Nota/KG: Antes de comenzar con la segunda parte del Fict quisiera recordarles que los personajes que aquí se mencionan no son de mi propiedad (Aunque de verdad quisiera U) pertenecen a la Sra. J.K Rowling, autora de estos increíbles libros y que nos ató a este fantástico mundo.

Capítulo II

-¿Quieres quitar esa cara? – decía Ron por tercera vez en menos de dos minutos – Arruinas mi desayuno, y tu maldito humor me está contagiando.

Ginny miró fijamente a Harry, quien removía su desayuno de lado a lado y golpeaba la mesa con la punta de los dedos exasperado. Y él notó la mirada marrón sobre él, pero poco le importó. ¿Qué era lo que le ocurría? Toda la noche estuvo en vela, pensando que lo mejor para él era olvidarse de Hermione, ella merecía a alguien mejor, a alguien de su nivel, que compartiera los mismos gustos y pudieran discutir esos temas de interés hasta el cansancio. Pero no podía dejar de pensar en lo que sea que hubiera hecho Konner con Hermione anoche. Le hervía la sangre tan sólo de imaginar que ese canalla se atreviera tan sólo a tocarle un pelo a la castaña.

-Harry, ¿Qué te…

- Un mal día – dijo de golpe sin dejar que Ginny terminara de hablar. La miró con dureza como advirtiéndole que no diría ni una palabra más.

-Es todo tuyo – dijo la pelirroja a su hermano, lanzándole una mirada de indignación a Harry. Tomó sus cosas y se encaminó hacia la mesa de Ravenclaw donde Luna ya la estaba esperando. Ron lamentó su suerte, con el humor que se cargaba el ojiverde dudaba mucho que saliera ileso ése día. A él le pasaba algo. No le gustaba meterse en los asuntos de los demás y por ello siempre trataba de mantenerse al margen de las cosas aparentando que no se daba cuenta de nada. Pero no le gustaba nada ver tan acongojado a su amigo.

Bufó al terminar su desayuno, y al voltear hacia las puertas del gran comedor vio a Hermione dirigiéndose hacia ellos, más contenta de lo normal, lo que llevó a fruncir el ceño.

-Buenos días, chicos – saludó Hermione con una gran sonrisa dibujada en su sonrojado rostro. La mirada de intriga de Ron la obligó a carraspear con cierta incomodidad y tomó asiento a lado de un tenso Harry.

- Demasiado buenos diría yo, por lo que veo - comentó Ron a propósito, no sin antes dirigirle una rápida mirada a Harry, quien se mantenía impasible frente a ellos.

Y vaya que era difícil aparentar tanta serenidad cuando por dentro sentía que le quemaba el estómago, trataba de controlar la respiración que pedía a gritos salir como lo haría un toro enfurecido. Decenas de imágenes de Hermione y Konner se agolpaban en su mente, no podía dejar de pensar en ello, y le parecía absurdo que no pudiera controlarse.

Se levantó de golpe, tan rápido que hizo sobresaltar a sus amigos.

- Demonios, olvidé algo en el dormitorio. Los veo más tarde.

Salió del Gran Comedor como alma que lleva el diablo, golpeando en los hombros a algunos alumnos que pasaban por su lado, ganándose así unos cuántos insultos pero él siguió su marcha sin detenerse en lo más mínimo. Creyó necesaria esa excusa para librarse de un atormentante martirio, él era la única persona en quien confiaba Hermione y seguramente querrá contarle la fascinante cita que tuvo con ese engreído y él no tenía ni el más mínimo interés de saber lo ocurrido en su estúpida cita.

Hermione lo había seguido con la mirada hasta verlo salir. Inmediatamente su vista se fijó en el pelirrojo buscando alguna respuesta.

-No me preguntes a mí - anunció encogiendo sus hombros.

-De la manera más atenta te voy a pedir que la próxima vez que abandones el Gran Comedor de esa manera me avises para salir contigo – le reclamaba Ron un poco molesto – ¡Hermione me sofocaba con sus preguntas! – se aclaró la voz y habló con la voz más aguda que tenía – "¿Qué le pasa a Harry? ¿Qué le has hecho?, lo conozco muy bien y el mentía" Te digo, hombre, avísame la próxima vez. Te juro que estaba apunto de arrojarle la ensalada de manzana en su rostro. Y el resto del día no hizo más que culparme.

