Este capítulo tiene más de 3000 palabras, a ver si compensa la espera ;)

Disclaimer: Casi todos los personajes son de S. Meyer.

Capitulo 25, epílogo: La boda.


La historia de Jane


Cayo y Athenodora caminaban cogidos de la mano por la galería de la sala norte del palacio. Desde el incidente con los licántropos, ambos habían estado más unidos. Sintieron como algo parecido a un terremoto se acercaba a ellos, y medio segundo después estaba delante suyo:

-Cay, querido cuñadito, me temo que tendré que robarte a Athe un momento.-le dijo Didyme sonriendo de oreja a oreja.

-He visto de todo hasta ahora, pero esa sonrisa es difícil de lograr... ¿que ocurre Didy?-le preguntó el rubio.

-¡JANE SE CASA!-chilló y luego bajo la voz más calmada- Es raro que aún no lo supierais, con todos los gritos que ha pegado Aro en cuanto se lo dijeron...

-¿Y para qué me necesitas? -preguntó Athenodora- Es que Cayo y yo estábamos planeando hacer algo hoy por la tarde...

Didyme la cortó.

-No pongas excusas, bonita. Además, tenéis toda la eternidad para hacer planes sobre hacer algo a la tarde o lo que sea que hagáis. Te necesito para que me ayudes a elegir el regalo de bodas y para hacerle el vestido a Jane.-contestó ella.

La rubia suspiró observando su derrota y le sonrió a Cayo a modo de disculpa.

-Ve. No te preocupes por mí, querida. Además, creo que Aro me andaba buscando...-contestó él.

Besó a su mujer y dejó que se largara con la pequeña terremoto de Didyme.

Una vez alejadas de allí siguieron el aroma de su "hermana mayor" y cuando se acercaban al cuarto de Aro y Sulpicia, Didy le comentó con una sonrisa traviesa:

-Nunca había visto a Cayo tan cariñoso contigo, hermanita... bueno, una vez solamente: después de la boda, cuando os fuisteis de luna de miel. Me pregunto a qué se deberá tanta felicidad...-añadió con sorna.

Athenodora sonrió y le tapó la boca a su cuñada para evitar que dijera algo más embarazoso aún. Llamó a la puerta y Sulpicia la abrió unos segundos después. No pasó por alto la sonrisa de oreja a oreja que la pequeña llevaba en el rostro (y que seguramente llevaría durante el resto del día).

-¿Qué queréis?-preguntó dejándolas pasar a la habitación.

-Necesitamos que diseñes el vestido de bodas de Jane. Eres la mejor modista de toda Italia, créeme lo he comprobado.-contestó la hermana de Aro riendo- Se casa dentro de dos meses, así que estamos algo ajustadas de tiempo.

-Vale. -aceptó ella- Le diré a Jane que me acompañe a la calle a por las telas de su vestido.

La aludida no estaba muy lejos de allí. Se encontraba en la biblioteca junto a Renata y Heidi y escuchaba atenta cómo ellas le contaban todo sobre sus respectivas bodas... ambas eran las damas de honor de Jane y hacían su trabajo.

Le explicaron cómo debía caminar, a cuantos pasos tenía que estar de las damas de honor, lo recta que debía de estar pero sin llegar a ponerse rígida, las palabras que debía decir cuando el cura, Marco, le dijera lo de "¿aceptas a Demetri por esposo?"... Y así estuvieron hasta que la puerta se abrió y las esposas entraron allí.

Le comunicaron a Jane que debían ir a por las telas de su vestido y ella se sintió muy agradecida al saber que Sulpicia iba a diseñarlo para ella.

-Muy bien, vámonos.-contestó ella- Renata, Heidi, explicadle a Athenodora y a Didyme lo de el banquete por favor, necesitaremos ayuda.

Las dos vampiras salieron de allí y siguieron el aroma del líder de los Vulturi, ya que no podían salir del castillo sin su permiso.

-Muy bien y tu traje, Demetri lo podríamos comprar en Milán, o si lo prefieres podría hacerlo Sulpicia.-decía Aro en el salón de lo tronos, donde estaban reunidos los antiguos, Alec, Demetri, Félix y Santiago.

Y hablando de la reina de Roma, o Volterra en este caso, allí apareció junto a Jane. Todos se callaron. La pareja aún seguía con sus problemas matrimoniales, pero parecía que hubiesen hecho un trato para no estropear la boda de Jane y Demetri.

-Aro, veníamos a pedirte permiso para poder salir al pueblo a comprar las telas para mi vestido.-le dijo Jane a su maestro.

