Disclaimer: Rachelle, Patricio y Selenia y su cohorte son MIOS pero los demás le pertenecen a , la trama es MIA =)
Capitulo 21: Peleando con chuchos y vuelta a casa
La historia de Jane
Jane se acercó a Athenodora, que se había colocado en postura de ataque, y la cogió de la mano mientras susurraba: "no así Athenodora, nos matarán a todos".
La vampira asintió y Jane le hizo un gesto a Alec para que entrara en acción con su don. Tenía que tener cuidado ya que solamente debía de quitarle los sentidos a las bestias peludas, no a los integrantes de su familia y eso era muy difícil ya que se movían rápidamente.
-¡Ah!-gritó Cayo. Un licántropo había conseguido arrancarle algo de su cuerpo... tardaría en arreglarlo.
Athenodora sintió que el corazón se le partía en mil pedazos con aquel alarido de dolor. Su rostro reflejaba ira, MUCHA ira, pero sobre todo, sed de venganza.
-¡Cayo!-gritó y el Vulturi volteó a verla con una extraña mueca entre dolor y confusión.
Ella saltó directamente, sin nigún temor, hacia la lucha y con un puñetazo envió varios metros más allá al lobo que le había arrancado parte del brazo a Cayo. Después miró con preocupación a su marido y volvió a pelear con lobo que no había tardado en recuperarse del golpe.
-Vaya...-susurró Jane con admiración- eso sí que es amor del puro.
Cinco de los diez lobos cayeron estrepitosamente al suelo y Jane salió de su "trance" para sonreirle a Alec. Su don había funcionado.
-¡AGHH!
-¡DEMETRI!
Jane corrió a la velocidad de la luz hacia el licántropo que había atacado a su amado y lo lanzó lejos gracias a su fuerza de neófita. Después lo miró fijamente y pronunció su más preciada palabra: Dolor.
El lobo gris yacía en el suelo aullando adolorido.
Los otros chuchos de la manada escucharon su aullido y trataron de acudir en su ayuda pero los Vulturis no les dejaron. Félix luchaba contra un lobo negro, Cayo contra uno de color cobrizo sin perder de vista a su mujer, la cual peleaba contra otro lobo gris. El licántropo que había atacado a Cayo había muerto a manos de Athenodora.
-Dolor. ¡Dolor!-decía Jane disfrutando en su tortura. Recordó la vez que torturó a Selenia. Hm, podría ser parecida aquella ocasión.
Alec ayudó a Demetri a levantarse del suelo y a recolocar su pierna. Jane sonrió, dejó de torturar al lobo y con un simple giro de muñeca, le arrancó su peluda cabezota. La neófita soltó una musical risa de niña endemoniada mala, mala, mala, y se acercó a su hermano y novio.
-¡Jane!-la llamó Demetri y ambos se abrazaron- No sabes lo preocupado que estaba por ti. No sabía que estabas aquí hasta que te lanzaste sobre aquel chucho. ¿Qué haces aquí?
-Ayudamos a Athenodora.-contestaron los gemelos con fingida inocencia.
Los otros tres Vulturis acabaron con los "animales" y sonrieron satisfechos.
Cyo miró a su esposa con reprobación, pero con un brillo de agradecimiento detrás de su iris color borgoña. Ella sonrió de lado como si estuviera avergonzada pero orgullosa de lo que había hecho y lo abrazó.
Los cuatro miembros de la guardia se quedaron algo atontados, por así decirlo. Las muestras de afecto no eran muy frecuentes en la pareja rubia que tenían a unos pasos.
-Te dije que no debías ir a matar licántropos, Cay.-le dijo la vampira a su esposo.
-Sé que no te hice caso, y lamento todo aquello que te dije.-tomó el rosotro de su mujer entre sus manos y sonrió burlonamente- No te librarás de mi tan facilmente, mi vida.
Ambos rieron y se besaron dulcemente.
-Esto es algo que no se vé todos los días.-les dijo Félix a sus compañeros y éstos asintieron.
- En Volterra en la habitación de Aro & Sulpicia... -
-¡¿Pero cómo que has dejado que Athenodora vaya con Jane y Alec en busca de Cayo?-gritaba Aro. Estaba tan enfadado que siendo humano ya estaría rojo- ¡¿Pero en qué pensabas Sulpicia? ¿Y si de repente necesitaba a Jane y Alec y éstos no estaban, eh? ¡No puedes dejar que se vayan! ¿Y si les pasa algo?
-Yo... pensaba... que... yo... ah... A... Aro...-a Sulpicia no le salían las palabras- Est.. Estoy, segura de que... no les ha pasado nada, Aro... Pero... compréndeme, no podía dejar que Athe fuera sola.
-¿Y quién le mandó a Athe preocuparse tanto por Cayo? ¿No podía quedarse esperándolo?
Sulpicia lo miró incrédula. ¿Pero qué le pasaba? Al escuchar lo que dijo, ella agachó la mirada y sentada en la cama, en su cuarto, junto a su marido que no paraba de quejarse, susurró:
-Si hubieses sido tú el que peligraba, yo no habría dudado en ir a ayudarte.
Aro paró de soltar tonterías por su boca al oír el casi inaudible susurro de su esposa y la miró fijamente reparando en el efecto que sus palabras habían tenido en ella.
-Mi dispiace, amore mio. Non era mia intenzione... Perdonami.-le susurró Aro en italiano sentándose en la cama a su lado- A veces, me descontrolo, ya lo sabes. No quería herirte, Sulpicia.
-Lo sé, Aro. -suspiró.
-En la entrada del palacio-
Didyme había visto correr a los Vulturi que volvían desde Rusia y se había dirigido hacia la entrada del Palazzo dei Priori junto a Heidi, la cual, había acudido a ella preocupada por su Félix.
-Ya estáis aquí.-los saludó Didy sonriendo.
-Hola, Didyme. Sí, estamos vivos y enteritos por suerte.-le contestó Jane correspondiéndole a la sonrisa.
Heidi se abalanzó sobre Félix y se abrazaron. Athenodora y Cayo estaban tomados de la mano y Didyme reparó en ello.
-Increíble.-dijo ella con una sonrisa burlona- ¡Cayo sabe ser cariñoso!
Jane, Demetri, Athenodora y Alec rieron por el comentario de la Vulturi y Cayo simplemente sonrió de lado. Tomó a Athenodora de la cintura y sin decir nada los dos se fueron hacia algún lugar en el castillo.
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