Gracias por vuestros reviews!
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a pero la historia es MIA =)
Capitulo 5: Problema tras problema...
LA HISTORIA DE JANE
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Al día siguiente Jane se despertó con los gritos de su hermano.

-¿Qué pasa, qué pasa?-preguntó saltando de la cama rápidamente.

-¡AHHHHH! ¡SUÉLTAME! ¡¿NO VES QUE ME ESTÁS HACIENDO DAÑO?-gritaba Alec desde el piso de abajo. Jane corrió escaleras abajo temiendo por la vida de su gemelo.

Cuando bajó vio que su hermano estaba siendo tirado de la oreja por su padre mientras su madre miraba seria la escena desde la puerta.

-¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ? ¡ALEC! ¡¿DIOS, QUÉ LE HABÉIS HECHO?-gritó Jane y se tiró al suelo al lado de su hermano. Apartó la mano de su padre que quería volver a estirarle de la oreja.

-Pasa que nos ha faltado al respeto, Jane. Y eso no se puede tolerar en esta casa.-le dijo su padre.

-¡POR POCO LE SACÁIS UNA OREJA!-contraatacó ella.

-Y TÚ TAMBIÉN NOS VAS A SACAR UNA COMO SIGAS GRITANDO ASÍ.-le contestó su madre.

-Hija de... -su madre no le permitió continuar con la frase pues le estiró del pelo y Jane chilló.

Suerte que no tenían vecinos... Estaban sólo ellos cuatro en la casa... Día libre para los sirvientes.

Alec estaba llorando en el suelo. Él no era del tipo de personas que lloraba por cosas tontas, él era duro, lo era por su hermana. Pero en aquella ocasión no pudo más y rompió a llorar. Tenía la oreja derecha roja, roja, roja, como un tomate y había varias zonas en su piel que eran violetas por culpa de los golpes que su padre le había dado recientemente.

Jane por su parte, no podía controlarse.

-¡SUELTÁME MALDITA! ¡DÉJAME EN PAZ!-gritaba Jane con su voz una octava más aguda.

-¡Jane! ¡No me obligues a lavarte la boca con jabón! ¡¿Quién te ha enseñado esos modales?-le gritó su padre.

-¡OS ODIO! ¡ALEC, LEVÁNTATE POR FAVOR! ¡HAZ ALGO! ¡TÚ PUEDES HACER ALGO, HERMANO!-gritó Jane.

Pero Alec no se movió. Le dolía todo el cuerpo y los gritos de su hermana eran una tortura para su oreja magullada.

-Dejémoslos aquí... Total, Jane seguirá gritando de todas formas...-dijo su padre. Oh no, ya no era su padre. Ahora ellos solamente eran Florencio y Dalia Ricci. Nada más.

-¡OS ODIO!-repitió Jane- ¡OJALÁ ARDÁIS EN EL INFIERNO! ¡PORQUE OS MERECÉIS DOLOR! ¡MUCHO DOLOR!-"dolor"esa palabra...

-¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!-gritó la señora Ricci.

Estaba en el suelo inclinada de una manera extraña, anti-natural para ser exactos, y en su rostro se veía un dolor increíble. Jane estaba que echaba humo por las orejas del enfado que tenía.

-¡DALIA!-gritó su ex-padre tratando de ayudar a su esposa... luego volteó a ver a Jane y gritó:- ¡UNA BRUJA! ¡BRUJA! ¡BRUJA! ¡ES UNA BRUJA!

Alec se levantó del suelo rápidamente al escuchar aquellas palabras y sacudió a su hermana para que parase.-Jane, Jane, estoy aquí; no me pasa nada, para por favor.-le rogaba Alec a su gemela, pero a ella parecía no importarle nada.

-¡AHHHHHHHH! ¡AYUDAAAA! ¡POR-F-FAVOR! ¡AHHHHHH!-gritaba su "madre" desde el suelo.

-¡JANE! ¡DESPIERTA!-le gritó Alec.

-¿Ah?-preguntó Jane y después miró al suelo a ver a su adolorida ex-madre y a su marido tratando de ayudarla- Oh-Dios-Mío... Yo... Yo...