- El día terminó por fortuna ¿No? - dijo, sacándose la camisa con rapidez y aventando sus anteojos a la cama. Se colocó la parte superior del pijama y le sonrió a Ron con descaro- Buenas noches

- Te estás comportando como un verdadero idiota - escupió por fin Ron, dándole la espalda a su amigo. Escuchó un gruñido y supo que había dado en el clavo.

- No se de que demonios hablas.

-¡Claro que sabes de qué hablo! – exclamó en voz alta sin miramiento, por fortuna sus compañeros de cuarto aún seguían en la sala común terminando sus deberes – Por poco y echas a perder la poción Embellecedora que tanto trabajo nos había costado y todo por no seguir las instrucciones de Hermione, mandaste a volar a la loca de Trelawney, le replicaste a la profesora McGonagall – dijo a la vez que contaba con sus dedos - ¡Ah, y por si fuera poco! Hoy casi te dan con dos bludgers, perdiste la snitch seis veces y chocaste conmigo al volar y por tu bien espero que no brote ningún moretón. No se tú, pero yo a eso le llamo comportarse como un idiota.

-¿Es todo? ¿Has terminado? - Ron abría y cerraba la boca sorprendido por la actitud tan inmadura de Harry que no pudo decir nada- Bien, eso creía – Lo miró por última vez y le alzó las cejas en señal de triunfo y le cerró el dosel en las narices.

-¡Ah, no! En todo el día no hemos hablado, nos has ignorado a mí y a Hermione, es hora de aclarar unos puntos importantes – dijo abriendo los doseles.

-O te duermes, o yo mismo te dejo inconsciente para que de una buena vez cierres la boca.

-Sé que no te atreverías – dijo Ron con una sonrisa y sentándose en su cama, frente a Harry.

- Sólo… - se detuvo, con la mirada afligida. Ron tenía razón, pero habían sido esos endemoniados impulsos de ahorcar a Konner que nacían cada que miraba los ojos de Hermione irradiando felicidad, le martirizaba saber de primeras que él no era la causa de esa alegría que brotaba hasta por sus poros - …déjame dormir, quieres.

-De acuerdo, Harry, sólo hazme caso… tú mismo te estas dañando, y no sólo a ti.

-Buenas noches.

Harry cerró los doseles de su cama de nuevo, sus ojos también se cerraron al instante disponiéndose a dormir pero sin saber que las palabras de Ron no lo dejarían tomar el sueño.

La segunda semana de clases había transcurrido normal, tan normal como el odio de Snape hacia los Gryffindor. Harry aprovechaba la tarde libre de labores escolares y libre de castigos, caminando alrededor del lago con las manos en los bolsillos y pateando las piedras que estorbaban su camino.

Sintió pasos detrás de él, pero no se molestó en voltear pues sabía perfectamente de quien se trataba, reconocía ese caminar y esa placentera fragancia que estaba muy seguro podría distinguir a cientos de metros de distancia. Apresuró el paso aún sabiendo que la debía enfrentar.

Había sido un cobarde toda la semana, cuando había la oportunidad se escondía de Hermione, pretextos decía cuando cruzaba palabra con ella y ahora se sentía acorralado.

-Harry – El chico seguía avanzando mientras la castaña le hablaba con insistencia – Harry…

Harry simplemente no se detenía.

-¡Harry! – gritó Hermione impaciente, le molestaba bastante el ser ignorada y Harry lo sabía.

El chico de los anteojos dio media vuelta y detuvo su mirada en el lago, aún con las manos en los bolsillos.

-Sabes muy bien que eso me molesta – le enfrentó Hermione tratando de ser lo más amable posible con él. No quería tener ningún arrebato, por miedo a no solucionar las cosas.

-No te entiendo

-A lo que has hecho toda esta semana, Harry ¡Mírame!- exclamó esta vez bastante molesta, era imposible hablar con él cuando no le miraba a los ojos.

Harry miró el hombro de su amiga, ella lo estaba intimidando y mucho. Se sentía pequeño cuando Hermione tenía motivos para enojarse con él, el silencio de la castaña le quemaba por dentro así que la miró a los ojos con timidez.

Había extrañado ver su rostro con detenimiento, justo como lo estaba haciendo ahora, sus bellos ojos y sus exquisitos labios lo estaban provocando, pero no debía cometer ninguna estupidez.

