—¿Seguro que este es el camino, Tándalo? —el goblin asintió energicamente.
Gusanita y Gusanito habían saltado a los hombros de Ludo para tener ''mayores espacios'' y ahora Anna no llevaba nada sobre si.
Desde hacia rato se sentia rara. Tal vez fuera aquel sitio, pero lo cierto era que tenía electricidad estatica. Sin querer, rozó sus orejas y se asustó al comprobar que estaban un poco más picudas de lo habitual, asique se las volvió a palpar. Y en efecto: eran más picudas.
Llevaban ya un rato vagabundeando por el laberinto de setos y su estaba casi totalmente seca. Doblaron una esquina y se encontraron con un Señor Goblin.
Por lo poco que sabía la humana, había tres clases de ellos:
Los Goblins Bajos; los había de muchas clases y razas y son los que se dedican a robar niños. Son molestos y ella los veía desde bebe.
Los Medianos; eran los que tenían semi pinta de humanos, aunque podían ser de facciónes y partes del cuerpo desproporcionadas.
Los Goblins Altos; Jareth pertenecía a este grupo inventado por ella, eran goblins con pinta de humanos, pero siendo goblins. No sabía como eran porque solo había visto a uno.
El Señor Goblin andó hacia una gran silla echa por libros y se sentó pesadamente, Tándalo pasó de él, pero Anna quería comprobar si podía ayudarlos.
—Perdone, —le dijo ella avanzando a su posición—¿Sabe usted cual es el camino hasta el centro del laberinto?
El hombre, tenía un sombrero con el cuello de un pajaro y una larga barba blanca, sus ojos observaron a la joven.
—¿Aun no has encontrado el...centro del laberinto? —preguntó pesadamente.
—No, aun no.
—Bueno, si quieres alguna información más...ya sabes, dame una joya.
—¡Pero si no me has dicho nada!—protestó.
—Cuando andabas con el enano, si...para avanzar a veces hay que retroceder. Eso te dije.
—¡Estupido! ¡Inepto! —gritó su sombrero. —¡Esta no es la misma humana! ¡Estupido!
—¿Enserio? —preguntó mientras se echaba hacia adelante. —A mi me parece igual.
—Un momento... —comprendió Anna. —¡Usted es el hombre sabio! —Anna saltó de alegría al encontrar a alguien que supiera supuestamente algo, pero se decayó al recordar lo poco que le había servido a su tia. —¿Entonces sabe algo?
—No, no claro que no. —respondió el sombrero. —El está chocho y yo solo soy un sombrero. Jajajaj.
—Imbecil.-Masculló entre dientes. —Vámonos Tándalo, aquí no hay nada que hacer.
Tándalo suspiró y volvió al camino entre los setos con el resto de sus compañeros.
—¿Anna amiga de Sarah? —preguntó Ludo.
—Ella es mi tia. —Ludo no entendió. —Que si, es mi amiga.
De repente se oyó el ruido de una rama romperse que hizo que todos se dieran la vuelta. Entonces un grupo de bandidos goblins se avalanzó encima de ellos.
—¡Aaah! —gritaron al unísono mientras se hacían una piña.
—Valla, valla, valla...¿Que tenemos aqui? —dijo un goblin mediano con orejas caidas y ojos gigantes.
—Parece una señorita muy lejos de su casa. —respondió un goblin bajo.
Todos rieron.
—¡Iros! ¡Marchaos!—ordenó Anna, mientras se daba cuenta que se había dejado su escoba dentro de la casa de los gusanitos. —Mierda...¡Marchaos!
—¡Claro señorita! Pero antes, danos eso que cuelga de tu muñeca y esos zapatos tan monos. —dijo un rufian.
—¿Mi reloj? ¡Ja! ¿Te lo has creido? Tu imaginate por solo un instante que te los doy.—resolvió ella con aires de superioridad.
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En unos arboles cercanos, Raymond estaba agazapado esperando a que sus camaradas la atacaran para que el pudiera intervenir y salvarla.
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—Ahora mismo.—ordenó.
—No.—respondió ella con los brazos cruzados y sin animo de cambiar de parecer; pero estaba temblando.
—Si no lo haces, nos veremos obligados a quitartelos a la fuerza.
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``Si esa humana comprendiera quien es y el poder que tiene sobre el laberinto y los goblins, no perdería el tiempo´´ pensó Raymond.
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—Dámelos.
—No.
