Disclaimer: Rachelle, Patricio y Selenia y su cohorte son míos al igual que la trama del fic, el resto de los personajes son de S. Meyer.
Capitulo 22: ¿Prometidos?
LA HISTORIA DE JANE:
Unos días más tarde, los Vulturis ya se habían acostumbrado a ver a la niña inmortal, Rachelle, paseando por los jardines del palacio; a veces acompañada por alguna mujer y otras veces sola. Los maestros habían decidido dejarla en "libertad condicional", para ver que tal se le daba vivir con los de su especie.
Las tres esposas eran muy propensas a estar con la criatura. Era como si un instinto maternal las llamara, por así decirlo, y tuvieran que ir con ella. La que más tiempo pasaba jugando o paseando, o incluso comiendo con Rachelle era Sulpicia. Y Aro comenzaba a preocuparse.
Le había dicho a su mujer que lo mejor era no encariñarse demasiado con la niña inmortal, pues, aún no sabían exactamente si la matarían, o si seguirían estudiándola varias décadas o siglos más. Didyme y Athenodora también pasaban tiempo con ella, pero no tanto como Sulpicia. Ellas simplemente la acompañaban a pasear por el jardín durante un rato, para después acompañarla a su dormitorio. Peor Sulpicia se quedaba horas y horas hablando y paseando junto a ella.
-Eso tiene que acabar.-susurró Aro- ¡Jane!-gritó.
La rubia vampira se dirigía a los calabozos en los que tenían las reservas de sangre. Pasó por la puerta que daba al salón de los tronos y escuchó que Aro la llamaba. Sin pensarlo dos veces, entró a la sala decidida y se arrodilló ante él.
-Hola Aro, ¿en qué puedo ayudarte?-preguntó.
-Hola querida. He estado observando que Sulpicia pasa demasiado tiempo con la niña Rachelle. Temo que se haya encariñado mucho con ella y que cuando llegue el momento de matarla, se interponga. ¿Podrías hacer algo, Jane?
-No lo sé. El amor materno es muy difícil de vez si paso más tiempo con ella, olvide a Rachelle. ¿Las investigaciones con Carlisle van bien?-preguntó Jane, que ya se había acercado al trono de Aro.
-Sí, hemos avanzado mucho. Cuando Rachelle está contenta después de una caza es fácil analizarla y hablar con ella. Pero muchas veces se enfada, y entonces no hay quien la pare. Hemos tratado de que se aprenda las normas de los vampiros y que las respete. Pero ha sido en vano.-Aro soltó un suspiro.
Jane miró atentamente a su maestro y sonrió de lado, él era como... su figura paternal, podría decirse, como el padre biológico que nunca tuvo. Aro se dio cuenta de la mirada de la neófita y también sonrió.
-No os preocupéis maestro. Arreglaré las cosas, confiad en mi.-le dijo y con una reverencia se dirigió a la puerta.
-Muchas gracias, mi niña.-le ocntestó él en un susurro.
Jane caminó hacia la habitación de Demetri siguiendo su aroma, siempre tan dulce pero sin llegar a ser empalagoso. Al entrar al cuarto lo encontró leyendo un libro llamado "Poemas, canciones, viva el romance".
-Hola, Jane.-la saludó dejando a un lado el libro.
-Hola, mi vida.-contestó ella y se sentó en el regazo de su novio.
Lo besó en los labios tiernamente, que luego pasó a ser más pasional e íntimo. Jane aún no cabía en sí de la alegría de encontrar a un vampiro tan perfecto como lo era Demetri, SU Demetri.
-Te amo, Dem.
-Cásate conmigo.-le pidió él.
-¿Qué?
-Cierto, aún eres muy joven... Más bien... Sé mi prometida, Jane Vulturi. Te lo suplico. Dame esperanza para que en un futuro puedas ser mi esposa.
-¿Tu... esposa? ¿Yo?-preguntó.
Casarme con Demetri. Pensó ella. La idea no era mala, al contrario, era estupenda. Perfecta. Maravillosa. El mejor plan que podía habersele ocurrido a su media naranja.
-Claro que sí, mi amor. Jane Vulturi será la prometida de Demetri Vulturi.-contestó alegremente.
Demetri no podía dejar de repetirse ese "Claro que sí, mi amor" en su cabeza. ¡Le había dicho que SÍ! La besó. La besó como nunca antes lo había hecho, con tanta felicidad que podría jurar que hasta la mismísima Didyme, que era pura alegría, no sería nada en comparación.
-Venía a verte por otra cosa, también.-le dijo Jane cuando acabaron de besarse.
-Dime.
-Aro me ha pedido que trate de distanciar a Sulpicia de la niña inmortal. Teme que se encaprichee mucho con ella y cuando vayan a matarla, se interponga y se niegue a su muerte.-le contó ella.
-¿Y qué piensas hacer?
-Distraerla. Tal vez éste tema de que somos prometidos la aleje un poco de Rachelle. Pero algo hay que hacer.-concluyó Jane y ambos salieron disparados hacia el jardín.
Allí debajo de un sauce llorón, estaba Sulpicia, y cómo no, Rachelle. Ambas hacían pulseras con las margaritas del suelo. Era una escena muy tierna, como si fueran madre e hija. ¿Jane, pero en qué estás pensando? Se reprendió a sí misma. A Sulpicia no le convenía estar cerca de la niña inmortal. No.
Jane se alisó las arruguitas de su vesido negro con las manos y le susurró a Demetri: "No te dejes llevar por la niña, ya sabes lo que puede provocar en los demás. Tú ve con ella y yo iré con Sulpicia".
Después de aquello, los dos cogidos de la mano se dirigieron hacia las vampiresas que hablaban felizmente.
-Hola Sulpicia, Rachelle.-saludaron al unísono.
-Buenas tardes.-saludó la esposa.
-Rachelle, -le habló Demetri dulcemente a la niña- Aro ha mandado que te enseñemos otra parte del castillo, en la que tenemos comida. Tal vez tengas hambre. ¿Quieres tomar un aperitivo?
-Sí.-contestó ella y se levantó- Adiós mami Sulpi.-le dijo y se despidió de ella con un beso en la mejilla.
¿Mami Sulpi? ¿Acaso para Rachelle Sulpicia era como su madre adoptiva?
Jane se sentó enel suelo junto a su tataratía y le sonrió. Las dos miraban el suelo, lleno de pulseras, collares y diademas de margaritas blancas.
-Así que... ¿Mami Sulpi?-preguntó.
-Sí. Para ella soy como su madre, ¿no es maravilloso?-contestó ella feliz de la vida.
-Ehh, ¿sabes por qué estoy tan feliz?-le preguntó la rubia esperando que ella pusiera su atención en el tema y no en la niña inmortal.
-Dime, Jane. ¿Por qué?
-¡Demetri me ha pedido en matrimonio!-le dijo alegre.
-¡Oh, eso es maravilloso, Jane! ¿Y qué le has contestado?
-Bueno, lo cierto es que sólamente nos hemos comprometido. Soy la prometida de Demetri Vulturi, pero todavía no nos casaremos. Demetri dice que soy muy joven.
-Eso es verdad.-respondió Sulpicia- Pero aun así me alegro de que mi niña esté prometida.
Jane sonrió y ambas se abrazaron.
-¿Aún sigo siendo tu niña?-le preguntó.
-Tu siempre serás mi niña, Jane; da igual cuantos siglos tengamos encima, siempre serás mi pequeña, siempre.
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