del ojo.
―¿Hay algún problema?
―No, ella está bien y el cachorro también ―agregó para no arriesgarse a su furia―. Ninguno de los dos tiene inconveniente alguno.
―Entonces no tienes nada que decirme ―dijo antes de ponerse en marcha.
―¡Por supuesto que sí! ¿Qué ocurre, sólo te interesas cuando hay malas noticias? ¿Cuál es tu problema?
La cólera detuvo sus pasos una vez más. Ese viejo demonio estaba sobrepasando su límite, y muy pronto podría costarle demasiado caro.
―Cuida tus palabras, Deshi. No olvides tu lugar ―contestó venenoso sin siquiera mirarlo.
―No lo olvido. Soy el responsable de la salud de Rin y su hijo, así que para tu mala fortuna me necesitas con vida.
―No pruebes mi paciencia ―le advirtió al voltearse hacia él, con la ira oscureciendo sus ojos dorados. El demonio de mayor edad sólo le devolvió la mirada desafiante, sabiendo muy bien que por más que lo quisiera, Sesshomaru no podía hacerle nada.
―Bien, ahora que tengo tu atención ―continuó como si nada, ignorando lo amenazante que se había tornado―, quisiera hablarte sobre Rin. Y aunque no sea nada malo, es igualmente importante.
Por un extraño cambio, el mononoke apretó su mandíbula y se irguió en una pose menos intimidante en señal de que lo escuchaba. Pero sus ojos decían algo completamente diferente.
―Por muy bien que parezcan ir las cosas con ella y su cachorro ―comenzó, evitando a propósito incluirlo en la oración, como si la criatura no fuera suya―, sigue estando en peligro.
―Lo has dicho ―interrumpió, deseando hacer desaparecer a Deshi de su vista lo antes posible.
―Sí, ya lo sabes, pero quizás no te has dado cuenta de la razón. Lo único que mantiene fijado al infante es tu veneno ―habló sin rodeos. El otro demonio frunció el ceño con interrogación―. Su cuerpo quedó tan severamente dañado que sin importar los remedios y tratamientos que empleé para curarla, nada consiguió recuperarla en su totalidad. Como humana le era imposible siquiera procrear, pues su sistema apenas funcionaba. Pero cuando la mordiste, eso cambió. Se estaba regenerando poco a poco, como si tu veneno pudiera reconstruirla… de alguna forma. La primera prueba fue cuando comenzó a sufrir nuevas pérdidas.
Sesshomaru entrecerró los ojos y arrugó levemente la piel de su nariz en señal de advertencia. Aún no entendía cuál era la relevancia en hablarle de algo que ya sabía perfectamente.
―Me preocupó y sorprendió mucho cuando noté la primera, después de todo era algo imposible. Pero Rin jamás quiso hablar de ello, y al no notar nada… innatural, mantuve mis distancias, aunque Nagi solía hacerle chequeos cuando no se daba cuenta y no encontraba nada que fuera grave. Es más, me asombra que Rin se hubiera dado cuenta al ser un cambio tan minúsculo, pero…
―Ve al punto, anciano, tus divagaciones están de más.
―¿El punto? De acuerdo ―respondió igual de malhumorado. Cómo odiaba tener que hablar con ese sujeto, pero era un mal necesario en pro del bienestar de Rin―. El punto es que tu dichoso veneno es quien le da oportunidad de gestar; su youki se enfocó en reparar el daño en su sistema, por lo que la energía se concentra mayormente en ese lugar. Por ende, lo que Rin espera no es un hanyou. Tampoco es un demonio ―aclaró ante la pregunta que Sesshomaru se disponía a hacer―. Es más bien un intermedio. Obviamente tienes la mayoría del crédito en la formación de este ser, así que su sangre humana es casi inexistente y eso no es bueno para Rin. Lo que lleva en el vientre es mucho más fuerte; tiene energía demoniaca que puede acabar con ella. Y como Rin no tiene youki con el cual nutrirlo, te digo desde ahora que lo pasará muy mal. Su hijo necesita alimentarse de algo que ella no tiene. Estará débil, y quizás llegue un punto en el que su cuerpo no lo resista.
―Mi marca debería encargarse ―contradijo el Lord, irritado―. Si es responsable del desarrollo del cachorro, puede mantenerlo y nutrirlo como lo requiere, Rin no debería tener dificultad alguna.
―Puede nutrirlo, sí, pero mientras lo hace, toma más fuerza y representa un peligro para ella. ¿Entiendes la cuestión? ―idiota, estuvo por agregar, Sesshomaru vio en su rostro que tenía los insultos en la punta de la lengua―. No puede encargarse de protegerla mientras lo hace con el cachorro, es una descompensación arriesgada. Es como si se unieran en su contra ―murmuró.
