Unos segundos de infarto después, su sombra no era la de un ave...sino la de un hombre.

Los goblins rieron ante la sorprendida cara de Anna. En cuanto vió que había un hombre, recurrió a sus clases de defensa personal y corrió hacía él con el puño el alto.

Jareth, altivo, lo esquivó con gracia y la cogió de la muñeca.

—¡Dejame! ¡Dejame...! —gritó mientras se zarandeaba.

Jareth abrió la mano limpiamente y Anna retrocedió (aun con los goblins en las piernas) para coger una escoba.

—¡Largo de aquí! ¡Vete! ¡Fuera!

—¿Irme? —preguntó divertido. —Pero...tu me has llamado, pelirroja.

—¿¡Que!? ¡Yo no he pedido que un tío raro aparezca en mi ventana! ¡Ahora vete ahora mismo si no quieres que llame a la policía! ¡Largo! —empuñó la escoba con precisión.

—Bueno, bueno...no tienes por qué ponerte así pequeña. Solo he venido a decirte que tu prima estará bien.

—¿Mi prima? ¡¿Donde está?! ¿¡La has secuestrado!?

—¡Yo nunca haría eso! —dijo como si realmente lo sintiera, con voz sugestiva.—Yo he cumplido tus deseos. —repuso haciendo girar una bola de cristal.

—¿¡Mis deseos!? ¡¿De que cuernos estas hablando?! ¡Dame a Elea! —exigió mientras miraba la bola danzarina. —¡Mis deseos son que me desaparezcan estos bichos de las piernas!

—Echo. —Jareth chasqueó los dedos y los goblins desaparecieron mientras se reían alegremente.

—Tu...¿tu puedes hacerlos desaparecer? —no imaginó que el extraño pudiera hacerlo.

—¡Por supuesto preciosa! Yo soy su rey y como tal, ellos son mis súbditos y me deberán obedecer.

Anna había bajado la escoba y frunció el ceño sorprendida. ¿El era? ¿Pudiera ser que el fuera...el Rey de los Goblins? Eso era imposible. ¿Qué vendría ahora? ¿Qué la sirenita paseara de la mano de Edward Cullen?

—Tu...-consiguió decir. —No serás por casualidad...el Rey de los Goblins ¿Verdad?

Jareth rió alegremente. Anna había desechado la idea de que el fuera humano en el mismo momento que lo vió convertirse de lechuza a hombre.

—Jareth. —resolvió él mientras se inclinaba y sonreía encantadoramente.

—Oh dios mio, ¿que he echo? —Anna se llevó la mano izquierda a la boca.—Elea...¿Donde está Elea?

—¿No lo sabes?

—Esta en tu castillo, ¿verdad?

—Correcto.

—Deseo...deseo que me la traigas de vuelta, por favor, no tengo porque atravesar el laberinto, por favor devuélvela a este mundo. No soy mi tía, no soy...

—Me temo que eso no es tan facil. —contestó mientras se acercaba a la joven con los brazos en jarras. —Eso no es así.

—Pero, pero...

—Además, tu destino estaba sellado con Underground hace ya mucho tiempo.

—¿Que estas diciendo? —preguntó poniendo mucho enfasis en cada palabra, alzando una ceja y poniendo su brazo izquierdo en jarra. —Dame a Elea. —pidió sin perder la concentración.

—Tengo un trato. —empezó a decir sin contemplación, jugueteando con una bola de cristal. —Un juego. Una apuesta.

—¿Que clase de juego? —preguntó con curiosidad, aunque oliese a gato encerrado.

—Tendrás que demostrarme que eres digna de recuperar a la hija de Sarah. Recorrerás el laberinto en 13 horas. —Jareth hizo aparecer el laberinto en el horizonte y saltó del balcón a él, haciendo un gesto, Anna lo siguió cual perrito. Estaban en Underground. —Entonces yo te daré a Elea.

—¿Y si no? —preguntó apretando la escoba que tenía en la mano.