El señor Ricci cogió a su esposa en brazos y salió corriendo a la calle mientras gritaba:

-¡JANEE! ¡ES UNA BRUJA! ¡MIRAD LO QUE LE HA HECHO A MI ESPOSA! ¡AYUDA POR FAVOR!

Al cabo de pocos minutos la mayor parte del pueblo estaba reunida en la iglesia con antorchas en sus manos. "Me van a matar... Sí, lo van a hacer..." pensaba Jane mientras veía cómo su hermano caminaba desde un lado de la habitación al otro.

-Hay que huir.-dijo al fin su hermano.

-Alec... Yo... Lo siento...

-No te preocupes hermana... Sabíamos que esto tenía que llegar en algún momento... Si tú caes... Yo caeré contigo...-sentenció Alec.

-Alec... No...

Rápidamente se echó a llorar a los brazos de su hermano. Él siempre estaba allí para ella, y Jane se lo agradecería por toda la eternidad.

-Podríamos buscar a Sulpicia y Aro.-propuso Alec.

-Pero no sabemos dónde están... Son vampiros... Pueden estar en cualquier parte, pero hoy... hace sol.-Jane suspiró.

-Corre.

-¿Qué?

-Que corras, Jane. ¡Vamos! ¡Sígueme!-le dijo su hermano y corrió hacia la puerta trasera que daba paso al bosque.

Ambos corrieron cuanto pudieron, cogidos de la mano, por los senderos del bosque tirreno. De repente ambos chocaron contra algo... más bien, contra alguien.

-¡Ah!-gritó Jane.

-¡No grites! Podrían descubrirnos. Soy yo, Patricio.-se presentó Patricio amistosamente.

-Tú no... ¿No huyes de nosotros? ¿No quieres matarnos?-le preguntó Alec a su amigo.

-¡Claro que no! ¡Sois unas de las pocas personas que me caen bien! No dejaré que os quemen si antes yo puedo hacer algo para prevenirlo.

-Quemarnos... ¿N-Nos van a llevar a la... hoguera?-le preguntó Jane a Patricio.

-Eso es lo que dice el cura. Ha convencido a todos de que si no os queman pronto, será demasiado tarde para salvar al pueblo. Están locos.-explicó Patricio- Tranquilos, no le diré nada a nadie. Pero, ¿Se puede saber qué habéis hecho para que os quisiesen quemar?-les preguntó su ahora aliado.

Jane le explicó lo que le hizo a su madre adoptiva y él se quedó muy asombrado.

-¿Y qué vais a hacer?

-Queremos ir con nuestros... tíos biológicos, Aro y Sulpicia, pero no sabemos dónde están.-le contestó Alec.

Los tres escucharon a una muchedumbre que gritaba: "¡A la hoguera!" y los chicos se tensaron al instante.

-Alec, escapa.-le pidió Jane a su hermano con la vista apartada.

-¿Cómo que me escape? Jane, no te voy a dejar sola en una situación como esta.

-Alec, no es necesario que ambos suframos...-le explicó ella con suavidad- Fueron a mí a la que vieron utilizar su poder , no a ti, hermano.-volteó para ver a Patricio- Gracias por todo, Patricio... Eres el único amigo que he tenido en toda mi vida que no sea Alec, pero a la vez sé que eres el mejor que pudiese tener nunca.-Jane se acercó a Patricio y le dio un delicado beso en la mejilla- Gracias...

Patricio le sonrió. Una sonrisa triste, pero una sonrisa al fin y al cabo.

-Quédate alejado del pueblo Patricio, por tu bien.-le susurró Jane y se alejó un poco de los dos jóvenes- Hermano, no cometas la locura que sé que estas pensando. Por favor...

Jane se despidió de ambos y tomó una gran bocanada de aire.

Comenzó a caminar hacia donde escuchaba las voces. De repente, un golpe en la cabeza, un bastón quizás, un palo; y todo se volvió negro.

