Disclaimer: Antes de comenzar con el siguiente capítulo quisiera recordarles que los personajes que aquí se mencionan no son de mi propiedad, (Aunque de verdad quisiera ) pertenecen a la Sra. J.K Rowling, autora de estos increíbles libros y única responsable de que me haya atado a este fantástico mundo.


Capítulo XV

Gruñó desesperada, definitivamente sería una larga noche. Se cubría con sus colchas hasta el cuello, luego las bajaba hasta su cintura, volvía a subir y con desesperación se deshacía de ellas con movimientos bruscos de manos y pies. Una extraña sensación en su cuerpo no la dejaba conciliar el sueño; los cosquilleos en su estómago que iban y venían y el torbellino de pensamientos que se agolpaban en su cabeza no ayudaban en nada. Bufó un sin fin de veces mientras acomodaba su almohada, pero nunca logró comodidad en ella y no tuvo más opción que darse por vencida. Abrió sus ojos y se sentó sobre su ya desordenada cama frotándose los párpados y retirando unos cabellos de su rostro. No sabía qué demonios le pasaba.

Sin duda alguna, la inesperada visita de Harry era la causante de su insomnio. Por mucho tiempo logró evitarlo con éxito; estaba demasiado molesta y sentida con Harry como para siquiera dirigirle una mirada. Pero él logró escabullirse dentro de su fortaleza y no tuvo otra opción que hacerle frente. Mas allá de que Harry no era el mismo Harry de años atrás por obvias razones como sus muchos centímetros más alto, más fornido y una voz tremendamente hipnotizante, pero los mismos intensos ojos verde esmeralda y rebelde cabello; tenía que reconocer que había madurado mucho, pudo comprobarlo al ver sus ojos, tan inyectados de vida y sabiduría. Pero esa chispa aventurera no cambió, sino que pareció engrandecerse, lo que la llevó a sonreír.

Había que admitir que por mucho que hubiera despotricado en contra de él durante los últimos años, se sentía feliz porque parecía que todo volvía a la normalidad. De nuevo juntos como en los viejos tiempos.

Luego de ese pensamiento poco a poco su cuerpo venció la tensión y se dejó caer en los brazos de Morfeo. Harry estaba de vuelta.

Por la mañana fue incapaz de mantener los ojos abiertos, había pasado la noche en vela, sus párpados le pesaban y sentía una extraña picazón en sus ojos. Su teléfono celular sonaba insistentemente y con pereza alzó su vista hacia su reloj que reposaba sobre un taburete ¡Eran las seis y media, por Merlín! Quién en su sano juicio se atrevía a llamarle en sábado por la mañana. Decidiendo ignorar el timbre, tomó su almohada para posarla sobre su cabeza y así mitigar el ruido. Suspiró cuando por fin desistieron, pero cuando se disponía a retomar el sueño el teléfono de casa comenzó a sonar. Por supuesto que también lo ignoraría, pero una exaltada voz casi la hizo brincar de su cama.

-¡Hermione Granger! Espero no hayas olvidado que el paseo matutino fue idea tuya y me imploraste que te acompañara hasta el cansancio - Al escucharla, Hermione apretujó sus ojos reprochándose haber olvidado por completo que había casi suplicado a la pelirroja que la acompañara en su paseo - ¡No sabes lo que he tenido que hacer para levantarme a esta hora! Así que saca tu trasero de la cama y prepárate… Estaré ahí en quince minutos- Y colgó.

Resopló desganada y dejó caer su cabeza sobre la almohada con pereza. Había dormido poco menos de cuatro horas y tanto como sus fuerzas se lo permitieron salió de la cama y comenzó a vestirse con algo cómodo y preparar un poco de café con velocidad impresionante. Apenas y podía mantener los párpados abiertos por un segundo, y la picazón desesperante en sus ojos no se había marchado y le impedía mantenerlos abiertos; los masajeó suplicando porque desapareciera la molestia. Se sentó y recostó su cabeza en uno de los cojines de su sala dando un fuerte suspiro. Estaba deshecha.