—Si no, tu y ella os quedareis aquí.

Jareth se acercó a Anna por detrás sin que ella lo viera, mientras la joven miraba el imponente laberinto y el castillo que se alzaba a lo lejos.

—Esto me suena muy familiar...es igual que el libro.

—No tiene por qué ser así. —Anna saltó, no sabía que estuviera tan cerca. —El laberinto da diferentes pruebas, según quien lo cruce.

``Es como el reverso del libro´´—pensó—``En alguna parte al borde de tu imaginación , hay un Laberinto. Se tuerce y gira como malvados pensamientos, y nadie... ningún hombre, mujer o niño...ha alcanzado nunca el centro. Allí, dentro de las paredes de la Ciudad de los Goblins, está el castillo de Jareth, el rey de los goblins.´´

—Ganaré la apuesta. —dijo al fin. Una brisa hizo que su pelo se revolviera. Una claridad empezó a llenarlo todo.

Jareth por fin se apartó de su lado y miró de reojo el anillo de ella. Sonrió. Se acercó a un arbol y se apoyó en el.

—Así pues... —creó una bola de cristal y la lanzó en el aire.—¡Que comience el juego!

Cuando la bola cayó al suelo Jareth había desaparecido. Anna aun estaba conmocionada. ¿Estaba pasando de verdad? Tenía curiosidad por saber como sería su laberinto y si todo aquello no era más que otro ''episodio de locura''. Saber que su tia Sarah y su mismísimo padre habían estado allí la reconfortaba un poco.

—Bien. —suspiró agarrando la escoba. —Adelante.

Y empezó a descender la colina.

oOoOoOoOo

Jareth se materializó en el calabozo donde Elea estaba retenida. Ella era una copia casi exacta de su madre, salvo esa nariz, los ojos, la forma de la cara y el corte de pelo. Había sacado de ella su desbordante imaginación y su niñería; tal vez por eso, alomejor podría quedarse en Underground cuando Anna perdiese.

Ahora la muchacha estaba temblando en un rincón. A Jareth no le gustaba esa chica, ella era el fruto del amor por Sarah de otro hombre.

No se mostró clemente al hablar con ella:

—De verdad, eres patética.

Elea dió un brinco al verle.

—¿Quien eres tu...?—estaba muerta de miedo, había aparecido allí sin más.

—Yo soy el Rey de los Goblins. —respondió altivamente y con un tono de voz amenazador.

Elea se quitó el pelo de la cara y lo miró de arriba a abajo; en verdad, era como una figura de su madre que estaba guardada en un cajón.

—Pues tienes pinta de...de...—Elea se lo pensó dos veces antes de mencionar lo que parecía a primera vista un hombre maquillado.—...estrella del rock.

Jareth siguió hablando.

—Sé que te has leído el libro, Eleanor, y que sabes el final. No como tu prima. Pero no por eso vas a ser más fuerte que yo. No vas a ser tratada como lo fué tu tio, porque has crecido y eres medio mujer. —la joven se sintió incomoda. —Aunque aun puede haber salvación para ti. —la muchacha cerró el entrecejo. —Todo depende de Anna.

Y desapareció, dejándola sola en aquella celda mohosa.

oOoOoOoOo

Anna descendió la colina, mientras el sol ascendía lentamente; un sol frio tras un manto de nubes. Aun no acababa de creerse que aquello fuera cierto, que estuviera en Underground y que acabara de conocer al Rey de los Goblins. No era como se lo había imaginado, pero aun así...resultaba...atractivo. Sacudió la cabeza. Como le dijo a su amiga Olga ''Demasiado mayor para ti ''

¿No era cierto? ¿Lo era?

Y temerosa, se acercó a los murallones del laberinto. Tenían grabados muy extraños, piedrecitas de colores y ladrillos marrones que parecían extenderse hasta el infinito. El libro no daba muchas indicaciones de como era, pero ella se lo había imaginado de otra manera. Más cálido, para empezar. El dia se presentaba frio y gris, repetitivo y ó las runas y pensó que tal vez hubiese sido mejor traer una segunda muda de ropa.

