No me han llegado más reviews ;(

Aunque escriba mal, bien, no les guste la historia o algo, mandeme lso comentarios y así podré mejorar en mi escritura:)

En este capitulo, Elea conoce un poco a Jareth y a Anna le cuentan cosas sobre el pasado.


Despues de un buen rato, un guardia Goblin Alto llevó a Elea hasta la sala del trono. Todo estaba desordenado y la muchacha hubiera jurado que vió una gallina. Se detuvo a mirar la sala: los goblins bebían y comían, tiraban sus desperdicios al suelo, olía mal, había animales sueltos y correteaban, reptaban y volaban; mientras gritaban a más no poder.

Y allí, al final del todo, estaba Jareth; sentando en su trono repantingado con su cetro. Elea se puso el pelo detrás de las orejas y pensó:

``¿Y quien querría ser la reina de esto?´´

—¡Mi querida Eleanor! —gritó el soberano mientras se levantaba, llevaba puesta una camisa negra con el pecho al descubierto su colgante, ademas de sus caracteristicas mallas de montar. —Gracias Gwayoming por traerla. —le dijo al guardia.

—¡De nada señor! —y tras hacer una alegre reverencia se marchó con paso diligente; a Elea le hizo gracia.

—Señorita... —dijo el monarca al ver que la muchacha no le estaba mirando.

—¿Si?—respondió rapidamente, pensando ``Este hombre es bipolar e histrionico´´ aunque no estaba muy segura de saber lo que significaba la segunda definición.

—Comprenderás que estoy enfadado.—comentó altivo.—Aun así, eres mi invitada y por mucho que no lo deseé, tengo que acogerte.—dijo mientras le ofrecía su brazo, Elea se lo pensó unos instantes y lo cogió.—Hacía años que no encontraba a un rival de mi categoría y tu prima es perfecta.

—Am. —respondió insegura.

La pareja empezó a pasear por la agitada sala. De vez en cuando la muchacha tenía que esquivar algún trozo de comida que pasaba volando; pero ninguno le daba a Jareth. Pasaron frente a una ventana.

—¿No es hermoso? —preguntó entones él.

—¿El que? —preguntó Elea mirando por la ventana con curiosidad.

Jareth rió con superioridad.

—Mi gran laberinto. Nadie consiguió cruzarlo. Nadie excepto...

—...mi madre.—terminó de decir ella.

Jareth bajó la vista. Aquella muchacha era casi exacta a Sarah; casi. Y no podía dejar de ponerse nervioso ante ella.

—Pura suerte.—dijo como si tal cosa en un tono casual.

—Anna tambien lo conseguirá.—aclaró en un tono poco seguro. —Y las dos volveremos a casa.

—Tu prima pertenece al Underground y se quedará aquí.—dijo con superioridad.

—¿Como? Ni hablar: ella regresará.

—Pero en el Underground podrá ser feliz. —respondió Jareth mirando la ventana. —Ella ya es parte de esto.

En los instantes que Jareth miraba la ventana nostálgico, Elea aprovechó para observar su figura. La primera impresión siempre le recordaba a un cantante salido de los ochenta; si te acostumbrabas y mirabas a través de la primera impresión, era sexy.

Elea sonrió. Siguió mirando su figura hasta que llegó a su... la muchacha dió un respingo. Ella nunca miraba esas cosas. ¡Era culpa de los pantalones! Volvió a mirar de reojo. ¡Era culpa de los pantalones!

Apartó la mirada rápidamente al tiempo que Jareth se volteaba para verla.

—Y cuando pierda, será mi Reina.

Elea se deshizo del brazo.

—¿¡Como!?

Jareth rió maléficamente al ver el rostro sorprendido de la joven.

—Su padre era el heredero del trono. Al desaparecer, ella ocupará su lugar.

Elea tenía muchas cosas en la cabeza, muchas cosas que preguntarle. Se sentía defraudada. Aquella trola tambien se la había intentado decir a su madre. Y su prima no encajaba.

Jareth observó a Anna por una bola de cristal.

oOoOoOoOoOoOo

Anna llevaba ya un buen rato persiguiendo las baldosas, hasta que de repente, se escuchó un ruido.

—¿Que es eso? —preguntó Gusanito.

—Parece alguien con problemas... —contestó la joven.

—¡Tenemos que ir a ayudarlo! —gritó Gusanita.

Anna se lo pensó: en Nueva York cada persona iba a su bola y nadie se metía en la vida de nadie, a no ser, que fuera de su incumbencia. De vez en cuando se podía ver a Boys Scauts ayudando a los demas, un ejemplo era ayudar a los ancianos a cruzar las grandes carreteras.