-¡Increíble! - el grito la hizo brincar sobre el sillón abriendo los ojos de golpe. A su lado, se encontraba la pelirroja con las manos sobre sus caderas, enarcando una ceja - Pudiste ahorrarme el tremendo martirio que fue levantarme al alba. ¡No es justo que sigas dormida!

-Lo siento, Ginny, no pude pegar un ojo en toda la noche… - contestó la castaña con un largo bostezo - pero anda, salgamos ya.

Hermione se levantó desganada del sillón y caminó directo a la puerta de su casa, volteó hacia atrás para animar a Ginny a que saliera junto con ella pero la encontró parada en el mismo lugar, con los brazos cruzados sobre su pecho y mirándola inquisisoramente.

-La última vez que te vi así de cansada fue cuando llegaron todos esos jóvenes contagiados de Fiebre de dragón con los que no te dabas abasto, que yo sepa todo se encuentra en orden - caminó poco a poco hacia donde se encontraba Hermione y examinando su rostro - ¿Qué es lo que no te dejó dormir ésta vez? o más bien…¿Quién? - la escudriñó con sus ojos, haciéndola sonrojar.

Hermione la miró con dureza, aún cuando sus mejillas se tornaban de un rosa claro.

-Por favor, Hermione, no tiene nada de malo. Apuesto a que fue ese Sanador ¿Cuál es su nombre?…¡Clawson! De apellido Clawson, sí, que atiende Heridas Provocadas por Criaturas; lo he sorprendido mirándote con interés más de un par de veces, es lindo… - Hermione abrió la boca para mandarla a callar, pero Ginny no se lo permitió - …o quizá ese alto guardia de ojos grises que casualmente - dijo, haciendo comillas invisibles con sus manos - va a por un poco de café al comedor cuando es tu tiempo libre. O quizá el…

- ¡Por Merlín! ¿Estás loca? - exclamó indignada, volteándole la cara y caminando de regreso a la sala para tomar la taza de café que descansaba sobre la mesa de centro -¿Cómo demonios se te ocurre decir eso?

- Lo que se ve no se juzga - Hermione rodó sus ojos con exasperación y tomó un sorbo de café.

- Fue Harry… - soltó de pronto, haciendo que su amiga abriera la boca sorprendida. Y antes de que Ginny disparara alguna barbaridad, agregó - Ni se te ocurra pensar algo descabellado porque soy capaz de que te atragantes con tu propia saliva - La pelirroja rió sintiéndose descubierta y se limitó a dar brincos de felicidad y tomó asiento con tal rapidez que casi se cae de bruces al suelo - Lo encontré anoche en la sala esperando por mí.

- ¿Cómo diablos logró entrar? Tus padres se encuentran fuera de la ciudad.

- Recuérdame darle una gran reprimenda a mi madre tan pronto como pise suelo Londinense ¡Ella sabía lo enojada que estaba con Harry! Y aún así le abrió las puertas de la casa como si nada, no tenía ningún derecho de… - De pronto sintió un calor invadiendo su rostro, la sangre le hervía. Sabía que era sumamente estúpido enojarse con su madre de esa manera, pero era algo que ella debía solucionar por sí misma y sabía que tarde o temprano iba a enfrentar a Harry, pero su aparición la tomó por completo desprevenida y era ella quien decidiría cuándo hacerlo. No le gustaba que trataran de resolver todo en su vida.

Nota mental, debía encontrar un departamento lo más pronto posible.

- Sabes el aprecio que Jean tiene por Harry, no es raro que ella quisiera que limaras asperezas de una vez por todas.

Trató de calmarla, y supo que dio resultado al ver que Hermione torcía sus labios apenada, y asintiendo con lentitud para después lanzar un suspiro.