-Claro que podéis ir.-respondió- Pero tal vez deba de acompañaros alguien.-Aro miró a su alrededor pero todos fingieron estar atareados con los preparativos de la boda o ayudando a Demetri- Bueno, ya os acompaño yo.

Sulpicia se acercó a Demetri y lo miró de arriba a abajo analizándolo.

-El negro le quedaría bien, pero yo creo que un color gris ceniza de resaltaría más su belleza; -comentó mientras daba una vuelta al rededor de él- el esmoquin largo por detrás, pantalones rectos, creo que una camisa blanca con una pajarita... necesito saber el color de los complementos de Jane para utilizarlo en la pajarita. -añadió eso último en un susurro para sí misma, como pensando en alto- Creo que yo podría hacerte el traje Demetri, solo necesito saber tus medidas y ya estará, aprovecharé para cogerte las telas ahora.-le dijo.

Ya estaba claro, si alguien había puesto en duda el gusto y el talento de diseño de Sulpicia, se había esfumado en un instante; tan solo con verla tomando apuntes mentales quedaba claro que era toda una profesional. Haría maravillas con esos trozos de tela.

Se despidieron de los demás y Aro ordenó a Félix y a Santiago que vigilaran el palacio, mientras que Alec y Marco ayudaban a Demetri a aprenderse los votos, y Cayo iba a hablar con Heidi sobre el banquete. Tal vez debían de empezar a "pescar" humanos antes para tener más comida.

Jane miró por la ventana para cerciorarse de que el sol aún seguía oculto por las nubes. Ya lo había comprobado unas seis veces, pero no estaba mal volver a hacerlo. Aro, Sulpicia y ella salieron por la puerta trasera del palacio para no llamar la atención abriendo las grandes.

Había poca gente en la calle, tal vez fuera porque pronto sería la hora de comer, o porque el tiempo no era muy bueno. Se acercaron a una tienda llamada Tessuti e Accessori (telas y accesorios) y tras mirar el escaparate, entraron.

-Buongiorno señor, señoritas.-los saludó el hombre que estaba detrás del mostrador, algo atontado por la belleza de los vampiros.

-Buenos días.-contestaron ellos.

Sulpicia se acercó al hombre.

-Estábamos buscando telas para vestidos de novia y de novio.-le contó al señor- ¿Tiene ese tipo de tela, señor?

-Por supuesto, señorita. Acompañadme.

Guió a Jane y a Sulpicia hacia una estantería llena de telas. La mujer se quedó observándolas atentamente. Aro se había quedado en la entrada mirando un accesorio bonito para la boda de su "hija". La rubia vampira también observaba las telas y le gustaron mucho las que escogió su tataratía.

-Jane, ¿de qué color usarás los accesorios, lazos y demás?-preguntó ella sin que el hombre las escuchara, obviamente, porque sería raro que alguien con su edad se casase.

-Gris o plateado, lo que tu prefieras. Había pensado en que el lazo de la cintura fuera gris y que luego los adornos en el velo fueran plateados.-le contestó ella- Aunque podría llevar un adorno azul, para que la pajarita de Demetri también lo fuera.-añadió.

-Buena idea.-admitió ella y se giró para ver al señor aquel que no paraba de mirarlas- Póngame dos metros de esa tela gris, otros dos de la blanca, un metro para el velo, 50cm de la tela plateada con adornos que tiene ahí detrás y un broche de los del escaparate.-le dijo.

Después de que todo estuviera metido en una bolsa, Aro sacó el dinero y fue a pagar. El humano vio a Sulpicia sonreír y por poco no se cayó de culo, maravillado.

-Gracias.-le dijo ella.

-Gracias a usted, por haberme regalado tan preciosa sonrisa, señorita.-respondió él.

Aro frunció el ceño y pagó. Al darle el dinero frunció aún más el ceño y los tres salieron de allí. Nadie dijo nada, era un silencio incómodo que a Jane no le gustaba.

-¿Ocurre algo, maestro?-cuando las cosas se ponían así, siempre le hablaba de aquella manera más formal.

-No, nada Jane, no te preocupes.-respondió.

Sulpicia rodó los ojos. -No es nada, querida. Siempre se porta así cuando ve algo que no quiere ver.-dijo ella con una sonrisa burlona.

Aro la fulminó con la mirada.- ¿Acaso crees que me gusta ver cómo cualquier pervertido que pasa por delante se te queda mirando de esa forma? ¡Y lo que piensa! Afortunada de ti, que no has visto lo que pasaba por la mente de ese idiota depravado...