-.-

Jane despertó en la plaza del pueblo que estaba al lado de la iglesia. El aire olía a humo y a fuego: antorchas. No cabía duda ese era su fin.

-¡Ciudadanos! ¡Aquí tenemos a la bruja! ¡Jane Ricci, señoras y señores!-anunció el cura- Demos paso al sacrificio para que su alma se salve. ¡Peter! ¡Enciende el fuego!

Jane abrió los ojos como platos. Ella estaba al lado del cura, con las manos y los pies atados con fuertes cuerdas. ¡La iban a quemar! Jane volteó para ver al sacerdote.

-Me agradecerás por esto. Salvaremos tu alma.-le dijo él.

-¡Cállese viejo estúpido! ¡Usted no sabe nada de mi alma!-gritó Jane fuera de sí-Tal vez hoy muera, pero no moriré sin luchar.-exclamó la rubia y respiró hondo.

-¡Una vez te dije, y lo vuelvo a repetir, Jane! ¡Si tú caes, yo caigo contigo!-dijo una voz en la multitud. ¡ALEC!

-¡Alec! ¡Te dije que te salvaras!-le reprochó Jane.

Alec se acercó a ella y la tomó de las manos atadas.

-¿Acaso no te alegras de verme? No te he abandonado el día de nuestra muerte. Nacimos a la vez. Moriremos a la vez.-le dijo suavemente Alec a su hermana.

-Gracias.-le susurró Jane.

La gente no tardó en reaccionar y colocaron otra pila de paja para Alec. Era su hermano, por lo tanto, también debía de ser un brujo. En eso se basaba el pueblo para condenar a Alec también.

Ambos lloraban. Estaban agarrados de las manos pues aún no los habían separado. Pero aquello no duró mucho.

De repente alguien la cogió por la cintura y la alzó hasta la hoguera. Faltaba poco. Poco para su muerte. Y la de su hermano.Cómo desearía que paguen por sus errores... Nosotros no hemos hecho nada, pero el mundo es cruel y frío... pensó Jane.

-¿Unas últimas palabras brujo?-le preguntó el señor Moriarti a Alec.

-Solo quería decir que esto es una injusticia, pero que será un honor morir junto a mi hermana.-le contestó él fríamente.

-¿Y tú bruja?

-Ojalá haya alguien en este miserable mundo que os haga pagar, uno por uno, lo que nos estáis haciendo. Le estaría eternamente agradecida...-le contestó Jane con la misma expresión de su hermano.

La gente soltó un par de risas y una vocecilla de lo más irritable se escuchó entre la multitud.

-¡Ja! ¡Yo siempre supe que Jane era una bruja! ¿Qué me dices ahora eh, Jane? ¡Te van a quemar! ¡Jajaja!

-Si existe la reencarnación, Selenia, me ocuparé de matarte yo misma.-le dijo Jane manteniendo la calma.

-¡A LA HOGUERA!-gritó Selenia y los demás la corearon.

El señor Moriarti les prendió fuego a la paja y a la madera. Jane gritaba de dolor. Lloraba, chillaba, suplicaba, gritaba, seguía llorando… El fuego ya comenzaba a correrle por los pies y pronto subiría por las piernas.

A pesar del humo que había a su alrededor, Jane pudo ver a su hermano. Estaba serio sin gritar y sin llorar. Jane se alegró de ello; por lo visto, Alec podía utilizar su don con él mismo, así no sufriría. Jane también divisó seis sombras negras a lo lejos. No les prestó mucha atención.

La gente chillaba de emoción. ¡Habían matado a los brujos gemelos! ¡Qué ilusión! Por favor... Pero de repente, los gritos emanaban miedo y horror.

Las sombras negras se abalanzaban sobre la gente y dejaban de chillar.

-¡AHHH!-gritó Jane al notar cómo su muslo derecho se quemaba.

-¡ARO!-gritó una voz a lo lejos... Jane la reconoció, aunque le costó un poco concentrarse... Era, Sulpicia. ¿Sulpicia?-¡AROOOO! ¡LOS NIÑOS!


Espero que os gustase!

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