- Mucho menos cuando no es secreto para nadie que el nombre de Harry retumbaba en éstas mismas paredes cada verano, siendo protagonista de cientos de aventuras narradas por una emocionada jovencita de cabello castaño y enmarañado al término de su año escolar - dijo muy seria, pero la castaña sabía que estaba mofándose de ella.

- Mamá suele exagerar en detalles - dijo finalmente la castaña, con la cara teñida de rojo. Sabía que lo decía porque precisamente la semana pasada su madre se lo había comentado a su amiga.

- Sí, claro - la castaña se limitó a mirarla seriamente - Dime que no lo echaste de patas a la calle.

-¿Por quién me tomas? - exclamó sumamente indignada - Por supuesto que no - y le echó una mirada de enfado.

- No te has comportado como una buena samaritana éstas últimas semanas y no me habría sorprendido que lo mandaras a freír espárragos - Hermione seguía manteniendo esa misma mirada, pero Ginny no se intimidó por ningún segundo - ¿Qué? No me digas que crees que tu comportamiento merece un aplauso. Los dos actuaron como un par de críos.

- ¿Quieres dejar de reprenderme? Charlamos y todo ya está bien entre nosotros

- ¿Así de fácil? No lo creo

Hermione se llevó las manos al rostro exasperada y Ginny rió por lo bajo, subió sus manos hacia su cabello castaño alborotándolo en señal de desesperación. Regresó su mirada hacia la pelirroja y ahora le parecía que estaba más despierta que cuando llegó, hasta le pareció ver en sus ojos un brillo de satisfacción y… ¿malicia? y debía admitir que eso no era nada bueno, no viniendo de la pelirroja.

- Te he dicho que todo está bien entre nosotros, tampoco esperes que vuelva a ser la misma Hermione que él abandonó años atrás.

- Y por Merlín que no sea así - Hermione la fulminó con la mirada - Tienes que admitir que te volviste un ogro cuando él se fue y que por eso tu relación con Konner se fue al carajo, de lo cual estoy sumamente agradecida - Ginny hizo una exagerada reverencia con sus manos que hizo que Hermione lanzara una carcajada - Me alegro por ustedes dos, par de cabezotas - estaba tan cómoda en aquél reconfortante sillón que miró con súplica a la castaña - No saldremos a correr ¿O si?

Hermione sonrió al instante. Definitivamente no se sentía con fuerzas para hacerlo y negó lentamente con la cabeza. Ginny no pudo más que sonreírle de vuelta triunfante, aliviada de que se salvaría de esa tortura, aunque fuera sólo por esta vez. Se tumbó en el sillón, tomó uno de los cojines para colocárselo bajo su cabeza y cerró los ojos. Eso era lo que necesitaba, no era precisamente el lugar más cómodo para tomar una siesta pero era perfectamente lo que necesitaba en ese momento.

- No te atrevas a perturbar mi sueño - le advirtió la pelirroja momento después, estirando su brazo y apuntando amenazadoramente en dirección a su amiga con el dedo índice y con los ojos aún cerrados, pero al no escuchar respuesta, abrió los ojos y frunció el ceño. Hermione ya no estaba ahí. Tomó una gran bocanada de aire y gritó lo suficiente para que su amiga pudiera escucharla - ¡No me vuelvas a dejar hablando sola como Trelawney en pleno trance!

Pero la castaña ni se inmutó, yacía sobre su cama profundamente dormida.

Se sentía completamente exhausta, la búsqueda de departamento no era tan fácil como había pensado. El poco tiempo libre que tenía le imposibilitaba dedicárselo a esa misión y en las últimas dos semanas sólo había logrado visitar cinco de las quince mejores opciones que había encontrado en el periódico y ninguno de ellos había llenado sus expectativas; tenía un largo camino por recorrer y esperaba que dentro de los otros diez departamentos faltantes se topara con el adecuado. No es que le molestara vivir con sus padres, de hecho le encantaba, pero necesitaba un espacio sólo para ella.

- Cariño, deberías descansar - apuntó su mamá al verla entrar a la casa. La recorrió con la mirada hasta que se sentó a un lado de su padre en el sillón y reparó en su semblante agotado - ¿Cómo te fue hoy?