-¿Qué tienes que decir al respecto?

Sólo por poseer una belleza angelical no se dejaría acobardar tan fácilmente

-¿De qué diablos hablas? - los últimos días había pensado en que quizá si él actuaba como un cerdo con ella, podría ganarse el enojo de Hermione y con ello, ganar espacio y tiempo para darse a la idea de que ellos eran simplemente amigos.

- ¿Disculpa?

Por un momento Harry quiso reír, parecía un juego de preguntas. Pero se mantuvo firme ante la seria mirada que Hermione le dedicaba.

- Me has evitado como a la peste toda esta semana y no me vengas con que no ocurre nada porque te conozco lo suficiente - Hermione suspiró con pesadumbre, jugando con sus manos nerviosamente. Intentó pasar saliva pero un nudo en la garganta se lo impedía - Me has rechazado y es bastante obvio, incluso para los profesores.

- Creo que estás siendo un poco paranoica – Harry la miró seriamente y Hermione echó la cabeza hacia atrás negando y para sonriendo con cinismo.

- ¿Sabes qué? Está bien - alzó las mano en señal de derrota, dándole la razón a sabiendas de que algo le pasaba a su amigo - Sigue actuando como un estúpido, y cuando te pase la fiebre… hablaremos como personas civilizadas.

Sin decir más, Hermione se dio la vuelta hacia el castillo. Harry sintió una punzada fuerte en el estómago y no se atrevió a mirarla pues sabía que correría hacia ella a pedirle disculpas, pero era algo que no haría por el momento.

-Tranquilízate, Harry – le decía Neville temeroso, Harry abrió la puerta fuertemente sin fijarse que había golpeado sin querer a Seamus con ella y ahora se sobaba su frente.

-¡Demonios! - se quejó Seamus.

-Dean, llama a Ron – De pronto vio volar una cosa verde frente a Seamus que pegó contra la pared y cayó al suelo lentamente – ¡Trevor! – corrió hacia él y lo tomó con cuidado en sus manos - Controla un poco tu magia, ¿Quieres?

Enseguida el tintero que Dean estaba por guardar se rompió en mil pedazos, manchando su cara entera y la camisa por completo de azul. La carcajada de Seamus resonó en la habitación.

-Estoy seguro que con un baño de agua caliente se me quitará, en cambio tú llevaras con la frente en alto ese gran chichón que no tardará en salir – ahora quien rió fue Dean.

-Dejen de reñir y llama a Ron antes de que a alguno de nosotros salga disparado por la ventana.

No pasaron ni dos minutos cuando se abrió de nuevo la puerta dejando entrar a Ron y a Dean.

-Este pitufo me dijo que Harry se estaba volviendo loco – no pudo evitar reír de su propio chiste, pero al ver la condición deplorable en la que se encontraba su amigo dejó de hacerlo. - ¿Les molestaría salir unos instantes, chicos? Debo hablar con Harry.

Los tres chicos asintieron en silencio y salieron rápidamente de la habitación, Ron se aseguró de que ninguno pudiera escuchar su conversación y le echó un hechizo a la puerta.

-¿Qué es lo que ocurre ahora, Harry? Dime que no es Hermione porque te rompo la cabeza a escobazos.

- ¿Tú que crees? - le respondió con ironía.

- He visto antes a Hermione cerca del despacho de la profesora McGonagall de regreso a la Sala Común, con los ojos hinchados.

- No le hice nada, si es lo que tú piensas - Ron arqueó una ceja sin creerle - Simplemente trató de hablar conmigo y admito que no me comporté como debería, pero nunca fui majadero con ella.

- Razón suficiente como para que ande por el castillo tal como Myrtle La Llorona. No sabes lo lastimada que se ve.

-¡No le he hecho absolutamente nada, Ron!

- Exacto, ni ser un amigo para ella. - le reprochó y Harry sabía que tenía razón - La animé a buscarte para ver si así te ablandabas un poco y dejabas de ser un bebé, pero al parecer no resultó. Yo sólo trato de ayudar ¿Sabes? - El ojiverde le sonrió con sinceridad - Y te reñiría más pero no hay tiempo, debes darte prisa antes de que el corazón de Hermione se endurezca aún más y tarde en perdonarte

Ron lo tomó por el brazo, abrió la puerta y lo echó fuera de la habitación hacia las escaleras. Harry le miraba ceñudo, seguramente pensando que ahora el loco era él.