―¿Adónde quieres llegar con esto? ―siseó.
―Creí haberlo dicho ya. Mientras más avance la gestación, más peligrosa será para Rin.
Las garras del demonio perro se tensaron y un fugaz resplandor rojo se apoderó de sus irises doradas.
―Si estás sugiriendo…
―No, por los Dioses, no digo que terminemos con el proceso ―roló los ojos―. No le será fácil, pero tampoco imposible. Sólo quería hacértelo saber, Rin no merece seguir sufriendo a causa tuya y de tus acciones. Todavía no tengo idea de por qué siente tanto aprecio por ti, pero mientras lo haga es tu obligación encargarte de ella, y también te concierne saber qué es lo que sucede ahí adentro. No se puede hacer mucho para ayudarla físicamente, pero sí podemos acompañarla y brindarle apoyo. Tú la metiste en esto, es tu responsabilidad. Si se te ocurre…
―¿Acaso insinúas que yo, Sesshomaru, descuidaré a mi compañera? ―preguntó con la voz grave y sombría. ¿Ese era el punto que Deshi quería discutir? ¿Su obvio deber con Rin? No estaba complacido con escuchar que la situación era tan delicada, pero eso no significaba que aunque no lo fuera no se ocuparía de ella. No era ni discutible―. No seas estúpido. Tomaré en consideración tus palabras, pero te advierto que las midas mejor la próxima vez. Quizás no sea tan benevolente.
―Te lo digo en serio, Sesshomaru ―avanzó el curandero cuando se daba la vuelta. Su tono furibundo le había dejado el paso a uno sereno y preocupado, parecía ser alguien completamente diferente―. El embarazo no es necesariamente mortal, Rin es una chica fuerte y sé que estará bien, pero aún así… te necesitará más que nunca. No la dejes sola, cuídala en todo momento. Por favor.
Sesshomaru apenas volteó el rostro para mirarlo por el rabillo del ojo. Jamás lo había visto tan abatido, sus ojos eran casi suplicantes. Sabía que apreciaba mucho a Rin, pero jamás pensó que llegara a tales extremos. Y creía conocer sus razones.
Antes de retirarse, asintió muy levemente con la cabeza, un movimiento que pasó casi desapercibido. Y sin hacer algún comentario o añadir nada más, el demonio de blanco reanudó su camino hasta la cámara de guerra, con la mente puesta en las últimas palabras del anciano.
―Se está moviendo mucho ―rió calladamente Rin luego de bostezar disimuladamente―. No sé qué te pasa a estas horas, parece que no quieres dejarme dormir ―le dijo a su barriga, respondiendo a las pataditas internas con pequeños toques de sus dedos―. ¿No vienes?
Le tomó un par de segundos al youkai saber que esta vez le hablaba a él. La mujer se extrañó; no era nada común atraparlo distraído.
―Es muy temprano, ¿tienes que salir?
―No ―contestó con simpleza. Se deshizo de su haori para quedar únicamente con la hakama. Rin se enfocó rápidamente en el juego que mantenía con el cachorro y apenas notó cuando se sentó a su lado. No podía dejar de recordar lo que Deshi había dicho meses atrás. Era irónico. Advirtió que su compañera pasaría por malos momentos, pero verla tan sonriente y relajada le restaba valor a sus palabras.
Por supuesto que había días en los que la salud de Rin decaía hasta el punto de alterarlo seriamente; la energía de la criatura aumentaba a veces a niveles alarmantes, causándole mucho malestar. Y ella lo contrarrestaba inconscientemente alimentándose y durmiendo más de lo que acostumbraba, pero era algo relativamente normal en consideración a la situación en la que estaba.
Cuando finalmente se tumbó boca arriba, mirando vacíamente hacia el techo, la risilla apagada de Rin lo sacó de sus pensamientos. Ambos se miraron y ella le dedicó una de sus luminosas sonrisas, de esas que sólo ella era capaz de dar.
―Creo que quiere darte las buenas noches ―dijo, tomando su garra que reposaba sobre el futón para dejarla en su vientre. Los agitados movimientos se incrementaron ante el contacto y Rin volvió a reír. No era la primera vez que tocaba su estómago para sentir los golpeteos, pero siempre que lo hacía, el pequeño parecía desesperado por hacerse notar. Recordó que la primera vez que eso sucedió: el rostro de Sesshomaru exhibió perplejidad, como si se preguntara qué era lo que pasaba. Pero en ese momento, el mononoke no tenía ninguna expresión. Sus ojos dorados estaban fijamente posados en ella.