- Nada interesante - el respondió Hermione, desganada.

Su padre, quien leía con ensimismamiento un libro, alzó la mirada hacia ella y no dudó en bromear.

- Yo entiendo que estés cansada de vivir con un par de viejos - su mujer le envió una mirada dura pues sabía cuánto le molestaba a Hermione cada que su padre hacía alusión a sus deseos por mudarse pronto - pero no te desanimes, encontrarás un departamento que se ajuste a tus necesidades y te librarás de nosotros.

-Ésta vez no te saldrás con la tuya, papá. Estoy tan cansada que no tengo energías para discutir - Se levantó del sofá mientras su padre reía por lo bajo. Echó a andar hacia las escaleras dispuesta a subir a su habitación para descansar un poco pero la voz de su madre la detuvo.

-Oh, casi lo olvido. Harry estuvo aquí

De acuerdo, eso la había tomado por sorpresa. ¿Harry estuvo aquí? ¿Cuántas semanas habían pasado desde la última vez que habló con él? ¿Dos? ¿Tres?

Y pensándolo bien, a eso no podía llamársele plática. Aquella vez Ginny le había pedido que la acompañara a recoger unas carpetas con documentos importantes que se había dejado en la madriguera después del desayuno; justo antes de desaparecer escucharon a lo lejos unas voces en el piso de arriba que se dirigían a las escaleras, estaban seguras que una de ellas le pertenecía a la Señora Weasley luego de escuchar sus inconfundibles y sonoras carcajadas. Pero la otra, que sin dudas era la de un hombre, no lograban identificarla. Ambas se miraron intrigadas y esperaron unos segundos hasta que el rostro de Harry se asomó y les devolvía la mirada muy divertido.

La pelirroja explicó a su madre por qué se encontraban ahí luego de percibir una mirada interrogante, recalcando que tenía mucha prisa y debían marcharse ya. Un "Nos vemos pronto" de parte de la castaña seguido de un animado "Claro" de Harry fueron las únicas palabras que cruzaron.

No se dio cuenta que había estado un buen rato parada al pie de las escaleras sin decir nada.

- ¿Me escuchaste, cielo?

- Sí, mamá - se aclaró un poco la garganta y se giró hacia ella esperando que continuara - ¿Dijo algo o...

-¡Oh, mucho dijo! - exclamó su madre, contenta - Esperaba encontrarte para invitarte a comer pero le dije que tardarías puesto que estabas en búsqueda de departamento, igual quiso esperarte ¡Que muchacho tan encantador!

Miró con dulzura a Hermione y ella no supo cómo interpretarlo.

- Creí que exagerabas cuando de pequeña nos contabas todo acerca de él - prosiguió su madre y de pronto sintió un calor naciendo en sus mejillas - platicamos un poco de todo, el pobre se notaba ansioso por verte pues insistía en esperarte.

- ¡Qué necedad! - exclamó con indiferencia su padre. Tanta, que Hermione abrió los ojos sorprendida.

- ¡Fuiste muy grosero con él, Charles!

Su esposo rodó los ojos.

- Sólo le dije que volviera otro día, había esperado demasiado - dijo, con un deje ironía.

- No fue exactamente lo que le dijiste - riñó la madre de Hermione. Lo miró con dureza y luego con suavidad a su hija - Me dejó su número de teléfono - alargó el brazo hacia la mesa de centro y tomó un pequeño papel amarillo - dijo que lo llamaras.

Hermione, aún sorprendida, tomó el papel que le tendía su madre donde estaba anotado el número de Harry. Y ahí estaban los números plasmados en el pequeño papel, sonrió al notar que la caligrafía de su amigo no había cambiado en lo absoluto en los últimos años.

Ya en su habitación, sentada al borde de la cama, no dejaba de doblar y desdoblar el pedazo de papel con ansiedad. Se debatía en si debería llamarlo o no.