Cuando lo pensó mas detenidamente, se dió cuenta de que eso también le pasaba al resto de las ciudades de todo el mundo.

Sacudió la cabeza.

—En fin...aqui nunca nada es lo que parece. —y dicho esto, se dirigió hasta los gritos de auxilio.

Se detuvo en una esquina para ver lo que pasaba: tres goblins grandes jugaban a pasarse una bolsa entre ellos, mientras un goblin pequeño intentaba cogersela. Era una escena familiar, había visto unas parecidas en las peliculas. Pero ahora era una bolsa en vez de una mochila de un niño.

—¡Son unos matones! —susurró Anna.

—¡Tienes que acabar con ellos! —imploró Gusanito.

—¡Ahora! —secundó Gusanita.

Anna miró a su alrededor y vió una especie de cuerda. Sin que los grandullones se dieran cuenta, ató un extremo de la cuerda en una esquina y el otro extremo en un lado opuesto. Comprobó que la cuerda estaba tensada y se dedicó a esperar...

—¡Es mia, es mia! —dijo un goblin grande mientras andaba hacia atras para coger la bolsa.

La cogió al aire y siguió andando hacia atrás. Sus pies se encontraron con la cuerda haciendo que el goblin se cayera hacia atrás.

¡PUM!

—¡Ay! —gimió mientras la bolsa volaba por los aires dirección Anna.

—¡La cogí ! —exclamó la muchacha mientras lo hacía.

—¡Dame eso! —exigió un goblin mientras corría hacia ella, sin darse cuenta de la cuerda y también fué a parar al suelo.

—¡No!

¡PUM!

Anna sonrió satisfecha hasta el tercer matón que quedaba.

—¿Aun la quieres? —preguntó con gracia.

El goblin no se lo pensó un instante y se fué corriendo en los corredores del laberinto.

—¡Jajajaja! —rieron los gusanos y la muchacha a coro.

Entonces se dieron cuenta de que el dueño de la bolsa temblaba. Anna se acercó con cuidado hasta el rincón donde el goblin se había agazapado.

—No tengas miedo de mi. —dijo con cuidado. —Te he ayudado, ¿No?

El goblin sacó primero un ojo y después otro. Luego se quitó los brazos de la cara y al final alargó la mano para coger la bolsa. Tenía la cara humana. Es decir, tenía unos grandes ojos y una nariz rechoncha. Llevaba un gorrito puesto y llevaba ropa de plebeyo, tal como Anna se hubiera imaginado la ropa de Hoggle. Pero su piel era verde, sus ojos negros y tenía las orejas de pico.

—¿Quien eres? —preguntó Gusanito.

—S-soy Tándalo. Y vo-vosotros ¿quienes sois?

—Yo soy Anna y estos son mis amigos los gusanos. —contestó mientras señalaba. —Y me preguntaba...¿tu sabrías como llegar hasta la ciudad goblin?

—N-no señorita, yo solo soy un humilde sirviente del Príncipe del pantano del Hedor Eterno. Traía esta mercancía cuando esos guardias intentaron divertirse a mi costa.

—Oh...-contestó Anna entristecida.

—Anna, —dijo Gusanita en su oído.—El camino del pantano es un buen camino para llegar hasta la ciudad goblin. —la joven sonrió.

—¿Nos podrías llevar hasta el pantano? —preguntó esperanzada.

Tándalo se irguió, llegándole por la cintura a Anna.

—¡Por supuesto! ¡Lo haría todo por alguien que me ha salvado de un cruel castigo de mi señor! —dicho esto, cogió a Anna de la mano y se puso a arrastrarla por los pasillos.—Tengo un cargamento muy apreciado.

Anna rió y se miró la muñeca: habían pasado tres horas desde que entró en el laberinto.

Tándalo seguía hablando sobre que si su señor era nosequé y su señor era nosecuanto, hasta el punto de que Anna quiso saber quien era. Según ella, solo había un señor en el Laberinto.

—¿Como se llama tu señor, Tándalo?

—¡Señorita! ¿Ha estado viviendo bajo una roca! ¡Mi señor es el Principe Del Hedor! ¡El señor Hoggle!

Anna quedó con la boca abierta ¿Sería el mismo Hoggle que ayudó a su tía hacía ya tantos años? No había ningún Hoggle más en el Laberinto.

—Quieres decir...el mismo Hoggle...¿que ayudó a Sarah? —preguntó al fin.