—Bien. —se dijo en voz alta. —Tendré que buscar una entrada.

—¿Porque hablas sola? —dijo entonces una vocecilla.

Anna agarró la escoba con fuerza y se dió la vuelta rápidamente. Nada.

``Habrán sido imaginaciones mías.´´

—Estoy aquí. —dijo otra vez la vocecilla.

Esta vez, Anna pudo fijarse que entre los huecos de los ladrillos, había un gusano rosa. La muchacha ceño el entrecejo y se acercó lentamente:

—¿Tu...? ¿Me hablabas a mi?

La gusanita miró hacia ambos lados, luego en la dirección de Anna.

—Aqui no hay nadie más.

—Ya lo sé...es que no estoy acostumbrada a ver a un gusano hablar.

—¡Gusana!

Anna sonrió. Aquella era su primera amiga allí.

—¿Sabes como entrar en el laberinto? —preguntó temiéndose que le respondiera ''no, solo soy una gusana''.

—¡Por supuesto que si! Antes era más facil para los grandes, porque había un enano vigilando las puertas, pero desde que es el príncipe...

—¿Como?

—Si si , lo que oyes. El Príncipe del Pantano del Hedor Eterno.

—Entiendo. —contestó sin entender la verdad. —¿Como puedo entrar?

—Podíais probar a escalar. —dijo mirando hacia arriba. —Oooh...

Anna miró hacía arriba ; aquella no era una buena perspectiva y desechó la idea al instante.

—...o podríais probar con el anillo.

Anna miró su anillo y se lo mostró a la gusana.

—¿Este anillo?

—Si si.

La joven andó hacía una pared y alzó la mano; pero no sucedió nada.

—Mi anillo no sirve...es un anillo normal.

—Pero si tu tienes el anillo real, significa que eres de la Realeza Goblin y que tienes poder. Esos anillos solo se lo ponen los reyes del laberinto. Si señor. Tu o tu anillo abriereis el laberinto.

Anna andó más cerca de la pared y enseñó su anillo, como sucedió antes, no pasó nada. Ella tenía verdadero asco al moho, pero como no había más alternativas acercó su mano a la asquerosa pared y la tocó con la punta de los dedos. Tras un leve movimiento , las paredes de ladrillo se separaron dejando un hueco por el que podía pasar.

—¡Bien! —exclamó. —¡Vamos gusanita!

La gusanita se arrastró corriendo hasta el interior del laberinto junto a la joven y su escoba, la pared se cerró tras ella.

—Fantástico, pero aun no sé quien a abierto de verdad el laberinto : yo o mi anillo.

—Quizás podamos hablar de ello en mi casa, señorita, juntó a una taza de té...

Anna miró su muñeca y contempló como su reloj ahora tenía trece horas , y aun quedaban 12 horas y 45 minutos.

—Supongo que tengo tiempo...

oOoOoOoOo

No llevaba ni cinco minutos desde que el Rey de los Goblins se había ido, cuando un guardia goblin ''Alto'' abrió la celda. Era tan humano como Jareth.

—Tienes que venir con migo.

—¿¡Que!? ¿¡Porque!?

El goblin se acercó a la muchacha con grandes zancadas y se la puso en los hombros.

—¿¡Que crees que estas haciendo!? ¡Sueltame! ¡He dicho que me sueltes!—pataleaba. —¡Sueltameeeee!

—¡Que molestas sois las humanas! —gruñó el goblin. —Su majestad no ha podido elegir una hada, ni una bella ninfa ¡No! Ha elegido una molesta mortal. Siempre tratando con humanas.

—¡A mi nadie me ha elegido!. —refunfuñó, pero tras un rato de duda se atrevió a preguntar—...¿Verdad?