-Pero me lo imagino.-contestó su mujer deteniéndose en la calle para mirarlo a los ojos retadores.

-Ahora no Sulpicia, no me vengas con tonterías que siempre acabamos discutiendo.-replicó con furia Aro.

Jane levantó las manos al cielo algo desesperada y se volvió para mirar a sus maestros.

-Mis señores, sé que no soy nadie para meterme en su vida sentimental pero, ¿dónde están esos Aro y Sulpicia cariñosos que por poco me traumatizaron un día en el que iba a pedirles consejo?-preguntó algo cansada ya por la situación.

Seguro que de ser humanos ya se habrían convertido en tomates, pero siendo vampiros, solamente pudieron agachar la mirada avergonzados.

-Hace tiempo que no habláis sin discutir, o que no soltáis un solo comentario sin sarcasmo o hipocresía.-les recriminó- Y no sé si es mucho pedir pero me gustaría que no hicierais algo parecido durante el día de mi boda.

Y se fue dando grandes zancadas hacia el palacio, dejando a sus maestros algo aturdidos en mitad de la plaza de San Marcos.

Cuando llegó al palacio vio que todos andaban de un lado a otro atareados. Demetri al verla entrar, paró de hacer lo que hacía y se acercó a ella para darle un beso.

-Hola, mi amor, ¿ya has comprado las telas? ¿y los maestros?-le preguntó extrañado, al ver que no estaba tras ella.

-Enfadados, discutiendo, y sí, he comprado las telas. Seguramente Sulpicia te tomará hoy las medidas.-contestó Jane.

Y justo en ese momento, entraron Aro y Sulpicia, sin dirigirse la palabra pero sin discutir y la mujer llamó a Demetri para que le acompañara a tomar las medidas de su traje.

-El deber me llama, -sonrió él- adiós, querida, enseguida te veo.-la besó y se marchó con su ama.

Jane miró a todos los vampiros presentes, le parecía maravilloso que quisieran ayudarla con la boda y que estuvieran entusiasmados. Seguramente en pocos días todo estaría listo.

-2 meses después-

-Jane, por dios, por lucifer, por cualquier tipo de creencia religiosa, ¿quieres tranquilizarte?

Era la quinta vez que Didyme le pedía eso. ¡Estaba tan nerviosa! ¡En 30 minutos se casaba! ¡En 30 minutos iba a unir su no-vida con la persona que más amaba! ¡En 30...! No, espera... ¡En 29 minutos iría al altar tomada de la mano de su maestro Aro! ¡Y Marco iba a convertirla a ella y a Demetri en marido y mujer!

-Oh, madre mía, creo que me va a dar un ataque.-susurró Jane.

-¿Es posible que un vampiro se desmaye?-bromeó Heidi con una sonrisa.

-Puede, tal vez, no tengo ni idea.-respondió Didyme.

-Esperemos que no.-añadió Athenodora.

Las mujeres siguieron vistiendo a Jane, mientras el tiempo pasaba poco a poco.

-¡CHICAS, VAMOS! ¡15 minutos!-gritó Renata que estaba afuera de la habitación junto a Santiago, ya preparados.

¿Cómo que 15 minutos? ¡AAHH! Me voy a caer en el camino, ya verás, ya verás... me temblarán las piernas y me caeré. pensaba Jane, que era un manojo de nervios.

Las vampiras acabaron con los adornos y con el peinado y salieron de la habitación, no sin antes decirle lo hermosa que estaba. Un hombre entró al cuarto poco después, aquel que la llevaría hasta su futuro marido a través del pasillo.

-Mi niña, estás preciosa.-la halagó Aro- Ven, ya es la hora.

La tomó de la mano y fueron hacia la sala de los tronos, donde se celebraría la boda. Antes de entrar pararon y se aseguraron de que las damas de honor entraran primero. Luego, dos personas se acercaron a ellos.

-Estás... oh, no tengo palabras hermana.-le dijo Alec, conmocionado. Le tomó una mano y le dio un beso en el dorso- Te quiero, y espero que Demetri te haga feliz. O me veré obligado a darle una paliza antes de matarlo.

Jane rió por el comentario de su gemelo y lo abrazó, tratando de no estropear el vestido ni descolocar ningún accesorio. La otra persona se acercó a Aro y le colocó un tulipán rojo en la solapa del esmoquin, sin mirarlo a los ojos.