En realidad llamarle no era el problema, le inquietaba verse a solas con Harry. No había tenido ningún inconveniente antes porque siempre contaban con la presencia de Ron, Ginny y Luna, y ocasionalmente la de Malfoy, pero ésta vez era distinto.

Levantó su vista hacia el reloj de pared que estaba frente a ella y faltaban escasos minutos para las siete de la noche, no era tan tarde ¿o sí?

Sin echar marcha atrás, sacó su teléfono celular de su bolso con determinación y marcó los números que se aprendió de memoria mientras miraba fijamente el papel y decidía si llamarlo o no.

Le sorprendió bastante que Harry contestara tan rápido.

- ¿Diga?

- Hola, Harry - saludó la castaña.

- ¡Hermione, hola! - le devolvió el saludo con gran entusiasmo al reconocer su voz - ¿Cómo estás? Te habrás enterado que estuve en tu casa hace un rato. Lamento haber llegado sin invitación… otra vez.

- Veo que se te ha hecho costumbre -comentó ella luego de lanzar una ligera risa.

- Pasa que nunca te encuentro cuando te busco. Ginny me dijo que hoy era tu día libre, así que pensé en invitarte a comer… - hizo una pausa corta - o a cenar, dada la hora, si gustas.

-Yo…

- No te sientas comprometida - se apresuró a decir - tu madre me dijo que saliste desde muy temprano por la mañana a ver unos departamentos, entendería si lo posponemos para otro día.

-Ha decir verdad… muero de hambre - dijo Hermione con timidez, haciendo reír a Harry - ¿Dónde nos vemos?

- ¿Te parece bien en mi casa? - no supo por qué esas palabras la hicieron incomodarse - Muero de hambre también y hace unos minutos encargué suficiente comida china a domicilio como para alimentar a una familia entera.

- De acuerdo, te veo en unos minutos

Esas ideas de verse a solas con Harry comenzaron a agolparse de nuevo en su cabeza, intensificándose con el simple hecho de pensar que estarán los dos solos, en su casa. Se mordió el labio inferior y agitó su cabeza de lado a lado. ¿A qué diablos le temía? ¿Qué sucedía con ella? No entendía por qué estaba nerviosa.

Desde la llegada de Harry y luego de aquella noche donde platicaron y limaron asperezas se suponía que todo estaba bien entre ellos. Por supuesto no se había percatado hasta ese mismo día que los nervios que la invadían era porque desde esa noche no habían tenido tiempo para ponerse al tanto, o platicar de trivialidades como antaño y siempre que coincidían estaban acompañados por alguno de sus amigos.

No quiso admitirlo, pero sabía que provocaba eso inconscientemente. ¿Por qué entonces sí encontraba tiempo para Ron, Luna o Ginny? Además, cada que visitaba la madriguera lo hacía con alguien, o al menos se aseguraba que no se toparía con Harry a solas.

Suspiró. Se fijó una vez más en el reloj y se dio prisa para aparecerse en casa de Harry.

Era la tercera vez que visitaba la casa de Harry. Era pequeña, de un sólo piso pero de alto techo ya que unas escaleras que se encontraban contra la pared llevaban al amplio cuarto de Harry. Le había gustado desde la primera vez, era acogedora y sofisticada a la vez, al fondo un hermoso patio; y lo que más le sorprendía era lo impecable que lucía. La sala, comedor, cocina, su pequeño estudio que se encontraba a puerta abierta, todo lucía perfecto. Lo que la llevó a pensar en que si Harry se tomaba la molestia de limpiar el desorden ante la llegada de invitados, o si se había convertido en una persona pulcra que se esmeraba por tener todo en orden.

Echó un vistazo a la sala, y algo le llamó la atención. Algo largo y rojo sobresalía por debajo de uno de los cojines de su sillón de piel color café. Se acercó y lo jaló hacia ella, levantó una ceja y sonrió divertida. Definitivamente había sido la primera opción.

