Anna había visto alejarse a la lechuza unos segundos antes de que dejara de llover y el cielo se despejase. Al mismo tiempo se le cruzaron unos cuantos de pensamientos a la vez:

``Si tuviera alas, podría volar hasta el castillo y rescatar a Elea, marcharme de aquí...pero, ¿porque irme? ¿no le grito yo siempre a la chica de la pelicula ''¡Quedate con él!'' segundos antes de que abandone al chico para siempre? ¿Jareth está interesado en mi? No, imposible. Sería demasiado sencillo. El caso es ¿te gusta? Es guapo y sexy, pero ¿te gusta? ¿O solo te gusta la historia de la chica enamorada de un rey y un rey de la chica? Porque si es eso, Anna, metete muy bien esto en la cabeza: esa chica es y a sido siempre tu tía Sarah. Pero entonces ¿porque dijo Jareth que mi destino estaba ya sellado con Underground?´´

Eran demasiadas preguntas y como siempre, no hallaba respuesta. Estaba empapada de agua.

Al cabo de un rato, se acercó a Tándalo (que estaba en una esquina) para saber si estaba bien.

—¿Como estas?

El goblin iba a decir algo, pero no salió sonido alguno de su garganta.

—¿Puedes hablar? —Tándalo hizo otro intento fallido. —¡Oh, mierda! ¡Con que a esto se refería Jareth cuando dijo que nunca más ibas a contradecirle!

—Es un hechizo.-comentó Gusanita.

—Solo alguien con poderes iguales a los de Jareth puede deshacerlo. —dijo Gusanito. Acto seguido, todo el mundo miraba a Anna.

—¿Que?—preguntó al sentirse cohibida. —¿No estareís pensando que yo tengo poderes, verdad?

—Tu descubriste el camino hasta Tándalo... —dijo gusanita.

—He pensado en eso, y creo que fué porque este es mi laberinto y tengo poder sobre él.

—Pero tu tienes el anillo de Jareth y eso significa que eres de sangre Real Goblin. ¿Te has percatado del colgante de Jareth? Tienen la misma insignia. Lo diré hasta que te enteres.

Anna estaba procesando la información cuando se percató por el rabillo del ojo, que habían aparecido dos puertas.

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Jareth acababa de llegar volando a la sala del trono y todos los goblins se disiparon de alrededor de Elea. Corriendo a volver a sus puesto, muchos se chocaban entre si causando mucho jaleo. La chica corrió hasta la ventana y se guardó la bola de cristal entre su vestido.

El rey parecía muy furioso.

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—¡Oh! ¡Una muchachita! —dijo un guardian de la puerta roja a la derecha.

—¿Muchachita? A mi me ha parecido más bien un arbol.—aseguró el de azul en la puerta izquierda.

—¡Soy una chica!—gritó furiosa mientras avanzaba hasta las puertas.

Tándalo intentó retenerla tirándole de los brazos, pero la joven no le hizo caso y siguió adelante. Como el goblin no podía seguir solo, tuvo que seguirla con resignación y la cabeza gacha.

—¿Ves? Es una muchachita. —se jactó el rojo al tener a Anna delante.

—Pues a mi me parece de todo menos una humana. —aseguró el azul.

Concluida su tarea allí, Anna quiso volver por donde había venido, pero la salida estaba cerrada.

—¡No! —gritó mientras pegaba una patada a la pared.

—Bueno, bueno. Tampoco es para ponerse así—la intentó consolar el azul.-si quieres ser una chica serás una chica.

Anna suspiró.

—Supongo que ahora tendré que elegir entre estas dos puertas ¿No?

—Si quieres salir, si.—dijo el rojo.

—Bien. Elijo la izquierda.

—¿¡Tan rapido!? —gritaron todos los presentes ( menos Tándalo ) a la vez.

—Si, sé que es esa.

—¿Como?

—Mi tia escogió la derecha y falló, asique yo la izquierda. — le susurró a Gusanita.

—Hace tiempo vino una humana también al laberinto y ella falló, pero no te vamos a decir que puerta escogió... —dijo el rojo creyéndose importante.

—Me alegro por vosotros. Tengo mucha prisa. El de la izquierda, apártate.

Los guardias gruñeron por la falta de educación de la joven y no le dijeron, que desde esa vez habían cambiado de sitios en el laberinto muchas veces. Que se las apañara ella sola.

Tándalo intentó decirle otra vez a Anna que se estaba equivocando, pero ella no le quería escuchar y giró el pomo de la puerta, asique al goblin no le quedó más remedio que seguirla. La puerta se cerró de golpe para dejar ver un largo pasillo.

—¿Veis? Soy más lista que Sar...¡Aaaaah! —Anna no pudo terminar la frase, porque una trampilla se abrió ante ella.

Cayó unos metros hasta que algo frenó su caída.

—¿¡Que está pasando!? —preguntó al aire. —¿¡Gusanitos estais bien!? ¡Tándalo!

Los gusanitos empezaron a salir de su pelo y a suspirar, unos segundos después, el goblin cayó sobre ella.

—¿Estas bien? —le preguntó. Tándalo asintió enérgicamente.

Hola humana—dijeron unas manos—Has caido en el pozo de las Manos Amigas.

—¿Pozo de que...? ¡Ah si! Ya recuerdo.

Pues si ya tienes memoria...dinos...¿Arriba o abajo?

Anna miró hacia abajo, sonaba profundo y amenazador.

—Arriba, por supuesto.

¡A elegido arriba!

¿A elegido arriba?

Las manos empezaron a reir, una risa que a Anna le pareció siniestra.

—¿He elegido mal? —preguntó asustada.

¡Ya es demasiado tarde! ¡Arriba...arriba...arriba! ¡Jajaja! ¡Arriba!

Las manos empujaron hacia arriba enérgicamente a los dos individuos hasta que los sacaron del oscuro agujero de un empujón. La tiraron al aire y la joven cayó de boca contra el suelo.

—¡Aaaah! —gritó asustada.

Pero por suerte, Tándalo cayó antes que ella y le sirvió de almohada. Rápidamente se quitó de su lado.

—¡Oh Tándalo! ¿Estas bien? ¡Lo siento tanto...! —lloriqueaba la muchacha mientras sacudía el maltrecho cuerpo del goblin.

Tándalo hizo señas para decir que estaba bien y Anna le dió un beso en la frente; él se quedó noqueado durante unos segundos.

—Casi acabo en un terrible olvidadero... —suspiró Anna. —Espero haber elegido bien con ''arriba''

De repente un rugido rompió el silencio del laberinto. Todos pegaron un brinco y la pareja de gusanitos se achucharon en un tierno abrazo de colas. Tándalo corrió a abrazarse a las piernas de la muchacha mientras tiritaba de miedo.

Anna respiró hondo. Aquel rugido sonó bastante cerca.

—Pero, pero...¡Si me he salvado de el Olvidadero!

—S-si... —tembló la gusanita.—...pero en esta puerta era ''muerte segura''. No creo que dejaran todo a manos de un agujero...¿Habrá más cosas? ¿Más peligros?

Un nuevo rugido sonó aun más cerca. Anna y Tándalo corrieron hasta la puerta y empezaron a golpearla.

—¡Dejadme salir! ¡Dejadme salir!

Pero su unica respuesta fue solo la risa de los guardianes.