Había algo en la cara de Rin que le brindaba paz cada vez que hablaba del cachorro, era uno de los pocos instantes en los que podía estarse quieta por más de un minuto.
Aunque eso no solía durar mucho.
―¡Es cierto! Acabo de recordarlo. Nagi no pudo verlo, pero supongo que mi señor Sesshomaru podrá saberlo ―dijo inocentemente. Se había acostumbrado a tutearlo a lo largo de los años, pero a veces utilizaba el honorífico sin darse cuenta. Era un reflejo involuntario. Quiso sentarse de nuevo para hablar con mayor comodidad, pero el demonio le dijo con un mudo gesto que permaneciera acostada―. ¿Puedes saber su género con tu olfato? Tengo que pensar ya en el nombre que llevará, y escoger los colores de su recámara… ¡Lo olvidaba! Debo escribirle a la señora Kagome, tengo unos meses sin hacerlo y querrá saber de los avances de su próximo sobrinito antes de que nazca. En la última carta que recibí, el señor Inuyasha dijo que quería venir pero creo que no te gustaría, ¿verdad? Aunque la señora Kagome podría prepararme para lo que me tocará cuando nazca, porque no creo…
―Deberías dormir ―aconsejó, cortando su rápido parloteo.
―¡Pero no tengo sueño! ―trató de simular un muy oportuno bostezo. La verdad era que deseaba abandonarse en el mullido colchón, pero tenía mucho en lo que pensar―. De verdad quiero saber, tengo mucha curiosidad.
Sesshomaru lo sabía, pero si se lo decía no dudaba que se quedaría despierta tratando de escoger un nombre y hablando de mil cosas más al mismo tiempo. Y eso, conociéndola, podía tomar varias horas.
Se inclinó hacia ella y mordió suavemente su cuello, depositando la mano en su hombro para exponer su piel. La marca ya era una cicatriz cerrada y la luna en cuarto menguante se veía perfectamente. Sus labios subieron hasta su lóbulo y nuevamente le dio un leve mordisco. La mujer trató de contener una pequeña risilla ante las cosquillas que le ocasionaba, recordando que debía estar algo molesta.
―Descansa, Rin.
Ella hizo un puchero, tomando su brazo para evitar que se apartara demasiado.
―Si me lo dices ahora prometo que me dormiré enseguida ―le aseguró, luchando por mantener los ojos abiertos. ¿Cómo podía estarse durmiendo tan rápido? Ah… cierto, el té de Nagi. Tendría que evitarlo la próxima vez que quisiera sonsacarle algo al demonio, arruinaba por completo sus tácticas persuasivas.
―Lo sabrás mañana si duermes ahora.
―¿Lo prometes?
Como toda respuesta, volvió a morderla en el cuello. ¡Él y su condenada costumbre! Siempre le quitaba las ganas de oponerse, como si con tan simple acto pudiera bajar sus defensas o algo así. Y vaya que funcionaba. Volvió a mirarlo ceñuda por no haber escuchado la afirmación que quería, por lo que él dejó caer la mano en su cabeza, con su típica cara de no exageres.
―Duerme.
La mujer volvió a refunfuñar en son de queja, aunque no murmuró nada más que un ¡No es justo! Pero ya no podía seguir intentando, su cuerpo le reclamaba a gritos que se durmiera de una vez por todas. ¡Y eso que no había hecho nada en todo el día!
Rendida y contenta porque su compañero se hubiera quedado acostado tan cerca de ella ―nada le gustaba más que dormir acurrucada a su lado―, acortó la distancia para dejar un leve beso en sus labios y decirle:
―Buenas noches, milord.
¿Quién diría que al final se había acostumbrado a la vida de casada? Sonrió débilmente para sí antes de caer dormida. No podía estar más feliz. Todo, absolutamente todo había valido la pena.
Sesshomaru percibió que la respiración de Rin se tornó más profunda y relajada en cuestión de minutos. Y aunque el tiempo siguió pasando, su mano continuaba en donde ella la había dejado. Junto con su madre, las patadas de su pequeña hija se habían apagado. No le cabía duda que sería una réplica en miniatura de Rin, tan inquieta como lo había sido ella en su infancia. Y como lo seguía siendo ahora. Pero eso no era ningún problema; prefería que fuera así.
Rozó muy levemente los labios contra su frente, sin poder evitar aspirar su aroma. Justo entonces recordó una vez más las palabras de Deshi. Su entrecejo se hundió. Ese estúpido anciano. ¿Cómo osaba decir que el Gran Sesshomaru no cuidaría de su familia? Ridículo.
