Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer y la trama de la historia es MIA =)

Capitulo 23: Celos de hija.

LA HISTORIA DE JANE:


Jane y Sulpicia estaban sentadas en el suelo hablando del futuro matrimonio de la primera y Demetri. Mientras tanto, unos ojos rojos las miraba celosa desde una ventana: Rachelle.

-¡ARO!-chilló la niña con todas sus fuerzas.

El vampiro escuchó la llamada y se dirigió hacia el lugar de donde venía el grito. Demetri, Carlisle y Cayo también acudieron hacia allí.

-¿Qué ocurre Rachelle?-preguntó el líder Vulturi con voz calmada.

¿Quién es esa chica?-preguntó ella señalando a Jane por la ventana.

-Es Jane.-contestó él- ¿Por qué lo preguntas?

-¡¿Y qué hace con mi Mami Sulpi?

-¿Mami Sulpi? ¿Sulpicia?-preguntó Aro- Pues qué va a hacer Jane con Sulpicia, hablar. Hacerle compañía.

-¡Pero Mami Sulpi es MI Mami Sulpi! ¡DE NADIE MÁS!

Rachelle estaba fuera de sí. Furiosa, muy furiosa, salió corriendo de la habitación y llegó al jardín. Se acercó a donde estaban las vampiras y cogió a su "mami" de la mano.

-¿Qué te pasa preciosa?-le preguntó Sulpicia preocupada.

-Mami Sulpi no me va a dejar ¿verdad?-puso cara de cachorrito y Sulpicia no pudo resistirse esa expresión.

-Claro que no.

-Pues deja de estar con esa.-dijo Rachelle mirando con desprecio a Jane.

La rubia gruñó interiormente y con una mirada altanera se alejó de allí para marcharse hacia su habitación.

Alec caminaba por el ala este del castillo cuando por el camino se encontró con Didyme que buscaba a Marco. La esposa estaba preocupada, tenía la mirada algo perdida pero al ver a Alec le sonrió amablemente.

-Buenos días Alec, ¿por casualidad no habrás visto a Marco por aquí verdad?-dijo Didyme.

-No, no lo he visto. ¿Es por él que estás así de preocupada?-contestó él.

-¿Tanto se me nota? -Didy suspiró- Es que no noto ni un ápice de Felicidad en este castillo. No es normal. Y quería hablar con Marco para saber si él ya se había dado cuenta.

De repente escucharon un grito desde el jardín: "¡Pero Mami Sulpi es MI Mami Sulpi! ¡DE NADIE MÁS!"

-Y esa, es una de las razones por las que en el palacio haya tan poca felicidad.-concluyó Didyme y con una sonrisa triste se despidió de Alec para caminar a paso humano hasta su habitación.

Alec también se dirigió hacia su habitación (que aún compartía con Jane) y se dejó caer en su silllón como si fuera un humano que ha trabajado por varias horas en el campo. A los pocos minutos Jane entró al cuarto enfadada.

-¿Qué ocurre hermana?

Jane no contestó. Se tumbó en su cama, que era de decoración pues nunca volverían a dormir, y Alec se levantó del sillón para recortarse al lado de su gemela.

-Esa niña me odia.-habló Jane en un susurrro- He visto cómo se lleva a Sulpicia, como si ella fuera "suya" y de nadie más. Temo que comience a hacer lo mismo con los maestros y al final me pongan de patitas en la calle y tenga que vivir lejos de Volterra, de ti y de Demetri...

-Jane, eso no pasará. No se por qué le tienes tanto miedo a esa chiquilla, sabes que eres la preferida de Aro con diferencia.

-No es que tenga miedo Alec. Pero, no quiero que por su culpa haga que me separe de Sulpicia. Tú bien sabes que es como una madre para mí.-contestó la rubia.

Alec se giró a ver a su gemela. Tan distinta y tan parecida a la Jane Ricci que una vez conoció. Jane Vulturi, la vampira de ahora, parecía una humana indefensa con ganas de llorar. Y eso no se podía permitir.

-Hermana, no permitas que Rachelle te ponga así. Es una cría, por así decirlo. Tiene cinco años, los niños a esa edad cuando quieren algo patalean, patalean y gritan y lloran hasta que lo consiguen. Y ella quiere a Sulpicia, igual que tú, la ve como una madre.-explicó Alec- No dejaré que Jane Vulturi se ponga así por una tontería; pareces una humana. No me explico cómo siendo humana parecías más fuerte que ahora.

Jane se levantó de la cama y abrazó a su hermano. Tenía razón. No merecía la pena estar así por semejante idiotez. Le dio dos besos en las mejillas a Alec y salió corriendo a velocidad vampírica siguiendo el aroma de Demetri.

Cuando por fin encontró a su amado lo besó en los labios y lo tomó de la mano para ir caminando a paso lento hacia la sala de los tronos.

Allí estaban los tres maestros sentados en sus respectivos tronos, la guardia permanente, Carlisle, dos esposas en una esquina de la sala y la otra tomada de la mano de la niña inmortal. Heidi no tardaría en llegar con la pesca del día. Jane ya podía oler el rico aroma a rosas de la vampira y el otro aún más delicioso de la sangre humana.

Las puertas se abrieron y una masa de humanos entraron seguidos por Heidi que sonreía satisfecha al ver los rostros de aprobación de sus maestros.

Todos los vampiros se abalanzaron hacia los humanos que gritaban de miedo. Rachelle acabó con la mitad de todos ellos, dejando así un humano para cada vampiro.

Jane miró a Marco que hablaba en susurros con Didyme algo alejados de los demás. Ambos asintieron y la mujer caminó hacia Aro que acababa de terminar de comerse a su humano.

-Aro... la niña, has visto cómo se ha portado, no puedes dejar que siga así. Lo único que conseguirás es que Sulpicia se enfade contigo cuando la mates tarde o temprano.

Aro miró a su mujer que estaba bebiendo la sangre de un hombre pelirrojo.
Y asintió.

Jane sonrió y acabó de tomarse a su humano.


¿Reviews?

¡Sólo quedan tres capítulos para el final! :D