Entonces un atacante saltó encima de Anna con la espada en alto. Anna abrió la boca para gritar; cuanto una flecha llegó volando y atravesó el brazo del goblin.
—¡Ahh! —gritó de dolor.
Todos los demás bandidos miraron hacia todos lados y gritaban:
—¡Sal de dondequiera que estes!
En un instante,saltó desde el arbol un joven. Cayó en la espalda de un atacante y le clavó un puñal. Estaba vestido de color marrón, unos pantalones bastante pegados , unas botas y una camisa; tenía el pelo largo y negro.
Un goblin saltó encima suyo y no tardó nada en quitarselo de encima. Se puso delante de el grupo de Anna dandoles la espalda.
—¡Vamos! —gritó mientras los atacantes se echaban hacia atrás lentamente.—¿Ninguno quiere luchar?
Y mientras cogian el cuerpo de su amigo, gritaban despavoridos en todas direcciones.
El chico misterioso rió con gracia.
—No os preocupeis. No os molestaran más. —dijo mientras se daba la vuelta.
Anna estaba noqueada. Desde aquella vez en Central Park, nadie había intentado atracarla. No le gustaba la sensación y sentía que había estado dando vueltas en un carrusel.
Raymond sonreía con una sonrisa torcida mientras se le hacian olluelos al lado de las comisuras de los labios. Anna seguía en shock, no escuchaba ni veía nada.
—¿Te pasa algo? —Anna seguia petrificada. —¿Estais bien?—les preguntó a todos.
Tándalo había retrocedido lentamente al haber reconocido al guardia. Quiso gritar ''¡Es el Capitán!'' pero ese hechizo no se lo permitía. Raymond miró al goblin de soslayo.
—Perfectamente. —respondió Gusanito. —He dormido una siesta genial, ¿Y tu cariño?
—De lujo. —contestó Gusanita desperezandose.
—Soy Kai.—mintió Raymond mientras le tendía la mano a Anna. —¿Quien eres tu?
Anna tenía escuchó en la lejanía que alguien le hablaba. Pestañeó un par de veces.
—Soy Anna. Gracias...gracias por salvarnos...a todos. —contestó mientras le cogia la mano; nerviosa y con ganas de vomitar. Raymond bajó la mirada y comprobó el anillo de Jareth.
—Ya veo. Eres...¿eres una humana?—preguntó con inocencia.
—Si. Oye Kai, ¿sabes como llegar hasta el castillo? —frunció el ceño y sacudió la cabeza. Respiró aun con la barriga revuelta.
—¿El de Jareth? Por supuesto. Me conozco este laberinto como la palma de mi mano ¿quieres que te lleve?
—Si. —Anna se fijó mas en la cara de Kai. La verdad es que parecía el tipo de persona que te defendería hasta la muerte. Entonces Tándalo le tiró de la mano y negó con la cabeza.
``¿Porque no?´´ —quiso preguntarle.—``Hasta ahora Tándalo no me ha fallado...será mejor que le haga caso por una vez.´´
—Lo siento, Kai, pero mi amigo me iba a llevar antes. Pero si sabes llegar a partir del Pantano por mi perfecto.
Raymond respiró hondo. Se suponía que ese no era el plan. Pero por ahora era lo único que tenía, asique sacó su mejor sonrisa.
—Bueno, no sé...tengo cosas que hacer.
—¡No porfavor! ¡Necesitaré tu ayuda! —imploró Anna mientras le cogía del brazo.—Yo no puedo sola y es muy importante para mi.
Raymond accedió.
—Esta bien, iré.
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La joven Elea estaba escondida en un rincón del palacio, mirando los pasos que seguía su prima. Se había puesto muy nerviosa al ver al grupo de guardias disfrazados para la farsa, pero al final llegó el capitán y se ''cargó'' a uno.
Después Anna le suplicó a ''Kai'' que se quedara. Y ¿podía ser cierta aquella visión que había tenido? No. Se suponía que no. Por un instante, se le pasó la idea de que esos dos se enamorasen, pero luego comprendió que era inutil soñar. Kai no parecía que fueran de esos que pensaban en otras cosas. Hubiera sido una bonita historia de amor, pensó, y yo sin embargo estoy aquí enjaulada.
Aqui todos pensareís ''Ah, bueno, el capitan y Anna se enamoraran'' jajaja
Y lo cierto esque ese era su cometido en mi imaginación, pero luego pensé que era demasiado tipico y que no quería que se quedasen juntos. Asique ya descubrireís si se quedan juntos o no. Puede que sorprenda. O no.