-Perfecto.-susurró Sulpicia y luego miró a Jane- Estás bellísima, querida, nadie podrá quitarte la mirada de encima.

Ella sonrió y la abrazó. Alec y Sulpicia se marcharon un segundo después y anunciaron la llegada de la novia, pues la marcha nupcial comenzó a sonar.

-¿Estoy bien?-preguntó nerviosa.

-Estás perfecta, y tranquila, no vas a caerte, yo te sujeto.-le contestó Aro sonriendo divertido, pues había leído sus pensamientos.- No te preocupes, que Sulpicia y yo no armaremos un escándalo.-siguió- Tres, dos, uno, camina Jane.

Las grandes puertas de la "V" de oro se abrieron dejando ver un precioso lugar decorado para la ocasión con lazos blancos, una fuente de sangre parecida a las de chocolate que usaban los humanos. Aquel lugar que normalmente solía estar lleno de negro y aroma de muerte, parecía un lugar acogedor y familiar. Porque para Jane, eso era lo que eran los Vulturis: su familia.

No se había dado cuenta de que había llegado al final hasta que Aro colocó su mano en la de Demetri y le susurró "cuídala bien" al oído. Después se marchó con su hermana Didyme a sentarse en los bancos que habían colocado.

-Queridos Vulturis, estamos aqui reunidos para celebrar la boda entre unos de nuestros más recientes neófitos, Jane y Demetri.-comenzó a decir Marco. Si borrabas el hecho de que era vampiro y estaba casado, podría haber sido un gran cura- Ya que no quiero parecerme a un cura humano con todas esas palabras aburridas, y tampoco quiero que Jane se caiga al suelo de lo nerviosa que está, -el público rió- pasaremos a la parte interesante. ¡Los anillos!

Un Alec modesto y algo nervioso se levantó del banco y llevó los anillos hasta la pareja.

-Gracias, Alec. -Marco sonrió y él se volvió a sentar- Bien, Demetri, por favor.-continuó, cediéndole la palabra al novio.

-Yo, Demetri Vulturi, juro que te seré fiel, que te amaré en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad aunque no podamos enfermar, en los momentos difíciles y fáciles, por el resto de nuestros días eternos.

-Y yo, Jane Vulturi, juro que te seré fiel, que te amaré más que nadie en el mundo, ya sea en la riqueza o en la pobreza, en la salud o en la enfermedad, o en los momentos difíciles de la vida, por el resto de la eternidad.

-Demetri, ¿aceptas a Jane como esposa?-preguntó Marco y todos dejaron de respirar.

-Acepto.

-Jane, ¿aceptas a Demetri como esposo?-preguntó de nuevo.

-Acepto.

-Pues, por el poder que me ha sido otorgado por Aro, yo os declaro marido y mujer. ¡Demetri, puedes besar a la novia!

Y con unas sonrisas de verdadera felicidad, unieron sus labios para sellar un compromiso eterno.

-Creo que voy a llorar.-sollozó Didyme acercándose a Marco.

-¡Ay, si pudieras...!-contestó él riendo.

De repente, Sulpicia y Aro se levantaron de sus asientos y gritaron:

-¡VIVAN LOS NOVIOS!

Todos comenzaron a aplaudir, formando un estruendo atronador, que seguramente los humanos de media Italia habrían oído y tomado como una tormenta lejana o un terremoto.

-¡VIVA JANE VULTURI!-gritó Alec.

-¡VIVA DEMETRI VULTURI!-gritó Renata.

Todos volvieron a aplaudir: otro terremoto para los humanos. Los novios no cabían en sí de la alegría. Heidi se encargó de los humanos y aparecieron... ¡Pff! Millones de ellos en el banquete ¡qué delicia! Dejaron que Jane y Demetri escogieran primero y luego todos se lanzaron a por el suyo. Vale, en ese momento, la sala de los tronos volvía a ser un lugar oscuro y lleno de muerte ¡pero estaba mezclado con el blanco de los adornos, vestido de Jane y la alegría que inundaba a todos!

Una vez hubieron tirado los cuerpos (uno de los misterios de la vida es cómo pudieron hacerlo con tanta discreción), comenzó el baile, una música apropiada para la época. Todos los que tenían pareja comenzaron a bailar mientras el resto bebía un poco de sangre con vino.

Carlisle se acercó a Jane para felicitarla por la boda, después muchos de los presentes también se acercaron a la pareja para felicitarlos y darles los regalos de boda.