-Te dejaré pasar cuando te hayas reconciliado con Hermione, de lo contrario esta noche dormirás en la sala común– y cerró la puerta estrepitosamente.

Ron tenía razón, debía pedirle disculpas a Hermione por su comportamiento inmaduro y terco. Toda la culpa fue de él, y pensar que todo había iniciado por unos estúpidos celos.

Su suerte no podía ser mejor, al llegar a la sala común Hermione atravesaba el cuadro de la Señora Gorda, sin embargo, la descripción de Ron era errónea, no veía ningún rastro de que ella hubiese llorado.

Hermione no se había percatado de la presencia de Harry hasta que una cálida mano tomó la suya impidiéndole seguir. Se dio la vuelta y bastante sorprendida se encontró con quien en esos momentos no quería hablar.

Hermione intentó soltar su mano, pero Harry la sostuvo firmemente.

-¿Te molestaría soltarme? Tengo cosas más importantes que hacer - Hermione se soltó del agarre con bastante fuerza sorprendiendo a Harry.

- No estás siendo muy civilizada ahora - expresó con sorna. Pero Hermione le dio la espalda para tomar camino a las escaleras de las chicas y dispuesta a dejarlo solo. - Lo siento. - La castaña no muy segura se detuvo en el primer escalón, pero aún sin darle la cara - Siento haberme comportado como un idiota toda esta semana, y siento mucho si te hice sentir mal allá abajo.

-No basta con decir "lo siento", Harry, me has herido, supongo que debes tener algo mejor que eso - dijo con dureza, mientras se daba la vuelta para encararlo.

-Probablemente. Si te sirve de algo mi sinceridad…

-Estoy lista

- Ron me dijo que te estuviste rompiendo la cabeza preguntándote qué habías hecho mal para que yo no te dirigiera la palabra. Y me sorprende que siquiera te lo hayas planteado, que boba. – Harry sonrió abiertamente cuando ella escudriñó los ojos al llamarla boba – Jamás has hecho nada malo y se que nunca lo harías - ahí había terminado parte de su sinceridad. Se mantuvo en silencio y apretó sus labios mientras buscaba una buena excusa en su cabeza - He tenido pesadillas - Hermione de pronto abrió la boca para cuestionarlo pero él no la dejó - Nada de qué preocuparse, simples pesadillas de lo que pasó en la batalla y no quería molestarlos con eso. Así que traté de estar solo para pensar.

En realidad no era mentira. Casi cada noche soñaba con el último enfrentamiento que sostuvo con Voldemort el año pasado, que ciertamente lo tenía acongojado pero no al grado de alejarse de sus amigos.

- No debiste alejarte de nosotros. Para eso son los amigos, bobo - dijo la castaña divertida, pero sin dejar de preocuparse - Eres muy fuerte Harry, y nos lo demostraste a todos. Prométeme que la próxima vez que tengas una pesadilla me lo dirás y no irás corriendo a esconderte a los terrenos.

Hermione rió y sin esperárselo, Harry sintió los delicados brazos de la castaña alrededor de su cuello y sin saber qué hacer colocó sus manos en su cintura con nerviosismo, y como si quemara, las subió y comenzó a palmearle la espalda amistosamente cuando en el fondo le hubiera gustado que no fuera de esa forma.

- Y tú prométeme que no andarás cual Myrtle La Llorona por los rincones del castillo - Hermione se deshizo del abrazo para propinarle un golpe juguetón en el brazo.

- Ese chismoso de Ron - y de pronto, recordó que tenía algo muy importante que decirle -Perdón por exaltarme de esa manera – Harry le iba a interrumpir para decirle que no importaba, que él también lamentaba su comportamiento pero Hermione se apresuró – Por lo de Ron ya no te preocupes, no se lo tomó muy bien, pero al menos no se opuso

-¿A qué te refieres? - le preguntó, descolocándolo del todo.

-Supongo que no te enteraste, pero mejor así, seré yo quien te lo diga – Harry seguía sin entender ni una sola palabra. De pronto se sonrojó, tomó aire y le dijo muy emocionada - Estoy saliendo con Edward.