- Me atrapaste

La castaña dio un brinco y se llevó sus manos hacia el pecho, dejando caer la prueba del delito.

- Por Merlín, Harry - volteó hacia donde había provenido la voz. Él la mirada divertido, recargando su hombro sobre la pared con los brazos cruzados - ¿De dónde saliste?

- He estado aquí todo el tiempo observándote mientras inspeccionabas mi humilde morada - Hermione se sonrojó al verse descubierta y apartó su vista de la de él - en realidad no quería que supieras que sigo siendo el mismo desordenado de siempre.

- Eso sería como decirle a una rana que no saltara - se burló - Es una de las tantas cosas que te distinguen, Harry. A ti y a Ron. Así que sería bastante extraño que no lo fueras.

El ojiverde entrecerró los ojos y se llevó una mano a la barbilla fingiendo pensar.

- Tiene mucha razón, señorita Granger - se acercó hacia donde estaba ella y se agachó para tomar la prenda que había dejado caer Hermione - y lamento que hayas tenido que tocar esto - le indicó enseñándole el calcetín rojo y sonrió con ganas cuando su amiga levantó una ceja - tenía tres días usando los mismos calcetines.

Hermione abrió los ojos de golpe y le propinó un leve golpe en el brazo.

- Mentira - dijo, y observó cómo las facciones de Hermione se suavizaron y sonrió de lado con timidez - lo dije porque extrañaba ver tu cara de reproche…

Hermione no supo cómo reaccionar, sintió un leve pinchazo de culpabilidad en su estómago. Sabía que Harry lo decía porque ella no actuaba como la Hermione de antes, no bromeaba con él como con los demás y que de una u otra manera lo rehuía. Él lo sabía muy bien y Hermione, incómoda, no supo qué decirle.

Harry carraspeó un poco para llamar la atención de Hermione al no recibir ninguna respuesta. Se limitó a sonreírle y luego la encaminó hacia el pequeño comedor donde la comida reposaba ya sobre la mesa y, caballerosamente, le ofreció asiento desplazando hacia atrás una de las sillas.

- Espero que sea de tu agrado - dijo, indicándole lo que contenía cada recipiente de unicel.

- Todo luce espléndido.

- Pues gracias. Espero que esté tan delicioso como se ve, tardé siglos cocinando todo - y se encogió de hombros.

Y Hermione rió. La sonrisa de Harry se ensanchó tanto que le comenzaba a doler, parecía que finalmente estaba logrando romper ese duro y fino hielo que había entre ellos y no podía estar más que satisfecho. Analizó a su amiga y, aunque evitaba mirarlo directamente a los ojos, parecía estar más relajada.

Durante la cena se pusieron al corriente de lo que había sido de ellos en el último mes, era difícil verse tan seguido dado a los horarios de sus amigos que pocas veces lograban reunirse, eso sin contar la evasión. Harry estuvo visitando en varias ocasiones a Kingsley Shacklebolt quien lo invitaba a tomar el puesto de Jefe del Departamento de Aurores con insistencia, puesto que él rechazó pues no pretendía usar su nombre para tomar la jefatura tan fácilmente, reconocía que aún tenía mucho que aprender y competiría por ese lugar como cualquier otro mago, demostrando sus habilidades y capacidades.

Hermione escuchaba con atención muy interesada, asintiendo en repetidas ocasiones aconsejándolo como solía hacerlo mientras lo contemplaba fijamente. Cuando le tocó el turno a Hermione, Harry no se sorprendió para nada. Estaba orgulloso por su amiga que en poco tiempo había logrado lo que muy pocos. Le fascinaba escucharla hablar con tanto fervor y el brillo que aparecía en sus ojos lo enternecían.

Poco después quedaron en silencio. Hermione se humedeció los labios inquieta, inconfundible señal de que estaba nerviosa y por supuesto Harry lo notó. ¿Cómo era posible que de un momento a otro no le despegara la vista y platicara tan amenamente con él y ahora no pudiera ni despegar la vista de la copa de vino que tenía en sus manos?