-¡Abre el mío!-chilló Didyme. Marco carraspeó- Digo, nuestro...-Athenodora tosió- ...que Athe ha ayudado a elegir.-Félix también tosió- ¡Ya vale con las toses! ¡Tú no has ayudado en el regalo, Félix!

-Ya, es que me he atragantado.-respondió y soltó una carcajada.

Jane y Demetri abrieron el regalo: era una llave. Miraron a Marco y a Didyme con las cejas alzadas, esperando una explicación.

-Es para abrir la puerta de nuestra casa de Sicilia, para que paséis la luna de miel.-explicó la mujer.

-Ohhh... ¡muchas gracias!-contestaron al unísono y abrieron todos los demás.

Mucho tiempo después, los invitados fueron marchándose y sólo quedaron los de "la familia": Alec, Heidi, Félix, Renata, Santiago, los antiguos y sus esposas.

-¿Os marcháis ya a vuestra noche de bodas?-preguntó Santiago.

-Sí, iremos a vuestra casa, Marco, Didyme.-les dijo Demetri-Volveremos dentro de unas semanas. Si nos necesitáis para alguna misión...

-No te preocupes, nos las apañaremos.-contestó Aro, sonriendo.

Un poco alejados de la multitud, Alec y Jane se despedían.

-No me iré por un siglo, hermanito, solo serán un par de semanas, nada más.

-Aún así te echaré de menos, Janie.

Ambos se abrazaron y ella le dio la mano a Demetri para marcharse. En la puerta los esperaba un carruaje, también decorado. Por suerte ya era algo tarde así que no había humanos a la vista, y nadie los vio.

-¡Que os lo paséis muy bien!-se despidió Athenodora haciendo que todos rieran.

-¡No creo que tengáis tiempo entre tanto... ya sabéis a lo que me refiero, pero intentad mandarnos una postal!-rió Félix.

-¡Disfrutad, que luego habrá que volver al curro!-les dijo Didyme.

-¡Eso, eso!-la apoyaron Renata y Santiago riendo.

-Que sí, que sí.-contestaron Jane y Demetri riéndose también.

-¡Dem! Cuida mucho a Jane, que si no... ¡vampiro muerto!-lo amenazó Alec.

-¡Entendido, Capitán!-respondió el marido de Jane.

Oh... marido de Jane, marido de Jane... que bonitas palabras ¿no?

-¡Que viva el amor!-gritó Cayo y todos los cuellos hicieron crack cuando se volvieron para mirarlo- ¿Qué?

-Creo que la sangre con vino se le ha subido a la cabeza...-les dijo Marco a todos en general.

-¡Oye! Lo digo en serio, para una vez que no parezco enfadado, nadie me hace caso.-les recriminó él y Athenodora soltó una risa aterciopelada, parecida a la de Didyme cuando tramaba algo.

-No te preocupes, cariño, yo te hago caso.-lo consoló ella.

-Vale, por una vez, vamos a hacerle caso a Cayo.-anunció Jane- ¡Que viva el amor!

-¡QUE VIVA EL AMOR!-la corearon el resto y Cayo le sonrió a la recién casada en agradecimiento.

Los chicos tomaron la iniciativa: Félix besó a Heidi, Santiago besó a Renata, Marco besó a Didyme, Cayo besó a Athenodora, Demetri besó a Jane y Alec... ¿besó a una escoba?

-Es que no quería arruinar el momento.-se justificó. Todos miraron a Aro y Sulpicia que no se habían besado y él añadió- Vamos, maestros, ¡es un efecto dominó! Vosotros también contáis.

Aro respiró hondo y besó a Sulpicia. Todos vitorearon y empezaron a reírse al ver que seguían besándose y no tenían intención de dejar de hacerlo.

-Con las que han montado porque decían no quererse más, ¡y ahora mira lo que hacen!-se quejó Didyme divertida, y ellos se separaron sonriendo.

Jane se montó en el carruaje seguida de Demetri que le abrió la puerta como todo un caballero y todos se despidieron de ellos. Y marcharon a Sicilia.

-Dem, -él la miró- te amo, como nunca antes he amado a nadie.

-Y yo a ti, Jane -le susurró con ternura- eres mi vida, Jane... mi vida. Y siempre, siempre me tendrás a tu lado.


Bueno, este es el fin del fic! :) Espero que os haya gustado. Creo que he mejorado bastante en mi escritura desde que empecé este fic, he "madurado" un poco. Pero bueno, eso no viene al caso, es que estaba leyendo una cosa en -.-

¡Hasta pronto y gracias!