La historia de Jane
Disclaimer: Los personajes NO me pertenecen… le pertenecen a una de mis mayores ídolos: Stephenie Meyer.
Capítulo 2: El don de Jane y sospechas…
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Jane abrió los ojos como platos al darse cuenta de que había sido ELLA la que había matado al animal. Se asustó y cogió al conejo en sus manos, comprobando de esa manera, que definitivamente le había dado un ataque al corazón.
Jane escuchó unos murmullos desde detrás de los arbustos... Sus voces eran melodiosas y finas, aterciopeladas, una delicia para los oídos... Pudo escuchar pocas cosas de las que hablaban y notó que eran dos personas, un hombre y una mujer.
-Querido... Sólo un momento...-escuchó pedir a la mujer.
-Esta bien, mi amor... no tardes, te espero en casa.-le contestó el hombre.
Una mujer salió de detrás de los arbustos. No tendría más de veinticinco años... Era muy hermosa: su cabello era de color caoba y unos preciosos tirabuzones le caían por la espalda. Su vestido era verde esmeralda, pero estaba mayormente oculto pues llevaba una capa negra puesta por encima. Ella se acercó a Jane con una sonrisa maternal en los labios y se sentó a su lado en el suelo.
-Hola-le saludó la mujer-Me llamo Sulpicia, ¿y tu?
-Yo soy Jane...-le contestó Jane sollozando y sin mirar a Sulpicia a los ojos, por mierdo a hacerle lo que le hizo al conejo.
-¿Qué te pasa pequeña? ¿Por qué lloras?-le preguntó Sulpicia y Jane la miró, parecía un ángel caído del cielo. Observó sus ojos, de un extraño color marrón oscuro mezclado con negro y ¿rojo?
-Por nada... es una tontería...-le contestó ella.
Sulpicia le sonrió en señal de comprensión y Jane le devolvió la sonrisa, por un par de segundos se olvidó de lo ocurrido en la mansión de Selenia al ver a Sulpicia como una madre protectora... hasta que escuchó a su hermano llamar:
-¡JANEEEEE!
Alec llegó corriendo hasta donde estaba su hermana, pero frenó en seco al darse cuenta de que estaba acompañada. Alec al ver a Sulpicia imaginó que sería de la realeza, por su apariencia y porte tan elegantes.
-Oh, señorita, discúlpeme no la había visto, soy Alec...-le dijo Alec, y Jane se levantó del suelo junto a Sulpicia.
-Encantada Alec, no hay problema, creo que ahora deberías cuidar a tu hermana,¿me equivoco?-Alec asintió y ella miró a Jane- Ten cuidado Jane, a la gente de aquí no le gustan las personas extrañas como tú...
Jane la miró sorprendida y preguntó:
-Ha... ¿Ha visto usted lo que he hecho?
Sulpicia asintió y Alec las miró con cara de no entender nada.
-No te preocupes, querida, no se lo diré a nadie; puedes confiar en mí. De aquí a poco tiempo volveré para ver cómo estáis los dos ¿vale? Mi marido seguramente estará aquí mañana, así que no os preocupeis, no dejaremos que os hagan daño.
Pasado un segundo, la mujer desapareció y Jane y Alec se miraron el uno al otro asombrados, el que más Alec, puesto que no sabía nada sobre lo que les había estado hablando la bella dama. Jane le explicó lo que le hizo al conejo y Alec se sorprendió... bastante.
Horas más tarde ambos estaban en su habitación castigados sin cenar, después de una larga charla con sus padres sobre "lo que se debe hacer y lo que no"...
-Jane-le llamó Alec en un susurro- ¿Te has dado cuenta de que Sulpicia también se refería a mí en lo de "no dejaremos que OS hagan daño"?
-¿Crees que a tí también te pasará algo si se enteran de mi... don o poder?-Le preguntó Jane y él asintió mientras dejaba salir un sonoro suspiro-No... te juro por mi vida que no te pasará nada Alec, tendrán que matarme si quieren hacerle daño a mi hermanito...
Alec le sonrió y luego dijo:
-¿Cómo puede ser que te quiero tanto peque?-
Al día siguiente Jane abrió su armario, y sacó de un cajón un vestido negro muy bonito de tirantes finos y con un cinturón negro ancho en la cintura y se puso unas medias blancas con unos zapatitos negros.
Alec y Jane salieron de casa en dirección al colegio, y en el trayecto el gemelo mayor se dio cuenta del cambio radical de su hermana: ella solía vestir en tonos cálidos, normálmente rosa, rojo o amarillo; en ocasiones también iba de azul o violeta, pero que él se acordase, nunca, NUNCA había visto a Jane vestida de negro, ni siquiera para un funeral...
-Jane... ¿A qué viene ese cambio de ropa?-le preguntó Alec curioso.
-Simplemente, me he hartado de vestir como una princesita Alec.-dijo ella tan tranquila.
Según entraron al colegio todas las miradas se clavaron en Jane y se escucharon varias risitas por parte de las arpías; aunque Jane supo evitar el contacto visual con ellas, por dentro tenía ganas de ir y darles una buena paliza.
Después de una mañana de trabajo, los gemelos salieron al patio y fueron a su sitio de siempre. Los chicos del día anterior volvieron a preguntar a Alec sobre jugar con ellos, pero Alec les dijo que no le apetecía jugar... Jane se sintió aliviada al ver que su hermano no la dejaría, pero ni eso pudo alejar los cuchicheos de las arpías de los oídos de Jane.