- Siento que aún no estás cómoda con mi presencia - soltó Harry, casi en un murmullo y Hermione enrojeció derepente, llevándola a tragar saliva con dificultad - ¿Qué estoy haciendo mal, Hermione?

Toda la noche temió que Harry lo mencionara y ella no se desconcertó para nada, él la conocía tan bien que sabía que no dudaría en preguntárselo. Guardó silencio por unos segundos.

- No eres tú. En realidad soy yo.

Harry frunció el ceño y aguardó por una contestación.

- Simplemente… - cortó de repente, pensando en que lo que diría a continuación sonaría infantil - estoy sentida.

- Hermione, yo te expliqué el por…

- ¡Me dijiste que nunca me abandonarías, Harry! - Soltó, sin un grado de delicadeza y volteó su cara para que no la viera. Lo había dicho, al fin lo hacía hecho.

Y entonces lo recordó inmediatamente, sabía a qué se refería porque él no lo había olvidado. Aquella vez en la última batalla, en el bosque prohibido. Ese recuerdo se repitió innumerablemente en sus sueños por los últimos cinco años.

- Nunca lo olvidé - dijo Harry muy despacio, tratando de buscar los ojos de su amiga pero seguían concentrados en la copa de vino con la que jugueteaba distraídamente - Fue difícil para mí también ¿sabes? No fui el único que sufrió. Tuve que soportarlo, porque en aquél entonces no podía permitirme seguir soportando tal angustia y es un tema que no pienso volver a tratar cuando creí que ya era asunto saldado.

Ella seguía sin decir nada.

- Te lo expliqué antes… - siguió, y tomó su rostro suavemente con sus manos para hacerla girar a él - pero ten por seguro que no lo volveré hacer. Volví para quedarme - Hermione lo miró con intensidad, sintiendo su respiración agitada - y no pienso moverme de aquí.


No estaba muerta, andaba de parranda. Ejem... desaparecida, sí. Lamento mucho estos.. ¿Años? Incluso me da vergüenza escribirlo ¡AÑOS! de verdad, no se ni dónde esconder mi cara después de todo este tiempo. Fueron unos casi largos cuatro años de ausencia, no puedo decir que muy ocupados porque no fue así. Fue exactamente el trayecto de mi carrera (próxima a titularme, así que próximamente Licenciada) y la musa simplemente se fue de vacaciones, lejos, lejos de aquí. Éste capítulo, no miento, lo comencé a escribir hace más de un año pero simplemente no lograba encajar nada en mi cabeza y ahora que estoy... parcialmente libre decidí seguirlo, porque en ningún momento pensé en dejarlo inconcluso. Yo se lo que es leer historias y que te dejen a medias, pero yo no quería que ésta fuera una de ellas, mucho menos éste Fanfic que me ha dado grandes satisfacciones y tiene un lugar muy especial para mí gracias a ustedes. No podía dejar este capítulo sin una explicación, porque en realidad se la merecen.

Espero que les haya gustado, es más largo de lo que suelo escribir, pero espero que de ahora en adelante sigan siendo así. No les puedo dar una fecha exacta del próximo capítulo pero trataré que no pasé del mes, tengo muchas ideas para lo que se viene y créanme, se pondrá muy interesante de ahora en adelante. Ojalá viejos lectores sigan leyendo. Probablemente encuentren cambios en los antiguos capítulos ( y los seguirán habiendo ) porque estoy editándolos, nada radical, sólo algunos aspectos; así que.. como diríamos en México: no se saquen de onda, no cambia para nada la trama principal de la historia. Quizá encuentren algunas incongruencias, pero es por la misma razón y pronto estaré modificándolas. A los nuevos lectores ¡Bienvenidos! Espero sus opiniones, son más que bien recibidas.

No quiero extenderme más. ¡Saludos a todos! Y una vez más, mil perdones por mi falta de responsabilidad. Regreso contenta a terminar lo que empecé hace casi ocho años.