Tándalo paró en seco haciendo que los gusanitos cayeran por inercia de los hombros de Anna. Luego, muy lentamente, se dió la vuelta con la cara de terror puro.

—¿Que pasa? ¿Que pasa con Sar..?

El goblin corrió a la boca de la muchacha y la tapó con las manos.

—¡Sshhhh! ¡Nunca! ¡Nunca digas ese nombre!

Anna frunció el entrecejo mientras el goblin se quitaba de su lado y los gusanitos volvían de vuelta a sus hombros.

—¿Que? ¿Porque?

—Es el nombre de la humana que trajo todas las desgracias al laberinto y a mi señor. Ese nombre está prohibido. Si lo dices en voz alta, los espías de mi señor lo oirán y él te mandará de cabeza al Pantano del Hedor Eterno.

—¿Porque la odia tanto? ¿Que le hizo ella?

—¿Acaso no es evidente? —dijo Gusanito.

—No. —respondió Anna, que no era muy buena detective.

—Ella hizo que el Rey de los Goblins le penara para siempre siendo el principe del hedor.

Anna frunció el ceño, que malvado era Jareth. Sin duda podía llegar a ser cruel.

—¿Causó alguna desgracia más la humana? —prefirió que nadie supiera que era su sobrina ni la hija del niño que causó tanto alboroto.

—Bueno...el Rey Goblin la amaba...¿lo sabías? Aunque es un secreto. Un secreto a voces, ¿Porque sino se puso así por ella? —Anna no comprendia.—Veras, señorita , cuando la humana venció al Rey Goblin , este se puso primero furioso con todo el mundo y después melancólico y pesaroso...pero hace poco, hace unos cuantos dias , el laberinto volvió a cobrar plenitud y a verse radiante. Significa que El Rey tiene motivos otra vez por los que luchar.

Anna había escuchado atenta a la explicación. De modo que Jareth amaba a su tia. Amaba en pasado, ¿pero y ahora? Empezó ha encontrarle sentido a los actos del Rey. No había asimilado aquel bombazo todavía ¿¡Jareth amaba a su tia!? ¿¡Desde cuando!? En el libro no venía nada de los sentimientos de Jareth. ¿Y Sarah? ¿Lo amó? Esto era demasiado fuerte. ¡Pero si Jareth era...extraño! Estaba como...era raro. Recordaba su cara perfectamente. No encontraba demasiado sentido ver a un humano entre duendecillos. Tal vez...¿y si Jareth hubiera sido un bebe robado? Tendría sentido.

—Tándalo, necesito llegar hasta el centro del laberinto en menos de 13 horas. Es cuestión de vida o muerte. —dramatizó poniendose de rodillas.

—¿Y esa rara petición?

—Yo...cometí un error y Jareth ahora tiene algo que es mio y quiero mucho. Me ha propuesto un trato y es llegar hasta él en 13 horas. Necesito tu ayuda.

—Es un trato parecido al que hizo con la humana. —dijo Tándalo pensativo. —Tu...¿No tendrás nada que ver con ella? ¿verdad? —ante el silencio de Anna, el goblin se soltó de su mano. —¿Verdad?

—Tándalo escúchame...

—¡No! ¡Dejamé! —gritó mientras salía corriendo por las paredes del laberinto.

—¡Espera! —exigió la muchacha mientras salía tra él. —¡Espérame!

Anna corría tras el goblin con todas sus fuerzas y ganas. Ya casi lo había perdido de vista cuando sin quererlo, se le cayó la bolsa que tanto apreciaba.

Al parecer no se había dado cuenta y cuando Anna la vió tirada en el suelo la cogió recordando el truco de su tía.

—¡Táaaaandalo! —llamó con voz bromista. —Querido amigo, la bolsa te tu señor se ha caído. Supongo que querrás recuperarla. Yo estoy aqui... y la tengo en la mano. Asique ya puedes ir apareciendo si no quieres que me la lleve. —nadie contestó. —Esta bien, tu lo has querido, unooo... —silencio.—...dooos...y...

—¡Espera! —exclamó saliendo tras una esquina. —Dame la bolsa.

—No, hasta que me lleves al pantano.

``Este es un truco de mi tia, pequeño goblin´´

—Pero si alguien me vé con una humana lo pagaré. —dijo con voz de pena, casi Anna cede.

—Pero yo necesito llegar hasta el centro del laberinto.

Tándalo llegó a la conclusión de que no tenía otra alternativa. Asique miró a ambos lados e hizo un gesto con la mano a Anna.

—Sigueme.