Deslizó con muchísimo cuidado la mano en el vientre de su mujer y cerró los ojos. Nunca podría perdonarse lo que había hecho con ella, era una culpa silenciosa que siempre lo acompañaría. Verla dormir sólo le hacía recordar lo frágil que en realidad era y lo cerca que estuvo de perderla para siempre. Tal vez ése era el motivo por el cual era tan extremadamente cuidadoso, porque no quería ni concebir la idea de verla sufrir a causa suya, ni de nadie más.
No, ahora era su deber protegerla como tuvo que haber hecho en un principio, a ella y a la pequeña vida que crecía en su interior.
Porque no se permitiría perderla de nuevo, nunca más.
Y eso era una promesa.
REVIEWS... REVIEWS... REVIEWS... REVIEWS...REVIEWS
Ahora seamos sinceras. ¿Cuántas sabían que Rin sí acabaría embarazada a la final? Les prometo que planteé la idea de que realmente fuera estéril, pero… no, eso sería muy cruel de mi parte. En el fondo soy una apasionada a los finales felices y tiernos, pese a que he matado algunos personajes en otras historias (ups xD), y se me hacía despreciable no otorgarle a Rin la familia que tanto quería tener.
¿Por qué esperé cuatro años para permitirle quedar en estado en lugar de hacerlo más pronto? Porque nada sucede de un día para otro. Los cambios de este tipo requieren tiempo que prueban nuestra paciencia, perseverancia y fortaleza. Y no sólo con Rin, con Sesshomaru también. Que aunque sea el maestro de las expresiones vacías, todos sabemos que por dentro tiene una fibra sensible a la que aparentemente sólo Rin tiene acceso. ¿Y por qué hice que fuera una niña, en lugar de mi acostumbrado Masshiro? Para variar xD
Espero de al menos la mayoría de las dudas hayan quedado resueltas con este capítulo. Traté de enfocarme en un solo tema, que es el embarazo, pero también quise abarcar otras áreas como Deshi y Nagi. Ojalá haya resultado bien y hayan quedado todas satisfechas.
Y si se han dado cuenta de un detalle importante, las felicito. Y si no, se los voy a decir. Fíjense que llamé a esto "capítulo" y tiene un título en lugar de decir "Epílogo". Sí, así es. Estuve pensándolo y me decidí a hacerle un epílogo propiamente dicho unos cuántos años en el futuro, como un último y feliz cierre. La causa principal es porque mi querida beta cumplirá años pronto y quiero regalarle el "Final feliz" especialmente, porque se lo merece por tanta paciencia y buenos consejos. Lo malo, chicas, es que no podré tenerlo listo el próximo sábado. Verán, tengo muchísimas cosas encima por el momento y no encuentro mucho tiempo para estar en mi computadora. Y cuando lo hago, la inspiración se larga a otra parte y termino perdiendo el tiempo. Lo siento, lo pondré a penas lo tenga listo, pero no prometo nada muy cercano. De todas formas dejen esta historia en sus alertas, la que no la tenga todavía, y eso se encargará de avisarles.
Bien, como éste es el último capítulo propiamente dicho, pensé en un postre lo suficientemente especial para conmemorar la ocasión. Y lo conseguí, pero deben ser rápidas. Le he robado la llave a Willy Wonka de su fábrica de chocolate, y si se apuran pueden darle un mordisco a todo lo que encuentren antes de que los Oompa Loompas se den cuenta xD (lo siento, es que la estaban pasando por la tele el otro día y me quedé con las ganas xD). ¡Así que corran, aprovechen y coman todo lo que encuentren!
Mil gracias por sus lindos comentarios a KaitouLucifer, Hanabi-ness, Black urora, Susume22, Nagisa-chan, Sexy Style, QuinzMoon, Saori-san, SerenityFullmoon, Neko-chan, Seras, Alexa Reynoza, Cali, Ephemerah, Ginny, KeyTen, Serena tsukino chiba, Setsuna taisho, Faby Sama, Sayuri08, Niña Feliz, Miztu Akari, Nakimami, Brenda, Rose thane, Hi no Tamashi, Anónimo número 1, Silk Maid, Yoko-zuki10, Ro Itako 27, Kat88-Pbl, Bárbara, Akari hana y Lau Cullen. ¡Las adoro a todas! Y no se preocupen, que las interrogantes que quedan serán resueltas en el verdadero gran final. Eso sí, les pido un poco de paciencia, que hago lo mejor que puedo pero las cosas no siempre están a mi favor.
Y sin más me despido con la boca llena de chocolate y un Oompa Loompa tratando de quitarme las galletas de las manos. ¡Un beso a todo el mundo y hasta la próxima!