-¿Ahora se ha vuelto gótica la bruja ésta o qué?-le preguntó Selenia a Lisa en un susurro a la hora de historia.
-Seguramente; Jane es una bruja, y las brujas van vestidas de negro ¿no? Es que esa niñata es idiota.-le contestó Lisa e hizo que las dos riesen disimuladamente.
Jane se dio la vuelta bruscamente y las dos chicas la miraron entre confundidas y asustadas por la expresión de Jane.
-¡Señorita Ricci! ¡Vuelva a su sitio ahora mismo y mire hacia delante!-le ordenó la Sra. De Transvall pero Jane hizo caso omiso a sus mandatos-¡¿Jane Ricci me está haciendo caso?
-No.-le contestó Jane fríamente mientras miraba a Selenia y Lisa-Me han llamado bruja e idiota, y eso no se puede quedar así. Lo van a pagar.
¡PUMB! La puerta se abrió de par en par justo en el momento en el que Jane se disponía a matar a las chicas como cuando lo hizo con el conejo. La joven rubia desvió su atención al señor que había entrado al aula: era alto, de pelo liso, largo y de color negro carbón; sus ojos eran muy parecidos a los de la mujer que conocieron el día anterior, Sulpicia.
-Disculpeme señora, no quería formar tal escándalo... Necesito que la jóven Jane Ricci salga un momento, ¿sería posible?-Al hablar, Jane reconoció su voz; era el hombre que había estado detrás de los arbustos.
-Cl-claro Sr...-tartamudeó la profesora mirando maravillada al hombre que había entrado "Dios mío... La profe se ha quedado embobada..." pensó Jane y salió al pasillo con el señor.
-Llego a tardar dos segundos más y esa niña estaría muerta... Tienes que aprender a controlarte, Jane; esa no es manera de comportarse... Tienes que tener discreción y-paró de hablar al ver que Jane lo miraba extrañada-Ah... Cierto, no me he presentado. Me llamo Aro Vulturi, creo que ayer conociste a mi esposa, Sulpicia ¿verdad Jane?
-Si...
-Oh, no temas pequeña, yo solo trato de ayudarte. Tienes un don muy fuerte y potente querida; y, sí, cuando digo "don" me refiero a ese poder que hizo posible que ayer matases a un conejo... Da gracias a que fue un conejo y no tu propio hermano...
Ambos se quedaron en silencio hasta que después de un rato, Jane le preguntó:
-¿Cómo sabe todo eso? ¿Y, cómo es que habla tan tranquilamente sobre "esa cosa" que hace que haga "otras cosas"? ¿Qué quiere de mí? ¿Me tengo que ir con usted? ¿Y mi hermano? ¿Qué haré yo sin él?-Aro le tapó la boca con la mano a Jane para que no formulara preguntas.
-Esta bien que no confíes en mí Jane, soy un extraño y no me conoces de nada; pero, si hay algo que te pido es esto: no caigas en sus trampas.
Jane frunció el ceño sin saber de qué trampas hablaba Aro.
-Esas arpías que tanto te molestan, pequeña; no caigas en sus trampas, ellas solo quieren que te enfades y que pierdas la postura... Y si haces eso...
-...podrían pasar cosas malas, que queremos evitar por vuestro bien.-le cortó Sulpicia entrando por una puerta con una sorisa.
Ella se acercó a Aro que la miraba extrañado. Su marido extendió una mano hacia ella y Sulpicia la agarró mientras miraba a Jane.
-...en cualquier caso, debías haber traído a algún guardia, mi vida...-le contestó Aro a su esposa; una respuesta a una pregunta no formulada... "Extraña manera de comunicarse..." pensó Jane.
-Lo siento, tenía que asegurarme de que ellos estaban bien...-le explicó Sulpicia y seguido miró a Jane-¿Tienes miedo Jane?
Jane negó con la cabeza y el matrimonio sonrió.
-Muy bien-dijeron al mismo tiempo.
La campana sonó y la profesora De Transvall salió del aula en dirección a su siguiente clase. Cualquiera que hubiese pasado por allí se habría reído de lo lindo ante la escena; más bien, Jane estaba haciendo un esfuerzo increíble para no carcajearse de la expresión de su profesora de sociales. Tenía una cara de espanto y miraba con desprecio a Sulpicia, después pasaba la mirada a Aro y suspiraba soñadora, de nuevo la vista a Sulpicia y le gruñía internamente... y así, un extraño amor platónico a primera vista no-correspondido.
-Bien, amm, Jane, recuerda lo que te hemos dicho si?-Sulpicia miró a Aro- ¿Volvemos a casa, cielo?
Jane trataba de no reirse con todas sus fuerzas. Además en los ojos del matrimonio feliz se notaba un brillo de diversión.
-Por supuesto mi amor.-le contestó Aro y besó a su dulce esposa en los labios ante la atenta mirada de la profesora- Jane, señorita, con permiso...
Ambos salieron riendo de la escuela y se dirigieron a su casa. Mientras, Jane se quedó con la sra. en el pasillo. Jane tenía muchas preguntas en la cabeza... ¿Por qué aquella pareja era tan buena con ella? ¿Por qué la trataban perfectamente cuando decían que a la gente corriente no les gustaría saber de su poder? ¿Por qué Sulpicia la miraba con ternura si apenas se habían visto una vez?
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Holaaa! No creo haber tardado mucho! (eso creo xD)
Espero que os haya gustado muuuucho mucho! Y como Sulpicia y Aro me encantan pues aquí los he metido jejeje
¿Review?
